Borradores
En el post anterior, José Itriago saluda a nuestro un poco perdido, un poco lejano Vancho -Iván Salazar Urrutia, chileno (Revolución de Chile)- y le agradece que haya llegado otra vez con su palabra poética a nosotros (Historia de la poesía).
José I. lo hace siempre de ese modo también, y sus relatos, si bien no son “prosa poética” (Escritores y poetas venezolanos), vuelan alto, muy alto, hacia las esferas celestiales -las esferas celestiales no sólo pertenecen a los místicos (El viaje del héroe) y a los músicos sublimes (Wolfgang Amadeus Mozart) sino también a los poetas -55 es la música en los números de los sueños; 56 es la caída./ ¿Pero hacia donde caigo si siempre caí?/¿Es que el año pasado me detuvo la música?/ Nací en el año 49 de “la carne”/fui la niña bonita y la desgracia./ Si fueras un círculo, vida, y otra vez fuera aquello/pediría a los dioses/de todas las loterías y de todos los sueños/algún número que no figure en la tabla/el del espíritu que sin ojos ve/y canta sin boca ni palabras.
Pero estoy en un momento detenido (La depresión).
La primavera vino con todas las mariposas y las flores y no me despertó (Eugenio Montejo: Viaje a lo sagrado)
Pido colaboración: traigan poemas a esta fiesta.
Yo sólo puedo darles hoy el recorte de una novela, el comienzo de hace unos años de una novela que se sitúa en el siglo pasado, y en el anterior…
Novela
Capítulo I
Es probable que el libro se llame Borradores. En cálculos, se supone que mi abuela nació en 1890; que la parió a mi madre en 1930, y que yo vine al mundo aproximadamente en 1970. Ahora tendría 25 años y estaría en la cárcel desde hace cinco, por un crimen que cometí a los 20. Aunque todo es, quizá, demasiado redondo.
Si maldita, que me maldigan las cosas más extremas. Que me maldigan no los pequeños momentos en que al mirar la estrella apresé el inmóvil perfil de la belleza muerta, sino las muchas horas en que se desprende de mí una esencia infame pero inmortal. Que mis ojos sean capaces de cubrir la reliquia de un hombre que se pudre y de observar la fosa abierta de su corazón, y la aberración de ser todos los hombres y mujeres sea yo misma, llamándome Hitler y Teresa y Calígula y Agustín y Francisco, y ésos que no fueron ni esto ni lo otro, los tibios, apenas los peluqueros, los diáconos y los sirvientes de ellos; apenas los que viven a ciegas porque nacidos como roedores en un lugar estrecho y oscuro, no necesitan de la vista para encontrar sus alimentos y perdurar su tiempo de sepulcros.
Estoy presa, y me parece que he nombrado mi vida al hablar de esos ciertos roedores. La condena que me impusieron es semejante, mirada panoránicamente, a los días anteriores a ella. Si no recuerdo mi nacimiento, sí en cambio mi infancia fue como ese tubo negro que se sospecha que observamos al nacer; el patio gris y las paredes leprosas que me albergaron eran el envejecido útero de mi madre; también el de mi abuela, que parió a mi madre a los cuarenta años inaugurando una tradición de progenitoras ancianas en la familia, cuando a su vez sus antepasados ya habían legado a la ciudad varias generaciones de bellas prostitutas.
La más bella de todas fue mi abuela, Corina, y por eso fue menos prostituta que dama de compañía de varones de altísimo rango, que hembra amancebada de un político de renombre, que enjoyada muñeca de palcos de ópera alquilados a un precio inalcanzable. El dinero que su hermosura consiguió se lo comieron esos vicios inocentes que le dejaron los mismos que la sacaron del horror. Vestidos caros y perfumes, carruajes, espectáculos y viajes por el mundo. Puedo decir que mi abuela me dio también un sentido de la vida; un modo sutil de mirarla como un reloj de arena cuya arena se acaba en poco rato, que es delicioso ver caer con blandura, deformando el montón de horas que fueron.
Mi madre, Iris, fue entre mi abuela y yo un puente devastado por el que crucé para alcanzar a Corina.
La primera vez que, en el recuerdo, descubrí a mi madre, ella estaba sentada en un sillón de hamaca, un poco a oscuras, tejiendo con la luz que entraba escasamente por ser casi de noche. La cara parecía roja, el pelo era gris, las manos eran las de una viejecita de cuento; la ropa, igual, como la de una viejecita protagonista de un cuento de pobres; pero estaba calzada con un par de zapatos para salir, y daban una impresión grotesca esos tacos aguja, relustrados, en el conjunto de miseria. Yo sabía sin entender del todo que esas incongruencias correspondían a una eterna contienda con mi abuela Corina; que Iris alternaba su resignado estar con fragmentos de lucha. Le pregunté por los zapatos y ella dejó la masa de tejido rosado y corrió al dormitorio: se encerró a llorar. La curiosidad por esta pequeña historia me persiguió durante largo tiempo. La actitud de mi madre me hizo pensar en algo más que en una simple competencia con Corina, y adjudiqué a ese par de charoles un valor de misterio que quizá no tenía, pero que curiosamente influyó, mucho más tarde, en los sucesos que me condujeron hasta aquí.
Yo buscaba manchas de sangre en los zapatos; si no, el modo de que se me revelara el amante escondido por detrás, o alguién que refugiáramos en casa, de quien mi madre hubiera recibido los zapatos.
(…)
Capítulo II
Anabela -y esto ocurría en los últimos años del siglo XIX- empezó correteando con Corina, mi abuela, por las calles más negras de Buenos Aires. El barrio se llamaba Las Quintas, y había burdeles, claveles en un rectangulito de jardín, patios clandestinos donde comenzaba a insinuarse la locura del tango y la morfina. La casa donde vivía Anabela era la misma que la de Corina, un prostíbulo en el cual ambas nacieron sencillamente porque tenían un serio destino de nacer, inclusive entre abortos sietemesinos de las mujeres del lugar y muertes de las mismas provocadas por precariedad y mugre. Aunque Anabela y Corina no se llamaron así desde el principio, ya a los doce años les otorgaron esos nombres a los que sacarían lustre en poco tiempo.
La madre de Anabela murió un día de la segunda infancia de ésta, y la velaron en la sala de espera del burdel. A Corina la impresionó que, en el ataúd, la mujer pareciera más joven y desamparada que su propia hija; un pajarito congelado, una mujer con destino de pájaro debajo del sombrero de plumas rojas con que habían decidido completar la mortaja, roja también, de su vestido de fiesta.
Envío
Amigos, me cansé de pasar borradores, y además creo que me he excedido en el número de palabras, pero prometo continuarlos en la próxima entrega.
A cambio de vuestras ofrendas…
Mora
Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.
Comentarios
10 respuestas a “Borradores”Deje su comentario
Debe iniciar sesión para dejar un comentario.

31 de Octubre de 2012 a las 10:20 pm
…
- Debes empezar creyendo en las fantasías. A veces pueden ser lo más concreto para detener la caída. Las más hermosas vienen acompañadas con música amada, con cantos de juegos infantiles o las delicadas versiones de los valses vieneses de aquellas finísimas cajas que adquirimos en Lucerna, una mañana dominical en el mercado de las pulgas, a orillas del lago de los Cuatro Cantones. La caída te cambia a una realidad triste, pero muy nuestra, tanto que la consideramos triste no porque traiga aparejada alguna tristeza, sino porque la queremos vivir. Te quita luces y te obliga a desempolvar recuerdos que ya habían sido pisoteados por la tanta vida que le siguieron y ahora reencarnan con la posibilidad de podar el pasado y retoñar con más independencia, menos miedos. Entonces yo me hago tu muñeca mecánica perfecta y tu usas las virtudes alquimistas para darle vida, darme calor. Pero los dos sabemos que es una fantasía, un cuadro de esta película paralizado, convertido en una imagen fija de esta caída que no se detiene y la cual debemos sobrellevar.
- Cuán difícil se ha hecho mantenerse al margen de las cada vez más exigentes adhesiones incondicionales. Te piden, te buscan, tienes que opinar, todo dentro de un contexto expresivo artificial o al menos, desnaturalizado por la necesidad de permanecer. Kurt Vonnegut dijo en algún libro: somos lo que pretendemos ser, así que debemos cuidarnos con lo que pretendemos ser. No me pidas que crea en palabras y menos en imágenes sin vida, sin calor, sin ternuras. No me digas en qué debería convertirme para satisfacerte, déjame llegar y ser lo que pueda ser. No quiero adherirme a una forma de acercamiento postiza. Llevo siglos sobre en el trampolín, balanceándome, haciendo como si estuviera listo para saltar cuando más bien trato de mantener el crítico equilibrio que me exige el esfuerzo de conservarte o mejor, de acercarte. No quiero aferrarme a fantasía alguna, sino a tus manos, a tus ojos, a tu cuerpo todo.
- Pero soy una fantasía. Como quizás lo eres tú. Jamás sabremos cuando seremos auténticos, siempre estaremos actuando. No hay peor mentira que la realidad de nuestras vidas y peor, cuando las contamos desde el escenario donde nos toque actuar. No hay mentiroso más falaz que un actor acostumbrado a dar vida a personajes imaginarios, a veces contrapuestos, no sabe -o no sabemos- cuándo éramos nosotros mismos y cuándo la fantasía de la noche anterior y después, otra vez, caer lejos de los aplausos con una vida confusa, donde el papel que nos tocó aun persiste y trata de moldearnos contra el silencio de las miradas furtivas o peor, de las sumisas. Todo depende de la obra que nos haya tocado.
- Ni siquiera quiero discutir mi papel en esa o cualquier otra de las obras que actuamos y menos sobre las máscaras que uso para estar contigo. No son más de dos o tres, el resto son inflexiones sutiles, variaciones sobre un mismo tema, que sé que te confunden. A veces hasta dudo que haya podido generar la capacidad de crear máscaras, quizás apenas antifaces, maquillajes, de una personalidad demasiado simple que busca un lenguaje para expresar lo que no entiende y en la medida que lo desarrolla se va alejando más de su origen. Una espiral donde soy el centro y el resto es una confusión entre mis explicaciones y tus interpretaciones. He ido perdiendo la capacidad de percibir las fantasías, como pierde el gusto el sediento, incapaz de diferenciar la calidad del líquido que por fin bebe. Mis necesidades intelectuales han derivado en urgencias físicas. Nunca imaginé que caer y caer se resumía, como te dije, en la búsqueda de una frazada para el alma, que está desnuda frente a tanta inclemencia. Pero si deseas que crea en fantasías y debo creerlas para mantenerte a la distancia de un brazo, abandonaré mi proclama contra las adhesiones impuestas y apelaré a ese espíritu que puede ver sin ojos y cantar sin boca.
1 de Noviembre de 2012 a las 1:32 am
Un Saludo, desde el epicentro de este continente: a ti Mora y Asociados.
1 de Noviembre de 2012 a las 5:27 am
Creo en las cosas locas de las utopías… creo en los espacios de los sueños… ¿puedo seguir creyendo? No importa, seguiré intentando revertir ese número fatídico: el 56. GRACIAS
1 de Noviembre de 2012 a las 4:14 pm
FLORES DE DURAZNO
-de poemas de amor para Violeta-
Ay, Amor, floreció el durazno
Sin raíces, ni agua, seco
En el surco de tus dedos.
Tal vez nunca los días o los años
Se parecen; tal vez, diferentes,
Únicos, Amor, como este jueves.
A la hora elegida puso pétalos
El tiempo jugando en nuestra casa:
Estallido musical de campanas.
¿Hemos perdido ya mucho tiempo sin amarnos?
¿Acaso Estrella y Luna castigan a los amantes
y nada estremece si tu piel no resbala mi piel?
Amor, el tiempo Primavera se nos viene
Tenemos tanto que hacer en los jardines
En los obscuros rincones de la tibieza.
Y en la faena de construir lo que un día será pasado
La ancha playa del cuerpo será como fugaces besos
Para mis brazos y moriré feliz aún de haberte amado.
VANCHO
1 de Noviembre de 2012 a las 10:33 pm
Querida Mora, Hola.
Para quienes viven para si mismos
El ocaso de la vida
No es el ocaso llegar
hasta la puesta del sol solamente
ni que la luz se aparte de vuestro lar
es, cuando la vida acaba solemnemente.
No es que la nieve del invierno
ocupe vuestra sien
pues, haber nacido no os hace eterno
es mas hermoso, si en vida has hecho bien.
Habrá mas fortuna
minutos antes de vuestra muerte
cuando manifestéis con premura
para otros, palabras de bien y de suerte.
Nada vale haber nacido
sobrevivir, con dicha y fortuna
si los otros sin vuestro amor han vivido
eso, no es vida ninguna.
Os ama
Joise
3 de Noviembre de 2012 a las 5:35 pm
La Maldición me recuerda a la mas Bella…Letra de Violeta Parra que me identifica en demasía cuando vienen las densas nubes del sopor como digo yo:
Maldigo del alto cielo
la estrella con su reflejo,
maldigo los azulejos
destellos del arroyuelo,
maldigo del bajo suelo
la piedra con su contorno,
maldigo el fuego del horno
porque mi alma está de luto,
maldigo los estatutos del tiempo
con sus bochornos,
cuánto será mi dolor.
Maldigo la cordillera
de los Andes y La Costa,
maldigo, señor, la angosta
y larga faja de tierra,
también la paz y la guerra,
lo franco y lo veleidoso,
maldigo lo perfumoso
porque mi anhelo está muerto,
maldigo todo lo cierto
y lo falso con lo dudoso,
cuánto será mi dolor.
Maldigo la primavera
con sus jardines en flor
y del otoño el color
yo lo maldigo de veras;
a la nube pasajera
la maldigo tanto y tanto
porque me asiste un quebranto.
Maldigo el invierno entero
con el verano embustero,
maldigo profano y santo,
cuánto será mi dolor.
Maldigo a la solitaria
figura de la bandera,
maldigo cualquier emblema,
la Venus y la Araucaria,
el trino de la canaria,
el cosmos y sus planetas,
la tierra y todas sus grietas
porque me aqueja un pesar,
maldigo del ancho mar
sus puertos y sus caletas,
cuánto será mi dolor.
Maldigo luna y paisaje,
los valles y los desiertos,
maldigo muerto por muerto
y el vivo de rey a paje,
el ave con su plumaje
yo la maldigo a porfía,
las aulas, las sacristías
porque me aflige un dolor,
maldigo el vocablo amor
con toda su porquería,
cuánto será mi dolor.
Maldigo por fin lo blanco,
lo negro con lo amarillo,
obispos y monaguillos,
ministros y predicandos
yo los maldigo llorando;
lo libre y lo prisionero,
lo dulce y lo pendenciero
le pongo mi maldición
en griego y en español
por culpa de un traicionero,
cuánto será mi dolor.
Todos Somos UNO
Cariños
Isa
2 de Enero de 2013 a las 10:19 pm
La Parábola del Alquimista
Borrador
Ayer cuando el mundo dormía
su sueño milenario,
y los elementos mostraban
su poder de espanto,
cuando todo era caos,
y el caos era la vida,
y todo era reciente,
y los caminos eran lerdos,
y las montañas cúspides,
y los ríos mares,
y los mares océanos,
y los océanos infinitos
Ayer, en la confusión del caos
emergieron los funestos encantadores
del agua, del aire, del fuego
y con sus varitas mágicas
horadaron la tierra toda
y quisieron mutar los elementos
lo superfluo a lo exquisito,
la piedra vulgar por la fina sortija,
los groseros metales
por bruñidos lingotes,
y todo propósito volviose cambio,
se quiso trocar la noche
y oscurecer el alba,,
Pertenecientes a una refinada turba
de ilusionistas mentirosos,
con sus togas endemoniadas
predicando una verdad de retazos
exorcizando al pastor humilde
y siempre rondando en la codicia
de hacer valer por oro
cualquier residuo de latón
o en plata un fragmento de irrisión.
Como inicio legendario
las manos temblorosas y palpitantes
de aquellos magos de la materia
arrebataron de natura
oro , mercurio, arsénico, azufre,
sales, ácidos y amonios
y los prestigitadores del Cinabrio
en las más oscuras
reacciones catalíticas
mancillaron la transparencia del agua,
la pureza del aire
el único calor del fuego,
y fueron los predecesores de la más sórdida
explosión de los elementos
para sentarla sobre el cielo azul y diáfano
de Hiroshima y Nagasaki,
con el respaldo de Calinico
y de todos los Astrólogos, Alquimistas y Matemáticos,
y con la falaz teoría de la larga vida
de su piedra filosofal
fueron sembrando la muerte
como único elixir de vida,
sin el Flogisto que ayer fuera
la ignición de la materia
y hoy el hielo de la muerte
Y en el rigor del frenesí
vinieron los grandes saqueadores
y cual fieros halcones
desmigajaron lo habido,
y con su metódica zarpa
hallaron recónditos metales,
y en el mar de la codicia
hicieron pretensiosa la materia vulgar
y creyendo hallar el oro esquivo
siempre llegó abundante el empobrecido cobre.
Mas toda vez fue vano el intento
de hacer puro lo que fuese ruin,
ni blanco y transparente lo oscuro,
ni lo profano en sacro,
ni la guerra por la paz
ni el odio por el amor,
ni el rencor por el amigo fiel
y como si fuese satánica biblia
trocóse en Alquimia
la virtud del justo
por la maldad del rufián,
la estrategia cesárea de los levitas
por la famélica y enceguecida fe,
el verbo del sabio
por la blasfemia del insolente
Ya en la postrera hora,
todo hedoroso, carroñoso, de tuétanos fetales
la mesa del banquete servida
con las entrañas mortecinas,
única Alquimia querida.
La turbia sombra del malvado,
con el puñal asesino del rufián,
siempre el hombre contra el hombre
hasta la muerte misma se disputa.
Medrando en la vergüenza
de llegar a traficar en los satánicos experimentos
aún con los primeros flujos
o con el menstruo de la hembra falsamente prostituida.
La prodigiosa Escalera de los Sabios
con cuyos escalones de terror
se ascendió a la explotación inmisericorde
de los elementos más remotos,
vertió todo material
hasta redimirlo en oro, plata, platino, petróleo,
uranio, cobre, plutonio, carbón,
también con el columbio y el Tantalio,
sumando a la lista de especulación
los codiciados diamantes de la envidia,
y en la más crecida estadística
prosigue la infame usurpación,
sin respetar fronteras ni credos,
alimentando guerras intestinas
en Congo, con organizados ejércitos asesinos,
en Costa de Marfil manipulada por la corrupción,
Brasil, la India y Sudáfrica en las extrañas manos
venidas de los imperios de occidente,
y el Medio Oriente, convertido en llamas
por la sabia de su petróleo vilipendiado,
la Chile Austral empobrecida en su explotación
sin su propio cobre de respaldo,
y hasta el mismo mar azul
tributó sus minúsculas y redondeadas piedrecillas
Y todos los agrios sudores
de los menguados sirvientes
gratificados con la recompensa
de desgastadas monedas de cobre
que calman las hambres acumuladas
y la sed almacenada en sus gargantas.
Y sin cambiar el hambre por el hombre
ni la avaricia por la largueza,
ni el amor por el odio
la prestigiosa alquimia ya remota
equivocó su rumbo
y murió recién parida
como el aborto abominable
engendrado por una madre infame.
Ah…., que miseria humana guardada
en el más abyecto laboratorio
de ensayos, pruebas, mezclas,
combinaciones, reacciones, lavados y amalgamas,
al amparo de probetas, vasos, cubetas, tubos, fondos
y todo…….todo para arrebatarle a la tierra
sus más nobles y privados secretos.
2 de Enero de 2013 a las 10:20 pm
LA VERTIRA, otro ídolo más.
Dado que una Mentira dicha mil veces se transforma en una Verdad, según lo establece el conocido aforismo, en contraposición al axioma propuesto es válido interpretar que una Verdad dicha mil veces se convierte en una Mentira., entonces con uno y otro concepto nos hallaremos ante el nacimiento de una extraña figura: La Vertira cuyos efectos sociales serán desastrosos, porque deberá entenderse que la Verdad es sólo una y la Mentira es todo lo contrario. Con la nueva figura, la Vertira, nuestra civilización obtiene algunos resultados comprobados: guerras,, corrupción, tráfico de armas y de drogas, especulación de recursos naturales, tristezas y un extenso listado de verguenzas., los Vertirosos son una especie que evidentemente cumple con sus propósitos sembrando semillas pobres y mezquinas que no permiten cosechar la Verdad, pués en esta materia no se puede ser término medio (tibio)., se obrará mal con la Mentira y se obrará bien con la Verdad, así de sencillo.
Luego, es usted sincero, falso o VERTIROSO?
2 de Enero de 2013 a las 10:37 pm
REFLEXION DECEMBRINA o la teoría ficticia de la Alegría y la Tristeza
Por esta época se me antoja comentar sobre el desarrollo de dos emociones comunes y frecuentes en los seres humanos y que hayan mayor acomodo en la última hoja del calendario, cuyo ejercicio analítico lo plantean los profesionales a través de los métodos tradicionales de la sicología.
No obstante, a fin de intentar racionalizar empíricamente una teoría sobre el tema de la Alegría y la Tristeza., me atrevo a comentar sobre los efectos que surte una conocida propaganda de temporada, la cual ha sido escuchada por cualquier colombiano, sin importar su edad, y que me permito transcribir textualmente (la música se la pondrá el interesado) advirtiendo eso si que no soy agente comercial de ninguna empresa radial, ni cosa parecida., la propaganda dice: “…De año nuevo y navidad, CARACOL por sus oyentes, formula votos fervientes de Paz y Prosperidad……….”., en principio resulta extraña la comparación o tal vez podría ser un ardid usado por un narrador en emergencia, pero no., la idea se traduce en los siguientes términos: desde hace muchos años, al menos todos lo que yo tengo - y que ya son muchos -, al despuntar diciembre la radio colombiana es inundada de la mencionada propaganda, la cual permanece al aire hasta la primera quincena de enero. Cuáles son sus efectos reales en el consumidor? Para definir la respuesta habrá un antes y un después del día de la Navidad., en el antes la propaganda conforma suficientes episodios de alegría y cada vez que se escucha se sobrentienden las felices Fiestas de Navidad, todo es amor y esperanza, la población infantil permanecerá atenta del regalo de “nochebuena”, así por ejemplo para el niño pobre un carrito con ruedas de palo y una camiseta o tal vez un bicicleta todo terreno y una chaqueta de plumas para el niño rico, pero en el después al escucharse la propaganda sobrevendrá la Tristeza de saberse terminada la temporada navideña, la que solo se repetirá luego de un año de larga espera.
Pero a fin de comentar la mentada teoría de la Alegría y la Tristeza, también se me antoja resolver la disyuntiva invirtiendo los personajes de la película, el niño rico recibirá el carrito con ruedas de palo y la camiseta, con cuya medida se castigarán sus pasadas opulencias, y el niño pobre recibirá la Bicicleta toto terreno y la chaqueta de plumas, que lo acercará por una vez a las mieles de la riqueza., con este raciocinio se trocará la Tristeza por Alegría y la Alegría por Tristeza, pero estableciéndose en todo caso con las mismas medidas llegar a un fin igual: la celebración de una verdadera Navidad.
Sin embargo, valdrá la pena eliminar el planteamiento ficticio expuesto y decidir con amor verdadero que el niño pobre no reciba tan poco y el rico no reciba tanto?
O valdrá la pena celebrar con tanta Alegría para luego sufrir tanto la Tristeza?
2 de Enero de 2013 a las 10:39 pm
NOCHE SIN NOMBRE
Delante mío, la confusión de las palabras,
esta noche de versos tristes, sin nombre,
guardados en extraños legajos,
en formatos de prodigio,
en celdas de imaginería,
y también…… en mi pobre corazón.
Esta noche cuando mi alma estila tu ausencia,
esta noche cuando mi corazón llora tu silencio,
esta noche yerta y fría frente a la derrota,
esta noche la regalo al más oscuro de los hombres,
a un abyecto traidor o un mal amante,
a un villano arrepentido,¨
esta noche no es de Dios,
esta noche es de nadie.
Esta noche volveré a disfrazarme de melancolía
cuando de mi corazón hayas huido
y el ramillete de rosas que mantenía escondido
se torne por siempre marchito
y me lo arrebate el frio viento
hermano de la muerte, hermano de la nada.
Esta noche partiré postreramente,
y mi nombre solo será un archivo difunto
en el cementerio electrónico del caos,
rescoldo inútil de una batalla estéril.
Esta noche abriré las secretas puertas
del umbral de la muerte
y otra vez sepultaré mi nombre
en el olvido inmisericorde,
en el limbo perdido.
Esta noche no es de Dios,
esta noche es de nadie,
es abyecta, infame y dolorosa,
los cuervos tiemblan de terror,
un búho llora a la sombra
y de muerta se disfraza el alma.
Dic. 29 de 2012