Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La perritud

Me sorprendió encontrar el jardín resplandeciente después de la lluvia (Cómo hacer un jardín Zen en 10 pasos), y me fui escondiendo entre sus glicinas y jazmines, jazmines azules y blancos entremezclados, con perfume fatal (Las joyas de la hornera). Dicen que este jazmín azul y blanco es la más venenosa de las flores.

Yo tenía dos miedos (Miedos existenciales).

El miedo de quedarme atrapada en el pasado, que es un castillo tan hermoso y feliz (Relación entre el pasado y el presente). Allí vagan amores míos como Dante (Cronología de la vida de Dante Alighieri), como Proust, como Borges, como Olga Orozco con sus sombríos ojos verdes, como Alejandra con sus pájaros húmedos…

A ese miedo se agregó, al venir a Agua de Oro, otro muy novedoso.

Todo empezó cuando conocí a Polka, la perra filósofa, belga, negra y dulcísima que me legó su dueña anterior (Perros para Epilepsia)

Nuestras charlas con Polka ya las he reproducido, cuando conté el día de su muerte.

Después, busqué otra vez un consuelo canino, y conseguí a alguien adorable: Topita -le puse el nombre de una perrita de mi infancia.

Topita, en muchos sentidos, es la cara más oculta de Polka, esa ternura que Polka, tan seria a pesar de su dulzura, sólo dejó entrever en su enfermedad y en su muerte.

Topita es rubia, de ojos dorados que se ponen verdes cuando está nublado -”ojos color del tiempo”-; es parecida a un bambi y corre y camina con exquisita coquetería: es una “chica” algo frívola, extremadamente cariñosa, que bebe mi café por la mañana -unos sorbitos de café…

Tanto llegué a intimar con Topa, que ella me seca las lágrimas con su pata derecha y me obliga a salir a divertirme. “Divertirnos” es jugar en el jardín, a la pelota y a las escondidas, a enterrar huesos y corazones de manzanas y, también, a tratar de escaparse ella de mí por las pedregosas calles que suben como colinas, y yo a buscarla silbándole.

En eso reparto mi vida, y mi segundo miedo, entonces, era estar transformándome en ella, para no decir abruptamente que tenía miedo de esta transformádome en perro, que suena feo -pero no lo es.

Y ya lo soy.

He dejado de lado todos los placeres humanos, y me conformo con el olor de la hierba, con ver pájaros volar cerca de mí y correrlos, y con dormir en sábanas de lino antiguo, bordadas, que eran de mi abuela, en una cama grande, con Topita.

Topita por las noches tiene pesadillas, se despierta y escucha o imagina ruidos, y yo  la acaricio un ratito para que vuelva a dormirse, y lo hace: se calma con la suave presión de mi mano en su lomo.

La gente me mira sorprendida. Suelen opinar que no debe “humanizarse” a los animales. Suelen darme consejos para desperrizarme.

Porque más que humanizar a Topita, yo me he caninizado.

Lo grave para la gente no es esta “perversión” que debería aceptar como cualquier enfermedad del alma; lo grave es que soy muy feliz.

Pero de pronto, ejercitando sin mucha convicción antiguas adquisiciones humanas como la de saber leer, llegó un libro a mis manos.

Se llama La sombra de tu perro y es del escritor y psicoanalista lacaniano Jean Allouch.

Si bien yo ya tenía un cuadro bien compuesto de los “grandes” que no habían podido resistir los encantos perrunos y se habían entregado del todo a sus afectos, este libro lo completó. O tal vez sólo empezó a completarlo: debe de haber mucha grandeza anónima que oculta esta debilidad, o va de incógnito.

Más allá de Sartre, Virginia Woolf, Silvina Ocampo y Bioy Casares, más lejos que Robert Browning y Elizabeth, Allouch me presentó a perredores como, por ejemplo, Freud.

Lean esta cita del libro de Jean Allouch y no la ladren:

“Sigmund Freud se convirtió en perro mucho antes de asumir el papel de pater familias en una casa de perros. ¿Sabía que entonces se ponía los hábitos o más bien la piel velluda de Diógenes el Cínico paseándose como un perro por las calles de Atenas”.

Y en el mismo libro, hay un gráfico simpatiquísimo correspondiente al Coloquio de los perros, de Cervantes, donde Berganza y Cipión conversan animadamente.

Supe por Allouch de muchos otros que alcanzaron la perritud, como Schopenhauer, o comprendieron el más allá de la perritud, como Kafka.

Lacan dice: “Con el lenguaje, ladramos”.

Con todo mi cariño, para todos, guau, guau, guau!

Mora

    Compartir este post en:
  • Facebook
  • Twitter
  • menéame
  • Delicious
  • Technorati
  • Digg
Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

16 respuestas a “La perritud”
  1. Jose Itriago dice:


    Pau Auster escribió Tombuctu, que es un cielo donde, seguramente, también podrían ir los perros a seguir la vida con sus amos y donde Mister Bones, el perro de Willy, sin raza reconocible pero con mucha sabiduría, esperaba llegar. Les recomiendo ese libro, aun a los que no le tienen carilño a los perros

  2. Jose Itriago dice:


    Caminábamos de memoria oyendo el suave murmullo de nuestros pies sobre la gravilla. Un sonido hermoso con tonos alternados. Los tuyos más agudos y hasta más largos, como si tus pasos se mantuvieran más tiempo sobre la tierra. Mis pasos más cortos y algo más graves. Sonidos amortiguados, como con sordina, respetando la hora. El silencio sigue siendo silencio aunque esté adornado por nuestros sonoros pasos y por los grillos que se iban callando cuando nos les acercábamos . Un túnel de grillos cantando, atrás o adelante de nosotros, deteniendo su canto a nuestro paso para observarnos con atención, con la esperanza que fuéramos una aparición de grillos gigantes, un sueño hecho realidad. Y seguimos. Mientras tú interpretabas los redoblantes, yo marcaba el paso con los timbales. Había alegría en ese caminar sonoro. Más aun en nosotros, felices por recordar cada recodo del camino, que ahora atravesábamos con rapidez, con la seguridad de los expertos, tratando de concluir el primer tramo antes que el alba nos lo alumbrara.

    Íbamos a nuestro destino de cada día. En el camino no había nada que descubrir. Nada especial, quiero decir. Quizás alguna orquídea que abrió, alguna otra flor que esta vez quizás notaríamos, aunque ya en otras oportunidades que pasamos frente a ella la dejamos asombrada con nuestra indiferencia veloz y silenciosa. Algunos pájaros y mariposas que se nos hacían invisibles -pero siempre estábamos muy atentos a las mariposas azules- cuyos movimientos intuíamos.

    Haber logrado eliminar toda excusa o necesidad de este viaje, sin nada concreto en la mente, le daba un sentido nuevo, sobrecogedor, hasta un tanto enigmático. Solo pesa el vacío.

    Nos desviamos cuando ya asomaban las primeras penumbras azules. La fauna se desperezó. Los pájaros carpinteros nos llamaban con su toque de saludo y eran tantos, que cada uno parecía eco de los otros. Seguimos más lentos, por un camino estrecho, cruzado de raíces y hojas secas. A veces parecía desaparecer, para asomarse a los pocos metros, en el borde izquierdo de la ceiba, o un poco más abajo. Nos encaminábamos hacia el pozo. Olía a tierra y monte. Hubiera deseado poder recitar de memoria estos versos del “Adios” de las “Canciones de la tierra” de Mahler:

    “…
    ¿Adónde voy? 
    Vago por los montes.
    Mi corazón solitario busca la paz.
    ¡Vuelvo hacia mi patria, mi morada!
    No habrá más horizontes lejanos.
    Mi corazón tranquilo espera su hora.
    ¡De nuevo la tierra amada 
    florece y reverdece
    por todas partes en primavera,
    ¡Por todas partes y eternamente
    brillan luces azules en el horizonte!
    Eternamente… eternamente…”

    Ya en el borde, cortado el aliento por el esfuerzo, tomados de la mano, admirábamos los reflejos en el agua. Parecían escamas de un gran pez en movimiento por alguna constelación de alguna noche futura, hecha de las miradas de tantos que ya se fueron y se irán. El pozo está sumergido entre los grandes árboles, que lo protegen y la poca luz que le llega viene desde lo más altos de sus copas. Arriba podemos ver cómo ese mueven las ramas, a pesar de que abajo, donde estamos parados tomados de la mano, contemplando los reflejos de una luz lejana en el agua, no hay más aire que el de nuestro aliento. Salvo la luz en el agua, nada más se mueve. Es una experiencia distinta: la inamovilidad y el silencio humano.

    Por fin decidimos entrar al pozo, un pozo que ahora, ya perdido en el regreso, no estoy seguro si era real o lo imaginamos formándolo con láminas de alegría y de dolor superpuestas, de metales poderosos -de allí ese color acerado- pero de gran flexibilidad, laminas como el azogue, inquietas y deseosas de demostrar su poder a nosotros, los más débiles de todo el bosque, aun más que las mariposas azules..

    Tu desnudez, siluetada por la madrugada, poco a poco nos fue llenando el espíritu de la felicidad más simple, el contacto de tu cuerpo desnudo con el agua helada, el barro del reborde y mi cuerpo también aterido. Nos dejamos caer en silencio, suavemente . Oía de tu boca, o creía que oía cuando quizás eran los susurros de las alturas, o deseos locos míos de oírte recitar, otra vez al Rückert de Mahler, diciendo:

    “…
    Si amas la belleza, ¡oh, no me ames!
    Ama al Sol, cuyo cabello es dorado!
    Si amas la juventud, ¡oh, no me ames!
    ¡Ama la primavera, que es joven cada año!
    Si amas las riquezas, ¡oh, no me ames!
    ¡Ama a la sirena, dueña de relucientes perlas!
    Si amas el amor, ¡oh, sí, ámame!
    ¡Ámame siempre, como yo te amaré eternamente!

    Nos hundimos hasta sentir el fondo virgen de limo centenario, padre de la fertilidad. Sentimos como nos fue transformando la sangre nuestra, la común, en un raudal que de paz, una paz compartida en alguna tierra nuestra, donde de nuevo floreceremos en algún momento. No sé si llegamos a hundirnos en algún pozo, ni siquiera si había agua helada que nos obligara a estrujarnos en nuestra desnudez. Es verdad que ya nadie tiene certidumbre de nada. Pero es igual, seguramente sentimos ese frío y, aun más, la necesidad de sentirlo para paliarlo con nuestra piel.

    Fue mi primera visión de la eternidad, la misma que confusamente evoco hoy, sabiendo desde ya que pronto seré parte de esa tierra y con la tranquilidad de contar con que tu mano y mi mano sabrán encontrarse cada vez. No es poca cosa aprender a oír a la vida que te rodea, la vida que te hizo y te sigue haciendo lo que eres todos y cada uno de tus días. No es poca cosa entender por fin que la razón de vivir es poder compartir algunos momentos especiales y llenarlos de pasión, una pasión que se hace alma y que nos obliga a sobrevivir para recordarla siempre.

  3. pilar serrano dice:

    Herrrmosooo Yo hace ańos entre a la perritud
    Y no quiero salir nunca mas de alli.
    Amo los perros con mi alma y mi corazon, han dado
    A mi vida sentido y las ganas de amarlos mas y
    Mas.
    Gracias por este articulo maravilloso, yo crei ser
    La unica que daba categoria de humano a mi
    Perro.

  4. Manuel Antonio Sandoval Avendaño dice:

    Aunque reconozco que fuimos creados a imagen y semajanza del Altísimo, considero que estamos muy lejos de la altura del Cristo por lo que me refugio en La Perritud, ya que estos bellos seres son leales libres de egoísmos, y como siempre digo o ladro entre más conozco a la gente mas quiero a mi perro

  5. Julio Cesar Klein dice:

    Me gusto el trabajo. Recorde el dialogo del PRINCIPITO y el ZORRO, y la relacion del Principito con la flor de su pequeño mundo. Creo que el punto es la domesticacion mutua. Tambien la relacion de Plateroy su amigo( Juan Ramon Jimenez). Y el recuerdo que me orienta en pensar que uno se despersonaliza, somos efectivamente nuestro perro, en un intento, no mas que eso,de ser uno. Ser uno por propia decision. Verdaderamente se dialectiza una relacion donde lo que predomina es la lealtad. ( Sorprende buscar esta palabra en el diccionario): Giacometti, el escultor y pintor, amigo de Picasso y Jean Genet tenia una escultura pequeña de un perro famelico. Genet le pregunta por el perro y el le responde ¡ El perro soy yo !. Gracias y voy por el libro de Allouch.

  6. JAIME ALBERTO ARIAS GALLEGO dice:

    Lo leí con mi hija (de 15 años) quien es muy amiga de los perros de la calle. Me dijo, “a veces quisiera seguirlos en vez de que ellos anden detrás de mi”. creo que también se ha identificado con ellos. Es un hermoso homenaje a quien nos mira siempre con los mismos ojos (Antonio Santa)

  7. Martha Alicia Lombardelli dice:

    Tengo que leer el libro de Allouch porque mi amor por Batuke y sus cuatro kilos de ternura blanco- dudoso me impulsan a valorar empáticamente todo lo que he leido acá. El texto La perritud y los comentarios que le siguen son para ladrar de alegría y menear la cola como solo Batuke sabe hacerlo; sinceramente. Saludos afectuosos.

  8. Gioconda Aguilar dice:

    Felicidades a ustedes, hermosas personas que aman a los perros!!

    Yo amo a los gatos y también a los perros, y cada día voy amando a otras especies de animales: pájaros, insectos (no todos, lo confieso!!), mamíferos grandes, medianos y chiquitos, de bosques, punas, selvas, pantanos y glaciares, animales acuáticos… Y también a las criaturas del reino vegetal: no sólo porque nos alimentan, albergan, curan, visten, abrigan, adornan, perfuman… sino porque están vivas, son vida! Y también amo la costra terráquea, madre mineral, llena de tesoros, que gesta, germina, y sustenta la vida toda, y que al final del ciclo, nos vuelve a recoger a todos sus hijos. Y amo el aire, la luz, el agua, el viento, la lluvia, las nubes, los rayos, los truenos y relámpagos, el sol, la luna, las estrellas, los arco iris, los cometas… Amo la creación, la vida, este maravilloso universo!
    Pero volviendo al tema de los animales, comparto con ustedes algo que alguien genial manifestó alguna vez y que dice más o menos así: “los animales no son nuestros juguetes, no son nuestras mascotas, no son nuestra propiedad… son otras naciones condenadas a compartir el planeta con nosotros”.
    Tratemos de transformar esa “condena” en una convivencia al menos respetuosa; así algún día será armoniosa y hasta amorosa. Para eso, debemos dejar de sentirnos superiores, “la cumbre de la creación”, que de lejos, no lo somos. Tan tristemente superiores somos, que recién, luego de milenios de existencia como seres humanos en este planeta, recién estamos reconociendo que existe algo llamado “derechos humanos”… que nos obliga a reconocernos y respetarnos entre nosotros como individuos de la misma especie.
    ¿Se imaginan cuánto falta para que reconozcamos y respetemos los derechos de las demás especies, de esas otras naciones condenadas a compartir el planeta con nosotros? Ojalá que no falte tanto… no nos queda mucho tiempo para terminar de destruir esta hermosa esfera azul, que es nuestro único hogar.
    Coincido plenamente con la autora del artículo cuando habla de que al haberse caninizado, se sintió feliz. Claro que sí, se liberó del ego. Ego que no tienen los demás animales. Ego que es nuestra jaula, la peor trampa, la causa del error, del dolor y de la muerte. Sin ego, como los demás animales, vives en paz, en equilibrio y armonía con la creación, disfrutándola, siendo parte de ella, no siendo -o creyendo ser- su amo y destino.
    La niña que quiere seguir a los perros en vez de que los perros la sigan a ella… tiene la Verdad en su corazón. Y si sigue a los perros, es decir a la naturaleza, sigue a la Vida… la verdadera vida. Los niños y las demás especies animales son refugios de la inocencia, depositarios de la verdad. Cuando crecemos, desarrollamos el ego, por ende nos volvemos egoístas, y perdemos la inocencia y ya no reconocemos la verdad. Por eso es imprescindible volver a ser niños, o a “caninizarnos”, a “felinizarnos”, a “equinizarnos”, a “pajarizarnos”… lo que nos guste más!

    Como ustedes con los perros, también hablo con los gatos, esos hermosos, misteriosos, juguetones, increíblemente ágiles y veloces, extraordinariamente delicados y sutiles, telepáticos, irresistibles, encantadores, intuitivos, nobles y amorosos felinos que me escogieron como compañía. Conversamos mucho, me cuentan cómo fue su día y yo les cuento el mío; nos acompañamos, nos cuidamos, nos divertimos y queremos. Me ronronean para que duerma, me acarician para que despierte; iluminan las sombras con sus enormes ojos dorados para que no tropiece o no me pierda. Los amo mucho. Ya mi alma es de gato.

    Bueno, ojalá estas divagaciones detonen nuevas reflexiones entre todos nosotros, como las de ustedes lo han hecho conmigo. Estoy feliz de saber que ustedes -amantes de los perros- existen!! Gracias.

  9. Gioconda Aguilar dice:

    Podríamos escribir sobre perritudes, gatitudes y otras gratitudes…

  10. Iván Salazar Urrutia dice:

    Eran seguramente otros tiempos; mi hijo Benjamín jugaba en la acera con Boby su perro retriever –cazador-, conocido como “Labrador” porque por años fueron labradores los que preferentemente los criaban como ayuda en sus faenas de campo. Benjamín tomaba un palo y lo lanzaba con sus pocas fuerzas de niño y Boby ansioso lo miraba hacer su cómico esfuerzo y luego con un salto corría tras el palo con la vista fija en su ruta. Generalmente antes de caer, un brioso empuje de Boby lo alojaba entre las fauces circundadas de brillantes dientes, colmillos y molares hechos para apresar –en otras épocas seguramente eran patos silvestres, gallinas de Guinea, gansos extranjeros tomando aliento y un algo de alimento en sus fenomenales travesías-.

    Yo mismo recuerdo mi infancia junto a Barry, mi perro policial; digo policial porque todos en la familia decían que era policial, policial Belga, el apellido de “Belga” era como para perdonar su largo pelo negro y café, su hocico alargado y sus ojos hundidos en su brillo nacarado. Mis hermanos le llamaban Barry Moore; me parece que un artista de cine se llamaba así: no era malo que se llamara Barry Moore.

    Estos recuerdos son reiterados. Como si todos los días se abriera la caja de cartón con fotografías familiares. Como si en el televisor se proyectara los videos de tus padres ya viejitos y tú aún no te acostumbras a la orfandad de su muerte.

    ¿Cómo decía El Principito? Y eso que no era un perro; era un zorro. Bueno, tal vez en el futuro hubiera sido perro: un retriever-zorro. Pero ¿y la rosa? Ya no recuerdo bien; no digo por los años que tengo; nunca he sido bueno para recordar. Pero esto de la rosa se relacionaba con lo invisible esencial. Tal vez yo soy bueno para recordar emociones. Barry murió envenenado: que tome mucha agua, hijo; pero mamá se está muriendo, ¡el Barry se está muriendo! Te digo que le des agua, para que no sufra. Déjalo sólo, te puede morder en su agonía. Y mi madre me sacó de un brazo. Yo volví con un plato de agua fresca. Barry bebió sólo un poco, me miró como pidiendo disculpas y yo lo lloré sin quejarme, para que no sufriera más. No supe cuándo murió. Ya no me miraba. Nunca más me miró; nunca más miró nada. No me faltaron lágrimas; mi llanto fue largo, no como ahora que cuando lloro me duelen los ojos y las lágrimas son siempre pocas. Parece que con los años el llorar es sólo humedecer los ojos en exceso.

    Cada día los perros tuvieron más espacios de libertad. Hubo personas que se opusieron, porque siendo el perro originariamente un animal depredador, ya domesticado era el mejor amigo del hombre; libre tal vez ni supiera como sobrevivir.

    Otros impusieron el criterio de arrancarlos de la domesticación y utilizarlos como guardianes, venderlos enseñados en el ataque, para proteger las grandes propiedades, para realizar combates entre ellos y apostar al ganador.

    Debo reconocer que sólo ahora pienso que este proceso fue a la par del olvido de Saint Exupéry. En las escuelas lo dieron como lectura obligatoria, que es la forma que la sociedad tiene para alejar los libros y ponerlos en el desván del desuso.

    Finalmente se acordó una ley que prohibía la crianza hogareña y las caricias que pudieran despertar antiguas emociones.

    -¿Qué por qué cuento esta historia?-

    -No sé bien. Tal vez porque estoy despierto mientras mis nietos y mi mujer duermen; afuera gruñen los perros y se preparan para atacar, seguro, mañana al amanecer.
    VANCHO

  11. Jose Itriago dice:

    Tenemos la suerte de que apareció la pluma de nuestro gran Vancho, como una batuta acertada para combinar el tema y la poesía.

  12. Vanessa Tawer dice:

    MASCOTAS
    ( Fragmento)

    Mi perro sueña:
    A vece, mientras duerme,
    Me parece que llora.

    Mi perro sueña:
    A veces, mientras duerme,
    Me parece que corre.

    Quizá se sueña huyendo
    De estas cuatro paredes
    Dispuestas para humanos,
    Con toditos sus muebles.

    De http://phoospoetblogspot.com. VENTANA POÉTICA2012.

  13. isabel salcedo dice:

    También me traen el recuerdo esos Jazmines de mi Infancia, esos jazmines mojados con la lluvia caliente de la región del Guayas, jazmines de olor muy intenso que cubrían como enredaderas las casas de el vecindario. Donde se escondían al fondo los arboles de Guayabas,,,donde hacian sus ranchos los sapos y las pequeñas ranas, en esos charcos del patio de cualquiera de las casas…

    No será la Plenitud = La Perritud,

    Que alcanzemos la Perritud entonces!

  14. Joise Morillo dice:

    Se, y ¡reafirmare! Querer animales, al punto de mantenerlos cautivos, antes que, zoofilia, es nada mas que capricho, con tendencia a la vanidad. Mucho mas aún, muy aparte de la verdadera actitud que debía asumir el individuo humano respecto a la naturaleza.

    De no ser porque asumí el cuido de un pequeño perro (a) luego de curarlo de una sarna que le cubría el cuerpo entero ya hubiera dejado libre a Susie –como la nombro mi nieta- , una vez lo hice, la deje ir y, volvió a los días hambrienta y sucia, sin querer, me entere que se había ido a la casa donde antes era su morada y la maltrataron al punto que volvió a la mía.

    Diógenes de Sinope (el cínico de kynikos, Kyon =perro), se dedicó a vivir una vida apartado de todas esas cosas que nosotros la gente común llamamos bienes materiales, de hecho, decidió vivir un existencialismo notablemente estricto, de forma que, su vida, para los demás ciudadanos era sencillamente igual a la de un perro.

    Antes de morir pidió se le echara a los perros. Dijo, “a eso Ya estoy acostumbrado”. Bastante tiempo después, los corintios erigieron en su memoria una columna de mármol con la figura de un perro descansado.

    En una película llamada “Se busca amigo para el fin del mundo” el productor, le busca al perro un papel, que, pudiera haber sido principal, mientras muy acertadamente pasa en las escenas como un ser menos que importante, insignificante, el cual antes que demostrar autonomía padece de dependencia total de sus dizque poseedores, en cambio, el amor de un hombre y una mujer –lo natural- muestra un ejemplo de la verdadera naturaleza del individuo humano y que ha debido ser en contra del sexo como ocio.

    La cultura ha desvinculado la vida natural del hombre (physis) en detrimento para su dependencia, respecto, al concepto de producir mediante la transformación de la naturaleza hasta convertirla en el propósito de lo que se denomina sociedad, obteniendo como producto un orden denominado: Polis.

    Las mas victimadas en este proceso han sido los otros animales, sin embargo la maldad humana ha ido tan lejos que aunque no lo creáis, aun, en pleno siglo XXI, relativamente existen esclavos. ¡Y, otros, que no queriendo ser esclavos, viven por su propia voluntad “como perros”!.

    -Diógenes el Laercio, biógrafo de: Diógenes de Sinope, lo define como cínico (corriente filosofica), se decía que vivía en un barril, y vivía de la limosna de la ciudadanía, Diógenes, decía que el robo no era punible, pues para el, las cosas son propiedad del sabio.-

    Os ama
    Joise

  15. José Gómez Apologista Hortothomountha dice:

    CRISTO TE SIGA BENDICIENDO MORA GRACIAS POR TUS MENSAJES, LA NATURALEZA ES HERMOSA Y LAS MASCOTAS SON ENTRETENIDAS Y ALGUNAS MUY INTELIGENTES.

  16. Joise Morillo dice:

    Vuelvo con Uds. Amigos, saludando a Vancho y compartiendo con lo afirmado por Jose I. Acerca de compartir momentos y llenarlos de pasion, es cierto, no somos nada sin los otros (as), por ello, aceptando el amor como formula de convivencia humana, compartir lo que somos sin detrimento del desenvolvimiento de otros, es el objeto de la sociedad humana. Lo otro es physis, vivir como animales. Con lo afirmado, no deseo descalificar la actividad natural de los otros seres de la naturaleza, sino, darle sentido a lo que nos hemos convertido con el pasar de los hechos en los momentos y los espacios.

    Os ama

    Joise



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda