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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Cuento que no es cuento

Sospecho, pero apenas sospecho, por ahora (Sigmund Freud, un profeta de la sospecha), que todos los cuentos -”realistas” o no- y los sueños y los relatos infantiles y los relatos de aventuras (Jerónimo y Sherlock Holmes) suceden en un mismo lugar, en un único tiempo con sus mezclas de pasado, presente y futuro -presente eterno (Géneros literarios).

Como si se tratara del “Uno”, un solo reloj, una única casa, un personaje solitario, un autor sin autores ni autorías (Ontología).

Cada “cuento” (El cuento literario o la concentrada intensidad narrativa) es una forma de relatar las modificaciones de una misma vida, un argumento robado al mismo argumento (El Argumento y Gabriel García Márquez), secretamente enlazado a todo lo que se escribió en el mundo y a lo que está por escribirse, estemos hablando de firmas célebres o de solemnes escondidos (Qué es y qué no es un ensayo). Lo que hace “único”, o singular, a un cuento, tiene que ver con el tono de voz, con el cambio de verbo, con irregularidades del lenguaje y algún otro accidente menor.

Relato de la última vez que mi amigo Enrique paró en casa, en Buenos Aires (en él yo aparezco como “Luna”)

En el subte, desde la última editorial visitada hasta casa, Enrique y Luna, parados, sosteniéndose vacilantes, temblorosos y peligrosamente de los pasamanos, escucharon la voz de una niñita.

“No, no hice caca”, decía desafiante, “y tampoco voy a hacer mañana, pero si él viene sí, aunque si todavía no vino es porque llegó ayer.”

El tren se detuvo de pronto por algún desperfecto, y Luna y Enrique buscaron curiosos a la niñita, pero no había ninguna en el vagón. La vocecita, sin embargo, se seguía escuchando:

“Entonces no va a estar y yo no voy a hacer eso nunca más, no me voy ni siquiera a sentar…”

Persiguieron la voz, y parecía venir de un grupo de dos asientos enfrentados en donde estaban cuatro personas solemnemente tiesas.

Enrique descubrió que la voz salía del cuerpo de un señor de unos setenta años, de traje gris y con perfume de Laurent, y una expresión muy triste.

-Es un ventrílocuo -dijo Luna, ya sin asombro, pero a Enrique le parecía más asombrosa la existencia de un ventrílocuo que había incorporado a su estómago la voz de una niñita que la invasión de mil fantasmas infantes y rebeldes.

-Debe haber aprendido ventriloquia después de que murió su hijita, hace más de cuarenta años -imaginó él-. ¡Cómo habrá estudiado para lograr exactamente el tono de la niñita histérica!

-… que era además muy caprichosa, y que habrá sucumbido por una indigestión de chocolates -agregó Luna.

-Sí, y con seguridad sus últimos momentos estuvieron nimbados por su rebeldía y por esa desagradable expectativa del padre. Tal vez se hubiera salvado… pero ella no quiso.

-Pero tal vez no pudo -dijo Luna con extremada seriedad, ya que había descubierto que la rebeldía es, muchas veces, impotencia.

-¡Pero no, era muy mala la niñita! -exclamó Enrique, desencajado de excitación-, y se murió con tal de hacer sufrir al padre, que seguro le había pegado alguna vez una paliza correctiva que ella nunca le perdonó. ¡Pobre hombre, ponerse a hacer de ventrílocuo!

Cuando estuvieron en casa Luna revisó una gran cantidad de folletos y algunos libros últimamente publicados que le habían regalado a Enrique en las editoriales -”él sabe cómo pedirlos”, se dijo con angustia.

-Me gustaría leer éste donde a Bioy Casares lo entrevistan en un taller literario de señoritas -suplicó Luna.

Enrique frunció el ceño con una expresión que Luna ya conocía. Quería decir: “te digo que tal cosa no sirve, pero es para no tener que dártela, porque me gusta a mí” -así había la relación “amistosa” de ambos, desde la más tierna adolescencia.

Él sentenció cada vez más serio:

-Tenés que leer cuentos y novelas, así se aprende a escribir cuentos y novelas -entre los libros que le habían regalado, no había ningún volumen de cuentos, ni novelas.

Luna imploró, lloriqueó un poco, y Enrique apuntó salomónicamente:

-Hasta mañana, que me voy a Santa Fe, tenés tiempo aunque sea de hojearlo un poco -o de “ojearlo un poco”, no se sabe muy bien si lo dijo con hache.

Enrique no era muy generosos con cosas materiales, pero solía ser espléndido en prodigar elogios o, si no, lo que lo hacía todavía de mayor estatura moral, en juzgar con alguna dureza los escritos que le mostraban sus amigos. Los leía con atención, como si estuviera leyendo un libro de verdad, de aquellos que yacían sobre la mesa o descansaban en la biblioteca, y se reía, comentaba para sí algunos párrafos, y daba el veredicto.

Luna le dio una fotocopia de sus cuentos eróticos, y ella se llevó para antes de dormir el libro con las respuestas de Bioy, que la mantuvo en vela durante muchas horas, hasta que lo cerró y lo puso debajo de la cama, bien en el fondo, y a la mañana, al levantarse, todavía tiró un poco más de la colcha, para cubrirlo más y estar segura de que no se podía ver en modo alguno, con la esperanza de que Enrique se olvidara de él.

Lo distrajo hábilmente mientras desayunaban:

-Mis cuentos, ¿leíste algunos? ¿No te parecen un poco como ensayos? Quiero decir: ensayos de escribir, por supuesto, como esbozos de cuentos…

-No los leí anoche porque tenía mucho sueño, mejor los leo tranquilo en casa. Pero eso que decís de los ensayos y los cuentos me hace acordar de una anécdota muy graciosa de Bioy…

-¿Cuál? -dijo Luna, que ya la recordaba, porque la había leído hacía unas horas en el mismo libro que Enrique le prestó, pero que no quería hacer referencia a Bioy de ninguna manera, era peligrosísimo.

-En una conferencia una señora le dijo: “Señor Bioy, ¿cuál es la diferencia entre el ensayo y el cuento?”, a lo que Adolfo contestó que lo que a él lo inquietaba era sólo cuál era el parecido.

Enrique contó la anécdota sin gracia, porque parecía temerle a algo especial. Luna temía que estuviera escarbando en sus recuerdos más cercanos; algo, quizá, que se había olvidado poner en la valija:

-Conocía la anécdota -dijo lúgubremente, y sus ojos se llenaron de terror, del terror de algo sin que se notara. Y esto, tan asombroso, la condujo a la siguiente conclusión:

“Está perdidamente enamorado de mí. Y sospecho inclusive que cuando empiece el año nuevo ya no va a decirme:

‘El año pasado estaba enamorado de vos, ahora te lo puedo confesar porque ya no siento nada’, sino que va a declarárseme, ¡después de 20 años!”

Cuando Enrique se fue para alcanzar el micro que partía a Santa Fe, dejando dicho algunas cosas, pero apenas, y con la suave promesa de volver en dos meses, Luna corrió a sacar el libro de abajo de la cama, y misteriosamente no lo halló.

Se preguntó desolada en qué maldito momento Enrique había entrado en su cuarto y descubierto el escondite, y además llegó a la vergonzosa conclusión de que era un libro que Enrique ya tenía, o que ya había leído al menos, porque cómo, si no, iba a conocer la anécdota de los cuentos-ensayos.

No, el ávido Enrique no estaba enamorado de Luna. Y Luna estaba desolada porque, cuando dejó el libro para dormirse, había empezado a leer algunas instrucciones que daba Bioy sobre cómo escribir una novela, pero la había rendido el sueño.

Recordaba, sin embargo, que dijo algo así como que alguien le había enseñado a que empezara con una frase larga, así envolvía al lector en una cinta que después no podría desanudar hasta el final (de la novela)

Envío certificado

Para todos mis amigos del blog, y para los especiales del blog, todos mis abrazos, aún más fuertes para los venezolanos.

Para todos mis amigos “de la vida”, un beso fuerte, que puede ir a dar directamente a la frente de Enrique.

Mora

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Comentarios

10 respuestas a “Cuento que no es cuento”
  1. Alejandra De Salaburu dice:

    El escribir, es desahogar al alma y al corazón, contar en frases del tamaño que sea, las experiencias que nos regala la vida al día a día.
    Escribir es, escuchar otras perspectivas de lo que has escrito, a través de los comentarios de nosotros los lectores o de todos aquellos que compartimos el gusto por escribir, aún y sin saber género, siendo en verso o en prosa, con ritmo o sin él.

    Escribir, es un arte y el arte es crear para creer y creer para crear.

    Un placer leerte y escribir mi pensar.

    Alejandra De Salaburu

  2. Jose Itriago dice:


    Revientan en brillante anaranjado las notas del primer movimiento de nuestra sonata, que inmediatamente se confunden con las rojas bermellón , que pasan como una ola y se estrellan una y otra vez, para dejar después, al retirarse, una estela violeta que busca y busca y uno esperando que encuentre y lo hace y revienta otra vez, una y otra vez, mientras nos tambaleamos sabiendo que después, en el segundo movimiento, solo veremos algunos reflejos en las arenas húmedas, en las pequeñas piedras que sentimos martirizando nuestros pies desnudos y que tratarán de acercarnos a un mar melancólico, un mar de atardeceres, de mucha playa, mucha arena y de olas suaves, pero de tristeza grande. Prefiero el estruendo, me dirás entonces, no este silencio de armonías, este estrujar de cada recuerdo. Los recuerdos hay que suavizarlos, te diré, para hacerlos digeribles una vez más, pero ya todos se confunden y se asoman y esconden en una especie de danza, ya sin orden, como si unos surgieran empujando a los otros hacia abajo. Incomprensible danza, me añadirás, prefiero el estruendo que no permite diferenciarlos sino ver como se asoman para desaparecer inmediatamente . Más que una danza, parece una parodia de ballet antiguo, con su director marcando las entradas con una vara, ruidosa y tosca. Pero danzan, no importa como lo hacen, danzan y nosotros con ellos también, te responderé. Dancemos también nosotros, fíjate que después todo será azul, aun cuando este cielo parezca robado a Turner. Danzaremos sintiendo las piedras, las arenas que se disuelven como escapando, quizás besando furtivamente y luego retirándose apenadas y sentiremos también el suave mar que nos acariciará, el mar del “adagio”. Y quizás me dirá: danzaremos entonces esa melodía triste, como ritual de saneamiento, como preludio a un encuentro más de los tantos que ya desfallecen, agotados por las angustias, por las premoniciones de cada nota, de cada acorde de la vida nuestra, más vale así, al menos el ritmo sustituirá la razón, le dará un toque superficial a nuestro todo, tan reducido ya. Me acuerdo que cuando era niña dirigía las orquestas que oía en los equipos de sonido con las manos. Eso que le parecía tan gracioso a mis padres y a todos los que llegaban -era parte del programa de distracción familiar- ya era un diálogo sin palabras. No tenía aun las palabras y no las llegaría a conocer sino mucho más tarde. Quizás mejor no haberlas conocido nunca.

    Revientan brillantes en todos los colores las notas que oímos y que tratamos de seguir en un especie de danza ritual que parece desacoplada, pero para nosotros, cada uno con una manera diferente de ver su aparecido recuerdo, era perfecta. Era la melodía misma, la propia sonata, que tenía esa cara. Mas el mar de nuestros recuerdos, de nuestros abismos, con frecuencia la sobrepasaba y nos costaba discernir las suaves y amorosas notas que se intercalaban entre las abruptas decepciones. Uno busca, pensaba, limar todas las asperezas, suavizarlas, homogenizar todo para evitar las punzantes llamadas de lo que no llego a ser, los lacerantes pasados que no entendimos, que ni siquiera llegamos a vivir del todo, pero que hoy nos tienen la mente hecha jirones, divagando. Mientras tanto, aspiraba profundamente los aromas del mar, puente reiterativo hacia mi pasado. Cada aroma marino podría ser un recuerdo, me dije, a pesar de que tenía conciencia de que los había confundido, que ya no podía separarlos, clasificarlos ordenadamente; que se superponían y que los más antiguos se hacían continuación de los últimos.

    Creo que fue entonces cuando sentí la necesidad de trasladarnos a un lago, a otro paisaje -también de agua, porque el agua tiene un significado purificador muy especial, más propio, más íntimo- pero somos víctimas de nuestras pasiones y yo estaba prisionero de la inercia que ese mar enfurecido me impuso o me impuse más bien, como quien inventa un horizonte propio con retazos de dolores viejos propios y ajenos. Cuando por fin me llegó el esperado segundo movimiento, donde soñaba recuperarte, ya no te vi, no estabas. Quizás eras espuma, quizás arena, quizás ese murmullo de cangrejos moviéndose, de gente muy lejana que juega o baila o quizás pelea, uno nunca sabe. Pero no estabas. Te fuiste danzando, cruzaste límites que no puedo entender, que están en alguna de las dimensiones de la tristeza, de la soledad. Las que no puedo interpretar, pero tú sí y te perdiste o me perdí yo y te dejé atrás, tan lejos que es imposible la carga, el peso de tanta distancia.

    Aquí sigo esperando, no sé si estoy frente a las olas de este mar que veo o frente a la transparencia de esta laguna que deseo. Sigo esperando que surja algo tuyo, sólido, que pueda retener entre mis indefensas manos para entenderme después de ti.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola querida Mora. para otros.

    Se cuenta lo que se puede o se debe, sin socavar conciencias en perjuicio de otros y, a la vez, experimentar la comunicacion en alto grado, de la mejor forma es con estética, lo otro es simplemente informar.

    Cuento de un sueño para y con Marisela

    Hoy he soñado con vos mi querida Marisela, un dulce sueño que me hizo muy feliz, quiero, de él, deciros, no había sentido tal delicadeza, tersura y placer como lo sentí hoy en mi sueño de amor por vos, palpar vuestra piel delicada. Palpar vuestro Monte de Venus, me ha hecho experimentar tal sensación, como jamas la había tenido, besaros, abrazaros, me dieron energía, vida y emoción, luego, cuando erecto, dedicaba mi acto impulsor en vos y daros toda esta pasión que se desbordaba en mí, ¡Os apagasteis! Os apagasteis de forma que desperté desilusionado de mi sueño, porque no os quedaste en mi sueño querida, ¿será que podré disfrutar de vuestro candor muriendo también? ¿Porque os fuisteis y me habéis dejado como la fragua, que no se apaga sin dejar de ser agitada? ¡Como el sol en el día! ¿Será que debo dormir mas profundo y volveros a soñar, teniéndoos conmigo, hasta satisfaceros como siempre lo pude haber hecho? ¡Oh Marisela que bello momento de amor he sentido por vos! Os soñaré de nuevo.

    ¡Os lo prometo, soñaré de nuevo y seremos los dos como debía haber sido siempre, vos y yo!

    Os ama

    Joise

  4. maria jose lopez dice:

    Sono el despertador,como cada mañana siempre a la misma hora, los dias se habian convertido
    en rutina con la variante de las palabras,de alguna prenda o alguna visita no programada.
    Aún se notaba el frio al despojarse de las sabanas e Iris se acurrucaba en el lecho,evitando
    el contacto exterior,saboreando con la piel durante unos segundos la temperatura del interior,
    con pereza se dio fuerzas a si misma,se cargo de energia y se dijo : - comenzemos un nuevo
    dia ( un nuevo dia penso….y una mueca en forma de sonrisa se formo en sus adentros ).
    Cada movimiento estaba cronometrado al milimetro, para que sus niñ@s no llegaran tarde
    al colegio,les despertaba suavemente y mientras se arreglaban les preparaba el desayuno
    calentito, la mayor siempre terminaba la primera pues su horario de estudio comenzaba antes,
    Iris la daba un beso en la mejilla y la deseaba un buen dia. Al pequeño lo tenia que acompañar
    al cole,al bajar las escaleras del portal escucho que hablaban, en el reyano de la entrada estaba
    una vecina que la dijo : - hola Iris,esté es tu nuevo vecino.
    Iris saludo cortes,pero acelerada por el tiempo : - buenos dias, encantada.
    De vuelta a casa,él estaba allí,en la calle,con un chaleco amarillo,Iris busco las llaves en el bolso
    y él se acerco a ella y entablo conversación…..
    Fué la primera vez que le vio, quien sabe si……hubiera leido el cuento antes de que se hubiera
    escrito, o….una vez escrito,todo,completo, hubiera podido leerlo y llegar a entender.
    Esa mañana no seria como todas las mañanas porque sin saberlo,la vida de Iris,iba a comenzar
    a dar un giro de noventa grados, con infinidad de incognitas,misterios,y sensaciones nuevas
    como las mariposas que nacian y revoloteaban en su interior, antes nunca las habia sentido,
    y se sentia asustada y desconcertada.
    La vida de Andros ( el marido de Iris ) se centraba en el trabajo,en el ordenador, y poco más,
    Iris llevaba un tiempo notandole extraño y un poco más irascible de lo habitual, en el silencio
    y con la complicidad de la noche Iris decidio registrarle la cartera ( algo que no habia hecho
    jamás ) , encontro un trozito de papel en el que ponia : Sherezade, seguido de un número de
    telefono.
    Hay comenzo un cuento……que no era un cuento.
    Iris no sabia mentir, nunca la habian enseñado, si a callar , y guardarse para sí todo lo que no
    se debe decir , si a encadenar sus sentimientos con cien cadenas y amordazar el corazón,
    ante el descubrimiento del Amor.
    El argumento de este cuento…..es muy largo y extenso, se podria simplificar , pero es muy
    dificil cuando la escritora desconoce toda la verdad. La autora conoce su verdad,cada momento
    vivido,pero su verdad puede estar muy lejos de la realidad.
    Soñamos…..creamos un cuento…..Amamos y pensamos que nos aman de la misma forma
    y tanto como nosotros amamos, y al ir despertando vemos a Iris, sola,soñando,un cuento que
    no es un cuento, y amando a quien nunca la ha amado,quien la dejo solo el recuerdo,y se fué,
    sin enseñarla el olvido.
    La escritora se pregunta….¿ Como se olvida…..lo que no se puede olvidar ? ¿ Como olvidar el
    Amor ? Batalla imposible cuando la derrota es la victoria.

    os quiero

    maria jose

  5. Celestino Gaitan dice:

    Excelente, como siempre…
    …y con cada comentario,
    resulta enriquecedor,
    Gracias

    Un fuerte abrazo para Tod@s…

    Celestino.

  6. maria jose lopez dice:

    Querida Mora,Jose,y joise
    me emociono al leeros,como ya dije en una ocasión vos si que sois ilustres,
    maestros en la literatura,magos y creadores que con las palabras formais
    una puerta hacia la imaginación, las dais forma bella para expresar el todo,
    en un todo.
    Joise, me parecen lo más hermoso del mundo tus palabras : Os lo prometo, soñaré de nuevo y seremos los dos como debía haber sido siempre, vos y yo! , ¡¡¡ Precioso !! No hay nada más bonito que un sueño compartido.

    os quiero
    maria jose

  7. Jose Itriago dice:


    Premio Nobel 2012.

    Tenemos que dedicarle tiempo, como cada año, al ganador del premio Nobel de literatura. Les anexo algunos recortes tomados de Internet, para ir conociendo a Mo Yan, quien nació en 1955, en el condado de Gaomi, en la provincia de Shandong. Su verdadero nombre es Guan Moye. Decidió apodarse Mo Yan que significa ‘No hables’, debido a que en su niñez fue aconsejado por sus padres para no hablar, pues le advirtieron que cualquier palabra dicha en un mal momento podría dañar mucho a él o a su familia. Su obra literaria es una mezcla de “realismo alucinatorio, cuentos populares, historia y contemporaneidad”. Así lo refiere el comunicado del premio:

    “Con una mezcla de fantasía y realidad, de perspectiva histórica y social, Mo Yan ha creado un mundo que en su complejidad recuerda a los de escritores como William Faulkner y Gabriel García Márquez, tomando al mismo tiempo como punto de partida la tradición literaria china y la cultura narrativa popular”.

    Hace algún tiempo, este escritor, impregnado de realismo mágico y admirador de García Márquez y de William Faulkner, declaraba a José Reinoso en ‘El País’: “Mi realismo habla de la gente normal. Presento al lector todo tipo de caracteres, personajes con los que no ha tenido contacto nunca, situados en un ambiente especial, en el que se puede respirar el olor y oír los sonidos de la vida rural”. Tuvo una infancia durísima, conoció la represión, fue testigo de la hambruna, fue rechazado en su país y, poco a poco, con gran entereza y seguridad en sí mismo, logró ir publicando sus libros.

    Su primera novela fue Lluvia en una Noche de Primavera, publicada en 1981. A la par de su ingreso a la Escuela de Arte y Literatura, escribió El rábano transparente, su primer éxito. Después siguió Sorgo Rojo, llevada al cine en 1987. También es autor de las novelas Las baladas del ajo, La vida y la muerte me están desgastando, Tanxiangxing y Grandes Pechos, Amplias Caderas, obra que abarca una historia desde el siglo 17 hasta la época de Mao, y que fue prohibida por el gobierno chino. Su más reciente novela salió a la luz en el 2009, fue traducida al español como Rana

    Rana ha causado una gran polémica en su país. El autor ha ido “a donde nadie más lo ha hecho en China: a demonizar la política del hijo único que aún rige en el país”, explica el periódico Global Times. Mo Yan, un gran maestro de la literatura universal, mantiene intacta su sorprendente capacidad para desafiar a la clase dirigente de su país sin ser encarcelado ni vejado. La política de planificación familiar en China ha sido durante mucho tiempo un tema que los escritores no se han atrevido a tocar en sus obras literarias. Rana, el título, simboliza la multiplicación de la vida, ya que este anfibio tiene una enorme capacidad para reproducirse. La novela presenta una visión única sobre la vida en la China rural desde la perspectiva de una médico de familia, una vez establecida la política de planificación familiar. El autor nos revela la lucha interna de esta médico entre someterse a las directrices políticas y mantener las bajas tasas de natalidad practicando métodos abortivos a mujeres embarazadas del segundo hijo, o a seguir a su corazón protegiendo a los niños y buscando la prevención de embarazos involuntarios.

    Aun no he podido “bajar” ningún libro de este autor, al que nunca he leído. Cuando lo logre, postearé algunos párrafos para que entendamos mejor su receta literaria.

  8. Julio Sanabria dice:

    Apreciada Mora:
    A lo largo de tu trabajo, podemos inferir el fruto de tus lecturas, de tu hábito de lectura, de tu costumbre de escribir, de tu riqueza literaria. Felicitaciones.

  9. Julen Lestuzzi dice:

    Veo que la fiesta no solo comenzó Mora, ánimo a todos a seguir escribiendo, ya sean cuentos, ensayos, novelas o poemas.
    Un saludo, y espero conseguir leer aquella novela en la que estabas trabajando.
    Julen.

  10. Mora Torres dice:

    La pluma tuya, José, y la de Vancho, combinadas con la de Joise, forman ellas tres solas el pájaro del paraíso.



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