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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Severo

No se sorprendan: hay nuevos agradecimientos… (Te comiste mi cuy…).

Como es habitual, a José I. y a Joise, perfectos e infaltables.

A Juan Lestuzzi, que algunas veces participa con todo el ardor de su edad (La juventud).

A Oswaldo R Ordónez, ¡un galope a caballo estupendo! (El cuento literario o la concentrada intensidad narrativa).

A José Gómez, y su envidiable fe (La resiliencia de la fe).

Anoche escribí este cuento, que se llama “Severo”

Empezó creando pequeñas estatuas de Cristo, todas de yeso, todas iguales, que colocó en una larga tabla sobre la cabecera de su cama (Inmigración.Escultura).

La madre solía decirle que Cristo era distinto, que no siempre estuvo crucificado, pero la idea de no pegarlo en la cruz lo desesperaba, ¿cómo apoyar ese cuerpo molido? (Construcción de la inteligencia de un niño).

La madre le decía que el cuerpo de Cristo era bello, de miembros largos, firmes, y hasta tenía brazos musculosos.

Para Severo, sin embargo, lo más artístico era el sufrimiento, la cruz cuando cayó cuando Él la llevaba.

Lo que la madre le leía en la Biblia tampoco era muy optimista, ella tampoco lo era, él, Severo, tampoco.

Así que durante mucho tiempo la madre siguió leyéndole los pasajes más amargos –pero se suponía que le había leído ya toda la Biblia, en treinta años de lecciones.

Severo empezó a hacer Marías llorosas y Magdalenas que la acompañaban, pero ahí fue cuando definitivamente dejaron de gustarle las ficticias imágenes, porque quería algo real.

Arregló con el que recogía la basura –sacaba la basura todas las noches por orden de su madre- que le vendería los cristos, marías y magdalenas en diferentes ferias de artesanos, y se tomó unos meses de descanso; de lo único que no lograba descansar era de la voz de su madre leyéndole la Biblia.

Su madre leía sentada en el centro de un sillón de terciopelo rojo de tres cuerpos; las baldosas donde apoyaba los pies y las paredes tenían olor a humedad; hasta las flores perfumaban así, y su madre no se daba cuenta, toda manos que dan vuelta las hojas y detrás su rodete.

Un día Severo se alejó un poco, abrió la ventana, miró estrellas, sintió pasos por la calle. Presintió que había descubierto algo, pero no sabía qué.

La madre interrumpió la lectura.

Severo cerró la ventana y se acercó, y algo había sucedido realmente; ella estaba encogida, había puesto los pies sobre el sillón y estaba muerta.

En el velorio la gente comentaba que después de todo su madre ya había vivido mucho, y él sentía mucho odio y también horror ante esas frivolidades de la gente. Habría querido que se fueran, que lo dejaran solos a él y el cadáver.

Sin necesidad de expresar su deseo, ellos no tardaron en despedirse. No eran amigos, ni su madre ni él tenían amigos, sino vecinos y conocidos circunstanciales.

La madre y Severo se quedaron solos, y él le miraba la cara como si quisiera arrancarle esas últimas palabras que no dijo y que ya nunca iba a decir. Bueno, las últimas palabras de su madre eran de un versículo de la Biblia, pero leídas para él, y él no las escuchó.

Severo recordó entonces que las estrellas le habían dicho algo cuando esa tarde abrió la ventana y las miró casi por primera vez. Esas eran quizá las últimas palabras de su madre, también esos pasos apresurados por la calle eran las últimas palabras de su madre.

Severo se alejó un poquito del cadáver y volvió a abrir la ventana, y respiró el aire de la libertad.

Mora

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Comentarios

10 respuestas a “Severo”
  1. Fernando Rosso dice:

    Cuántos son los actos que nos condicionan a diario y no nos damos cuenta mientras van sucediendo. Gracias Mora.

  2. Jose Itriago dice:


    No se desprenden aparatosamente, sino que lo hacen con un paso elegante, parte de una danza que describe trayectorias hermosas en su caída final, cuyo significado no alcanzamos a comprender. Quizás estén reservadas a los turpiales y a las mariposas azules. Revolotean mansamente las hojas del cedro que se van acumulando al pie del magnífico árbol, haciendo, poco a poco, un collar para su tronco de hojas esmeralda -las recién llegadas- hojas topacio y hasta granate. Se extienden hasta llegar a mi, tímidamente, de una en una. De tiempo en tiempo, una brisa las incita a danzar en amplios círculos y si estoy cerca, se animan al contacto, con una alegría que envidio, por lo libre que es, lo desprejuiciada y esa aparente insensibilidad sobre su destino inmediato.

    La Partita No. 3 de J.S. Bach también se mueve ligera, aguijoneando los sentimientos débiles y en cuanto supones que la puedes detener, se retuerce sobre sí misma y sale por el otro lado. No hay forma de librarse de ella y no vale aducir que es efímera, que una vez que una nota invade tu campo, en ese mismo momento, empieza a morirse. Es cierto que desaparece para siempre, pero remueve algo, algo que generalmente querías mantener en suspenso, hibernando en tus recuerdos, encofrado, si se vale el término un tanto fúnebre.

    Esta mañana amaneció uno de esos pocos días transparentes en esta época del año. Además, me siento muy bien. Salí a caminar. Antes, mientras me vestía, decidí escuchar la Partita No. 3 de Bach. No la oigo con frecuencia porque, por lo general, me parece demasiado inorgánica, como mineralizada, pero también porque le temo, como ya le temo a todas las composiciones que he venido conociendo a través de los años. Son muchas. Cada una tiene un algo mío o de mi gente, que le cuelga como un perchero desajustado. A veces me molesta que recuerdos tan queridos estén tan mal ensamblados. Pero es así. También me molesta que se junten los buenos con los malos, como si nada, como si tuvieran el mismo valor, la misma trascendencia. Es como el precio que debes pagar: si quieres un buen recuerdo, debes aceptar una tristeza, una desolación, casi en el mismo instante, sin un respiro para pasar de uno al otro. Pero oí la Partita No. 3, que tiene la ventaja de que su melodía no es tan pegajosa y debía ser más bien alegre. No es lo mismo que oír a Beethoven: por ejemplo, ese segundo y último movimiento de la Sonata No. 32 que una vez que lo oyes, hasta sueñas con él.

    Esta mañana amaneció un día bello que se estropeó porque de pronto estaba oyendo también la Partita No. 3 de Bach. Pero fue como si le hubiera caído un poco de polvo a esa transparencia, sin restarle luz, sino más bien definición a los contornos, porque los humedeció o difuminó. Por supuesto que no es lo mismo ver un cedro contrastado contra el azul del cielo, cada hoja perfectamente dibujada con el verde que le corresponda y las que caen, mansamente, danzando, revoloteando, con los colores que le otorga el tiempo de su peregrinación. No es lo mismo verlo con la bruma de los recuerdos que a veces contrasta con la alegría que quieren demostrar. Entonces uno tiene que decidir si ver el árbol y sus hojas o seguir aferrándose a la Partita No. 3.

    Esta mañana salí a caminar y encontré un hermoso cedro, muy alto, quizás de doce metros o más -es difícil precisarlo- que estaba deshojándose y las hojas muertas rodeaban al tronco con el mismo afecto con el que se mantuvieron en sus ramas y caían mansamente, danzando en círculos impelidas por una suave brisa. A pesar de que el día había amanecido transparente y brillante, surgió una bruma que presagiaba lluvia o una lluvia que ya caía desde hace rato, imperceptible para todos, que dificultaba la visión de tan bello cedro, tan bellas hojas. A lo lejos resonaba una melodía que no pude reconocer y es que estaba demasiado lejos. Una pequeña lagartija, un tuqueque, empezó tranquilamente a escalar el roble y al poco tiempo se había mimetizado con él. Ya no supe si siguió subiendo o se quedó paralizada, observándome atentamente, pero era una compañía, de esa compañías ausentes que sabes que están cerca a ti, observándote, quizás con simple curiosidad, o hasta maldad, pero a veces, con amor ansioso, nervioso, esperando que te encamines correctamente, un correcto que solo otros saben y que tu ni siquiera estás considerando entre tus posibilidades. Pero si te encaminas por allí, parecerá que hiciste lo correcto y los ojos de tuqueque que te observan se humedecerán complacidos con tu acierto.

    Cuando salí esta mañana a caminar y encontré a un soberbio cedro que se deshojaba, me distraje contemplando las hojas y a un tuqueque que se mimetizó en su tronco, tratando de encontrarlo y con un gran deseo de mimetizarme yo también para ser un observador inadvertido, atento al color de los ojos, a las contracciones de los gestos de todos los que llegaran a mi campo visual. Me distraje tanto con la danza de las hojas que dejé de ver al árbol. Al desnudarse, cada rama se hizo brazo crispado. Las hojas, las bellas hojas que revoloteaban con todas las gradaciones del verde en esa fantástica y lenta danza -que llegué a sentir como una interpretación dedicada exclusivamente a mi- hasta transfigurarse en granates rendidos a la bruma de una melodía que se oía demasiado lejos, vestían la desesperación del árbol. Sus ramas, ya liberadas de cualquier disfraz, se elevaban desnudas al cielo pidiendo, en angustia de árbol, algo que nunca entenderemos. Y quise ser gran cedro para unirme a sus plegarias, porque yo tampoco entiendo mis angustias y estoy seguro que haríamos un buen dúo el cedro y yo.

  3. Carolina Constanza dice:

    La verdad…. nos damos cuenta cuando ya no podemos hacer nada….

  4. Jennifer Rebecca Osornio dice:

    al despertar y darte cuenta que ya no esta la persona que te controlo y manipulo durante “X” tiempo, te das cuenta que ese “AIRE DE LIBERTAD” se puede convertir en algo más. yo pasé por esa situación hace casi una década y después de tantos años te das cuenta que te hace falta algo. sólo una observación, hay un parrafo ó idea que no se entiende bien. por lo demás. un bonito cuento corto. un beso

  5. carlos morozovich dice:

    Apreciada Mora:
    Severo , lamentablemente , no es un simbolo unitario de los especimenes humanos que se encuentran absolutamente solos aunque esten acompañados.Has sabido expresar con holgura el dolor que a veces no se siente como tal , la soledad que aparenta indiferencia , y el reemplazo de carencias por pasiones ficticias . Considero que tu obra esta bien estructurada y que su final , uncongruente , le da peso y valor propio.Adelante , que queremos mas.
    Ha , ne olvidaba. Utriago , son michos hasta mañana.

  6. Virginia Ruiz Ríos dice:

    Lo que yo quiero señalar es que leer la Biblia es todo lo contrario a estar atado, porque la Palabra de Dios es lo único que nos puede hacer libres. Mirar hacia lo que está en el mundo, lo que nos atrae, no es precisamente libertad, es muerte porque lo que nos espera en esta tierra, es lo que le pasa a la madre, morir a fin de cuentas, pero lo que está escrito en la Biblia, es el Camino, es la Verdad, y la es Vida. El Cristo muerto y pegado a la cruz ya no existe más, y ese es el fallo de la religión, que sigue crucificándole cuando Él ya resucitó y nos espera al lado del Padre. El cuento trata de como la religión ata y somete a las personas, que es lo que en realidad quiere hacer. El cuento presenta una realidad de lo que sucede, de como se ha tergiversado la Buena Noticia de salvación impresa en la Biblia, dando a entender que leerla es una condenación y una atadura ¡Menuda mentira! esa madre representa lo que no permanece, lo que está llamado a terminar que es nuestra vida en esta tierra, pero conocer al verdadero Jesús, el que hay que descubrir leyendo la Biblia con ojos sinceros. Ninguno de nosotros somos ” inocentes” ante Dios todos somos culpables, porque nadie puede cumplir los diez mandamientos con pulcritud y exactitud, por lo tanto la verdadera, la auténtica noticia es que Cristo compró con su sangre nuestra “inocencia” delante de Dios. Leamos la biblia para Salvación, no para condenación.
    Gracias Mora por enseñarnos una triste realidad terrenal: Las cadenas invisibles que representan la ventana abierta y la burda mentira de la supuesta libertad que ofrece.

  7. fernanda Smith dice:

    El cuento es como la vida misma hay que releerlo para descubrir otras realidades que en la primer lectura no vimos, como las relaciones .Lo mejor de haberlo leído es que me pareció muy argentino, todavía conservamos ese sentido de familia que parece más un condicionamiento cultural, no tenían amigos solo ellos dos juntos toda la vida, para que Severo respirara libertad cuando se quedó solo, te hace pensar

  8. adelina rubini dice:

    Que la muerte de un ser tan querido como lo es una madre nos de esa idea de libertad, habla de como vemos y sentimos esa relaciòn tan especial y ùnica. Siendo uruguaya, la uniòn entre madres e hijos es muchas veces una atadura amorosa, pero atadura al fin, y al partir nos dan esa sensaciòn de libertad que luego pasa a ser de triste libertad. Me ha gustado mucho…gracias.

  9. Joise Morillo dice:

    ¡Lo que deje de deciros, Severo, hijo mío!

    Querido hijo perdonadme no poder orientaros como debía haberlo hecho, perdonadme mi poca sabiduría, así como yo, perdoné a quienes pudieron haberme educado, y, que por su misma ignorancia, desafortunadamente, no lo hicieron.

    Quiero, sepáis, que: es verdad, no pude mostraros la belleza del ying yang de Lao Tse, ni la elevada espiritualidad de Sidharta, tampoco la prudencia de Aristóteles en Ética a Nicomaco, ni la idea pedagógico social de Pitágoras, menos su Matematica, de igual forma hubiera querido daros la oportnidad de acceder a los 7cielos de Mahoma, también hubiera querido enseñaros la metódica idea de poder de Maquiabelo, Marx, Lenin, la teología de Spinosa, Tomas Moro, Campanella, la modernidad de Descartes, que identificaras plena e infaliblemente lo absurdo de Kafka, Sastre, la ironía de Rorty, que reconocierais el escarnio de Voltaire y Moliere, la enciclopedia de Diderot, la sociabilidad de Montesquieu y Rousseau, la Pedagogía de Robinson -R. Simón- la lógica Matematica de Russell y Bunge, el cientifismo de Tolomeo, Copernico, Kepler,Galileo-Galilei, Newton, Einstein, la política de Arendt, lo inconmensurable del Universo de Stephen Howking, os hubiera prevenido de aprender la astucia cínica de Fidel Castro de Kin Jon etc. Pero con más amor querido hijo, me hubiera esmerado con el mejor de los propósitos que disfrutaras de la inmensa capacidad de educar y ser educado al mismo tiempo -como yo lo intenté- de Pablo Freire.

    Pero no querido Severo me tuviste a vuestro lado, tomando lo que vuestra humilde madre podía daros, sin embargo ¿podríais haber tenido mejor mensaje que la parábola de : Génesis, Deuteronomio, Jueces, Levítico? ¿Es que acaso el nuevo testamento no nos enseñó a ambos, querido hijo, con Mateo -como recordando, verificando- la solidaridad de los filósofos hacia Sócrates en Fedon, de Platón, igualmente la bondad y la discreción?

    Si querido Severo, nuestro libro nos enseñó paciencia, nos enseñó todas esas cosas encerradas en un solo propósito haceros ver la luz, por ello ¡No necesitamos a Freud para moldear vuestra conducta! Y menos a Piaguet para sacrificar vuestro tiempo en aprender artesanía y con ello ganaros -hasta que me vengáis a acompañar- el sustento, por eso, querido hijo, cuando os levantasteis –haciendo caso omiso de mi- para ver las estrellas comprendí que mi ultimo mensaje fue el aforo de mi dedicación, esa actitud vuestra fue la señal de vuestra independencia, fue tan grande mi alegría que mi pobre corazón viejo no soportó, por eso os deje, pero no abandonado a la ingratitud, ni soledad, ni infortunio.

    Aprendiste sobre todo a conoceros a vos mismo y, a la miseria humana: la hipocresía, la indolencia, la crueldad, el rencor. Empero, sobre todo, aprendiste querido Severo la bondad, la sinceridad, aprendiste a amar.

    Os ama

    Joise

  10. Julen Lestuzzi dice:

    Perdonarme por esta vez el ir contra mis principios y tener una visión más propia de Góngora que de Quevedo pero, qué arte teneis los sudamericanos para la literatura. No hay duda de que vosotros oos habéis convertido en maestros de la lebgua a través de figuras como Gabriel García Márquez, Rubén Darío o Vargas. Me encanta el modo de representar las cosas más simples con palabras que algunos np saben interpretar, pero que a otros nos hacen verlas como cosas aún más palpables.

    Por otra parte, quería decir, que no todos los seres humanos han de seguir un mismo camino hacia la libertad, porque eso si sería atarnos en una especie de atasco en el tráfico que habría en ese camino. Además, quienes hayan leido la Biblia, descibrirán que ya somos libres, no por el hecho de haber leído la palabra del Señor, sino porque ya lo eramos desde nuestro nacimiento.
    Tampoco entiendo por qué un libro de torturas y sufrimientos como la Biblia puede dar más libertad que uno de amor como lo es eel malinterpretado Corán (poema que ha sido interpretado como al hombre le vino en gana).

    Yo creo Mora, una vez más, que has sabido recoger la importancia de las cosas más simples, ccomo en este caso puede ser un mero instante.

    Un saludo a todos.
    Julen



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