Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La fiesta está por empezar

La fuente de la poesía envía largas serpentinas de voces desde cualquier lugar  (Historia de la Poesía). El bosque, el mar, el asfalto, la montaña, los campos florecidos o nevados -yo, ahora que empieza la primavera, tengo cerezos y ciruelos en flor (Tierra Indígena).

¿Quién es el que pregunta si puede publicar uno, varios o muchos cuentos o poemas?

Esta página es el lugar que imaginé para reunir vuestras voces, en el bosque, el mar, el asfalto… Pueden enviar todos los escritos que deseen, editarlos acá.

Muchísima gente va a leerlos, van a atravesar la alegría, el dolor y la esperanza de muchísima gente, van a llegar a espíritus aún despiertos -¿o aún dormidos?- y a espíritus que no se sabe dónde han despertado (Antropogénesis según Steiner).

La poesía es una locura incurable y eterna. Junta palabras como flores -flores negras o blancas- y se las da en ramos ardientes a las almas (La locura de Don Quijote).

Conocidas, desconocidas, almas siempre hermanas.

La mano tiene la urgencia de escribir sobre el papel los signos que están durmiendo en todos los otros órganos del cuerpo y del alma, y dárselo a cualquiera. Antes de escribir, el ser humano es poesía; al dársela al papel, la transmite a posibles, infinitos destinatarios.

¡Envíen todos sus escritos, Poetas!… Sus cuentos, sus fragmentos de diarios…

Los surrealistas ya certificaron que la poesía debe ser hecha por todos. ¿O fue el conde de Lautréamont el que lo dijo, y los surrealistas lo sacralizaron? (Lautréamont y el surrealismo).

Perdón, porque a veces no voy corriendo a fijarme si lo que les digo es rigurosamente exacto. Mi anecdotario tiene páginas en blanco y letras borradas por el tiempo (La memoria y el olvido) , pero conserva con fuerza de sentencia dos mensajes sagrados:

“La poesía debe ser hecha por todos” y “No hay poeta ni malo ni bueno; no hay poeta que en alguna ocasión de su vida no haya escrito el mejor verso del mundo”.

De versos y de cuentos se trata la poesía. ¿Listos?

Basta con que respondan a esta o a próximas entradas, y a la respuesta le adjunten sus escritos. Tampoco es necesario que digan nada de lo que yo les escribo, ni de lo maravillosa que soy; sencillamente, transcriban lo que escribieron.

La fiesta está por empezar.

Ya demasiada gente la anticipó: escritos para siempre de José I., de Joise, de Judith, de María José, de la muy blanca y ahora ausente Blanca Estela y otros, tantos que, como Celeste y Celestino, recién ahora se me ocurren para agregarlos, queriéndolos tanto.

A propósito de ausencias, leí una broma de Macedonio Fernández (Macedonio Fernández, precursor del Don Quijote), que me hizo reír mucho:

“En aquel café había tantos ausentes que ya no cabía nadie”.

Aparte, como la prosa también es la poesía a veces con derechos muy legales, les envío el comienzo del cuento más hermoso que he leído en esta última época -de lectora, época, digo.

Lo extraigo de La rebelión de la flor, de la uruguaya Armonía Somers, que publicó el Cuenco de Plata de Argentina.

El derrumbamiento

“Sigue lloviendo. Maldita virgen, maldita sea. ¿Por qué sigue lloviendo?” Pensamiento demasiado oscuro para su dulce voz de negro, para su saliva tierna con sabor a palabras humildes de negro. Por eso es que él lo piensa solamente. No podría jamás soltarlo al aire. Aunque aun como pensamiento es cosa mala, cosa fea para su conciencia blanca de negro. Él habla y piensa siempre de otro modo, como un enamorado: “Ayúdame, virgencita, rosa blanca del cerco. Ayúdalo al pobre negro que mató a ese bruto blanco, que hizo esa nadita hoy. Mi rosa sola, ayúdalo, mi corazón de almendra dulce, dale suerte al negrito, rosa clara del huerto”.

Pero esa noche no. Está lloviendo con frío. Tiene los huesos calados hasta donde duele el frío en el hueso. Perdió una de sus alpargatas caminando en el fango, y por la que le ha quedado se le salen los dedos. Cada vez que una piedra es puntiaguda, los dedos aquellos tienen que ir a dar allí con fuerza, en esa piedra y no en otra que sea redonda. Y no es nada el golpe en el dedo. Lo peor es el latigazo bárbaro de ese dolor cuando va subiendo por la ramazón del cuerpo, y después baja otra vez hasta el dedo, para quedarse allí, endurecido, hecho piedra doliendo. Entonces el negro ya no comprende a la rosita blanca. ¿Cómo ella puede hacerle eso? Porque la dulce prenda debió avisarle que estaba ahí el guijarro. También debió impedir que esa noche lloviera tanto y que hiciera tanto frío.

El negro lleva las manos en los bolsillos, el sombrero hundido hasta los hombros, el viejo traje abrochado hasta donde le han permitido los escasos botones. Aquello, realmente, ya no es un traje, sino un pingajo calado, brillante, resbaladizo como baba. El cuerpo todo se ha modelado bajo la tela, y acusa líneas armónicas y perfectas de negro. Al llegar a la espalda, agobiada por el peso del agua, la escultura termina definiendo su estilo, sin el cual, a simple color solamente, no podría nunca haber existido.

Y además, sigue pensando, ella debió apresurar la noche. Tanto como la necesitó él todo el día. Ya no había agujero donde esconderse el miedo de un negro. Y recién ahora la ha enviado la rosita blanca.

El paso del negro es lento, persistente. Es como la lluvia, ni se apresura ni afloja. Por momentos parece que se conocen demasiado para contradecirse. Están luchando el uno con la otra, pero no se hacen violencia. Además, ella es el fondo musical para la fatalidad andante de un negro.

Envío

Por supuesto, nada puede saberse de la insólita inventiva de Somer si no continuamos el cuento hasta el final, y falta mucho…

Sólo quería mostrarles la delicadeza de ella, su altura, para que la disfruten otra vez, cuando puedan.

Mora

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Comentarios

9 respuestas a “La fiesta está por empezar”
  1. Jose Itriago dice:


    A veces es bueno recordar, como lo hizo nuestra querida Mora, que este oasis de su hechura es para que cada quien exprese lo que siente. Así se define un artista. Todo aquél que logre expresar lo que siente, está haciendo arte. Puede que a los demás les guste o no. Pero si es auténtico, si es lo que uno siente, no importa cómo se escribe, o se canta o se pinta, es el arte de cada quien.

    ooOoo

    Fue cuando supe que ya estaba haciendo recuerdos. Que estos presentes serían irrepetibles, una ráfaga que no gozaría el consuelo del olvido. Tuve que enfrentarme a la conciencia que ya no podía redondearlos, ni mejorarlos, que no valía la pena negarme lo imposible de seguir.

    Dormías, dueña del tiempo, mientras te observaba tratando de captar un algo que me vinculara a tu sueño, no sé, un movimiento de ojos, un suspiro, algo que se pareciera a mi nombre, pero tu placidez te aislaba y me hacía sentir intruso.

    Traté entonces de aprenderme de memoria cada uno de tus rasgos, los detalles más pequeños como las manchas de tu cara, las sombras de tus párpados cerrados, ese azul tenue que usaste para maquillarte hoy, la curva de tu cuello, la sombra de tus huesos, la hermosura de tus pechos cayendo lateralmente (tus pezones aun preservaban algo del erizamiento de hace unos minutos). Cada tramo lo fui grabando, como quien colecciona estampillas valiosas, para poder recordarlo individualmente. Medía la frecuencia de tu respiración cuyas pausas tranquilas contrastaban con mi inquietud creciente. Cada exhalación era un paso al distanciamiento, una mano cálida que me apartaba, me descartaba.

    Te cubrí con pesar, como quien rechaza la más codiciada de las visiones, aspiré el aroma de tu cuarto, de tus ropas, de todo. Aromas con colores dorados y brillos rojos que también atesoré y me retiré lentamente, sin siquiera cerrar la puerta del cuarto, para irte viendo desaparecer, como una revelación divina que tuve la suerte de rozar alguna vez en la vida.

    Hoy recordarte es mi vida. No sé si componer tu imagen cada día es un tormento o es la razón misma de mi vida. Recordar cada tramo, quizás una esquina de tu hombro, o tu ombligo, su brillo, su tersura. Casi tocarlo. Han pasado muchos años y nunca te has marchitado: te he mantenido intacta. Hasta el timbre de tu voz lo he hecho música y lo oigo en casi todos los instrumentos de la orquesta. Solo me falta tu aroma, que no he podido redescubrir y es que tantos otros perfumes, tanta erosión, me lo hicieron perder. No te imaginas cuánta falta me hace para armarte y claro, tampoco es repetible. Ya ni siquiera tú lo podrías remediar. Entiendo que deba ser así. Todo es a medias, nada es completo.

  2. Joise Morillo dice:

    Fiebre loca.

    A veces, quisiera tener lo soñado y a vos.
    Mas, boquiabierto, queriendo himeneo, acabo tonto
    de tanto desearos, clavado y partido en dos
    por mi sangre, más que suspiro, respiro hondo

    Y, rora, presumida, que me hacéis cenefa
    echadme una mirada, sin pudor, candente
    no seáis cabeza tiesa
    no veis que me tenéis caliente

    Os posare mi calor como me toca
    tibios humores vaciaré en vos
    clavaré mis manos en vuestra roja boca
    pues, insaciable os daré mi amor feroz

    No vaciléis amada mía, dadme lo mío,
    dejadme gozar lo que a mi me toca
    penetrare vuestra alma, matare vuestro frío
    vos, complaciente, apaciguareis mi fiebre loca.

    Os ama
    Joise

  3. Julen Lestuzzi dice:

    Me parece genial que se cultive tanta literatura en un lugar como éste. Realmente me siento cómodo viendo el afecto y el respeto, “que no pelotería”, que muchas personas demuestran en este blog, y por eso he decidido dejaros este escrito de hace unos meses, el día de mi 18 cumpleaños.

    Fuego

    Ellos lo saben.
    Los astros han sabido siempre que te quiero.
    Y aunque un millón de gotas de lluvia
    trataran de parar el tan leve susurro del viento
    que llevara mi mensaje,
    encontraría la manera de que vieras que no miento.

    Quizás con esa llama que despiertas
    en mi cuerpo,
    cada noche que me besas.
    Quizás sea cosa de ese fuego
    que poco a poco me quema
    cada noche en nuestro lecho.
    Aunque no descarto que sea,
    esa manera de amarme y dejarme sin aliento,
    que poco a poco me envenena,
    aunque nunca muero.

    Repito, ¿qué más da?
    Realmente lo que creo que estoy haciendo,
    es plasmar ese sentimiento
    que todavía no comprendo,
    que no puedo descifrar
    aunque lo intente,
    pero que hace
    que mi corazón no se sienta inerte.
    Dejaré de plasmar el fuego en la leña,
    y me voy a dedicar
    tan solo a quererte.

    Un saludo a todos

    Julen

  4. Oswaldo R Ordonez dice:

    UN GALOPE A CABALLO MARINO

    Te conoci en el epicentro del amor, eras telurica como una hermosa bestia mineral. Tu voz abarcaba un efluvio musical cargado de misterios y nostalgias; que embargaba como un sutil hechizo shamanico. Mirarte a los ojos, no era mas que pararse en el umbral de la atraccion, hacia las profundidades de lo desconocido y vislumbrar bellos manantiales que se abrian paso a traves de las rocas calcareas, conservando la nitidez de pupilas y cristalinos en todo su recorrido. Tus labios sin pronunciar palabra, me alertaban de tu sed y tu ansiedad pasionaria. Labios carnosos y sensuales, capaces de condescender incluso, ante los que mendigan un apice de amor o en aras de la misericordia. Tu figura conservaba el veleidoso encanto de las cariatides, similar a un trono ceremonial donde los ojos de los eunucos, rendian su triste y mesianico tributo. Entonces me preguntaba: Quien no daria la vida siquiera por navegar remontado en las voluptuosidades poco menos que agresivas de tu inquieto y compacto caderamen? Y asi, llegar a otear el himen del horizonte, conocer el fragor de otros mares tempestuosos, la euforica reciedumbre de tu oleaje y de alli, partir hacia cualquier precipicio, hacia cualquier hecatombe y quedarnos enredados en el caos demencial que celosamente guarda el vaiven de la agonia y el extasis.

    Y no vayas a pensar, dulce Mozul, que este divagar, esta especie de morbodesasociego es producto de mi esquizofrenia o de mi paranoia. No. Es simplemente mirarte a traves de los espejuelos de la sinceridad, para otorgarte el sitial, el principio de ubicuidad que a los seres de tu calibre, corresponde. Y en la pleamar de estas sensaciones, que encuentres en los mas reconditos meandros, las perlas mas blancas, mas transparentes y mejor pulidas, con la arenisca de la imaginacion que aun me asiste.

    Es junio, en pleno esplendor la canicula, bella Mozul. Me encuentro encaramado en la soledad de este altillo, rumiando el seco y amarillento pasto de la recordacion, convencido que solo con el pensamiento, inmerso en la cueva de rico tesoro linguistico, puedo recrearte. Si, estas viva en mis pompas ideas de jabon, aunque a ratos te deshaces y en ese permanente estar y no estar, la granitica cima del extranamiento, se desmorona. Al borde, el derrumbamiento. Pero no! La misma incertidumbre de no saber a ciencia cierta si fuite mia o ajena, me sostiene, me apuntala, pero acosa. Puya en las viejas heridas y resquemores de donde emerjo fortalecido, no se si de tanto dolor o por la angustia que causan las grandes incognitas.
    Nuestros vespertinos paseos playeros, fueron el detonante para darme cuenta de mi hombruna estupidez; de considerarte como vulgar propiedad privada. Porque alli, en la extensa blancura del ardiente arenal, dabas rienda suelta a tus impetus, te ibas de frente y a boca llena, recoger en la aromatica concavidad de tu boca, los secretos de la brisa ligera. El viento jugueteaba con el azabache de tu pelo. Tu cuello, tu piel broncinea se tensaban con la humedad salinica. Aliento de algas marinas y arrecifes coralinos, galope de caballos marinos. Ni las golondrinas de lluvia pasaban por alto tu presencia balcanica, aunque fastidiaban aquellas miradas indiscretas, hombres comunes que no podian sospechar siquiera, como entre tu y yo, tejiamos la urdimbre de nuestras fantasias, de nuestras mas reconditas pasiones, metamorfoseadas en nuestras mentes como inquietas gaviotas. Toscos pelicanos aquellos, planeando a ultranza, mezquinando energias, para ir en busca de la deseada presa. Pero quien yo era, para impedir tanta acechanza? Si al verte en tu nadakini, cualquier pantalon de bano se esponjaba y me imaginaba que si asi cruzaras por cualquier cementerio, seguro que todos los alli muertos, resucitarian de puro regocijo y gracias a tu omnipresente figura. te sentia mariposa, querida Mozul; media telaranica, barquichuelo a la deriva cargado de belleza y exuberante excelsitud.
    Al llegar a las riveras de la ontananza, el sol viejo lobo de mar, difuminaba tu figura cual espejo quebradizo, oculto en la humedad baladi de la arena y al trasluz, te dejaba tal como grecoromana silueta. Sin querer, hasta el sol te desnudaba y alli, presto, con mi pequena “Minolta”, tontamente trataba de atrapar desde varios angulos, tu imagen.
    En todo atardecer, te extrano. Me parecio un primor la estructura de aquel hotelito, sus cabanas, como pestanas caidas sus techos de paja, los andenes de madera, sus jardines, el colorido de sus hamacas, sus vericuetos pintados de penumbra, mudos testigos de nuestros anhelantes jadeos nocturnos, al compas de una sinfonia de grillos, luciernagas y chicharras, a duo con la modorra monocorde y acuciante del oleaje. Maracas el entrechoque de tus finos dientes, al venirte, un zafarrancho al penetrar en la voluptuosidad cercana a tu vientre, musica, tus gemidos guturales de insaciables espasmos. Y la premura de la esperma por llegar a la cuspide. Luego, sin separarnos, sintiendo la tibia humedad entre muslos, desacelerando el agite de alientos, dejabamos que los musculos vuelvan a sus goznes. Alli empezaban a llover de nuestras bocas, un selemin de promesas, acuciantes preguntas, donde quedaban flotando serias incognitas y sin importar los juramentos. En varias ocasiones escuche el rodar silenciosos de tus lagrimas, entibiando mis mejillas. Sin enjugarte, en cada uno de tus sollozos, sentia un profundo resquebrajamiento y no solo en el alma. Veleidades, sutil imagineria, artimanas en el juego de palabras, que contradecian nuestras verdades, incrustandose en la piel, en los cerebros y hasta en las almohadas. Los feos gusanillos de la duda, verdadera metastasis.
    A sabiendas de tu inocencia, mentalmente te acusaba. La falta de credibilidad en si mismos, quebraba las certezas, hacia que afloren unos celos enfermizos, que en ocasiones se volvian casi irrefrenables, caballos desbocados. Con mucho esfuerzo, lograba frenarlos muy cerca del abismo. temia perderte y a mayor temor, te sentia cada vez mas distante.
    Aquellos temores tenian algun fudamento?- me preguntaba-. La misma ofuscacion, la exagerada demostracion genito-afectiva, las insistencias, la religiosidad en las citas, que a lo mejor se convertian en impertinencias, contribuian al ocultamiento de mis propias respuestas.
    Nada mas aciago como aquel dia en que fallaste a la cita. Un fardo la inquietud, un silicio la incertidumbre. Me senti como hombre al agua y sin tabla de salvacion. Todo en mi se tornaba en fementido, dude de mi propia presencia. Sabia que toda belleza tiene su punto flaco y aquella certeza, fino estilete, se clavaba entre mis sienes. Al cabo de no se cuanto tiempo, cerca de ingresar al campo minado de la desesperacion, alcance a distinguirte a la distancia. Aquella angustia instalada en mi garganta, desaparecio como por encanto y corri a tu encuentro. Te abrace, me abrazaste, de mis labios, ningun reclamo por la tardanza. Pero ay!, nada tan leal como un corazon enamorado. Al enfrentar tu mirada a contra reflejo de los ultimos destellos del agonico sol, por una milesima de instante, me evadiste, habia alboroto en tu larga cabellera, tus mejillas no fueron capaces de ocultar su levisimo rubor y mas que eso, acostumbrado al aroma y a las briznas de tu aliento, me advirtieron que tu piel, se habia conjugado con otra extrana fragancia.
    Equivocado o no, amada Mozul, sigo sin saber que hacer con tu cabeza y que a duras penas el temblor de mis manos, la sostienen.

    Un saludo a todos: Oswaldo R Ordonez

  5. José Gómez Apologista Hortothomountha dice:

    Dios te bendiga Mora gracias por tus escritos te mando un abrazo civernético donde quiera que esté mi amiga.

  6. isabel salcedo dice:

    Por Dios, Por Dios que cierto!
    …Desde el anochecer semirojo de la oficina concuerdo:
    “NO hay poeta ni malo ni bueno; NO hay poeta que en alguna ocasión de su vida no haya escrito el mejor verso del mundo”.

    La Fiesta esta por empezar? Invitemos a la mas Blanca Estela!

  7. FRANCISCO NAVA dice:

    POECIA ES LA MUSICA QUE ACOMPAÑA A ESTA , NUESTRA VIDA . SI ERES CAPAS DEESCUCHARLA

  8. FRANCISCO NAVA dice:

    TESTIGOS DEL AMOR , SON TUS OJOS

  9. charmante charmante dice:

    Sólo quiero que sepas que este blog realmente me ayudará a ampliar mis conocimientos. ¡Gracias

    voyance par mail



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