Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Julio, 2012

Viaje al corazón de lo bello y lo cursi

A veces debo agradecer a desconocidos cuestiones tan importantes como seguir viviendo (El maravilloso mundo de los valores), o que la vida siga siendo, moviéndose, caminando desnuda -la vida (La Vida)- por entre mi momentáneamente seco jardín: vino el viento de invierno, volteó todas las flores, todo el color, y quedaron los árboles pelados, grotescos, retorciéndose como en los cuentos de hadas cuando hay niños perdidos en el bosque (Pepina y sus Historias en Isla Humos).

A veces debo, como dije, agradecerles a ustedes los encuentros más bellos de estos días, el juntarnos en un camino que es de cada uno y son muchos y de repente se hace el mismo camino. Por eso resucité hace poco un viejo, viejísimo verso que habla de mis amigos pasados, presentes y futuros (Amistad civil en Aristóteles).

Y yo, que huí de la gente como huyen los animales más ariscos -en mi caso soy tal vez un lobo (Mamíferos en peligro de extinción)- y vine a refugiarme en una casa que queda frente al río y grandes piedras milenarias, pero bastante lejos de otros seres humanos -excepto de Elsa, que me acompaña en esta aventura- debo decir que a veces, leyendo lo que ustedes escriben, “se me pianta”, como en el tango, “un lagrimón” (La historia del tango).

Y después de leer lo que algunos de ustedes escriben, tengo de pronto entre mis manos un retrato que miro desde cerca, continuamente, de sus caras, sus ojos, sus sonrisas (Goya).

Sé quiénes son los que están detrás o adentro o quemándose en los bordes de la página.

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Una esperanza

Jamás hubiese pensado que él tenía un motivo para reunirse con alguien más que sus manoseados recuerdos (Recuerdos), pero el motivo estaba allí, en el diario (Los diarios frente al reto digital). El hombre leía con dificultad, un poco por vejez y otro por la falta de costumbre, pero era claro que estaba allí, en la página abierta, y que mañana era la reunión (La vejez es “curable”).

Comprendió que se había hecho tarde para pedirle a la dueña de la pensión que lo recordara a las ocho, y él solía quedarse dormido hasta las diez, así que pasó la noche en vela (Trastornos del sueño). Lo velaban cálidas imágenes de nuevas amistades, de personas de rostros desconocidos y alegres que se tornarían cercanos y conocidos (Niveles de la amistad). Sí, esta vez sí confiaría en ellos, ya que la desconfianza, como podía ver ahora, no lo había conducido a ningún lado, apenas a una pieza de pensión más húmeda y gris que sus propios, resentidos huesos.

A las siete ya estaba vestido para salir, buscando en el armario aquel certificado que probaba su condición de 0 positivo, un antiguo papel amarillo pero que serviría de todos modos. Creía saber que hay condiciones que no se borran en toda una vida, y que ésta era una de ellas. Guardó el certificado en el bolsillo derecho de su saco y salió.

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Yo hice mi vida de palabras antiguas

Queridos amigos (Las relaciones humanas: La triangulación del saber):

Ayer escribí un largo post para ustedes. Cuando llegué al final de esas dos mil palabras, se borraron (Las palabras ocultas en la inteligencia).

Me quedé vacía (Budismo), inquieta, sin “nada de inspiración”.

Busqué y rebusqué toda la noche mi memoria de aquellas palabras, y no la encontré, apenas si en débiles espejos.

Este viejo poema que les copio tiene algo que los enuncia, que los anticipa a todos ustedes. Es mío y lo escribí…

Prometo para el próximo post una revelación sobre este poema, al menos una curiosidad terriblemente curiosa…

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Djuna

Los libros venían a mí, yo no los buscaba (Saber leer). Caían en mis manos como si ellas fueran redes y ellos peces redondos y sonrientes.

Probaba algunas páginas de todos. A algunos les encontraba el sabor de mi hambre, los devoraba varias veces.

Así, pesqué uno de bello título, El bosque de la noche, (Milagro en el bosque) y cuya autora tenía un nombre extraño, Djuna, Djuna Barnes, y era amiga de T. S. Eliot, uno de mis poetas de la mesa de luz (Sobre el peso del humor negro en “Asesinato en la Catedral” de T. S. Eliot).

Pasé mucho tiempo junto a él; tenía una intensidad extraordinaria aunque, a mi modo de ver de entonces,  empezaba algún tiempo después de su comienzo, al menos en el capítulo 2 -y aquí, ven, se juntan tiempo y espacio, y el espacio es el libro de Djuna Barnes (Consideraciones generales acerca del espacio-tiempo y de la naturaleza de la realidad).

Poco pude averiguar de ella antes de perderla y no encontrarla nunca más hasta hace dos años: era una mujer alta y pensativa, y vi una foto con su lindo perfil, y creo que murió en México, además (Ciudad de México, la ciudad del millón de latidos).

Nada me costaría actualmente apelar a Wikipedia para saber algo más, pero prefiero mantenerme en el misterio. Y de misterio es lo que voy a contarles (Naturaleza y propiedades del pensamiento).

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