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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Archivo de Mayo, 2012

Pasar en limpio

Insisto, creo que no se tomó demasiado en serio (Comunicación: producto o proceso) -con dos o tres excepciones notables (Voz de un poeta)- mi propuesta de “pasar en limpio” nuestros borradores (La enseñanza-aprendizaje del texto escrito). En general suelen ser demasiados, desparramados en recetas de farmacia, libros de comercio, guías telefónicas, boletos, cuadernos, tickets…

Ordenar el caos (Ensayo sobre la Teoría del Caos) y devolvérselo en todo caso a los lectores (La lectura y sus procesos), en todo caso al misterio (Alfredo Pérez Alencart: la poética del asombro), para seguir escribiendo otro poco, o para decir que ya nos basta hasta acá, que ya dijimos algo… cosa difícil de resolver en realidad (Marcado por la vida. Una razón para escribir).

O como última razón: hacer una limpieza de nuestros baúles ocultos -en especial, ocultos en la mente- para dar más espacio a lo futuro.

Yo tomo cualquier papel escrito y empiezo a pasar en limpio… sin más.

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Monografias

Castillos de amor y de espanto, de niños y de libertinos

Tal como los castillos (Casas encantadas), aún los que se hacen en la arena, “nada nace, nada perece esencialmente, todo no es otra cosa que acción y reacción de la materia, son las olas del mar que se elevan y se hunden en la masa de sus aguas… es una variación infinita, miles y miles de porciones de distinta materia que aparece en múltiples formas que se derrumban y reaparecen mostrándose en otras formas para volver a aniquilarse para reaparecer de nuevo”, dice Sade, el Marqués (La Crueldad y la Violencia: Anatomía de Entidades Inmanentes).

Y así son los castillos, que para algunos místicos simbolizan las almas (“El viaje del héroe”), y para algunos psicólogos como Jung, también (Espiritualidad y Autotrascendencia).

Por eso no me asombra que toda la literatura esté bordada de castillos, pero me resulta interesante y bello (Willian Hope Hogdson).

Hay tantos castillos en la literatura, en la buena y la mala prosa, en la buena y la mala poesía, que si no supiera que todo lo que se edifica con palabras queda sólidamente asentado en algún lugar, creería que los escritores juegan con pompas de jabón (Las palabras ocultas en la inteligencia).

Pero cientos de castillos -o miles- nos cuentan sus historias desde textos cercanos y remotos; los hay ingenuos como niñitas, los hay crueles como el de Drácula (Ceremonia secreta), y hay algunos que todo lo trastornan, lo dan vuelta, nos ponen los pies en la cabeza y la cabeza en los pies y nos producen una angustia que no sabemos ubicar muy bien (La Revolución Psicológica).

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Monografias

Diversiones con Freud, con Darío, con la publicidad de Chevrolet

Más allá de los libros que fervorosamente amamos, ésos especiales de nuestros poetas y narradores preferidos (La locura de Don Quijote), hay otro tipo de literatura que nos acompaña en los momentos en que lo que deseamos es relajarnos o reír (Saber leer).

En mi caso a veces se trata de textos de divulgación científica (Divulgar la ciencia y su trascendencia…) ante los cuales -y a pesar de lo de “divulgación”- el esfuerzo por entender que realiza mi pobre intelecto me remonta desde mis problemas a los espacios remotos, allí donde, por ejemplo, empiezan el mismo espacio y el tiempo con una explosión. Eso lo quiero entender bien, el Big Bang, y para eso leo y releo el mismo librito (Del Big Bang al origen de la vida).

Y me parece más bien ciencia ficción que el espacio y el tiempo recién comiencen en ese instante (Comparación de libros de ciencia ficción). ¿Qué hubo antes? No hubo nada, es la respuesta de mi librito. No hubo antes porque recién allí comenzó el tiempo (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo)

En épocas de mayores problemas leía revistas especializadas… ¡en crímenes! (Asesinos en serie).

Sí, las más amarillas de las amarillas; conocía todos los casos de asesinatos seriales en el mundo: conocía a sus autores y, en especial, me fascinaban sus autoras.

Tal vez por incomprensibles y por quererlas entender, estas mujeres asesinas me deparaban muchas horas de calma, de no pensar en mí (Camino hacia la Serenidad).

Pero entre la literatura de divulgación científica y las revistas amarillas y sucias -si parecía que hasta te ensuciaban las manos-, tengo dos diversiones en materia de libros que -casi todo el mundo lo estimará así- constituyen una fragrante falta de respeto -tomarlos como diversión, digo (Los significados de la literatura)

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General, Monografias

Autobiografía en verso

La casa donde me mudé en Agua de Oro es muy grande, y yo nunca viví en una casa grande. Voy y vengo por ella, ordeno, limpio, cambio el orden de los muebles, llevo y traigo mis costuras y mis libros (Viaje hacia los libros).

Cuando me siento a fumar (¿Por qué se fuma?), o a coser, escribo (Escribir en el Siglo XXI). Escribo en cualquier pausa del día, como si escribir fuera respirar o algo así. En los moldecitos de los vestidos que le hago a Lola escribo (Reflexiones sobre la moda), y en la parte de atrás de las boletas del teléfono, la luz, el agua, alumbrado, barrido y limpieza.

Pero extravío todo: los utensilios de limpieza, las lapiceras, los hilos y agujas, las telas de hermosos colores. ¿Dónde dejé la escoba con la que estaba barriendo hace un minuto, dónde el papel de la cuenta de la luz en cuya parte de atrás escribí un poema, en dónde el hilo azul? Apenas puedo pedirle algo a mi vieja memoria, ya se me desordena (Técnicas para olvidadizos o para no olvidar).

Ayer escribí la entrada de hoy, para ustedes, con una cita de Lampedusa, el autor de El Gatopardo, a quien acababa de redescubrir y quería compartirlo… Compartir su mirada extraordinaria, compartir los finales del siglo XIX y los principios del XX, y Palermo, Sicilia, y Garibaldi (Movimientos sociales y políticos del siglo XIX), y su mirada -la de Lampedusa, digo- otra vez, de príncipe que se hunde en las tinieblas de la modernidad (Inmigración versus globalización).

No encontré lo escrito ni tampoco el libro de Lampedusa, maravilloso príncipe, ni nota alguna sobre el caso, ni la cita, claro, que decía algo relacionado con el escribir sobre cuestiones individuales para ser transformadas en… universales… bueno, a tanto no puedo llegar yo…

Pero ahora que me quedé sin nada escrito para hoy, y que casualmente no tengo inspiración alguna para borronear alguna de mis locuras y extravagancias, encuentro un cuadernito bastante viejo (La melancolía como experiencia estética…). Se ve que yo a los cuarenta años intenté escribir mi biografía.

¡Pero intenté escribirla toda en poesía!

Estos versos me salvarán, hoy.

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Popurrí

Hay un legado de mi abuela que es una manta tejida al crochet que es en realidad una fila de mujeres hilando (Condición de la mujer durante el siglo XIX en México).

Las mujeres tejían juntas en el atardecer, esperaban la noche (Mujeres de Fuego, Mujeres de Hielo…).

Ninguna de ellas sabía hasta qué año iba a llegar, más o menos desvaído, el color de la lana. Pero llegó hasta aquí, con toda intensidad (Lo mágico y mítico de la mujer como diosa).

Las mujeres tejían esa red comentando la traición de alguna amiga, la infidelidad de algún marido, contándose cuentos de fantasmas y casas hechizadas, ellas que son fantasmas, ahora (Casas Encantadas).

Trato de escucharlas conversar (Teócrito):

En sus palabras duermen más palabras, pero se ahogan en el corazón (Dos historias de terror).

Quiero escuchar alguna historia nueva, pero no hay más historias que ese su pasar igual al mío, pasar, pasar por rueda de sonidos para llegar sin nada azul.

Ella tejían. Nosotras, las muchachas de los años 70, jugábamos a la Batata Macabra, TODO con A (Juegos de lenguaje y mundo de la vida):

Allá pasa, ya, la balanza pasa, Ana, da ramas, da lámparas, nadan, van calmas hasta allá, matan, alaban plantas malvas -de tu alma que no juega…

Nosotras, las muchachas de los años 70, escribíamos además cadáveres exquisitos (El tiempo de las vanguardias artísticas y políticas). En uno de ellos una anotó:

Qué pesado es el  paraíso

sobre los hombros

yo que quiero la hierba en los cabellos.

Y otra anotó también:

sin remos,

sin bordes,

conciliadas por los reflejos.

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