Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Memoria del placer

El tiempo pasó en la forma de una enorme escoba que barrió toda tierra sobre mí, debajo de mí, todo alrededor (Módulo Proyecto de Vida).

Parece que el tiempo fue un viento que me limpió de deseos y esperanzas, como en las enseñanzas zen (Budismo. Un estilo de vida).

Digo esto como una mujer vieja que mira la noche detrás del vidrio de su cuarto (Las tres etapas en la vida de la mujer).

Examino mi cuerpo; la piel ha vuelto a ser suave: ahora es de pergamino; miro los pétalos de las flores del jardín con cierto resentimiento (Resentimiento vs. Estupidez).

“Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron” (no sé si el propio poeta -Kavafis- recordaba en verdad cuánto su cuerpo había sido amado cuando escribió ese verso. ¿Es posible que las caricias estén inscriptas imborrablemente?). Creo que desaparecen cuando la piel se renueva -no, el cuerpo no recuerda (Recuerdos).

La memoria recuerda al cuerpo que la alojó y me dice que para hablar de la vida amorosa exclusivamente, que haya penas, que haya lágrimas… (Antígona entre dos muros).

Es una habitación cerrada esta memoria (El miedo en la infancia). Es -si hago crecer esa habitación- un mundo desaparecido cuyos cantos todavía se escuchan en la oscuridad del recuerdo profundo, de lo sin olvido profundo, como si en la parte de la ”memoria colectiva” que me tocó cantaran todavía sirenas alejándose (Arquetipos).

Nacer

La piel es lo primero que experimento.

Mi nacer es muy fácil, unos días antes de lo previsto.

Y paso a los brazos de una nana de piel oscura y ojos radiantes y carcajada fácil que lo único que sabía de verdad era amar.

Me besaba la espalda con besos que, en contradicción con lo que he escrito respecto a las caricias que el cuerpo no recuerda, aún horadan mi piel. Me producen un escalofrío primero de sorpresa, después de placer, después de odio.

¿Por qué el odio?

Lo pregunto porque el estremecimiento de ahora es copia fiel de esos momentos, y me asombra la rabia del final.

La boca de Teresa, que así se llamaba mi nana, estaba llena de dientes blancos que apenas si mordían, acariciaban más bien mi espalda frágil.

Nunca quise besar la boca de Teresa.

Ella me cuidó y me amó hasta que debió marcharse, y vinieron unos tiempos tristes en la forma de una mujer malhumorada, una gordita que, a su modo, me quería más.

Pero siento que estar en el abismo cayendo es lo mismo que estar bañándose temprano en la mañana en una tina llena de agua fría donde también están las sábanas con orín que sacaron de mi cama. Nunca sentí -nunca, nunca, nunca, ni antes ni después- un desamparo tan perfecto.

Tenía cinco años, pero ¡cuánto me compadecí de mí misma!

Armé allí mismo una estrategia para no sufrir: yo no era yo, era un perrito al que estaban bañando, castigado; yo miraba desde muy lejos ese sufrir, pero la soledad estaba allí, en esa nena que miraba, o que creía mirar y no ser ella la de la bañera.

Era julio y todavía siento el odio que sentí por la mujer cuando me envolvió en una gran toalla blanca y me llevó a mi cuarto y me vistió.

Por momentos escribo, por momentos me quedo pensando en esos días. A la vez doy unas puntadas a un vestidito blanco que estoy haciendo para Lola, la más pequeña de mis nietas. Pero vuelvo a escribir.

Pienso en la delicadeza, la belleza, el corazón de todas las niñitas, y no puedo creer que yo esté en esa tina helada que bien pudo llenarse con todas las lágrimas que derramé, enfriadas al llegar a la tina por julio, el más invernal de los meses, aquí.

La escuela

Pero a los seis años fui a la escuela.

Los preparativos previos, de muchos meses antes, con compra de guardapolvos, útiles y zapatos parecían predecir sosiego, bellos olores y colores y mucha santidad.

Olía el cuero de mis zapatos sin estrenar y me llenaba de lujuria. Era un aroma tan hermoso que no he encontrado otra vez en la vida un cuero que huela de tal modo, ni en las sesiones de flagelación consentida. Me iba a poner el delantal de hilo blanco con mi nombre bordado en azul. Iba a llevar los lápices y papeles en una valijita cuya manija ya tenía la forma de mi mano derecha, de puro ensayar ante el espejo. Iba a ir yo a la escuela tan rubia, con dos trenzas paralelas, tan bella con mi cara de querubina, tan santa con lo blanco del guardapolvo almidonado con polvos perfumados.

Los niñitos y niñitas serían como yo: infantes lujuriosos. Estaba invitada a mi primera orgía.

(Continuará.)

Envío

Continuará exclusivamente si advierto que para ustedes es agradable leer mis “memorias eróticas”. O desagradable, da lo mismo, pero les mueve ramas. “A aquel árbol que mueve la hoja/ algo se le antoja”, ¿no es verdad?

Infinitos agradecimientos a los que miércoles a miércoles convierten mi página en una obra literaria, y a los que derraman amor…

Mora

Monografias

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Comentarios

12 respuestas a “Memoria del placer”
  1. Joise Morillo dice:

    Boa tarde, prezados.

    Um conto pra voces, Saludos Mora.

    El general

    Pasada una cruenta batalla, donde un oficial de rango alto –después ascendido a General- involucrándose valientemente con fiereza y precisión, salvó la vida a otro –oficial de rango bajo- combatiente, en la lucha por recuperar un territorio secuestrado por el enemigo.

    Entre ellos que provenían de una etnia donde la pederastia es caso de costumbre “sana”, donde cualquier mancebo podría ser el pupilo de un hombre mayor de (maduro) edad, y que incluso podría formar pareja de amantes, se dio la oportunidad en que tal mancebo agradecido le confesó a su salvador una muy elevada admiración y gran sentimiento de amor, por lo cual él, seria grandemente favorecido si le aceptara a él cómo su servidor amante.

    El General de casta noble y sabio correspondió su oferta con un “No tenéis necesidad de ser mi servil, agradezco vuestra generosidad amorosa acompañada de tan profundo gesto de agradecimiento, pero no tenéis que demostrar vuestro amor hacia mí con tal disposición, por cuanto antes del amor que siento por vos, esta mi deber de soldado, caso que me hace pensar que no sería un genuino sentimiento de amor, sino la consecuencia de algo que por deber debía ser por cumplido de cualquier manera.”

    El mancebo desconsolado pidió permiso para retirarse, a lo que el General le replica, no os aflijáis por la observación querido, considerando vuestro buen juicio y nobleza no creo que esta decisión sea total para desestimar otro amante, esto corresponde a una reflexión particular que muy bien podría o en afirmación inefable corresponder a mi decidido celibato futuro.

    A los dioses doy gracia por tan grande oportunidad de escoger libremente, la decisión tomada no obedece a otra cosa, además, porque soy hombre y no mujer.

    El mancebo Feliz y agradecido gestiono una venia y raudo despareció de la escena.
    .

    Os ama

    Joise

  2. JESUS DIAZ DARIAS dice:

    Continúa. Por favor.

  3. lucia alvarez dice:

    gracias mora. ahora me animo a escribir lo que he gozado. sera un placer. ¡Salud!

  4. Jose Itriago dice:

    Los recuerdos vienen sin invitación ni anuncio previo y se sientan al lado. Como diciendo: “Aquí estamos, vamos a darle marcha atrás a la vida. No hay que fiarse del futuro, que es incierto. Los recuerdos somos seguros, puedes confiar en nosotros”.

    E inmediatamente empieza la criba para dejar a un lado a la otra cara de la moneda: los demonios del pasado. Es una lucha desigual que siempre pierden los demonios, porque el árbitro, uno mismo, está totalmente parcializado. La criba se realiza bien lejos de donde duele, de manera que lo quede del otro lado no pueda ser visto de manera alguna. Es como preparar un preciado licor. La uva, la cebada o lo que se use tiene que estar fuera de la vista del favorecido con los buenos aromas, el buen color y las transparencias enjoyadas que mece en sus manos.

    Es difícil recordar con precisión las caras, los cuerpos, sin alguna muleta sensorial. Sin embargo hay asideros que surgen de la nada, como si fueran ases escondidos en el mazo que te deben salir y te salen. Por ejemplo, Elpidio.

    Recuerdo hace muchos años, cuando era un niño entre 9 y 10 años, que nos fuimos a vivir a Ocumare de la Costa, un pueblo maravilloso (al menos, así me pareció entonces) enclavado entre haciendas de cacao y el mar. El pueblo tenía como única autoridad a un policía cuyo aspecto no recuerdo, pero sí su nombre: Elpidio. (Es difícil olvidar semejante nombre). Elpidio tenía una bicicleta negra Raleigh que era una belleza y nos prestaba con frecuencia para que hiciéramos el trayecto desde el pueblo hasta la costa. A veces la conducía mi hermano mayor y yo iba en la parrilla, a veces me la dejaba para que yo pedaleara un poco.

    Ese paseo era notable. El borde de la angosta carretera estaba llena de cacaos maduros, de mandarinas enanas y cambures. Además, como toda hacienda de cacao, había grandes árboles que hacía muy buena y fresca sombra.

    Elpidio se enamoró de una prima que estaba con nosotros. Me cuesta trabajo recordar su cara, pero sé que era muy bella. Debe haber contado con unos 14 o 15 años. Ese intento casi suicida de Elpidio y el aparente interés de mi prima en semejante avance, precipitaron su desgracia. El cura del pueblo averiguó algo y mi prima terminó en un convento, donde murió al poco tiempo por una peritonitis.

    Fue la primera mujer que pude ver desnuda. Mi hermano y yo nos ingeniábamos para poner unas sillas cerca de la puerta del baño y nos asomábamos por una ventana alta que servía de ventilación y desde donde se cubría visualmente la regadera. No es mucho lo que puedo recordar. Mi voyeurismo era especialmente curioso, realizar un descubrimiento. No tenía ningún elemento que me permitiera decir cómo me parecía lo que veía, sino más bien que contenía el inventario anatómico que realizaba. Hoy recuerdo que la vi, no lo que vi.

    Naturalmente, la autobiografía de Mora nos interesa. También la de cada uno de nosotros. Después de todo cualquier tipo de expresión artística es, por fuerza, autobiográfica. No importa si es un cuadro, una poesía, una sonata: en sus obras está el autor expresando, paso a paso, cómo llegó hasta los trazos o las expresiones que vemos u oímos. Nos interesa más aun por ser de Mora, a quien queremos tan especialmente y que nos ha dado tanto. Mucho más cuando recurrió al exitoso truco de señalarnos que el primer día de escuela fue como una invitación a la orgía, con lo cual nos dejó a la expectativa del desarrollo de los siguientes capítulos.

  5. ROBERTO LOZANO dice:

    Hola Mora,
    Me gusta leer la mayoría de tus monografías aunque sean mínimos fragmentos de libros.
    Hoy he leído el pedacito de tu Memoria del Placer y me ha gustado mucho. Me gustaría poder leerlo completo.
    Gracias desde ya por tu generosidad.

    ROBERTO LOZANO (Juan Salvador Quimera)
    Pereira, Colombia

  6. ivana dondero dice:

    Querida Mora:
    Ya no recuerdo hace cuanto tiempo te leo, porque debo confesarte con toda sinceridad, que como no soy de esas personas que revisan mucho los emails, se me suelen amontonar, y ahí se amontonan tus monografías, que es lo único que leo y no elimino… y también es lo único que leo hace mucho tiempo… así que con facilidad ya son dos años…
    Y hace mucho tiempo que quiero escribirte… pero siempre quería terminar de leer todas las monografías que tenia amontonadas para hacerlo… y ha llegado el tan esperado día!
    Tampoco sabía muy bien de que iba a hablarte… porque te imaginaras que en tanto tiempo y en tantas lecturas, tuve ganas de decirte muchas cosas, que ahora voy a tener que resumir y hablar en “general” cosa que no me gusta nada… pero bueno al menos lo voy a intentar…
    Son muchaaaaas las veces que me sentí identificada con vos a través de tus textos “biográficos” (si es que así esta bien dicho), tanto en cosas que te pasaban cuando eras chica, y del presente también, o hasta en como te referís a ciertas cosas, aveces de un modo ingenuo e inocente, siempre suave y dulce, lo que me sorprende siendo que sos una persona experimentada que ha vivido mucho, y yo una chica de 20 años que considera que ha vivido poco, entonces me alegro por eso…
    Y también adoro tu humildad sin dejar de ser realista y consciente de lo que sos… Y cuando haces aclaraciones entre paréntesis en tus textos, para situarnos en lo que leemos, para explicarnos, para hacernos mas fácil la lectura, que igual de todos modos es tan fácil leerte, eso es lo que más me gusta, leerte, me gusta más leerte que lo que escribís, en realidad no se que me gusta más…
    Me encanta lo que contás, porque aunque sea algo que le pudo haber pasado a cualquiera, vos lo volvés completamente mágico, y cuando es algo que no le pudo haber pasado a cualquiera, me gusta aún más, me asombro, paso por varias etapas, primero el encanto, después la confusión, y cuando es seguro, me quedo completamente asombrada, sonriéndome a mí misma, y en verdad te estoy sonriendo a vos, y te estoy pensando… que loco sentir tan cerca a alguien que uno ni conoce, como cuando contabas de tu casa en frente de aguas argentinas, y de ese día que te levantaste de noche y te asustaste, perdón que no lo recuerde muy bien, igual recordé lo suficiente para que cada vez que pase por ahí mire buscando un edificio de donde se pueda ver bien lo que vos veías, para adivinar donde vivías, porque eramos vecinas!! y ahora leyendo monografías que se me amontonaron, leí que te habías ido a vivir a Córdoba, y aunque me alegre por vos, me acorde de mi buscando tu edificio por Córdoba (la avenida, ahora me doy cuenta que te mudaste de córdoba a córdoba jaja, salvando las distancias…) e imaginando y deseando cruzarte… cosa que no me va a pasar más porque las posibilidades son casi inexistentes ahoritaa!!
    Igual sigo sintiéndote cercana a través de tu escritura, y me pido a mi, ser tan caradura de pedirte que no dejes de deleitarnos con ella, y que no cambies de rumbo… va por lo menos a mí me gusta encontrarme con una lectura cotidiana asegurada cada miércoles, para leer ficción complicada hay otros autores, y los diarios, obviamente…
    No me queda más que agradecerte por ser tan real en lo que haces, y que desde cualquier lado del mundo se sienta la pasión que le pones… sin importar lo que te pueda estar pasando, siempre te dirigís con alegría y mucho amor…
    No cualquiera tiene la capacidad de traspasar un monitor tan frío, y menos a través de la escritura!!

  7. ivana dondero dice:

    Me daba vergüenza escribir algo que me salio del corazón, osea intimo, acá en publico, pero creo que no me quedaba otra, jiji

  8. Marìa Aracelli Teràn Gòmez dice:

    Me encanta, ya después de los 50 qué más da?, la libertad adquirida por el tiempo es fascinante, pues con gracia perdemos el pudor de niñas, adolescente y porqué no decirlo de juventud, ocultando mentirillas, pero al final riéndonos o llorando por lo vivido. Adelante Mora, la bendición de tener la pluma en tus manos te hace aún más libre, en nombre de las que no podemos hacerlo.

  9. silvana garcia dice:

    Mora querida, asÍ lo siento, querida porque ha despertado en mi tantas emociones, sensaciones, lagrimas internas que bañan mi corazón y lo llenan de nostalgia y a la vez de fuerza,ímpetu, coraje cada escrito suyo algo de esto me despierta es como que quiero prender la compu,leer y leerla y darme permiso para dejarme llevar por el mundo de sus letras, amo sentirme así , hoy será tal vez pasión, manaña melancolía, dudas, exaltación, furiosa alegría, cada día le doy permiso a mis duendes internos para que jueguen con sus letras y me regalen deliciosas fantasias. G R A C I A S

  10. Rosy Dominguez dice:

    Hola, yo siento mucho gusto de leer y leer estas monografias, apoyo a María Aracelli Terán Gómez en la libertad que nos da el tener ya unos cuantos años, (57 en mi caso) y esa libertad nos da el derecho o privilegio de poder compartir el tiempo, ese tiempo donde las hojas de nuestros árboles se mueven y mueven o se quedan quietas observando, esperando, que observan? que esperan? la vida, más vida, las sensaciones, las imágenes, el tiempo pasado, que ya se fue; el futuro que no existe; el presente, preciso instante en el que tenemos las sensaciones que podemos compartir.
    Sigue compartiéndonos tu saber, tu sentir, tus recuerdos, experiencias, tu que si sabes escribir!!!
    Rosy

  11. Joise Morillo dice:

    Felicitaciones Mora
    Es cierto ¡Mora, es un relax, es catarsis! Principalmente para nosotros los adultos maduros que mayormente podemos comprender, aprehender y con ello resolver apropiadamente situaciones en la vida, que no son muy fáciles en la edad juvenil, porque, la más de las veces, cuando se es joven, en postreros tiempos tratando de ser rápidos al aplicar las posibles soluciones a dilemas, comúnmente se hace o convierten ese dilemas sencillos en problemas grandes.

    Si Rosy eso es abstraerse, es sacar provecho a la mente, al conocimiento frente o ante las situaciones que se presenten.

    Estoy de acuerdo con vosotras: Rosy y María Araceli, leyendo a Mora, disfrutamos de tópicos de lo cual también podemos aprender, derivado de: tomar sus relatos como ejemplos; se podría definir que fue bien o mal, y que hacer o no hacer, en situaciones similares. Educar con lo obtenido nuestra descendencia y corregirse uno mismo.

    Os ama
    Joise

  12. Júdith Mora V dice:

    Continúa hermosa, continúa… sabes que con mis tres empleos es difícil que venga más a menudo, y hoy aprovecho el descanso de la “semana santa” -entre comillas porque de Santa, al menos aquí, tiene lo que yo de china jaja- y me apresto a la lectura de tu fantástica pluma, a veces real, a veces fantasiosa, a veces una ficción de lo real o una realidad de la ficción, pero siempre estupenda lectura que refresca mis neuronas como un tereré (ya nos lo tomaremos juntas) en esos veranos donde los pañuelos son protagonistas del día… qué bueno que este miércoles próximo aún estoy de descanso :) espero con ansias lo que sigue…

    Ah! y gracias por mencionarme anteriormente, me ENCANTÓ eso de “la mejor parte de la moneda” jojojo

    Besos, muchos, alados, con luz… y un chuik enorme para la bella Lola
    <3



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