Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Al regreso de un viaje

Leer con el libro o el cuaderno del revés o mirarse en el espejo y estar seguro de lo que uno ve puede ser peligroso (Rafael Arraíz Lucca: la mirada precavida).

Los fantasmas aparecen entre las cosas desordenadas, en el caos. Y si no aparecen, de todos modos el desorden de la casa, o de las cosas, puede llevar a desordenar el mundo (Ensayo sobre la Teoría del Caos).

Hacer las cosas al revés es como apagar la luz cuando uno está acostumbrado a ver con luz. Existe gente que no necesita de la luz para ver, por eso hago esta aclaración -¡oh, recuerdo el título de un libro de Olga Orozco, La oscuridad es otro sol! (Romanticismo, Literatura Romance).

Pero entre usted a la habitación de siempre, a la que siempre está ordenada y que ahora, cuando usted entra, sigue en orden (Visiones del Orden Mundial).

Aunque sucede que usted dejó de ir a esa habitación por dos días, cuando estaba de viaje supongamos (El viaje), y, sin tocar ninguna cosa, alguien entró en ella.

Fíjese cómo duda, cómo no atina a ser la misma habitación, cómo no se acomoda rápidamente a usted y sus costumbres (“El Extranjero de Albert Camus).

Puede suceder inclusive que usted no tenga idea previamente de que alguien entró en ese cuarto cuando estaba de viaje -y esto, como prueba, es imposible de realizar sin “policía científica” (La investigación criminal)-, pero seguro va a haber algo en usted, en su persona, que se va a dar cuenta, aun sin decírselo a su conciencia (Mutaciones cromosómicas). Estará molesto, confundido, hasta llegará a sospechar, si es supersticioso, que hay por allí un espíritu o fantasma; tendrá miedo, seguro (La paranoia). Correrá la cama para ver sin hay alguien abajo, casi sin darse cuenta de su acto; abrirá el ropero con la excusa de buscar un abrigo, por si algo raro ve; iluminará los rincones para que luzcan supuestamente sus objetos más apreciados, pero en la creencia profunda de que los fantasmas pudieran verse mejor con mayor luz.

Lo que sucede es que algo desordenó la persona que estuvo antes, quizá buscando alguna cosa que no halló; pero no tocó nada, no corrió ningún mueble, no se robó ninguno de sus adornos ni fotografías, no le cambió el piyama de lugar ni el vaso para el agua.

Pero estuvo, y parecería que desordenó el aire de su cuarto.

Esa presencia desdoró el cuarto, el orden invisible que usted ha organizado en él.

Porque no sólo sus objetos personales tienen un orden, hay algo más: además del aire, quizás las sombras que hizo en la pared dejaron pequeñísimas señales grises (El libro del desierto. Nuevas y viejas huellas).

Da miedo regresar de un viaje porque, sea quien fuere quien entró, indudablemente fue un fantasma aunque fuera igual a cualquiera de nosotros, y ahí comprendemos que usted, yo y todos nosotros somos fantasmas. Me da más miedo todavía…

Envío

Si intentan este peligroso experimento -leer al revés, desordenar espiritualmente un cuarto, etc.- comuníquenme los resultados, en especial si se encontraron con alguien extraterreno.

Para inspirarlos, les copio algunas líneas del libro de poemas El pez y su ceniza, de Ernesto Costa Perazzo, declarado de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires:

El fantasma

Todos los muertos resucitados en mis sueños

se mezclan con los vivos.

Al despertar, un grito de animal herido

se oye detrás de las montañas.

Es un puñal afilado que hiende el cuerpo del fantasma

y se abre paso a la vida,

mezcla opulencias del recuerdo,

mitiga la seca garganta del olvido.”

No lo voy a hacer yo, pero, amigos, den vuelta del revés este bello poema y verán cómo queda en desorden, aunque coherente y lógico, y hace que aparezcan los fantasmas…

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Comentarios

8 respuestas a “Al regreso de un viaje”
  1. Jose Itriago dice:

    - ¿Sabes? No puedo distinguir si acaricio el pétalo de alguna flor, cualquiera de las tantas que nos han acompañado, quizás un lirio rojo, aquel doble que nos encandiló una vez, hace tanto ¿lo recuerdas? o si más bien acaricio tu piel que me ha encandilado tantas veces que ya no hay forma de contarlas. Ahora, en este tiempo que nos toca vivir, no sé. No puedo diferenciar su tacto, su textura.

    Me respondió:
    - Debe ser alguna flor que nace en tus recuerdos. Quizás una flor real, pero invisible. Un fantasma de flor. Después de todo quizás todos seamos fantasmas.

    - Si, quizás lo seamos. En todo caso, podemos decir que lo seremos. Pero igual me llena la incertidumbre lo que pueden sentir los fantasmas. ¿tendrán las mismas angustias, los mismos placeres, los mismos temores? ¿Podrán apreciar la belleza de las flores, la opresión de una tarde cargada de nubarrones, la melodía de una música?.

    Me respondió:
    - Yo sigo alguna melodía que está dentro de mí. Es que deseo que esté allí, porque la necesito para rellenar el vacío de esa infinita nostalgia de los finales de cada uno de los caminos emprendidos. No un final, no. Por más que crea que tuve o tengo una vida única, lo cierto es que son muchas; a veces pasan inadvertidas porque los cambios son sutiles o porque están en sucesión, en una larga fila esperando turno para representar su papel, cada una concentrada en lo que le corresponde, sin voltear, sin ver a las otras. Pero a la hora de contabilizar lo hecho, me doy cuenta y seguramente también tú lo ves así, que son decenas de vidas diferentes. Por eso habrá muchos finales, una sucesión de ellos, concatenados, hirientes, algunos muy evidentes, otros invisibles, que socavan ahora el terreno donde por fuerza debemos dar los próximos pasos y por eso cada uno de nosotros hará tantos fantasmas como vida vivimos, cada uno liberado de los sucesivos olvidos a que los sometimos.

    - Esa melodía también la oigo, la hemos oído tantas veces que está en nuestra respiración. Ciertamente es necesaria, pero debe ser tan silenciosa para nunca ocurra que descubramos que ambas son diferentes, la tuya y la mía, sería como un rompimiento. Por eso también me niego a darle nombre. Pero esta de hoy no es la misma de hace apenas unos pocos años. Ahora es más pausada, más bien de uno o muy pocos instrumentos. Lo que buscamos, mi yo actual y todos los que me precedieron, es una aguja y un hilo capaz de suturarnos las heridas.

    - Me respondió:
    Algunas de las vidas, todo su camino lleno más de ilusiones que de realidades, desaparecieron porque los años ya no me permitieron vivirla, requerían un esfuerzo constante que no puedo soportar y ahora me distraigo y mi distracción puede ser interpretada como una ofensa. Otras se acabaron por simple sustitución: era tan difícil mantener la misma visión, el mismo optimismo. Algunas fueron podadas en un esfuerzo por mejorar. Pero sigo buscando esa melodía que se haga yo y me proporcione apoyo, que amortigüe, que me haga sentir sus frágiles notas como dedos que me rozan, dulces caricias sin después.

    - Quizás algunas fueron incomprensibles, pero igual había que vivirlas, a veces acompañados, a veces fue preciso que nos mendigáramos un poco de soledad. Pero ahora tanto silencio atormentaría y por eso tenemos que inventar melodías que den color al silencio, para que nos ayude en la caída hacia el tormento del silencio total. Creo, además, que ese silencio es negro. Desde hace tiempo percibo una relación entre los sonidos y los colores, tú lo sabes. Pues bien, antes consideraba al silencio transparente, como tú supones que es mi flor, y con el tiempo se fue opacando hasta llegar a ser un silencio negro.

    - Me respondió:
    Manuel Álvarez Bravo, aquel extraordinario fotógrafo mexicano, dijo: “Si lo invisible no puede adivinarse, la obra no existe”. Me parece que podemos decir que si no podemos adivinar nuestro mundo invisible, la vida no existe.

    - Si, es fácil partir del extraño placer de dejarse engañar con la idea de que todo es posible.
    Hay muchos trayectos que podríamos recrear, casi hasta vivirlos otra vez, pero somos nosotros los que nos negamos a descubrir los bordes de sus recuerdos; mejor mantenerlos invisibles y en eso, afortunadamente, hemos coincidido. De nada vale insuflar vida a una burbuja: igual, cuando al fin empezáramos a admirarla, estallaría y su breve iridiscencia de amanecer ni siquiera dejaría marca en nuestras memoria. No sé si acaricio el pétalo de una flor, tu piel o tu recuerdo. Quizás ya somos nuestros fantasmas, tratando de encontrarnos en el vacío que creamos.

  2. LUIS BENITO HERNANDEZ MARTORELL dice:

    Me encantó el articulo, y me deja una sensación de querer mas.
    Felicito a todos por lo que estan realizando.
    Muchas Gracias.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola mi encantadora y sublíme anfitriona, recibíd el saludo de vuestro incondicional acólito, empero para vos y todos, mi peculiar respuesta al magnifico post de peculio vuestro.

    Citado por: Intriago J.

    “Si lo invisible no puede adivinarse, la obra no existe”.
    Manuel Álvarez Bravo

    Me parece que podemos decir que si no podemos adivinar nuestro mundo invisible, la vida no existe. J.I.

    Muy cierto, si cerráis los ojos, morís, o dormís, a menos que, como dice: Ernesto Costa, en este verso del poema que pródiga, Mora nos obsequia: “Todos los muertos resucitados en mis sueños” soñéis, profusa y profundamente como viviendo una verdad absoluta, veréis, oscuridad, la negación de la luz, que es el negro y, no un color, en otras palabras, la inexistecia de nada, que particularmente e inexorablemente podemos captar sin poder definitivamente, excepto, metafísicamente dar una explicación.

    Mientras recordando la imagen de lo cierto, en el pensamiento –metafísica también- podréis por conocer el pentagrama y sus claves, la carga poderosa del ritmo, los acordes y acoples de la música que magistralmente debería un ducho músico interpretar ante el juego de voluntad estética.

    Mientras, esos fantasmas son la intuición, que, por efecto de la costumbre crea una sólida concepción de lo que se conoce o se posee y, se ordena en nuestro ámbito de desenvolvimiento, es una sensación inherente a la fuerza de la costumbre, e inteligible por la ponderación permanente del objeto, aun cuando en el momento no se posee, pero, se conoce o conoció.

    Esa es la actividad innata de nuestra inteligencia, la inteligencia humana, que transforma la naturaleza con la mente y ayuda de la mano. Y no, otra cosa sobre natural, sino el espectro que crea cualquier halo de inseguridad o sospecha de eventos que de seguro deberían ser indeseados. Principalmente en función de preservar lo que creemos nos pertenece o es de nuestra incumbencia, sean materiales o espirituales –como el amor- simplemente es nuestro instinto de conservación, y natural sentido de propiedad, que le otorga el universo a cada individuo igual que su topo al momento de nacer, el cual debería conservar mientras exista, al morir, simplemente, todo dejará de ser o existir, incluyendo, la negación de la nada, la negación de la luz. Al morir, el individuo humano, con suerte empezará a ser la creación de esas debilidades y concepciones de la mente humana, “un fantasma”. Sin embargo, esto último es producto de lo antes explicado de forma que, en el espíritu del colectivo que circunscribía el difunto, podría quedar una presencia mental, una existencia metafísica. Si y solo si, la suma de injerencia realizada del que muere fue muy poderosa, esto podría –aunado el beneficio de la duda- o no ser un hecho sublime.

    De otro modo, “nada” no existe, por lo tanto; no es, ni será, ni fue. O, es poesía.

    Os ama
    Joise

  4. Joise Morillo dice:

    Morir, o dormir e ahi la pregunta o dilema, de Shakespeare.

  5. José Gómez Apologista Hortothomountha dice:

    Dios te bendiga Mora linda, gracias por tus mensajes, aquí te mando como siempre un aporte Bíblico, la palabra fantasma aparece 3 veces en la versión Bíblica llamada; Espada. Y se usaba ese apelativo para referirse a un espíritu bueno o malo, o lo que hoy en día la ciencia le llama hechos y fenómenos paranormales. ► Job 4:16 Se paró un fantasma delante de mis ojos, cuyo rostro yo no conocí, y quedo, oí que decía: 17 ¿Por ventura será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo? ► Mateo 14:26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo. ► Marcos 6:49 Y viéndole ellos, que andaba sobre el mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces;

  6. Rosy Dominguez dice:

    Al igual que Luis Benito los felicito a todos por sus escritos, por sus sentimientos compartidos doy las gracias, y me pregunto: fantasmas o almas?

  7. Gaby Rodriguez dice:

    Sin duda muy profundo, digno de reflexión… Son almas, fantasmas no creo.

  8. Peter Joseph Pachón Bermúdez dice:

    En el de los JOSES, faltó INJOTEP, que es el mismísimo INJOSÉ O ESCULAPIO, quien tenía el arte de sanar y no dejar que nadie se muriera, tanto, que don sata puso a Dios un derecho de petición, ya que la demografía del infierno estaba en caida y si nadie moría, los planes de desarrollo de don sata no tendrían sentido.



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