Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Tres náufragos

Elsa, la amiga con la que convivo desde hace 25 años (La Amistad: Esas Amistades Peligrosas), nunca me lee (El desafío de la lectura). Yo la corro por los rincones de la casa y hasta por el jardín -donde ella suele cortar el pasto-, con cuadernos en ristre, pero me dice que “después” (El despreciado - Novela).

“Después es nunca”, dicen popularmente (Reflexiones acerca del refranero popular cubano). En el caso de Elsa, es más nunca que nunca (Reflexiones sobre la gran mentira).

¿Y para qué quiero que Ella me lea?, me pregunto a mí misma en medio de mi furia (Viaje al Reino de los Deseos).

Y aunque no tengo una respuesta para transmitir en claras y concretas palabras, sé por qué quiero, y no es antojo… (Más que días).

Hay una excepción a su desamor por mi literatura: cuando la nombro a ella sí me lee. En alguna de esas ocasiones suele fastidiarse un poquito, pero a la vez está orgullosa de aparecer en mis modestas letras de molde.

De modo que intenté escribir un cuento que la incluyera, pero sucedió lo impensado.

Una vocecita dijo dentro de mí: “¿Para qué inventar? Si el cuento ya sucedió hace unos años, ¿no recuerdas la manija del cajón del marinero, el de la isla Martín García?”.

Tal vez se fastidie esta vez Elsa porque la incluyo entre los náufragos, pero me incluyo a mí también, y al marinero… (El velero. Una travesía por el mar de la existencia).

Tres náufragos

Fuimos con Elsa a la isla Martín García. Es pequeña y soleada y tiene un cementerio antiguo con tumbas de marineros españoles. Lo raro es que las cruces de las tumbas están torcidas hacia la derecha -¿o hacia la izquierda?- en un orden perfecto, en diagonal, como si en lugar de ser cruces de hierro fueran hierbas altas y el viento las estuviera azotando, un viento muy prolijo…

Recorrimos unos minutos el lugar donde todas las sepulturas y las cruces eran iguales y no había inscripciones, tan solo se sabía que pertenecían a viejos marineros que habían llegado en barcos españoles.

Elsa juntó un objeto que estaba entre las tumbas y que era muy pesado para ser tan pequeño, y lo robó, lo guardó en su bolso. Salimos caminando muy rápido hacia el catamarán que esperaba en la costa, y después de que nos instalamos dentro del barco vimos que el objeto tan pesado y pequeño era la herrumbrada manija de un ataúd.

Cuando llegamos a casa lo pusimos en una vitrina, entre recuerdos viejos.

Meses después hubo una gran tormenta de noche, en Buenos Aires -era la época en que vivíamos en esa ciudad.

Todas las puertas y ventanas se abrieron de repente, el viento era feroz: escuchábamos desde nuestra cama, queriéndonos dormir, sin atinar a levantarnos, por algo que no es exactamente miedo y que se desata en las tormentas; una desolación, un desamparo. Uno quiere cerrar los ojos aunque tiemblen las puertas, en circunstancias así.

De golpe algo nos despabiló completamente; comprendimos que había que levantarse, secar el agua que había entrado, cerrar las puertas y ventanas y quizá recoger los pedazos de algo que al caer había hecho un estruendo diabólico.

Nos levantamos en camisones de franela blanca, como una fantasmas; comenzamos a sacar el agua con el pequeño escurridor, en el living, en mitad de la noche de tormenta.

Y, más que de tormenta, de naufragio, eso creí sentir.

Porque de todas las cosas de la vitrina e inclusive de todas las cosas de la casa entera, una sola se había caído provocando aquel terrible sonido: la manija del ataúd del marinero español, la pesada y pequeña manija, cuando se mantenían en pie objetos mucho más frágiles y de mayor tamaño.

Elsa y yo, en camisones de franela blanca, escurríamos como quien escurre a los muertos: dos damas muy ridículas, de serias y sonámbulas facciones, con toda seguridad acompañadas por un viejo marinero que no podía dormir, con diminutos escurridores, sacando agua en medio del terror.

Envío

Rápidamente, gratitudes… Y abrazos de reencuentro.

Mora

Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

6 respuestas a “Tres náufragos”
  1. Jose Itriago dice:

    Voy cruzando planos de luz. Son como grandes cristales que emergen de la tierra con dimensiones astronómicas, siguiendo las oscilaciones de las cruces de un cementerio perdido de unos marineros olvidados.

    Esos planos se proyectan y tienen significados que con frecuencia no son explicables con palabras, sino más bien significados sensoriales, como ver un cuadro, oír una música, oler un perfume. Sin embargo, casi siempre, la base donde se sustentan y desde donde se proyectan al espacio, es sencilla, perfectamente natural y hasta un poco veraz.

    Puede ser un recuerdo, no del todo exacto, porque con el tiempo los limamos y moldeamos a lo que queremos hoy que hubiera sido aquel momento, pero que, en conjunto con muchos otros y con realidades actuales -debidamente filtradas- conforman escenas elaboradas que queremos llamar “hechos reales”, para otorgarles una solidez que nos amalgame, como el cemento con la piedra y la arena penetrando en las oquedades de la memoria.

    La base también podría ser solo deseo. Cada cruz marcó un hombre, una vida llena de ilusiones, un deseo intenso de algo (cosas, cambio de significados, escapes al vacío) o de alguien (una persona amada, una cercanía, un interlocutor) o más abstracto: una ilusión que suple un sueño, pero más concreto y predecible, sin cambios bruscos ni giros indeseados y menos, despertares desconcertantes en altamar, cuando ya es tarde para remediar la catástrofe.

    Cuando los planos están bien sustentados se yerguen con sus bellas transparencias de luz y calor; también de ternura y melancolía verdosa, como de cobre antiguo. Entonces se puede salir, empezar el escape, dejarse llevar, sentirse viento. A veces solo una dulce brisa, para acariciar un instante; a veces algo más poderoso, para cruzar espacios inasibles a la imaginación, pero cuya existencia intuimos, aun cuando ni siquiera podamos concebirlos, a pesar de que son complementos de cada uno de ellos, pedazos que se llevó la vida y que deben haber arribado a algún sitio en cualquier dimensión. No importa que no lo entendamos hoy (y quizás, nunca) Hay demasiado que no llegamos a entender pero que sabemos que existe.

    Por más que transcurran los siglos, apenas nos será dado creer en las estrellas. Nunca esta generación -ni las próximas imaginables- podrán llegar a ellas. Nuestros marineros creían que las conocían como la palma de su mano, que eran su guía. Nosotros vemos fotos de imágenes sorprendentes pero con el epitafio de años-luz. Las detectan mediante la interpretación de ordenadores extraordinarios, que descifran su grandeza por medio de señales de ínfimas magnitudes captadas por telescopios-satélites. Creemos, como ellos, los marineros, que son reales, que no hay ningún artista que las retoque o las invente. Necesitamos muy poco para creer, pero es que nos urge tanto que nos aferramos a lo menos verificable. No hay cómo entender o explicar ese infinito universo, sino aferrándose a su oscuridad que se ve ínfimamente perturbada por los haces luminosos que envío desde mis planos, faros astrales creados pacientemente y cimentados en las historias que les voy inventando a cada cruz, cada túmulo.

    Los lanzo primero hacia ese cielo suspensivo formado por estrellas minimizadas -simples puntos-brújula en la negrura- que uno con haces preferiblemente de colores fuertes como los ojos de los marineros que los escrutaron. Después lanzaré haces a los astros que nos han dicho que existen en algún lado. Serán indecisos, titubeantes, como borrachos dando tumbos celestiales buscando sabe Dios que galaxia y temiendo caer en un hueco negro y desaparecer absorbidos por la nada, una nada poderosa; pero son haces de fe, de colores que aun no sabemos cómo llamar, ni siquiera si están en el espectro de la visión humana. Seguramente no. Pertenecen a otra dimensión y justamente tratan de separarse de los ojos, los oídos y las razones. Como las cruces del cementerio olvidado, todas inclinadas hacia el oriente, a la espera del amanecer y después rendidas, inclinadas al poniente, esperando la noche de la tormenta sin haber entendido nunca su destino oscilante.

    Antes, muy temprano, algo antes del amanecer, cuando el ejército de cruces trataba de alinearse lo mejor posible hacia donde nacería, otra vez, la luz que las creaba cada día. empecé a imaginarme esos planos como prismas de cristal. Los atravesé a través de un túnel de espejos donde se reflejaba todo menos mi propia imagen, separando los sentidos y la razón para emprender la búsqueda que pretendía en la oscuridad del universo, que es la mía propia. Ciego y sordo debía caminar longitudes inconmensurable con mi imaginación. Recién había leído que un grupo de científicos confirmó que “en su adolescencia, entre 3.000 y 5.000 millones de años después del Big Bang, las galaxias consumían flujos de gas tenue. Más tarde, las galaxias comenzaron a “engordar” gracias al canibalismo estelar, o sea el hecho que las más grandes tragaron a las más pequeñas.” Es una noticia tan humana, tan actual entre las grandes potencias y el resto de las naciones puro orgullo, que nos confirma que hay un juego que no entendemos, quizás porque se desarrolla en una dimensión que ignoramos. Pero, a su vez, que su comprensión puede ser desagradable y riesgosa y que más vale explorar el universo evadiendo los huecos negros y las galaxias antropófagas. Ni siquiera trataré de explicarme la orientación de las cruces, quizás parte de ese mismo juego. Que se inclinen como puedan que siempre me harán paisaje.

  2. almendra malla dice:

    En casi todo se yerguen los recuerdos a una casi presente amiga -fallecida ya- en los tes Naufragos, cuando encontrarse una Cruz abandonada en una vieja Parroquia, nos hacia pensar que un Angel nos protegia entre ruidosas tormeentas, o quiza un ojo miraba que debiamos haber devuelto aquel hallazgo a la vieja Parroquia y por ello nos asustaban los truenos -mas a ami que a ella- pero siempre era tema de comentarios al dia siguente cuando llovia pero era bueno saber que era de dia…

  3. Cecilio Aguilar Polanco dice:

    Cae una forma rara de llovizna, parecido a grueso rocío propio del vapor de antiguas locomotoras ferrocarrileras, en el día penúltimo de la inolvidable experiencia, llovizna en apariencia insignificante poco molesta, se siente el olor a tierra mojada, el rumor de la gente ante este fenómeno un poco desconcertante, se oían expresiones de los hombres que jugaban al atardecer después de su jornal con el chivo y el naipe de: “no es nada bueno lo que viene”, “pucha esto parece como cuando vino la llena del 36” “te acordás Pascual de la llena del cincuenta y tantos, te acordás que así fue como comenzó” … “Si hombre, si me acuerdo, que de esa estoy vivo de milagros”. Arenguemos a las viejas con el rosario, que empiecen los rezos, para que Tata Chui no nos vaya a castigar, tal ves sea que esté molesto por tan mal portados que hemos sido en este tiempo decían entre broma y serio. El chele un poco mas joven que los viejos, exclamaba, cállense ya viejos zurrones, esto tiene que ver con los ciclos del clima de la naturaleza, ayúdenme a reparar la radio para ver si podemos escuchar noticias; al viejo radio Conio del chele se le habían quemado unos tubos transistores los que tenían que ver con la sintonización de las frecuencias en onda corta, mandó a unos güirros garrudos de casa en casa para ver quien tenia radios viejos inservibles para ver si se le podían sacar los susodichos tubos y ver si le quedaban a su radio para repararlo; al cabo de un rato apareció Pote con unos tubos que se los había dado su tata Don Santos quien mandaba a decirle al chele que se los prestaba ya que era del radio con que escuchaba las rancheras mejicanas en las madrugadas cuando afilaba los machetes y la pica antes de ir a desayunar y luego irse para la finca. En efecto los tubos le quedaban a la perfección. Empezó la locura del chele con su Conio a sintonizar frecuencias de Filipinas, España, Brasil, países no hispano-parlantes, el chele se demoro como media noche intentando captar alguna noticia del estado del tiempo, y no lo conseguía, Betty su mujer le gritaba: “hey chele andá acostate, mirá que tenés que anclar mañana” el respondía “no fregués mujer, mirá que ya le ando cerca a la emisora que nos da el tiempo, mirá aquí hay una de Puerto Rico, luego una de Venezuela con música de Jaramillo y por fin una radio Caracol Colombiana reportando la aparición de un huracán en el Caribe y que va rumbo a Centro-América, ¿oíste eso Betty? dicen que viene un huracán para Centroamérica, Ojalá no pase por acá porque sino se caen esas matas altas de la raza Valery y nos quedamos sin chamba, y allí si ya la fregamos con las deudas que tenemos. El chele se quedó dormido en la hamaca que tenia debajo de su barracón dormitorio y la radio quedó encendida hasta que las Ray-O-Vac se le gastaron. En la mañana siguiente se despertó el campamento con la novedad de que venia un huracán según decía el Chele el marido de Betty. El cernido se hacia mas grueso e intermitente. Todos en la mañana tenían que presentarse al plantel como de costumbre a recibir la orden de trabajo del día, iban protegidos con sábanas de nylon para no mojarse. De regreso decía mi Papa “llegó el mandador de Tacamiche Jimmy el Gringo y nos manda a todos al bordo de contención del Río Chamelecón a llenar bolsas de polipropileno con tierra y estibarlos encima de la meseta del bordo para elevarlo mas y prevenir una llena en el campo, dice que el huracán viene para acá y que tiene nombre de gato pero que no recuerda” Así que todos a la orilla del Río, Hombres, mujeres y niños a trabajar llenando bolsas, acarrearlas y estibarlas en el bordo de contención, así se fue el día nadie fue a trabajar a la finca. Empezaron los ataques de nervios, algunos desfallecían por el pánico, había que hacerlos volver a punta de jugo de limón y guaro. En la galera de los muleros estaba el televisor público en blanco y negro encendido con el canal 7 agregándole mas alarma al pánico ya fundado en el campamento, sugiriendo guardar agua potable, víveres enlatados, comprar baterías para los focos de mano, salirse de las orillas de los ríos, quebradas, riachuelos, vados, lagos, lagunas y cualquier charco grande, tener listos barriles vacíos sellados para que sirvan de asidero, o cámaras inflables infladas por si las moscas. Todas las mujeres al atardecer, encendieron velas cada quien por su santo y a rezar se ha dicho, infinidades de Padres-Nuestros, Dios te Salve María suplicando la protección de los cielos, nosotros los todavía güirros asimilábamos aquel ambiente de terror y pánico como del fin del mundo, aterrorizados nos hincábamos al lado de nuestras madres a repetir semejante repertorio de rezos. Avisaron que iban a cortar la luz para prevenir un corto circuito y por ende algún incendio, porque el huracán iba a entrar esa misma noche. A las pocas horas quitaron la luz y quedamos a oscuras con un cielo cubierto de nubes fieras con un gris demasiado oscuro y un relampaguear enceguecedor y un tronar ensordecedor. Cada jefe de familia con su mujer y sus hijos, obligando a todos a hacer popo y pipi bastante temprano, a comer en demasía porque no sabíamos si íbamos a hambrear y a la cama, catre o hamaca mas temprano que de costumbre. Se oía a Débora la vecina que del espanto le empezaron los dolores de su preñez y pedía a gritos que le trajeran a Doña Chunga la partera porque se le venia prematuro el hijo de sus entrañas, y en esa oscurana salio mi padre a buscar a Doña Chunga para su especial labor, y nosotros nos sentíamos como abandonados en medio de aquel fragor, hasta que nació Donaldo en esa inolvidable noche y después regresó mi padre a su barracón. Los grandes no durmieron, entró el huracán en la madrugada del 18 de Septiembre de 1974 de nombre Fifí como de gato como decía el Gringo, rugía de una manera tan espantosa que se oía como desgarraba algunas laminas de zinc de algunos tejados, arrancaba los palos débiles de tanta agua, doblaba las palmeras de coco hasta topar el suelo, volaban por los aires las matas de banano también algunas tablas de madera desprendida de las paredes de algún barracón se oía como silbaba el viento cuando entraba por las rendijas de entre las tablas de la pared del barracón como queriendo desprenderse, se oía como golpeaban las enormes gotas a las laminas de zinc del techo como queriendo aplastarlo, y como golpeaban las paredes cuando llovía de forma horizontal cuando el viento huracanado cambiaba de dirección con rayos, truenos y centellas. No se pudo dormir en esa inolvidable madrugada, ya rayando el alba Fifí terminaba sus saludos para con nosotros y al amanecer salimos de los barracones con la curiosidad de ver como había quedado todo: los alambres eléctricos hechos una trenza, con sus postes de hierro caídos o doblados unos a la derecha otros a la izquierda, las líneas del ferrocarril removidas, toda la plantación de banano en el suelo, como a las 7 de la mañana según el reloj Oris de mi padre el Chamelecón se había salido, y nos ordenaron evacuar a los sitios mas altos para no anegarnos en agua, en el barracón donde vivíamos el agua llego como a 2 pies y medio, miraba a mi hermanito Rolando jugar con un viejo tronco de ceibo que flotaba en el agua subiéndose en él para calar como él decía, pero tuve que irlo a rescatar por ordenes de mi papá de un ataque de hormigas que flotaban en el agua y que le podían hacer daño a pesar de que él se rehusaba a salir del agua achocolatada. Mi papá me llevó a la parte mas alta que no estaba inundada todavía en el bordo del Río y escuchábamos el rugir de la corriente del Chamelecón; veíamos pasar enormes árboles de guanacaste, ceibo arrancados desde su raíz y también cadáveres de vacas, caballos, venados, monos, culebras, gatos, perros, aves de corral, y en una ocasión vimos pasar flotando un enorme pedazo de tierra en la que estaba afincada una choza y con una familia llorando y a gritos desesperados pidiendo que se les rescatara, hasta el día de hoy no sabemos que fin tuvo aquella familia. Quedamos pasmados, absortos y desesperanzados de ver aquel desastre. A los 2 días siguientes cuando la pista de aterrizaje estaba habilitada empezó a llegar la ayuda internacional, aterrizaban aviones Hércules 103 que hacían temblar la tierra cuando caían con personal, pertrechos e insumos para higiene y supervivencia venían de EUA, México, Cuba, Chile, Colombia, Japón de los que yo recuerdo. Pasaron 2 años para recuperar las fincas de banano que dieron vida a nuestras familias.

  4. Joise Morillo dice:

    ¡Hola querida!

    Parabienes, mis dos grandes Apóstoles, muy emotivo: vuestro relato, Mora. Abstracta y reflexiva la alegoría galáctica de vuestro y mio J.I. Sendos elógios mercidos.

    Os ama

    Joise

  5. Joise Morillo dice:

    La tierra es una góndola

    Uno nunca sabe, que le sucederá al partir del mudo de los vivos ¡quiero decir! De los que comen, duermen, trabajan, comulgan de género, hacen heces, orinan, y sufren los avatares cotidianos mientras despiertan todos los días y se enfrentan a la realidad mundana, algunos son felices, otros aparentan y los que quedan no saben que son pues no entienden ni el concepto.

    Éramos dos amigos inseparables, el tenia mucho dinero, yo, la mitad de lo que el poseía, mi vida transcurrió sin pensar en cómo distribuir mi dinero entre mis allegados y familia, el asunto es que mientras menos lo tocara mas se acumulaba, me parecía un poco al: “Enfermo Imaginario de Moliere” pero bueno, me daba mis gustos sin gastar de mas, nunca me ocupe de grandes misiones pero mi filantropía se dignaba a contribuciones y ofrendas de peso mediano. Mi familia mejor que yo. Nunca trabajaron como lo hice yo. Esos si es verdad que se creían felices a costa de mi debilidad consanguínea.

    Aun cuando me gustaban los cementerios nunca pensé en morar tan pronto en uno de ellos, visité algunos por el mundo, solo para recordar difuntos celebres y sacarles fotografías de sus tumbas. Uno de ellos “Recoleta” en Argentina el aposento de la célebre Eva de Perón, varios en Paris y España, y los de mi país especialmente los de mi ciudad, pero este ínterin no es pintoresco de este relato.

    Mi hermano –espiritista, o brujo como le digo yo- solía decir: “la causa de que los difuntos anden en pena y se aparezcan ante los vivos es: por sus malos actos en vida”

    Mi amigo que también se murió dejo ¡tremendo testamento! Inclusive, le heredo al perro –que por cierto como que le afecto mucho la dadiva, pues, a los cinco días se murió –a lo mejor fue de alegría- ode tristeza por la muerte de su amo, el asunto es que parece ser que después de muerto se volvió tacaño y anda preocupado como gasta el dinero que les dejo a sus parientes, por ejemplo su mujer diez años menor que él –tenia 50- se ha hecho 15 cirugías plásticas, de forma que ahora luce de 20 años, y como tal se consiguió un gígolo de 25 que solo le gusta el golf y el yachting, válgame Dios, ahora el Cornelio que no lo es ya, por cierto, está que casi le sale a la pobre, pero yo no lo dejo y le digo Cornelio descansad en paz, a vos te tocó vuestro turno, dejad que comulgue tranquila que para eso es cristiana y está viva, el me contesta pero no veis la muy muérgana como se desenvuelve y conmigo ni se movía, ay Cornelio, yo creo que vos te ubicaste en el catre errado la fecha errada.

    Pero bueno, yo que ni me dio tiempo de repartir, le he hecho gastar más dinero del que yo gaste en los juegos de bolas criollas y domino en el clubcito que frecuentaba de vivo, solo con el fin de recuperar y repartir el ahorro que quedo preso en mis cuentas de bancos, caramba y eso me tiene preocupado, a tal punto que y que les salgo para ayudarlos, mientras que ni me atrevo pues a diferencia de mi amigo que anda loco por su viuda, yo que me le escondo a la mía, pues, no se quita un vestido negro la pobre y ya me tiene loco de fastidio con tanto rosario, ahora, yo me pregunto ¿para qué serán los rosarios, para que descanse en paz y no les salga o, para que les salga y diga donde escondí el resto del dinero que gane en la lotería antes del accidente?
    Ahora entiendo, ¡el bendito dinero que fastidioso es; hasta después de muertos jode!

    El otro naufrago, olvidenlo, lo llamaban ¡ánima sola!

    Mientras, sigan los vivos cantando en esta góndola ¡oooh sole miiiiooooo!

    Os ama
    Joise

  6. jose edison chavarro andrade dice:

    Buenos dias Mora

    Encantado de este relato tan magnifico donde almagama lo real con lo misterioso con historias tan fascinantes donde hay de por medio hay relatos llenos de misterios con personajes de ulterior, que duermen placidamente al murmullo de una calida brisa que besa una isla abandonada donde sobresalen las cruces herrumbradas por el inclemente tiempo y encontrar una manija de un viejo ataud y llevarlo como amuleto a la casa y que tal vez el viejo marinero fue a reclamar lo suyo; despertando en furia con tormentas y lloviendo en lagrimas de desespero. Todo muy fascinante.
    Las dos figuras fantasmales de blanco eran las nuevas custodias de un objeto que guarda la verdadera historia de lo sucedido.

    Saludes y besos.

    Jose Edison



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom