Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Los vestidos violados

Puede decirse que esta historia es verdad (Historias galantes), me la contaron hace mucho y la escribí hace mucho también (Lecciones de innovación). Es el caso de un viudo que no soporta la ausencia de su amada (La Teoría de la Ausencia), y decide transformarse en ella. Empieza, como se verá, probándose los vestidos de la difunta… (Transformaciones del psiquismo en la latencia).

Los vestidos violados

Aquel, color malvón, que algunas veces llevaba Lucía para tomar café en el jardín, fue el primero que se probó Jacinto.

Lucía solía usarlo con un largo chal blanco que se volaba con el viento de los primeros días del otoño o plena primavera, y aterrizaba como una nube sobre el césped verde o amarillo.

El se lo iba a buscar y se lo acomodaba suavemente de nuevo, tocando apenas su pelo oscuro y tan brillante debajo del sol que parecía tener luz propia, que no era un reflejo de nada ese brillar.

Por suerte él era muy delgado y ella había sido muy alta, tanto que hasta se habían cambiado en ocasiones las camisas, los pantalones y camperas de jean, pero no demasiado a menudo, porque Lucía prefería más bien esos vestidos que convierten a las mujeres en pájaros, en ángeles, en sombras escurridizas y lujosas, terriblemente inalcanzables.

“Toda Lucía tenía una luz oculta”, pensó mientras arreglaba un detalle del vestido de Lucía que se había probado, “pero verdaderamente oculta”; no era que esta expresión fuera aproximada, o le sobreviniera casualmente, como intentando un homenaje póstumo.

Un homenaje era en sí, reflexionó, toda esta ruina melancólica a la que había arribado un hombre por ella, por su ausencia.

“Un hombre es como un barco”, pensó también, “no llega nunca, arriba apenas, jamás toca los bordes.”

Tampoco era cuestión de echarle culpas. Ella había muerto no de no vivir, sino de vivir de reflejos que parecían ella misma, pero si ella era acaso sólo un reflejo y destinada a serlo, había cumplido perfectamente con su papel, con su rol.

¿Para qué estaba aquel pájaro rojo -que él miraba a través de la ventana- posado en una rama de aquel árbol sólido?

Para ser rojo, para ser pájaro, para posarse en la rama de algún árbol.

Y él, Jacinto, ¿para qué estaba aquí?

Eventualmente, para probarse los vestidos que Lucía había dejado, frescos, coloridos y limpios, primorosamente colgados de sus perchas.

Cada vestido era una mujer distinta; era la ausencia de otra, y otra, y otra; eran todas las mujeres que él había poseído, y todas las que no había tenido, además.

Ante Lucía con el vestido de color malvón él se había arrodillado la última vez -auscultó por un instante este recuerdo, que acaso fuera un poco sacrílego- y, levantándolo, la había besado profundamente, la había lamido robándole todo el sabor de la sal que había en sus axilas, en su espalda, en sus piernas.

Pero no, este vestido no lo conducía más que a este recuerdo; algo los había interrumpido cuando iban a hacer el amor: un grito, o el timbre del teléfono.

Se probó el azul turquesa con el cuello de gasa y sintió que empezaba a sentir.

Era una cosa vaga, lejanísima. Llegaba en ráfagas, en salpicaduras, y se iba al venir. Eran pequeños accesos de angustia divertidos; estremecimientos, de tan leves, divididos en cien. Algo nacía y moría en sus muslos y se desviaba hacia su vientre y terminaba, para empezar otra vez de una manera diferente; quizá sentía en los labios el roce de un ínfimo pincel y en el paladar un cosquilleo, o sus hombros se sobresaltaban porque se deslizaban sobre ellos unos cabellos largos como los de Lucía, como si él poseyera una cabellera larga y la desanudaran desde atrás.

Se sacó el vestido. Hoy era lunes, tenía que ir a la reunión del club y volvería tan tarde como siempre. Pero todavía no tenía fuerzas.

No, todavía no más que para estar, repasar y sentir qué dolorido, qué solo, qué niño estaba.

Siguió probándose la ropa.

Se puso una falda beige con una blusa blanca y se miró en el espejo.

“Sencillísima”, dijo.

La seda de la blusa eran plumas de aves exóticas abriéndose y cerrándose.

Se acercó al tocador. No, no era patético él vestido así, sólo gracioso que se pusiera un poco de rubor en las mejillas con barba de dos días, que las hacía parecer tan grises.

Vestido así, aunque ya estaba oscureciendo, sentía la mañana.

Percibía lo que una mujer joven podía percibir en la mañana, después del baño y del arreglo.

Saberse envuelta en su propio perfume.

Mirar por la ventana, ver las flores abiertas.

El aire que respiraba solo en la seda.

El cielo demasiado celeste, y las demasiadas variedades del verde de las plantas.

Un exceso sin gravidez, sin peso.

Las sensaciones de la levedad que sólo puede captar un corazón muy descansado, muy atento.

Se tiró en la cama, vio cómo esta mujer que se sentía él mismo empezaba a caminar apresuradamente por una calle que bajaba, pasaba por una fila de casas de ladrillos expuestos, se paraba frente a una ventana.

Un hombre estaba en la ventana y ella sentía bajo la ropa el flujo, pero esta vez interminable, de las salpicaduras, los accesos.

El hombre abría la puerta y ella entraba.

Con urgencia se sacaban uno a otra la ropa y se tendían sobre el piso. Ella se hundía a sí misma en el hombre.

Tocaba, sí, tocaba los bordes. Cabalgaba y se hundía más y más hasta que el mundo se convertía en fragmentos, en gritos, en estrellas para ambos.

Jacinto no se había movido de la cama. Tenía la falda y la blusa impecables, indemnes.

Pero Lucía no se habría sentido jamás envuelta en su propio perfume, no habría considerado el cielo, el verde de las plantas.

Lucía no habría caminado por una calle en donde había hileras de casas iguales, de ladrillo; no se habría detenido frente a una ventana para mirar al hombre desconocido que le abriría la puerta. Había nacido para ser un reflejo, Lucía.

“Mi reflejo”, comprendió finalmente Jacinto.

Quería volver atrás, quería analizar la historia, pero no se podía, no era posible destejer aquella noche, ni la luz que lo había iluminado.

Jacintó se levantó de la cama y se probó el último vestido, negro, con bordados de plata: un vestido de fiesta.

Monografias

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

22 respuestas a “Los vestidos violados”
  1. Noelia Barchuk dice:

    Grato encontrar este relato. He leído cuatro contando éste, pero lejos, lo considero el mejor. Mis felicitaciones.

  2. Ricardo Carrillo Diaz dice:

    En realidad no es la primera lectura que efectuo, siempre he seguido a Mara Torres pero mi antiguo email era ricadi10@hotmail.com y fue utilizazdo por personas para otros fines y me lo cancelaron, me alegra mucho recibir de nuevo a Mara en mi nuevo correo y me entretiene mucho, lo leo, me transporto con su monografias y me siento en las nubes.FELICITACIONES MARA LO ESCRIBES MUY BONITO Y SOY OTRO CUANDO LO LEO.

  3. eric polten dice:

    Quiero saber la verdad…. cuando dicen - bravo,maravilloso,genial - me encanto ! ! (sic) - segui asi que es algo sublime - no pude dormir despues de leer esos maravillosos poemas, me han hecho llorar de alegria - Por favor, quiero que me digan la verdad, si llegaron a ver realmente el contenido o es solamente palabras de alabanzas al azar,aparte, para venderse cada uno, una imagen de que son - entendidos en el tema - no es tan dificil lo que pido, que me aclaren el panorama, porque el Sopena, yo y mi tia de La Rioja no entendemos nada. Y tanto aclaran que a nosotros se nos oscurece el alba, de salida nomas quedamos en orsai.

  4. guadalupe gamez dice:

    me encanto leer este relato, felicidades

  5. CEFERINO JUSTINIANO dice:

    Realmente es admirable la forma en que se maneja el protagonismo en un relato, en la que se hace volar la imaginacion en los lectores, al menos es mi forma de pensar, tomando en cuenta que se escribe con fascinacion y realismo

  6. olmar C. dice:

    Si lo que yo entiendo es lo que quiso decir la autora, no, no me gusta. No me gusta asomarme a un pozo profundo y oscuro a menos que en él se refleje la luna.

  7. Manolo Rafael Guarapana Maleno dice:

    Exelente historia, aunque bastante triste porque en realidad habemos personas que cuando amamos lo hacemos con toda el alma y eso nos lleva a cometer este tipo de actos con tal de revivir bonitos recuerdos de la persona amada. Felicitaciones por su excelente historia.

  8. silvana garcia dice:

    Mora realmente escritos como este me llenan el alma, me hacen emocionar saber que el amor despierta sensaciones, emociones indescriptibles, que nos permiten jugar si lo puedo llamar asi con la fantasia. Bravo estoy chocha con los escritos que me manda mil gracias.

  9. mary isabel molina dice:

    Es un relato interesante, a medida que leia, cada lenea se pasea por mi pensamiento recordarme el episodio vivido entre la vida y la muerte que recien he vivido; la vida con el nacimiento de las gemelas que representan de forma extraordinaria la profundida y perfección del mar y la muerte psicologica que se niega a aceptar, que aunque el sol sea fuerte y resplasdecente la tormenta llega sin avisar y deja secuelas que aunque hermosas no dejan de ser consecuencias de lo incierto en lo cierto de la vida. no he podido usar mis sonbreros con la belleza y frescura de antes, lo intento en cada amanecer en cada puesta del sol pero el brillo de los ojos y la frescura del rostro no son los mismos. cada noche de lluvia a paso a un lindo amanecer y a la posibilidad de usar un lindo sombrero de color rasa; sin embargo la rosa aun no encuantra la calma del alma para lucir copmo antes frente a la maravilla de la vida y de las palabras. me encanta compartirt tus vestidos con mis sombreros…

  10. maria janeth paredes dice:

    que bonita historia , realmente me conmovio como una persona puede sentir realmente el amor hacia otra que historia …….me gustaria saber en que se inspira para tan exelente relato …….felicidades

  11. Joise Morillo dice:

    Saludos querida, muy abstracta, vuestra estetica.

    Cuando Platón hablaba –dialogaba- dentro de sus limitaciones, no obstante sus grandes conocimientos, nunca derivados de un estudio científico y, menos, obtenidos de experimentos en el laboratorio, ni estadísticos; lo hacía considerando su experiencia del mundo, de su abstracción principalmente, aunada a un idealismo -filosófico- elevado. ¡Recordad que era un general retirado con gran experiencia de guerra y de incursiones en muchos países alrededor de Grecia, como también, de sus actividades bélicas en función de defender la nación griega! El filosofo en sus diálogos siempre hacia referencia de su preferencia de género.

    “Gracias a la providencia soy hombre y no mujer” El Banquete.

    Sin embargo, consideraba la homosexualidad como algo derivado de la misma condición biológica del ser humano, aun cuando no hacía referencia de los elementos sui generis que conforman la estructura corporal del individuo humano ej. “Las hormonas”. En su alegoría respecto al origen del hombre, hace énfasis en la existencia primigenia de un ser andrógino, hermafroditas. Esto era un concepto aceptado de conocimiento general entre los eruditos de su época, y muy extendido entre las masas populares. Es por ello que la homosexualidad, no era “tabú” en el espíritu de los griegos, ni tampoco en muchas de las naciones civilizadas y bárbaras de hace 2000 años atrás.
    Empero su carácter limitado para la procreación, hacia definir el concepto platónico como poco elevado para concebir lo bello, por ende limitado para lo bueno en función de concebir el amor propiamente dicho.

    Sin lugar a dudas, Jacinto de elevada motivación sentimental, representa una estética que deriva de ese sesgo femenino que lleva por dentro el individuo hombre. Salió del closet –Eminen- al encontrar la ausencia de alguien que supo conciliar sus sentimientos. De igual forma, consigue un medio para librarse del desconsuelo que le produce la falta de su ser querido. Pero, ¿quién amaba, él o ella? ¿Quién era el amado? ¿ella, el? ¿O se amaban igualmente ambos?

    De paso dio riendas sueltas a lo que creía de su misma existencia, lo que suponía sentiría una mujer por un hombre ¿quién era ese hombre? El mismo. Sentía a su mujer dentro de sí, una mujer, que era el mismo, que creía sentir lo que sentiría su mujer por el o por otros.

    Un narcisismo impoluto y sublime, una catarsis propia de la misma fuente, del ser él o ella. Y no saberlo, hasta el punto de lo que podría representar la profanación.

    Os ama
    Joise

  12. Fernando Paguay dice:

    Estimado Eric
    El editorial se trata de un hombre cuyo amor por su compañera hace que el trate de revivirla cuando la ha perdido definitivamente, se pone los vestidos de ella, no porque le nazcan inclinaciones homosexuales, sino con la esperanza de verla nuevamente, no es tan dificil creo.

  13. Luis Alberto ESPINAL SÁNCHEZ dice:

    Interesante la narrativa, felicitaciones y éxitos en tus próximas creaciones.

  14. nancy gonzalez vieda dice:

    todas estas lecturas me motivan a iniciar mi propio escrito,pero cómo no tomar ideas de otros?

    ustedes son luces en mi camino,para aprovechar la oportunidad que me dá la vida al despertar con37 recién cumplidos y un divorcio anhelado que se aproxima.

    desde este rinconcito del maravilloso planeta les que do muy agradecida por existir.

  15. Jose Itriago dice:

    Caminando en la oscuridad. Confusión y temor. Pasos inciertos.

    Se hunde en un camino que siente que baja, muy húmedo, siempre bajando. El oído y el olfato se afinan, las manos extendidas sienten cortinas o telas que no van a ninguna parte, que lo confunden más. Sueña con algún reflejo amigo que le descifre el enigma de su espíritu, pero no le es dada la oportunidad de encontrarlo en ese bajar continuo y precipitado. Presiente lo insensato de todo y llega a pensar que quizás podría detenerse. Pero es tarde, ya se vació de cualquier otro pasado y solo le resta una necesidad nueva de descender hasta no poder más.

    Las manos extendidas tropiezan con objetos con formas que deberían ser conocidas, pero que se le imponen monstruosos y cálidos alternativamente. Y cuando cree encontrar algo: un aroma, un sonido que recuerda y puede ser el hilo que lo conduzca a la cordura, ve con horror que se deshace y desintegra en millones de partículas fosforescentes que en la oscuridad absoluta de su vida, le encandilan un instante y lo aguijonea a seguir bajando.

    Piensa que ya no podrá subir nunca más, que le faltarán las fuerzas para recuperar el trecho recorrido y que ni siquiera podrá encontrar la ruta vía siguió. No puede imaginar a que nivel está pero sabe que arrancó desde el mismo sitio donde siempre estuvo. “Una definición confusa”, se dice, pero le satisface haberla concebido de inmediato, una respuesta refleja que evade adonde debe regresar.

    De pronto sus manos extendidas tocan la solidez de un final. Tantea a izquierda y derecha, arriba y abajo y confirma que llegó a algo. Lo asalta la duda si erró el camino, si verdaderamente llegó o simplemente se perdió. Sumido en la duda se sienta. Al rato el cansancio lo rinde y se duerme.

  16. Joise Morillo dice:

    Yo mismo

    Me había dado por muerto en vida, de pronto, un aroma suave y frio de mar y peces,
    ¡Y en mi Lucia! estregada toda, recorrida en mi pensamiento como el almas añorada
    No estoy solo, os tengo cara mía, me he rehusado engañaros pero no resisto, os engañare
    Con vos misma y, por mí mismo, despojaos del ajuar no soporto este calor, mis manos no
    resisten, ahora os estoy Sintiendo, si, así, así, como cuando me trepabais y os trepaba y
    húmedos de humor, Chorreados, comulgamos hasta el extasis, si, si, si, ahora, ahora, ya,
    ¡yaaaaaa! Que dulce y tierno Sueño sois mi Lucia.

    Os ama
    joise

  17. Martires Rodriguez dice:

    Excelente relato, felicidades!!!! Palante!!!!!

  18. AMADEO OLIVA dice:

    Es un texto con mucho enfoque romántico, pero a veces todos parecemos morir ante el aroma del amor verdadero.

  19. Marìa Aracelli Teràn Gòmez dice:

    Mora, después e leer tu escrito me gusta la versatilidad con que lo haces, pero ¿por que? “los vestidos violados”, si un amor es de a dos y cuando uno de ellos parte hacia la eternidad, ( como Lucía) el que queda, muere con él, o ella. Y vive con esos recuerdos que corren por tus venas, sentimientos o sentidos y por qué no decirlo: por su carne… ¡Felicidades, adelante, en tí nos vemos muchas personas llenas de imaginación, y que usualmente compartimos, improvisadamente, con nuestros o nuestras niños, niñas, o adolescentes, como una forma de entrenernos y motivarlos a leer y sobre todo a exteriorizar toda la riqueza interna que acumulan en el día a día.

  20. jose edison chavarro andrade dice:

    Mora, Tu como siempre transportandome por un mundo fascinante de bellos relatos donde tu pluma magica me lleva como el viento hacia esos confines de amor y ternura donde expresas toda tu sabiduria y cautela al escribir. Felicidades!!!! Me gustan todos tus relatos.

  21. jose mendosa dice:

    _Me pareció interesante la obra de verdad es buena el crear algo así de verdad es arte de verdad el –amor– aveces puede hacer que alguien haga algo que nunca pensó en hacer pero es maravilloso llegar a hacer algo nunca pensado por la persona que uno a llegado a amar …………….,.

  22. german bernique dice:

    Fue tan grade el amor por su compañera que lo que vivió no fué un trauma. Es que el verdadero amor surca la vida aún más allá de la muerte.



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom