Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Febrero, 2012

Un volver delirante la voz interior

Había puesto a calentar agua para hacer café; el café del cual hice adicto a Cecilio, desde lejos (La pulpa del café) -Cecilio es uno de los preciosos y apreciados ”comentadores” de este blog (La creación argumentativa del Ciberespacio).

Mientras esperaba, tomé un  libro que alguien dejó sobre la mesa y leí su contratapa (La ventaja de nacer con un libro debajo del brazo) -soy ávida lectora de contratapas, de prospectos de medicamentos, de indicaciones en los envases de limpieza, de fechas de vencimiento del yogur y la leche, de boletos de colectivo que indican el lugar hacia donde fui (Cómo serán los viajes a través del tiempo).

Contratapa difícil si las hay, empezaba diciendo: “he tratado de ir más allá de la deconstrucción derridiana” (Los dioses del cotidiano).

Algo electrificó mi mano, hizo girar el libro. Vi su título: ¿Puede hablar el subalterno?; vi el nombre de la autora: Gayatry Chakravorty Spivak. Me llamó la atención -¡tanta dificultad para entender la mía!- y mi mano volvió a girar el libro hacia su contratapa -¡qué de vueltas!, todo un viaje a Francia (a toda Europa y también a Estados Unidos, en realidad), y a la India en menos de un segundo -lo de la India es sólo por las evocaciones que despierta el nombre de la autora… (Raíces de la Cultura India).

Mis ojos se posaron en esta sentencia: “Derrida exhorta a… un volver delirante la voz interior, que es la voz del otro en nosotros” (Deconstrucción).

No sé exactamente por qué, recordé que en algún lugar había leído -creo que en una carta que Alejandra Pizarnik envía a alguno de sus amigos- que el poema “es un lugar de reunión” (Las diversiones púbicas de Pizarnik).

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Editorial, Monografias

Que Darwin me lo demande…

Si los dinosaurios (Dinosaurios) no hubieran desaparecido en las fauces de un meteorito grande como una ciudad actual (45 hipótesis acerca de la extinción de los dinosaurios) -se supone lo del meteorito y lo de su tamaño, pero no es seguro; lo único seguro es que desaparecieron (¿Por qué se extinguieron los dinosaurios)- otra hubiera sido la historia del conocimiento y de la inteligencia en el planeta (Historia breve del conocimiento científico). No podemos decir que del conocimiento y de la inteligencia humanos, pero no sé qué palabra se emplearía como adjetivo equivalente. O tal vez, simplemente, de la inteligencia y el conocimiento dinosaurinos, dinosáuricos, yo qué sé…

Lo cierto es que de no ser porque algunos mamíferos débiles y precarios, escurridizos y asustadizos, pequeños como para esconderse en cualquier hoyo de la tierra, sobrevivieron, sobrevivimos (Una cita con Darwin); de otro modo no estaríamos aquí y menos aún hubiéramos evolucionado al punto de escribir un post tan científico y sabio como éste (El origen de la vida). Estarían los dinosaurios evolucionados escribiendo sobre la posibilidad de que en lugar de ellos hubieran sobrevivido los mamíferos, y evolucionado hasta llegar a ser humanos -si me equivoco, que Darwin me lo demande (Darwin).

Construirían ciudades y puentes esos colosos -¿cómo sería el gusto artístico de estos intelectuales (Sobre la felicidad en el arte y el fenómeno estético); sería un poco parecido al de Shrek? (Shrek y los cuentos de hadas).

Castillos con princesas con cara de tiranosaurio para la Edad Media, y muy modositas y deseadas… (Arte arquitectónico de la Edad Media). Tal vez la que tuviera más espolones en alguna parte determinada del cuerpo sería la más bella, tal vez los patrones de belleza serían más reales que ahora: la cintura: 760; busto: 900; cadera: 1000. ¡Qué lindas y maternales serían las madres de la humanidad; perdón, de la dinosauridad! (La belleza como guía para la ciencia).

Los adolescentes estarían de parabienes (La Adolescencia); ya vendrían algunos, de fábrica, con sus adornos punk; otros, más dulces, con bordados muy hippies o neohippies sobre la piel; creo que nadie necesitaría tatuajes, porque tendría en sí mismo todos los elementos para completar el look deseado; sería un verdadero paraíso (El piercing, arte en el cuerpo).

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¡Que hablen las fotografías!

Estoy en deuda con dos o tres Josés, y no sé si con cuatro (Valoración de la deuda ecológica) -sí, seguro que también con José María Gil, pero no recuerdo bien por qué, y con una variante de José, con Joise. Y con otra variante femenina, María José (Poemas acumulados).

¡Cuánto José que hay en mi existencia! (Disfrutar la existencia) -parafraseo a Vallejo (La madre en César Vallejo).

El primero de los Josés es José Itriago, ángel tutelar de este humilde blog que se adorna de genio con sus escritos (Mistificaciones del culto al genio) . Cumplió años y yo como si nada, en viaje desde el calor y la opresión de Córdoba hacia el calor y la opresión multiplicados de Buenos Aires (El viaje a la luna) -donde vi a Mane, mi hija, ya lo saben, y a Lola, mi nieta pequeñita y tierna, lo saben también-, y de Buenos Aires a Santa Fe… donde vi a Antonia, mi otra nieta, la bella Antonia que cumplió 13 años el día que Spinetta murió y, dice, no va a olvidarlo (Historia del Rock Nacional Argentino), y a mi hijo Ignacio, y a mi hermana, pero ni siquiera pude ver a mis otros hermanos.

Durante el viaje tuve que escribir en computadoras de última generación, que ni siquiera sé empezar a manejar, con un mause o ratón incorporado, que poco sabía encontrarlo siquiera (Historia del computador y sus generaciones).

Otro de los Josés con los que estoy en deuda es mi amigo José Luis Pagés, el Flaco, el gran cuentero o cuentista, a quien ni siquiera llamé por teléfono estando en su propia tierra, Santa Fe -que fuera la mía hace tiempo también, tierra que me sigue donde vaya. Vi una foto en Facebook de la bella familia Pagés; me conmovió y me dio culpa, y además, ésa es una de las fotos que sí hablan.

Otro José con quien estaba en deuda -pero ahora, gracias a mi hermana Huerto, estoy pagándole en cómodas cuotas- es José Saramago (La caverna - José Saramago), sobre quien me había tomado el atrevimiento de no leer jamás ninguno de sus libros. “La fama desvaloriza, la muerte acrecienta la fama y desvaloriza más”, dijo irónicamente Ignacio cuando Huerto me entregaba Las intermitencias de la muerte. Y sí señor, es sacrilegio no haberlo leído antes, aunque la coyuntura tiene su parte agradable: me esperan unos cuantos libros de Saramago de los cuales soy absolutamente virgen, inocente, arcangélica. ¿Y qué me esperará, si Las intermitencias… ya me lleva loca?

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Los vestidos violados

Puede decirse que esta historia es verdad (Historias galantes), me la contaron hace mucho y la escribí hace mucho también (Lecciones de innovación). Es el caso de un viudo que no soporta la ausencia de su amada (La Teoría de la Ausencia), y decide transformarse en ella. Empieza, como se verá, probándose los vestidos de la difunta… (Transformaciones del psiquismo en la latencia).

Los vestidos violados

Aquel, color malvón, que algunas veces llevaba Lucía para tomar café en el jardín, fue el primero que se probó Jacinto.

Lucía solía usarlo con un largo chal blanco que se volaba con el viento de los primeros días del otoño o plena primavera, y aterrizaba como una nube sobre el césped verde o amarillo.

El se lo iba a buscar y se lo acomodaba suavemente de nuevo, tocando apenas su pelo oscuro y tan brillante debajo del sol que parecía tener luz propia, que no era un reflejo de nada ese brillar.

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