Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Otra historia de amor

No era la sombra de un amor que encandila con vestido de fuego (Crónicas de una pasión). No era un canto que golpeaba, era un canto que se oía dentro del alma (Canto a la vida). Ella era la que pasaba por el haz de la luna con un hueso entre los dientes y lo dejaba justo en mi ventana (Claves de luna).

Era una loca enamorada negra que desplegaba pañuelos de magos, o que creía desplegarlos, jugando con las luces del jardín y tropezando con las rosas (El Hechicero Inexperto). A mí me parecía que cuando ella, enorme, aparecía tan negra entre la hierba, empezaba a funcionar por contraste el telar de todas las blancuras, llamadas paraíso (Llegando al paraíso).

O bien nos juntábamos de noche en el jardín -nuestro amor era estrictamente platónico (El Banquete. Platón… )- y éramos sopladas por el viento, tropezábamos jugando a aterrorizarnos con los ojos de la noche (El borde de la noche).

Yo le decía mis versos surrealistas (Surrealismo y Anarquismo):

la hierba

reparte sus mitades

en todos sus verdores

hasta lo alto de los tallos

y ella entendía sin vacilar, y me respondía en un idioma que sólo yo conozco y sé traducir.

El día anterior al de su muerte me dijo, en verso también, con su gravísima voz:

me hicieron en el cuerpo

la señal de morir

y llegaré

al resplandor, donde duerme la lluvia

…yo sentí que una abeja me estaba picando el corazón, y le aseguré en palabras muy simples, ya sin verso, que iba a acompañarla hasta el final, que sus heridas eran las mías, y me incliné y me lamió la mejilla derecha.

Esa noche empezó con una gran tormenta. Elsa y yo estábamos dentro de la casa y la hicimos pasar, le buscamos un lugar donde pudiera dormir al abrigo de todas las feroces tormentas.

Pero Polka, tal era el nombre de mi perra amiga, fue cambiando los lugares de su refugio en esa noche sin fin.

La historia

Sólo nos conocíamos desde el 2 de abril de 2011, cuando vine a vivir a Agua de Oro. Ella tenía siete años y había sido la compañera de Mireille, una señora belga que debió volver a su país y nos la dejó a Elsa y a mí con agradecida confianza.

Cuando la vi por primera vez -no es cuento- me deslumbró la belleza y la apostura de esta ovejera belga, negrísima. Pero lejos estaba de saber que esa gracia ocultaba tanta dulzura, inteligencia y nobleza.

Con Polka hicimos una amistad filosófica, de esas en las que las palabras son escasas y las miradas que transmiten sabiduría -en especial de ella hacia mí- cotidianas y múltiples.

Hasta que hace dos meses tuvo su primer ataque de epilepsia, el cual no quiero relatar por delicadeza hacia ella.

Pero siguieron los ataques día tras día; más que eso, noche tras noche. A lo largo de toda su enfermedad, y aún con su portentoso cuerpo, nunca hizo el menor gesto agresivo, fue al contrario, nos bendecía por ayudarla.

La dependencia conmigo se hizo extrema, y eso me dolía. Yo no quería ser su dueña sino su amiga: era yo y mi sombra.

Cuando se despertaba a la mañana, a veces feliz, Elsa la llevaba hasta el río, y yo esperaba su regreso con su comida mezclada con pastillas de Luminal. Le daba alimento y medicina en la boca, porque en sus ataques se había lesionado el hocico. De mis manos nunca va a borrarse ese recuerdo de besos tibios.

La noche de la tormenta, hace dos días, todo se agravó. Perdió la vista y los reflejos, pero cuando cada ataque cesaba lloriqueaba y yo le alcanzaba algún bocado y agua y los tomaba con las ganas de siempre.

A las siete de la mañana decidí darle el gusto de su vida: abrí una lata de alimento de pollo y se la di entera, lentamente. Acariciaba la palma de mi mano.

A las 8 le pedí a Elsa que llamara a la veterinaria, que llegó enseguida.

Llevamos a Polka al lado de un pozo que ella misma había cavado en el jardín, entre un limonero y unos “tocados de novia”.

Se acostó, la abracé, no sintió cuando la veterinaria le aplicó la anestesia, ni la otra inyección. Después un vecino la enterró en el pozo.

Entramos a la casa Elsa y yo, y sentí que yo le había dado su último alimento, que yo la había llevado al “patíbulo”, como a los condenados a muerte.

Una voz desde el corazón suspendido de Polka me dijo que quedara tranquila, que de cualquier modo perros, humanos y otras yerbas estamos condenados a muerte.

Yo lo que hice fue retomar la costura del vestido de mi hija que les conté en el post anterior. Desde la galería coso y miro la tumba de Polka.

Mora

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Comentarios

19 respuestas a “Otra historia de amor”
  1. Jose Itriago dice:

    Lo siento de verdad. Se que Elsa y tú estarán muy tristes y que fue por amor a cumplir que sacaste este post o como se llame.

    Yo también tengo perro y por más que uno trate de desentenderse de ellos, la mirada de esperanza con que siempre te reciben, no importa el castigo que le hayas impuesto, termina imponiéndose.

    Uno de mis hijos tuvo que “dormir” (así decimos aquí para no hablar de la inyección fatal) a su pitbull que tenía ya unos 11 o 12 años con nosotros. Ahora tiene una hija de mi labrador, una perra negra brillante, que da bastante trabajo y hace olvidar a su antecesor.

    Ojalá ustedes logren suplantarla pronto, de alguna manera.

    Un abrazo fraterno.

  2. ruben ramos dice:

    es una historia de amor muy hermosa,felicidades
    asi tenemos que ser con los animales y ahun mas.
    con nuestro projjimo abrasos y osculos de amor..

  3. jose puchades dice:

    es realmente entrañable, me a conmovido mucho tu historia de amor, que belleza,cuanta sensibilidad, y empatia,,,gracias por recordarnos que la vida ,sin ese compromiso de amor, apenas tiene sentido, por que realmente sin esa capacidad de amar ,estamos muertos y simplemente pasamos por la vida sin dejar huella , es cierto que cuando amamos sesufre tambien, pero es justamente ese sentir, que los demas nos importan,,, un abrazo del alma,,,,,

  4. olmar C. dice:

    Lo siento. Se que duele mucho. Afecto, cariño, amor se sienten igual hacia un animal (no somos tambien animales?) como hacia una persona.

    Y he pasado por la misma experiencia: epilepsia. Salvo que, en el caso de Merú, una de las perras que ha pasado por mi vida (pero siempre he sido fiel. Solo una, pero nuestra vida es larga y la de ellas muy corta) pero, ¡tan joven!. Solo un año. Solo un año para conocernos, para estar juntas. Nació y murió en mi casa. Y esa es otra cosa que te agradezco: que hayas hecho venir a la veterinaria. La mayoria de personas se acobardan y dejan a sus animales solos en las clínicas veterinarias, , entre gritos de dolor y olor a miedo. Solo piensan en si, en el temor a ver morir a su animal, no en lo que sienta el perrro, gato o lo que sea, al verse asi, solo, en momentos en que se siente tan mal y tiene miedo.

    Para Polka, como para Merú, fue distinto. Tan solo otra visita mas de la veterinaria, otra inyección mas, un pinchazo. Y luego, el final del dolor.

    Y espero y creo tu tambien, que si es cierto lo de la reencarnación, nos volvamos a encontrar. Como amigas. Tal vez dos perras, tal vez dos humanas. O ella hunana y yo perra. Lo mismo daria.

  5. Andrea Socha dice:

    Hola Mora, siento mucho tu pérdida.

    De hecho me llegó tan profunda la historia al corazón y aún no entiendo por qué justo cuando estoy con la incertidumbre de qué va a pasar con Paca y con todo este sentimiento de nostalgia, temores y a la vez gratitud, llegué a tu escrito. Una hermosa casualidad.

    Tal vez para pensar en lo inevitable…

    Gracias por compartir tus palabras, tu sensibilidad, tu narrativa… Me gustaron mucho y conmovieron bastante.

  6. Marìa Aracelli Teràn Gòmez dice:

    Mora. tu escrito me ha encantado, dentro de la literatura, muy pocos escriben narraciones anecdóticas, posiblemente seas la protagonista y muy seguro que lo hallas recreado como parte de tu imaginación que para mí lo hace más valioso. Me hace recorar que dentro llevamos aquellas vivencias infantiles que quizá nadie las conoce y por medio de un lápiz, para sellar humanamente con tus trazos, lo conviertes en una fantástica historia de amor.

  7. Cecilio Aguilar Polanco dice:

    Hace mucho tiempo , en el día que me tocó nacer, como de costumbre cuando una Madre da a Luz sus vecinas por tradición llevan regalos para el nuevo bebé que ha nacido, una de las vecinas de mi Madre no tenia que regalar, y para evitar la vergüenza de visitar con las manos vacias, de regalo le llevó a mi Madre un cachorrito que ese mismo día tambien habia nacido, mi Padre (relata a menudo) al ver el fastuoso regalo a carcajadas exlamó ¡A que gran Juguete!, y después de eso al cachorrito lo bautizaron con el nombre de Juguete. Ese cachorro (con pedigrí desconocido) de la raza de los perros indios barrileros, en realidad vino a ser un verdadero juguete para mi, a medida ibamos creciendo nos compenetrabamos mucho en el arte del chiroteo. Yo lo mordía, lo usaba de almohada, y me subia en él a manera de jinete hasta que el perro me botaba, esa filiación era tal que nos celabamos el uno al otro, yo no permitía que nadie mas jugara con el cahorro, y él gruñia porque no permitía que nadie se me acercara, excepto mi Madre y Mi Padre. Juguete creció a la velocidad del rayo, un día madrugó al mismo tiempo que mi padre y lo acompañó a la faena del día que se volvió una costumbre diaria, cuenta él que el perro se echaba al lado de la biciclita (que fue por 40 años su medio de transporte a la finca bananera) a manera de guardian y no se movía de alli, a la hora de comer, mi papá compartía con él los alimentos que el perro tomaba con alegria. Al paso del tiempo, en una ocasión papá olvido su acostumbrado almuerzo, para mitigar el hambre cazó un armadillo (que para ese entonces abundaban en la vega donde él trabajaba; hoy parece que se extinguieron ya) con la ayuda de Juguete, lo aliñó y le dió unos trozos de carne cruda que parece que despertó en Juguete el instinto de cazador, y a partir de ese día juguete comía todos los días lo que él pudiera cazar: armadillos, tepezcuintles, zarigüeyas, palomas silvestres, codornices, tórtolas, y hasta peces de algunas lagunas artificiales que existían al lado de la finca, de manera que despreció la comida hecha en caza, excepto la famosa memela (una especie de enorme tortilla de maiz con pipian o ayote tierno y sobras de carne) que la comió desde el primer día que pudo comer. Cuando regresaba él del trabajo, y yo regresaba de la jornada escolar (que en ese entonces en los campamentos bananeros era mañana y tarde; hoy se perdió ese rol de trabajo escolar) los dos corríamos a encontrarnos y a chirotear hasta yo quedar exhausto, mi Madre me regañaba porque quedaba con humor de perro cazador, teniamos que bañarnos los dos con criolina para mitigar la peste de humor de perro de caza, en la faena me ponia a despulgarlo, a desgarapatarlo, la criolina era buenisima para matarle las pulgas. Era un perro que agradecía cuando le sacaba las pulgas de en medio de los dedos, recuerdo que se rebolcaba de alegría cuando se las sacaba. Muchas veces papá llevaba de regreso despues de su trabajo, ejemplares de la caza del perro, especialmente iguanas, garrobos o alguna tortuga hicotea, y mi mamá lo obligaba a regalarlas a las vecinas porque le daban asco aliñar los animales cazados. Una vecina que era especialista en preparar esas carnes le daba a mi padre un plato que él exclamaba con aprobación lo exquisito que le quedaba, juguete despreciaba la caza cocinada, preferia comer la carne cruda.
    Esa vida de cazador a Juguete lo convirtió en un perro predominante en el campamento, llegó a dominar una manada de perros en el que él era el máximo lider, cuando algún otro perro pretendía aparear una de sus hembras el solía enfrentarlos hasta que los derrotaba y los desplazaba, el campamento se inundó de ejemplares de Juguete, Vivia feliz en su pseudo, y yo me divertia con mi Juguete.
    Años mas tarde, por alguna razón Papá se mudó del campamento Bananero San Juan Curva al campamento vecino nombrado Tacamiche; traté por todos los medios que Juguete también se viniera con nosotros pero el perro no quizo abandonar su manada, optó por costumbre madrugar y llegar hasta el nuevo barracon donde viviamos en Tacamiche a acompañar a mi Padre como de costumbre, y al caer la tarde cuando regresaba lo abandonaba exactamente en la interseccion donde se dividía el camino que conducía a los dos campamentos, Juguete regresaba a nuestro antiguo San Juan y mi Papa regresaba a Tacamiche. Cuando a mi me tocó ingresar a la secundaria tenia que estudiar en La Villa de La Lima y tenia que viajar como una hora mas o menos en bicicleta de ida y de regreso, todos los días desde el campamento de Tacamiche, (Aunque viviamos allí, a Papá le tocaba trabajar siempre en las Fincas de la Jurisdicción de San Juan); en el primer día de mi aventura forzosamente tenía que cruzar el campamento de San Juan, cuenta mi Papá que el perro de repente se fue en veloz carrera, con asombro veo a Juguete que me acompañaba al mi lado tratando de jugar conmigo me agarraba de los bordes de mi pantalon nuevo, hasta que se canso de hacer el intento, de todas maneras me acompañó por todo el camino como cuidandome, hasta que llegamos a los linderos de la zona americana donde teniamos que pedir permiso a los guachimanes para que nos dejaran pasar a traves de dicha zona y llegar a nuestro destino, al perro no le permitieron pasar, ese primer día se quedó echado en los linderos de dicha zona y no lo pude hacer mover de su sitio por mas que se lo ordenaba para que se regresara; estuvo esperándome a que yo volviera, lo que hice como seis horas después, y se regresó conmigo acompañandome hasta mi casa, luego corrió hasta el sitio donde mi papá le tocaba trabajar. En el siguiene día el perro muy inteligente me acompañó de ida hasta la frontera de la zona americana, luego se iba donde estaba mi papá, ya cuando calculaba que yo venía de regreso abandonaba a mi Papá y corría a encontrarme y acompañarme hasta mi casa, luego se regresaba donde mi Papá y al atardecer lo acompañaba hasta la bifurcación del camino donde se separaban. Juguete hizo de esta actividad de guardian una costumbre. Era inspirador ver la energía de mi Estimado Perro. Un cierto día como en el segundo año de mi secundaria el perro de repente se ausentó, fui con mi Padre a mi antiguo San Juan a buscarlo y encontramos al Perro en un barracón abandonado, estaba fuertemente amarrado con un lazo que tenia señales de haber sido chamuscado por el perro con el fin de romperlo, vimos que lo habian capado, tenía el escroto abierto por donde le había sacado los testiculos. Yo lloré de rabia por lo que le habían echo a mi Perro, mi Papá en cambio trató de averiguar quien le habia echo semejante barbaridad al perro decía él con la furia que andaba para matar al responsable, nadie le dió parte a mi Papá porque lo conocían sabian que era capaz de quitarle la vida a alguien que le hiciera un daño a su familia (inclusive a mi Perro) solo le transmitian rumores de que alguien enojado que tenia una supuesta perra de raza habia hecho esto porque Juguete la habia apareado, como no tuvo respuestas, se puso a llorar por ver lo que le habian hecho a Juguete, me dijo “mirá hijo lo que esos malditos le han hecho al perro”, luego me pidió que consiguiera un poco de ceniza, un poco de cal y sal y que orinara un poco sobre ese material lo mezcló y se lo puso en la herida al perro, curiosamente le pregunte sobre esa mezcla y me dijo que era secreto de los indios para curar heridas. El Perro sanó rápidamente, y volvió a su acostumbrada andanza.
    El tiempo pasó nos mudamos a vivir a la Villa de la Lima a la casa propia que Papá nos habia comprado, Juguete llegó con mucho esfuerzo, se le habian caido todos los dientes y no podía cazar, cosa terrible para un perro que acostumbró siempre a comer de lo que cazaba, le daba carne enlatada y la despreciaba, con mucho esfuerzo volvia al antiguo San Juan, Un día Domingo mientras todos estabamos en la casa, (Los días Domingo Juguete nunca llegaba porque era día de Descanso aun para él) se presentó el Perro como a las 10 de la mañana se veia demacrado porque no queria comer, nos quedó mirando a todos especialmente a mi Papá y a Mi y despues de mucho rato salio por un rumbo nunca acostumbrado como buscando la orilla del río y desde ese día nunca mas lo volvimos a ver. Pienso que Juguete ese día llegó a despedirse de nosotros, ya tenia como mas de 15 años estaba viejo y demacrado, lo busqué y al no encontrarlo en su sitio lo lloré como 2 semanas mas o menos porque sabia que se habia ido a morir a la orilla del río en un sitio donde nadie lo pudiera encontrar.

  8. Osvaldo B. Cuesta dice:

    Sra. Mora..
    Leí esta hermosa historia y deseo comentarle que termine conmovido por este bello relato, como así también decirle, que lo lleve a mi página del Facebook para compartirlo con mis amigos.
    Mi agradecimiento y humilde felicitación.
    Atte.
    O.Cuesta
    https://www.facebook.com/OCuestaelDuquenegro

  9. amanda acevedo contreras dice:

    muy bello esta historia llaman a la reflexion y al vaerdadero amor

  10. Diego Cravero dice:

    me recuerda mucho a mi ultima mascota q tuve, era negra tambien, pero chiquita, no era de raza (el veterinario cuando la llevamos por primera vez nos dijo “mestizo” y nosotros que raza con que raza ?? “mestizo con mestizo” jajaj) y era una porqueria, negrita, orejuda, eso si, el pelo brillante. De tanto darle pastillas anticonceptivas, se le creo un tumor ,hizo metastasis y le llego al cerebro, lo quie derivo en una terriblle epilepsia de 4 dias, Te juro q se me caian las lagrimas cuando lo contabas pues fue la misma historia. La decidimos “dormir” ´para que no sufra mas. y bue …. me trajo recuerdos de mi misly querida ….. muy lindo relato

  11. clenia MARIN dice:

    Que hermosa historia Elsa,yo se como se les ama,me recuerda a Rebeca,mi batata hermosa,llegando de mi trbajo la veo en la baranda del balcón de un 2do piso, cuando llego junto a ella me miro y dio un suspiro (se cayo) le acaricie el cuello y ella se marcho.No creo poder amar a otra perrita tanto como la ame a ella,ahora esta Bianca,de 6 meses,es un torbellino,nada que ver con Rebeca,que era tan tranquila.El amor de ellos es incondicional,no son como nosotros los humanos,que muchas veces amamos x lo que el otro nos pueda brindar.Un abrazo.

  12. Max Zorich dice:

    Que gran don de la palabra Mora, realmente tu forma de escribir puede llevar una simple anécdota a una verdadera pieza de arte. Sigue así ya que tienes un gran talento, y gracias a personas como tú la literatura comienza a manifestarse hoy en día como relatos mágicos a través de internet. Lamentablemente, hoy por hoy lectura es muchas veces reemplazada por la televisión, las redes sociales o youtube, pero las nuevas generaciones deben comprender que también en la lectura está la sabiduría. Mis días son agitados, yo me dedico al transporte en Chile, pero siempre guardo un momento para leer bellos escritos como los tuyos. Aprovecho de recomendarte mi sitio de transportes en Chile, por si algún día vienes por mi país… http://www.puntotrip.cl … y bueno, espero seguir leyendo tus historias, ya que me desconectan del stress del día a día ¡Un abrazo!

  13. Ros Mery Huamán Cruz dice:

    Vengo leyendo cada una de tus entradas y quiero decir que todas son maravillosas, aunque dude muchas veces en opinar, hoy tome el valor, esta lectura me trajo a la memoria al primer perro que papá decidio comprarnos, aquellos años cuando aún era niña; pero un día nos dejo, no fue por viejo, sino porque alguien más decidio lastimarnos, esa mañana todos lo lloramos…
    Gracias por hacer que mi mente vuele con todas tus historias.

  14. Júdith Mora V dice:

    Morita
    ay! Morita lloro, lloro y mucho, tu relato me conmovió, hasta las entrañas, y me dejó el corazón arrugado, chiquitico y triste… Hace un año murió mi perrita, ella estuvo con nosotras 20 años, creció junto con mi hija menor, cumplieron años al tiempo, mi cotufa, porque parecía una cotufa o palomita de maíz, como les dicen, rizada y con ese color blanco amantequillado… una mañana se comió dos tabletas de chocolate de repostería, si, la muy vieja traviesa, y convulsionó -los perros no deben comer chocolate y ella lo sacó de la alacena- y la vimos morir lentamente, y eso duele, duele y mucho, y muchos no entendían que mis hijas y yo pasáramos más de una semana sin poder levantar cabeza, con una tristeza honda honda, y muda…

    Lo siento mucho Morita, mucho… mucho :”’(

    Abrazo para ti y para Elsa… grande.
    <3

  15. Joise Morillo dice:

    Mora, Saludos cordiales.

    Queridos todos, un gato advenedizo y un perro salvado de la calle, curado de sarna, es parte de nuestro peculio hogareño, pero para mí, sería más apropiado dejar esos seres en libertad, pero no, mi idea de orden, de compasión con esos pobres seres desvalidos en un ambiente urbano, padeciendo del secuestro, de la voluntad vanidosa de nosotros los otros animales también; de poseerlos en cautiverio, me obliga a protegerlos de la maldad humana.

    Sé que si los dejo en libertad ahora que los rescaté de la indolencia de alguien que primero los obtuvo, al verlos enfermos los tiró a la calle ni siquiera tuvo la voluntad invalorable de Mora y otros, de dormirlos, aplicarles lo que el eufemismo medico llama eutanasia en los humanos.

    Esos seres, que son propietarios también de la tierra que nos cobija, se merecen, respeto y consideración, mantener un animal en cautiverio, forzarlo a trabajar –cuidar casas por ejemplo- también es esclavizar, por tal motivo pienso que de no ser por lo antes explicado ya hubiera dejado esos animalitos libres, aun cuando lo he intentado, ellos regresan, sienten que tienen un amigo que les tiende la mano, como no quiero dejarlos a la intemperie, los he metido en mi patio les compro alimento, pago para que los aseen, en fin, es un cuido muy dedicado a su salud.

    Pero eso no fuera así si nosotros con nuestro deseo vanidoso de posesión y manipulación en vez de domesticar: perros, gatos, monos, loros, papagayos, cocodrilos, águilas, iguanas sapos, tigres, leones, caballos y cuanta especie nos venga en ganas, estos seres vivieran más felices de los que están en cautiverio y, que nosotros creemos amar.

    Os ama
    Joise

  16. JORGE GODOY dice:

    leo cada entrada me parecen buenas, esta es un relato muy emocionante y conmovedor, la felicito y la sigo leyendo , felicitaciones, y algunos seres se esxtrañan mas cuando no estan . suerte hasta la proxima y gracias por escribir

  17. Elena Flores Navarro dice:

    Mora:
    Me hiciste llorar y quedó en mi un raro sentimiento…no se como explicarlo. Soy plenamente conciente que ” Dios dá y Dios quita ” y nada escapa a su voluntad, y que durante el tiempo que estamos en este mundo son muchas las cosas que perdemos, que se nos van: afectos, un ser querido… Luego de una perdida sólo queda el recuerdo. Trate en estos úktimos años en no pensar en estas cosas, luego de la partida de mamá . Deje correr el tiempo y hubieron otras partidas, siendo una de las más tristes la de Wilberth, mi compañero de todo mi tiempo y de mis largas horas de soledad, El cuidaba de mi como un experto enfermero… pasa que estoy en silla de ruedas y como mis hijas (tengo tres), trabajan y estudian queso sola muchas horas del día. Vivp en el campo en un lugar hermoso, donde solo esta mi casa alejada de todo. Soy periodista pero dejé de ejercer por mi salud.
    Wilberth era mi perro, un viejo pasto inglés ( bobtail), que te aseguro, si tuviera que hablar de él necesitaría paginas y paginas…
    Parece una incoherencia, pero no puedo menos que decir que tú relato es una “hermosa y triste historia de amor”. La lei a la madrugada y hasta ahora siento el dolor de tú perdida que casi la mia…

  18. jose edison chavarro andrade dice:

    Hola Mora
    Cuanto lamento la partida de Polka, pera ella te dio momentos muy felices y te entrego su ternura y lealtad; su partida fue muy lamentable en esas circunstancias.
    Yo vivi la misma situacion con mi Rolfi (Hamster), grande y de color palido como la luna; que comia de mi mano galletas dulces de la tienda y jugueteaba en la alcoba de mi hija cada noche cuando lo sacaba a pasear, trepaba las cortinas y fue ahi donde tuvo un accidente con una de sus piernitas que se le fracturo y aunque el veterinario lo opero e inmovilizo su diminuto hueso; no convalecio a pesar de los medicamentos sumistrados ,pesco una infeccion que maduro su diminuta extremidad. No se pudo recuperar al contrario su cuadro clinico se deterioro y lo mas aconsejable por parte del profesional era aplicarle a Rolfi una inyeccion de sobredosis de anestesia para que su corazoncito dejara de latir.
    Al llegar el triste momento y cuando el asistente del veterinario lo alzo con sus manotas y el asomando su cabecita lanuda me lanzo una mirada tal vez de complacencia por el acto a consumirse, de aliviar su dolor; vi que sus ojos negros se abrieron para despedirse; de mi parte senti un gran dolor en mi pecho como si una gran lanza me lo atrevesara lance un gran gemido y seguidamente comence a llorar deseperadamente ocultando mi rostro en el pecho de mi esposa.
    Ay Rolfi cuanto te extraño, a dos años de tu partida aun te recuerdo por que fuiste unico. te adoro!!


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