Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Enero, 2012

Un cuento para vos

¿Qué son esos esqueletos de cosas abandonadas (Herencia y Ambiente) que se ven en penumbras al mirar hacia atrás? (El lenguaje del gorrión).

¡Esos bultos!, recuerdos convertidos en piedras (Recuerdos); algunos otros en estatuas (La Isla de Pascua).

¡Y la primavera..! (Primavera Roja). Que no nos dejaba ver las cosas en su simple apariencia (Investigación de mercado: belleza masculina). ¿O veíamos más, o hablábamos otros idiomas? (Idiomas de Mozambique).

Hablábamos un idioma que nace adentro, a eso de los quince años, y que después se va olvidando; las letras quedan desparramadas en la sangre. Llamábamos amor a este combate; dolor al sable; lágrimas al escudo.

Una lloraba de amor puro, y le decía a su amante que era una rosa tejida que su amor destejió, para que en el reverso de los años se herrumbrara. ¿Y esto qué quiere decir? ¿Quién entiende el corazón de las adolescentes?

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Otra historia de amor

No era la sombra de un amor que encandila con vestido de fuego (Crónicas de una pasión). No era un canto que golpeaba, era un canto que se oía dentro del alma (Canto a la vida). Ella era la que pasaba por el haz de la luna con un hueso entre los dientes y lo dejaba justo en mi ventana (Claves de luna).

Era una loca enamorada negra que desplegaba pañuelos de magos, o que creía desplegarlos, jugando con las luces del jardín y tropezando con las rosas (El Hechicero Inexperto). A mí me parecía que cuando ella, enorme, aparecía tan negra entre la hierba, empezaba a funcionar por contraste el telar de todas las blancuras, llamadas paraíso (Llegando al paraíso).

O bien nos juntábamos de noche en el jardín -nuestro amor era estrictamente platónico (El Banquete. Platón… )- y éramos sopladas por el viento, tropezábamos jugando a aterrorizarnos con los ojos de la noche (El borde de la noche).

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Interior en penumbras

¡Lo que les debo a todos ustedes! (Te comiste mi cuy…). A los que siempre están, y a los que alguna vez hacen el esfuerzo de mandarme palabras y aliento, o desaliento -ya sabemos quién es este último, y también le agradezco, me hace pensar- (El modelo mental de la terapia de la imperfección).

Estaba en la casa oscurecida para la siesta, por el calor, además, pero no podía dormirme y descansar mi acostumbrada hora diaria (La eficacia personal).

De pronto una idea, mejor dicho una ilusión casi fanática (Recolección, tratamiento y valoración de las ideas), me hizo levantarme de la cama: quería hacer con mis propias manos un vestido, un vestido precioso para mi hija (Cómo criar hijos felices).

Yo no coso más que ruedos de pantalones o faldas, no sé casi nada de ese oficio mágico, cuando de tus manos sale algo que antes no era más que un trozo de tela, un trapo sin utilidades (Sobre los trajes profanos, afeites, escotados y culpables ornatos).

Tengo el recuerdo difuso de haber leído en Virginia Woolf una descripción de una mujer cosiendo, del estado meditativo que desciende sobre ella. No sé si fue en… ¿Al faro? Pero lo busco en esa novela y no lo encuentro por ningún lado (La novela); de pronto surge el fantasma de alguien que oye cantar a los pájaros en griego, y ahora estoy segura, es en La señora Dalloway; lástima que ya no tengo ese libro.

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Lola, sequía y raros diarios íntimos

Pasé unos días de espanto y maravilla conjugados (De la barbarie a la compasión).

Eso suele dejarme sin tinta… (La palabra, el escritor y la poesía).

El espanto fue la sequía: los pastos se pusieron amarillos y se quebraron, las flores se fueron, pero lo terrible no pasaba por cuestiones estéticas (Estética). Casi todo mi país, Argentina, está secándose: se perdieron cosechas, se perdieron muchísimas esperanzas (Aumento de los precios en un desastre natural -Perú-).

Nosotras, para refrescarnos, robábamos agua de las piscinas de los vecinos ricos que sólo vienen los fines de semana y, ahora, nunca. Elsa cargaba baldes y baldes de agua con mucho cloro y algunas bacterias que no sabíamos… (Las Bacterias).

La alegría fue enorme de todos modos: vinieron a visitarme -justo durante ese infierno en el que nunca hubo agua ni para bañarse ni para tomar, y el río se secó también- mi hija, Mane; mi nieta Lola; mi sobrina Lucía; mi hermana, Huerto: realmente fue un baño de amor (Las felicidades terrestre y celestial). Ahora era Huerto la que cargaba baldes robados de las piscinas vecinas (El cine como instrumento de resguardo y…).

Tengo de un modo anterior -es broma, Eric, la redacción que utilizo- una nieta llamada Antonia -hija de Ignacio- que va a cumplir trece años y es bella, ecologista, luchadora, inteligente y aguantadora, en este caso como la yerba. Pero a Lola no la había visto mucho, al menos a mi entender de “abu”: la vi al nacer, cuando apareció con sus enormes ojos abiertos de la sala de maternidad hasta la mirada de Claudio, su papá, y mi mirada que estaba allí esperándola. Después estuve con ella pero no la vi crecer tanto como un año y medio, ni llegar a ser tan bella: las fotos eran mis fetiches, ¡viva internet que me mostraba a Lola!

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Relato de la Noche Vieja

En la noche el silencio para mí es como que da pasos el papel donde está escrito tu nombre (EL Papel y su Utilidad). La oscuridad es la escritura de aquellos que velan dulcemente mi insomnio de Fin de Año (Historia del sueño y su estudio), y a pesar de que los años y los meses cambian de nombre de continuo, yo descifro en la sábana en sombras la eternidad del tiempo (El destiempo).

Empiezo a caminar por la casa, confundida, errática, diciéndome que están esperándome laberintos, abracadabras, difuntos, fantasmas (Angustia y miedo). Diciéndome que soy pequeña, que mi bastón apenas es un fósforo encendido por miedo de niña (Los derechos del niño), y la casa que tiene enredadas memorias de doncella me busca (Búsqueda heurística).

Sí, me busca la casa antes, un poco antes de las doce de la noche (Cómo prepararse para un año nuevo), y yo la sigo cuarto por cuarto en una solitaria procesión que persigue la divinidad de no sé qué Todo (Curso de meditación…). Escucho los ruidos acercarse, pregunto: “¿Es la paloma, es el murciélago, es el topacio que cayó de los libros de versos; qué sonidos son éstos?

Algo o algunos que me escucharon se movilizan, mueven sus lenguas al compás de la bruma quieta: “No, pequeña, eres vieja -me responden-; somos los huesos rotos de la vida”.

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