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por Mora Torres

 

El corazón de Dostoievski

Ya que estamos a punto de escribir nuestras propias novelas (Inmigración y literatura: novelas) voy a hablarles un poco, lo poquito que sé, del hombre que hizo una obra extraordinaria con la materia de su vida, Fiodor Dostoievski (Crimen y castigo de Fedor Dostoievski) -me sentí raramente orgullosa cuando recibí como regalo, en respuesta al post de la semana pasada, el saber que tanta gente está dispuesta a empeñarse en escribir una novela, trabajo que no necesita de genios (Mistificaciones del culto al genio) -no hay demasiados Dostoievskis- sino de constancia, y que además, resulte lo que resulte de lo escrito, es sanador y protector de nosotros y nuestra memoria (La memoria social como construcción colectiva del presente).

En los días vertiginosos de mi primera juventud -porque ésa es la edad de las tragedias del corazón (La juventud)-, yo leía con fervor a Dostoievski.

Lo leía de una manera diferente a como lo hacía con otros escritores: Proust, por ejemplo (Re-descubrir el fuego). Proust, en aquella época en que nada se ahonda, era como saborear un exquisito pastel, escuchar músicas delicadas, vestirse de princesa.

Dostoievski era lo oscuro del corazón, aunque yo ya podía percibir dentro de esa fatalidad la ingenuidad, la ternura de los “retratos” que pintaba, las personas que eran su materia, esas “pobres gentes” llenas de grandeza y de drama que tenían un aire de mi tierra latinoamericana (Investigación documental acerca de los escritores latinoamericanos y su enfoque de la humanidad).

Y como era para mí el momento de los grandes amores, yo estaba enamorada -además de un muchacho real que bien recuerdo- del protagonista de Crimen y castigo.

Raskolnikov, dicho protagonista, era alguien que fácilmente podía confundirse con el agua, por lo transparente; con la luz, por ciertos diálogos y monólogos de extremada lucidez.  Sin embargo, como casi todos sabemos aun sin haber leído Crimen y castigo, él ha cometido dos asesinatos, guiado por la idea de que “el fin justifica los medios”, digamos, es decir, de que todo acto realizado con sentido “humanitario”, aun el asesinato de dos pobres ancianas usureras, es noble y está por encima de toda maldad. Por supuesto que la realización de sus “teorías” se convierte para el joven y puro Raskolnikov en un infierno que lo seguirá adonde vaya, en una culpa que será, más allá de toda prisión física, la prisión del alma de uno de los personajes más hermosos de la literatura.

Y desde muy joven -y con poca imaginación- yo quería escribir una novela -que al final “cometí”- en la que el protagonista, leyendo Crimen y castigo, se fuera transformando en Raskolnikov.
Pero no importa lo mal que salió semejante relato, una especie de bizarrísimo Quijote -¡a salvar enormes distancias!

Lo bueno fue que fui conociendo a Raskolnikov desde todos los ángulos, hasta los ángulos que Dostoievski olvidó describir -por supuesto que esto no es más que una simpática fanfarronada, amigos.

Lo verdaderamente bueno fue que un poco fui conociendo a Dostoievski a través de sus novelas, y cuando llegué a saber algo de su vida fue cuando encontré la fuente de donde surgieron; la vida de Fiodor es casi más elocuente y romántica, triste, desencajada, que cualquiera de sus relatos.

De dónde viene “el corazón” de Dostoievski

Voy a hacer un ejercicio que quizá algunos reprobarán y otros corregirán con buena voluntad. No voy a leer ahora la biografía de Dostoievski para pasarles algunos datos, sino que voy a enumerar los que recuerdo -y que tal vez recuerdo mal, pero ésa es la figura del escritor que está en mis entrañas -de cualquier modo, trataré de recordar lo mejor posible.

Sé con seguridad que nació en 1821, justo cien años antes que mi madre -por eso no lo olvidé.
En Rusia, en San Petersburgo, en un hospital de caridad donde su padre era cirujano.
Como en el tango -o como, quizá, en alguna valalaika-, su madrecita era una santa; su padre un avaro que hacía que la familia pasara miserias e infortunios para ahorrar para el día en que pudiera comprarse un campo -y comprarse también campesinos esclavos- y retirarse de la cirugía -y de la carnicería que ésta provocaba en la vida tristísima de su familia en un hospital. Tiránico y egoísta según he leído, pero, ¿habrá que creerlo todo de los biógrafos?

Lo cierto es que la madre murió muy joven y el padre, después de retirarse al campo con sus mujiks, se preocupó de enviar a Fiodor y a su hermano mayor a estudiar ¡ingeniería!, muy lejos, no sé dónde -para completar mi relato tal vez baste con examinar Wikipedia.

Dicen que así empezó la carrera literaria de Fiodor: escribiendo mendicantes cartas a su padre, rogándole le enviara dinero. Pero dicen también que, si el propósito de las mismas no era de gran nobleza, la escritura sí lo era: casi hacía llorar a su miserable progenitor, y a veces conseguía sus propósitos.

Pero un día, estando en esos lugares cuyos nombres no recuerdo y en plan de estudios, recibió un mensaje fatal: su padre había muerto asesinado.

Acá empezó el vía crucis de nuestro santo Dostoievski: su primer ataque de epilepsia. Según gente tan sabia como Sigmund Freud, la enfermedad comenzó por la culpa que Fiodor experimentó: la alegría de la muerte de su padre, a manos de sus campesinos tiranizados –más adelante, en Los hermanos Karamasov, consuma literariamente el parricidio.

Vuelve al variopinto San Petersburgo –estoy haciendo rápido con mi memoria- y se pone a vagar, a recoger impresiones de las calles, y escribe su primera novela, Pobres gentes.

El éxito –extrañamente- es inmediato, y a los 23 años se consagra como el “creador de la novela social”.
Pero los literatos tienen malas juntas, dilapidan, beben. Conoce por las calles de Petersburgo a sus demonios –después escribiría una de sus mejores novelas con el tema, Los demonios- y lo atrapa la policía del zar en una mesa de café donde los revolucionarios intentan arreglar el mundo: en ese caso se trataba de atentar contra el “benevolente” Zar.

Seré más rápida todavía, a ver si recuerdo…

Lo mandan a Siberia y lo encontramos ya frente a un pelotón de fusilamiento. Mira el sol reflejado en una cúpula y se dice: “Ay, si yo pudiera vivir, tan sólo para seguir mirando el sol sobre esa cúpula y no hacer nada más”. Y se escucha el “¡Apunten, fuego!”.

Pero el fuego no brota.

Aparece un emisario de a caballo y grita: ¡Nuestro inefable zar, en su infinita benevolencia, os perdona la vida!

Pasa varios años confinado en Siberia, y olvida su condición de escritor, aunque observa. Y también se enamora.

Cuando recobra la libertad, vuelve a su lugar de nacimiento junto con su primera mujer, y ahí empieza el horror de su matrimonio. No es falta de amor: es la epilepsia de Fiodor y la tuberculosis de Maria.

Entretanto ha vuelto a ser un desconocido, pero figura en el Registro de Escritores de la ciudad, por lo que le hacen un préstamo para viajar a Europa. Va a París, y se detiene antes de llegar en Baden, entra al casino, como una larva se le adhiere la adicción al juego, y a la pérdida –todo nos lo contó en otra de sus novelas, El jugador.

Envío

Después de todo mi esfuerzo por recordar, quiero que ustedes me ayuden a seguir la historia. Ya mucho está dicho, pero faltan tragedias.

En nuestro aprendizaje de novelistas deberemos recurrir muchas veces a la información que pueden darnos las enciclopedias, las biografías. ¿Se animan? Creo que sí, fueron tan buenas las respuestas a mi humorada sobre cómo escribir una novela…

Les agradezco a todos, a cada uno los quiero.

Mora

Editorial, Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “El corazón de Dostoievski”
  1. Jose Itriago dice:

    La muerte rondando, tocando puertas; el sufrimiento; la rebelión contra la injusticia, la aceptación de esa misma injusticia como estigma con el cual hay que vivir lo que quede. Esa es la historia reiterada de la humanidad. A algunos cada golpe los talla, aun los más vergonzosos, y nosotros podemos ver la luz que a veces ni ellos mismos perciben, que nos encandila y absorbe. Solo en la luz podemos ver lo oscuro que es todo. “Crimen y castigo”: rayos de luz en una larga pesadumbre.

    Pero todos los muertos tienen la misma edad. Cuando muera, tendré la misma edad de todos mis antepasados, también de Fedor, de su padre y de los siervos que lo ahogaron en vodka. Es una edad abstracta, que no se mide con años ni experiencia, sino con el significado que debe tener haber tenido la existencia, olvidada, convertida en tierra, quizás la que pisamos. No se mide con placas, estatuas u obras. Einstein ya es igual a millones de muertos. Quedó su obra, pero es independiente de él. Cuando ves el cuadro de los “Fusilamientos del 3 de mayo” no ves a Goya, ni a Napoleón ni a Godoy. En general, ni siquiera sabes en que año fue. Pocos conocen la historia. Pero aquella luz, las manos alzadas como un Cristo y la camisa blanca como una bandera de la pureza del pueblo; en contraste, la rectitud y el paralelismo de los fusiles; el instante mismo que se vive, eso si lo recuerdas. Esos muertos tienen la misma edad que Fedor y cuando yo muera seré igual a todos, todos nos emparejaremos buscando el mismo olvido.

    Mientras tanto, sentimos que tenemos vida a raudales y brillamos como el alambre entorchado de los cuadernos, que sostienen la carátula de cartón y sus hojas rayadas. Un cuaderno que vamos llenando de sueños, de obras, de esfuerzos y sobre todo, de ilusiones y que, como los cuadernos del colegio, la decoración de su carátula no tiene nada que ver con uno, ni con el momento que vive. Son figuras triviales que deben recordar constantemente la intrascendencia de todo aquello que será escrito en sus páginas. Pero en ese mismo cuaderno anotamos los conflictos que tenemos que vivir, el cansancio que termina llevándolo a uno por el camino de la pasividad, una especie de genuflexión humillante.

    Al principio, parece que no se acabarán nunca las hojas, a pesar de que al final, todo se resumirá en una línea. Pero me gusta imaginar el brillo del alambre entorchado, como un resorte recién pulido y dedico la vida y la dedicamos todos, tú Mora y Fedor también, a reunir y preservar hojas y hojas de vida, donde caben subrayadas las palabras dulces que hemos dicho y oído, es verdad, Caben los desenlaces, a veces tan diferentes a los que esperábamos, es verdad. Caben los pasados y los futuros desteñidos, es verdad. Y cabe esa nueva forma de resignación y aceptación de unas realidades que no son ni tuyas ni mías, que no queremos saber porqué quedaron allí escritas, porqué ocupan tantas hojas de nuestra vida si nos son tan ajenas, tan alejadas de nuestra forma de ser, es verdad.

    Fedor ejerció la condición humana, contradictoria, sangrante. Pero tuvo la suerte de que la parte pura, su anhelo poético de justicia social, quedara registrada fuera de su propio ámbito, fuera de su mundo privado, en ese cuaderno donde se anota lo que vivimos y muchas veces no entendemos o no aceptamos, a pesar de que estamos dentro de él, que somos el cuaderno que hoy se nutre del recuerdo del amigo Fedor.

  2. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Fedor, fue uno de los grandes, escribió desde su propia esencia. Puedo traducir algunas de sus vivencias como el que vive “a concho”, (así llamamos en Chile al que vive con todo, con pasión) cada minuto de su existencia. Lo puedo imaginar muchas veces sucio, sin dormir, ni comer, escribiendo con sensibilidad casi a oscuras el carácter de su libertad, sintiéndose capaz de actuar como siempre deseo, fue un ser asumido y realizado, loco, pero feliz. Es una lástima, pero siempre es igual, después de…se le concede la primacía de los más elevados en lo que se hayan destacado.
    Recopilé algunas frases de su autoría, de las cuales algunas se identifican con mis valores; creo en la vida con propósito.
    La vida que se nos dio hay que disfrutarla a pesar de todo, al mal tiempo: “buena cara”, buen ánimo, de vez en cuando hay que hacer una fiesta, la vida sin fiesta es como un largo camino sin posadas.
    La vida es un tránsito; el mundo es una sala de espectáculos; el hombre entra en ella, mira y sale. (Demócrito de Abdera).
    El pensamiento escrito de Fedor:
    Sobre el amor:”Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con que se ama”. El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.
    El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para que se vive.
    La existencia: “Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad.”
    Sobre lo eterno: “Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular”.
    La humanidad: “El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor”.
    Sobre el dolor: “Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos”.
    El fracaso:”La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto”.
    Sobre las mujeres: “Hermanos, no temáis al pecado de los hombres; amad al hombre aún en su pecado, pues un tal amor asemejase a Dios”.
    Los celosos son los primeros que perdonan, todas las mujeres lo saben.
    Con estas frases Fedor parece haber existido con la inteligencia de Einstein, que tan sólo le bastaba mirar para entender, es como si hubiese vivido en todos los planos existenciales a la vez. ¿Cómo podía conocer con certeza que las mujeres eran perdonadas por hombres celosos? Tal vez, él fue uno de ellos. Su pensamiento sobre el dolor que vivieron y aún viven los hombres, es muy cierto, lo digo con propiedad, desde mis raíces. No solo se vuelven más inteligentes, sino que se elevan en espíritu, se produce discernimiento, lo que para mí se traduce con observar la vida con los ojos del alma, existe un crecimiento más allá de lo físico. Es un bálsamo entregado por Dios, que pronto se diluye con las trivialidades y el torbellino de la vida…
    Ánimo amigos que el camino continúa, la vida no la tenemos hecha de antemano. Debemos nosotros trazar sus líneas maestras, orientarla de la mejor forma, visualizar las rutas por las que ha de moverse. Estos caminos no se disipan como las estelas de los barcos, quedan grabadas en nuestra biografía personal, en la configuración que vamos dando a nuestro ser.
    Aunque el reconocimiento de lo bueno que hayamos hecho no sea reconocido ante nuestros ojos, la recompensa es más tarde y mejor.
    Los amo, pero más a Dios.

  3. Joise Morillo dice:

    Dostoievski (1822-1881), ingeniero, escritor, aun cuando no era filósofo, igual que Nietzsche, Miguel de Unamuno, se sitúa, según Herder a comienzos del S. XX, en su más alto índice de influencia en la corriente existencialista, su desarrollo llega hasta los cincuenta aun cuando aun influye en algunas escuelas filosóficas, manifiesta en Sartre y Camus.

    “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”.

    Máxima que le atribuye al individuo una razón humana, el ser antes que la esencia como primacía, derivado de la existencia misma del individuo.

    A diferencia de la ficción manifiesta en la realidad cómica de los años 90´s representada por la Joven Smart “Daria” quien es aceptada en una prestigiosa universidad por señalar la eliminación del dinero como fórmula de mejorar las diferencias sociales. A Dostoievsk, lo condenan a prisión y casi que lo fusilan por pronunciar en alta vos “vamos a la revolución” después de oír a uno de sus coterráneos –encarcelados por agitadores- decir que la única forma de acabar con el flagelo de la servidumbre era con una revolución.

    Triste, y martirizada la vida de Dostoievski, quien vivió hasta la víspera de su muerte en la pobreza, padeció de cárcel por algo que despreciaba, al socialismo.

    En su “Diario de un escritor” en el ocaso de sus años, recordó de su juventud:

    “Soy posiblemente uno de aquellos para quienes el estudio del alma rusa y, el conocimiento del espíritu popular ha sido lo más fácil. Provengo de una familia rusa y piadosa desde la época en que tengo conciencia de mí, recuerdo el amor que me testimoniaban mis padres, en nuestra familia conocíamos el evangelio desde mi más tierna infancia”

    Esto anterior identificaba al autor como no marxista definitivamente, desde “El Sosías 1868 hasta recuerdo de la casa de los muertos 1862” sus obras relatan la miseria que padeció durante su vida, tanto por su enfermedad –epilepsia- como por su permanencia en la cárcel por una causa en la que no comulgaba.

    Esa es la verdad que yo relato, lo más profundo de la reflexión en una narrativa, cotidiana, en vez de contraponer el deber ser a lo que ha sido, es la verdad en carne propia con lujo de descripción.

    Dostoievski, un hombre lleno de contradicciones internas, sin embargo sus obras están llenas de una profunda comprensión psicológica, que demuestran en lo concerniente a las motivaciones y las contradicciones de la vida humana, creía firmemente que la regeneración humana vendría a través del pueblo ruso y mediante la religión cristiana rusa, La iglesia Ortodoxa.

    El individuo, vive su experiencia y la soporta en la medida de enfrentar la verdad que le acontece, esa es su libertad, es lo que le ha tocado vivir, su existencia. Para Dostoievski los seres que sufren y se sienten humillados, los poseidos por una pasion corporal o intelectual son los que representan la verdadera humanidad.

    Os ama
    Joise

  4. Iván Salazar Urrutia dice:

    Dicen que Chile es el Sur del mundo, el fin del mundo. Nosotros, los chilenos, preferimos creer que se trata del país que inicia el mundo; depende de si el norte es arriba o el sur es arriba. Tal vez llegamos tarde a la repartición de verdades…
    Leer a D. bajo la lluvia, al son del ritmo de la lluvia, en medio de la cerrazón de las aguas cayendo en el interminable gris de os inviernos del Sur…. Las Noches Blancas, Los Hermanos C.., Crimen y Castigo…
    Raskolnikov (o como se escriba). No sé. Parece como el escenario natural a tanta emoción, tanta vida interior, tanta tristeza acumulada…
    Especialmente este tal Raskolnikov, castigado durante todas las páginas al crimen cometido, a la pena no reconocida, al castigo que espera….
    D. es, para mí, la voz en la noche y la pena enorme de vivir.
    Un abrazo ya envuelto en el recuerdo de la nostalgia,
    VANCHO



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