Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Las escrituras de las sábanas

Cuando rescato algunos de mis cuentos perdidos en antiguos cuadernos (Hölderlin y su Tiempo), parecería que el tiempo pasó dos o tres veces por allí (Huellas de mi silencio).

Los recuerdo muy poco, casi nada, y a veces ni siquiera los recuerdo (Olvido), por lo que algunas veces la lectura se convierte en la primera lectura de un escrito de fantasmas que hurgaron mis papeles (Fantasmas. Crónicas de un viaje al interior).

No tengo mucho de que admirarme, la verdad, cuando eso sucede. No son narraciones de gran porte ni de buena factura ni de imaginación desbocada (El bosque. La imaginación y el miedo).

Pero sí, a veces, me sorprenden los temas, por lo simples (Simplicidad y Complejidad).

Muchas veces aspiré a la simplicidad, y alguna vez, se ve, la he conseguido.

¿A quién se le ocurre un cuento tan sencillo como el de alguien que empieza a dirigir un taller literario, y que está a punto de caer en el punto ciego en donde se juntan los hechizos con las manchas cotidianas, de suciedad o de dolor? (La rutina expulsa el pensamiento creador).

Pues, a mí.

Las escrituras de las sábanas

Era domingo por la noche y era un ambiente de milagro el que creaban las sábanas dibujadas con raros caracteres, la vacilante luz que llegaba desde la cocina, la ropa amontonada a los pies de la cama, el silencio surcado de pequeñas respiraciones y del sonido del reloj, que no hacía tic tac sino que repetía locamente una palabra, una palabra que golpeaba, como hu-lé hu-lé, o col-mó col-mó.

“¡Basta”, se ordenó a sí mismo Guido; “ahora debo dormir.”

Mañana empezaría a dirigir el Taller Literario y esto lo importunaba.

Él era un escritor, no un profesor, ni un crítico, ni un erudito. ¿Y qué significaba un taller literario?

Taller era una escuela, un seminario, un estudio de pintor, no de escritor.

No entendía muy bien, pero había aceptado el nombramiento porque el trabajo como cronista de policiales en el pequeño diario El Regional estaba muy mal pago.

Se durmió; cuando se despertó el bebé lloriqueaba a su lado, y no había nadie más en la casa.

Preparó el biberón y se aplicó a alimentar a Pedro. Con la luz de la mañana habían desaparecido las escrituras de los duendes y lo que había sobre las sábanas eran manchas de comida, de talco con aceite, de ungüentos ásperos, de menstruaciones y café.

Perla -al volver de llevar a los chicos mayores al colegio-lo vio vistiéndose con el traje marrón y la camisa y la corbata beiges.

Ella le dijo en broma:

“Te adornaste para seducir talleristas” -y un milímetro de milímetro se le desvió el ojo derecho. Ella era muy delgada, de cabellos opacos, pero su encanto refulgía cuando le aparecía la bizquera.

Sin embargo, Guido miró el reloj y comprobó con pena que se había hecho demasiado tarde.

Pensó en la fauna mitológica que debería afrontar dentro de un rato: señoras que al llegar a la edad madura habían presentido que su vocación era escribir; solteras decepcionadas que buscaban un novio literato; románticas que olían a lavanda y se llevaban la mano al corazón recitando los veinte poemas de Neruda, y más aún su canción desesperada.

Al comparecer en el Taller, nada era muy distinto de lo que había imaginado.

“Escribir es muy fácil”, empezó a decir Guido. “Tenemos todas las palabras y sólo hay que tomarlas y acomodarlas  bien. Es como armar un rompecabezas, están todas las fichas…”

“Con una diferencia”, interrumpió una pelirroja deslumbrante. “Que al rompecabezas hay que armarlo siguiendo un modelo. Uno no puede dejar un brazo sobre la cabeza, o poner una pierna a manera de cara. Hay que hacerlo perfecto. Con la escritura es diferente; uno debe crear un modelo especial de figura, un hombre con tres ojos, al que le falten y le sobren piezas.”

A Guido lo que le sorprendió no fue la teoría sino la silueta altamente provocativa de la pelirroja. Al llegar no la había notado. Era como si hubiera nacido de esa masa de señoras informes que pedían a gritos una flor, un poema o un amante.

Guido leyó en voz alta algunos párrafos de cuentos y poemas que le alcanzaron manos temblorosas. Corrigió, descalificó muy dulcemente, descubrió dos o tres palabras juntas que podían ser buenas, elogió esfuerzos, aconsejó lecturas.

Al terminar estaba tan cansado y enojado consigo mismo que pensó que no podría volver el otro lunes al Taller, y se quedó dormido ahí, en un sillón de pana verde que le habían asignado.

Soñaba que él no era Kafka, pero una voz de mujer, grave y ardiente, le dijo desde la puerta, y esto no era parte del sueño:

“Leí todos tus cuentos publicados, hace mucho que deseaba conocerte, Guido”, y ahí estaba la pelirroja.

Era Helena con hache, un detalle determinante para ese momento de Guido. La hache la bordaba con canciones griegas.

Y parecía muy sabia Helena -transfiguraba la conversación sobre literatura con su voz y sus gestos; la convertía en duendecillos, en huesecillos.

El humo que los rodeaba se hacía muy voluptuoso. El residuo que quedaba eran imágenes que se rompían, burbujas donde ellos dos, Guido y Helena, iban hacia un lugar, un prado, de transparencia y desnudez.

“Ahora tengo que ir a mi trabajo del diario, y lo lamento porque es hermoso conversar de este modo con vos”, dijo Guido, escurriéndose el humo, el residuo y el prado.

“Podemos seguir conversando en mi casa esta noche”, le sugirió la pelirroja.

Guido pasó toda la tarde en El Regional intentando escribir una nota sobre la niña violada en San Alberto, noticia que había trascendido al mundo porque en el caso estaban implicados políticos, empresarios, y un director de cine.

Le costaba escribir.

Sobre el papel, más que la niña violada en San Alberto aparecía la pelirroja con todo su esplendor, llamada Helena con gran clarividencia de sus padres, porque qué reinos no era capaz de destruir, y qué otros de opacar, como el reino tan hasta hoy indestructible de las sábanas sucias.

Salió del diario rápidamente, antes, sin haber terminado la nota, con ansiedad frenética.

Pero ahora, después de haber bailado con la ráfaga roja y después de haber sido conducido hasta la habitación donde Helena apartó el cubrecama de piel de leopardo y la lujosa funda almidonada, no sabía qué hacer. No podía seguir, acariciaba con la punta de los dedos el bordado ostentoso del doblez de la colcha, y más se desinflaba, más se helaba, más se ablandaba y se percibía como una babosa presa en la jaula del tigre.

Se vistió como un enajenado, corrió a su casa y constató el hu-le hu-lé junto al col-mó col-mó.

Perla yacía entre las sábanas escritas, todavía despierta sin embargo, con el milagro de los raros caracteres y de la ropa de niño amontonada; y la besó y la llenó de prados, de burbujas, de señoras calientes, de violadores, de noticias, de pelirrojas incitantes, como si la luz de la mañana -reveladora- no fuera a llegar nunca, para toda la vida, para todos los días era noche y misterio.

Envío

Como verán -José, Vancho, Benjadem, Blanca Estela y todos mis escritores favoritos- yo no tengo inhibiciones para el rescate…

Y a todos los lectores les mando mil besos, y un pedido de rescate…

Mora

Editorial, Monografias

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Comentarios

12 respuestas a “Las escrituras de las sábanas”
  1. jorge iglesias rojas iglesias dice:

    me parece estupendo la forma de escribir aunque obviamente infantil .Gracias

  2. eric polten dice:

    Despues, me tratan mal, me dicen un monton de cosas que hay que ser muy , pero muy hombre para bancarselas, y sigo teniendo RAZON, no voy adentrarme mas en este tema, porque en el fondo ne dio un tremendo ataque de risa - y no es que el talon se reia porque la media estaba rota - creo, que cada dia que pasa me estoy aproximando, a lo perfecto.

    nota: ahora mi tia de La Rioja que vende papas, vende tambien perejil.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola Mora,

    Desafortunadamente, por carencias que reconozco, no soy escritor !de verdad! No obstante, como vos –a diferencia que: vos si sois escritora- no tengo inhibiciones, por tanto me regodeo en opinar que: el autor que presenta la frase de la semana, si bien tiene –en parte- razón. Le falta completar que Moral y amor respecto al prójimo (Tomás) son la misma cosa, la diferencia estriba en la ética que contiene -regula- la moral.

    Frase de la semana

    “Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral.”

    José Ortega y Gasset

    Vuestro manager del taller literario, mató dos pajaros de un solo balazo contuvo la concupiscencia (ética) y mantuvo un valor social mas elevado (la familia).

    En verdad, parecen cosas de Gregorio Samsa, pero, digo:

    “una cosa piensa el burro y otra el que lo va a montar” (proverbio locuaz)

    Os ama
    Joise

  4. Cecilio Aguilar Polanco dice:

    Gracias Mora por este Cuento.

    Obligaste a la panalla de mi imaginacion a provocar una pelicula en 3era. dimension. Con este cuento descansé un poco. Despues de calcular prestaciones laborales y liquidar(nos) a todos los empleados de la empresa donde trabajo previo a unirnos al ejercito de desempleados porque cierra operaciones; leer el cuento me sirvió de Terapia Ocupacional el día de Hoy, ¡Ojalá lo continuaras y lo vendieras para con ello hacer una pelicula un poco distinta de las que se estan produciendo hoy! (Debido a que escacean los escritores Buenos)

    Saludos Mora y Asociados.

  5. lucia alvarez dice:

    hola, gracias por confiarnos -oh, narrador generoso- tus pesadillas y tormentos, lo cual no es tan infrecuente entre la gente que permite a sus demonios y a sus musas tomar por asalto sus espíritus.

    me reconforta saber que ese narrador tuvo las bolas de corregir los devaneos de su lascivia, y de entregarse al amor con autentica pasión.
    salud y paz

  6. Jose Itriago dice:

    Quizás lo que importa es hasta que punto hay que mantener una relación con la verdad. Un enano y un niño, en un momento dado, son muy parecidos, aun cuando todos sabemos que al paso de los años el niño crecerá y se moverá en el círculo general de la sociedad, mientras que el enano cambiará su lenguaje, la forma de ver a los demás y el mundo donde expresarse. Otro mundo. Pero cuando en niño tiene doce años, por ejemplo, y el enano 14, se ven muy parecidos y seguramente hablarán de lo mismo.

    Pero ambos utilizan las ideas. Son su armas. No obstante, me atrevería a decir que por el solo hecho de ser enano, sus ideas estarán en desventaja para competir, aun cuando sean idénticas a las expresadas por personas que denominamos normales.

    Yo diría: no se angustien si me encuentran llorando, no estoy triste. Son expresiones que se vuelven realidad para los demás, que se conmueven y ni siquiera saben si las lágrimas son de alegría o de dolor o de constumbre o, incluso, de rabia e impotencia. Pero es un hecho creado, ya es irreversible, estuvo allí y fue visto. En cambio la tristeza, que si que pesa, que magulla, aplasta y acaba no se ve. Lo esencial que es invisible a los ojos, diría Antoine de Saint Exupéry.

    Es como cuando se va a esas grandes tiendas que mantienen encendidos decenas de televisores, en silencio, con la misma imagen. Parece que es lo mismo, pero no, hay sutilezas: las más obvias, la nitidez que permite leer la mente del expositor a través de las pupilas y las miles de mini arrugas que tiemblan, se mueven, casi como un baile o una procesión y dicen, ¡vaya qué dicen cosas! Y el locutor no puede ocultarlas. Puede que tampoco le importe hacerlo, pero si tratara de ocultar su emoción, algunas de las pantallas lo traicionaría. Y en otras sale verdoso, como descompuesto, a punto de vomitar las noticias y en otro rojizo, como satisfecho, muy satisfecho. Todas las pantallas parecieran decir lo mismo. Pero no, según y como sea la noticia y cómo la interprete cada quien, sólo algunas -quizás una- dirá lo correcto.

    Estoy escuchando otra vez a Gubaidulina. Y su fagote mientras leo sobre el cuadro de Lichtenstein que bate récord mundial para el artista. “I Can See the whole room” que se subastó el martes en 43,2 millones de dólares en la venta de Christie’s realizada en Nueva York.Es un cuadro de tipo “comic”, o sea del Pop Art, un cuadro de una serie, donde el “héroe” separa un visor y dice que puede ver todo el cuarto, pero que no hay nadie.

    Definitivamente, el arte vale lo que pagan por él. Es asunto de “moda”, como quien compra una camisa de Dior porque es de Dior. El arte en sí, ese que hemos tratado de definir, de entender, queda para la historia, para que sea analizado después que las modas pasen. Así que estamos jodidos. Uno trata de vivir el mundo del arte. El mundo del arte fue desplazado por la industria del arte. La industria del arte es efímera y exhibicionista: lo importante es comprar (aun más que vender). El valor de reventa quemará los ídolos del momento, pero ya serán multimillonarios y podrán pintarse las uñas.

    Naturalmente si estuviera oyendo otra cosa, un buen jazz o algo parecido, quizás mi visión sería otra, pero estoy con Gubaidulina que te atornilla cada idea, que espera, pacientemente, que la confrontes con tu estar en paz.

    Por eso, otra vez, para mis ojos ese arte está en la edad en que los enanos se confunden con los niños. Faltan muchos años para reconocer, a primera vista, que son bien diferentes. Pero no debo tratar de corregir al arte, sino a mi, a mi capacidad de entenderlo. Sé que me faltan años para entender ese arte, para diferenciar al niño del enano y creo que me seguirán faltando.

    Pero mi propia analogía me condena y me separa del relato: el enano estará en eterna desventaja, no hay verdad en eso de respetar las diferencias. No. Antes al contrario, se extreman. El relato de hoy era convencionalmente bello: la fidelidad vence y punto final. Wagner dejaba siempre un hueco porque cada estrofa musical era como incompleta, uno esperaba que concluyera, pero quedaba como en punto suspensivo y cada vez a un nivel superior de angustia.

  7. Jose Itriago dice:

    No. Uno debe evitar escribir corrido, a la primera idea,. Antes quise explicar, muy mal, por cierto, que un cuento de muchos años atrás, cuando existían ataduras insalvables, de estructura muy juvenil, semejante a esas historias felices, escritas por personas más sabias que nosotros, que entienden el valor de poner unas vendas oportunas de satisfacción a una vida dura o gris o pálida, vendas que cubran con resignación el abandono de algo que podía llevar luz a un recóndito escondite del alma, se vería – en este caso- como el simple triunfo de la fidelidad sobre la tentación y que ese cuento, visto a la distancia de cuando se debió escribir a cuando lo leímos, me pareció como un enano y un niño observados desde cierta distancia, donde ambos se distinguían por las similitudes.

    Supuse que era un cuento viejo, uno de los de antes. Perfectamente ajustado a una etapa de la vida de alguien amarrada, con cierta satisfacción y más resignación, a un estatus que debía conservar. Pero que parecían un enano y un niño de pocos años, cuando aun no se hacían evidentes las diferencias. Diferencias enormes, insalvables.

    Mejor me hubiera enfrascado en la “escritura entre las sábanas”. Naturalmente, tendrá que ser de palabras largas, inconclusas, que cuando casi terminan de expresar la idea, se interrumpen por un movimiento brusco de un pie, una mano y comienza de nuevo no sé si el mismo u otro diálogo. Es como si empezara diciendo: “Ciertamente no. Le diré que pienso lo contrario. Creo que cualquier onda de esta sábana preformada por un cuerpo trata de explicar qué se sueña, que no es lo mismo que…” y en ese instante ocurre una perturbación, un movimiento que cambia totalmente el discurso, quizás hasta el sujeto mismo y sigue el mismo u otro diálogo: “Quisiera revolverme para mirarla. Siento cierta urgencia en verla, detallarla. No me basta un perfil sugerido. Lo que puedo hacer es soltarme, desprenderme, dejando al descubierto buena parte del muslo y la espalda. Quisiera poder darle la vuelta ….” Y otra interrupción, donde entra, tal vez, la misma de antes, o una nueva que entiende de sueños y ve que los de ambos andan por mundos tan diferentes, tan divergente, que no podrán coincidir, que será forzar la situación, pero de todas maneras dirá “si no se despiertan del todo, cada uno vivirá su vida” y en ese momento suena el reloj despertador, hay que volar, guardar el enano debajo de la cama, preparar las loncheras y esperar la noche para que triunfe, por fin, la fidelidad contra todo. Claro es un cuento que no resiste dos contadas, pero hubiera quedado mucho mejor que lo que escribí tan precipitadamente.

  8. Joise Morillo dice:

    “Monólogo de la incertidumbre”

    ¿Es que, acaso será la felicidad la voluntad de quien desee? ¡Grave pregunta! ¿No será mas bien inoportuno, pensar como ser feliz, ante que tener la oportunidad de intentarlo segun el devenir? ¡Que triste y, a la vez emocionante es gastar momentos intentando conocer la forma de ser feliz!

    Mas valdría vivir sin la necesidad de presentarse ante el mundo como alguien que logró prestigio, gloria, honores ¿No sería lo antes descrito como “narcisismo”? O, será lo que llaman amor propio? Digo, me parece que hacerse filántropo no es cosa fácil, pregunto:
    ¿Se podrá ser filántropo siendo pobre de recursos monetarios, o tal vez benevolo?

    Me parece que me estoy adentrando en un juego linguíistico ¡Pero que parecidas podrían ser las respuestas! Respecto al contexto, el lexema de cada concepto! Terrible suposicion e incertidumbre!

    ¿Es que un hombre podra ser feliz comulgando indescriminadamente con: Virgenes, ciegas, cojas, sordas, enanas, mochas, viejas, feas, bonitas, locas? ¿Igual la mujer con sendas similares parejas? ¿Será mas bien la felicidad traer hijos al mundo, no importando su destino ni las características de su procedencia? ¡Que bien me pareciera ser monógamo y contener la tenacidad de la concuspicencia!

    ¡Quiero ser feliz (…) hummm, seré asceta, nooo, mejor, islamita, no, mejor bígamo, no banquero, marxista, desollinador, heladero, giggolo, proxeneta, taxista, cura, policia, ladrón, médico, abogado, mendigo, monje, homosexual, ¿Que se yo? ¡algo haré para ser feliz!

    Pero que verguenza conmigo mismo. ¿Como voy a ser feliz, sino se yo mismo que yo soy?

    Mejor, me acuesto con mi mujercita que soporta todo lo troglodíta que soy, y, le hago el amor.

    ¡Chao!

    Os ama

    Joise

  9. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    LA LUNA Y LA ROSA
    En el silencio estrellado
    la Luna daba a la rosa
    y el aroma de la noche
    le henchía —sedienta boca—
    el paladar del espíritu,
    que adurmiendo su congoja
    se abría al cielo nocturno
    de Dios y su Madre toda…
    Toda cabellos tranquilos,
    la Luna, tranquila y sola,
    acariciaba a la Tierra
    con sus cabellos de rosa
    silvestre, blanca, escondida…
    La Tierra, desde sus rocas,
    exhalaba sus entrañas
    fundidas de amor, su aroma…
    Entre las zarzas, su nido,
    era otra luna la rosa,
    toda cabellos cuajados
    en la cuna, su corola;
    las cabelleras mejidas
    de la Luna y de la rosa
    y en el crisol de la noche
    fundidas en una sola…
    En el silencio estrellado
    la Luna daba a la rosa
    mientras la rosa se daba
    a la Luna, quieta y sola.

    M. de Unamuno

  10. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Dos personas pueden compartir la vida y no encontrarse nunca unidos, ser uno solo. Para hacerlo deben compartirlo todo, ser cómplices de vida; ofrecerse mutuamente posibilidades, enriquecerse, ayudarse, comprenderse, comunicarse…ésta conducta amistosa es posible sólo si se cumplen algunas condiciones, como la disponibilidad de entrega, abrirse al otro y vibrar con él, sintonizar con sus deseos y proyectos , alegrías y penas. Comportarse de forma veraz, sincera franca, lograr que sus sentimientos sean de fe hacia mí. Un diálogo íntimo contribuye más a crear amistad, que largos años de trato superficial. Es cierto que han sido años, tiempo y espacio para que se cumpliesen estas condiciones de encuentro, y creo que aún está en pleno desarrollo, pero ya es estable y apunta hacia la meta indicada: llegar a “viejitos” si no se cumple a la perfección, por lo menos lo intentamos en la misión. Aprendimos a aceptar la incondicionalidad de cada uno, con el valor que cada uno tiene por ser quien es, seguimos siendo distintos, pero dejamos de ser distantes, externos, extraños y ajenos para volvernos íntimos entre las sábanas y fuera de ellas también. Alberto y yo nacimos con dos días de diferencia, es mi alma gemela, pues además de ser del mismo signo, somos géminis, lo que contribuye a configurar nuestro modo de ser de forma ajustada al ideal de unidad, y consiguientemente, a nuestra vocación y misión. A veces le digo:
    “No nos podemos sacar la suerte entre gitanos”.
    El trato con Dios, ha sido un pilar fundamental en nuestras vidas.
    Los amo, y oro por ustedes.

  11. benjadem alflorentin dice:

    Así como la fidelidad es 1 cuestión d convencimiento, d autoconvencimiento, la infidelidad es 1 actitud impuesta x el espíritu d aborregamiento q tiene el SH; los héroes, los fieles, los santos, los próceres, los líderes, sólo son aqellos q cierran sus oídos a la necedad del rebaño y a la cobardía mental y hacen aqello q están convencidos q deben hacer. El grán mérito d éstas personas no es el acto x el q se los reconoce, sino el acto d rebeldía frente a la conjura d los idiotas.
    Si Guido fuera a contar éste episodio a sus “amigos” del bar, o d trabajo,¿qé le dirían?: “forro” “pelotudo” lo mínimo; y cuando la colorada le cuente a sus “amigas” éste “fracaso” ¿qé dirán ellas del tipo?: q es un puto, lo mínimo. Es la misma presión q sufren los adolescentes en la sociedad cotidianamente, y para colmo la mayoría o tiene padres ausentes, o tiene padres “piolas y gambas” q son ‘amigos’ d sus hijos, pero nunca PADRES, entonces el espíritu d borrego, tan común en la adolescencia x la necesidad d comenzar a definirse como integrante d un colectivo, le gana al del héroe, al de la persona. Así, “un pendejo q no se fasea o no se empeda con birra o vino es un ortiba, un rati” x lo q no sólo es segregado sino también agredido a todos los niveles; x pretender ser distinto al resto, x pretender ser él mismo. Y lo peor del caso es q la mayor agresión la recibe, x lo general, d aqel/la a qien intenta respetar (y no sólo los adolescentes, ya q hay demasidas personas d edad madura, es decir pasando los 50 años, q ridículamente se comportan como “pavotes” d 12 años, a cuya edad es lógica la ignorancia);¡ ya es tan común ver a la salida d los colegios a las chicas regalándose a los pibes para q las manoseen y ultrajen, pero si el chaboncito no les da bola se las oye gritando a voz en cuello toda clase d obscenidades , entre las mas suaves oímos ¡¡¡¡ “puto” “pajero”!!!
    La globalización d la estupidez y la ignorancia es uno d los efectos secundarios del liberalismo económico, cuyo objetivo primordial es el ataqe a la educación (no es casual q en nuestro país el único gremio q no ha “podido” ser oído x ninguno d los gobiernos -nacional, provincial,municipal- es el d los docentes; ni el ataqe desalmado d Piñera contra los estudiantes y docentes chilenos; ni la huelga d los universitarios en Colombia, ni las tomas d la universidad d San Pablo reprimida violentamente x Lula, etc.) y cuya arma mas eficaz es el maestro electrónico, es decir la televisión basura. Lamentablemente va a costar muchísimo q la gente entienda q su cabeza no es un inodoro y q la materia grisacea amarronada q está adentro es su cerebro.
    Por las observaciones del comportamiento d la gente q he registrado en mis lugares d trabajo y/o estudio es increíble ver como tipos (digo hombres, varones; no las clásicas chusmas d barrio o burdel d nuestra infancia,sino hombres) d todas las edades desde 12 o 13 años a 60,70 y mas, están desesperados x prenderse al televisor para ver a tinelli o sofovich, y luego miran la repetición en crónica tv, y luego en canal 26, y todos los programas d puterío q repiten una y otra vez toda la mierda d tinelli.
    (Y se enojan conmigo cuando les digo q yo no miro ésa basura., jeje.)
    ¿Puede esperarse algo bueno, entonces, cuando los padres en lugar d preocuparse x la educación d sus hijos o su progreso en la escuela, hablan las 24hs d todas la pelotudeces q dicen moria o pachano; y discuten acaloradamente como si fuera una cuestión d estado las calificaciones q ésos zombies les ponen a los concursantes?
    Bueno, volviendo al tema del post, no niego ni condeno la infidelidad desde el punto d vista ‘moral’ ó ‘ético’, sólo sería posible hacerlo si se supieran las condiciones en q la pareja d Guido fué acordada: si han prometido mutua fidelidad, o si ambos estuvieron d acuerdo en formalizar una pareja abierta, con permisos consentidos en un acuerdo adulto y responsable, entonces nadie mas q ellos mismos podrían opinar y saber cuáles reglas se han qebrantado.
    La peor infidelidad es la q uno se hace a sí mismo. Si uno ha prometido una serie d cosas al establecer la sociedad d convivencia, entonces uno debe respetarlas, no x no lastimar al otro, sino para respetarse a sí mismo, a su conciencia, a su integridad como individuo coherente, racional y honesto. De obrar así uno nunca atravesaría un conflicto existencial, pero sabemos q aún en culturas q se reputan como muy avanzadas, tolerantes y d apertura mental, el grado d desarrollo espiritual del SH es apenas embrional. El ‘ama a tu prójimo como a tí mismo’ es una meta oculta aún tras un vasto horizonte, d todos modos, los tiempos mentales son tan peculiares q ése horizonte puede alcanzarse d golpe, en el momento q los SSHH decidan no autoengañarse mas y asumir d una buena vez la actitud adulta y responsable q deberíamos tener y dejar d comportarnos como una sociedad adolescente del permante ‘yo no fuí’ despúes d haber arrojado la piedra.

  12. Luis Armando Velarde Navarro dice:

    Me parece muy interesante, me hace acuerdo mis tiempos de estudiante cuando estabamos en la hora de literatura y nos tocaba ponernas poetas



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