lig tv izle
justin tv

Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
promosyonbank.com promosyon canta

Archivo de Noviembre, 2011

Cómo escribir una novela…

Ahora enseguida les enseño, apronten lápices para tomar nota (La novela). Dejo que me citen en cualquier lugar (Citas y Frases por personajes conocidos de la historia); ya pronto, en pocos minutos, sabrán escribir una novela.

Lo difícil no es ni siquiera que haya que tener talento (El talento). Yo hablo de, aunque sea, escribir una mala novela. Lo importante es que diga algo chiquito en muchas, muchas páginas (Administración en una página). De que un concepto mínimo pueda estirarse hasta casi, casi, ser un sistema, una teleología -acabo de aprender que télos es traducible por objetivo, meta, sistema.

Y yo puedo enseñarles, de eso no me cabe duda (Diario trágico de una joven maestra). He escrito tantas cosas… tilingas… que han ocupado dentro de todo mucho espacio (El espacio-tiempo se curva en torno al observador). Fíjense. Lo que hago es mezclar la vida cotidiana y mis reflexiones de entrecasa con un ponerme seria como un filósofo y delirar, delirar profanaciones (Cátaros).

Es cuestión de atreverse. Otros se atreven a ganar dinero vendiendo útiles… innecesarios. Yo a tanto no me atrevería jamás. Y tampoco atraparía a nadie. No soy vendedora de objetos y cosas lindas, vendo, módicamente, palabras.

Me atrevo a hablar de la teoría de la relatividad, de los quantos y de los quepos; imagínense si no voy a atreverme a dar cátedra sobre juntar los cadáveres de muchas frases con cierta organización, y un mínimo de imaginación, para por lo menos sorprender. Una vez sorprendido, el lector sigue leyendo; una vez que sigue leyendo, y sigue las “ideas”, estas ideas son tan “imaginativas” que no muchos se atreven a refutarlas; no es una mala novela en todo caso, es apenas una novela incomprensible que cuenta algunos sabrosos chismes además, uno puede leer sólo la parte de lo cotidiano -la otra parte no existe; es una partitura pero que ningún músico adiestrado descifraría, es una partitura que sólo yo -el propio autor- descifro. Y además otros se hacen los que descifran, como me hago la que descifra a Joyce cuando no sé siquiera inglés, cómo podría… (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

El hombre se enfría

Pensaba en Alejandra Pizarnik (La poesía de Alejandra Pizarnik) para  iluminar este post con sus enigmas, sus versos, sus muñecas, sus tazas de té bebidas en el país de las maravillas con Lewis Carroll y la muerte (La magia semántica: Destructo/Constructo? ¿Qué es?), y su indudable construcción consciente de un personaje mítico, poético, secreto. Con lo indescifrable, también, que dejó en suspenso su propia muerte tan juvenil y atormentada (Suicidio).

Pero me encaminé a la biblioteca en busca de material pizarkniano (¿se dirá así), y antes de encontrarlo tropecé con un libro que nada tiene que ver con Alejandra, más viejo que ella, más antiguo también (Fragmento del diccionario de la evolución), nada más que un ensayo inteligente en buena prosa francesa (El Ensayo). Y desistí de los verdes ojos de Alejandra y su mirada oscura; la suspendí para otro post.

Porque había hallado un escrito que quiero fervientemente compartir con ustedes (Comunidades virtuales), aunque sea en fragmentos (Doce Fragmentos). Porque está escrito luego de la Primera Guerra Mundial (La Primera Guerra Mundial), pero parece -en su contenido- escrito hoy. Porque se dirige a los europeos de esa época, pero parece dirigirse a todo el universo contemporáneo. Y además porque esta mañana, al levantarme, leí en no sé qué diario, o quizá en Internet, esta cita de Einstein: “El hombre se enfría mucho más rápidamente que el planeta que pisa”, o algo así…

La crisis del espíritu

Ahora, sobre una inmensa explanada de Elsinor, que va desde Basilea hasta Colonia, que toca las arenas de Nieuport, los pantanos del Somme, el gres de la Champagne, los granitos de Alsacia, el Hamlet europeo mira millones de espectros. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Algunas descripciones sobre el momento de la muerte

Como este blog bastante a menudo se parece a un Taller Literario (Cómo concibo un taller literario-Balance de una experiencia), y aunque “mis alumnos” a menudo me superen y me enseñen más allá de todo lo que yo pueda hacerles comprender (¿Alguien quiere aprender?), estoy a punto de hacerles un regalo: les ofrezco un tema, con algo de argumento o de trama, que me fascina pero que no voy a escribir. Mejor dicho, que no voy a seguir escribiendo, porque dos de esos relatos creo alguna vez haberlos publicado aquí mismo y, para mí, se agotó todo esfuerzo (La mujer mapuche y el esfuerzo de su trabajo).

Antes que nada quiero decirle a Eric Polten que su tía de la Rioja (Región de Cuyo-Argentina) no sólo agregó perejil a su siembra de papas, sino que he entrevisto -en un viaje astral a lo de su tía (¿Es realmente el sol una bola de fuego)- unas bellas y altas y bien cuidadas plantas de marihuana (Legalización de la Marihuana).

Proyecto El Instante (de la muerte)

No se trata de túneles ni de nada que haya transmitido alguien que vuelve, sino de documentos desde afuera del más allá, aunque vengan del mismo moribundo, justo hasta el momento de la muerte; no el túnel, no la luz, nada (La muerte).

En primera persona en algunos casos, pero la mayoría en tercera, como que contengan a un narrador que lo ve todo, el remanido narrador Omnisciente (Un constructo: el narratario).

Son distintos modos de morir -la muerte en sí es el modo, no lo que provoca cada muerte; no vamos a plagiar al temible programa de la TV “Mil maneras de morir”.

Puede morir la modelo, cuya última visión sea el más fulgurante vestido, o bien la chica feúcha que quiere ser modelo; o el decorador de interiores, persona muy interesante en cuanto a que también se preocupa por el ambiente de su cercano velorio y por la estética de su ataúd. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Las escrituras de las sábanas

Cuando rescato algunos de mis cuentos perdidos en antiguos cuadernos (Hölderlin y su Tiempo), parecería que el tiempo pasó dos o tres veces por allí (Huellas de mi silencio).

Los recuerdo muy poco, casi nada, y a veces ni siquiera los recuerdo (Olvido), por lo que algunas veces la lectura se convierte en la primera lectura de un escrito de fantasmas que hurgaron mis papeles (Fantasmas. Crónicas de un viaje al interior).

No tengo mucho de que admirarme, la verdad, cuando eso sucede. No son narraciones de gran porte ni de buena factura ni de imaginación desbocada (El bosque. La imaginación y el miedo).

Pero sí, a veces, me sorprenden los temas, por lo simples (Simplicidad y Complejidad).

Muchas veces aspiré a la simplicidad, y alguna vez, se ve, la he conseguido.

¿A quién se le ocurre un cuento tan sencillo como el de alguien que empieza a dirigir un taller literario, y que está a punto de caer en el punto ciego en donde se juntan los hechizos con las manchas cotidianas, de suciedad o de dolor? (La rutina expulsa el pensamiento creador).

Pues, a mí.

Las escrituras de las sábanas

Era domingo por la noche y era un ambiente de milagro el que creaban las sábanas dibujadas con raros caracteres, la vacilante luz que llegaba desde la cocina, la ropa amontonada a los pies de la cama, el silencio surcado de pequeñas respiraciones y del sonido del reloj, que no hacía tic tac sino que repetía locamente una palabra, una palabra que golpeaba, como hu-lé hu-lé, o col-mó col-mó.

“¡Basta”, se ordenó a sí mismo Guido; “ahora debo dormir.”

Mañana empezaría a dirigir el Taller Literario y esto lo importunaba.

Él era un escritor, no un profesor, ni un crítico, ni un erudito. ¿Y qué significaba un taller literario?

Taller era una escuela, un seminario, un estudio de pintor, no de escritor.

No entendía muy bien, pero había aceptado el nombramiento porque el trabajo como cronista de policiales en el pequeño diario El Regional estaba muy mal pago. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Esa cosa insensata, trivial…

Un barco se hundió hace doscientos años y una moneda de oro se hundió con él (Sobrevivir en el naufragio). Hubo diecisiete tormentas, fatales, azarosas. También estamos hechos de azar. Los hechos de nuestra vida son como las monedas que los naufragios y las tormentas arrojan o no arrojan a la arena (El azar). Los libros, las visiones, son como la moneda que llega o que no vuelve nunca. Tengo ante mí a “Shakespeare” en Borges obras completas porque compré el libro (La Tempestad de Shakespeare y una visión en la literatura latinoamericana), pero compré el libro porque un millón de azares prepararon éste. Un ramo de azares: de niña aprendí a leer; a mi papá le gustaba leer; gané un concurso escolar que me cruzó con el Bonzo que me cruzó con Hugo Mandón que me cruzó con el Flaco Pagés -el gran José Luis, el gran cuentista-, y con Enrique Butti (El Fantasma del Teatro Municipal, de Enrique Butti). Y me crucé al fin con Ernesto Costa, que hoy o mañana presenta uno de sus libros y a quien desde aquí mismo quiero saludar por El pez y su ceniza.

Todos fueron mis maestros, no sé que maestría dominaré, pero me legaron conocimientos sobre cuestiones muy diversas (Maestros en convivencia: habilidades conversacionales).

Y ahora de pronto aparecen ante mí libros que hace mucho tiempo no encuentro ni frecuento, aparecen como monedas de oro, como si las cosas giraran en la casa al compás de no se sabe qué azar, o bien, qué destino (El destino del hombre).

Y la coincidencia es significativa, diría el maestro Jung. De pronto encontré en mi biblioteca, sin buscarlo, la Política del espíritu, de Paul Valéry, con su magnífica y ominosa frase: “Vosotras, civilizaciones, sóis mortales…”, que parece tan aplicable a cualquier rincón de la actualidad (Jorge Guillén o El paraíso, no su sombra).

El diario íntimo de Eugène Ionesco

Entre esas monedas que el mar arroja apareció una rarísima, el diario íntimo de Eugène Ionesco, llamado -al ser editado por Gedisa, Buenos Aires, 1989- La búsqueda intermitente.

Y lo abro, y no logro saber con exactitud a qué años corresponde, pero seguro que a los últimos de vida del gran dramaturgo y novelista, más o menos por algunas referencias calculo que entre 1983 y 1986. (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda