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por Mora Torres

 

La poesía de ciertas ropas antiguas

Me encantaba el título de ese cuento de Henry James (El doble como recurso literario en El rincón feliz), “La poesía de ciertas ropas antiguas”. Ahora ya no sé si me gusta.

Tengo los roperos atestados de ropa (Historia del vestuario). A veces sueño -durante la vigilia- que la doy, que decido donarla, pero no puedo (Egoísmo y nobleza: las dos caras de un héroe).

Sueño que la vida se me hace más fácil con dos o tres prendas esenciales colgando de las perchas. Esas dos o tres prendas que en definitiva son las únicas que uso todos los días, siempre, para cualquier ocasión, y después lavo y plancho para volver a usar (Ciudades en uso y desuso).

Pero en mis estantes hay historia (La ley periódica de la historia: Análisis y demostración). Y leyendas, hasta de gente que no conocí, como “un abrigo de Loden” de tela y corte impecable, afamado en todo el mundo, que recogí en la casa de una amiga. “Lo dejó olvidado mi suegra cuando volvió a Europa, allá tuvo el accidente y ya no regresó a la Argentina. ¿Te gusta? Te lo doy” (Inmigración y exilio español en la Argentina: personalidades). Y yo cargué con un abrigo que también es leyenda como marca de fábrica: encontré estos sobretodos -en este caso en masculino- en una novela de Hermann Broch, El maleficio. Al pasar, recomiendo encarecidamente toda la obra del genial Broch que me parece bastante olvidada (La novela).

La desnudez

¿Por qué no puedo desprenderme de tantos inútiles objetos, digo? Y ahora, que tengo un jardín y veo cómo las flores de los árboles se cierran, se oscurecen, ya no adornan, para dejar nacer lentamente los frutos, siento con más fuerza el pecadillo: el pecadillo de la voluptuosidad de las palabras y la ropa, de los colores y la ropa, de las texturas y de las formas.

Sin duda soy un alma en pena que anda buscando algo tan sólido como una buena camisa. O un jean.

La historia o la historieta de la ropa

Nos vestimos más allá de la necesaria cobertura, o del frío y la intemperie. Adoramos ropas como si fueran cuadros, esculturas, música, poemas.

Y los diseñadores de ropa dicen que es así -que son música, esculturas, poemas- ante el disgusto de uno que otro intelectual fundamentalista de ceño fruncido.

Y me parece que lo que dicen los diseñadores es cierto: los vestidos son artificios similares a aquellos artificios considerados “más artísticos”; las personas buscamos torpemente la belleza en todas partes, sedientos de belleza, y Sócrates, que decía que la belleza es un paso anterior a la ética, y Emily Dickinson, que decía que la verdad y la belleza eran hermanas, se sentirían felices de mirarnos hacer -estas cosas, no todas, claro. Buscamos también la historia en todas partes, el grano de polvo del pasado, unas vestiduras que con solo mirarlas nos cuenten un cuento.

A alguien se le ocurrió embellecer la lana que me abriga, y ese alguien es quizás el mismo que inventó los libros, o los telescopios -porque existe en la ciencia algo que es arte, como curiosear estrella por estrella.

Tener colgados sacos de mis viejas tías en los armarios, guardados en los cajones de la cómoda blancos y largos y puntillosos camisones de mi mamá y de otra gente viva o muerta, es casi lo mismo que haber acumulado en la biblioteca esos libros que casi ya no leo y otros que nunca leí, pero a los que les he prometido un futuro -ser leídos.

Tengo la sensación de que si hago como esos árboles que mencioné y caigo pétalo a pétalo, no queda mucho.

Aunque tal vez quedaría muchísimo, pero, imaginemos, hagamos la prueba de imaginar que todos nos despojamos de las cosas inútiles.

Quedan los frutos -otra vez- que arranco de los árboles para comer, queda una tela gruesa tirada sobre el piso para dormir todas las noches, y un poco de agua en la botella.

Queda el río que pasa cerca de mi casa para renovar el agua de la botella -botella que quedó supuestamente de los tiempos en que tenía tantas cosas.

De pronto me asombra hasta dónde puede llegar uno pensando en despojarse de lo inútil: cae la civilización con un enorme estruendo.

Es curioso o puede resultar curioso que yo sea tan ingenua que descubra como quien descubre otra vez América que estamos hechos y parados sobre cosas de las que bien podría prescindirse, sobre chatarra que va a hacerse polvo.

Por eso no doy mi ropa vieja.

Por eso no regalo mis libros.

Compito con los poderosos, mi poder son esas plantitas que yo planté y veo crecer en el jardín, inútilmente.

Por momentos se me ocurre que lo inútil es lo más útil del mundo -no, no he tomado nada de vino, piénsenlo, es muy simple.

Mañana, o pasado, les voy a regalar un cuadro muy pequeño y viejo que tenía mi abuelo en su escritorio. Lo habían traído sus padres desde Italia -desde el lago de Como-, y representaba a un músico ensayando su instrumento en penumbras.

Alguien reconoció alguna vez quién era ese músico mirando sus facciones que ahora no se ven, y qué instrumento tocaba, que está borrado. Este precioso cuadro es una antigüedad, ¿cómo lo voy a tirar a la basura, aunque no sepa bien para qué sirve?

Sirve, claro, para ser antigüedad. La ropa de mis placares en unos años va a servir para lo mismo.

Y estas palabras, si las guardan bien.

Tal vez en la computadora se puedan guardar por cientos de años estas cosas inútiles.

Hacer un museo de ustedes y de mí.

Pero los quiero mucho, les agradezco cada palabra, de uno de ustedes daría la vida para que sus palabras se conserven y no se calle nunca. Y a todos ustedes en realidad les conservaría cada expresión, cada manifestación de que están allí, vivos.

Yo los escucho respirar con sus palabras; yo les veo la cara con palabras, la sonrisa, el malhumor, la bondad. Son mis amigos sin carne ni hueso.

Envío

Flaco, José y José Itriago, Celeste, Celestino, Blanca Estela, María José, Joise, Osvaldo, Benjadem, Jorge Rodríguez, Abenamar (moro de la morería), Vancho… y otros que recuerdo uno por uno, ¿están allí?

(Así de chica jugaba a los espíritus con mis amigas, una copa que pretendíamos que se movía señalando letras; primero decíamos: “¡Espíritu!: ¿estás aquí?”)

Mora

Editorial, Monografias

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Comentarios

17 respuestas a “La poesía de ciertas ropas antiguas”
  1. Miriam Milan dice:

    Saludos, Mora. He disfrutado cada palabra de su escrito, tiene razón, no es siempre lo más útil, aparentemente, lo que nos hace felices. Depende muchas veces la felicidad, que son instantes, de cosas tan pequeñas o insignificantes, como un nuevo par de aretes, que no tiene que ser deslumbrador. Fue una agradable lectura.
    Gracias por compartir sus ideas.

  2. maria jose lopez dice:

    Mi querida Mora,
    siempre estamos aquí,los que te queremos,yo en mi caso aunque apenas
    escriba ahora,sigo aqui leyendo y releyendo tus palabras,a tu lado,incorporea.
    Las palabras vuelan libres y las mias parece que han volado por el cosmos,
    a veces se concentran y vienen todas juntas de forma que no soy capaz de
    desliar la madeja que forman y no encuentro la punta del hilo para hilvanar un
    cuadro de palabras y crear un bonito ramo.
    En la vida lo material es necesario pero a la vez tan inutil…. he comprendido
    que la felicidad está más alla de las cosas materiales que nos atan y nos
    encadenan. He ido recolectando pequeñas y grandes cosas como si fueran
    un gran tesoro,unas por el recuerdo y el valor sentimental y otras por el valor
    que me ha costado conseguirlas.Todas estas cosas hay que mantenerlas,cuidarlas,
    vamos echando peso sobre nuestras espaldas,de forma que cada dia nos quedamos
    sin espacio,más reducidos,más incapacitados,nos cuesta más dar un paso por el peso
    que acarreamos. En el Eden no se necesitaba ropa,no esistian las armas,la Naturaleza
    proporcionaba todo lo necesario para ser felices,y si nos despojaramos de todo y volvieramos
    al Eden,nos desprenderiamos de la envidia ( no habria nada que envidiar ),de las preocupaciones
    vanales ,y como ley y unica ley…..EL AMOR.

    Un beso muy fuerte para tod@s, y para tí mi querida Mora muchisimos.
    Os quiero

    Maria jose

  3. benjadem alflorentin dice:

    Ropas viejas; retazos d vida. Fantasmas latiendo a nuestro alrededor. Angustias y alegrías:
    el guardapolvo, el vestido d 15, el traje d novia, el futura mamá, el primer osito, los escarpines, la camiseta de nuestro eqipo, el esmóqin d casamiento…
    Rondas d maniqíes llorando su ausencia, desnudos d voluptuosidad, del roce lascivo del algodón; desamparados d vanidad.
    Una orgía d telas en el lavarropas, un ventilado relax en el tendedero como una rueda catalina exhibiendo banderas exóticas; las caricias ardientes d la plancha, y el coito sensual con la piel bañada con perfumes baratos d esencias raras o extractos caros d aromas comunes.
    Ropa usada un par d días, amontonada en un cesto; una mano sedienta endiosando un fetiche.
    Un sector del ropero y un par d cajones con las vestimentas d qien ya no está…¿cuánto guardarlas?…¿cuándo regalarlas?

    Vestiduras. (Kalil Gibrán)

    Cierto día Belleza y Fealdad se encontraron a orillas del mar. Y se dijeron “Vamos a bañarnos . Se desvistieron y nadaron en las aguas. Instantes mas tarde Fealdad volvió a la costa y se vistió con las ropas d Belleza y luego partió. Cuando Belleza salió del agua no halló sus vestiduras, pero como era demasiado tímida para andar desnuda se vistió con las d Fealdad y siguió su camino. Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden la una con la otra.
    Sin embargo algunos hay q comtemplan el rostro d Belleza y saben q no lleva sus vestiduras.Y algunos otros q conocen el rostro d Fealdad, y sus ropas no la ocultan a sus ojos.

    Hay ropas remendadas ostentando miserias de bolsillo; Hay ropas d seda y gasa ocultando miserias humanas; por éso como dijo Einstein, “si tu intención es decir la verdad, hazlo d manera simplecon sencillez, y la elegancia déjasela al sastre”

  4. Cecilio Aguilar Polanco dice:

    ¿Y que de la Ropa con la que viene Vestida nuestra Alma al momento de nacer?

    Tengo mi mujer con el pie izquierdo amputado, que de zapato hemos tenido que proveerle de un dodge caravan del 96 para que pueda desplazarse (aunque ahora en-bancado por no poder repararle su corazon mecanico). Hubo un tiempo que Mi costilla tenia (tiene) el defecto, gusto, placer de salir de compras y comprar cualquier pieza de ropa que le gustara, o recibir con alegria cualquier pieza que le regalasen, y así, llego el momento de que no podía almacenar una pieza mas debido a la falta de espacio en la choza donde nos toco vivir, pero no la regalaba, no la donaba, porque cada pieza era un historia, una anecdota, un pensamiento o recuerdo de su experiencia de vida…., pero llego un momento de crisisi monetaria (de la que todavía no salimos) en la que no teniamos trabajo y literalmente nos estabamos muriendo de hambre (eso hace como casi 2 años); y para amortiguar la marejada que experimentabamos y proveer para nuestros polluelos, ella decidió llenar su caravan de esa apreciada ropa que colleccionaba y tuvimos que viajar a las aldeas a venderla por lo que ofreciaran, 1 Lps, 1/2 Lps, 1/4 Lps, al 2×1. Lleve gratis 1 si compra 5… y pudimos asi recoger unos lempirillas para super-sobre-vivir por varios meses hasta que logré consguir un sub-empleo para asi seguir sobre-viviendo. Cuando mi costilla se des-hacia de su preciada coleccion a veces soltaba carcajadas de ver algun pequeñuelo aldeano desnudo vestirse de la ropita que ya no le quedaban a nuestros polluelos, le irradiaba el rostro al ver a algun campesino que le quedara algun pantalon o camisa de las que eran mias, y se carcajeaba cuando a alguna princesa aldeana pretendia ponerse la ropa de ella y no le quedaba sea por diferencia de estatura o por peso, pero aun asi se la compraban (que le metian tijeras y puntadas hasta lograr la talla.. decian). A nosotros de algo nos sirvieron los chiringos viejos en los guarda-ropas.

    Gracias por hacerme recordar agradables momentos con lo de la ropa en coleccion.

    Gracias por tu Editorial.

    Cecilio Aguilar Polanco

  5. Jose Luis Huerta dice:

    simple y sencillamente hermoso y mejor aun la empatia de ese generoso grupo de compañeros y asumo, tambien amigos

  6. Joise Morillo dice:

    Querida Mora, saludos cordiales, emotivo y dulce vuestro post .

    Sed vos misma!

    Luego de un –hay la posibilidad que sea injusto - corto análisis, encuentro en vuestro pensamiento una duda razonable digna de los eruditos, Sócrates dijo, “solo sé que no sé nada” pues bien, en la medida de hacer el bien es porque lo conocéis, de hecho, quien se comporta mal es porque ignora cómo ser bondadoso. ¡En el transcurso de su vida no tuvo la suficiente oportunidad ni quien le mostrara cómo comportarse socialmente y conseguir la estética de la bondad colectiva!

    Luego, inspirado en la máxima –“conócete a ti mismo”- del dintel del templo de Apolo en el oráculo de Delfos, el sabio antes mencionado, desarrolla su concepto moralista; Definiendo el bien y la belleza como virtudes del individuo humano.

    Omitamos a santo Tomas –el Aquinence- respecto a la aprehensión de Dios y, concibamos la moral como amor al prójimo. Pues bien, considerando el beneficio que se podría obtener donando vuestras prendas a los pobres ¿No creéis que, dándoles vuestros longevos ajuares a personas necesitadas, seria, para vuestro amor propio una inmensa satisfacción? ¡Tomando en cuenta que quienes os obsequiaron tales rubros lo hicieron para darle un largo uso, por ej. Hasta que se desintegren!

    Por otro lado podríais asumir la actitud de Cecilio Aguilar Polanco y participar en la felicidad de quienes por motivo de escases de recursos, exhibe en las calles sus harapientas existencias.
    Entonces, vendedlas y, obtendréis de esta forma doble beneficio, por ende, estaréis bien con la filosofía de la moral, mas, el necesario objeto de la vida cotidiana en civilización, dinero.

    “El dinero no es todo, pero ayuda, es la grasa que mueve la voluntad civilizada”

    Por lo menos, seréis altruista con vos misma. Convertireis vuestro gesto en un poema de amor.

    Si conocemos el bien, lo hacemos “el saber es virtud” Sócrates, “Para hacer el bien, no necesitamos temer a Diós” Rorty.

    Haced el bien y no mireis a quien, si lo que dais, es con amor sincero, no importa el destino que eso que disteis tenga.

    ¡Esta es la ironía del filántropo!

    Os ama

    Joise

  7. Mercedes Alvarez dice:

    Me encanta el poema me agrada mucho juega mucha imaginación , pero sin embargo se ve algo muy similar a hechos muy conflictivos en la vida real bueno pero es maravilloso el título lo dice todo. Cuantas personas tendrán en los placares llenos de ropas antiguas que a otros /as talves le esté faltando . Bueno así es la vida. Felicitaciones .

  8. Jose Itriago dice:

    Como siempre, tu narración con olor a vida.

    ¿Qué importa la utilidad de las cosas que guardo? . No las tengo por útiles, como si fueran una transfusión o una terapia o un kilo de carne. A mi nunca me sobran y antes que pesarme, me acompañan. Están allí y pasa el tiempo y ni las veo, ni siquiera las recuerdo. Pero de pronto le paso la mano a un mueble y entablo un diálogo feliz con la madera, sus rebordes y es casi como estrecharle la mano al artesano que lo hizo, celebrando su arte, el orgullo que debió sentir y también el esfuerzo que me correspondió aportar para adquirirlo o la suerte de heredarlo o recibirlo de alguna manera. Entonces el objeto vivo se hace sentir y hasta puede que lo considere como un amigo que vino a visitarme.

    Con la ropa no tengo mayor afecto. Puede ser porque no me acompaña durante mucho tiempo. Pero con las obras de arte, las maderas y los cristales mantengo estrechos lazos de amistad.

    Me agradó mucho la entrada hecha por el amigo Cecilio Aguilar Polanco. Tiene sabiduría apreciar con tan buen tino el desprendimiento a que se vieron obligados. Esta semana estaba “de baja” pero al leerlo me provocó darle un abrazo solidario.

    Y para ti, un beso agradecido.

  9. benjadem alflorentin dice:

    Hola Mora, a propósito del tema d tu posteo, aqí t pego un link a una lectura deliciosa del maestro Henry James, con una construcción minuciosa pero amena, y con un final muy intrigante.

    http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/james/leyenda.htm

  10. benjadem alflorentin dice:

    Otra vez yo Mora, aqí otro fragmento divertido sobre ropas antiguas d Alexander Cronin en “Los Verdes Años”:
    cap. V:

    …La mañana en q x primera vez debía pasar yo bajo aqel arco, al levantarme lleno d emoción y ansiedad, la bisabuela me informó q mi traje estaba ya terminado. Complaciente, me condujo hasta la ventana y allí, sobre un papel d seda, vi mi traje x primera vez.
    La primera ojeada q dirigí al vestido nuevo me dejó tan aturdido q casi no me dí cuenta d lo q había visto. El traje era verde, no d un verde oscuro, sino d un claro y alegre verde oliva. Verdad es q mientras ella lo cosía, yo había visto aqella tela sobre la máqina, pero, en mi inocencia había creído q era el forro.
    -¡Póntelo!, me dijo orgullosa.
    El traje era enorme; la chaqeta me tragaba, los amplios pantalones caían formando anchos pliegues, como si se tratara de un par d pantalones largos amputados x la rodilla.
    -¡Muy bien, muy bien!. la bisabuela me dió unas palmaditas. -Te cubre muy bien. Lo hice pensando en q ibas a crecer.
    -¡Pero el color, abuelita!- protesté débilmente.
    -¡El color!- me qitó un hilván, y agregó hablando entre los labios apretados para no dejar escapar un alfiler: - ¿Qé le pasa al color?.Es una tela magnífica; éso se vé enseguida. No se t romperá nunca.
    Yo palidecí. Mirando atentamente mi manga había había descubierto una rayita, compuesta d una especie d círculos: ¡Oh, Dios mío, una guirnalda d rosas!, muy bonita para la enagua d la bisabuela, pero muy poco apropiada para mi traje.
    -¡Abuelita, déjame q me ponga ésta mañana el traje viejo!
    -¡Tonterías! Anoche hice con él trapos para el polvo.
    Las alabanzas q la bisabuela hacía d su creación me habían convencido a medias cuando salí d la habitación, pero Murdoch pisoteó en un momento mis ilusiones. Nos encontramos en la escalera y él, mirándome con burlesco terror, se llevó una mano a los ojos, mientras con la otra se apoyaba en la barandilla, prorrumpiendo en una estruendosa carcajada:
    -¡Lo hizo!¡Lo ha terminado al fin!
    Cuando entré en la cocina, el extaño silencio d la abuela, su redoblada amabilidad al tenderme mi plato d porridge, no me tranqilizaron ni mucho menos.
    Hacía una mañana fría y gris; yo salí a la calle, nervioso, consciente d q en aqel triste y borroso paisaje escocés invernal, sólo había una nota d color, yo. La gente se volvía a mirarme.Lleno d vergüenza y timidez, evité la calle mayor y seguí el camino del parqe, un camino poco frecuentado, pero mas largo, q me hizo llegar tarde a la escuela.
    Después d perderme en los corredores, llegué, no sin alguna dificultad, a la clase segunda a la q se me había destinado, por recomendación de Kate. La puerta estaba abierta y todos los alumnos se hallaban ya en la clase cuando entré yo. Mr Dalgleish, sentado en su pupitre, había explicado ya la primera lección. Yo traté d deslizarme discretamente, hacia un pupitre vacío, pero el maestro me detuvo en mitad d la habitación. no era como descubrí mas tarde, un tirano habitual, xq tenía días d espléndida afabilidad en los q nos regalaba con una inestimable riqeza d interesantes conocimientos; pero tenía otros, ásperos y malhumorados, en los q parecía rugir dentro d él un demonio enfurecido. Y entonces ví, x el modo como se mordía una punta del bigote, q el humor no era muy bueno.Esperaba q me riñiera x mi tardanza. Pero no me chilló. En lugar d éso, bajó d su pupitre, se acercó, y me miró x todos lados dando vueltas en torno d mí, con la cabeza ligeramente ladeada. La clase seguía la escena, asombrada y excitada.
    -¡Ah!- dijo al fin-, Eres el chico nuevo. Y, x lo visto, tienes traje nuevo también. La edad d los milagros no se ha acabado.
    Un murmullo d admiración recorrió la clase. Yo guardé silencio.
    -Vamos, señor, no se enfade con nosotros. ¿Donde lo compró?¿En Millear, el d la calle mayor, o en la cooperativa?.
    Con los labios lívidos, yo murmuré:
    -Me lo hizo mi bisabuela, señor.
    Una carcajada sacudió la clase. Mr. Dalgleish, serio, los ojos estriados d sangre, siguió dando vueltas en torno a mí.
    -Un color notable. Pero apropiado. Según tengo entendido, tú eres d origen irlandés.
    La clase reía mas y mas. En aqel anfiteatro d rostros sonrientes, q mi sensibilidad enfermiza magnificaba hasta adqirir las proporciones d un coliseo, no había mas q dos caras q no sonreían. Gavin Blair, sentado en la primera fila, miraba al maestro con una especie d desprecio; Allison Keith tenía sus turbados ojos castaños fijos en mí, x encima d su libro d texto.
    -¿Qiere contestar a mi pregunta, señor? ¿És o no és ud un discípulo d San Patricio?
    -no lo sé
    -No lo sabe- el tono burlón se volvió lenta y deliberadamente asombrado, la clase se retorcía sobre los bancos muerta d risa. -Llega a nosotros , cubierto con una guirnalda, x decirlo así, d “tréboles”, convertido en la viva apoteosis d ésa conmovedora balada; “la pérdida del verde”, pero se avergüenza d admitir q el agua bendita humedece aún su frente.
    Aqello continuó así hasta q d pronto se volvió y, con una mirada amenazadora y fría, redujo a silencio a la clase. Luego me dijo con su voz natural:
    -Qizás t interese saber q yo enseñé a tu madre. Por lo visto, ahora parece q perdí el tiempo. Siéntate allí.
    Tembloroso y humillado, me dirigí tambaleándome a mi lugar.
    Esperaba q aqel sería el fin d mis sufrimientos…¡¨Ay d mí!, no fué mas q el principio. Durante la hora d recreo me ví rodeado x un grupo d chiqillos burlones y gesticulantes. Había sido señalado ya como algo distinto del resto, y ahora me confirmaban como el único fenómeno d toda la escuela.

    ……

  11. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Te amo Mory, y ya sabes que siempre estoy al otro lado de la cordillera, y te veo por un agujero que se hizo en la montaña.
    Es cierto me haces sonreír Mory, y también igualar, sí, porque a mí me pasa lo mismo, reconozco que me cuesta deshacerme de ropa, algunas me las he hecho yo misma, otras ya no me quedan, y pienso ..”Un día bajaré de peso y me quedará”. ¡Qué torpeza! He leído y escuchado sobre “Diógenes”. ¡Dios me libre y a cualquiera de nosotros, es un mal sicológico que afecta en gran manera, las personas viven juntando chatarras y cosas vejas inútiles, tanto que el lugar para vivir comienza a reducirse, además conviven con animales y suciedad, en fin. Esto creo está lejos de no desear dejar la ropa atrás, pero también es cierto que me asombran las personas que lo dan todo, las admiro y me gustaría ser como ellas. Esta mañana traté de imitarlas y como es 18 de Septiembre, fiestas patrias, pensé que debería hacer algo por el que no tiene.
    En una bolsa puse un abrigo azul marino que no usé este invierno y ocupaba espacio en el perchero, tanto que un día se vino abajo por tanta ropa.
    Recordé a unos jóvenes que viven en las rocas, a la orilla de la playa, el sol estaba medianamente tibio, así es que salí en el convertible y lo descapoté. También les llevé suficientes empanadas, las que nadie en casa quiso comer, porque no eran las compradas habitualmente en el mismo lugar. El joven que salió a recibir el “regalito”, me contó que otras personas le habían llevado carne asada. NO debería haber comentado esto, recuerda que la mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha. Mi hermana mayor Rowena, es totalmente desprendida, en su closet tiene lo justo, y en su casa no sobra ni un papel. Yo siempre le digo que su casa parece casa “piloto”.
    Creo que debemos dejar las cosas viejas para darle paso a las nuevas.
    Los amo, pero más a Dios.

  12. Joise Morillo dice:

    Transparente amiga,

    Poema de ropa antigua, la nostalgia de quien amado y, atendido
    ahora no. Otros tiempos son, otras caras. Pero, ahi continua lo de antes!
    apartado, atado, colgado, deseando ser considerado útil, prólijo y pródigo de nuevo.

    “Donde hay Santos nuevos, venga, que los viejos no hacen milagros”

    Lucirme, no quereis

    Estoy desolada, yo corona
    estoy triste, yo corcet
    que tristeza abunda, perchera
    mientras cotidiana vos dueña, merodiais
    novisisimas prendas, de salon y buquet
    de boutique vuestras posturas
    y nosotros: todos polutos
    regodeadonos de historia
    de nostalgia y de querer
    ¡que me useis de nuevo!
    Por lo menos, no me dejeis perecer
    ¿nada podeis hacer?
    ¿No son dignos los mendigos?
    Lindas prendas poseer
    ndigentes y excluidos para un buen proceder
    merecemos atención
    donadnos es menester
    a los Arrengados de miseria
    Y, de vestuarios carecer
    extendednos vuestra bondad
    lo mejor que podeis hacer
    tendreis otros ajuares,
    alabanzas por doquier
    pues no falta adulancia para quien puede escoger
    de pacer lindos palacios
    bellas carrosas y, elegante corcel
    ¿que te cuesta solidaria, proveerles de placer?
    Si mas cuesta protegerme
    ¡y, lucirme no quereis!

    Os ama
    joise

  13. Jonathan Figueroa Romero dice:

    Hola Mora, no soy un constante escritor en tus columnas (primera vez que lo hago) pero siempre te leo. Espero que esto les resulte agradable.

    Siempre buscando la manera de aferrarnos a las cosas materiales que poseemos buscamos darle un significado más grande y emocional del que tienen. La ropa es para vestirse y los zapatos para calzarse pero una vez son tuyos, adquieren un nuevo significado. Un significado emocional que relato (me considero un poeta amateur y aficionado) brevemente a continuación:

    Ropas antiguas? Las que aún cuelgo en mi closet
    Todas piden sentir la luz del sol de nuevo
    Cada una guarda distintos sentimientos
    De cuando lucieron en hermosos momentos
    Que aún llevo grabados en mi mente.

    Ropas antiguas que son parte de la historia
    Al menos de la mía y la de alguien más
    Que quizás no llegue a recordar
    Aquella camisa naranja que tanto le gustaba
    Y que aun se halla colgada en su lugar

    Ropas antiguas que son parte de la historia
    Como esos zapatos que marcaron el gol de la victoria
    Con solo mirarlos allí abajo
    Con todo el polvo y desgastados
    Se siente de nuevo el sabor de la gloria
    Que por pequeña que sea
    No deja de ser acogedora.

    Ropas antiguas que son parte de la historia
    Como la del día que naciste hijo mío
    Veo a tu madre admirarla cada día
    Y siento de nuevo todo regocijo
    Agradezco al señor de nuevo
    Por llenarme con tanta alegría.

    Ropas antiguas que son parte de la historia
    Al menos de la mía y de los que me importan
    Por eso siempre estarás a la vista
    Cuando abra la puerta y te vea colgada
    Llena de memorias que no serán olvidadas
    Memorias que han bendecido mi alma.

    Ropas antiguas te agradezco de nuevo
    Por recordarme tantos lindos momentos.

  14. Martha elisa Curiel Díaz Ordaz dice:

    Estimada Mora
    Es muy bella la forma en que se expresa de tantos objetos, que uno puede disfrutar de ellos aún sin haberlos encontrado.
    Me sucedió algo extraño en el proceso de lectura, fue una afinidad dialéctica, por un lado captaba la belleza tan singular de aquello que la rodeaba y por otro temía que la encerrara. Por de pronto retome la idea de regalar, intercambiar (sacar de mi) esos objetos que limitan el espacio. Para dejarlo vacío…y tener la oportunidad de volverlo a llenar.
    Gracias por hacernos participes de sus sueños, fantasías y realidades.
    Martha Elisa

  15. Juliana Alarcon dice:

    buen día es primer vez que me atrevo a comentar, debo aclarar que no lo se hacer quiero aprender perdon por las faltas que encuentren mis amados lectores.
    Mi comentario es acerca de las ropas antiguas, Gracias por hacernos reflexionar acerca de esto siempre estamos guardando ropa que quizá jamas nos va a quedar o no no la pondremos por algun motivo asi presisamente esta en ocaciones nuestra mente llena de recuerdos añejos que no nos permiten avanzar dia a dia debemos renovarnos y deshacernos de lo que no nos es necesario, si eso hiciesemos nuestra casa estaria tan libre como siempre soñamos tenerla, despojemonos pues de eso que no nos es util y ocupa espacio, tiempo y quiza hasta nuestros sentimientos que en ocaciones o en su mayoria nos dañana mas que nos benefician. Un saludo grato.

  16. Esmelda Torrez Lopez dice:

    Gracias señora Mora por tomarnos en cuenta en sus escritos ya que cada dia aprendemos un poco mas de la vida ,despues de leer esta poesia me he detenido a pensar que realmente muchas veces nos hacemos esclavos sin querer de algo o de alguien,en este caso de algo,pero gracias a sus escritos podemos recapacitar y corregir si es posible nuestro error.le deseo que siga siempre adelante escribiendo para estos lectores que cada dia aprendemos algo mas de usted.

  17. charmante charmante dice:

    Ho fatto un piccolo tour del tuo blog, sembra super-interessante. Ho intenzione di sedersi. Mi congratulo con voi per aver reso questo blog è
    grazie mille
    Bateau occasion , voyante Paris



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