Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Carta a un viejo amigo

Ésta no es sólo una carta a un viejo amigo, sino también una vieja carta que no mandé (Las cartas estaban echadas), de hace unos diez años, dirigida a alguien con el que en ese entonces teníamos treinta años de amistad, más o menos (La amistad enfermiza).

Querido:

Cuando uno mira un paisaje del pasado (Apuntes sobre las Islas Canarias), éste: yo yendo a tu casa, tu casa de bulevar, acercándome a tu cama -estabas “enfermo” ese día (Donde se dice de los Trastornos Hipocondríacos)-, horrorizándome porque me contabas algo así como que la cortina al moverse formaba la figura de Dante (Las dudas), y también horrorizándome porque afirmabas que Dante era “malo” -malo de maldad (El sentido de Babel). Yo además descubriendo ese día que tenías una foto de mí, que me habías robado la foto 4 por 4 del documento -descubrimiento que me hizo sentir muchas cosas, pero todas imprecisas.

Cuando uno mira un paisaje del pasado como el que acabo de describir, y te ve y se ve, y siente nostalgia -¿nostalgia de qué siente uno?, y no estoy hablando siquiera de recuerdos más intensos que tengo de vos, sino de los más simples (Amor es Nostalgia. Psicoanálisis).

Teníamos 17 o 18 años, pero si algo puedo asegurar, al menos por mi lado, y casi asegurar por el tuyo, es que no éramos felices (La felicidad). ¿De dónde viene la nostalgia? Si hasta podría decirse que en una escala de relativas “felicidades” estamos hoy ubicados mejor.

¡Pero de dónde viene la nostalgia tan fuerte!

Otros recuerdos -no los de siempre, no los caballitos de batalla de nuestra relación- me inundan azotándome:

Un picnic del Día del Estudiante, o de la Primavera, donde paseando entre los árboles me leés: “cuando muera, dile a…”, de Pessoa, en nuestra querida por perdida edición de Troquel.

Y una anécdota trivial en cierto modo que de pronto se empareja a algo actual:

Vos llegando a verme con un ramito de esos llamados jazmines del Paraguay, que crecían en forma de enredadera en una casa con jardín de la calle 4 de Enero; yo oliendo los jazmines y ofreciéndote asiento en uno de los escalones -porque yo “recibía” en la escalera de mi casa, que daba a la calle- y vos mirándome los zapatos, ponderándolos -sí, me acuerdo tanto cómo me alababas los zapatos siempre, pero éstos en especial porque tenían unas hebillas como de plata labrada.

-¡Y qué abuso de gerundios estoy cometiendo, y nosotros que éramos “puristas” del idioma desde tan jóvenes y ahora nos escondemos para mejor lucirnos en las faltas y en el encanto de lo que está, además, incompleto!-

Yo yendo con vos y con el Bonzo -mi novio-, deteniéndome a mirar un atardecer especialmente rojo -o quizá no especialmente-, y vos reprendiéndome, diciéndome que los soles rojos eran cursis, y después escribiéndome una carta que a mi parecer versaba solamente sobre esta cuestión -los soles rojos son cursis-, que a mi parecer sólo era una lección de estética, pero que tuve que mostrar al Bonzo -insisto, porque él era mi novio- y el Bonzo a Hugo -porque Hugo era su Maestro-, y Hugo, al calificar la carta de “premasturbal” me hizo saber que vos gustabas de mí y, en realidad, me deparó una alegría gloriosa.

Y una anécdota trivial en cierto modo que de pronto se empareja a algo actual -otra foto de mí:

Vos y yo estábamos enamorados de los poemas de Amy Lowell -creo que la llamábamos “la tía de Robert”, porque antes conocimos al poeta Robert Lowell, en traducciones.

Vos tenías de Amy una edición bilingüe, y mejorabas, creo, algunos de sus versos con tu propia traducción -en esa época no sabías inglés, pero si uno usa diccionario y es poeta…

Imaginábamos a Amy etérea, una especie de Margarita Gauthier por Greta Garbo en su momento de mayor tuberculosis, pálida y de labios rojos por la sangre, vestida de gasas blancas y pasos de seda cuando ingresaba en la Ópera de París…

Al mismo tiempo comprábamos la colección Capítulo, que cada semana aparecía con un libro y un fascículo con “la historia de la literatura”.

Los fascículos traían infinidad de fotos chicas, medianas, grandes.

Habíamos conocido la cara de Rilke, por ejemplo -cara de prestidigitador, de mago de feria-, de Kafka -cara de compañero de colegio, de cualquier compañero de colegio modesto-, de García Lorca toreando grácilmente aunque con gesto feroz; las caras de casi todos los más “célebres” del derecho y del revés.

Pero Amy Lowell, creíamos, no era tan conocida, no tanto como Dostoievsky en un ataque de epilepsia; quizá no la habían fotografiado. Así que seguíamos enamorados de sus poemas que tenían gemas y maderas y puertas labradas pero no sé qué decían; eran como bordados.

Y de pronto un día te aparecés en la escalera de mi casa con un nuevo fascículo de Capítulo. La foto de Amy Lowell abarcaba las dos páginas centrales. Estaba sentada en un gran sillón de hamaca del cual apenas se intuía algo, porque la gordura de Amy Lowell tapaba casi todo. Y el gesto de su cara tampoco era poético.

Y bueno, el tiempo pasó, pasó, pasó, hasta llegar a ahora. A hoy que te escribo, mi Chicho.

A fines de julio de este año -2001- fui a Santa Fe para el cumpleaños de mi madre; mi hija Mane llevó una cámara para sacar las consabidas fotos del acontecimiento.

Una de esas mañanas de festejos me levanté dormida, de malhumor y en casa extraña, y para reconfortarme me empecé a hamacar en una “vieja mecedora”. Yo casi no me había levantado; sobre el piyama me había puesto un pulóver de mi mamá y un pañuelo, y estaba despeinada, arrugada, por poco sucia.

De pronto, entre mis entresueños hamacados, apareció Mane con la cámara. No pude convencerla de que no me sacara una foto -los hijos, vos debés saberlo, son más malos que Dante-, pero sí conseguí al menos que me alcanzara un lápiz de labios para que mi desvaída boca no se perdiera dentro de mi cara de enferma.

Y cuando Mane reveló las fotos, entre fotos sociales, de mi mamá de ochenta años, de sus amigas, de sus nietos, de mi nieta, de mis sobrinos, mis hermanos, la torta, las velitas…. Apareció la foto, ¡la foto de Amy Lowell, o casi la foto de Amy Lowell!

Sin embargo todos decían: “acá estás hermosa”, y Mane decía con orgullo de artista: “Ésta es mi mejor fotografía”.

Yo, que ahora la miro, no sé del todo bien por qué veo al trasluz de ella todas las cosas que enumeré en esta carta, las cosas que se relacionan con vos.

Pero a esta foto nunca la verás.

Porque, Chicho, vos sí que sos más malo que Dante.

¡Ah, me fui por las ramas!

Yo quería decir que esa nostalgia de nosotros mismos, de nosotros mismos cuando no éramos felices pero sí jóvenes -¿y qué importa, se dirá, ser joven, si uno no lo goza?- no proviene de un error de óptica sino de esto único que he logrado aprender: la felicidad -digamos la felicidad, llamémosla abiertamente así y sin pedir disculpas, me da rabia que cada vez que se nombra esta simple palabra la gente se ponga a dar explicaciones, se disculpe por usarla porque no existe, dicen- sí existe, pero se vive en dos etapas:

1.     El momento en que todo se dio para que fueras feliz -la juventud, la salud, la primavera, el enamoramiento- pero no pudiste porque… en realidad porque eras joven y sólo creías en la infelicidad.

2.     El momento -éste es el verdadero instante del goce- en que todo se da para que no puedas ser feliz -la enfermedad, la casi vejez, la falta de pasión- y te das cuenta de todo lo anterior -de que eras, inconscientemente, feliz- y de que podría suceder que este momento segundo se convirtiera en el primero para una tercera etapa, y ya no estás en condiciones de dejar escapar el pez de oro, la gallina, el huevo, así que los apretás con todas tus fuerzas.

Chicho, ¿por qué termino esta carta con moraleja, cuando podría terminar tan bien -más bellamente- sin ella?

Porque, ¿quién soy?

Pues Mora Leja, la que ya no mora torres.

Besos

Mora

Editorial, Monografias

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Comentarios

21 respuestas a “Carta a un viejo amigo”
  1. Jose Itriago dice:

    Esa, tu carta a Chicho, es tan íntima que no caben comentarios. Sería entrometernos en tus recuerdos, sin cabida ni derecho para hacerlo.

    Dos temas la marcan, que se entrecruzan y nos permiten divagar un poco, dejando siempre a un lado a la Mora de los 17 años: nostalgia y felicidad.

    El tema “nostalgia” parece natural cuando nos enteramos que esa Mora ya leía a Rilke (y a otros un poco más suaves, menos trágicos.) Bastante lejos de lo que normalmente leían las señoritas de esa edad. La Nostalgia es la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida y la melancolía es una tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada (RAE).

    Copio de Rilke (del quien habíamos hablado hace algún tiempo) uno de sus poemas, para imaginar mejor el ambiente que mantenía esa pareja que hoy se nos presenta nostálgica, en forma de misiva atrasada:

    Ven, última cosa que reconozco,
    dolor sin cura en el tejido carnal:
    como ardí en el espíritu, en ti ardo ahora;
    largo tiempo se resistió la madera
    a ceder en la llama en la que tiemblas,
    mas ahora te alimento y ardo en ti.
    Tu ira torna mi dulzura terrena
    en una ira infernal que no es de aquí.
    Limpio y sin planes, sin nada por venir, 
    subí a la pira confusa del dolor, 
    seguro de no comprar nada futuro
    para la callada despensa de este corazón.
    ¿Soy yo aún el que arde aquí irreconocible?
    No me llevo conmigo los recuerdos.
    Oh, vida, vida: estar fuera.
    Y yo en llamas. Nadie que me conozca.

    [Renuncia. esto no es como era estar enfermo
    en la infancia. Aplazamiento. Excusa
    para crecer. Todo llamaba y susurraba.
    No mezcles con todo esto lo que antaño te asombró]

    (Rilke. Fragmento de “Biografía imaginaria” de Poemas dispersos y póstumos)

    No, ese Rilke no podía ser de ellos.

    Creo que se llega a aprender, vivir y disfrutar la nostalgia de lo no vivido, quizás de lo imaginado, de lo que podría ser, porque es un vínculo especial, una alianza, único, con alguna de las personas con quien uno desea compartir esa estado de debilidad, de fragilidad, de necesidad de complementarse o ayudarse. Una forma de enamoramiento jamás explícito. (Pero aun si los amigos son de carácter esencialmente alegre y no es preciso atar a nadie con nostalgias románticas, todavía cabe un fragmento de Rilke como una especie de joya, un adorno en el lenguaje, una diferenciación).

    Pasa el tiempo y la nostalgia que embellecía algunos momentos con sus pinceladas románticas, de rosa vieja, azul suave, verde malva, cede el paso al amor o los amores prismacolores, llenos de eventos, acercamientos y distanciamientos que dejan amarillentas las hojas donde se escribían poemas propios o se copiaban fragmentos más terribles que cualquier cosa mala que uno pudiera jamás vivir. Brilla el amor y la nostalgia desaparece y los amigos melancólicos por naturaleza, esos donde no puede florecer la alegría, se distancian, se extinguen y desaparecen.

    Tu segundo tema. la felicidad, dices que se da en dos etapas: la primera, donde virtualmente la inexperiencia la niega y una segunda, donde uno se aferra a ella porque sabe que no hay una tercera oportunidad.

    Quizás sea verdad, sobre todo para alguien con fuertes antecedentes nostálgicos. Pero creo que la felicidad de los primeros años, hasta que el matrimonio y los hijos te sientan frente a tus resposabilidades, es espléndida, llena de descubrimientos. Y no hablo de los propios del sexo y las relaciones de parejas, que son los más importantes, sino en todas las actividades: la primera vez que manejas, que te montas en un caballo, en un avión, que conoces otro país; que participas en un campeonato de algo, que lo ganas, que sales con tus amigos a una expedición, que te ganas cualquier cosa. Son tantas que no te da tiempo de anotarlas ni de escribir cartas.

    Coincido que la felicidad tiene dos etapas: una irreflexiva, esa de entrar al mundo, que se vive como cosa natural y que no se aprecia en toda su magnitud y que será la que, necesariamente, añorarás después y otra, menos brillante, menos espléndida, pero más necesaria, que es el oxígeno ante las decepciones, los fracasos, las enfermedades. Es distinta. Ya uno tiene hijos y nietos y puede, de vez en cuando, disfrutarlos. Además, uno sabe apreciar una flor, un paisaje, un texto y a veces, como nosotros los de tu grupo, escribimos, unos a otros, como si fueran cartas que nos enviamos. Un poco nostálgicas, cargadas de años, pero donde fluye amor, otro tipo de amor, de los miles que vamos conociendo.

  2. YOLUMARA CHACIN dice:

    Muy buena lectura excelente

  3. mary robles dice:

    Querida Mora:

    Ha sido muy agradable leer su Carta a un amigo, quiero expresarle que es muy cierta la idea que usted presenta acerca de que cuando estamos jóvenes no podemos reconocer la felicidad que nos rodea, porque estamos imbuidos en sueños melancolícos, en los que somos protagonistas de vidas novelas, donde la familia y la sociedad están en complicidad para que no podamos ser felices.
    Recientemente, me contacté con un querido amigo de colegiatura que me hizo recordar lo feliz que fui durante la época que compartí con él en el colegio, no sé si realmente era feliz en esa época, pero viene a mi mente el pensamiento de García Maquez ” la vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda”…

    Suerte!

  4. Pedro Segovia Pintos dice:

    Todos tenemos ideas fijas o vagas de nuestra juventud o de nuestra edad juvenil, me impresiona la forma didáctica y elocuente de como escribes y el mensaje que das. Elocuente digo porque esa etapa de la vida presenta características disimiles que en la edad adulta se vuelve reflexiva, que en los primeros años de la vida del ser humano es melancólico y hasta monótono sin darnos cuenta de ella y a agregar “Eramos tan felices y no lo sabíamos”
    Didáctica por que permites, tras la lectura, caminos de aprendizajes. Bien Sra.Mora. Un abrazo.

  5. Santiago Espinoza dice:

    Distinguída y muy fina Mora.
    Realmente ha sido muy interesante y muy importante leer su carta a un Amigo , realmente expresa una realidad de que cuando se es jóven, no somos capaces de ver el amor que tenemos a nuestro
    lado y el propio cupído se desespera y pienza que está fallando en su cometído, pero al fin se da cu
    enta que es debído a la juventud y al pasar los años y te flecha dice! no que no! ., Mil disculpas me dejé llevar por la inercia de mis penzamientos, le decía que no somos capaces de ver la felicidad que
    tenemos a nuestro lado por las diferentes causas y ahora que somos adultos no damos cuenta que dejamos
    pasar la felicidad y aunque ahora somos felices, a la mayoría nos gustaría, bueno esa es mi humilde opinion, nos gustaría ser felices con esa persona que dejamos, que dejamos por no com
    render al A m o r .

    ,

  6. David garcia alfaro Garcia Alfaro dice:

    Es agradable leer Tu noztalgia, que lo lleva y lo eleva a su primer amor, aquel amor platonico, , ddonde uno llora y sale alegria cuando hemos tenido un feliz amor y tristeza cuando hay malos recuerdos. el sufrimiento o alegria, no ha todos nos va igual pero recordar y vivir del pasado no es bueno, porque se debe seguir adelante, pensemos primero como sufrio Nuestro Señor Jesucristo, pero ese sufrimiento fue de amor puro, pero es bueno recordar los verdaderos amigos. las vedaderas amigas los verdaderos compañeros de estudio, y hacer una lista de los que recordamos y buzcar a los mas cercanos , talvez encontramos la respuesta de lo que paso y no lamentarse de lo que sehace falta haste que se ha perdido. buzca tu grupo que tuviste. me agrada y me da felicidad tus lines Dios te Bendiga ( hasta pronto

  7. Daniel Herrera Cruz dice:

    Estimada Sra. Mora Torres, soy un simple lector, me gusto su “carta a un amigo” porque me transporto a mi juventud y coincido con usted, llorar, estar alegres , felices o estar tristes son sintomas de estar enamorado, yo lo vivi cuando conoci a mi esposa y despues de casi 30 años viviendo juntos nos sentamos a recordar esos tiempos, a ver esas fotos y volvemos a reirnos, a entristecernos y ocacionalmente se nos escurre una que otra lagrima pero de felicidad. Gracias.

  8. Joise Morillo dice:

    Mora, saludos, siempre acontece lo mejor.

    Descubrir la debilidad de la materia –del ente- en comparación con la fortaleza del espíritu –el ser-, se traduce en: superarse para vivir mejor o ser mejores, en otras palabras, educarse –crecer como persona- para ser otros en función de erradicar la sensibilidad –concupiscencia- desbordada, que es la madre de las pasiones. En vez, habéis desarrollado el intelecto como corolario de armonía y desarrollo de un mundo cada vez más civilizado y tendiente a fortalecer las bases de un mundo urbano sano y fuerte. Este modelo se logra con la transpolación de las ideas –conocer vuestros errores y de otros a través del conocimiento de la historia- hacia un mundo actualizado, siempre tomando en consideración los cambios que ofrece el mundo –humano- siempre mas materiales y, en menor grado espirituales. Por tanto, ese espíritu que se enfrenta a las épocas solo debe luchar contra las miserias que permanecen florecientes en el descuido de quienes hacen caso omiso a la importancia de un buen proceder -educación-, para convertirse en solo gente.

    Por tal desidia, tendríamos en acecho: la intriga, producto de la envidia, el rencor, producto de las pasiones, el egoísmo producto de la insensatez y la ignorancia, la hipocresía producto de la vanidad, la mezquindad por desconocimiento del verdadero valor ontológico de la cosa que somos –el ser humano- eso nos hace infelices.

    En tal sentido afirmo:

    Ser feliz es lograr el mínimo de frustraciones. Cultivar bonanza para cosechar exito.

    Mora, teneis razón, cuando la gente madura presta mas atención a cosas que en otrora parecían triviales. El problema radica en el “ahora” ¿son o no, triviales?

    ¡No siempre se logra lo que se quiere! Empero, si en el camino de desarrollar vuestros más profundos anhelos: vais produciendo, generando, bienestar y logros para vos y otros, podréis consideraros un ser exitoso.

    La regla de oro enseña:

    “compartir es el secreto del buen vivir” En vecez es sano compartir nostalgia.

    ¡Aun cuando el mundo se manifiesta inclinado a determinar valores considerando la adquisición de bienes materiales como tácitos para convivir! –Esto es la realidad- El peor error consiste en no reconocer las virtudes y cualidades de quienes con buenos propósitos y tenacidad han compartido vuestro tiempo.

    Son pues, las buenas acciones dirigidas al bien común y, no solamente a vuestro peculio, las que os presentan ante el mundo como gente de provecho, personas. Entonces, en la medida que concertéis ese éxito seréis felices, ¡todos y no muchos!

    Conoceros, os hace feliz en la medida de compartir tal valor.

    Os ama

    Joise

  9. viviana caicedo dice:

    HOLA MORA
    ME ENCANTAN SUS ESCRITOS Y LOS LEO SIEMPRE CON ENTUSIASMO Y LE MANIFIESTO QUE ESTE ES EL QUE MAS ME HA GUSTAO. SU CARTA A UN AMIGO ME HACE CAER EN CUENTA DE QUE CUANTO ESTAMOS JOVENES NO RECONOCEMOS LA FELICIDAD… Y SIENTO MUCHA NOSTALGIA, TAMBIEN POR UN VIEJO Y MUY AMADO AMIGO…
    SALUDOS.

  10. Rebeca Ley dice:

    Me encanta, lo personal, lo cotidiano de la carta, diste palabras a mis pensamientos.
    Gracias….
    Rebeca Ley.

  11. benjadem alflorentin dice:

    Creo q cuando uno es jóven sabe q es felíz, aunqe uno tenga muchas necesidades materiales y espirituales, lo q pasa es q uno se siente unificado con el mundo y con la creación, y desea q todo el mundo sea felíz y no sufra la inútil miseria q produce un sistema asesino como el q estamos viviendo; por éso “se dice q no sabíamos q éramos felices”… Porqe uno nace con la mente virgen, sana, abierta a toda la experiencia del mundo, q luego, la “cultura” en q nos criamos, va cerrando, achicando, envenenando con los prejuicios, dogmas y moralinas espúrias; con celos, egoísmos, vanidad y descomedimiento. La mente envejecida comienza a restringir su radio d acción, como nuestros ojos, como nuestro cuerpo, como nuestras intenciones, pero jamás puede negarse toda la verdad y aunqe racionalmente dictamine q uno a los 20 años “era un estúpido q no sabía pensar “correctamente” x su cuenta” hay algo q niega terminante y tajantemente ésa “verdad madura”… la nostalgia d aqellos años mozos; porqe uno tenía los sueños puros, la fuerza activa, los deseos alertas, y la esperanza d q el mundo iba a mejorar. Es la nostalgia x la esperanza q movía nuestro espíritu en pos d ideales santos y altruístas (santos en el buen sentido, no en el religioso). Ahora q somos grandes, adultos, mayores, tenemos el alma chica y sus sentidos también, entonces tenemos q autoconsolarnos pensando q la felicidad está en las nimiedades q nos afectan, para no ponernos a llorar o para no suicidarnos x la involución q hemos sufrido.
    Esa nostalgia es la indicativa d q aún no estamos muertos en vida, q aún tenemos algo del soplo vital en nuestro interior, y q si qeremos podemos volver a tener la sabiduría d nuestra juventud pasada, la q nos hermanaba con todo lo vivo, y podemos ser algo mas q aqel famoso cínico q solo le preocupaba el sol q la sombra le qitaba.

  12. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Queridos todos:
    Cruzar un desierto en la vida, no se compara con el límpido paraíso natural en el que nuestras vidas después de la tormenta visitarán. Todo vuelve a resplandecer con majestuosidad, océanos de aguas turquesas, y caricias de arenas blancas….y no sé qué más.

    Esto es una carta después que sobreviví. Muchas de las tantas que Graciela y Yo escribimos a un amor que no era…y se tuvo que marchar.

    Long…long…time ago…
    Sinceramente, todo lo vivido, todo lo que quedó debajo de los ojos cuando te pensé…y pensé, todos los momentos difíciles, no fueron una total pérdida, quedaron los recuerdos entre huecos de poemas inconclusos, quedó el consuelo de las manos de Graciela. Todas las palabras, sin excepción, creo están escritas en el libro de la vida, todas las que dije y me dijiste, las que cayeron de la boca sin poderlas recoger, de las que hasta hoy presa estoy, aunque ya no te pueda ver, aunque ya no te pueda tocar, ni escuchar, porque cada vez que se asoman a la memoria, te pido perdón y me arrepiento de verdad. Te quise mucho, muchísimo, como una esclava hambrienta en el desierto pedí la frescura de tu amor, te besé con desesperación, como si quisiera beberte los labios y hundirme en tus ojos hasta la desazón.
    Me quedé muda de miedo, con tal frialdad de corazón. Estaba muda y mis oídos sordos en aquel navío turbulento e indiferente, que era tu pecho; no tuve descanso del lloro, tanto que labró surco en los ojos, mientras la culpa mía construía más y más, paredes de hielo alrededor de tu corazón. Mis poemas y las cartas que parecían buenas reconciliadoras, tus ojos esquivaron dejándolas en tierra. No pude imaginar algo que te pudiera encantar, como el canto de una sirena ansiosa de amar. Después de varios intentos un día te dejé marchar. Entonces me senté a observar sin querer mirar, y no comprendía cómo la gente tenía ánimo de reír, de caminar, de soñar; me encontré de rodillas en el suelo sin poder concebir la vida de los demás. ¿De qué servía tanta distracción si nada fue posible para el corazón contentar, búsqueda inútil si todo está paralizado en el aire, y no puedo ocultar el rostro de mis cercanos, ¿dónde iré?…¿dónde me esconderé?..,entonces deseé hundirme en una cama para siempre, o la espada de la señora Butterfly saborear, y así poder volar……volar…volar
    Bueno, ahora realmente estoy dispuesta a aceptar que mis hijos se enamorarán y que sabrán salir airosos, si un amor no los comprende, o simplemente, aquel no era…ni será.
    Una vez que hice pacto con el Señor, le entregué mi vida, todo cambió. Un día llegó a mis manos un libro que recomiendo: “Una vida con propósito, de: ” Rick Warren”, lo pueden encontrar en una librería cristiana, estoy segura, lo comentarán.
    Qué Dios bendiga a todos mis amigos en gran manera y les dé una vida abundante.
    Blanca Estela, los amo, pero más a Dios. oro por ustedes.

  13. julio César Palma Díaz dice:

    Es gratificante el poder leer este tipo de ensayo porque nos hace retoceder igualmente a los tiempos idos y con nostalgia, desandamos lo andado nos disponemos a cruzar el puente de los recuerdos para encontrarnos de nuevo con nuestras primeras cuitas. La nostalgia es la hija predilecta de la Dicha, quien a su vez es la hermana Gemela de la Felicidad y aunque se parecen no son lo mismo. Intuyo que en la descripción de “carta a un Amigo” que allí queda expresada con claridad, la carga emotiva que dejan en nosotros los recuerdos de los momentos gratos vividos en la mocedad y me atrevería a decir que es el amor no confesado y que hoy con nuevos brios anhelamos fuese hecho realidad.

  14. Leonel Rios dice:

    HOLA MORA TORRES, ME ES GRATO SALUDARLE

    HE LEIDO CON SATISFACCION TU ARTICULO Y ME INUNDA LA NOSTALGIA TAMBIEN AL RECORADAR A MIS AMIGOS DE UNA EPOCA QUE NO VOLVERA, PERO QUE HACE DE NUSETRA NOSTALGIA ALEGRIA O TRISTEZA. TE ENVIO UN POEMA DE NUESTRO POETA RUBEN DARIO, LLAMADO:

    Canción de Otoño en Primavera

    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro…
    y a veces lloro sin querer….

    Plural ha sido la celeste
    historia de mi corazón.
    Era una dulce niña en este
    mundo de duelo y aflicción.

    Miraba come el alba pura;
    sonreia como una flor.
    Era su cabellera obscura
    hecha de noche y de dolor.

    Yo era timido como un niño.
    Ella, naturalmente, fue,
    para mi amor hecho de armiño,
    Herodias y Salome…

    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro…
    y a veces lloro sin querer…

    Y mas consolodora y mas
    halagadora y expresiva,
    la otra fue mas sensitiva
    cual no pense; encontrar jamas.

    Pues a su continua ternura
    una pasion violenta unia.
    En un peplo de gase pura
    una bacante se envolvia…

    En sus brazos tomó; mi ensueño
    y lo arrulló; como a un bebe;…
    y le mató, triste y pequeóo,
    falto de luz, falto de fe…

    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro…
    y a veces lloro sin querer…

    Otra juzgó; que era mi boca
    el estuche de su pasión;
    y que me roeria, loca,
    con sus dientes el corazón

    Poniende en un amor de exceso
    la mira de su voluntad,
    mientras eran abrazo y beso
    sintesis de la eternidad;

    y de nuestra carne ligera
    imaginar siempre un Eden,
    sin pensar que la Primavera
    y la carne acaban tambien…

    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar no lloro…
    y a veces lloro sin querer…

    Y las demas! En tantos climas,
    en tantas tierras siempre son,
    si no pretextos de mis rimas
    fantasmas de mi corazón.

    En vano busque; a la princesa
    que estaba triste de esperar.
    La vida es dura. Amarga y pesa.
    Ya no hay princesa que cantar!

    Eres a pesar del tiempo terco,
    mi sed de amor no tiene fin;
    con el cabello gris, me acerco
    a los rosales del jardin…

    Juventud, divino tesoro,
    ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro…
    y a veces lloro sin querer…
    Mas es mia el Alba de oro!

  15. Carlos Borda Blacutt dice:

    Mora:
    Las cartas siempre fueron y son, documentos arrancados de un tren de experiencias que suspendidos en la fantasía deambulan donde quieren y se apartan cuando les da la gana. Las cartas son y seran documentos donde el escribidor no es la diestra del transmisor sino su espíritu que arranca, todo para describir, exageran, minimisar y transmitir, calor, fuerza, insultos o elixir de todo lo que piensa y quieres.
    Cuando hacemos eso, como todo lo que sientes en torno a tu misiva a Chicho arrancas gruesas laminas del todo lo que describes, y lo sierto es que desatadas en líneas que impresas en un limitado folio de papel, rompen lo inedito y llegan hasta el corazón.
    Creo que todo lo que puedes decir es todo lo que quieres decir y juntando mis mayores aprecios, recibe un apretado y caluroso bien hecho! por tu formidable carta
    Carlos

  16. wielys jacqueline villalobos gonzalez dice:

    Hola la lectura es impresionante a medidas que uno va leyendo se hace mas interesante,es una realidad que lo lleva a uno a recordar momoentos que estan bien guardados en nuestros corazones.Que exitos….

  17. Clara Luz Castelblanco Villalobos dice:

    Hola me encanta saber que hay gente que cuida y acepta su vida y pasado, presente y futuro, me parece que es una carta muy sentida llena de alegrías y desengaños es como la vida misma, y es real me gusta..

  18. José María Gil dice:

    Amable Mora:
    Pienso que cada día te superas en tus escritos y al mismo tiempo nos vas desmarcado, a los que te seguimos, como hacen los buenos futbolistas con aquéllos que intentan seguirles en las jugadas maestras.
    Mira tú qué cosas…, las cartas que no tiramos!… O mejor, como decía Rousmor, “las cartas que nunca llegamos a tirar”… y que nunca pudieron llegar a ser recuerdos, al haberse truncado su curso natural…!
    De ahí la nostalgia…, porque la nostalgia no se teje de presencias, sino más bien de ausencias. Fijamos nuestros sentimientos de nostalgia en alguien, en algo, en algún lugar determinado…., sin darnos cuenta de que la nostalgia se aferra siempre a todo aquello que, de manera circunstancial, acompañaba nuestras vivencias con ellos. Así, por ejemplo, en mi caso siento nostalgia de Rosa porque con ella fui feliz más de una vez. Siento nostalgia del teatro, no sólo por las vivencias de aquella época sino también por los amigos que conocí y con los que pude convivír. Siento nostalgia de una época de mi niñez en “o bairro de Bemfica” por toda la felicidad que nos acompañó a todos durante aquellos años…
    Recordamos algo o a alguien de manera especial y sentimos nostalgia, pero la nostalgia no se queda allí o en la persona evocada, ya que se diluye alrededor de aquello para fijarse en cada detalle del acompañamiento temporal, local o personal de las vivencias compartidas con la persona con la época o con el lugar recordados, pues en la nostalgia pesa más lo que no es que lo que creemos que es.
    La nostalgia es un sentimiento equívoco…, por ello es enfermizo y de ahí que muchas veces sea doloroso. De hecho, refugiarse en la nostalgia exige cierto componente masoquista, aunque sea involuntario..
    Saludos.

  19. charmante charmante dice:

    Su blog es una verdadera mina de información, soy un ávido lector y le deseo buena suerte.

    Voyance gratuite

  20. Antonio Eduardo Ramírez Castillo dice:

    Es un relato fantastico, que me hace recordar aquellos tiempos de juventud. Felicitaciones

  21. eric polten dice:

    En realidad leo algunos escritos que no valen nada, nunca me imagine leer una estupidez intendible,aparte encontrarme con un tremendo grupo de lectores de tan baja calidad,que no solo no han entedido nada de lo escrito que sino les rinden pleitesia a una lectura sin ningun contenido - cosas como ,me has transportado a mi niñez - tan mala fue, un asco - me alegro que sigas escribiendo,me encanta -porque no lees algun pasquin imundo de los que abundan en el mercado y tendras mas y mejores temas - una verdadera mina de informacion ??? informacion de que ? Un relato fantastico……huy, que dolor,despues de leer lo que escribio LAMOLLEJA y de re-leer los comentarios, es un verdadero masaje prostatico de la unica neurona que les quedan,por favor cuidenlan,no la gasten,no hay como reponerla,esas cosas hay que nutrirlas de pequeños porque de grande pasan a ser como las que encontre hoy - una esponja donde absorbe toda la materia fecal.
    Una lectura impresionante,mas lees mas interesante - yo no pude terminar de leerla,lo pude hacer en varios descansos.
    Cada dia te superas…. realmente no creo lo que leyendo, no puedo hacer mas comentarios…

    Moraleja: tengo en Argentina , que vive en La Rioja , una tia que vende tomates



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