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por Mora Torres

 

¿Cómo sigue..?

¿Cómo sigue, cómo se llama?

Encontré en el fondo de un cajón este principio de novela, que además tenía un recordatorio para mí misma (La Novela y la Historia). Me encantaría que algunos de ustedes la continuaran, para revelarme su posible final (La lista final y el viaje para el cual uno nunca se prepara), o acaso sólo su evidente intermedio.

El recordatorio es éste:

Mora: como sabés, esta novela ha comenzado inspirándose en este párrafo de Jung (Arquetipos): “Soñé cierto motivo durante varios años, acerca de que yo ‘descubría’ una parte de mi casa cuya existencia desconocía. Unas veces se trataba de las habitaciones donde vivieron mis padres (…), y donde mi padre, para sorpresa mía, tenía un laboratorio en el que estudiaba la anatomía comparada de los peces, y mi madre tenía un hotel para visitantes fantasmas” (Fantasmas. Crónicas de un viaje al interior). Sabés, también, que ahora la idea es escribir organizadamente, no adelantar capítulos para después rellenar con los que faltan -bosque donde uno suele perderse (El mundo de las letras)- y, además, la idea sería redactar aproximadamente sólo una página por día, pero todos los días del año, en perfecto orden, con lo que al concluir el año 2003 te encontrarías con una novela de 365 páginas que se ha ido escribiendo sola (El calendario). Porque también la idea es no pensarla durante el día (En el día del libro), durante los momentos en que no estás escribiendo, no “vivirla” constantemente, como a la otra, sino escribir cada página según el momento, siguiendo el argumento, e irla dejando acá, intentando no recordarla, de modo que los personajes y no vos manejen la trama de los hechos (Tipos de Novelas). Veremos, no sé si sos capaz de tanto renunciamiento… (El lobo estepario, un intelectual perdido en una sociedad ajena a su mundo).

1. El hermoso bolso marinero

Vivo con mi tío Eliseo y mi tía Beatriz desde los cinco años; de lo anterior no me queda casi nada; a veces sueño con la cara de mi mamá, que en realidad recuerdo aun cuando estoy despierta, pero es en sueños donde me sorprende la vivacidad de sus rasgos. Y a veces también ocurre esto con la cara de mi papá. Reconstruyo sus caras y sus cuerpos, pero no los veo moverse, hacer algo, acercarse a mí o hablar entre ellos; retengo sólo sus retratos, aunque estos retratos hayan sido tomados de la vida de la niñita que fui, no de un álbum de fotografías.

Me veo a mí misma el día que llegué a lo de tío Eliseo. Traía un hermoso bolso marinero lleno de juguetes de tela; eso era lo que cargaba yo, el bolso que no quería dejar apoyado en ningún lado. Al contrario de lo que me sucede con mis padres, la persona que me acompañaba, que se ha desvanecido como los genios en las botellas después de taparlas muy bien, sin embargo sí hablaba y se movía, pero debo decir que, al haber perdido los rasgos y hasta el sexo, sigue moviéndose en mi memoria como un color, el rojo o el azul, por ejemplo, o como otro sustantivo abstracto: la maldad o la bondad o la indiferencia.

Parece ser que alguna vez mi tío Eliseo hizo un buen negocio o se ganó la lotería y compró un edificio de departamentos que alquilaba, lo que le permitía no trabajar. Esto era en Buenos Aires, cuando yo aparecí en su vida. Mi tía Beatriz tenía una ayudante para limpiar y cocinar; mi tía paseaba mañana y tarde limpiando y mirando el posible polvo acumulado en las junturas del vidrio de la ventana con el marco de hierro y otros detalles que mandaba solucionar, y a veces paseaba simplemente por la casa sin hacer nada, o se encerraba en uno de esos cuartos que yo casi no conocía a leer, y a mí, que todavía no iba a la escuela, me fascinaba mirar las tapas de esos libros que tenían dibujos muy extraños, escritas generalmente, como supe después, en letra gótica. Percibí de inmediato que los dibujos de esas cubiertas de libros eran extraños, aunque todo podría ser raro para una niña analfabeta de mi edad; uno tampoco sabe mirar bien cuando todavía no ha aprendido a escribir, y ve brujas o instrumentos de tortura donde hay un pájaro o algo así de alas negras. Mi tía era buena y cariñosa conmigo; jugábamos con los muñecos y osos que había adentro de mi bolso marinero y ella pretendía que la llamara mamá, cuestión en la que nunca pudimos ponernos de acuerdo; sigue diciendo que soy su hija, y yo le digo tía, no por un especial homenaje a mi madre, sino porque no hay nada que me desorganice tanto la cabeza como la imprecisión.

Todavía antes de que yo empezara a ir a la escuela mis tíos decidieron que nos fuéramos a vivir a una ciudad del interior, pero no a ninguna en especial, sino que miraron en los mapas, leyeron algunas guías de lugares situados en la Argentina y finalmente se decidieron por la ciudad de Santa Fe, más al norte y más calurosa que Buenos Aires.

Creo que desde mis pequeñas dimensiones yo no advertí bien al principio las diferencias entre las dos ciudades; me parecía igual que Buenos Aires. Sentía una atmósfera distinta, eso sí, como más limpia y airada. Los chicos eran iguales; las calles por donde pasaban los autos y los mismos autos eran iguales; las fachadas de las casas eran iguales según mi nada detallada sensación, y además no miré hacia arriba, aunque sabía intuitivamente que estaba el cielo y no la terraza de los edificios de quince o veinte pisos que conocía.

Nos instalamos en una casa colonial todavía más grande que la que habíamos habitado en Buenos Aires, y me parece que corresponde que describa, entre otras cosas, cómo fui descubriéndola y los lugares de la casa que quedaron a oscuras para mí.

2. La casa colonial

Ya tenía seis años, era abril y estaba por empezar primer grado con un atraso de veinte días cuando entré por primera vez en esta casa.

Me llevaron a un cuarto previamente arreglado por mi tía, con una cama con acolchado de mariposas rojas y fondo blanco y otros detalles infantiles y que, algo cambiado, es también donde estoy escribiendo. Pero lo miro ahora y no es el mismo, no sólo por la decoración, ya de mi gusto, sino porque son más chicas las dos ventanas.

Las ventanas son más chicas, y las paredes ya no transmiten sonidos ambiguos, ni el viento pasa por afuera; al menos no pasa con aires transilvánicos, aun cuando transilvánica a mi parecer, hasta donde han llegado mis lecturas, es la historia que tengo que contar. Estoy en calma, a punto de relatar aquellas cosas, como si mi pensamiento se hubiera ido adaptando lentamente a lo sobrenatural.

Subí dos escaleras y atravesé varios pasillos antes de encontrar el acolchado de mariposas del que mi tía hablaba como de algo supremo. La que me conducía era Teté, una especie de niñera que me habían buscado, de la que después me hice muy amiga. Teté ese mismo día comenzó a secarme las lágrimas, pero debo reconocer que nunca fueron muy amargas las lágrimas que secó. Ese día fue un poco de nostalgia, pero ya me había acostumbrado a la orfandad, y hasta me resultaba interesante. Y otros días, cuando lloré de miedo, ella ya no estaba a mi lado.

Envío

Para todos mis amigos pasados, presentes y futuros; para que los pasados me recuerden, los presenten me quieran todavía más y los futuros se animen a escribirme. ¿Qué les cuesta inventar cualquier final para hacerme feliz? ¡Pues adelante, y besos!

Mora

Editorial, Monografias

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Comentarios

10 respuestas a “¿Cómo sigue..?”
  1. Mary Funes dice:

    Voy a tratar de seguir … luego te cuento

  2. liana diaz dice:

    hola esta muy bueno leer para retroalimentar los conocimiento es como una esponja pero hay veces que no leen para aprender si no para copiar algunos malos habitos es bueno recorrer cada linea e imaginar lo que lees y asi vas explorando cada centimetro de esa lectura maravillosa que hay en cada escritor

  3. Ilich Villavicencio dice:

    ….no tengo tu forma literaria pero intentaré darle un fin interesante…. a ver si me avisas como me va pues hace poco que comencé a escribir…
    _______________________________________________________________________________
    … Teté siempre tomaba mi mano para llevarme a la escuela, recuerdo con nostalgia aquellas veces que me daba un dulce beso en la mejilla como despedida: era también mi tía quien me acompañaba ala escuela pero, no sé porqué razón, prefería a Teté; aquel día habíamos paseado por toda la casa, recordando bellos momentos pasados… fue una forma de despedirme de aquella casa colonial que había visto cómo crecía, en realidad sabía que añoraría muchos momentos en aquel lugar, tenia en mente nuevamente el reflejo de mi mamá y papá, como si ellos me llamaran a Buenos Aires, había ahí algo que podía tenía que hacer, algo que me estaba esperando…
    _______________________________________________________________________________

    …Mora: espero te guste; es un final un poco corto o quizá un intermedio… la verdad no sé…. pero quizá puedas leer un poco de lo escribo yo…. (http://www.facebook.com/note.php?note_id=189431434450813) es mis notas del facebook gracias…. espero tu respuesta….

  4. JOSE ANTONIO GOMEZ PERALTA dice:

    Dios te bendiga Mora, al recordar la niñez uno se alegra, se entristece, etc. Y lo más bonito del caso es que después que llegamos a ser viejo es como si regresamos a ser niños. ► Eclesiastés 1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. 9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. 10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. 11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

  5. maria jose lopez dice:

    Mi querida Mora,como sabes no soy escritora ni se escribir bien,aunque no escriba siempre
    te sigo leyendo porque me gusta lo que escribes,hoy intentare escribir algo porque quiero que
    siempre cuentes conmigo como una amiga presente que te quiere y siempre estara a tú lado.

    Era una casa sacada de un cuento de hadas,desde las ventanas se veia un hermoso paisaje
    bosques de pinos donde la vista se podia perder,los árboles danzaban con moviemientos
    acompasados por el viento y parecia que murmuraban magicas melodias o tal vez entonaban
    una canción. Fije la mirada hacia el suelo intentando descubrir cada rincón del gran jardin era
    un laberinto de flores y perfumes de un fragante olor delicado y armonioso.Recordaba los
    largos paseos con Teté,sus consejos y todo el cariño y dedicación que me ofrecio mientras
    me enseñaba el nombre de cada flor y de cada insecto que se posaba en ellas acariciando
    sus suaves petalos,echaba mucho de menos a Teté ya habia dicho tantas veces adios a
    seres queridos,con el tiempo comprendi que nunca se marchan del todo.
    Sonó una campanilla se oian unos leves pasos subiendo la escalera de madera,clavé los
    ojos en la puerta esperando que se abriera, el pomo se giró y ví entrar una silueta alta,delgada
    y barbuda,se sento en una silla que habia a mi lado su mirada era penetrante como si intentara
    urgar en mis pensamientos y saber los más escondidos secretos,tan adsorta estaba que no
    llegue a entender sus palabras cuando me hablo con una voz ronca,fue mi profesor de refuerzo
    para aquellas dudas y preguntas que no entendia,me gustaba aprender y aprendia rapido
    deseaba leer todos esos libros que la tia guardaba en la biblioteca algunos acumulaban
    un pequeña capa de polvo.Hoy he vuelto a la casa colonial para volver a recordar mi infancia
    y terminar de leer aquellos libros que no leí que estan junto a los que leí,unos me enseñarón
    otros me hizierón volar con la imaginación a paises de ensueño.Me he convertido en buscadora
    de palabras que escribo,hermosas palabras conjugadas que forman bellos….hermosos…
    maravillosos…..grandes relatos,hay personas que me siguen y me quieren y para ellos soy la
    mejor escritora ( Mora ).

    Cada esfuerzo tiene su recompensa y tú mi querida Mora te la has ganado con mucho merito a
    tu trabajo,que Dios te bendiga y te colme de felicidad.
    Gracias por ser escritora y darnos la dicha de poderte leer.

    Muchos besos para tod@s,os quiero y no os olvido,y a tí Mora te quiero un montón

  6. Joise Morillo dice:

    Querida Mora, creo que seguirá, todo depende de la prolifidad de la musa.

    Además de mi cuarto con mi acolchado de mariposas, no obstante de las atenciones de Teté; sentía una especial afición por visitar el ático, desde allí podía apreciar el paisaje que entre sollozos, me parecía ajeno, pero…. zas! Me enrolé en una nueva actitud, no podía, o quizá no me entretenía la anatomía comparada -menos la de peces- pero si me identificaba con lo muy espiritual de tía Beatriz, ese concepto ficticio de albergar inquilinos etéreos que veía en mama me excitaba profundamente, mas aun, cuando empecé a experimentar las visitas colectivas de las mujeres de negro, murmurando en fila las novenas de rosarios, siempre a la media noche, pero no solo eso me quitaba el sueño, le otorgaba padres y madres a cada una de mis muñecas y muñecos de trapo, los cuales sin mucho esfuerzo aparecían y desaparecían al llamado de comparecencia de cualquier rincón oscuro de mi cuarto o preferiblemente del ático donde tenia mi centro de operaciones espirituales, vivía mi mundo, no podía dejar de experimentar esa lucha por alejar la soledad, y el sentimiento que me producía el hecho de haber obtenido una Orfandad, a causa de la lejanía y ausencia de mis padres.

    No eran solamente las de negro, me regodeaba en la imaginación la barredora con su nariz voluminosa y sus ojos saltones, sus verrugas y olor a pócima -no era que oliera- lo percibía en una tenaz franja de memoria que me producía la influencia de mama y sus huéspedes efímeros e inexorables como solía decir Eliseo, prefería llamarlo así antes que padre, pues tío era monótono y diferente a Beatriz, casi ausente como monsieur Balthazar de Balzac en la “Búsqueda de lo absoluto” absorto en sus definiciones anatómicas como D’Vinci de la Patagonia, no me importaba, pero mi tía dulce y abstraída en su sueño de anfitriona. Me inspiraba Paz

    No todo era tan apacible, Teté me paseaba yo cargaba con mi bolsa de marinero, en ella metía todas mis fantasías, que se apretujaban con mi muñequillos de trapo.

    En el colegio, un día aunque en buenos aires nunca experimente otro episodio que los paseos de edificios nunca me enfrente a la jovial sinceridad de los niño citadinos, pero aquí si, muy lúcidos y despiertos a pesar de lo provinciano me convencían de interesantes.

    ¿Porque abrazáis con tanto fervor esa bolsa insignificante?… me preguntó un chico, ¿que lleváis ahí dentro?

    Casi que no respondo por el impacto de su agresiva forma… Nada respondí…

    ¿Entonces? Asintió el chico…

    ¡No, son mis amigos que llevo guardados en mi bolso!

    Y ¿no tenéis miedo que se mueran?

    No ellos son fuertes y resisten: el calor, el frío y de todo, además yo los protejo. Que protejo ni que

    ocho cuartos… comento el pibe.

    De todos modos, dejáme ver… creo que me besó… fueron las ultimas palabras de petición por parte del chico, desde entonces, sentí una intrigante pero sutil e interesante actitud ante tal personalidad, morocho esbelto, con un garbo provincial definido pero elegante y genuino.

    Parecía que dependía desde entonces de su agresiva actitud. De lo cual me acompañé para futuras incursiones solarescas en el colegio.

    Dionisio, mañana quiero que leamos uno de los libros de Tia ¿Me acompañáis?

    Os ama

    Joise

  7. Joise Morillo dice:

    Fe de errata

    Buenos Aires, por buenos aires.

    os ama

    Joise

  8. Osvaldo Bonini dice:

    El jueves pasado, cuando leí esta entrada, asocié inmediatamente con una historia que no termina como en los cuentos de hadas. De alguna manera vino a mi memoria aquellos tiempos de dictaduras y desapariciones, de bebes y niños de padres asesinados, dados a adopción con otras identidades. Pensé en desarrollar un final con la similitud de una historia verídica en especial de ese tinte.
    También se me ocurrió luego otro final donde lograra desarrollar la perspectiva de la falta de la relación padres-hijos desde la niñez golpeando en la madurez.
    Pero, de alguna manera los días se han volado y si bien es siempre un deleite leer tus entregas, Morita, y las entradas de los socios de éste club, terminé quedando tan solo en la intensión; falla grave -perdón-.
    Te mando un beso grandísimo de almíbar y nogales serranos.

  9. petrona fernandez dice:

    encontré en el fondo del cajón una foto suya y los recuerdos me llevaron a esos días maravillosos, días que transcurrían entre juegos y paseos de tu mano…ya no estás, iniciaste ese viaje sin final y sin regreso, te extraño, no te olvido…que otro continúe la historia. gracias Mora

  10. José María Gil dice:

    Hoy, Mora, nos pides algo harto difícil… ¡Dar un final a algo que no hemos comenzado…!
    No digo que no sea posible, puesto que, especialmente en la literatura novelesca, los posibles finales pueden ser una elección para el autor, así como ir cambiando a voluntad y a medida que también lo hagan las circunstancias que interfieren en la acción o que acompañan a los personajes. Un viaje inesperado, una pelea familiar, un enamoramiento, una riña por celos, una boda, una infidelidad, una desgracia individual o colectiva, el enriquecimiento repentino de uno de los personajes, la intromisión de un extraño, la deriva hacia la locura del o de la protagonista, etc., son sucesos que pueden introducir cambios importantes en el devenir del argumento o incluso precipitarnos a un brusco final. ¿Cómo no va a ser así, si ello ya sucede en las historias reales de la que todos entendemos como vida normal?
    Por ello me ha dado por pensar que la pregunta (más que pregunta, petición) tiene trampa, pero… ¿Cuál es la trampa, Mora?, ¿De verdad quieres saber ese final?, ¿acaso lo temes?, ¿o más bien quieres saber cómo evitarlo?
    Se me ocurren varias posibilidades, descartando por supuesto la “novela calendario”, basada en escribir un capítulo espontáneo cada día, en la que las posibilidades de cambio serían casi infinitas.
    Renunciemos también a un posible intermedio. Ya me parece suficiente, como tal, el tiempo transcurrido mientras duró el período de “evidente olvido” de parte de la obra en el fondo de un cajón.
    Tampoco me seduce la solución basada en la idea de “la narración eterna”, en la que cada autor, tras la lectura de lo escrito hasta entonces, procede al añadido de 10, 15 ó 20 palabras destinadas a enriquecer y aumentar su contenido.
    Voy a centrarme, más bien, en el inicio en sí de la novela, pues lo considero importante. Partimos para ello de la orfandad, de la obligada sustitución parental, de un viaje hacia un incierto norte más caluroso y de la persistencia del recuerdo familiar. El lugar concreto no importa, todos son parecidos, como parecidos o iguales son los coches que circulan por sus calles o parecidas las fachadas de sus casas. Lo diferente está en los interiores, en los detalles de la cama, de las ventanas, de las habitaciones que uno aún no conoce y en el comportamiento de los tíos y sobre todo de Teté, mientras duró su corta y pasajera compañía.

    1) Posibilidad en el ámbito de la vida normal: ¿Cómo describir en los capítulos siguientes los vaivenes de una vida de ilusión en la fase colegial, seguidos seguramente de trabajo en pos de logros académicos y profesionales, venturas y desventuras del amor, alegrías y desengaños de la amistad, premios e injusticias por parte de la sociedad, coleccionados a pulso o sin motivos, limitaciones y penas inherentes al paso de la edad e incluso el progresivo y voluntario aislamiento final a que uno se ve abocado cuando ya no se siente necesario para los demás?
    Hay que ser muy artista para poder hacerlo.

    2) Posibilidad en el ámbito de la vida fantástica: Siempre podremos recurrir a la habitación del fondo, en el piso alto. A una hora determinada de cada atardecer, una abertura en la pared nos comunica con otro mundo (hay otros mundos, pero están en éste). A la sorpresa y el miedo del primer día (hallazgo casual), suceden la curiosidad y la aventura en días sucesivos y finalmente la querencia y el compromiso con lo ignoto. Todo ello se describe en capítulos sucesivos, aderezados con escenas de una atipia onírica y sorprendente, mientras la idea de un mundo mejor va calando en el alma de la protagonista al tiempo que ésta va perdiendo interés por el mundo real.
    El final no puede ser otro. Algo raro está ocurriendo y los tíos pasan de la sospecha a la certeza del extraño fenómeno el mismo día que irrumpen en la habitación de la sobrina a la misma hora determinada en que ella, eligiendo la seguridad de ese mundo mejor, abandona el lugar de la escena mientras su gesto de despedida con la mano es interrumpido por el muro que se cierra, quedando atrapado en la pared un extremo del foulard crema con el que iba ataviada, como única y última comunicación entre ambos mundos.

    3)Posibilidad materialista: Podemos agravar el nudo temático a través de sucesivas desgracias y problemas financieros de la familia, endureciendo sobremanera el resto de la infancia y la adolescencia, pero la solución a estos problemas también está en la casa. El antepenúltimo escalón, llegando al piso alto, es un escalón misterioso. No hay en él un “aleph”, como en el relato de Borges, pero la curiosidad de la protagonista va en aumento en progresión pareja al cúmulo de desgracias y dificultades por las que va pasando la familia, hasta que un día (el tío ya ha fallecido y la intratable tía lleva semanas en el Hospital) la protagonista, casi desesperada, decide levantar las tablas de madera y encuentra la solución a todos sus problemas en un tesoro que no va a reclamar nadie.
    A partir de ese momento la novela puede derivar en muchas direcciones, casi todas buenas.

    4) Posibilidad romántica: La vida de la familia transcurre de una manera casi idílica. Son frecuentes las invitaciones entre vecinos y en una de ellas la protagonista conocerá a Mauro, estudiante de arquitectura, llegando a entablarse entre ellos una relación que crece más allá de la amistad. El resto ya es aplicar la vida con mayor o menor ternura hasta convertir la novela en un empalago.

    Como en la propia vida, Mora, las historias ficticias son también ciclos que se repiten de una manera obstinada y decepcionante.
    Sinceramente, pienso que no es necesario ni obligatorio tener que revivirlas.



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