Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Julio, 2011

Las señoras de unos antiguos versos

He visto, o imaginado, a varias poetisas con párpados fosforescentes (Todo en el fin será silencio): verde para Olga Orozco (Romanticismo, Literatura Romance), morado para Marosa di Giorgio, y es posible que ambos colores y algunos más estuvieran en los párpados de Delmira Agustini (Una indagatoria sobre el feminismo en el Uruguay…) y de Juana de Ibarbourou (Guía para el análisis de poema), tal vez ninguno en Gabriela (Literatura Hispanoamericana) ni en Alfonsina (Literatura argentina: notas y entrevistas), no lo sé.

La enfermedad, y no siempre la actual, sino más bien antiguos padecimientos (El yo y la enfermedad), es otra de las lámparas que hacen la iluminación o el clima de algunas señoras. Por ejemplo, Milagros escribió: Enfermedad o locura que me criaste de niña con comida de pájaros, que me pusiste plumas y pico y piel antigua de muñeca en banquete de flores que me queman; enfermedad tan bella que me diste los ojos erizados de la fiebre y me alcanzaste libros de palabras cantoras; ahora te perdono, todo lo que no pude es lo que pude decir en mis cuadernos. (Continuar leyendo »)

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¿Cómo sigue..?

¿Cómo sigue, cómo se llama?

Encontré en el fondo de un cajón este principio de novela, que además tenía un recordatorio para mí misma (La Novela y la Historia). Me encantaría que algunos de ustedes la continuaran, para revelarme su posible final (La lista final y el viaje para el cual uno nunca se prepara), o acaso sólo su evidente intermedio.

El recordatorio es éste:

Mora: como sabés, esta novela ha comenzado inspirándose en este párrafo de Jung (Arquetipos): “Soñé cierto motivo durante varios años, acerca de que yo ‘descubría’ una parte de mi casa cuya existencia desconocía. Unas veces se trataba de las habitaciones donde vivieron mis padres (…), y donde mi padre, para sorpresa mía, tenía un laboratorio en el que estudiaba la anatomía comparada de los peces, y mi madre tenía un hotel para visitantes fantasmas” (Fantasmas. Crónicas de un viaje al interior). Sabés, también, que ahora la idea es escribir organizadamente, no adelantar capítulos para después rellenar con los que faltan -bosque donde uno suele perderse (El mundo de las letras)- y, además, la idea sería redactar aproximadamente sólo una página por día, pero todos los días del año, en perfecto orden, con lo que al concluir el año 2003 te encontrarías con una novela de 365 páginas que se ha ido escribiendo sola (El calendario). Porque también la idea es no pensarla durante el día (En el día del libro), durante los momentos en que no estás escribiendo, no “vivirla” constantemente, como a la otra, sino escribir cada página según el momento, siguiendo el argumento, e irla dejando acá, intentando no recordarla, de modo que los personajes y no vos manejen la trama de los hechos (Tipos de Novelas). Veremos, no sé si sos capaz de tanto renunciamiento… (El lobo estepario, un intelectual perdido en una sociedad ajena a su mundo). (Continuar leyendo »)

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El saco de visón de mi tía Consuelo

Una fotografía del presente se deslizó hacia ayer (Inmigración: fotografías) y mis ojos de cuando era niña sorprendieron esa imagen de mí (El sí de las niñas): cómo envidio a esta hada madrina (Mal de ojo), a esta hada vieja (Psiquismo y elementales) fumando junto al fuego una mañana de frío.

Es julio, estoy un poco resfriada y tengo mi chimenea (Efectos de la gripe humana AH1N1); mis lápices están ordenados por color sobre la mesa, en cuanto lo deseo, escribo o canto, ya con tinta vacilante, ya con voz oxidada, y estoy completamente sola en ese viento de alegría (Canto a la vida).

El sacón de mi tía

“No venderé este saco de visón, heredado, porque trae, junto con su hermosura, escenas felices de cuando su dueña paseaba por las calles preocupada tan solo por el brillo del sol”, pensé (La mujer vestida de sol).

En la trama donde se incrustaba cada hilo podía sorprenderse la antigua alegría de mi tía, la dueña del visón, eran espejos móviles que la mostraban, había quedado su sonrisa, su andar movía el resplandor y ella caminaba a mi lado otra vez. (Continuar leyendo »)

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Ser poeta cuesta, pero no vale…

Yo trabajé toda mi vida (El trabajo como concepto- valor- contenido), pero no puedo jubilarme (Factores psicológicos intervinientes en la calidad de vida de las personas en la etapa de la vejez).

Ni siquiera con la jubilación de ama de casa (Madres trabajadoras), porque para eso necesitaría no haber hecho nunca aportes, y a veces, pero pocas, tan pocas que no alcanzan, trabajé en blanco y efectué los aportes consabidos.

Hay una pensión para escritores y poetas que están en esta situación (La Sociedad de los Poetas Muertos y Teorías de Educación): tanto en la ciudad de Buenos Aires, donde residí hasta hace poco, como en la ciudad de Santa Fe, donde nací (Aportes del cine documental a la construcción de la memoria y el pasado reciente).

Para la pensión en Buenos Aires me presenté con algún currículum, como ser dos veces premio del Fondo Nacional de las Artes -y otros premios también, algo importantes-, pero no alcanzó; me contestaron que no podían otorgarme el subsidio por escasez de antecedentes (Buenos Aires, una ciudad que enamora). (Continuar leyendo »)

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