Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Habla Sidarta, el príncipe

Una sombra rondaba la puerta del palacio y yo la vi (Las sombras de la infancia…), se parecía ligeramente a un hombre (Quién es el hombre) y sus manos anudaban un pedazo de madera. Se agachaba para hacerlo, y el viento le desparramaba los cabellos que se parecían a las cenizas sucias del hogar de mi padre, cada invierno (Eje Terrestre). De su boca brotaban palabras en un idioma que yo podía comprender sin entender el tono (Uso de lenguas originarias), y que eran una música triste -para mí, que nunca escuché música triste (Inmigración: música y danza)- o eran el sol cuando de pronto deja la ventana de mi palacio vuelto nube. “Las palabras se han hecho para cantar”, pensé en ese momento, “los rostros se han hecho para mirar con una sonrisa, los ojos para brillar bajo la luna, divinos peces dorados del lago de la noche” (La Felicidad).

La verdad, no sentí simpatía aquella vez por esa figura de hombre o animal que quebraba la ley de la armonía, las dulces reglas para amar que había en mi palacio (Amor).

Sin embargo, en el descanso de esa noche, junto a la princesa, mis ojos no pudieron cavar ese túnel que ella plácidamente había cavado para llegar hasta los sueños; permanecí despierto mirándola. Ella dormía junto a un crisantemo que por olvido sus doncellas no cambiaban desde hacía días, entonces entendí que no era siempre la misma flor la que mi esposa solía hamacar con sus dedos al despertar, o que cuando yo estaba entredormido pasaba entre mis párpados como caricia.

Cuidar de la princesa esa noche fue una mala vigilia, o quizá yo en verdad me había quedado dormido y no lo recordaba y había soñado un mal sueño, entregado sin saber a los brazos de la criatura encorvada y sucia que había visto ese día, con cabellos de cenizas; ya que la flor trajo el recuerdo de esa criatura y que mis ojos combinaron su mirada con los pétalos que caían, el rostro gris con los bordes gastados del crisantemo.

Salí del palacio al otro día y en la puerta había un hombre recostado, cuyas palabras ya no eran audibles como las del día anterior, las de la criatura: estas eran vano sonido y él respiraba como si se hubiera apagado la brisa; sus ojos se movían de un lado a otro y su piel eran rosas quemadas en un jardín extraviado y a la vez esa piel era su manto, y ningún otro tenía. Estaba desnudo junto al prado del palacio y estaba mal construido como una estatua que se deforma por una horneada excesiva en el horno de los escultores. Y esta vez sentí simpatía, la segunda vez que me crucé con lo invisible, y volví tristemente a mi casa.

Al día siguiente caminé al salir del palacio en sentido recto hacia alguien que estaba inmóvil: un muñeco de cera con moscas en la frente; era la peor de mis visiones, y regresé.

Aquella noche algo me habló, una voz sobre el lecho donde estábamos acostados la madre, el niño de su vientre y yo. No me habló con demasiada claridad sino como el viento entre los pinos, la tormenta que necesita ser descifrada para indicar el pasaje de una estación a otra, o la voz de los viejos dioses que me prometía y me quitaba, intercambiaba conmigo las voluptuosidades de mi destino y el alma de un sabio, esa pura sustancia de peso ingrávido con la que pueden librarse las batallas mejor que con la sólida materia de las katanas de los guerreros de mi especie, katanas que también son parte de los sueños (La Tragedia de Akira Kurosawa).

Envío

Besos con esperanza de sabiduría para todos, bajo la ley de Buda o de Cristo o de Mahoma o de Yahvé, o inclusive del Che Guevara, y un recuerdo especial para una luciérnaga que de verdad da luz.

Mora

Editorial

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Comentarios

13 respuestas a “Habla Sidarta, el príncipe”
  1. Joise Morillo dice:

    Helo ahí: Fuerte, lúcido y lúdico, harto de espécies y coitos, gladiador de académia, aun cuando casi imberbe, significa la gloria patriarcal, ¡despues, asceta! No hagais de su voluntad la miseria de los voluptuosos ventrales. Dejad al Delfin fungir su maestria.

    Helo ahí, Fakir ¿todo espíritu? ¡Veremos! Ilustre erudito. Empero, ¡la carne no atiende la razon! Y ha de sucumbir al deber de la naturaleaza, ha de nutrirse, ¡no era todo espiritu! Desafortunadamente ha de aceptar su etereidad bajo lo impositivo de la materia. Es, aunque quiera otra cosa: ¡un hombre! Uno igual, de carne, con un corazón quizas debil, quizas fuerte, mas, ¡de carne! No de eter, desafortunadamente para un espíritu enorme y fulgoroso, ha entendido su precaria dolencia humana.

    Helo ahí, desapasionado y derrotado, no obstante, ¡ha alcanzado la gloria! Nirvana.

    Helo ahí, mas que iluminado: anacoreta, todo luz; ¡Visnú!

    Proverbio: ¡todo en exceso es malo!

    “La teoria del medio, pues el rico es pedante e insolente y, el desposeido (pobre) es: vil y atrevido-imprudente-“, Pitagoras

    Os Ama

    Joise

  2. Joise Morillo dice:

    Querida Mora, bienaventurada seais, perdonadme por no introducirme en la opinion anterior, donde debia sin mas, alabar vuestra infinita. Aura.

    Entonces, fui directamente a considerar peculiarmente, vuestro inexorable principe Gotama.

    Os ama

    Joise

  3. andres barrrera dice:

    es genial la visiòn estèctica de tù relato, me parece excelente y espero poder volver a leer màs escritos asì. recurdo un poco a Herman Hesse cuando lo leo un abrazo.

  4. Celestino Gaitan dice:

    Gracias Amada Mora Mia…
    …recibo besos con esperanza de Sabiduria,
    (dijiste “para todos” y yo como siempre me acomodo,
    tambien alcance’)
    ojala en algo compense mi atrofiada memoria,
    y haga rendir mi lenta, dubitativa y accidentada produccion.
    bajo la Ley de…me quedo con Cristo,
    mas respeto y aprovecho la luz de todos y todas las Luciernagas,
    y en Especial la tuya, que siempre me llega…
    …y tambien, me llega de llegar.

    Afectuoso Saludo y Abrazo para Tod@s.

    Celestino.

  5. Myriam Sanchez dice:

    Sra. Mora Torres su narrativa es una que activa los sentidos de una manera espectacular. Donde la naturaleza te atrapa y te acurruca como una nana.

  6. Jorge A Rodriguez V dice:

    Y se queda uno con la esperanza,
    colgando de su delgado hilo
    de tantas cosas colgando,
    de tantas esperanzas deshaciéndose,
    con tanto temor oculto,
    con tantos olvidos como caben
    en un instante, tantos olvidos
    vividos y padecidos,
    como para llenar una estrella.

    Y esa mujer que llegó hoy con su misterio,
    con su etereidad, que lo hace posible,
    que la define y la sostiene
    y ha dejado la casa
    llena de su misterio.

    José Antonio Muñoz Rojas
    (1909 - 2009)
    Saludos a todos, Carpen diem
    Jorge

  7. isabel salcedo dice:

    Amo todos sus escritos, su pluma siempre asertiva, impredecible e idilíca..pero lo que mas Amo es su virtud Insondable.
    Honor de ser su lectora.
    Cariños
    Isa

  8. JOSE ANTONIO GOMEZ PERALTA dice:

    Dios te siga bendiciendo Mora de verdad que es que tienes una imaginación muy diversa, por lo que te digo que serias buenas autora de películas, muñequitos y otros. Espero que algún día te conviertas a Cristo para que seas una princesa de Jesús.

  9. Iván Salazar Urrutia dice:

    LA ENTREVISTA.
    -cuento-

    A remotis

    Recibido en Palacios, le condujeron directo donde el Canciller; personaje dedicado no sólo a mantener constante las relaciones exteriores, sino también –y quizás principalmente- el orden interno. En esta última tarea se hacía asesorar últimamente por un personaje conocido como Furfur a quien le antecedía una fama de funcionario siniestro; todos sospechaban que su nombre era sólo un pseudónimo.

    Llegado al Gabinete le recibió el propio Canciller.

    -Adelante- dijo, mientras hacía vibrar sus plumas multicolores.
    -Gracias- respondió con cortesía contenida; su interés era verlo y entrevistarlo tal como era en el ejercicio de su cargo. Observó sus pies de cascos finamente cuidados ciertamente pegados al suelo en forma paralela, mientras su cuerpo hacía una leve inclinación invitándole a pasar. Era para Vancho una entrevista muy importante.

    Impresionaba el mullido de la alfombra que aprisionaba sus zapatos sin provocar sonido alguno. En cada paso se desplegaba una gran sala –un casi salón- con arquitectura interior delicada, liviana, de cielo alto, grandes ventanales y sutiles cortinas que ayudaban a construir una imagen casi etérea. Había un escritorio de madera laqueada que daba la impresión de no ser usado; cerca de uno de los ventanales, una mesa redonda de mármol veteado con una copas de oro finamente labrada: dos sillas con arabescos moldeada y seda en los tapices. Parecía que estaba arreglada sólo para la entrevista. Desde algún rincón debía quemarse algún incienso, pues había un aroma tenue como de jardín mediterráneo.

    -¿Es usted Adramalech?- preguntó Vancho, al cabo de tres pasos, por hablar algo y romper la magia de la belleza y comodidad.
    -No. Yo soy El Señor de las Moscas- le respondió, para luego sonreír picarescamente y añadir: –Sí, yo soy; lo que pasa es que a él no le gusta que lo motejen así. Le pido esta broma quede sólo entre nosotros… Tome asiento por favor- y agregó: -Disculpe no le pregunte su nombre, lo sabemos. En verdad sabemos todos los nombres; a veces, por caballerosidad mal entendida, lo preguntamos; pero con usted no. Tome asiento, Vancho, por favor…
    -Gracias, señor Adramalech…
    -Dígame solo Adramalech; siéntase en confianza. ¿Desea algo de beber?
    -Un café, por favor; negro, con un poco de wisky.
    -¡Qué bien! Yo lo acompañaré. Le solicito acepte unos bocadillos que han llegado recién: son pequeñas frituras dulces.

    Esas golosinas se las traía Behemot; el Canciller sabía de ellas toda vez que vibraba la tierra con los pasos nerviosos de su enorme cuerpo. Todos reconocían que el preferido de Behemot era Ukobach a quien nadie ganaba en el arte de hacer frituras deliciosas, así como en alegrar una fiesta carnavalesca con fuegos artificiales.

    -No es muy común el nombre suyo, Vancho… ¿Le puedo llamar Vancho, verdad? Porque hay personas que se molestan cuando los nombran por sus apelativos o pseudónimos… el suyo es…
    -No, no me molesta, no me molesta para nada.
    -¡Qué bueno! Es signo de tolerancia; imagínese yo. ¡Uf!- abría sus plumas de jardín multicolor; unas graciosas vibraciones que provocaban caricias de aire y hacían su colorido más brillante. –Desde Rey del Fuego, hasta… no sé, Impuro, Sordo… claro no como pseudónimo, sino como una forma de mofa, diría yo.
    -¿Mofa? ¿Por qué abrían de querer mofarse…?
    -No sé; ¿tal vez por temor? Quizás la gente me teme… Usted, Señor Vancho, ¿me teme?- Su mirada, por breves instantes, se mostró penetrante.
    -¿Yo? Pues… no; no sé, nunca lo había pensado.
    -Es que el temor no se piensa- hizo unos giros lentos por el salón, como mostrándose en un desfile de pasarelas. –Es posible que si lo pensaran no tuvieran temor.
    -Es probable Señor Adramalech, es probable…
    -Pero ¿Mire lo que conversamos?… ¡Puras tonteras! Le ofrezco mis disculpas por esta disgresión.- y añadió: -Usted sabe, Vancho, desde pequeño fui motejado: Impuro, Maligno, Monstruo… por esto…- Con la vista mostraba sus piernas de equino, meticulosamente peinadas; sus plumas cortesanas que se abrían en abanico con un frufrú apenas audible.

    Claro que Vancho lo sabía; pero no le gustaba constatar que Adramalech sabía que él sabía… era una carta que consideraba a su favor. La pregunta es ahora sí él sabía que sabía, porque en tal caso…

    -Así y todo, hay muchos que sienten por usted un gran respeto; yo diría que hasta un cierto grado de veneración.
    -Sí, bueno, no lo niego- y añade en voz baja, casi de complicidad: -No me gusta la modestia que niega para fortalecerse.- Y con voz ya más firme: -Sólo espero que no sea esa una expresión más de temor… o yo les doy la oportunidad para humillarse. Pienso que me usan: construyen sus miedos y luego me los endilgan ¡Alguien tiene que ser el culpable! Así, el mundo entero está construido sobre la culpa. Les gusta eso de la culpa y su matrimonio con el miedo.- Por unos instantes queda embebido mirando las pinturas y relieves del techo. -Qué no han construido en torno al miedo ¡hasta bellezas! El mundo está lleno de Catedrales del miedo… Evitando un culpable directo, la culpa es mía… Injusto; pero comprensible. Aunque, ¿Por qué yo, Don Vancho? ¿Por qué yo?- Esta vez su mirada era una transparente fuente húmeda que lentamente se inundaba: se formaba, en cada ojo, una lágrima…

    -No sé; créame que no sé. Quizás la necesidad de tenerlo a usted para no desamarrar el pasado…

    Adramalech miraba distancias tras los ventanales. Vancho, una pequeña pero ordenada biblioteca: Tractatus de Confessionibus Maleficorum et Segarum, The Magus or Celestial Intelligencer, La Divina Comedia, dos ejemplares de SeferYetzirah, una de Rabi Akiva y otra de Aryeh Kaplan; Zohar y otros que no logró identificar.

    -Usted no sabe lo bella que era; todos la admiraban… Y no sólo por bella, también por su inteligencia y simpatía… muy agradable, muy agradable, sí… -Por sus mejillas rodaron las primeras lágrimas.

    Tal vez el aroma era inciensos del oriente; quizás aceites lentamente quemándose…

    -No sé si usted lo sabe, pero ella nunca quiso tener… amores, ni siquiera una relación con él.- y con un suspiro, agregó: -Usted lo sabía ¿verdad?
    - Algo de eso sabía; más bien me lo habían dicho. Pero lo de la belleza e inteligencia de su señora madre es una verdad que nadie pone en duda.

    Su pata derecha comenzaba a golpear suave e insistentemente.

    -¿Y Moloch?- preguntó el entrevistador, como para salir de esa intensa emoción que generaba el recuerdo de la madre del entrevistado.

    Giró hacia su interlocutor, sus ojos se agrandaron y prácticamente se clavaron en los de Vancho.

    -¿Qué tengo que ver yo con Moloch? ¡Nada! ¿Me entiende? ¡Nada! Moloch… o Bosheth, mejor dicho. ¡Un indigno! ¡Un cobarde extorsionador que se encanta en la confusión y pretende ocultarse en mis espaldas!
    -Tal vez fue una confusión de nombres.- Argumentó Vancho sin mucha convicción en la voz.
    -¡No! Es el miedo. Están dispuestos a sacrificar sus propios hijos para calmar sus temores. No crea usted que se trata del pasado; hoy siguen asesinando y mutilando mujeres, y Moloch o Bosheth, o como se llame realmente, porque no me diga que no sabe lo que ocurre no sólo en el Oriente, ¡en todo el mundo!, digo que todos ellos no son más que payasos… peligrosos, pero payasos.- y agregó un tanto más sereno:- A él le debo los nombres de Lunático, Rey de Sefarvaín, el Melech de los cobardes, el Mal…
    -Lo siento- dijo en voz baja; pensando que la entrevista terminaría en ese momento. Era evidente que no le acomodaba esto de los apelativos.

    El silencio envolvió cada objeto y mobiliario del aposento. Largo. Lento; muy lento. Pesado. Adramalech se sentó y comió un pastelillo desde apenas la punta de los dedos. Con pasos lentos y estudiados se acercó a observar un Título o Certificado enmarcado en madera de de un raro color rosa oscuro: “8º Sefirots” decía en su primer renglón con letras doradas, el documento era de un color violeta medio púrpuro, internamente un pequeño dibujo geométrico de color naranja con letra rojas bermejo. Con su mano izquierda acariciaba el muslo de su pierna, con la derecha enderezaba el marco, como si estuviera descolocado.

    -¿Su padre fue sastre, verdad?
    -Pues… sí, claro, mi padre fue sastre ¿Cómo lo supo?

    Adramalech sonrió.

    -No, no se imagine cosas. Mi Secretario lo averiguó antes de acordar la entrevista. Usted sabe, cuestiones protocolares. ¿Fue buen padre… si me permite la indiscreción?
    -Sí; sí, creo fue un buen padre. Pudo ser…
    -Claro.- Interrumpe -¿Ve? Ahí está la diferencia… ¡Siempre he pensado que ahí está la diferencia!- se paró con lentitud, como pensando en cada músculo que accionaba. Levantó un pie y lo adelantó casi sin mover el cuerpo; luego lo bajó con parsimonia hasta que la pezuña fue de poco en poco desapareciendo dentro de la alfombra. Con su mano diestra se cogía el mentón, mientras la mano derecha hacía como que se sostenía de la cubierta invisible de una mesa invisible. De tal modo dio tres o cuatro pasos para detenerse una vez más con ambos pies paralelos y firmes.

    -Qué descuidado soy, no le he ofrecido otro pastelillo. ¡Están deliciosos! Y tengo este vino que me enviaron del mediterráneo, perfumado de arándanos, con toques de almendra dulce; verá usted cómo responde a su paladar.

    Antes de escanciar el vino tomó una copa y la golpeó suavemente con la uña de su mano izquierda. Cuando su tintinear inundaba toda la pieza la depositó en un platillo de plata que hizo un cambio agradable del tono, para luego desaparecer. Adramalech miraba con ojos de ardilla burlona.

    -Mi madre fue profesora… -le dijo, para incitarlo.
    -Enseñaba, como mi madre; también era profesora. No como las de ahora que gustan de rellenar la mente de los niños como si rellenaran un pastel… -y su dedo índice, de uña pintada color natural, apuntaba a los platillos de Behemot, para luego sentenciar: -Mi madre enseñaba de todo y a todos; yo aprendí mucho de ella.- Y alzando su copa invita a brindar:

    -¡Salud, Don Vancho! Por su madre… y por mi madre, la Ninfa más bella.
    -¡Salud, Señor Adramalech, por nuestras madres!

    El vino hizo justicia a las alabanzas; y el fino cristal de las copas era una fiesta al buen gusto, la belleza, la finura del orfebre; la luz se arremolinaba en su transparencia formando un manto alrededor, de modo que el vino se acogía tiernamente en su interior.
    La voz del anfitrión y entrevistado sacó del hipnotismo estético del momento a Vancho. Inclinando su cuerpo sobre la mesa, dijo: -Ya vio usted lo que hizo Milton de mí: una buena pluma emporcada por el miedo…

    Vancho no se sorprendió en lo más mínimo; más bien temía este giro de la entrevista, pero estaba en sus cálculos que ocurriera: Adramalech gustaba de recordar que se escribía sobre él, aunque fuera en su contra.

    -¿Qué opina usted? –Espetó Adramalech con apremio.
    -Bueno; hay que recordar que son ficciones literarias…
    -Bien. Son ficciones literarias –como usted dice-; pero la ciencia avanza, Vancho, avanza cada vez más aceleradamente… ¿Qué opina de estar entrevistando a un muerto?

    La sonrisa espontánea de Vancho fue quizás lo más tonto de la entrevista.

    -Mire, Vancho; ni Uriel, ni Raphael, ni los dos juntos podrían vencerme.
    -No me cabe duda.
    -Pero Milton me mató y Uriel y Raphael aparecen como gladiadores vencedores…

    Luego de un silencio donde ambos sumergieron la mirada en el vino tras los cristales, agregó Adramalech: -Masterton hizo lo mismo, y otros ¡Y otros! Así será… Es el precio de la fama. Vancho, la fama se paga en cuotas; en cuotas altas. Y no se termina nunca de pagar. Hay escritores que escriben por dinero. ¡Bah! Pero otros, por la fama. ¡Por la fama! La necesitan… deben alimentarla, pagarla, ponerse de rodillas…
    -Sí, pero también se puede escribir como forma de romper la separatidad… esa soledad con que el hombre enfrenta su vida.
    -El miedo. Usted dice escribir por miedo. Puede ser. ¿Quién soy yo para negarlo? Yo sé del miedo. Cuando solo y me escondieron de la furia de mi padre. Aún más, cuando mi propia madre me abandonó llena de vergüenza… Siempre supe del miedo; eso que usted graciosamente llama separatidad… Me gusta, buena palabra. Como cuando Belzebut me expulsó… - Hizo gestos aparatosos como de tragarse las palabras, y añadió: -Gran favor que me hizo.
    -Entonces, ¿No es cierto lo de Sennacharib y Sharezer…? Aunque dicen que usted fue mandado…
    -No, no, no. Ni mandado, ni nada; el pueblo asirio estaba lleno de miedos ¡Lleno de miedos!… Prefiero la acusación que me hacen los sepharvitas; un poco más real, más apegado a lo que fue. Sin esa estupidez de los sacrificios infantiles y las estatuas de bronce. No me oculto, Vancho.- Volvió a pasearse con el zumbido casi rítmico de sus plumas; midiendo sus pasos, y –al parecer- sus palabras:-No me oculto. Represento a quien represento y no me avergüenzo. Siempre me ha atraído esto del Sol. ¿Es un honor, verdad? Digo no sol como astro, sino como vida. Entonces ¿Porqué emporcar todo con sus propios miedos? A la vida, Vancho ¡Miedo a la vida! Y ni hablar sobre la muerte…un miedo mayor. ¿Por qué me apuntan como si fuera yo…?
    -¿La naturaleza humana?
    -Quizás, Vancho.
    -Sí, quizás…
    -Pero, Vancho, no crea que eso me hace bien.
    -¿No?
    -No.- Y su mirada volvió a recorrer sus piernas de equino, y nuevamente sus plumas volvieron al ese roce que parece le otorgaba algún placer especial, y a quien lo miraba, una sensación de imagen volátil, difusa, llena de colores como aleteo de un jardín de mariposas –Si mi madre no hubiera huido como lo hizo. Si hubiera enfrentado a mi padre; si no lo hubiera evitado transformándose en yegua… aún siendo yegua era hermosa, Vancho; de verdad… En fin, si las cosas hubieran sido diferentes…

    Silencio.

    -Así es que perdí lo que usted llama naturaleza humana. ¿Qué es lo que perdí, Vancho? ¿Sabe usted qué perdí?
    -No; creo no podría definirlo.
    -Pues lo perdí; lo defina o no: ¡Lo perdí!… Pero usted nunca sabrá qué gané.

    Un gran silencio mayor.

    -¿Ganó usted algo que lo avergüenza? ¿Es usted un ganador fingido?
    -¡Vancho! Me asombra usted: ganador fingido. Usted hace magia con las palabras; que no lo sepa Leonardo. Créame, es muy envidioso; aunque no debiera decirlo. Si lo persigue un toro ¡Cuídese!- Y se rió de buena gana. Seguro se imaginaba la escena. Pasada la risa, dijo solícito: -Perdone usted, he sido un grosero; nada digno de un Gran Canciller. Espero él no lo sepa y usted me disculpe. Atribuya esto al Presidente del Senado y no al Canciller… es la ventaja de asumir varios cargos. Esto me va a provocar problemas de identidad: pérdida de la naturaleza humana, que no entiendo; muerto en la literatura y casi en las leyendas, con una naturaleza que no existe, temido por lo que hace, pero más por lo que no hace…
    -No se preocupe, Gran Canciller, comprendo… y no le tengo miedo. Gracias por recibirme.
    -Gracias a usted por su paciencia y su agradable conversación. Salude a Asmodeo; él fue quien lo recomendó para esta entrevista.- Su sonrisa invitaba a la complicidad mientras en sus manos el platillo de pasteles invitaba a un último bocado.
    -Es, en verdad, una delicia. Veo que sus múltiples responsabilidades de Estado no le han hecho perder el buen gusto… y el apetito.
    -Eso no, Vancho; jamás. Aunque no peligro morir –Sonríe- a menudo acudo a los sabios consejos de Stolas y sus yerbas maravillosas…
    -¿Stolas? Vaya, yo lo imaginaba más preocupado de las legiones a su cargo que…
    -Perdone que lo interrumpa. No me mal interprete. Stolas es un General muy responsable y entregado tiempo completo a sus funciones. Sólo que a veces debemos reunirnos… asuntos de Estado. En esas ocasiones yo aprovecho sus grandes conocimientos.
    -No se preocupe señor Adramalech, sólo me intrigó la habilidad del General Stolas con las plantas medicinales. Nada más.
    -Entonces la próxima vez que nos entrevistemos, invitaré al Marqués Ronwe; así estaremos más seguros…
    -¡De ninguna manera!… ni Ronwe, ni Stolas, ni Leonardo o cualquier otro. Mi interés es usted Gran Canciller.

    Los pies paralelos. El frufrú y los colores titilando.

    -Usted me halaga, Vancho. Informaré sobre esta entrevista y lo grato de su desarrollo; no lo dude.
    -No lo dudo.

    En eso no mentía; naturalmente que se sabría, hasta el último detalle. El Señor Vancho se retiró sonriente y complacido: Adramalech seguía siendo un hombre fiel.
    VANCHO

  10. Andrés Casanova dice:

    En estos momentos, acabo de borrar en este blog mío de monografias.com la “friolera” nada más y nada menos de ¡¡¡¡¡180 COMENTARIOS-SPAM”, mera basura electronica invitando a todo lo imaginable que producen a no dudarlo los robots electronicos cazadores de cualquier objetivo en el espacio virtual.

    Algunos sitios, para evitar estos incómodos mensajes o comentarios que nada aportan a un blog y hacen perder el tiempo a su moderador, han adoptado el sistema de contraseñas-símbolos, procedimiento mediante el cual se le pone coto a este abuso electrónico.

    En el caso de los blogs en monografias.com, ¿cómo se podría evitar que nos llenen de spam?

  11. Joise Morillo dice:

    Vancho, leer vuestro cuento (muy filosófico), me recordó al presidente, de Venezuela por cierto, aun cuando su plumaje esta realizado blindado contra balas, no deja de pavonearse igual que frufrú, hay quienes lo llaman “Esteban” -adjetivo con peyorativo- la diferencia radica en que, el no es canciller y presidente del senado (AN) -lo manipula- lo atiende como titiritero de barrio pobre, a las p…das. Empero Frufrú podría ser precisamente nuestro canciller; que de jumento lo tiene todo, menos su nobleza -atendiendo a la entrada de Jesús el día de pascuas a Nazaret-, por cierto, runrunes lo señalan como el abanderado del cargo presidencial -por supuesto solo le faltan los guindantes para estar “preparado”- en tanto: “Este ban…do” dizque, se recupere de sus dolencias en el paraíso del Caribe.

    Vaya por Dios, parece que el paraíso perdido se transfiguró en isla de la fantasía, pues de infierno le queda poco, ya sus pobres mártires ni que responden –por cierto- “que ironía” padecen sus vidas como aludiendo a su epónimo “el apóstol” de quien pareciera que rindieran-le homenaje sufriendo suyo apellido. ¡Que tristeza sufriría José si supiera esto!

    Pero bueno, Milton no tenia la culpa de ser tan sincrético. Imaginaos a Parsifal bañándose en las aguas del Río de los Nibelungos; igualmente los noveles latinos dándose un abrazo en Macondo y planeando un viaje para Machu Pichu, Mientras tanto Moshe Dayan y Hitler –resucitados- dándose un beso en las tinieblas del Mar negro, o porque no, al mismísimo Cristo –resucitado de nuevo- con una metralleta en la mano.

    ¿No dará miedo esto? Claro, no se necesita el relax de la epístola para catarcizar esos entuertos, al contrario solamente se afrontaría la demagogia de la palabra mágica de los “comunista” ¡la esperanza! O sea, su demagogia es aliviar el padecimiento de su propio pueblo teniendo esperanza de que algún día serán felices: vistiéndose igualito, comiendo lo mismo, a la misma hora, con refugios iguales, camas iguales, tener sexo a la misma hora, acostarse a la misma hora, tener el mismo sueldo, sufrir la misma enfermedad etc.

    Que cosa no! Enrique VIII le dio Chicharrón a Tomas Moro por este paraíso terrenal. ¡Pero es que este Tomas Moro si que era bien pelotudo! ¡Mandar a trabajar al jefe máximo! ¡No! ¿Sabéis que? Vancho, a mi me gustaría ver a mi presidente comiendo Congri (arroz con frijoles negros) todos los días. Como puso el rey antes mencionado a su obispo a comer solamente codorniz por un mes.

    El miedo no se crea solo, se produce por causas muy bien definidas, por ejemplo: -apartando la miseria social, su escoria y aberraciones sicológicas- por terrorismo de Estado, repudio a la disidencia, represión maximizada, criminalización de la oposición. ETC. Bueno, las herramientas que suelen utilizar los gobernantes de corte totalitarios, déspotas. Por cierto el ataque frontal a los medios de comunicación, mientras ellos, los que manejan la información –siempre hermética- le siembran el miedo a sus “súbditos” con falacias y sofismas ¡pero, sobre todo sembrándole la esperanza!

    “Cuando se ama la paz … no se tiene miedo”

    Os ama

    Joise

  12. Iván Salazar Urrutia dice:

    A todos: disculpa por lo largo de mi “cuento”; me percaté de ello cuando lo ví en Monografías. Ya está hecho. Una explicación: lo hice sonriendo como respuesta a “Sidartha” de nuestra amiga Mora: una broma… pero latosa.
    Joise, disculpa, a mí me encanta el Congri; lo conocía como “gallo pinto”… una delicia. Me encanta así, directamente, sin eufemismos ni simbolismos, ni ismos alguno. Un sofrito sabrosón, con algo de Chile picante, frijoles negros y arroz blanco (ya cocidos)= una delicia que atraviesa nuestra américa de Perú al Sur de EEUU. Popular, satisfactorio, esperanzador…
    VANCHO

  13. maria jose lopez dice:

    Mi querida Mora,te mereces lo mejor,aquello que quieras y necesites porque los poetas como tú visten los sueños con color,a la oscuridad dan luz y a la tristeza alas para volar y encontrar la felicidad.Te mereces una buena calidad de vida,donde las palabras puedan seguir resurgiendo de tus pensamientos y creando aquello que desees crear,con el tiempo necesario para dedicarte a tí y hacer aquello que desees hacer….pensar….descansar….pasear,que el tiempo sea tuyo y de nadie más.

    En mi jardin no hay principes ni princesas
    hay hombres y mujeres que piensan,
    hay niños y niñas que juegan
    hay pajaros y nubes que vuelan.
    En mi jardin el cielo se cubre de estrellas
    la luna en el estanque se refleja,
    el perfume de la tierra se mezcla
    con las gotas de lluvia…las flores
    y la hierba fresca.
    En mi jardin hay risas y llantos
    hay penas y alegrias,
    amor que anhela unos brazos
    unos labios….unos besos…cada dia.

    maria jose

    Un beso muy fuerte para tod@s,os quiero.



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