Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

8

La prosa que algunos escriben (Géneros literarios) suele tener hojas secas, raíces, piedras de edades diferentes (Introducción al arte rupestre), voces de gente diferente en Babel (Para no seguir en Babel). Éstos son los residuos que la poesía dejó en la página marcada.

Y es verdad que sin los residuos del poema que fue toda prosa antes de comenzar a escribirse el amor y la muerte están muy quietos, abarcan poco, son sólo los amores pasajeros y la muerte pasajera de los personajes (La novela).

Los residuos que se encienden como relámpagos en las páginas marcadas -consulténse los escritos de nuestros amigos José Itriago (el último envío de José es impresionante; me gustaría hacer algo con él, que lo leyeran todos), Vancho, Osvaldo El Viejo -así llamado porque hace “siglos” que no aparece- son eso, residuos, y sin embargo dan el clima de sus narraciones, y de toda narración, me parece, digo, tampoco estoy segura (El doble como recurso literario en “El rincón feliz”).

Basura reciclable que tiene oro filtrado en ella (Investigación sobre la basura), estos residuos sin decir dicen otras palabras de los otros, o ponen los deseos con puntos suspensivos, con etcéteras, hasta formar extensos bosques con un solo árbol. También nos hacen ver la tempestad con un solo trueno, con una rama gris la intemperie, concebir el dolor con un gemido que apenas se oye.

¿Cómo hacen algunos narradores para incorporar el grado justo de poesía en el grado más “prosaico” de la prosa y que ella continúe narrándose y elevándose? (“Memorias de Altagracia”: el arte narrativo y la magia).

Tal vez ellos dejan secar las hojas un tiempo bien medido, las de las lejanas o próximas estaciones de otoño, o las incrustan imperativamente en las sabias fraguas del silencio, y siempre callan en un lugar preciso del papel, y siempre hablan en otro lugar aún más preciso (El poder del silencio en el Cantar del Mio Cid).

Yo no puedo: no sé qué debo ocultar, no sé qué debo revelar, soy inocente de tan inculta; mi prosa no es tan mala pero sólo de tan mala que es, de tan ingenua; como los feos excesivamente feos que parecen hermosos porque la belleza ha dado una vuelta completa.

Estos escritores -”¡Dios sea loado!”, diría Sarmiento en aviesa contradicción- entregan a sus lectores más antiguos una rosa que está en el futuro, en un futuro donde ya las verdaderas rosas se extinguieron y sólo las hay de ásperos metales.

A mí me ocurre que me murmuran por las cerraduras los versos y que las historias se me convierten en versos no muy buenos que salvando distancias infinitas pudieran ser de Ronsard, de Kahyan; me ocurre que ansío el vino de Anacreonte pero no lo bebo ni lo dejo beber; que me encandila la luz del cielo gris y a la vez rezuman de sol mis huesos.

Le pido al fuego otro poco de calor, que venga a entibiar este viejo cuerpo librado a las inclemencias del sentir -pero ya ustedes lo entibian, no debo ser desagradecida: ¡gracias Joise, gracias Celestino!

Le pido al fuego que se comunique con los dioses y les pida me otorguen al menos dignidad, ahora.

Envío

Tuve un inconveniente para ponerle nombre al post, porque vino a mi mano desde la música de mis orejas ya con título, y su título -es raro- era el signo del infinito, que es un ocho acostado. ¿Y cómo pondré un ocho acostado como título?

¡Que se levante y siga siendo infinito, que para eso tiene tantos poderes!, grité. Y levantándose mi título de ocho acostado quedó derecho y le quedó de nombre un simple número a mi post. (En esta última parte yo comprendí la gran poesía -¿o la gran prosa?- de las matemáticas.)

Hoy les envío muchos besos y varias ecuaciones

Mora

Editorial

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.

Comentarios

11 respuestas a “8”
  1. Pongo Pongo dice:

    Cuando corriera enero de 2009, época salvaje, no en teoría cuando sí mucho en tirantez de músculos pueriles, rubriqué en estas volátiles páginas de vuestra comunidad un poema atenido a las manos, “Magia De Las Manos”, con el apresurado heterónimo de “Yei Poe”. Al tiempo que navegaba frugalmente, y justo en el momento que precedió a estas líneas, a través de espacios dedicados a sostener el vilo de la poesía encima de los trombos quedos de la sangre, hallé una puerta entornada por donde asomaba una luz Mora, una luz Mora a quien profiriera, en aquel enero de antaño, máximas de agradecimientos en virtud a su imprescriptible gana de acercarnos a sus luces Moras, maravillosas, idílicas y adyacentes a casi todo relámpago poético (evocando a Gonzalo Rojas, con motivo de su reciente partida hacia qué enveses de lunas, de soles letales) nacientes en ella, Mora, la que nos abordó entre paredes de ensueño maduro, con qué presteza de aria sensual, y nos citó (me incluyo tal que si fuera hambre de su fruta indemne) a reventar en alas leves de la existencia, en asuntos elevados, como quien sostiene un óvulo sobre la flema candente del astro solar, y arrulla el nacimiento a fuerza de arrumacos invencibles. Os quiero, mujer, no he despojado ese vicio tan sano, y me abandono a tu marea de voz color de la mora; y ahora mismo, al “volver y poder, y mover a baile el tiempo” entre tus invitados de honor, hago remembranza de ese entonces cuando unas manos mágicas…

    LA MAGIA DE LAS MANOS.

    Oh! Simplemente mágico…
    Son ellas y nada más,
    en la oscuridad las siento, las veo
    reclamando su alimento
    y extrañando a su amante, a su pluma;
    atiborradas del el mugre del obrero
    o embellecidas con los adornos del narcisista.
    Han llorado y han sonreído,
    han visto el aire enrarecido,
    han empuñado la daga asesina,
    pero han sentido las caricias.
    Son ellas, las dos condesas,
    aquellas mujeres
    únicas, ávidas de poder,
    sensuales, lujuriosas,
    no pierden los segundos
    porque llevan el tiempo en ellas,
    a su paso, lentas o rápidas,
    pero son ellas, pensando,
    las que escriben su vida
    las que hablan primero,
    y ahí siguen y las dejo.
    Ellas ven de cerca,
    una familia unida,
    lazos irrompibles;
    dedos, uñas,
    una familia elocuente,
    belleza pura y al final…
    Al final vuelan, imaginan, crean;
    son ellas y ahí las dejo..
    Son mías pero se enamoran también,
    se revelan y angustian….
    y al final…
    al final somos uno solo…

    En lo sucesivo estaré compartiendo con ustedes. Hasta pronto.

  2. Rolando Isaac REYES ROCHA dice:

    Querida Mora :
    Haz de perdonarme,tienes que hacerlo de todas maneras,o quizá de muchas,por este,mi atrevimiento de decirte :Querida mora.Pero que se puede reclamar a alguien que ha recibido tantas de tus semblanzas atravezandole una sensibilidad de alma, que el propio que suscribe desconocía,hasta que te leyó,una y otra vez,buscando el porque,lo artístico de tu vena lograra una transfusión a Través de la letra simple y arrolladora de tu pluma mágica, a veces y a veces tan cruda.Como si fuera en mis mas profundos y frágiles vericuetos internos, sentido como un clavo que a fuerza de un certero martillazo, se introduce en un cubo de hielo a veces, y otras como un chorro de mate caliente sobre el mismo cubo.,y que el resultado de esas acciones, que tu prosa poética produce, sea sentimietnos de las mas distintas clases,tantas como las maneras que tienes de decir las cosas.
    Cuando niño, leí a Cholojov , en su obra -Lucharon por la patria-,y lo que de su prosa recuerdo que se relaciona con tu estilo,esta en un pasaje del combate contra los alemanes en que un oficial dirigía a su pelotón nazi,caminando serena mente,disparando con su pistola,y era seguido con admiración por sus soldados .,su valor era insuperable.,sus soldados no sabían que estaba borracho.,al mismo tiempo,una ráfaga de metralla,cortaba como un machete, unas flores silvestres que los rusos de las trincheras, admiraban como único consuelo antes de la muerte.
    No es exacta la prosa de Cholojov,pero si su mensaje que quedo tan impregnado en mi,hasta decidir mi suerte, para dedicarme a dibujar,si tanta habilidad como la tuya querida Mora,para dibujar con prosas profundas, los sentimientos domésticos de los hombres comunes como yo.
    Disfruto mucho de lo que he podido leer de tus obras,y estoy feliz de que este allí en el lugar en que Monografias.com,,se honra con tu aporte literario.Enhorabuena.Ya llegara el día en que pueda con sumo respeto decirte personalmente :Querida Mora Gracias por todo..
    ATte ROLANDO ISAAC REYES ROCHA
    PERUANO,ENSAYISTA,LIBRE

  3. José María Gil dice:

    El 8, ya sea contemplado de pie o considerado como infinito, es redundante y reiterativo. En su ejecución, vuelve dos veces sobre sí mismo y además no encuentra fin en su recorrido. Es como las baladas de Chopin que, o se rompen a sí mismas o no terminarían nunca. O como los versos de Bécquer, que van por caminos curvos de tristeza y vuelven por los de la melancolía, formando tirabuzones de final siempre forzado.
    El 8 es un número contundente y muy versátil. En su versión “infinito”, si le añadimos dos patas, sirve para ver. En su versión vertical invita a añadirle más ochos, uno sobre otro, para formar una torre con muchas ventanas, de imposible equilibrio y de factura infinita y misteriosa, en la que jamás encontraríamos la terraza del último piso.
    El 8 es fuerte y blando a la vez, pero no es constante. Cuando crece, en la escritura, siempre lo hace a expensas de la parte de abajo. En eso se distingue del 8 infinito; éste siempre crece por un igual.
    El 8 es pobre. No tiene alforjas ni rincones. No puede guardar nada. Para poderse colgar necesita siempre de alguien o de algo que lo enganche por uno de sus ojales. Y como 8 “infinito” es más pobre todavía; no suma, ni resta, ni multiplica…
    Pero el 8 no ofende, no tiene puntas que dañen sin querer, ni aristas que corten. Es un número amable, a veces, hasta tonto…, siempre dando vueltas a lo mismo, aunque vaya en dirección distinta.
    El 8 marea…

  4. Jose Itriago dice:

    Una masa gris se desliza sobre un fondo rojo viejo, desconchado, cuarteado, lleno de manchas multicolores. Produce un efecto hipnótico. Poco a poco va tomándose su espacio, como a sabiendas que está disponible, que no se le opondrá. Se desliza siguiendo algún compás de esa otra música que fluye sin sonidos, quizás la más verdadera, la más propia. No es una mancha compacta, como si fuera un telón que baja, sino más real, más parecida a la memoria: hay espacios sin cubrir de formas extrañas: algunos casi circulares, defendiendo una relativa pureza -a veces asocio la pureza con las formas geométricas perfectas, hasta simétricas, pero a veces esas formas trascienden las dimensiones usuales y su perfección consiste en poder intuirlas- otros espacios son como lenguas y bocas, a punto de decir aun estoy, aun no me ha tocado, pero se les nota de inmediato la angustia de saber que en cualquier momento…

    ¿Será que al final todo será de ese gris?. Me parece que esa debería ser la pregunta de quienes observamos, en silencio. Yo trato de entenderla desde la distorsión de un vaso tallado: a cada pequeño movimiento todo cambia, los espacios aun libres se acercan o se alejan. Todo gris o mucho rojo. Por el momento creo que es mi mejor punto de vista, el inestable, el indeciso, el que simultáneamente se atreve a defender el predominio del gris o la resistencia del rojo. Me hace feliz descubrir aunque fuera sólo un in­stante antes de que desapareciera, su figura que trata de acercarse, de destacarse.

    Me concentro en las facciones que surgen de las formas que no han sido cubiertas, esas que decíamos que hasta podían ser perfectas. Antes, cuando todo era rojo viejo, el todo lleno de manchas e imperfecciones quizás hablaba de historias viejas que lamieron su superficie, de cuerpos que se apoyaron en besos y abrazos y esperanzas de eternidad, pero contaba todo aquello en un tono tan bajo y comedido, tan discreto y aleccionador, que se confundía o quizás, más bien, se fundía con el murmullo de los vientos milenarios que conforman la cotidianidad. Toda la superficie parecía contar un cuento único con pequeñas añadiduras posicionales. Quizás de orden anatómico (que bellos tobillos, que suave cabellera, que perfume de amor, cosas así) o quizás más trascendentes (mientras un sector estaba, por ejemplo. cubierto por cuerpos que se amaban, el otro libre de obstáculos veía la verdad en un porvenir de oscuridades y no encontraba como cuadrar esas contradicciones tan humanas).

    Ahora, casi totalmente invadidos por el gris puro, se puede notar lo diferente que siempre fueron cada breve espacio aun libre, con su moho, rendijas, escarapelados. Cada uno dice algo y todos al unísono cuentan su historia pausadamente, con demasiada parsimonia, como si las manchas, los desperfectos, todos ellos, creyeran que disponen más que una vida para explicarse mejor. Pero uno lo ve, lo siente, que por más indiferentes que parezcan, no pueden desprenderse de la certidumbre de que su historia quedará inconclusa, que ni siquiera llegaran a la mitad del cuento siempre recién empezado, porque ya presienten, ya huelen, la mancha que las cubrirá, que enmudecerá por otros cuarenta o cincuenta años esa historia que empezaron y que tendrán que recomenzar para que cobre sentido. Entretanto, la interpretación avanza…

    Desvío un poco el cristal y todo se hace hermoso gris. Decido cambiar mi visión y la dejo así. No quiero llenarme de historias medio contadas cuyos finales ya no podré conocer y que al tratar de intuirlos me agitarán el espíritu con incertidumbres, con zozobras ajenas que se internalizarán en mi frágil mente, como esas conchas que se fijan en la los cascos de los barcos y que molestan su fluir. Uno termina justificando la mancha gris, la que extermina las pequeñas historias, las pequeñas frases felices, porque también acaba las verdades terribles, las que deseamos olvidar. El compromiso de vivir es un acto de crueles aceptaciones. Con el gris, mire lo que mire, veré el desierto, no importa si hay flores, casas, melodías, mares. Veré y estaré en mi desierto de paz. Así puedo aceptar, de vez en cuando, unas pocas manchas hermosas, que solo sabré apreciar sobre el desierto que me impongo.

  5. Iván Salazar Urrutia dice:

    José I. nos empuja –casi un empellón- hacia las cavernas traicioneras de nuestro Yo. Luego él, el mismo, transforma todo en un hermoso gris; decidió cambiar su visión. La gran voluntad campeando sobre la realidad: interna, externa, no importa, toda ella en el poder de José I. Esa brutal afirmación de su Yo, la suaviza reconociendo no gustar de aquello que agitarán su espíritu con incertidumbres, con zozobras ajenas que como lombrices sedientas se adentrarán. Al igual que en las grandes tentaciones Uno termina justificando la mancha gris.
    “El compromiso de vivir es un acto de crueles aceptaciones.”
    Y José, como lo sabe, lo acepta. Desde su hermoso gris, puede distinguir las otras tonalidades, y puede aceptar –desde su refugio gris, pero hermoso, porque él quiere que sea así- por su compromiso con la vida, aquellos desiertos llenos de novedades buenas y de las otras.
    Vamos, junto a José, camino a ese final que, ahora sabemos, no será del todo gris.
    Gracias, José.
    Y Gracias, José María Gil, por ese ocho carnavalesco (¿o con z?). Te agrego algo más:
    La legalidad del Espíritu.
    Lo que preserva, establece y consolida. Si el 7 es principio creador, el 8 se relaciona con la ley, o con el orden que limita y encauza el impulso renovador.
    Así, los valores se erigen en la legalidad del espíritu, la motivación específica de lo humano.
    Es la afirmación de la propia dignidad de los valores y la rotunda negación de una moral de fines.
    En el Tarot, LA JUSTICIA.
    8 las horas de trabajo, ocio y descanso. Sublimación. Normativo. Alta dignidad. Poder Supremo. Filantropía.
    Además de ese ocho desmayado en la horizontal de Mora. No es la fuerza G, pués es infinito. Podría ser lo que Mora quiera, pues en su acomodaticia infinitud los límites sobran. Pero no es de preocupar, pues Mora sabrá lidiar con el Infinito sin que éste logre apañar ni un miímetro de su alta dignidad.
    VANCHO… ¿o el TAROT no sirve para nada?

    Gacias José.
    Y Gracias,

  6. Pongo Pongo dice:

    El infinito es un recurso de los hacedores del tiempo. Lo tañe el artista. César placía de tomarse en serio ese asunto, y era el señor en tanto que su capa no tenía bordes, su capa era mar de mares. Al nacimiento lo precede el infinito, una estética anterior al hecho consumado de la carne, que es la muerte como fin en sí misma. Twain fue un hombre que es, no en infinidad, sino en el ojo de la voz, sigue siendo su humor la trama inacabada, los hilvanes del pantalón para andar sin arrastrar el genio. La hondura del genio, tal puede ser el infinito; el color no ha de ser nunca infinito, pues acaba revistiendo invariablemente la fracción del área estética, y acaba, termina, eso es todo. El poeta- la distancia pintoresca entre el punto y la verdad- desliza sus aspiraciones hacia adentro de todos los infinitos, para enterarse de que dios no es él, y a dios es imposible forjarlo, porque dios está naciendo en la formalidad de una sucesión, lo alumbran a la vida en todas las estaciones y generaciones, con lo que aparece al mundo, más bajo la forma de poema, que de poeta. Estos renglones ahuecados, y la música que no existe en ellos, son la misma cosa insoluble, porque no habrá pretexto para inhumarlos en una temporada, por ejemplo, de diástole y sístole. Los requiebros o piropos-fuego que sueña a sí mismo el fuego, y lo hunde en el oído de la música- yacen, corruptos, en una instantánea inanición del renombrado pecado, cansado de arrogarse una figura de dictador entre los hombres; es el pecado, pues, una tendenciosa añoranza del infinito. Una tecla gime de violada una vez se entierra el monograma alfabético, escalas hacia qué, a qué franquear peldaños, ¿jerarquías? Hay dictadores más agazapados: qué tal un cepillo dictador, sellando degollinas a pesar de las caries. O ¿quién conforme a la vejez, ora en un poema?

    Vejez
    Ya no tenemos la edad
    de los primeros astros.
    ¿Adónde habrá ido
    el cadáver de la primigenia rosa?
    Ya no tenemos la edad
    de los pétalos legendarios.

    El fin de los siglos nada clausura,
    y con poco tacto y dulzura
    se cierran los milenios.

    Apenas la remota sonrisa
    de ingenuos nonatos
    pálidas ilusiones auguran

    La hora de los silencios siempre ha sido,
    y los infinitesimales ocasos
    en toda vaciedad se ocultan.

    Las conciencias marchitas
    postergan la salvación,
    y no dejan de cerrarse las puertas
    para unos del cielo
    para otros del amor.

    Fuera de los hombres
    viven las cosas acezantes
    y en él decaen
    indiferentes
    las virtudes.

    Ya no tenemos la edad
    de los primeros orgasmos
    ¿Qué cópula mereció
    tan oscura descendencia?

    Ya no tenemos la edad
    de los primeros mundos
    con su virginidad de todos los colores
    y sus pies descalzos.

    (De interrogantes rupestres y alevosía temprana, Ibagué, Tolima, Colombia)

  7. maria jose lopez dice:

    En el baul de madera
    carcomido por el tiempo…….
    se reflejo una luz,formando un destello
    ilumino la oscura estancia………
    con fugazes rayitos de recuerdo.
    Abrí temblorosa la tapa
    con su crujir lastimero
    busque…… hallé un sueño
    aletargado y sereno,
    lo mecí entre las manos
    lo formé con tu aliento……
    le puse tu nombre y se lo susurre al viento.
    El suspiro de una silenciosa lagrima
    resbala muda ante el espejo,
    testigo son los luceritos……la luna
    las estrellas del firmamento,
    el rugido del trueno……
    que acalla el sonido de un eco.
    En la tibia noche sola
    el silencio de una lagrima
    anhelante de un sueño…..
    recrea un paisaje con dos cuerpos.

    Maria jose

    Un beso muy cariñoso a tod@s

  8. Joise Morillo dice:

    Bella e ilustre Mora Yo soy de los ocho, 16-08-51, el alarde no me afecta hasta el punto del narcisismo, aun cuando siempre he leído en los argumentos astrológicos, conceptos que no me detractan, si creo que, en la medida que hagáis un esfuerzo más elevado de lo considerado cotidiano, y, tenazmente procuréis ser mejor de lo que antes habéis sido, en tal medida vuestro ego obtendrá mayor regocijo.

    No debíais haber sido tan modestas en procurar, agradecimiento de quien en vez se siente agradecido de vos –respecto a mí- pues honor para mí es disfrutar de vuestra atención.

    Muy bien sabéis que para mí la poesía –aun cuando no soy poeta- es la expresión estética de quien utiliza la visión genuina de la vida, los momentos y los espacios que le ha tocado vivir y vuelto en sí, sufre y goza el desconsuelo y la dicha suyo y de otros.

    Amo la poesía igual como amo a mi prójimo. Por ello disfruto a todos, tanto los de la prosa como de los textuales, no importando para mi, métrica, ni estrofa; en cambio sí, el mensaje prolijo, metafórico, en parábola, o en la forma que la voluntad y el alcance que el emisor juzgue propio.

    “el ojo del dueño es el que engorda el ganado”

    Os ama
    Joise

  9. Osvaldo Bonini dice:

    Mala compañía la soledad.
    Con toda sinceridad, no puedo ver las cosas como las ve José y reafirma Vancho; no sé hacerlo y tampoco sé porqué. Pero me apoltrono junto a Mora con toda comodidad, y siento una especie de miedo que no se debe sentir. También, desde hace mucho tiempo, me persigue un dolor de cabeza persistente de todos los días y de todas las horas. No me deja pensar ni dormir ni descansar; no se sabe a ciencia cierta de qué se trata, pero está ahí y no se va; está matándome.
    Y me apoltrono –decía- charlando conmigo mismo en silencio durante largas horas que me alejan o me acercan (¿quién sabe?) del principio o del final del cuento que me cuento para alimentar el tiempo que aleja o acerca donde me invento e invento una y otra vez desde las mayores fantásticas maravillas felices con las que suelo reír hasta las peores angustias que lloro y me descargan. Algo de eso puedo escribir, casi todo se pierde entre las descargas electrostáticas de las neuronas; -se escucha el chasquido.
    Peor es lo que viene luego de su mano; esa especie de dejadez, despreocupación, no sé, esas ganas de no querer seguir peleándola. Cuando uno se encuentra sumamente cansado y entregado en un momento que ya no puede o no quiere. Viejo, si.
    Pero hay que andar. Aún hay que ayudar a Federico, a Alfonsina y a Luciana; y seguir tratándose a uno mismo. (El orden con que lo alineé tiene que ver con lo subconsciente, jua!) A sabiendas que se repetirán una y otra vez las mismas situaciones con diferentes rostros, una y otra vez, una y otra vez; y los errores serán los mismos causados por otros errores que también serán los mismos ajenos o propios donde se convierte cada minuto en un existir monótono y gris, si gris, pero de ese gris fastidioso que transforma cualquier cosa en lo más soso y sinsabor que se pueda imaginar, lejos del gris de José.
    La inversión es soñar apoltronado junto a Mora y Ustedes. Es una verdad, no es de zalameros.
    El color es soñar, al menos para mí que no puedo viajar a conocer Europa ni New York ni Australia ni la luna porque no puedo aunque pudiera; pero sí puedo con el ojo de Google y un poco de imaginación, soñar y jugar. Jugar y soñar. Jugar a soñar que lo que me contaron era cierto y que las reglas del juego son las mismas para todos y que todos jugamos sin ambiciones ni desmedidas y descaradas transgresiones. Jugar a soñar que todo lo pasado volverá mejor hecho porque lo sembramos así.
    Pero claro, solo jugando y soñando se pierde la línea del piso y todo se vuelve un invento subjetivo con riesgo de caer estrepitosamente en la locura, en la poesía. Donde lo real se convierte en el sueño de lo real y la verdad es la mentira del juego porque no existe la mentira.
    No sé cómo hice con tanta cháchara para llegar hasta aquí ni porqué y ya no importa. Me espera ahora llegar a mi casa que no es mía y encontrar las luces y la estufa apagada, hedienta a cigarrillo y comida vieja en la cocina, sin perro ni gato ni canario ni ardilla ni nadie. Revisaré el correo que no contestaré y las llamadas del contestador que no devolveré. Ordenaré las dos almohadas en la cama desordenada y tomaré las pastillas para dormir aunque sea tres o cuatro horas sin escuchar esos abrumadores chasquidos ni en sueños.

    Un beso grande Morita, que tengas buenas noches. Los quiero a todos.

  10. Osvaldo Bonini dice:

    Hoy, a 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges, escuché esta maravilla de él y se las copio como para enardecer esa dignidad merecida.

    ¿Con qué puedo retenerte?
    Te ofrezco magras calles, ocasos desesperados, la luna
    de los corroídos suburbios.
    Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado
    largamente a la luna solitaria.
    Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, los fantasmas
    que hombres vivientes han honrado en mármol:
    el padre de mi padre muerto en la frontera
    de Buenos Aires, dos balas a través de sus pulmones,
    barbado y muerto, envuelto por sus soldados
    en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre
    -con tan solo veinticuatro años- encabezando
    una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora
    espectros en desvanecidos caballos.
    Te ofrezco cualquier agudeza que puedan contener
    mis libros, cualquier hombradía o humor en mi vida.
    Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
    Te ofrezco ese meollo de mí mismo que he salvado,
    de alguna manera: el corazón central que no
    comercia con palabras, no trafica con sueños,
    y está intocado por el tiempo, por la alegría,
    por las adversidades.
    Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista
    en el ocaso, años antes de que hubieras nacido.
    Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti misma,
    auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.
    Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre
    de mi corazón; trato de sobornarte con
    la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.

  11. JOSE ANTONIO GOMEZ PERALTA dice:

    Dios te bendiga Mora linda, ► Números 6:24 Jehová te bendiga, y te guarde; 25 Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26 Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. 27 Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.



Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom