Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Junio, 2011

Habla Sidarta, el príncipe

Una sombra rondaba la puerta del palacio y yo la vi (Las sombras de la infancia…), se parecía ligeramente a un hombre (Quién es el hombre) y sus manos anudaban un pedazo de madera. Se agachaba para hacerlo, y el viento le desparramaba los cabellos que se parecían a las cenizas sucias del hogar de mi padre, cada invierno (Eje Terrestre). De su boca brotaban palabras en un idioma que yo podía comprender sin entender el tono (Uso de lenguas originarias), y que eran una música triste -para mí, que nunca escuché música triste (Inmigración: música y danza)- o eran el sol cuando de pronto deja la ventana de mi palacio vuelto nube. “Las palabras se han hecho para cantar”, pensé en ese momento, “los rostros se han hecho para mirar con una sonrisa, los ojos para brillar bajo la luna, divinos peces dorados del lago de la noche” (La Felicidad).

La verdad, no sentí simpatía aquella vez por esa figura de hombre o animal que quebraba la ley de la armonía, las dulces reglas para amar que había en mi palacio (Amor). (Continuar leyendo »)

Editorial

Hathos, la señora de la turquesa

En un viejo cuaderno hallo escrito entre comillas, pero sin identificación de autor (Derecho de autor y a la intimidad):

“Hathos, la señora de la turquesa (La astrología), cuyo nombre significa: ‘La morada del Dios Sol’, es decir el mar”.

No sé de dónde lo saqué cuando lo copié, y además habla del mar (El velero. Una travesía por el mar de la existencia), no de las sierras y de campos y ríos amarillos. Sin embargo parece que viniera tan bien para celebrar mi encuentro con los árboles, con el cielo, con Dios y las mariposas hijas de mariposas que vuelan juntas y se chocan por la noche con el infierno de las lámparas -una lámpara es un abismo de mariposas (Serguei Yesenin: “Un solitario ante el espejo destrozado”).

Lo primero que escucho acá, aislada entre miles de metros de tierras llenas de verde, rojo y amarillo, lejos de todo, es el silencio (Hacia una pedagogía del silencio).

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Monografias

Para Osvaldo

Mi corazón estaba muy alejado de las cosas reales y es por eso que intentaba escribir cuando era joven (El autismo, El autismo y su entendimiento).

Había cosas sencillas que me hubiera gustado tener, como la concentración de un contador en sus cálculos (Definición personal de la contabilidad), de un abogado en sus alegatos (Introducción al Derecho), de la vendedora que empaquetaba con tanta habilidad los objetos que yo compraba diciendo que eran “para regalo” (La Navidad en Venezuela).

Había llenado mi cuarto de objetos para regalo, envueltos, que jamás se me ocurría abrir hasta pasados unos cuantos años, a cuyo contenido ya le había perdido el rastro (Veinte reglas para escribir una historia de detectives). (Continuar leyendo »)

Editorial, Monografias

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La prosa que algunos escriben (Géneros literarios) suele tener hojas secas, raíces, piedras de edades diferentes (Introducción al arte rupestre), voces de gente diferente en Babel (Para no seguir en Babel). Éstos son los residuos que la poesía dejó en la página marcada.

Y es verdad que sin los residuos del poema que fue toda prosa antes de comenzar a escribirse el amor y la muerte están muy quietos, abarcan poco, son sólo los amores pasajeros y la muerte pasajera de los personajes (La novela). (Continuar leyendo »)

Editorial

La salvación por la pureza de la poesía

Yo decía que iba a salvarme (Las Sectas), que me salvaría la poesía (La palabra, el escritor y la poesía).

Decía que la salvación por la pureza de la poesía era el viento transformado en provocaciones en el alma, era otro dios, un verdadero Otro Dios, y otra vida eterna que quedaba dentro de la vida (Florecimiento del hinduismo).

Que las religiones que prometen paraísos en donde hasta el demonio y el fuego comían viandas sagradas eran válidas también, tanto como cualquier otra salvación por la poesía,  que el verbo con sus abanicos en el alma nos hacía perdurar toda la vida y no morir y no estar muerto entre los vivos (El Verbo, la Palabra).

Veía la salvación entre relámpagos prometedores de miedo y del terror de las tormentas (Sobre el miedo), sospechaba el movimiento de la tierra en la carne; otras veces consideraba el amor transformado en copa de eternidad con rostro de dioses menores que iban rotando y el amor y la poesía quedaban y el único rostro verdadero de Dios era entonces el del amante que ama mucho, alternativamente, y a muchos (La dama y el filósofo).

Inclusive calculaba la medida de la voz de un poeta -o de un enamorado, era lo mismo (Cálculos curiosos). (Continuar leyendo »)

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