Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Imágenes para una infancia más feliz

Cuando ya estábamos acostados se oían conversaciones (El velero de cristal). Los padres hablaban de sus amigos, de la muchacha que se iba de la casa, de documentos de oficina (Distribución de espacio). De uno de mis hermanos decían que tenía los ojos más vivos del mundo; hablaban de su sonrisa, de que tendría talento como actor (El teatro como recurso para la educación ambiental).

Algunas noches jugaban a las cartas, mi madre recordaba a su padre mezclando la baraja, mi padre también, al padre de mi madre, porque era músico y lo admiraba (Wolfgang Amadeus Mozart).

Además ella solía reír, él hacer bromas hablando de escribir una novela con personajes conocidos, novela que tendría por título “La casa gris” (La Novela y la Historia).

Organizaban partidas de póquer para el sábado (El Poker). Se oía tintinear las monedas que nos dejaba mi padre sobre la parte ancha de la varanda de la escalera (Algo sobre la Historia del Dinero…), para la merienda de la mañana, en la escuela: cinco centavos de bizcochos, unos bizcochos que nunca más comí, que nunca jamás volveré a comer, porque tenían el gusto de todas las ilusiones, y además manteca de la buena…

Ya se iban a acostar, me parecía. Me llegaba un arrullo cuando empezaban a bajar la voz; ya casi me dormía, hablaban cada vez más suave. Pero yo escuchaba mi nombre de repente: estaban hablando de mí.

Juegos del atardecer

Uno de mis hermanos -el de los ojos tan vivos- daba misa con sotana de frazada de rombos, con el velador cubierto con sábanas; tomaba el vino de mi padre en copa de juguete que era el cáliz.

Habíamos preparado con cuidado el altar: a las muñecas mías les correspondía ser la virgen una cada vez; a las que no les tocaba ser la virgen las destinábamos a santas y santos, a Jesús. Les pintábamos sangre; lágrimas también. Les esculpíamos poses de martirio.

Yo le ponía a mi hermano la sotana de frazada de rombos y un sombrero papal, y yo tocaba la campanilla solamente.

Cuando crecimos nos internamos en los paisajes más desolados del mundo, que son los de la ciudad que chilla y cruje. Vaya este ejemplo:

Cuadro urbano

La mujer corre y da vuelta en la esquina, nunca sabré por qué. El día es el más gris del mundo. La gente camina arrastrando fardos de niebla y humedad; patea desperdicios, piedras y hojas caídas mojadas.

Sobre mi cara toda la humareda, el combustible flotante, los aromas, forman una mueca. Tampoco hay ningún color. Una paloma vuela de su techo, una paloma oscura.

No hay voces, conversaciones, sino un molino en marcha que muele los ruidos en un solo golpe de las almas de los que pasan.

Me miro en una vidriera, considero sonreír, me propongo estirar los labios, andar todo el día forzándolo a mi cuerpo, y en éxtasis me aparezco en la parada del colectivo.

La violencia brutal de estirar los labios provoca a los que esperan como yo el colectivo, y me miran, sonríen, la sonrisa cava una honda arruga, una gracia sórdida en todos.

Ya arriba, en el colectivo, miro por el vidrio: nunca vi ojos tan ausentes en cuerpos tan veloces.

En una calle arbolada las ramas golpean el techo del vehículo y esa calle parece interminable, sinfonía de bosque en donde el bosque no está, ni ningún sueño o ilusión.

La sinfonía termina y el coche se detiene en un hospital; allí muchas personas descienden, y retomamos la marcha.

Otra mujer corre por la vereda, nunca sabré por qué ni hacia dónde.

El colectivo pasa por una plaza con una fuente donde hay una viejecita que levanta su bastón y se queda muy quieta, el brazo y el bastón en alto, frente a las aguas que fluyen, y yo que miro desde una ventanilla y que paso me repito que somos fugaces ella y yo, que estará capturando las voces, el sonar de los líquidos imanes.

Yo que estoy detrás de vidrios en cierto modo calmos, inclinados entre colores duros, amúsicos, subo hasta el marrón, luego a la miel, a la luz de la estrella que está en esa plaza, y caigo de mí en el sonido que no oigo pero que cuentan las astillas de esa mujer, la viejecita.

Ella es de raza angelical, anciana, vieja de muchas notas, cultivadora de jazmines, regadora de árboles con trinos, seguro. Una figura con bastón que quiere ser estatua.

Por oscuras telépatas presiento que ella sabe mi pasar en el ómnibus, mi dolorosa vida de transmigrar empleos y cambiar piedras de colores.

Envío

Para calmarnos e imaginar para nuestros niños mañana mejores, copio lo que en realidad me dicta el cuadro actual en el que estoy viviendo un sueño hasta la muerte -lo escribí hace unas horas, como quien pinta un cuadro para sus amigos (no es de calidad, pero está hecho con amor):

Huye la hora sobre el alba

porque es tan instantáneo el resplandor

que ya pasa

como el galope desbocado de aquellos

dioses que nos tejieron;

y lo que el alba trajo se quedó en la mirada,

lo que brilló brilló en ojos eternos,

el amor amó en cuerpos renovados:

trajeron las canciones, la hierba, la blancura.

Grandes y cálidos besos amigos míos, con mis agradecimientos de siempre

Mora

Monografias

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Comentarios

21 respuestas a “Imágenes para una infancia más feliz”
  1. Jose Itriago dice:

    Hay demasiado trecho entre una idea y su expresión. Me imagino que todo en la mente, en estado bastante indefinido, cuando debe adaptarse a los límites de las palabras empieza a encogerse, a deformarse. Uno siente y piensa simultáneamente y luego trata de decir qué fue eso y algo que se sintió cálido sale frío, algo importante resulta pueril. Es como si la mente tuviera todos los ingredientes necesarios y el lenguaje que uno escoge para plasmarla carece de algunos claves, como una receta de cocina donde faltó el perejil, la sal y la pimienta.

    No sé si pasa con la música. Quizás también. Quizás la idea original del compositor es amplísima, abstracta, pero después al violín le faltan notas o la mano del violista no puede llegar para interpretar los acordes que él imaginó. Y entonces mete dos violines, pero se interfieren entre ellos, cada uno requiere una cadencia, una melodía especial y ya no es un sonido sólido, cilíndrico o cónico, como lo había pensado, sino estriado, con fisuras. O de pronto siente sonidos que no existen y entonces ¿qué puede hacer?. A lo mejor imitarlos con los disponible, pero otra vez pierden solidez, no son coherentes con su creación, casi le son ajenos, adversarios de su propia composición.

    En la plástica las limitaciones de la realidad son asombrosamente frustrantes. El artista sueña una obra (es lo más parecido a la concepción de una idea) y al final la debe reducir a las dimensiones y a los medios que dispone (ni siquiera a los que existen, que siempre serán muchos más de los que están a su alcance). Por lo general, debe aceptar, casi dogmáticamente, una bidimensionalidad castrante, al punto que al transcurrir el tiempo, ni siquiera la cuestiona. Si se sale hacia la escultura (primera tridemnsionalidad) los medios son inflexibles. Las performances, los audiovisuales, todo es limitado. Parecen experimentos y estoy seguro que ni siquiera alcanzan a ser caricaturas de lo que el artista imaginó. Al final la obra se adapta a las posibilidades de realizar algo. Se aplica eso de imitar lo que se quería realizar. No existe nada que represente fidedignamente lo que su mente imagina y siente. Ni siquiera sabe traducir que es el “sentir”, sino en la medida de la frustración de no asirlo, de no poder lograrlo.

    Quizás llegará el día en que las exposiciones serán explicaciones que el artista de sobre algo que imaginó, como decir:

    …entonces un plano de azogue intercepta el azul de unos ojos del espíritu, de la calidez que se
    siente en ese instante, y ambos, ya interceptados, se extienden hasta que se pierden de vista…

    Y todos los asistentes meditan sobre ese concepto y claro, en la mente de cada cual se va estructurando una obra diferente, pero con alguna esencia de lo que el artista quiso expresar, como su perfume. Una forma de arte conceptual donde el objeto y concepto, ambos, si importan.

    Peor aun es escribir. Primero el proceso es lento. Hay que escribir letra a letra (aun cuando existen máquinas que transcriben lo hablado) y las palabras tienen un alcance muy limitado. Ya he hablado sobre eso y no quiero repetirme. Pero las palabras son cortas y suenan breves, les falta el eco en los sentimientos, la vastedad de lo que se siente. Quizás por eso los poetas originales buscaron la métrica y la rima, para ponerles música. Quizás. Es un calvario tratar de decir una idea y un sentir, al punto que, con asombrosa frecuencia, resulta más exacto el silencio.

    Hoy que enterramos a un tío muy querido (era ya, naturalmente, muy viejo) y estando enfrentados con la asiduidad de las desapariciones de seres amados, viene al caso tratar de expresar cuál debía haber sido el camino de la vida de cada uno de nosotros, los que fuimos y los que somos. ¿El que vivimos, desde la infancia a la vejez? Y lo que nos queda por vivir, ¿no merece también mañanas mejores o no será lo conveniente, lo recomendable, olvidarse de la palabra “mejor” e igualmente imitar nuestra propia trayectoria, la que pudo ser y seguirla imitando en el breve trecho que nos resta?.

    Esa vida casi nunca fue original. Siempre estuvo moldeada por un “lo que debe ser”, en mayor o menor grado, pero nunca fue enteramente nuestra. Fue un compromiso -un compromiso afortunado, en mi caso- entre lo que hubiera querido hacer cada vez y lo que realmente hice. En cada palabra siempre hubo y hay un eco de lo que pensé, pero con frecuencia incompleto. Digo que en mi caso que el compromiso fue afortunado. Es una forma de ver las cosas porque privilegio mi familia y esa es muy satisfactoria. Pero si lograra ver mi trayectoria aislada del resto -y lo trato de hacer- esa aceptación sería más compleja.

    Podría pensarse en una forma de vida donde las trayectorias de cada quien fueran como las de las partículas atómicas: impredecibles. En cada caso sintiendo y expresándose de una manera diferente. La muerte sería la detención de la partícula, el ser siempre el mismo.

  2. Carlos Portocarrero dice:

    genial me encantó

  3. victor hugo pastrana francisco dice:

    me encanto lo que escribes re recuerda parte de mi infancia donde todos nos deciamos sin conocernos, buenos dias buenas tardes y buenas noches .ahorra todo mundo lleva prisa para el trabajo para la escuelas o las compras.se ha perdido la sensibilidad del ser. te admiro mora torres.

  4. Silvia Villarroya dice:

    Hermso!me trasladé inmediatamente al dormitorio de mi infancia, mi cucheta de arriba, donde la oscuridad ya hacia más aguda la imaginación y el oído para escuchar a mis padres… no siempre me dormía feliz. Gracias !

  5. Rosa María Aldana Armas dice:

    Hola Mora: me gusta lo que escribes.. siempre lo leo -pero hasta ahora te escribo- me gusta cómo entrelazas las ideas y construyes tu texto.. cosas que vivimos.. soñamos . hacemos están presentes en ellos. Yo también recordé mi infancia… nosotros hacíamos teatro y salíamos de atrás de las cortinas de los hoteles donde a veces nos hospedábamos por vacaciones.. también teníamos vestidos y trajes hermosos con sábanas y trapos.. mi madre se reía mucho.. mi padre iba por algo para cenar o los juguetes para Santa Claus.. han pasado algunos años… pero recordar es volver a vivir todo eso.. hasta los olores del lugar donde está uno.. gracias por ello y te felicito por escribir.. simplemente escribir.. para hacernos recordar. Te mando un abrazo cariñoso desde Puebla, México

  6. INES AMPARO ARCILA ARCILA dice:

    Triste la persona que no tuvo una infancia feliz que recordar. Soy muy afortunada y le agradezco a Dios por esos padres maravillosos que me dio. Mi familia es muy numerosa y siempre estuvimos juntos, recuerdo cuando saliamos a vacaciones mi padre se preparaba para llevarnos a todos para la finca, amarraba los bultos de comida en las mulas y empezabamos el recorrido, llegabamos a la finca luego de una larga jornada atravesando riachuelos, bosques, unos parajes en domnde se entrecortaba la respiracion de la misma pureza; se nos hacia larga porque no veiamos la hora de llegar, nos ibamos de pesca, otros a treparnos a los arboles para recoger y comer deliciosos zapotes, mientras mi mama se dirigia a la cocina y se disponia a prepar una deliciosa cena para sus dies hijos , primas y mi padre; hasta nosotros llegaban las deliciosas aromas de la comida recien hecha y cocinada en leña. Mi padre nos tenia unos canastos para la recoleccion del cafe y saliamos tosdos en fila india tras mi padre, parecia una gallina criando patos, luego nos ibamos en busca de algun ternero que estaba perdido o a curarlos de gusanos, mi padre nos enseño el amor por el campo y el respeto por los animalitos, ibamos al trapiche y veiamos como se preparaba la panela en unos grandes calderos y comiamos la deliciosa panela aun caliente, nos regresabamos por los caminos recogiendo moras para irlas comiendo, en la tarde juegos, cuentos y canto, etc…

  7. Joise Morillo dice:

    Querida Mora

    Respecto a lo que dice Eduardo Guzman en la entrada de newsletter

    “Si hay un sonido que llevemos pegado al tímpano de nuestros afectos, es el de la campana que oímos en la infancia.”

    La educación del viejo es la que recibió en la infancia.

    Estáis en lo cierto con vuestro post, ser longevo no es fácil, más aun, si desafortunadamente se padece de una minusvalía y peor aun cuando se vive en una gran ciudad donde los momentos tienen menos duración para cualquier desempeño y, para l colmo, el transporte colectivo, la indolencia de quienes lo manejan es patética y deplorable. Ea pues, mi mensaje:

    El inmobil marmol ó ¡não há piedade e clemência na rua!

    ¡Mancebo impertinente!
    torced vuestra procaz ingerencia
    no creais que mi dolencia me agobia entera
    pues, atizaría vuestra infame testa
    si alcanzarle pudiera.
    Yo merezco mas que respeto, reconocimiento
    mi larga vida desempeña con menos esfuerzo
    la capacidad escueta que ostentais para dicernir
    entre lo bueno y lo malo, lo noble y lo ruin
    y vos, vil, acelerais vuestra conciencia
    asi como acelerais vuestra maquina
    indolente y muerta como vos.
    Conceded nobleza a vuestro espiritu
    cincelad vuestra aspereza de caracter
    ya que prólija vuestra estirpe manifesta no ser.
    Oh providencia magnifica habeis cedido
    habilidad para unos, que mejor sería no haber nacido.
    Oh Señor perdonad mi ira
    pero simulando al mármol inmobil
    con mi pálio blandiendo
    me enardezco como la fragua al carbón.
    Oh Padre, no, no lo castigueis con la muerte
    hacedle sentir el padecimiento doble potente
    que inclemente, el mancebo, hace sufrir.
    Al fin, ¡rodajes tambien son calezas!
    y la suya no enfrenta la firmeza de mis dolientes podos
    menos aun mi preterita y fructifera adolescencia
    pobre engendro de mefistófeles
    Dios se apiade de vos.

    No no hay pietistas en nuestra era, ya pasó el tiempo que se cedIa el aposento a la fémina en los colectivos, el argumento sofista y descarado: “si hay caballeros lo que no hay es asiento”

    Mais, ainda soi seu cabalheiro andante pra vocé!!!!!

    Os ama
    Joise

  8. Gilberto Torres dice:

    Recuerdos de la infancia, que maravilloso es tenerlos, sentirlos y a veces hasta olerlos.
    Afortunadamente la vida es bella, a pesar de las prisas, de el humo, de las palomas obscuras y las tardes grises. La vida sigue y seguira siendo Bella…. Vida nada me debes, Vida estamos en paz.
    A todos los que piensan que tiempos pasados fueron mejores escuchen la cancion Santa Maria de La Feira canta Devendra Banhart.
    Vive pero vive intensamente, sonrie pero sonrie desde el corazon no con una mueca fingida, ama hasta que duela, rie hasta que llores de felicidad y sobre todo abre los ojos y disfruta de cada momento, despues de todo la vida solo es un instante asi que mientras estes aqui pasatela bien.

  9. Celestino Gaitan dice:

    Amada Mora…
    Siento que te sienta bien tu nueva morada…
    …y tu habilidad para comunicar sigue refinandose,
    cada vez que te leo…vuelvo a volar,
    tal parece que a travez de tus narraciones se reafirma
    el vi’nculo y condicionados por los recuerdos sembrados,
    apenas disparas tus primeras palabras y frases…
    …y ya estamos puestos para correr contigo una nueva aventura.
    Siempre resulta delicioso hurgar en nuestros recuerdos de la infancia,
    y m’as cuando lo hago tomado de tu mano.
    Y de postre, los no menos interesantes comentarios de tus
    selectos y asiduos amigos, lectores y admiradores.

    Gracias Mora,
    Gracias a T@dos,
    Reciban un Afectoso saludos y Fuerte Abrazo.

    Celestino.

  10. estela mary sosa dice:

    Muy bueno me encanto!!!

  11. genoveva espiritu dice:

    Que interesante lo que escribes, cada una de tus palabras me recuerdan mi infancia, esa habilidad comunicativa me sirve como recurso pedagógico para compartir con los estudiantes. De seguro voy a seguir pegada a tus escritos para dar vuelo a mi imaginación. ¡ Eres única!

  12. Analia Griselda Rodriguez dice:

    Que hermoso Mora, me encanto y me lleno de recuerdos lo que escribió, una vez mas me pierdo en la lectura y me dejo llevar por sus palabras. Hay recuerdos buenos y malos de la infancia pero lo que acabo de leer me hizo recordad los buenos, aquellas noches de murmullos y de curiosidad por saber de que están hablando nuestros padres, los momentos compartidos con los hermanos mayores, las peleas que hacen que hoy seamos lo que somos. Muchas gracias por compartir tan bonitos recuerdos.
    Un abrazo
    Analia
    Colonia Caroya- Cordoba

  13. JOSE ANTONIO GOMEZ PERALTA dice:

    Dios te bendiga Mora esos son recuerdos que hasta hacen a uno sentirse como niño de nuevo y hasta reírse de tantas cosas que hicimos en el pasado pero este mundo todo se repite típicamente.
    ► Eclesiastes 1: 1:9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. 10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.

  14. José María Gil dice:

    Arminda, la hermana pequeña que nunca tuve, era así en mis sueños, gordita, con trenzas, de ojitos vivos, con botas y de gestos cantarines, pero nunca llegué a jugar con ella. Sus esporádicas apariciones fuera de mis sueños eran como inesperados “flases” de videncia que nunca llegaron a importunarme, pues ella siempre sonreía. Y como nunca llegué a jugar con ella, tampoco llegué a saber si era paciente, rebelde o enfadona…, ni me dio a mí, tampoco, motivos para serlo…
    Un día, a los 7 años, allá por los 50 del pasado siglo, dejé de verla. Así, sin más. Sin avisar. Por ello tardé tanto en darme cuenta… y cuando quise reaccionar, ya era tarde, ya no sabía en donde buscar, ni le pude preguntar a nadie…
    Como sucede con tantos “sueños de infancia”, jamás volvió. La tierra del olvido fue cubriendo su lánguido recuerdo poco a poco y es ahora, llegado mi forzoso retiro, cuando emerge de nuevo en detalles casuales, como en la mirada de la niña de la cama 14 de la sala de Ortopedia Infantil, o en la niña que paseaba el domingo en bicicleta por el paseo marítimo de Mogán, aunque ésta iba sin trenzas y sin botas, o como en la lectura de tu tierno artículo de hoy, Mora… ¡Bendita seas!

  15. hugo mario garcia dice:

    Hermoso y movilizante, me encanto
    muchas gracias

  16. Iván Salazar Urrutia dice:

    José María Gil, cómo me envolvió tu prosa!
    Ahora tenemos más eufemismos, o quizás conceptos nuevos; el amigo invisible, puede ser lo que quisimos y no se dió. Yo tuve sutuaciones invisibles, que no se dieron y me persiguen aún. Al respecto he estudiado, conversado, consultado, leído, y no puedo resolver esa nada que existió como deseo.
    Muchísimas veces escuchando a algún catedrático, desde mi banco de estudiante viejo, me asalta ese vacío que busca alguna vez llenarse de certidumbre… o lo más parecido a ello. ¿Son los medicamentos un remedio, o sólo una permanencia soportable de la enfermedad? ¿Puede el mercado ser responsable del medio ambiente? ¿Puede el mercado ser responsable de algo? ¿El amor es una emoción pasajera o una necesidad de la vida? ¿Si aplicamos la causa-efecto, podemos luego no aplicarla? ¿Puede ser la verdad más enredosa que la realidad? Cuando respetamos la vida ¿usamos insecticidas?… Ya, no más. Pareciera ser que la contradicción y la duda, nos acompañaran codo a codo con aquello invisible que nos lleno el espíritu del altruismo infantil-adolescente.
    VANCHO

  17. celia balderas dice:

    Hola Mora; es la primera vez que te escribo me encanta todo lo que dices, me llevaste hasta mi infncia y , te felicito. gracias.

  18. Diana Gabriela Díaz Gutiérrez dice:

    GRACIAS MORA, POR ESTOS HERMOSOS RECUERDOS QUE SEGURAMENTE AL IGUAL QUE AMI TRANSPORTARON A MUCHOS MÁS A ESOS DÍAS DE INFANCIA DONDE TODO ERA MÁS FELIZ.

  19. Diana Gabriela Díaz Gutiérrez dice:

    DONDE NO EXISTÍAN LAS PRISAS NI ESE PASO APURADO POR LLEGAR SIEMPRE A ALGUNA PARTE, DONDE LAS COSAS Y LAS PERSONAS TENÍAN SU ESPACIO Y SU MOMENTO Y DONDE TODO ERA PARTE DE UN MISMO ENCUENTRO .

  20. Ruth Monroy Bejarano García dice:

    Rut Monroy Bejarano dice:
    25 de mayo de 2011

    ¡ Que cosa tan bonita!, recordé mi infancia, tiempos aquellos en que sin ninguna pena jugamos con mis 9 hermanos en una finca abandonada a la par de mi casa y donde compartimos tantas cosas hasta subirnos a un gran jocotal, que si alguno hubiese caído, no quiero ni imaginar el castigo que nuestro padre hubiera dado a todos. Recordar es vivir y hoy con un poco de tiempo revisé y me fascinó estas letras tan bellas de una gran escritora. Recuerdo a todos mis hermanos con un gran amor y las travesuras que nos unieron. Felicitaciones es verdaderamente bonito.

  21. petrona fernandez dice:

    mora son hermosas las palabras que escribe, algunas me llevan al pasado donde viví estas cosas maravillosas, junto a mis hermanos. eramos humildes pero felices y eso hace que al leer sus historias sienta nostalgia y una enorme alegría en mi corazón. gracias por permtirme disfrutar de sus historias



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