Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Mayo, 2011

Amor animal

La señora que vivía anteriormente en la que ahora es “mi casa de las sierras” me dejó un regalo singular (Fiestas del mes de mayo).

Yo había previsto criar un cachorro de fox terrier (El Amor) , que conseguiría en la ciudad de Córdoba (Los primeros pobladores de las Sierras Centrales de Argentina).

Pero los dioses entrelazaron para mí negritud y brillantez con dos diamantes oscuros y cabellos largos (El banquete: un texto de referencia para el deseo y la transferencia).

Era Polka, una perra de seis años.

Entrelazaron además -los dioses, digo- alegría, bondad y fidelidad con un poco de independencia felina (Los gatos), movimientos felinos y la sonrisa del Gato de Alicia en su país… Y para los desconocidos sospechosos, dientes de Cancerbero (Leyendas Coloniales).

Nos comunicamos por señas, ella y yo, que estamos enamoradas desde que nos vimos. No sé qué habrá visto Polka en mí, pero me ama; yo lo que vi en ella fue el esplendor mismo y victorioso y voluptuoso de la vida, algo así como el revés de El corazón de las tinieblas (Los amigos y enemigos de Indiana Jones), algo como mirar hacia la luz y encontrar el centro mismo de la luz de todo el género animal y empezar a comprenderlo.

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Editorial

De cuadros y de sonrisas

Siempre me pregunté -además de los que todos se preguntaron desde el siglo XVI (El estilo barroco aristocrático), es decir, ¿qué esconde la sonrisa de La Gioconda?- qué quedaba detrás de ese cuadro cuando estaba pintándolo Leonardo (Leonardo Da Vinci).

Más claramente, no en el cuadro, sino atrás, pero sí pasando por la puerta de su sonrisa. Y mi respuesta, porque todos tenemos una respuesta especial para cada una de nuestras preguntas más “originales”- era que había una construcción de abismos y retablos con fuego. En esa construcción, estaban parados Leonardo y su amante (De amor y de sombra).

Leonardo y su amante, que era su amado transparentemente (Homosexual: natural o de crianza), se abrazaban por fin sin pecar, sin violar esa envoltura tan fina -y esplendorosa- que se bifurca en lagos en dos lugares de la carne. Allí me parecía que detrás de las vírgenes y de los mantos, de la escenografía renacentista (Renacimiento), mientras entre los mantos un pliegue dibujaba el buitre de la infancia de Leonardo -el buitre que “descubrió” Freud (Freud y El Éxodo)- ellos se abrazaban y se besaban, y también atrás de toda sonrisa, en la profunda realidad (De la visión sistémica del mundo real).

Es anecdótico para mí que algunos científicos estén tratando de ubicar el paradero de quien fue la modelo del cuadro, de la joven, Gioconda. Lo que importa está mucho más lejos, detrás del cuadro pero también del tiempo, Leonardo es libre y está seguro (La libertad).

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Editorial

Imágenes para una infancia más feliz

Cuando ya estábamos acostados se oían conversaciones (El velero de cristal). Los padres hablaban de sus amigos, de la muchacha que se iba de la casa, de documentos de oficina (Distribución de espacio). De uno de mis hermanos decían que tenía los ojos más vivos del mundo; hablaban de su sonrisa, de que tendría talento como actor (El teatro como recurso para la educación ambiental).

Algunas noches jugaban a las cartas, mi madre recordaba a su padre mezclando la baraja, mi padre también, al padre de mi madre, porque era músico y lo admiraba (Wolfgang Amadeus Mozart).

Además ella solía reír, él hacer bromas hablando de escribir una novela con personajes conocidos, novela que tendría por título “La casa gris” (La Novela y la Historia).

Organizaban partidas de póquer para el sábado (El Poker). Se oía tintinear las monedas que nos dejaba mi padre sobre la parte ancha de la varanda de la escalera (Algo sobre la Historia del Dinero…), para la merienda de la mañana, en la escuela: cinco centavos de bizcochos, unos bizcochos que nunca más comí, que nunca jamás volveré a comer, porque tenían el gusto de todas las ilusiones, y además manteca de la buena…

Ya se iban a acostar, me parecía. Me llegaba un arrullo cuando empezaban a bajar la voz; ya casi me dormía, hablaban cada vez más suave. Pero yo escuchaba mi nombre de repente: estaban hablando de mí.

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Monografias

El dolor

Y ahora que ya estoy instalada en el lugar-paraíso-ojo de buey que soñé toda mi vida -Agua de Oro, pueblo pequeñito de las sierras de Córdoba (Provincia de Córdoba)- viene a buscarme el dolor, con sus consejos, con sus límites y enseñanzas: “detente un poco, yo también existo” (Dolor físico y dolor emocional: el holograma de los sentidos).

El dolor, cuyo nombre he aprendido de chica (Una mirada a los niños institucionalizados y a la zooterapia), cuyos pasos caminan por el techo, se aproximan, me cercan, el dolor me trae su mariposa negra, sus flores moradas, incrusta su corazón de hielo en mis latidos desprevenidos.

Le digo que acá no hay nada digno de sufrirse, tan sólo solitarias plantas esperando su riego, musitando plegarias, le pregunto qué busca, incesante y eterno, en el vacío (La articulación entre vacío, materia y tiempo en el De Rerum Natura).

No contesta, yo misma me contesto que una música soñada que han escuchado despiertos mis párpados, una música ejecutada en un violín del sueño, escuchada por tenaces espectadores que no duermen, ha hecho girar el dolor otra vez (La música de la India). Yo misma tal vez, parada allí, silenciosa y congelada, he hecho girar la rueda (La rueda de la fortuna).

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