Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La almohada de Freud

Se me ocurre escribir sobre los sueños (Sueños y muerte en análisis existencial) porque anoche la yegua de la noche -the nightmare, la pesadilla-, me mordió y marcó tres leves rosas, y me pregunto quién bebió esta noche de mí, y ese que bebió por qué no se llevó las marcas, por qué no puso en su bolsa las señales de haberme visitado (Vampiros: los Moradores de las Tinieblas).

Y me sentí muy sola al despertar (Soledad: antropológica), pero más sola tres o cuatro veces de la extensión de soledad que me corresponde; encima recordé que fui una niña pequeña que tenía mucho miedo, y que esos miedos fueron justificados uno a uno: mi sueño del carro envenenado, de los dientes que vuelan a modo de puñal, de las manos con uñas de dos metros (Sobre el miedo).

Cuando uno mira, ve, percibe, un objeto en profundidad (Nuestras percepciones), no puede sino verlo listo para ser amado. En realidad absolutamente todos los hechos humanos pueden ser tomados por un juego o por una tragedia: un juego de Dios o de su siervo Freud (Lo religioso según Freud); una tragedia de Dios Padre y Dios Nieto.

Vestida con un larguísimo, viejísimo camisón (La mujer en la publicidad), me acerco a un mueble antiguo, una cómoda (La posesión). Abro el cajón de abajo y extraigo una funda de almohada.

Tiene puntillas, almidón, es de lino.

Está acá frente a ustedes para que sueñen sobre ella, para que dejen sus sueños acá mismo colgados, como regalos de un árbol navideño, o reposando, si es posible reescritos apenas abandonados en la cama (La cama de la abuela).

El sueño con Luz

Ella apenas llegó a Buenos Aires fue a visitar el cementerio. No es que considerara de absoluta necesidad la visita, pero se presentó primero a los muertos como quien sabe ya, o sospecha, que con ellos tenía el mismo destino hacia el final de todo.

El Cementerio de la Recoleta eligió, se ve que tenía intenciones muy dignas para su futura muerte, allí donde Borges, que está sin embargo enterrado en Ginebra, escribió en 1923, más de sesenta años antes de que se concretara su destino:

(…) Sombra benigna de los árboles,
viento con pájaros que sobre las ramas ondea,
alma que se dispersa entre otras almas,
fuera un milagro que alguna vez dejaran de ser,
milagro incomprensible,
aunque su imaginaria repetición
infame con horror nuestros días.
Estas cosas pensé en la Recoleta,
en el lugar de mi ceniza.
Apenas había entrado cuando ya descubrió un panteón que le pareció extraordinario. Era la escultura blanquísima de una niña dormida, algo mayor que de tamaño natural. Reposaba tan serenamente, y era tan bella, que se detuvo largo rato, y le llamó la atención una barandilla frente a la tumba, como si hubiera un hueco o un nido cuidado por barrotes. La niña se llamaba -según las esbeltas, enormes letras góticas- Luz María García Velloso.
Y, con el recuerdo de Luz María, se retiró del cementerio, sintió que no necesitaba ver más.
Por la noche soñó que una jovencita de cabellos entre dorados y rojizos, muy parecida a la Niña con regadera, de Renoir, le hablaba, le aconsejaba algunos detalles sobre poesía y escritura, y le dictaba unos poemas.
Ella escribía poesía, es cierto, pero los versos que le dictaba Luz María -ya que no dudó ni un momento en que era la escultura del cementerio transformada en bella criatura la que asomó en su sueño- eran absolutamente diferentes a lo que podría llamar “su estilo”. Los recordó apenas despertó y los “copió” en un cuaderno. Les puso de título Envíos de la niña de piedra, y se los llevó a su amiga Olga Orozco.
Eran pequeños poemas fantasmas. Olga dijo: “son pétalos”.
Algunos días después necesitó regresar a ver a Luz María, y se aventuró por la parte de atrás del panteón. Había sido una niña hija del dramaturgo más famoso de Buenos Aires, Enrique García Velloso, muerta a los quince años en 1925.
Ella husmeó por las lápidas desconsoladas hasta saber que Luz María era considerada por todos los escribas de aquella primera década del 20, en Buenos Aires, como su musa. Ella recitaba, con sus largos cabellos dorados y rojizos, en casa de su padre, en las veladas de escritores y de gente de teatro…
Mucho tiempo después se enteró que, en una leyenda urbana que circulaba por todo el barrio de Recoleta, Luz María era ¡la Dama de Blanco!
El cuaderno con los poemas “de” Luz María -Envíos de la niña de piedra- está a vuestra disposición…
Envío
Consiéntanme no hacer por ahora envíos personales: estoy terriblemente ocupada, mudándome. En realida ya me mudé y estoy desembarcando, pero es largo y como “con cuarentena” el desembarco. Me mudé casi -y digo casi y vuelvo a acordarme de José (sigan mandando, si pueden, definiciones de palabras)- a otro mundo. Pero no al otro mundo, no teman…
Todos mis cariños
Mora

Monografias

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Comentarios

18 respuestas a “La almohada de Freud”
  1. Marina Guadalupe Laverán dice:

    Siento reminiscencias de mi infancia, recorrer los cementerios pensando qué habrá sido de la vida de quienes en reposo se encontraban, me imaginaba historias personales entretejidas con otras historias, la imaginación es una fuente inagotable de posibilidades, una frontera lejana donde es posible recalar con el pensamiento, y qué formas de asustarnos e inquietarnos con cuentos de fantasmas!!! pero qué atrapante sensación, suponía que tal vez algún ser que en vida quedó con cuestiones inconclusas, quisieran transpasar su estado para comunicar aquéllo pendiente, temor y emoción iban de la mano………ahora al leer estas palabras, vuelo en el tiempo del pasado intemporal y vuelvo a ser esa niña que se estremecía, y aún así tenía necesidad de saber.
    Me gustó muchísimo
    Marina Laverán

  2. Adolfo Farfan dice:

    Hablar de sueños es interpretar la existencia vivida en el momento o en un transcurso temporal que deja huellas, si sueño es porque existo.

  3. LUCAS TAFUR BURGA dice:

    Me produce la sensacion de EXTRAORDINARIO.

    Para mi interes en el tema, me gustaria contar con bibliografia de Freund

  4. Jose Itriago dice:

    ¡La cama tan desnuda! Parece sacada de una película de Fellini: una armazón metálica, un colchón a rayas, muy magullado. Todo el cuarto desnudo, intencionalmente desnudo, para dramatizar la soledad y empequeñecer la sed de ternuras con el castigo ascético de los cartujos. Como para evitar cualquier asomo de sordidez, una ventana asoma la pared trasera de una casa pintada en un blanco pulcro, texturizada, con un breve jardín en su base, bien cuidado, como si manos expertas le dedicaran sus horas de vida a perfeccionarlo. Cada pequeña mata esmeradamente podada, sin una hoja marchita, la tierra de su pie removida. Con flores pequeñas de colores alegres. Pero para verlas hay que alejarse de la cama y apoyarse en la ventana.

    Del otro lado, en la pared opuesta, una puerta de mala calidad, hecha de materiales sintéticos, lisa, sin molduras ni adornos. Solo puerta que impide el paso, no algo que incite a llamar, a entrar, sino más bien a repeler.

    A su lado, un armario -placard, lo llamaban los viejos- mediano, de mi altura, con dos puertas desequilibradas que dejan rendijas lo suficientemente anchas como para deducir su interior, también hecho con materiales sintéticos de esos que simulan la madera. Adentro, una almohada tan vieja como el colchón, ya sin cuerpo, flácida difícil de mantener medianamente horizontal. Mi poca ropa -ya casi ni necesito- colgada en los pocos percheros que dispongo y distribuidas entre el estante superior y el inferior, junto con mis restantes enseres.

    Pero en el estante central reluce un juego de lencería impecable, contrastante con el todo (como la pared y su jardín), del más fino lino, almidonada, doblada en ángulos perfectamente rectos. La tela es olorosa y su aroma, mezcla de manos de lavandera consentidora con caoba y maderas finas, conforta el espíritu. Las fundas y las sábanas están rematadas en vainica, perfecto. Parecen expurgadas por monjas de conventos en el confín del mundo, que quisieron enviar mensajes reprimidos a través de la perfección de cada palmo, mensajes para príncipes, inaccesibles caballeros, amores castigados, y que por ironías divinas, llegaron a mis ojos cansados y mis manos manchadas.

    La vida entonces se resume a pasar el día tratando de descubrir al artífice del jardín. Después de meses, jamás he visto a persona alguna, ni siquiera he oído voz distinta de las que ahora resuenan en mi mente, con reminiscencias de sonatas amadas, de melodías truncadas por este terminar que no termina nunca. No. El jardín se mantiene impecable y silencioso. Me imagino que ni hormigas tiene. Pero jamás he visto a quienes se encargan, con tato celo, de darme esa alegría, cada día mayor. Quizás sea pecado que un jardinero toque la virginal oquedad de sus corolas y mayor aun, que yo lo descubra. Su sola presencia, burdamente trajeado con la ropa necesaria para cumplir su trabajo, le restaría esa irrealidad que tanto necesito, que me ancla en una brisa.

    En las tardes, cuando las luces languidecen, saco el lino, abro uno o dos de sus cuadros, escojo una de las fundas, acaricio la tersura de la tela, hundo mi cara en ella y luego, con el mayor esmero rehago los dobleces y la saco a la ventana para que sorba la frescura que viene de mundos lejanos. Después, imitando los que supongo deberían ser los rituales orientales para su tratamiento, repongo todo en su sitio y me apresto a soñar que nos cubre otra vez.

  5. Analia Vidotto dice:

    Hermoso…me recuerda a mi abuela, fallecida hace siete años, …aún me mima en los sueños…

  6. Joise Morillo dice:

    ¿Quien es un genio? Se pregunta Freud, ¿es que acaso tener la capacidad de despertar el espíritu creativo y fomentar la abstracción por medio de la poesía ¡no es talento¡? –Me pregunto yo-. Pues bien, si eso es así, Mora es un genio.

    Recoleta, santuario de espíritus diversos, unos amados y otros despreciados, siiiii wow, da escalofrió, incluso, los muertos deambulan como las nubes, cuyos espectros se materializan en las mentes de los crédulos y de los desapercibidos, mientras los fúnebres alientan su obras de esculturas y mausoleos dignos de emperadores de la economía, también, el gato blanco. Sexo, la grasa que lubrica el mundo, sociedad, matrimonio, ingenio femenino de ancestral genealogía…..aparte…. henos aquí, diestros y siniestros queriendo des apercibir – de nuevo- la bondad de la unión, mas no la reunión. No améis la religión pero si a Dios, pues, en tanto profanáis la inteligencia os convertís en esclavo del fundamentalismo.

    Esto es hermoso:

    Les puso de título Envíos de la niña de piedra, y se los llevó a su amiga Olga Orozco.
    Eran pequeños poemas fantasmas. Olga dijo: “son pétalos”.

    Tanto como la mirada de los niños “ingenuos” prodigio e inherencia de la naturaleza sublime y sensual como los capullos, la potencia de las flores, y la tersura de los pétalos.
    No obstante vos genio, regodeáis vuestra talentosa estirpe en la creación de quimeras patéticas con una estética de encomio profundo e imperecedera estancia. Sois inmortal vos, Olga y Luz María.

    No, no es trauma, es inspiración, algo que Freud alcanzaría a definir como la naturaleza del genio. Desde los más profundo de las inconsciencias, definitivamente, emergen: la indolencia, el desacierto, la esquizofrenia del sin razón, la terquedad y, lo mas innoble en consideración del egoísmo y el rencor, empero, siempre, ante lo más perverso del común, nacen quienes afortunadamente, promueven el vector de la prudencia y voluntad de la devoción en función del consuelo de los afligidos y los maltratados, aun cuando su varita mágica más que azarosa necesite grasa, esa grasa no es sexo, ni dinero, ni petróleo; es amor y, el amor es también poesía.

    Más que elogio, es una inmensa gratitud ante la providencia, quien, nos dio el placer de percibir tan valiosa razón de ser.

    Os ama

    Joise

  7. ewi mard dice:

    bueno, aunque hay aspectos que pueden ser, (digo pueden ser, puesto que estamos hablando de hechos dados hace un tiempo prudente en la vida), creo que no den todo es llamativo, pues hoy hallamos cuestiones más relevantes de este hombre.
    Sigmund Freud, solo considera que las cosas que nos pasan por proyección puede tender a afirmarse en lo real aunque no es capaz de sobrepasar el limite.
    creo que las situaciones deben ir siempre hacia el oriente de la verdad y no pensar que es mejor dejar vivir una libido o un deseo que se teje en las entrañas de cada uno de nosotros, pues el desenfreno que en ocasiones es mejor dejarlo andar segun este amigo
    alemán no es del todo lo correcto, sino pensar y crear situaciones.

  8. Marcos Gomez Uriarte dice:

    Tal y como demostró el psicoanalista frances Sigmund Freud,los sueños son la manifestacion de nuestros mayores deseos y temores magnificados en nuestra imaginacion,aprovechando que el alma abandona temporalmente de noche el curpo humano fisico durante diversas horas seguidas,descubrió la existencia del alma mediante la realizacion de hipnosis regresiva en muchos de sus pacientes,que tenian sintomas fisicos neuroticos que denotaban una lucha interna,reprimiendo sus emociones,

  9. victor hugo escobedo dice:

    me parece que los ueños son las vivencias que tenemos en el dia a lo largo de nuestra vida.

  10. Iván Salazar Urrutia dice:

    Mora, amigos: disculpen el paso al lado.

    GONZALO ROJAS TAMBIEN MUERE.
    Así es; sencillamente es. El poeta Gonzalo Rojas ha muerto también, igual que la Tato, mi madre; o César Vallejo, ese peruano nacido para morir en París; o Vicente Huidobro, poeta de nacimiento, y Gabriela Mistral y Neruda, Y Pablo –el Otro-, esposo de Winett. En fin, tantos que mueren.
    Y uno creyendo que la parca se salta algunos… sobre todo si son artistas.
    Gonzalo Rojas escribió del amor. ¿Quién no? Pero como este poeta muerto también, es difícil.
    En los versos yace y suda y culebrean las vertebras, los muslos se escapan como en García Lorca; pero más cerca de la sangre, más cerca de la sal de las axilas…
    Los invito a mordisquear la manzana de Gonzalo Rojas y saborear los salivazos bajo los cobertores, los versos buscando labio, la voz buscando los ayees del placer.
    Mientras tanto, les dejo un poema distinto, pero del mismo poeta muerto:
    Mariposas para Juan Rulfo
    Cómo fornicarán felices las mariposas en
    el césped oliendo
    de aquí para allá a Dios sin
    que vaca alguna muja encima de
    su transparencia, jugando a jugar
    un juego vertiginoso a unos pasos
    blancos del cementerio con el mar
    del verano zumbando allá abajo ocio y
    maravilla.
    Rulfo habrá soplado en ellas tanta
    locura, Juan Rulfo cuyo Logos
    fue el del Principio; les habrá dicho: -Ahora, hijas,
    nos vamos de una vez
    del páramo.

    ¿Y ellas? Ahora ¿qué harán
    ellas sin Juan que cortó tan lejos
    más allá de Comala en caballo único tan
    invisible? ¿bailarán, seguirán
    bailando para él por si vuelve, por
    si no ha pasado nada y de repente
    estamos todos otra vez?

    Por mi parte nadie va a llorar, ni
    mi cabeza que vuela ni la otra
    que no duerme nunca. Se ha ido
    y se acabó, nadie
    corre peligro así acostado oyendo
    los murmullos aleteantes.
    -Con tal
    de que no sea una nueva noche.
    VANCHO

  11. Joise Morillo dice:

    No es sencillo y, menos, digerible, pero, infalible e inevitable: el eterno descanso. Triste es, desapercibidos haber permanecido en el mundo irreal que vivimos, mientras otros: haciendo historia; disfrutan vuestros momentos improductivos en ganar indulgencias, altruismos, en tanto que otros –hedónicos- comparten lo sublime de su encomiable filantropía.

    Empero, la ignominia cultivada por los perversos; rinde culto a sus cultores y, se crea el inconformismo, la intolerancia, produciendo la pobreza en base a la miseria que generan los opresores, zurdos o diestros, total, la desdicha es igual en sendos espacios míseros.

    Pictórico y didáctico Vancho. ¡Hurra!

    La narrativa en base al símil, la ironía y el sarcasmo son el producto de una crítica con norte en una preclara conciencia. Esa es la narrativa –poesía- de Juan Rulfo.

    Hay tanto calor en Comala que: “muchos de los que se mueren allí, al llegar al infierno se regresan a buscar su cobija” Pedro Paramo.

    “No hay mal que por bien no venga”

    Deja mis manos, madre muerta
    Vengare vuestra alma quebrantada
    Olvida los momentos de desdicha
    Para el infierno tal miseria vale nada.
    Mama, Natalia me dijo “apresto”
    Tanilo se alivió de su vida desecha
    Como Paramo de su entuerto
    Y vos de vuestra alma maltrecha.
    Que venga el bien, el mal ya se aleja
    Mis manos quemadas de sol
    Ya no disfrutarán de vuestro crisol
    Pero me aliviaron de maligna queja.
    Descansa ya, madre, deshilacharé
    Vuestras macollas de desdenes y
    Sinfines de carencias.
    Os ama
    Joise

  12. JOSE ANTONIO GOMEZ PERALTA dice:

    Dios te bendiga Mora, quiero colaborar con esta noticia de cuando freud aceptó la existencia de Dios. Antony Flew, el filósofo ateo uno de los más férreo e influyente del mundo, acepta la existencia de Dios y dijo ► “Tres dimensiones que apuntan a Dios” - “¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios”. “La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos” ► “Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas, todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”, concluye.

  13. enlacuerda floja dice:

    Agradecerte Mora por estos escritos,pues son para mi una enseñanza,estensibles . tambien a Jose Antonio Gómez Peralta,Joise Morillo,Victor Hugo,en fin un largo eztra . Un saludo

  14. francisco antonio cortez lopez dice:

    cuando estoy pensando puedo sentir que soy parte de este planeta que estoy sintiendo mi color oscuro de mi piel por que se las raíces de mi pueblo africano su caliente y ardiente sol que te quema hasta los huesos dicen los médicos curanderos que toda medicina que cura el alma y todos sus dolores pro vienen de los largos sueños meditaciones quien tienen las almas que pueden estar sufriendo por diferentes tipos de dolencias del corazón estúpido cursi enamorado el amor es el sentimiento mas poderoso del cuerpo humano cuan un humano esta verdaderamente enamorado no se enferma no le duele por que es el anestesista mas poderoso del mundo es confiado desinteresado
    y todo esto esparte de una cama con dos almohadas una para el y la otra para el

  15. Nestor Daimon dice:

    ¿Y Freud?
    Salvo la mención titular, nada.
    Parecen esos párrafos de “auto-ayuda”, deformaciones si las hay, de la teoría psicoanalítica.
    Propongo separar al eminente doctor de estas reflexiones e invito a debate sobre sus escritos sobre “Los Sueños”.
    Lo único freudiano que veo es: Soñé-duermo sobre la almohada-Freud habló de los sueños-escribo sobre sueños.
    Gracias doctor, no obstante, por sus trabajos de investigación en el campo de la medicina y la sintetización de laboratorio. Ahí sí que llegó lejos, ¿cierto?

  16. Cesar Coronel dice:

    me encantan todas tus publicaciones… son las mejores que e leido…. el sueño para mi es otro mundo… uno en el que se esta seguro :)


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