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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Archivo de Abril, 2011

Una tenue llama persiste

Para el amor más crudo se necesita un cuerpo como presentación y ojos que alguna vez se vayan para ser recordados, y sonrisa sin sueño desde el sueño de ser alguien posiblemente amado (Aprendiendo a decir adiós). Se precisa sentir con todas las personas que están adentro de uno, y el mar ser una de las personas, otra la montaña, y una tercera la belleza más sutil de una llanura en llamas. Para el amor más crudo no se necesita plato, o a lo sumo el plato del mendigo que come las sobras de la vida y las manzanas de los dioses (Teogonía).

Una tenue llama persiste eternamente de lo que fuimos para todas las cosas y en especial para el amor (Tiempos de amor y revolución). Si alguien mira observando, pero viendo, el fondo hueco de la mañana, o el vaso claro de la noche, podrá beber aún el amor.

La lejana receta de este hechizo del que hablamos es pócima ardiente, y a veces no conviene -o no conviene ya- a los metabolismos extenuados del alma (Alma y cuerpo. La conversión psicosomática).

Se prepara con raíces que hay que ir a buscar al medioevo (Cultura medieval -apuntes), pero que hacen todavía efecto notable en la posmodernidad (Cuestiones de ética contemporánea). Resulta algo así como mezclar veneno de serpientes con el rocío del amanecer.

En caso de un amor más sereno, el trabajo de encantamiento es, paradójicamente, mayor: anotar los sobrantes del día que se fue, números y formas de la eternidad, habitar en el mismo lugar de una antigua strega de agua y divinidad, o de un gnomo (Uriana y el Rey -cuento infantil).

Pero también puede amarse de la manera más sensata (Sentido común): sin dolor dibujar una palabra que haga de veces de nombre del Amado o Amada; dibujar una palabra con hilos, con hebras, como quien hace un nido, si es pájaro, para casarse y convivir (Francisco Izquierdo Ríos y el lenguaje de los pájaros).

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Monografias

La almohada de Freud

Se me ocurre escribir sobre los sueños (Sueños y muerte en análisis existencial) porque anoche la yegua de la noche -the nightmare, la pesadilla-, me mordió y marcó tres leves rosas, y me pregunto quién bebió esta noche de mí, y ese que bebió por qué no se llevó las marcas, por qué no puso en su bolsa las señales de haberme visitado (Vampiros: los Moradores de las Tinieblas).

Y me sentí muy sola al despertar (Soledad: antropológica), pero más sola tres o cuatro veces de la extensión de soledad que me corresponde; encima recordé que fui una niña pequeña que tenía mucho miedo, y que esos miedos fueron justificados uno a uno: mi sueño del carro envenenado, de los dientes que vuelan a modo de puñal, de las manos con uñas de dos metros (Sobre el miedo).

Cuando uno mira, ve, percibe, un objeto en profundidad (Nuestras percepciones), no puede sino verlo listo para ser amado. En realidad absolutamente todos los hechos humanos pueden ser tomados por un juego o por una tragedia: un juego de Dios o de su siervo Freud (Lo religioso según Freud); una tragedia de Dios Padre y Dios Nieto.

Vestida con un larguísimo, viejísimo camisón (La mujer en la publicidad), me acerco a un mueble antiguo, una cómoda (La posesión). Abro el cajón de abajo y extraigo una funda de almohada.

Tiene puntillas, almidón, es de lino.

Está acá frente a ustedes para que sueñen sobre ella, para que dejen sus sueños acá mismo colgados, como regalos de un árbol navideño, o reposando, si es posible reescritos apenas abandonados en la cama (La cama de la abuela).

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Monografias

Niño enfermo

Las enfermedades de los niños tienen algo tan trágico -hablo de enfermedades menores sin embargo (Enfermedades más comunes en los niños)- y a la vez tanto hechizo (Cuentos Hadas - Magia, Fe y Encanto?), que quien ha sido tocado en su infancia por la visión de algún mal, o ha mirado como ese mal tocaba a su amigo o hermano, lo recuerda por siempre, con una idea de haber aprendido algo (Aprender a vivir - Cuatro actitudes y un camino).

Yo me acuerdo muy bien de un niño enfermo, un niño vecino, de mi infancia. Él ya amaba apasionadamente a la chica más linda del barrio, Indiana, e imaginar sus rizos oscuros lo calmaba instantáneamente, pero por un instante (Chicos, no hagan esto en sus casas).

La cama estaba en el medio de los reflejos de sus sueños afiebrados, lo hamacaba, la cama y los sueños lo hamacaban, aunque él sentía que lo que mecían no era del todo su cuerpo, que quizás era de otro y él no estaba allí sino en las nubes que pasaban por la ventana, o ni siquiera en las nubes, tal vez sólo era aire respirado (Narraciones infantiles: Universo complejo y desafiante).

De pronto volvía a ser él por el dolor; nada más material que el dolor, nada nos hace más terrenos que el dolor físico, y la sed de apagarlo, de calmarlo (Dolor físico y dolor emocional: el holograma de los sentidos).

El dolor de cabeza lo empujaba como un viento fuerte -había manos que le penetraban la cabeza, o ramas que caían de los árboles atravesándola, y llegaban justo a dos lugares cruciales de ella: la inteligencia y la locura (Hacia una enseñanza e investigación inteligente de la inteligencia).

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Editorial

El ruiseñor bajado a puñaladas

Los niños que se destacan (Cuestiones relativas a la altura del ser) -y tal vez se destacan, a veces son sólo ilusiones de los mayores (Kant)- en algún arte, ciencia, deporte, habilidad, suelen ser los más tristes (Catalina: el infierno de una reina). Y arrastran esa tristeza para siempre, pero claro, por lo general la cubren de humor, y son muy buenos anfitriones (Sentido del humor).

Dicen de mí, ustedes, que soy buena anfitriona. Al menos recuerdo que lo dice Joise. Y Celestino, y José Itriago. Y María José lo siente quizá (Los sentimientos, ¿existen?).

Etcétera.

Pero yo recuerdo de mí que no era demasiado cálida; y aun así yo era “el ruiseñor del aula” para la maestra (Cinco panes de cebada).

Ruiseñor porque se suponía que “cantaba”, que cantaba sobre el papel con mi lápiz de niña (La serenatam es nota efímera en la hora hechizada).

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