Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Los bellos tiempos de las lecturas en voz alta

No es molestia ni crítica (La medida de nuestro desconocimiento), pero los poemas actuales, y tal vez hasta honorablemente, se han convertido en partituras.

Una partitura es además de una música ímplicita, dormida pero a punto de despertar, una bella obra gráfica (Arquetipos).

Tengo fotografías de antiguas partituras (Inmigración: fotografías), porque hacen agradable el lugar. Como un Mondrian, por ejemplo, cuelgan de las paredes (Mistificaciones del culto al genio).

Pero las “partituras” de poesía no son aptas para ser leídas en voz alta entre amigos, derramando sobre el papel una gota de ron, como le gusta a Vancho (Tipos de bebidas alcohólicas); necesitan una lectura silenciosa y una mirada también silenciosa que capte el extramundo del poema, allí adonde se va hacia el otro lado y se sigue y se sigue con palabras casi inexistentes -y cuando digo casi recuerdo la definición de José Itriago-, con letras raras que no pueden sonar (Caracteres y cadenas), como espacios en blanco, como ampliaciones y disminuciones de la tipografía, como el duende que está oculto dentro del papel pero que le habla a cada lector de manera distinta (Las diferentes percepciones del mundo).

Noches de poesía

Nos reuníamos y el camino era ir quieto por donde brotaban las palabras en llamaradas que llegaban hasta el cielo negro; una voz le ponía su ropaje al poema, los ojos estaban brotados también de brasas inapagables (La fiesta de las comadres).

Leyéramos lo que leyéramos -y todos nosotros, juntos, éramos “un poeta menor”- siempre en la pared se formaba un ala oscura que llegaba hasta el cielo y sus estrellas llevándoles el canto, y entre los ruidos de las copas y las risas se formaban los nombres de Rimbaud, de Leopardi, porque éramos menores con pretensiones de la gloria y de inmortalidad, ¡tan poco sabios pero tan hermosamente jóvenes fuimos!

Cuando a alguien no le tocaba leer sus poemas, desde la “platea” -sillas viejas maltrechas y prestadas- fumaba en penumbras, no era nadie más que la lucecita de su cigarrillo, de algo que miraba desde él con ojos de fuego y ausencia de cuerpo.

Entonces alguno terminaba de leer, y la poesía surgía porque sí. Hacía surgir al santo, al criminal en las tinieblas, al moralista, a la doncella que se albergaba en casi todas las almas, y hasta extraía de sí misma aquello que quizá no existía. Las letras exclamadas paseaban por una corriente cósmica desconocida y pescaban otra onda de imágenes. Pero nunca sabré a qué inteligencia, a qué amor, a qué asesino habíamos saqueado por un momento su alma.

No nos andábamos con chiquitas en nuestros debates poslectura: consejos como: “en lugar de escribir podrías hacer dibujitos como el Bosco, el Ierónimus”, le decíamos a un dibujante que había improvisado ser poeta y en su poesía inocente lloraba como el Bosco en sus noches peores.

O hacíamos recomendaciones que ahora parecen tristes, citándolo a Pavese: “Un gesto. No escribiré más”.

Un día alguien depuso su deseo de gloria y justamente cambió la lectura de su propio poema por la de “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

Envío

Y el envío de hoy no es más que estas gotas negras y brillantes que recogió Pavese en su vaso vacío. Y miradas compasivas de amor, para ustedes y para mí también, para que me las devuelvan.

Mora

Monografias

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Comentarios

14 respuestas a “Los bellos tiempos de las lecturas en voz alta”
  1. Jose Itriago dice:

    Se deslizan como peces. Surgen de pronto a la superficie para luego sumergirse hasta lo más profundo. Son recuerdos azules, a veces con brillos de plata. Son recuerdos guías y redentores que me llevan de la mano desde la oscuridad de mis temores a la luz del fin de mi tiempo, vestidos con palabras, con ideas y giros imprevistos.

    Veo la foto de mi abuelo con su hermana (ya era viudo para la fecha de esa foto de familia) y sus seis hijos. Los cinco mayores ya muertos en casi estricto orden de edad y el sexto agarrado de la vida con un hilo tan delgado que parece un resto de la telaraña nuestra. Hace unos 80 años, dos de ellos fueron a visitar a mi padre, que estudiaba en Suiza. Allí, en el lago Lemans, frente a sus otros dos hermanos, murió el primero de ellos ahogado.

    Mi padre entonces dejó los estudios de ingeniería y se fue a París a estudiar arte, lo cual, como era de esperarse, tuvo poco aliento. En efecto, mi abuelo toleró el cambio como resultado del trauma sufrido (que se manifestó de por vida) pero no se sentía animado a sostener a un artista, profesión no muy bien apreciada en la sólida y hasta ruda visión del trabajo y el deber que prevalecía en esos años. Más aun cuando la familia provenía de Zaraza, un pueblo pequeño enclavado en los llanos de Guárico, en el cual ser Bachiller era un mérito que se ostentaba y Doctor, una meta para los elegidos por Dios.

    Mi padre no era muy dado a contar su historia familiar y es que mi abuelo era un hombre de pocas sonrisas, profesor, escritor de libros jurídicos de cierta trayectoria y hombre público, o sea, con pocas anécdotas dignas de agradar a la muchachada que éramos. En cambio, a mi padre le gustaba la poesía, la pintura, la filosofía (de todas maneras terminó siendo Doctor en Filosofía) y de eso, de lo que le gustaba y lo llenaba, era de lo único que nos hablaba.

    Nos recitaba, con alta y clara voz, sus poemas que tejía entre cuadro y cuadro que salía de su mano. Así conocimos a Rubén Darío, a Górgora, Quevedo, Borges, José Asunción Silva, Machado y muchos otros grandes hispanohablantes y a los grandes la Francia romántica, compartiendo la misma mesa de sus versos, a veces místicos, a veces muy humanos. Creo que todos empezamos a mezclar rimas sin tener claro cuál era su pedigrí. También, como ya les conté, nos obligaba a reconocer la música de los grandes poemas, en un interminable ejercicio prosódico.

    Ciertamente, cada uno tiene una música. A veces demasiado obvia, sobre todo cuando se sujeta con el cinturón de castidad de la métrica y la rima. Entonces parece mozartiana; a veces difusa, libre de ataduras, pensamiento puro y se desliza a lo Debussy o, más bien, a lo Zwilich, como parte de una metamorfosis que diluye el comienzo con el final y uno no sabe si qué fue dicho y qué intuido.

    Leer un poema en voz alta es siempre un acto criptográfico, con códigos secretos y con la esperanza de que del otro lado se encuentre un decodificador con iguales claves y pueda y deba entender por fin lo que sugerimos, más que decimos. Es una liberación, es retar, desnudar el espíritu, exponiéndolo ante los ojos amigos que tratan de entrever en la voz el sentir de nuestra alma. Y aun cuando la selección del poema, generado por uno mismo o escogido entre otros autores, puede ser lo verdaderamente importante y no el mensaje susceptible de descifrar implícito en él, esa visión que trata de emparentar a quien declama con lo declamado, acierta en cuanto a que su selección podría, en personas lo suficientemente sensibles, estar conformado por la vida psíquica y el momento en que ellos se encuentran. Momento irrepetible, único, en la trayectoria de una vida, que tampoco es tan larga como se desea.

    Hoy Mora hizo brillar el azul y el plata de mis recuerdos. De cómo era el proceso intenso previo a la declamación a viva voz para seleccionar y por fin recitar algún poema, propio o ajeno, en claves tan personales que nadie se atreve revelar -o simplemente no hay palabras para hacerlo- pero que espera que resuene, como un diapasón afinando un piano, en aquélla que queremos vincular con nuestros silencios. Me hizo escuchar, otra vez, los labios ya sellados de mi padre, cuando nos recitaba, uno a uno, sus versos.

    Le escribí:
    /…
    entre mis dedos pasan los tiempos con sus brisas despeinando milagros
    y a tu lado se condensa lo que no es, lo que quizás nunca fue,
    fósil de estrella multicolor, música de lluvia de metales.

    Surgen códigos de estructuras irreales,
    se aparean y generan otros e inaccesibles códigos
    y no alcanzo a descifrar las nuevas claves
    que deben soportar el instante de cada presente.
    /…

  2. Joise Morillo dice:

    Clave de Sol para Babel

    Y se creó el verbo ¡casi que no!
    Piedras y palos sin figura, contumaces
    desmenbraron gallardas figuras
    de quienes bardos de hermosura pura
    consumian energias preñadas
    mientras, muertos en vida lo procaces
    yacian entre las hiervas minadas.
    Holagazanes, con envidia, lapidaban
    eruditos, y ascetas destrozaban
    ahora no se entienden
    es la dispora consumada.
    No hay genio, no hay hadas
    que resuelvan los entuertos
    acariciaban las arcillas
    las juntaban y cocidas, las alturas
    conquistaron, y terrible su caida
    como perros en huida
    los caminos desandaban.
    Norte, Sur, Este, Oeste
    Groseros y toscos, candelabros
    arruinaron nuestra tierra amada
    cayeron del cielo las manadas
    de Godos y alanos fueron, los macabros.
    Vinieron antes y ahora, que importa ya,
    ¿respirar humos de oro? ¿Longevo?
    Observad las lunas Llenas
    con la vid bien añejada
    recorred grandes espacios
    sin sirenas, sin pomadas
    perpetrad vuestros abusos
    que para otros ya no es nada
    es la orden de los buenos
    que corrompidos os acechan
    que direis de aquellos malos
    ¡si rebientan las maletas!
    Y rellenan los hangares.
    Esa filosofia ¡no es mia!
    es de otros ¿no vale nada?
    ¡Heme aqui Babel con la fusa en mis manos
    derrochando pinceladas!

    Os ama

    Joise

  3. ELENA LISETT PEREIRA CORDERO dice:

    “Los bellos tiempos de las lecturas en voz alta”…me has regalado un viaje a mi niñez, cuándo mi pequeña cabeza sostenida por mis manos, en posición de atención y relajación absoluta; me preparaba para escuchar las historias de mi madre. Quien nos embelesaba y envolvía en cuentos de mundos que no conocíamos, en paisajes que nuestros ojos anhelaban llegar a conocer algún día…
    Nos acostábamos en la cama, mis cuatro hermanas y yo, era un momento que disfrutábamos tanto…aquella complicidad de madre e hijas.
    Conocimos los grandes amores de la historia a través de sus labios: María y Efraín, Romeo y Julieta…Mamá y Papá… en aquellos tiempos de infancia ella sembró en mí la semilla literaria, haciéndome desear encontrar palabras hermosas que me dieran ese léxico perfecto de los poetas… que muchas cabecitas se anidaran entre manitas para escuchar mis relatos.
    Yo continúe leyéndoles a mis hijos sobre mundos increíbles, princesas de sueños y castillos de cristal…me uno a las tertulia de los poetas del pueblo y las noches de boleros…cierro los ojos y regreso a mi niñez para ver a mi madre…con un libro en sus manos, cuatro niñas atentas, sorprendidas e interesadas en escuchar la lectura en voz alta…que hacia mi mamá.

  4. Ariadna Alvarez dice:

    Ojalá pudiera volver a los bellos tiempos de las lecturas en voz alta…ojalá. Pero la verdad es que el tiempo no perdona y como si nunca me hubiese pertenecido, como si NUNCA JAMÁS hubiese ocurrido ni hubiese existido el verbo amar … así he perdido la poesía, así sin más.
    Y ni siquiera me acuerdo ya que escribía y que tú leías…
    Muy bella , Morita, y muy nostálgica esta entrega.
    Salu2
    AriAdnA

  5. manuel justiniano dice:

    me agrado la nota yo tambien he tratado de plasmar mis situaciones en poemas por ejemplo tengo este que publique en una nota de facebook:
    Tu silencio despierta

    Mi curiosidad

    Tu ausencia alimenta

    Mi ansiedad

    Ahora que tus ojos

    Han cambiado su mirar

    Es que siento esos antojos

    De querer ir a otro lugar

    Si pudiera saber

    Que hay en tu pensamiento

    Pudiera entender

    Porque es tu alejamiento

    Quizás el adiós

    Forme parte de la historia

    Pero sabe Dios

    Que vivirás en mi memoria

    Es este terco corazón

    El que no quiere abandonarte

    Anda buscando una razón

    Para poder ir a buscarte

    Mientras mis ojos enternecidos

    Recuerdan nuestra amistad

    Mis brazos estremecidos

    Te esperan, con toda sinceridad

    Vuelve cuando quieras o necesites

    Aquí siempre tendrás un lugar

    No importa el tiempo que me visites

    Siempre te voy a esperar

    Gracias por compartir

    Horas, días, meses y años

    Creo que sería mentir

    Si digo que no te extraño

    Cuanto quisiera

    Evitar tu melancolía

    Si tan solo pudiera

    Cambiar tus penas por alegría

    Lo haría mil veces estoy seguro

    Para evitarte un día oscuro

    Sin más que decir

    Ya me despido

    Pensando en tu porvenir

    Contento por lo vivido

  6. Luis Emilio Villagra dice:

    Agradesco el haber descubierto esta página, que me ayudo a que mis hijas descubrieran como pasatiempos la lectura, más no sea en compañia de sus elementos tecnológicos que nunca abandonan, pero descubriendo la lectura y contemporaneos escritores ded su agrado, mis mas profundo agradecimiento para quienes forman esto, que no es otra cosa que un cúmulo de expresiones diversas y espero poder algún día disfrutar la lectura compuesta por alguna de ellas, insisto con el agradecimiento y continuen expresandose!!!!!!!!!!!!!!!!

  7. Iván Salazar Urrutia dice:

    Bueno, cuando los años son demasiados –o simplemente muchos-, los recuerdos se agolpan como sorprendido vuelo de pájaros sorprendidos. También es difícil reconocer cual fue primero… reconozco que siempre fue grato leer pronunciando y en ello acariciando el sonido, la vocalización que refuerza el perfil profundo del concepto. ¿Cuándo no se pronuncia la palabra, la pronunciamos en silencio o llega sólo el referente conceptual? Creo que pronunciamos en la voz del silencio; de otro modo ¿cómo leer poesía sin perder la música?
    Rodrigo es un hermano carnal y deportista –deportista de verdad-; gustaba de Neruda y de Nicolás Guillén. En su casa, en la mañana de un sábado o domingo, leíamos a ambos poetas en voz no muy alta para no perturbar a sus hijas, mis sobrinas. Era bueno leer a Guillén ¡tan sonoro! Tanto ritmo. No me gustaba mucho ese algo de poesía y me fascinaba ese algo de música. Con Neruda era otra cosa, se unía en sabia armonía el ritmo, la música y el contenido literario -¿o conceptual?-:
    “Entre los álamos pasó
    Un pequeño dios amarillo;
    Veloz viajaba en el viento
    Y dejó en la altura un temblor,
    Una flauta de piedra pura,
    Un hilo de agua vertical,
    El violín de la primavera.”
    (EL JILGUERO)
    Debo testimoniar que mi hermano Rodrigo había puesto en escena en cada sesión de lectura, una botella de Pisco, limón y sal: emborracharse estilo mexicano.
    Más antes de ello, fui “contratado” por la radio emisora de mi pueblo –Angol- para leer poemas de mi autoría en un programa que se llamaba “Un minuto de amor” (lleno de violines tristes entre verso y verso); un día lo retransmitieron y pude escucharme: no fui nunca más (“He de transformarte, Mujer,/cuando te sumerjas en mí).
    En esos entonces se realizaba aún la llamada “Fiesta de la Primavera”; una fiesta de color, risas, fuegos artificiales, juegos de toda índole, y ¡máscaras! Carros alegóricos… Yo pertenecía un club literario llamado “Los Quijotes”. Ocurre que debíamos leer poemas de autores angolinos en el quiosco de la Plaza de Armas. Fui elegido por los viejos escritores –yo era un muchacho de 17 años-…
    Leía todo “El Quijote…” porque a mi bella prima se le hacía difícil leerlo como tarea escolar… Bellas noches de invierno leyendo ese difícil y bello español de Cervantes.
    Ya en el exilio, alisté una máquina grabadora para leer algunos poemas a mi familia en Chile… terminé cantando tangos; ¡qué mejores poemas para el dolor de la ausencia!
    Creo que siempre que leemos pronunciamos; pero no tomamos conciencia de la belleza de las palabras (exceptúo, naturalmente, a nuestra Mora; sospecho que escribe en voz alta).
    Esto ya va muy largo. Disculpen. VANCHO

  8. Iván Salazar Urrutia dice:

    Paso el tiempo disculpándome: primero por las faltas de ortografía y de “teclas” mal timbradas en mi participación anterior. Segundo, porque no puedo dejar de expresar mi forma de leer el poema que recitó Pavese en el relato de Mora. Me rasgó una parte profunda que quiero compartir:

    Ese amor vivo no reconocido posee los ojos amados. Cuando se anuncia la muerte taxativa: “vendrá” y “tendrá tus ojos” amarra en el nudo poético –es decir, vital- a la muerte con la amada. Desde el primer verso. Pero no es un amor realizado. “Será como dejar un vicio”. Pero esa muerte/amor no realizado “nos acompaña/ desde el alba hasta la noche, insomne;” ¡Cuánto vacío ese amor en la oscuridad silente de la noche: “alba”, “noche,” “insomne,” “sorda” ¡tremenda! “como un viejo remordimiento”. Retorna para sí tanta soledad. Ese “viejo remordimiento” penetra ya no en la muerte, ni en la amada, penetra en su propia alma y se refuerza: “o un absurdo defecto”. Ya nada puede hacer: el tiempo pasado y los errores cometidos, no pueden retroceder, no pueden desaparecer; sólo buscar el perdón, que es cosa privativa del amor. Pero se sabe, él sabe, que eso ya no será y lo vomita desparramándose en el verso (que lo encabalga, otorgándole más fuerza aún: “… Tus ojos/ serán una palabra inútil,/ un grito callado, un silencio.” Las palabras no resbalan, se clavan en el lodo reminescente y certero (vuelve a la forma verbal inicial): “serán”: palabra inútil, grito callado, silencio. Mas la Amada no es ignorante de tanto descalabro: “Así los ves cada mañana/ cuando sola te inclinas/ ante el espejo.” Y nuevamente el refuerzo del encabalgamiento de los versos. Ella no se ve ni se mira en el espejo, ella se inclina; este verbo le da al gesto una lejanía casi burlesca; más aún si “sola te inclinas”. Por ello, ya sin posibilidad de retorno, aún cuando sigue siendo esperanza del poeta también es para él la más universal afirmación: “eres la vida y eres la nada”. Podría escribir eres la vida y la nada, pero el autor reitera el verbo “eres la vida y eres la nada.” ¡la nada! Ni siquiera la muerte; muerte que tiene para todos una mirada, pero para él tiene reservada la mirada de la amada: “como dejar un vicio” “como ver en el espejo” (donde ella sola se inclina) “asomar un rostro muerto,” admonición que nos recuerda a Los versos de la muerte de Gabriela Mistral, o Sor Juana Inés. Cuando él se muera, se morirá también ella, en cuanto mujer amada: “Mudos, descenderemos al abismo.”
    Pavese supo encontrar los versos para modular una despedida…
    Y Mora supo recordarlos para nosotros y para su recuerdo ya grabado.
    VANCHO

  9. maria santa cipriano corzo dice:

    Hola, soy maria cipriano:

    La poesia es la expresiòn mas hermosa del sentimiento humano y la lectura, uno de los caminos mas propicios para alcanzar conocimiento; a su vez que te lleva a un estado de paz, de absoluto equilibrio espiritual; te despierta el alma y te da capacidad para comprender las circunstancias del mundo. no soy creativa, no se escribir poesìa, pero extasìo en la lectura para encontrarme conmigo mismo y sumergirme en un momento de reflexiòn.

  10. maria jose lopez dice:

    Felicidades Vancho por tu cumple,yo como siempre ando tardia,
    ultimamente no me centro ni estando concentrada, te deseo que cumplas
    muchos más para que sigas escribiendo porque tus palabras son oro y plata.

    Me dijistes adios
    sabiendo que te queria,
    que nunca podria olvidarte,
    me dijistes adios.
    No se si me quisistes, no lo se….
    tal vez solo ame yo,
    solo se que te amo tanto…..
    y nunca más volvere a amar asi.
    paso los dias con tus recuerdos
    y el corazón me dice que nunca te olvidare,
    me dijistes adios y algo dentro de mi moria
    porque tú solo tú hacias latir mi corazón.
    Mi alma,como los copos de nieve bajo el sol
    quedo…………
    Tu sueño es mi deseo, a pesar de tus silencios
    quiero tu felicidad,a pesar de mi sufrimiento
    nunca dudes que te amé,que te amo y te quiero,
    y los restos de mi vida te seguire amando y queriendo
    hasta en la eternidad……te amare.

    Besos para tod@s

  11. Joise Morillo dice:

    Mi querida Mora, hola!, con vuestra venia.

    Todavía, afortunadamente –poco, ¡peeero!- se lee en voz alta, desafortunadamente quienes leen mas en voz alta son los políticos. Ellos con su retórica, llenan de esperanza a la gente, otros metiendole basura con su demagógia a los ignorantes e ingenuos pasados de crédulos. Empero, siempre hay excepciones, como algunos presidentes “comandantes”, que solo anotan los puntos claves y por ahi se desprenden, mientras sus acólitos les siguen el dictado -todos los Domingos y, los no Domingos también- para luego ir ejecutando sus caprichos; por ende, ganar su indulgencia y mantenerse en el puesto “Nomenclatura”. Mientras, el pueblo trabaja para el “dictante” con sus votos y, a la vez, estóico padeciendo su fatídica verborea y desmanes. Asi funcionan los edictos de la “revolcion del siglo XXI” ¡Válgame Dios!. ¡Se parece muuuuuucho a una dictadura!

    Pecularidad:

    Válgame: (modismo) palabra esdrújula, : veracidad pretendída, petición fiduciaria circunscrita al colóquio regular local maracucho. Aclamación petitória de credulidad y ponderación de lo pronunciado, conducta y/o realizado, del verbo valer.

    Os ama

    Joise

  12. Osvaldo Bonini dice:

    Dos frases: “El poema es un racimo de imágenes” y “La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar” de Gastón Bachelard.


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