Archivo de Octubre, 2010
Relato pornográfico: El perro del deseo
Hace muchos años (Administración del tiempo) -y creo que hasta lo conté en estos alocados editoriales, la memoria me olvida- se abrió en España un concurso de cuentos eróticos, en el cual podíamos participar los escritores latinoamericanos (Análisis de la conquista en Latinoamérica).
Mi siempre vivo deseo de ganar unos pesos (Origen del dinero) -la vida no es muy afortunada para mí en el aspecto económico especialmente, aunque soy, o trato de ser, editora (La editorial)- me hizo escribir un volumen de narraciones cuyo pomposo título era: “Historia de las sensaciones” (Las sensaciones. Los órganos de los sentidos).
Lo que escribí en cada cuento dejaba muchísimo que desear -en especial, dejaba por desear el deseo (El Banquete: un texto de referencia para el deseo y la transferencia).
Yo estaba convencida de que eran verdaderamente eróticos mis cuentos, y, en realidad, eran absurdamente pornográficos (La pornografía).
Ustedes se darán cuenta de por qué lo eran con sólo leer uno de ellos, si no, ¿hay alguien que pueda revelarlo? ¿Alguno entiende por qué digo obsceno, o pornográfico, y quiero no haberlo escrito? (Revelación martiana, trascendencia y actualidad).
Morerías
El verbo agradecer es tan pequeño (El Verbo, la Palabra), ¿cuál inventar para agradecerles a todos -a todos absolutamente- lo que me dan cada día de Dios, publique lo que publique en este post, con mis opiniones que varían a veces sin ninguna sutileza? (“Observaciones y Opiniones” y “Pedidos y Promesas”).
A veces siento que tengo que nombrarlos uno por uno o una por una y a veces que no; tengo mi corazón tan lleno de calidez por ustedes -recuerdo al “Monstruo” que hacía caramelo, casi una prueba de amor que les pedí, insoportable… A veces me digo que debo quedarme encerrada en las letras, que no quieren literatura sino el comprenderme y, como consecuencia, comprenderlos (La enseñanza para la comprensión).
Llegué a una simplísima -y qué compleja- enseñanza (Los medios de enseñanza): debo empezar por lo primero: Mi, Yo, Soy… mi cuerpo está hecho de materias densas que se hacen sutiles hasta llegar a ser mi alma. Sentir, trabajar con mis músculos, no temer, olvidar el temor a las palabras que me definen y me ponen límites, es feo, es lindo, es fuerte, es débil, ¡y tal vez delicioso! (La sociología del cuerpo).
Porque mora en mi nombre el amor
Como en la última entrega de este blog no supe ser demasiado, ni un poco, amorosa, voy a escribir sobre el amor con algo de dulzor y algo de lirismo ¡vaya a saber si cursi, o curvi, o cursilíneo! (La escritura proposicional). Palabras algo inconstantes, o incoherentes, que pueden llegar a formar el Amor (Tiempos de amor y revolución).
Veo en primer lugar, para el amor, que:
se necesita un cuerpo que te presente (El cuerpo, el mundo y la historia) y ojos que alguna vez se vayan para ser recordados, y palabras en idioma real, y una sonrisa sin sueño pero con el sueño de ser alguien posiblemente amado (Bioquímica y sociología del amor).
y que se necesita antes que nada, para que nunca se marchite, todo eso de amarse para siempre, que es una gloriosa y verdadera mentira, y un siempre de presencia en cuerpo como el sol y otro sol que te vea.
Reflexiones de un monstruo haciendo caramelo
Voy a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, sobre mí (La verdad que surge entre enigmas y paradojas). Sé que les interesa a todos, aunque esto parezca un ataque de soberbia (Los siete pecados capitales. ¿Insubordinación de los deseos a la razón?).
¿Saben por qué les interesa a todos?
Para encontrar el lugar común adonde… nuestros pecados son perdonados por “humanos” (Globalización. Terrible mal para la humanidad).
Antes, para suavizar, les regalo un poemita pequeño y feliz que escribí sin pensar (La poesía lírica):
El secreto
Común es a los hombres el pan y la sombra
y el secreto de cada hombre es la poesía,
allá, en el país sin escrituras
la historia de cada uno es simplemente
un prado, o una hierba
Secretos:
entre cuatro paredes un amor
peligroso, inocente,
que pisar la baldosa más floja me convierte en princesa de la lluvia,
las lluvias infantiles;
y más allá la ciruela prohibida
con su fuego, su jugo, su esplendor.
