Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La locura del hada

La máquina producía imágenes, ríos de diamantes (Los diamantes de Monrovia), de tótems, de máscaras africanas (África). Cada pulsación daba un cuadro completo dividido en varios cuadraditos: si tres serpientes estaban alineadas, empezando de la izquierda, o si unas estatuas de Nefertiti (Egipto antiguo) ocupaban el costado izquierdo, el derecho, el cuadrado de arriba y el de abajo, se marcaba un puntaje, 100, 75, o 1000, o 10000, o 24 (Números irracionales).

Y tenías que volver a tirar -unos diez pesos-, y empezar una rueda larguísima en la que nunca coincidía nada y cuando coincidía parecía milagro (Milagro en el bosque), y te hechizaba. Y volvías a mover la rueda treinta o cuarenta veces a cinco o diez pesos cada vez (La rueda de la fortuna).

Muchas veces ella, que se parecía a un hada le habían dicho, había sentido al diablo mirándola desde atrás cuando jugaba en esas máquinas (El Mal en Fausto y El Hombre de Arena), pero esta vez lo sentía pesar sobre su hombro derecho, fuerte, como si la estuvieran apretando. Se tocó con la mano izquierda y no había nada, o quizá el Maligno (Manifestaciones y representaciones del Mal) se había hecho fuegos artificiales, luego polvo con los cuadros de las tragamonedas. De inmediato buscó en la cartera un billete de cien y ya no había, o de 50, o siquiera de 10.

No había ni monedas.

Desde la puerta del casino , cada media hora, salía un micro llevando gratis a los jugadores que de otro modo habrían terminado rodando en un hipotético barril. Los llevaba hacia varias paradas donde podrían elegir su colectivo para llegar a casa: todos, seguramente, guardaron los centavos del boleto.

Pero ella no, aunque subió al micro de los desesperados; en alguna parada la dejaría, más cerca que el casino.

El ambiente era de cementerio; veía siluetas y pisaba gente hasta que encontró un lugar al lado de un perfil. Era un perfil de mayordomo inglés, pero de pronto él la miró de frente y era un porteño un poco gardeliano, anticuado, que le habló.

Le dijo “buenas noches” y algo relacionado con la suerte; le señaló la noche que congelaba el vidrio de la ventanilla pero también le dijo que notaba que…

Ella no escuchó. Todos los pasajeros menos el mayordomo criollo que le había tocado de acompañante parecían desnudos aunque sin el barril, pero más todavía: el micro del casino era una ambulancia y los quejidos rompían el silencio: “¡qué tontería!”, murmuraba una señora; “toda la plata”, cantaba otra, o que la vida era asquerosa, se oía desde un hilo de voz.

Gardel sonreía otra vez de perfil. Pensó en el diablo. Eran las tres de la mañana y tendría que volverse caminando sola por la avenida Córdoba, y pensaba que quizás preferiría hacerlo caminando con el diablo, o con Gardel, pero no les había seguido la conversación. Eran unas treinta cuadras.

Llegaron a la parada y al bajar el hombre le preguntó: “¿toma un colectivo o prefiere que la alcance en un taxi?

Una inocente proposición, consideró. Pero dudó tanto que la mirada del hombre se cansó de esperar sus ojos, y le puso la mano sobre el hombro.

Ella dijo que prefería que la alcanzara en un taxi sólo para que le sacara la mano de encima, pero una vez adentro del coche el terror la atragantó. Apenas si pudo indicarle su dirección y después continuó tosiendo.

-¿Estás bien? -preguntó el porteño.

Ella se dijo que si conseguía seguir tosiendo hasta llegar a la puerta de su casa no necesitaba ni siquiera decirle gracias al honorable caballero, y algo la ayudó a seguir tosiendo.

El hombre se bajó con ella del taxi y la vio abrir la puerta del edificio cada vez más ahogada, ella cerró detrás de sí la puerta y fue hacia el ascensor, pero sospechaba que Gardel la había mirado dejar de toser detrás del vidrio.

“¡Me las pagarás!”, sospechó infantilmente que el hombre le gritaba por dentro de sí mismo desde algún cuadradito de historieta.

 

Cuando se desvestía, apenas llegó, se sacó el soutien y vio el vaivén de la vieja piedra morada o violeta que le colgaba desde el cuello. Esa piedra traía un manantial: la cara de su tía entregándosela pero además cada día de su infancia y de su entrenamiento como hada junto a esa vieja tía maestra de brujas, sabia, hechicera.

Sacó la piedra de la cadenita. La plata que la engarzaba estaba opaca y sucia a propósito, porque no le quería quitar la noble pátina que le traía el recuerdo de la Ausente.

“¡Gracias, Ausente!” exclamó ahora ella infantilmente por adentro, agradeciéndole a su tía que desde quién sabía qué territorio astral le había permitido seguir tosiendo y liberarse del hombre.

Pero además se tomó su propia cara entre las manos y se puso a llorar.

 

Al despertarse vio otra vez la piedra y se le ocurrió que ya no estaba tan mal, que casi no lo había perdido todo en las máquinas tragamonedas.

Solamente tenía que ponerse bien y recordar paso a paso cada lección de tía Casimira.

Trajo las cartas y hasta la vieja bola de cristal.

En las cartas se detuvo poco.

Cuando miró la bola de cristal, de inmediato la sintió vacía.

 

 

Envío

Les mando muchos besos a todos, y a Baldemar en primer término…

 

Mora

Editorial

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Comentarios

9 respuestas a “La locura del hada”
  1. Baldemar Chacon dice:

    Hola a todos
    Yo soy solo un sueño que se diluye
    en una noche errante muy oscura,
    que no guarda su tiempo para guiarse
    porque nada ve en la oscuridad.
    un sueño que teme el despertar final
    pero osadamente lo busca,
    que siente que soñar es solo esquivar
    en cuatro esquinas circulares
    los pasos de la ambiguedad del tiempo.
    Solo un sueño que por soñar vivir
    pierde la escencia de lo que es un sueño,
    que es la realidad una meta aspirada
    en un futuro como el tiempo incierto,
    recibir en un paraiso el disfrute divino
    certeza de su existencia.
    Un sueño que por dioses tiene a los ojos abiertos
    y a la mente y a la luz y al color,
    en una lucha infinita contra la caverna
    y la espalda y la oscuridad donde vive
    como sueño vive sin propiedad, sin nada
    aun con poder absoluto sobre si
    no es nada en una noche oscura
    vagando tras los pasos del tiempo ambiguo
    sobre cuatro esquinas circulares.

    Muchisimas Gracias Morita y Todos.
    me ha gustado mucho esta historia, Esto de andar metiendo fichas o monedas en un tragamonedas causa adiccion, sera porque la gente espera algo que no tiene y al haber algo o alguien que se lo ofrece se aferra a esto a esta idea.
    LOS QUIERO MUCHO, lo digo gritando para liberarme un poco

  2. julia susana yonna dice:

    Muy buena historia…… con algo de realidad………muy linda de verdad
    saludos….

  3. Gustavo Montesdeoca dice:

    Hermosa historia, con bastantes visos de realidad, ya que todos o la mayoria de la gente vamos buscando la riqueza fácil y muchas veces sin pensar en los demás, y, al final nos damos cuenta que la riqueza está en las cosas más simples de la vida, especialmente la familia.

  4. Karina Concha dice:

    Al leer esta historia, se me vienen muchas cosas a la cabeza, como por ejemplo, esto no es otra cosa que un reflejo de lo que muchos viven, la busqueda de algo que nos saque de una relaidad fría y solitaria; como el ver la vida como una constante apuesta a que ésta, ésta sí que es la mía. Más que muchos, siento que todos comenzamos, en una etapa de nuestras vidas, la busqueda de darle el palo al gato, no necesariamente en el dinero, sino en todo orden de cosas…….y cuando sentimos que la busqueda se nos hace fatigante e infructuosa, buscamos alguna imagen, un recuadro, una pildorita que nos lleve creer que aun estamos dentro del juego, que recien lo estamos comenzando, cada moneda es un intento, una apuesta. El problema yace, creo yo, cuando no queremos dejar ese reflejo que nos dió un poco de descanso y respirar profundo, las ganas, la fuerza no nos alcanza para salir de ella. Hace muchos años una persona me dijo “puedes decirle todo lo que quieras a quien quieras, pero tarde o temprano llega la noche y nunca, en la oscuridad, podrás mentirte a ti mismo” Que razón tenía, siempre la noche nos hace enfrentarnos a nuestra realidad……………y a pensar……….y es ahí cuando vemos la realidad.
    Excelente historia.

  5. Jose Itriago dice:

    Hoy no entiendo cómo fue posible que no percibiera tanta luz, tanta armonía. Parece que una ceguera transitoria me hubiese ocultado todo el entorno, limitando mi visión exclusivamente al trillado camino que debía transitar, la tarea cotidiana, la áspera y necesaria vía, ciertamente, pero que absorbía, consumía, la errátil luz de la alegría, como si hubiera de alimentarse de la vida misma, de tal modo que al final del camino, cuando por fin retorna la visón o al menos se hace más amplia, se descubre la necedad de haber andado, de haber perdido las ilusiones.

    Pensaba que ya no habían, que se habían extinguido, dije y me respondieron cada vez que nos encontramos dices lo mismo. Y nuevamente la perplejidad se apoderó de mi ánimo, incapaz de asegurar si el trayecto había sido largo o simplemente breve, pero tan arduo que parecía interminable. Quizás giraba en torno a algo y de tanto en tanto retornaba desesperado, desarmado, al mismo punto, creyendo que las ilusiones habían muerto, para descubrir,
    nuevamente que la ilusión que renace ya nunca muere.

    Pero ustedes no son las mías, temo haberme convertido en importador de ilusiones ajenas, como si las viera en una TV de ilusiones, dije y me respondieron: a veces somos espejismos y como bien sabes, eres tú el que les pones sentido, el que los ubica en cualquier algo que deseas. Somos ilusiones: hasta en una silla muerta puedes crearnos y convertirnos en una vivencia auténtica, breve, pero más tuya que todo cuanto posees, porque sólo tú nos puedes interpretar, sentir y agradecer. Aférrate a nosotras por una hora, diez minutos, un año.

    Pero debía apurarme, tenía que empezar el trayecto y había abierto un abanico demasiado extenso que me dificultaba la elección de alguna para que me acompañara, aun cuando sólo fuese parte del trayecto. Ya casi dando los primeros pasos, alargue el brazo para tomar la más cercana, que se presentaba con brillos diamantinos, multicolores, quizás como calores de amores por llegar, o de sonrisas, ¡qué sé yo!. Pero apenas si pude rozarla. Quizás en otra vuelta, pensé, pero al segundo siguiente retomé el camino, andar y andar y ya no pude recordar nada más.

  6. Joise Morillo dice:

    Una persona con entereza debe haber pasado por varias etapas, tanto fisiológicas como intelectuales, debe haber superado muchas etapas y, ¿por qué no? Muchos avatares, pudo haber sido: Músico, mecánico, pintor, artesano, poeta o cientifico; ¡todo puede ser mientras el ingenio y la voluntad lo permitan! Ese tipo de personas tienden a fortalecer su espíritu sin mayor esfuerzo, en el orden de concertar: armonía consigo mismo y con el prójimo, como podéis captar, este es un trayecto desarrollado en el orden de lo normal. Esto determina la esencia de la persona humana, ubicada en la esfera de cualquier sociedad. Esta esencia es la que para el mas del común, se muestra como la encaminada en la búsqueda de la felicidad y el bienestar general, donde, aunque se conciba un sesgo apasionado, se debería entender, como plantea: Hegel,

    “nada encomiable se logra si no tiene suficiente pasión”

    Esto, no es nada más que: “tenacidad” sin embargo -a veces la pasión es instantánea, y hay cosas que para que salgan bien, del todo, necesitan suficiente espacio y movimiento –
    La esencia es la tenacidad envuelta en el espíritu, y ella en su contenedor que es un todo corpóreo (Santo Tomas); la misma debe ser encaminada para el servicio colectivo sin más remuneración que la que se merece la filantropía “nada”.

    Lo que nada cuesta se hace fiesta y por supuesto dura poco, el que vive de ilusiones se muere de desengaños, por eso el azar es azúcar en el agua, se disuelve y te da un sabor dulce, pero su persistencia empalaga, entonces, “quien juega por necesidad pierde por obligación” y ni cuenta se da, solo, cuando los amigos le fallan y las deudas lo agobian a montón.

    La unica ruleta que gira y da benefico es La Tierra, cuando esta se pare, ¡se acabo todo! Movimiento y espacio.

    Os ama
    Joise

  7. María Celeste Cécere dice:

    Ustedes perdonen, pero hoy no voy a opinar porque estoy apuradísima… aunque el tema es apasionante. Hago de intermediario: manda saludos a todos y muy especiales a Mora mi tocayita acapulqueña… si, la Celeste de México me escribe que no puede interveniur por problemas técnicos y que les manda cariños. Ella está de vacaciones en el paraíso tropical… ¡y en Mardel esperamos que nieve entre hoy y el jueves!
    Besos siderales…

  8. Iván Salazar Urrutia dice:

    ¡Tan cercano!
    Las gentes se veían a sí mismas muy juntas; casi unidas.
    Inventaron palabras para pensarse en ese estar.
    ¡Ese gran espacio entre el nacimiento y la muerte!

    No siempre fue así. Hubo un tiempo en que las personas no se sabían juntas.
    Quizás por ello se buscaban.
    Les sorprendió la sangre en las mejillas y ese invento del rubor que entonces no sabían para qué servía.

    Luego nadie fue desnudo si alguien no lo veía.

    Incluso entonces o después crearon los juegos de miradas, y de manos, el deshojarse por placer…

    Pero luego… ustedes saben; algunos.
    De lo profundo, dijo alguien; de la superficie o superficial, dijo algotro. Lo seguro es que llegó: el Gran Vacío.

    VANCHO

  9. Freddy A.D. Ponce dice:

    Comparto una ondulante manera de comunicación que mi hijo descubriera en la soledad de uno de los brazos del Amazonas.

    [Fue publicado en Inglés y en Espaniol simultaneamente el anio pasado en el Reino Unido].

    [A letter from my Son]

    Dear Loco:

    …Yesterday…
    I was sunken into a lake
    as if I were a cayman,
    just half my head
    out in the air.

    As in a photography
    everything was absolutely still

    Nearly out of breath,
    in this complete serenity…
    I noticed that my heart
    in a almost imperceptible way
    was propelling short,
    small and regular waves.

    I realised then, that my heart
    is always undulating this energy.

    They are, sure,
    more intense on the air,
    but invisibles…
    they move to the beat
    of other’s hearts music.

    Communicating in
    in soft imperceptible undulations…
    tum…tum-tum…
    tum…tum-tum…

    …Yesterday…
    I found new pathways
    to unite each other
    and how to go over
    politics, religion, culture…

    They are only insignificant details
    when we are together
    and our hearts dance
    to those invisible,
    rhythmical waves…

    …carefree of
    our station in life.

    So, Loco, my dear,
    in this faraway village,
    I sit down in the square of the town
    with a bottle of wine

    To my mates, I drink a toast
    wishing my heart’s waves
    reach them, despite the distance,
    letting they know they are the core
    of each invisible beat.

    Huarisan, Heart of Caiman
    Amazon, April 2007

    Post Scriptum:

    Sh…!, what a suffocating heat!
    It melts my brain
    and make me write
    such a bollocks thing…

    Original written in prose and in Spanish by Huarisan, Heart of Caiman.
    ——————————-
    Querido Loco: [me llama asi y me siento orgulloso de ello]

    Ayer estaba reposando sumergido en una laguna como un yacaré, solo con media cabeza fuera del agua, todo estaba absolutamente quieto como en una foto, y yo casi no respiraba, completamente en calma y me di cuenta de que los latidos de mi corazón, de manera casi imperceptible, movian el agua en ondas regulares, pequeñisimas. Me di cuenta que mi corazon siempre transmite esas ondas al exterior y que en el aire deben ser mas fuertes, pero invisibles y cuando estoy cerca de otras personas se forma un compas de corazones que se comunican en suaves e imperceptibles…tum tum tum..

    Pues, ayer encontre nuevos detalles de como estamos unidos unos a los otros, a pesar de todas las cosas que nos separan a los hombres, como cultura, religion, política. Cuando estamos cerca sin importar nada, nuestros corazones se unen en esa danza de ondas invisibles, sim importar las posicion en la que nos encontramos en ese momento.

    Asi pues locoto, en este pueblo lejano, me siento en la plaza del pueblo con una botella de vino a brindar por mis queridos amigos, esperando que aun de tan lejos, les lleguen las ondas de los latidos de mi corazon y sepan que permanecen en él, en cada uno de sus latidos.

    Huarisan corazon de Yacare

    P.D. Mieeeer…chi que tanto calor! Me funde el cerebro y me hace escribir puras huevadas cursis oiga…!
    ——————-

    Espero que nadie se sienta ofendido por la expresión popular y “normal” en esa area del Amazonas.

    Fraternalmente,

    Freddy



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