Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Mayo, 2010

Maternidad

Las emociones (Las emociones), en este momento especial de mi vida, tal vez me hagan hablar demasiado de mis propias circunstancias, pero hay una circunstancia que, pienso, interesa a casi todos lo lectores, y más aún a las lectoras (Mujeres Contemporáneas).

Cuando tenemos nuestro primer hijo -en mi caso fue Ignacio- dejamos de ser tan absolutamente “hijos” nosotros mismos, y nos convertimos con cierta exclusividad en padres, o madres, claro (La madre en César Vallejo).

Cuando, en fin, “damos a luz” a nuestro primer nieto -en mi caso fue Antonia, hija de Ignacio- modificamos otra vez nuestro “puesto” en la vida: somos abuelos -o abuelas. (Adulto mayor, hijos y nietos: una relación necesaria).

Voy en camino de ser abuela otra vez (Historicidad de la palabra “Abancay”), ahora por parte de mi hija, Mane. Mane tendrá una hija que se llamará Lola. Es una gloria ver una foto de Mane sentada en la cocina de su casa, unida a un enorme bombo -o caja infinita de juguetes y bombones (Los juguetes de los niños)- que contiene a Lola.

Estoy esperando que ahora, YA (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo), Ignacio me mande esa foto que le sacó a Mane, y yo, guardándola entre los documentos de mi computadora, pueda traerla a Monografías y mostrárselas a ustedes, mis amigos.

En tanto espero, les copio el poema de José Pedroni, un gran poeta argentino, santafesino, esperancino -aunque no tan esperancino, porque nació en un lugar de la provincia de Santa Fe llamado Gálvez. Pedroni fue saludado por el poeta Lugones como uno de los mayores “vates”, cuando publicó su Lunario santo.

Maternidad

(…)

Desde que sé, oh amiga, que llevas el misterio,

tu nombre es la caricia de mi semblante serio;

del corazón me vienen palabras de alabanza

y las manos me tiemblan ligeras de esperanza-

mis manos, como niños que ríen olvidados

después de haber llorado.

Pienso vivir en calma; deseo ser más justo;

quiero quererte siempre; y he aquí que otro gusto

le siento al pan del día, que no en vano se besa,

y al agua del aljibe, y al vino de tu mesa.

Tengo los ojos nuevos, y el corazón. Admiro

las cosas más humildes, y te miro y te miro

sin hablar.

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Monografias

Bebo, e invito a beber a la luna

En una vieja antología de poetas chinos (La producción de textos escritos), encuentro este magnífico verso de Li Po (El nenúfar azul):

“Bebo solo, e invito a beber a la luna. Con ella y con mi sombra seremos tres”. (Subgénero poético, nuevos estilos).

Según la misma antología: “Li Po está conceptuado como uno de los más grandes poetas chinos, y es también al que más conoce el Occidente. Nació en 701 y murió en 762. Ocupó altos puestos en la Corte y llegó a ser favorito del Emperador. Ebrio, cayó en desgracia y fue alejado. Hizo entonces una vida de vagabundo. Gran bebedor, quiso el destino, según la leyenda, que una noche de embriaguez cayese al río y muriese ahogado… en agua” (El vino como elixir sagrado…).

Copio para ustedes, como un mensaje secreto (Mensajes subliminales)  otro poema que me conmueve de Li Po:

“Una noche me hallaba aspirando el aroma de las flores a orillas del Ken Lo y la brisa me trajo el sonido de una flauta distante.

“Para responderle, con una caña me fabriqué otra flauta y lancé su sonido a la estrellada noche.

“Desde entonces supieron las aves, a la hora del crepúsculo, que existían dos seres desconocidos conversando en una lengua que las aves comprenden”. (Tal como nosotros, los habitantes de este blog.)

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Editorial

Viajes astrales

Tuve algún pequeño disgusto y muchos “gustos” a partir de la publicación de la última entrada de este sitio (La neurociencia del ego).

Al disgusto (El stress y el medio ambiente) ya lo anticipé en una respuesta a los comentarios de ustedes, mis queridos lectores, y lo resumo rápidamente:

Estaba tratando de organizar una novela (La Novela y la Historia) que hace mucho tiempo daba vueltas y vueltas entre mis papeles (papeles virtuales, vale decir “Mis documentos”, en la computadora -La Computadora).

Tenía que escribir el newsletter, y se me hacía tarde (Aproximación al uso del Blog como recurso de enseñanza y aprendizaje).

Entonces no se me ocurrió mejor idea que mandarles los comienzos posibles de mi novela, para que ustedes juzgaran.

Pero ocurrió que la memoria es una cosa seria… (Psicopatologías de la memoria).

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Editorial

El gato blanco I

Me gustaría empezar a contar esta historia como empezaban los cuentos que leía cuando era chica (Cuentos de Hadas: ¿Magia, Fe y Encanto?).

Cualquier sustancia podía surgir del interior del papel; un mundo entero, diferente a todo lo que se ve, y hasta el mar (Las diferentes percepciones)

Ya el papel blanco me está llevando hacia La Sirenita, uno de mis cuentos preferidos, y me veo caminar en uno de mis paseos nocturnos con hermanos, mamá y papá, de vacaciones, por la playa. Voy siguiendo la luna, voy siguiendo las sombras de las cosas sin ser siquiera el pobrecito Hansel o la valiente Gretel; vuelvo a la casa que alquilaron mis padres, por unos días, a la orilla del mar (Por qué los turistas eligen un destino).

Los dueños nos la habían alquilado amueblada, y entre otros objetos atrayentes que allí dejaron, algunos de los cuales descubrí a último momento, cuando ya nos volvíamos, había una biblioteca. (El sentido de Babel).

Esa noche busqué entre los libros y encontré uno cuyo título, quién sabe por qué, me prometió continuar con el encantamiento del paseo (Viaje hacia los libros).

No sé si entendí la historia, no sé si entonces la entendí, digo; pero después seguí leyéndola, año tras año la tuve entre mis lecturas preferidas, a veces un año sí y un año no, hasta ahora, que tengo acá el libro, a mi lado, entre los papeles que imprimo, leo, corrijo y después borro en la computadora (La computadora como herramienta)

Y me parece como si el papel me estuviera diciendo cosas más allá de sí mismo, de mí misma, sobre el hecho de que mi primer intento de empezar esta historia como un cuento de hadas haya ido a dar en este relato (9 Microrrelatos).

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Editorial

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