Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Humo

Sí, mi querido José Itriago, somos terriblemente anónimos, ya nos perdamos por los recovecos de las grandes ciudades (Las ciudades a través del tiempo), ya lo hagamos por las soleadas -o estrelladas, o nubladas- campiñas (El campesino en 22 preguntas).

Y sí también, María Celeste, a veces está bueno ser anónimo, casi mezclarse con los bordes de Dios, del Universo o de la eternidad (La eternidad o el cambio).

Precisamente cada muerte confirma que estamos solos para toda la eternidad, y si no estamos preparados, nos desconcierta, estremece para cada uno de los vivos los cimientos del mundo (De la visión sistémica del mundo real).

De a ratos pienso que podría escribir unos cuantos volúmenes sólo listando el nombre de los amigos desaparecidos, muertos -es decir, de amigos de quienes he conocido la cara y los gestos o de quienes he conocido el gesto, por ejemplo, de la escritura, o de la música, o de la pintura, y la sombra de su perfil reflejada sobre el papel o el lienzo.

Pero ocurre que no podría escribir esos volúmenes aburridísimos, esas guías telefónicas necrofílicas, porque… no recuerdo ni la octava parte de los nombres de quienes me han movido el alma alguna vez (La Memoria).

Drogas y muerte

Los principios de los años setenta (La “Comunicación Horizontal” a la vuelta de treinta años) estuvieron tan llenos -aparte de pasión y de pasiones- de cierto humo, de algo que se quema, de incienso y mirra digamos, que parece que cuando una los recuerda, obran en la memoria, desde aquí mismo, desde el hoy, los efectos tan dulces, tan peligrosos para los sentidos de la hierba celeste -digo, claro, la marihuana o María Juana, la inocente (Las Drogas).

Cuando fumé mi primer cigarrillo de marihuana -no fue el último, aunque casi- yo ya me había drogado varias veces con la realidad, con las confusiones de la realidad y, además, con las confirmaciones de la realidad -era y es tan irreal… (Realidades paralelas y la percepción de la realidad).

Un amigo de cuyo nombre sí quiero acordarme me llevó a un chalecito en las afueras de Santa Fe -algo así como un barrio en donde los muchos empleados públicos de mi ciudad se habían construido un refugio con techo a dos aguas para los fines de semana; el río estaba cerca, también los árboles, y hasta en la casa había un jardín desmantelado y un perro llamado -este nombre parece que nunca se borró- “Capitán”.

Yo ya estaba drogada, reitero, cuando entré en la casa. Primero porque era adolescente; segundo porque eran los setenta, el inicio de los setenta, y todo se tambaleaba, a veces poéticamente; nada tenía límites exactos.

Pero la “droga” concreta la encendió en un delgado pitillo este amigo que digo, y me la pasó: “Dale una pitada profunda… undaaaaa”.

“Undaaaaa”…, eso sentí; una profunda e inmediata borrachera del corazón que me latía en los oídos y sentí que la música que venía de algún “combinado” o de alguna radio salía de mí directamente con los latidos -unos doscientos- del atropello de mi corazón.

Si mi amigo se hubiera llamado, supongamos, “Enrique”, fue así como le dije:

“Me estoy muriendo, Enrique, estoy a punto de morirme”.

El que a partir de ahora llamaremos Enrique lanzó al aire una burbujeante carcajada que rebotó contra la pared de mi esternón -recuerden que dentro de ese esternón yo guardaba mi cuore.

“No importa”, dijo entre otras risas más agudas, filoso. “Vamos a bailar.”

El intento de baile me puso una bomba en el pecho; ya no podía aguantarme tanto la muerte, la agonía; pensé con toda lógica y racionalidad que tenía pocos años y no iba a morirme porque sí, acá, en una casa extraña, y qué dirían mi mamá y mi papá… Consideré que era imperativo hacer algo para salvarme y hacerlo yo misma, ya que Enrique no se daba cuenta de la gravedad de mi estado, de la cercanía de mi más allá.

Era fin de semana, por lo tanto las “casas de fin de semana” vecinas debían estar con gente, así que me decidí a pedir auxilio; habría entre esa gente algún médico, o enfermero.

Abrí la puerta, atravesé el jardín, salté la reja mientras Capitán me seguía ladrando enloquecido -y además yo no lo conocía a Capitán, y hasta en mi fiebre parecía un poco embrujado, le tenía miedo, estaba segura de que era una persona disfrazada de perro.

Grité y grité por las calles de tierra.

Yo gritaba, y detrás de Capitán que ladraba venía corriendo Enrique que chistaba, apenas si chistaba, para no llamar la atención.

Arroz con leche

No quería llamar la atención, Enrique, porque lo que yo estaba gritando era bastante comprometido; bastante comprometido especialmente al pasar por una especie de pequeña sucursal de la comisaría del pueblo, una casita con un banco de piedra desde donde dos uniformados me miraban pasar; me miraban profundamente desde sus bigotes retintos pero no atinaban -ni atinaron después- a hacer nada más que mirarme pasar, a mí, a Capitán, a Enrique, y yo gritando que lo confesaba, que me había drogado, pero que me estaba muriendo, que me arrepentía, que por favor trajeran un médico.

No sé muy bien pero parece que unas cuadras más lejos me desmayé de pura locura y puro miedo. Enrique me juntó, y Capitán ya no ladraba, me lamía.

No sé tampoco cómo llegamos a la casa, pero sí sé que Enrique me llevó a una habitación en donde había una ventanita que daba al jardín.

“Voy a buscar al médico”, me prometió.

Yo me quedé mirando por la ventanita y el tiempo empezó a correr tan rápidamente que vi cómo uno de los árboles se cubría primero de hojas, luego de flores, luego de frutas, luego de hojas doradas y luego se le caían las hojas.

Cuando cayó la última hoja de ese árbol tomé un cuaderno y un lápiz que había en la habitación y escribí:

Me tomarán los ojos,

los llevarán con todo lo que vi.

Yo les pediré a gritos que me dejen el rostro más amado.

Me llevarán la voz y las palabras que te dije al oído,

las palabras más dulces.

Extenderé la mano,

mendigaré el sonido del amor.

Entonces

pondrán en mi mano la lluvia y el viento

y me dirán: hazlos sonar.

Juro que a este verso lo escribí allí mismo, ese día que fumé mi primer cigarrillo de marihuana casi el último, ese día que me di cuenta de que no era inmortal; mejor dicho, que era soberanamente mortal, como cualquiera.

Enrique no llamó a ningún médico; mientras yo esperaba, él hizo arroz con leche en la cocina y lo comimos juntos -no sé cuánto tiempo, cuántos minutos u horas habían pasado verdaderamente desde la bocanada venenosa, pero yo estaba tan hambrienta que devoré hasta el plato, y siempre recordé ese arroz con leche como el más delicioso que comí -que comeré- en mi vida.

Después siguieron los 70 y trajeron mucho más que esta anécdota.

Envío

Para Osvaldo, con todo mi corazón, estas memorias de mi vieja, y de su vieja, Santa Fe.

Mora

Editorial

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Comentarios

19 respuestas a “Humo”
  1. María Celeste Cécere dice:

    Cuando me pasó el fasito (o sea, el cigarro de dulce hierba, jeje) recibí un instructivo parecido al que escuchó Mora: “Dale, dale una ’seca’ larga, y no sueltes el humo enseguida”. Hecho esto, volví la mirada al mar profundo que estallaba en espuma delante, contra las rocas de la escollera. Era de noche. Una noche azul y perfumada de verano.
    “¿Y… te pasa algo?”, preguntó. Me reí. “Nada demasiado raro”, contesté “floto un poquito con esas nubes de allá” continué, señalando con el dedo unos jirones blancos muy tenues sobre el horizonte.
    Me abrazó riendo. “Linda ‘borrachera’ ésta…” Y nos tendimos sobre la espalda a volar en el cielo.
    Sufro de absoluta sobriedad desde hace diez años… ya no vuelo sin alas. Abrazos mil… y gracias por el absolutamente mágico recuerdo.

  2. Jose Itriago dice:

    “pondrán en mi mano la lluvia y el viento
    y me dirán: hazlos sonar”

    No temo recoger la lluvia de mis tristezas y de mis alegrías, que ayer purifiqué en mis manos. Hoy siento que las nubes que la hicieron me siguen dando su sombra.

    Lavaré mi cuerpo y mi espíritu una y mil veces con esa agua y el viento esparcirá mi aroma de jazmines y lavanda. Quienes me quieren me oirán en el tenue repique de la lluvia sobre la tierra y me sentirán en la brisa que les acaricia.

  3. Joise Morillo dice:

    ¡A mí, que me registren!

    Tenía ganas, sin embargo
    Nada era más sólido que la insinuación
    No cabía en mí una absoluta certeza
    De que abría en mi alma aquella profunda sed
    De saber
    Loco, extremadamente loco
    Y nadie absolutamente nadie me salvó
    Del marasmo, aun cuando
    Viví mi vida ausente de profetas
    Ahora no me arrepiento, me rio
    De vos y de aquellos,
    Que nunca me dieron la mano
    Querían que sucumbiera ante lo nefasto
    Empero mi alma pulcra y solida
    Construyo lo que vosotros
    Solidarios y perversos
    No pudieron oscurecer
    Ahora me rio ante vuestras caras
    Digno y fuerte.

    Os ama
    Joise

  4. jorge chacon dice:

    Pesa mi vida, pesa
    y liviana mi alma no se conjugan
    se eleva mi alma liviana
    y mi cuerpo se queda…eda….eda….eda.

    Me lo dijo mi madre aquella tarde
    la vida, el amor, la vida
    no se conjugan con nada
    ni la Blanquita, ni la inocente Mari
    ni el amor, la vida, ni el amor
    no se conjugan por nada.

    Allaaaa donde voy no se recuerda nada
    nada, nada, nadita
    y las nubes se quedan en el rostro
    del enamordo de la vida
    que no logra conjugar el amor
    ve al suelo y el peso lo regresa
    ya se fue Blanquita con sus alas.

    Los relampados me saludan el paso
    !oh! son los ángeles con sus espadas
    desenvaindas, un guiño y es la lluvia.
    que del suelo vuela hasta su casa

    veo mi rostro de adentro hacia fuera
    sin alas sin mi vida
    veo el arco iris coronar la luna
    que desde su lado oscuro me saluda
    alla en el suelo, pesa mi vida, pesa,
    pero yo no recuerdo nada, nada, nadita.

  5. Joise Morillo dice:

    Para los cristianoshttp:

    abrid el link

    //www.filosofia.org/mfa/far998a.htm

  6. Loeny Santana dice:

    De humo no se porque para mi es realmente desconcertante estar cerca de el.

    ¨Me tomarán los ojos,

    los llevarán con todo lo que vi.

    Yo les pediré a gritos que me dejen el rostro más amado¨.

    Cuando se piensa que todo se ha ido y que ha llegado el final , llega a nosotros muchos recuerdos y el miendo crece al darnos cuenta que no somos inmortales pero el recuerdo de lo que hemos vivido o creído vivir no se aleja aunque nuestros ojos ya no esten .

    Los nombres no son fáciles de recordar pero siempre hay algo , una frase,un lugar ,unpensamiento que nos lleva a alguien que de no acordasnos el nombre o el rostro, sabemos que estuvo allí.

    Abrazos a todos

    Loeny

  7. Ángel Sequeyro y Menéndez dice:

    Mora: El humo tiene para mi muchos recuerdos dulces y sápidos que se relacionan con innumerables momentos de mi vida, pues durante la mayor parte de esta, consumía una cajetilla de cigarrillos, llenando mis pulmones de humo aromatico y sabroso. También me trae a la memoria que “En el amor como en el fuego, ven primero el humo quienes están fuera, que la llamas los que están dentro”. Algo parecido me ocurrió con la marihuana que probé en 1970 y ante mi decepción,pesar de darle una fumada profunda… ¡Hasta el fondo! expandiendo los pulmones con su contenido y reteniendolo bastante tiempo tan solo me produjo acidéz estomacal. Lo intenté en la soledadde un cuarto de hotel y socialmente otra vez más con iguales resultados, sin que me agradara su sabor exótico. Naturalmente me sentí supermán y decidí que toda vez que no me enloquecía como les ocurría a todos…eso no era para mi. Muchos años después, en un Foro sobre adicciones, me enteré que se requieren “receptores” para que los enervantes actúen en los organismos y estos receptores están o no en ellos y se forman con el uso del tetrahidro canabinol y otras sustancias psicodélicas. Ya dejé de fumar y tampoco me atrevería a iniciarme con la yerba pues “un perro viejo ya no aprende gracias nuevas” y no estoy en situación de desear perder la conciencia con una droga que no me traería más que problemas. Para quienes califiquen esta confesión como fantasía les sugiero que se informen fuera de su limitado círculo de compadres y busquen opiniones de profesionales calificados. Me curo en salud, por que ya he recibido descalificaciones y naturalmente ofertasdeprobar con sus productos que los llevan al Nirvana de sus mejores pesadillas.
    Saludos
    Ángel

  8. Jose Itriago dice:

    ..
    .
    Le fue otorgado el premio Cervantes al poeta mexicano José Emilio Pacheco. Un orgullo para toda Latinoamérica. Recojo este poema en Internet para que leamos una pequeña muestra de su obra, de su estilo. Tiene publicado muchos libros y no tengo ni uno y posiblemente, algunos de ustedes tampoco, lo que demuestra lo desconectado que estoy de los enormes progresos de nuestra literatura. Trataré de ponerme al día.

    El reposo del fuego
                                          (Don de Heraclito)

    Pero el agua recorre los cristales
    musgosarnente :
    ignora que se altera,
    lejos del sueño, todo lo existente.

    Y el reposo del fuego es tomar forma
    con su pleno poder de transformarse.
    fuego del aire y soledad del fuego.
    al incendiar el aire que es de fuego.
    Fuego es el mundo que se extingue y prende
    para durar (fue siempre) eternamente.

    Las cosas hoy dispersas se reúnen
    y las que están más próximas se alejan:

    Soy y no soy aquel que te ha esperado
    en el parque desierto una mañana
    junto al río irrepetible en donde entraba
    (y no lo hará jamás, nunca dos veces)
    la luz de octubre rota en la espesura.

    Y fue el olor del mar: una paloma,
    como un arco de sal,
    ardió en el aire.

    No estabas, no estarás
    pero el oleaje
    de una espuma remota confluía
    sobre mis actos y entre mis palabras
    (únicas nunca ajenas, nunca mías):
    El mar que es agua pura ante los peces
    jamás ha de saciar la sed humana.
     

    Pegado de

  9. Jose Itriago dice:

    Perdonen, pero cada día estoy peor. No copié la dirección de donde tomé el poema. Es:
    http://amediavoz.com/pacheco.htm

  10. Joise Morillo dice:

    Hola Mora, Querido José Itriago, me parece muy interesante y sublime el poema de José Emilio Pacheco, aun más, porque está diseñado con patrones –no de métrica- de contenido filosófico presocrático (griego-efesio). Sin lugar a dudas todo el contenido traduce sentencias de las más ilustres de los Fragmentos de Heráclito, afirmando en sus máximas el uso de la razón y, las evidente concepción Nietzscheana de las contradicciones interpretativas entre el bien y el mal, no obstante calificadas por Wittgenstein como: solo juegos del lingüístico. Para muestra un botón si escudriñáis en: Heráclito Fragmentos, os daréis por enterado en los fragmentos: 49,12, 91 (todo fluye, no os bañareis siempre en el mismo rio) y respecto a la naturaleza , Tierra, viento, fuego y agua, tenemos, el más importante el 76.

    Con esto me doy cuenta acerca de reflexionar, no es más que, vivencias, verdad, catarsis. Empero no deja de ser motivo de inspiración, reflexionar con la sabiduría de los clásicos al momento de escribir del amor y las aspiraciones como lo hace Mora Torres en “Jugar en noche oscura” quien con la lectura de San Juan De la Cruz, intenta una elevada reflexión acerca de si misma y el mundo que le acontece.

    Permitidme Mora presentar vuestro libro en el segundo link

    www2.udec.cl/~meskuche/ocio/…/Heráclito.htm
    books.google.co.ve/books?isbn=9872161577…

    Os ama
    Joise

  11. Joise Morillo dice:

    el link del libro deMora y citas de heraclito

    http://books.google.co.ve/books?id=3MPs815SY5QC&printsec=frontcover&dq=jugar+en+noche+oscura&source=bl&ots=8G3wI6Fakr&sig=dzj2p2JKPBgWlGAyt4abz962YlM&hl=es&ei=mTjUS8_fK46U8gTp7rGnDw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CAYQ6AEwAA#v=onepage&q&f=false

    http://www2.udec.cl/~meskuche/ocio/textos/filosof%EDa/Her%E1clito.htm

  12. Osvaldo Bonini dice:

    Siento la necesidad de reflejarme en este espejo de hierbas alocadas por pura compañía no más. Pero no, no la he probado. Mal podría describir así ningún tipo de efecto provocada por ella.
    Eso sí, dentro de la espesura del humo en el que alucino que danza entre tus manos que escribe mi nombre y el tuyo estampando hechizos en mi vieja ciudad, la nuestra sí; figura a rincones que activan viejos recuerdos para hacer sonar otra vez de otra forma en otro sitio los sonidos de tantas lluvias y de tantas brisas convertidas en caricias o vendavales.
    Como aquellos días de verano que no aflojaban, sus noches con sus vigilias a la espera del amanecer de otro día peor sudoroso y acumulado de fatigas y maldormires donde el sol parece no irse nunca del todo.
    O esa brisa helada del sur correteando por la esquina de San Jerónimo y Moreno que venía de tu barrio que terminaba toda acometiendo por el interior del gamulán inútil a la espera de ese 16 que a esa hora no llegaba nunca y colgado de los cuadernos de la facultad como de una mano que no era compañía ni siquiera cálida compañía de aquellas noches.
    La plazoleta frente al Teatro Municipal y el café que se encontraba junto a él, lugares donde solían ser guaridas de nuestros escapes secretos luego de alguna ópera o de cualquier concierto de rock de algún grupo nuevo de San Cristóbal de Gálvez o de Recreo. Su voz su mirada nuestras manos nuestros labios la noche que ya no recuerdo si fría o calurosa. No saber quien mira y quien no o que sucede por allí cerquita ni menos lejos. Solo un aroma combinado entre rio parque jazmines café y aquel narcótico de esa piel que acariciase con la misma ternura y esperanza con que devolvía aquel regalo.
    Como quisiera recordar ahora el nombre de aquel café del cual nos echaron y el de aquella plazoleta donde quedaron sus besos resonando entre sus bancos eternamente sin saber para qué necesidad inútil recordar ahora su nombre. Puede que desee disolverlo todo entre nombres y esquinas y peatonales y galerías, entre una dulce lágrima de remembranzas y encuentros y el dibujo de una sonrisa en el rostro de acero del tránsito de años que no repitieron aquellas esquinas y se escapó cuesta arriba o abajo donde estoy y poderlo resumir así en una palabra.
    Aquel sendero por detrás del Convento de San Francisco que llega al lago entre rosales y arboledas y bancas pintorescas que recorrimos esa noche tan fría y tan cándida que aún derrite la escarcha que rodeaba al hibisco amarillo sin flores entre sus aromas de hembra que aún revolotean en mis aires con su piel pegada a la mía.
    Aquella vía de tren inhóspita y obscura detrás de la Industrial Avellaneda detrás de su casa en la costanera.
    El rosedal desaparecido.
    Un puente que cruje las historias de mil amores de todo tipo sobre sus durmientes carcomidos de uso y lluvia y viento y soles de todas épocas dentro de su octogenaria existencia.
    La arena finísima y blanca de la laguna aquella, aquella arena que ya no existe que quedó sumergida como sumergido también quedó aquel talud de cemento en cuyo hueco nos escondíamos las tardecitas de amores y citas a ver nacer nuestra luna desde la orilla de Rincón delante del Ubajay delante del Colastiné. Y subía plateada arrastrando arrancados los verdes de sus islas y las formas lejanas de las aves que la cortejaban hasta que se hacía dueña de la noche y de lo nuestro.
    Memoria de lugares que ya no existen o al menos no así y que no podrán ser testimonio de las vivencias que acarreo entre los sentimientos que marcan la manera en que asimilo un aroma un color una nota un gesto que determinan quien soy y de donde vengo de un lugar que solo se ve a través del hollín de la usina Candioti que ya no humea y que remembran una realidad que puede haber sido un sueño y que no lo es cuando de tu mano sale escrito el reflejo de este espejo mío tan tuyo también dibujando entre renglones las imágenes que sucedieron sin ti o contigo en otro instante que no nos combinó; pisábamos las mismas baldosas.
    Es un sueño donde el viento empuja a su gusto a la lluvia que al ser liberada a su albedrío golpea aquí o allá y se deshace en gotas menores que replican ese compás infinito de notas que ponemos en nuestros oídos y volcamos en una indefinida única ilusión ya lejana.
    Un sueño.
    Te quiero mucho Morita.

  13. Iván Salazar Urrutia dice:

    Pudiera uno quedarse en el humo del pitillo de Mora y en sus sobresaltos, mas yo deseo quedarme un rato bajo las volutas del humo de los sesenta.
    Aún no leo el escrito que transparente la revolución de los sesenta.
    Sí he leído sobre la derrota de la ilusión.
    Pero no fue así. Fumamos pitillos y sufrimos “la pálida” como efecto del rechazo. También gozamos de la insolencia, del amorío de la Luna con el Sol, de las estrellas colgando de las solapas, del campo galopando en las arterias citadinas, del pan en los bolsillos abiertos, del poema al desayuno, ¡de la música! cantares de nuestros cantares.
    En esos años nació la compañera, el compañero; lo imposible como programa y como bandera (nunca más las banderas fueron programa), el hombre negro fue negro, y las palomas volaban para dibujar el aire.
    Quizás fuimos derrotados, pero esa derrota les costó astillas de huesos a los poderosos.
    Es posible que no ganáramos elecciones, que los congresos apernaran en sus asientos los traseros acostumbrados, que los ministros siguieran elaborando alambicadas respuestas realistas al clamor. Pero el clamor pasó sobre dictaduras baratas -tan caras para los pueblos-, y pegó en los murales su grito de libertad, de sexo, de femineidad -o simplemente de mujer como quien dice hombre-, de hermanos que buscan en el otro a su hermano.
    Nada fue igual.
    Yo diría que ni siquiera fuimos jóvenes; en los sesenta nos elevamos al pedestal de ser humanos.
    De modo, Mora amiga, que tu experiencia de humo fue una más de las expresiones de nuestra búsqueda que sí encontró.
    Desde esos años, os saludo a todos.
    VANCHO

  14. Joise Morillo dice:

    Fudge de hashish, pastelillos de cannabis sativa, la fórmula mágica de Alice Toklas, oriunda de California EEUU, para su amante secreta: Gertrude Stein (escritora) fue su confidente, cocinera, secretaria, inspiración, editora, crítica y administradora. Esta, ellas, fueron dos espejos de personalidad aun cuando diferentes edades y nacionalidad, Alice la consideró el amor de su vida, sin embargo no se le puede asignar su amor al uso del hashish, sino, al amor al arte de una y de otra. Se supo de sus inquietudes y relaciones debido a las autobiografías editadas en diferentes fechas.

    Os ama

    Joise

  15. Fabu 11 dice:

    El humo dulce
    de varias generaciones
    no se dicipa
    queda en el aire
    y lo rescata la bocanada…
    de nuevo

  16. Fabu 11 dice:

    El anonimato puede ser un sentimiento mundano
    de las grandes ciudades o capitales en donde se lo sufre y se lo goza
    sin importarle el target, calania o fundamento…, pienso en el campo y en el espacio cualquiera que sea…tambien existe, estoy de acuerdo contigo MorA

  17. Elvia Diaz dice:

    El humo, me parece excelente esta lectura y de mucho aprendizaje y enseñanza. Espero sea leido con mucho detenimiento, de mi parte lo enviare a todos mis contactos y me den su opiniòn al respecto. Gracias

  18. cathy trujillo dice:

    bonita pero no entendi el humo

  19. cathy trujillo dice:

    muy hermosa historia



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