Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Diarios impersonales como espejos

Espejos adentro de un espejo

Encuentro diarios íntimos por toda la casa (Derecho de autor y a la intimidad). Pero hay unos fragmentos de uno que, además, quiere ser “impersonal”. Sorprendentemente, empieza con un “3 de septiembre” de ningún año, y la penúltima entrada es del “3 de septiembre” del mismo año o de ninguno (El calendario).

Pero no, el año parece ser el 2001. Hay una catástrofe y amores resentidos. Creo que menciona el cacelorazo de diciembre de ese año que derrocó a un presidente -y todo su gobierno- en Argentina. También la caída de las torres gemelas de Nueva York… todo es tan oscuro (Lágrimas de marzo, sombras de septiembre). Paso a transcribirlo:

3 de septiembre

Como era previsible, se había vaciado -tan caro lugar común- ante la página en blanco. Su pretensión de escribir un diario impersonal había dado vueltas tantos días, girado, picándole cual avispa celosa, que ahora lo que debía ser en realidad un listado de sucesos que le habían ocurrido a “ella” -¿o no, esto no debía ser un simple listado?- le resultaba duro de cumplir (Una mirada atrás: rasgos y reflexiones para decidir qué es un weblog).

Se propuso empezar por el día de ayer entonces, ya que el de hoy acababa de comenzar -eran las diez de la mañana de un domingo, muy gris por lo demás (El Clima).

Pero tampoco daba con el tono justo para conmemorar la jornada de ayer. Sí, pasó la mañana hablando con el autor de un libro que ella debía editar (Las Ferias del Libro en la Historia).  Una buena charla (Teocrito, extrañamente serena y productiva -recuerdo esa mañana, el autor era Germinal Nougués, con una imponente antología sobre el tango. Germinal murió sin ver su libro publicado. Aunque seguramente la productividad había trascendido su conciencia, se había instalado en su inconsciente, quizá para ayudarla en su nueva tarea de editora, porque ahora ni siquiera eso podía recordar. Extrañamente, ahora las recuerdo. Sí algunas palabras que había dicho, cuando, con el autor, hacían paréntesis entre las correcciones y aclaraciones del libro y hablaban “de la vida”. (La Vida).

Ella había dicho: “¿Sabe?, después de los cincuenta -aunque los pasé sólo por uno- es cuando empieza uno realmente a darse cuenta de que se va a morir. Antes uno se cree inmortal”. Desde lejos festejo la coquetería vana y hermosa de “ella”, que aclara que pasó los cincuenta sólo por un año. Y no era del todo verdad, al menos en su caso. No era verdad porque la muerte había girado a su alrededor, peor que cualquier avispa, y no sin aguijón, como en la Biblia. En este momento ella, que por descuido había escrito con minúsculas, volvió sobre sus pasos y corrigió, en la computadora eran fáciles los arreglos. Pero había tenido el impulso de seguir escribiendo, y no obstante corrigió, no lo dejó para después…

Asomado -sí, en masculino, porque se trata de un señor- a este obstáculo que salvó inmediatamente, apareció en ella la sombra de su padre -¿pero no estamos hablando de “la sombra”, sustantivo femenino? “Si un defecto, si se puede llamar defecto, tenía papá es que era supersticioso”, pensó.

Aunque, ¿por qué estaba remontándose tantos años, si acababa de tener en la cocina, mientras desayunaban, un diálogo -hacía años que no tenían un diálogo sino violentas discusiones cuando se tocaba el tema que tocaron- con E., la amiga con la que vivía.

El tema era el sexo -acá se ve la lucha por la igualdad sexual, aborda sin otras previsiones la cuestión de las relaciones, como si se tratara de una pareja de seres comunes, no de homosexuales (dispénsenme la ironía remota). Ella siempre comenzaba preguntándole a E., porque realmente quería saber, quería entender, por qué hacía quince años que estaban juntas y más de diez que no tenían sexo; ¿eran o no una pareja? Le había preguntado por los primeros años de esta relación, en verdad había sido extremadamente cauta esta vez, cosa inconcebible en ella, en este tema que la torturaba tanto, de un modo que E. había debido responder, también con cautela, pero sin violentarse. De todos modos tampoco tenía muchas ganas ahora de transcribir ese diálogo que por otra parte -con o sin violencia, en todas sus gamas- se repetía continuamente: hoy también había dejado escapar el pez de oro, diría su amado poeta Daumal, el surrealista.

De pronto recordaba los primeros momentos de su llegada a Buenos Aires, de su conocimiento de E., de su conocimiento de que es posible ser mujer y amar a una mujer: la quintaesencia de la sabiduría. La mujer, que ahora estaba en la cocina cortando en trozos minúsculos la verdura para hacer una sopa, ignoraba que estaba anotando cosas sobre ella. Y esto la hacía sentir como que estaba escribiendo en partitura de traviesa, no de traición. Era un “diario impersonal”, con todos los riesgos de caer en una trampa. Se proponía, en todo, ser veraz y para nada literaria ni poética, pero, quizá, ¿no se podría ser veraz sin ser cruel? Se proponía intentarlo, pero no estaba segura de conseguirlo. Acá saldrían todos los resentimientos: era el espacio más apropiado para que surgieran el de un diario impersonal en el que parecía que la protagonista, que era ella pero que parecía para sí misma otro de los personajes de sus novelas o sus cuentos, no lo era. Podía trabajar el personaje de sí misma hasta hacerlo invisible.

4 de julio de 2001

Trascender el bien y el mal, expresión a veces tan imposible de ser comprendida…

3 de septiembre

Tengo el proyecto de un diario impersonal. Me parece muy útil para mirarme objetivamente, pero es muy probable que vire hacia lo literario, y no ya que mienta sino que cree situaciones y piense en una especie de novela llama Diario Impersonal. Por ahora intentaré hacerlo como la primera opción. Ahí va mi intento:

Apenas empezó el diario ayer, se dio cuenta que lo de las fechas era fatuo, lo que iba a escribir tenía que tener, inclusive para sí misma, un valor atemporal, aunque tomara la materia de cada día para desarrollar sus entradas. Por lo tanto, y siendo fiel a sí misma, dejaría la fecha del primer día -se había equivocado, ayer era 2 y no 3 de septiembre-, cuando todavía no había pensado bien en esto, y seguiría escribiendo día a día, pero sin pautas cronológicas.

No obstante el anterior “sin pautas cronólogicas”, lo que sigue es copia fiel, hasta del cierre del signo de pregunta:

Enero 12? de 2002

Releyó lo anterior; la idea de diario, a pesar de las consideraciones sobre lo atemporal, implicaba un detalle de los días, los años, las estaciones. También se rió un poco de sus promesas como que seguiría escribiendo día a día, ella sabía que jamás cumpliría con un acuerdo así. Primero consideró que en realidad era muy poco lo que le sucedía, más allá de que hasta de una enfermedad crónica y aburrida un buen escritor podría hacer una excelente crónica; lo terrible era que, mala o pésima escritora, a veces se aburría un poco con lo crónico. Pero había otras cosas, seguramente ningún diario íntimo, por más personal que fuera -y éste tenía la particular característica de no querer serlo- habría dejado de inscribir los sucesos del año 2001 que a todos pertenecieron, al menos el terror y la muerte, la guerra y, en su propio país, la desgracia, y luego, hacía muy poco, quizá lo agraciado de un pueblo que se levantó contra quienes lo habían destruido. La palabra agraciado le pareció no muy adecuada cuando la vio por segunda vez; ¿cómo podría hablarse así de sucesos en los que la fuerza de los pueblos no impedía, aunque volteara gobiernos, la muerte y la desgracia? A la tercera vez, la palabra le pareció la más adecuada de todas: la gracia era la característica más clara de esa multitud que sufría.

Envío

Una vez más derramo besos sobre todos ustedes; algunas veces tengo tiempo de decirles algo personal. Hoy a Libélula: me encantó lo de Corín Tellado, ¡cuánto compartimos!

Editorial

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Comentarios

11 respuestas a “Diarios impersonales como espejos”
  1. Nathalie Eugenia García Zárate dice:

    Me gusta , tu artìculo

  2. Jose Itriago dice:

    Hoy, como nunca antes, tomé conciencia de lo anónimos que somos. Una multitud que se acerca, se rozan, se miran y casi ninguno se conoce. Sé que las parejas, por ejemplo, hasta cierto punto se deberían conocer; alguno que otros amigos que hoy andaban en algo, quizás un poco. Pero la multitud no tiene idea de quien es el que acaba de pasar, el que está junto a él. En un estadio todos son anónimos, pero al menos saben que equipo les gusta. Ya eso es conocerse algo. Pero en la calle no.

    De pronto alguien se acerca como si te conociera, casi nos sonreímos, pero no, sigue su camino, inalterable. Más de una vez he roto ese silencio colectivo hablando de cualquier cosa con alguien y me responden y después hasta ahí llegamos, pero usualmente son personas que están detenidas por alguna razón, como el que atiende uno de los tantos kioscos en Chacao. Me paré para hablar con él, previo comprarle un diario, sobre la rodilla que me estaba doliendo y por allí nos fuimos hacia los remedios caseros para las caderas y si, hablamos. Ya no fuimos tan anónimos. Pero sigo sin saber cómo se llama, si está casado, si sus hijos son buena gente, si pudo comprar una casa, si está pelando bola, a lo mejor a punto de pegarse un tiro y ya está.

    Quizás lo nuevo es considerar que no se tata de anonimato, sino que es el deseo de intimidad lo que nos lleva a ocultar a los demás nuestros sentimientos, a transcurrir casi de incognito entre personas que seguramente son agradables y que nos podrían acompañar y hasta ayudar a ver la vida de una manera más completa, más rica en conocimientos. Que en el fondo todos estamos llevando cada día un diario íntimo, que no escribimos por no llenarlo con acontecimientos anodinos o porque nos comprometería ante el resto -siempre el resto- al tener que exhibir nuestros sentimientos, a veces muy contrarios a nuestro comportamiento. A veces.

    ¿Qué vale registrar que hoy caminando en el centro habré visto unas miles de persona que no conozco, que no sé que piensan, que, contrario a lo que en general se opina, si me interesaría saber lo que piensan de todo, de sus vidas, de cómo educar sus hijos, de sus esperanzas, de cómo ven el porvenir?. Pero que ni les pregunto ni me preguntan. Sigo tejiendo mi diario íntimo donde podría escribir que el sucio de la ciudad me enferma, que me gustan los árboles, que vi un araguaney bellísimo y también un bucare, que los mangos están cargados, que la gente se viste con mal gusto, que escupen en la calle. Y luego, en la casa, en la nueva soledad de los PC, leyendo las noticias, los correos, los blogs, sintiendo todo íntimo, sin siquiera un comentario, sin ninguna salida, tragando en mi diario tan íntimo.

    De pronto se hacen grietas y pasan luces que antes no había y uno no sabe si la de uno era la natural y ésta es artificial o es que es al revés, que en la intimidad he creado luces artificiales y una carcajada abre la grieta que le da paso a una luz natural y se produce una superposición de natural y artificial que hace la cosa, esa cosa que tratamos de entender, que a veces tratamos de reflejar en el diario íntimo, donde podemos dejar pistas eróticas que nos sirven de brújula para volver a sentir, eso, volver a sentir, que es todo. A veces.

    A veces sólo escribir es vivir, es la audacia que se abre en la intimidad y allí si me atrevo a poner mi foto desnudo, que podría enseñar pero que no lo hago, pero ese aspecto volitivo es la mecha de la dinamita, que si la prendo estalla, aunque ya tenga la pólvora mojada. Sigo escondido pero podría dejar que alguien, un alguien muy especial, accidentalmente o no, vea lo que pienso, lo que siento, que me lea, que me oiga como en realidad hablo. A veces.

    A veces explicar el que podría ser el contenido de un diario escrito o no llena esa y todas las expectativas y reverdece el alma con deseos, deseos nuevos que estaban encarcelados y se habían enmohecido, al punto de que cuando salen a la luz natural, no los puedo reconocer y tengo que cerrar las grietas para ponerle la amarillenta lámpara que lo devuelve a las dimensiones reales. Parece imposible que con la luz artificial sea la manera más sencilla de llegar a las realidades. Todo esto que escribimos es luz artificial. Puede que nos lleve a alguna realidad. A veces ocurre. A veces.

  3. María Celeste Cécere dice:

    ¿Sabes algo José? En la literatura siempre se dice que los escritores somos (me incluyo, aunque suene un poco pedante y hasta arriesgado decirlo así) autobiográficos de una manera u otra. No está excento de razón: cuando escribimos, nos basamos en lo que nuestra realidad nos brinda, ya sea acontecimientos que hemos vivido de una manera protagónica o como observador directo, o tal vez, lo que nuestra particular realidad interna nos permite elucubrar sobre las cosas.
    Qué otra cosa podría argumentarse más que, desde ese punto de vista entonces, somos tan íntimos al escribir como nadie. Y más auténticos y naturales que nunca. Aunque debamos usar “artificios artificiales” jajaja…
    En algún rincón de la casa, entre las muchas cajas organizadoras que no organizan nada, por cierto, sólo acumulan papeles y más papeles, hay diarios. Escritos en diferentes etapas de la vida, con reflexiones retrospectivas o contemporáneas de ese momento particular. Siempre pienso que, o los convierto en algo que sea útil y enriquecedor, digamos… una novela de esas que te hacen cuestionar tu propia vida, o los quemo. ¿A quién puede interesar leer las elucubraciones de una jovencita de veintipico que recién se cae de la palmera?…. creo que a nadie, sólo a mi, en tanto me ayude a comprender cómo llegué hasta aquí.
    Por otro lado… siempre exalté que me gusta vivir en una ciudad grande porque adoro el anonimato. Ese hecho que comentas, de caminar por la calle y que no te conozcan ni conozcas a la gente que te rodea. Uno se siente dueña de su propia intimidad… cosa que no ocurre en las poblaciones pequeñas, como aquella en la que nací, donde eres un ser público aunque no te dediques a nada demasiado expuesto. Todo el mundo sabe quién eres, lo que haces, quienes eran tus padre y abuelos, de dónde habían inmigrado, cuántos hijos tienes, si le fuiste infiel a tu pareja…. y un interminable montón de etcéteras extremadamente cargante. Me quedo con el anonimato de la gran ciudad, que no es tanto. Cuando quiero, giro la cabeza en el colectivo urbano y le hago una broma a quien está a mi lado sobre el hecho de viajar como sardinas enlatadas en la hora pico y la respuesta siempre es una sonrisa y una conversación que se prolonga hasta que mi ocasional compañero/a de viaje o yo debemos bajar en nuestra parada. El mundo está lleno de gente, buena, hermosa por dentro, agradable, que no te juzga cuando te ve con un montón de etiquetas prehechas y heredadas. Maravilloso.
    Les dejo mis abrazos siderales de siempre… por acá ando aunque no me vean.

  4. jorge chacon dice:

    Que bueno escriben uds. Mora, José. Les cuento algo de una gran civilizacion desaparecida para darle cumplimiento al destino escrito en el calendario solar.
    Cauac Cielo mira hacia la tribuna, la gente agolpada desea ver el desenlace fatal de la historia y él es un protagonista, la plaza luce sus mejores galas, se reunieros los ancianos, niños, mujeres, guerreros, encadenados prisioneros esperando turno, sacerdotes, magos, hasta los dioses deambulaban asomando sus nahuales en las sombras de las ceibas, de las inmensas ceibas de algodon curativo. Cauac Cielo es el Rey todopoderoso que ha ofrecido a su pueblo la paz, un sacrificio de sangre esta por cumplir, en su mano izquierda empuña su cetro: jaguar de jade, adornado con plumas del mitico quetzal simbolo del trono que heredó y en su mano derecha su puñal de obsidiana que su padre le regaló a su hermano Cauac Sol, que espera atado la oscuridad de sus dias.
    Hace unos años cuando eran niños ellos jugaban juntos en el río y tambien se entrenaban para gobernar a sus respectivos pueblos, Cauac Cielo heredaria La ciudad sobre el Rio y Cauac Sol la ciudad bajo del Rio. pero sus destinos estaban marcados por la fatalidad de la guerra.
    Cauac Cielo contemplaba a su pueblo que pedia sangre, la sangre de su hermano pero algo asi como su corazon le temblaba diferente, más de prisa, más….. el sabía como buen creyente de las profecias, que debia cumplir su marca en el punto exacto que decia su piedra sagrada, el circulo de la vida. Los ojos de su hermano no podian verlo pero lo miraban y no podia quitarse esta tortura al alma. Al entrar su puñal al corazon de su hermano seria el de él mismo el que sacaria del cuerpo pero era irremediable borrar las palabras escritas en la piedra, !tal vez! pensó si estuviesen escritas en la arena del rio, vendria una crecida y se las llevaría, mientras mi hermano y yo nos iriamos a jugar a la pelota, !no! no podrá ser la piedra es sagrada y peremne.

    El pueblo empieza a alzar la voz y Cauac Cielo tiembla. El sol empieza a oscurecer y Cauac Sol tambien su nahual lo espera en el camino al inframundo, Ixmucané lo ha enviado mientras observa a sus nietos; un poco triste está la abuela creadora , pues uno de ellos se lo llevará el Señor de abajo y ella cumplira su palabra.

    El puñal de Cauac Cielo se alza con el ultimo rayo de Sol y cae con fuerza hacia el cuerpo, La vida sale a torrentes y un corazon vivo se mantiene preso en la mano de Cauac Cielo mientras cae de rodillas, débil sobre el altar de los sacrificios y el cetro Jaguar ahora pertenece a Cauac Sol que en tinieblas fue perdonado por su hermano Cauac Cielo con sus palabras: “Es tu Puña y es mi corazon el tuyo, Esto no es nada personal, que se cumpla el destino en mis manos”

    1500 años después, estoy parado en el altar del sacrificio de los hermanos y siento sus nahuales en las ceibas que estan alrededor de la gran plaza que guarda los misterios de la gran civilizacion maya.

  5. Iván Salazar Urrutia dice:

    ¿Existen los Diarios Íntimos e Impersonales?
    Pareciera ser que lo “íntimo” es aquello tan propio que no es de nadie más.
    Pero parece que tampoco existe eso “tan propio”; Saramago dice que “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.”
    De modo que no es tarea fácil escribir -por íntimo que sea el escrito- eso que no tiene nombre. Si no tiene nombre ¿cómo lo llamaremos?
    Entonces viene el poeta y versea sobre la vida y sobre lo que somos.
    Entonces viene el vendedor de Diarios y Revistas y vocea su mercancía llena de palabras y espacios hermosos.
    Viene, entonces, el futbolista y hace piruetas no pensadas buscando ese algo que lo haga.
    Aquello sin nombre va saliendo.
    Y el ave en lo alto del ciprés mira y pía, y los aires lo arropan como nube o como un dedo de niño.
    Ya los mayas, nuestros mayas, sangraban en las piedras su grito de ser (como nuestro Chacón nos relata, hablándonos de sí para sí, aunque seamos nosotros).
    Entonces creo que todos somos grafitos perdidos que danzan sus dibujos hacia horizontes.
    Nuestros íntimos diarios se calzan zapatos los lunes y van al cine los viernes. Y nuestros ojos son miradas de ciego que buscan espejos; tantean en la oscuridad en procura de sentir de hollar la tierra para no perder el sendero.
    Claro que entre palabra y palabra habita el poema que nos une a los estratos de la tierra de donde indudablemente somos.
    VANCHO

  6. Joise Morillo dice:

    Mi querida mora, Saludos y abrazos, interesante vuestra ponencia ¡Bueno, vos sois interesante y no se le puede sacar: Peras al Olmo! Sin embargo y perdonadme mi intención no es ilustraros, sino, al contrario, considerándome confuso por la palabra impersonal –os pido disculpa a todos de nuevo por personalizar el sentimiento- me aboqué en el diccionario para der mi opinión. Y no pecar.
    © El Pequeño Larousse Multimedia, 2010
    IMPERSONAL adj. (lat. impersonalem). Que no pertenece o que no se aplica a una persona en particular: la ley es impersonal.
    Poco original, de poca calidad: un estilo impersonal.

    Modos impersonales, el infinitivo, el gerundio y el participio, llamados así porque no expresan la persona gramatical.

    Dícese del verbo que sólo se conjuga en la tercera persona del singular ( llueve, nieva, graniza, etc.).
    Dícese de la oración en que se omite el elemento agente de la acción expresada por el verbo.
    Ahora bien, se debería pensar y/o reflexionar acerca de lo poco fácil que es tratar de obtener tiempo para compilar y proseguir información peculiar de forma cotidiana, es menester llevar el seguimiento mediante: un informe diario, una bitácora, parte de sucesos, etc. Empero esto siendo para sí mismo no debe ser muy tortuoso en el sentido de recabar la información por cuanto es “peculiar”.

    Entonces considerando que lo analizado, estudiado, es: un diario impersonal, se hace o debería ser mas cuesta arriba, por cuanto, además de la necesidad de concebir las inquietudes de otros por uno mismo, acarrea consigo las quizá erradas interpretaciones propias también, acerca del sentimiento de otros; en otras palabras –y de nuevo con mi pata coja, discúlpenme lo drástico- seria, mejor: una biografía, monografía, reporte, historia, etc.

    Así como también, el reflejo de uno mismo al recontar, reflexionar y analizar: los sentimientos de otro observados cotidianamente. ¡pensar de igual manera y no haberse dedo cuenta hasta ahora!

    Os ama
    Joise

  7. Jose Itriago dice:

    .
    Perdonen que me entrometa, pero es que a mi me pareció de lo más normal un diario íntimo impersonal. No es que no pertenezca a quien lo escribe, es que el diario, su contenido, ha sido intencionalmente impersonalizado. De eso estamos hablando. Un diario íntimo escrito bajo la feroz clave de lo impersonal y al cual, sin embargo, día a día se le suman páginas y se le atan pistas para algún recuerdo o vínculo posterior, justo antes de quemarlo.

    El arte en general, por más que sea íntimo ya que surge de las entrañas del artista, puede ser impersonal, quizás en demasía. La famosa Venus de Milo, por ejemplo, una obra de arte indiscutible, perfecta, es impersonal. Pero el artista puso su alma en ese inmaculado mármol y cada vez que tallaba un pecho, un brazo, un muslo, seguramente se estremecía dejando ligerísimas pistas que le permitían reconocer esa parte en un cuerpo amado. Para todos nosotros que la vemos hoy y que no podemos seguir esas pistas, la declaramos, casi por decreto, como perfecta, pero ¡ojo! Ese “perfecta” es que es casi una mujer de verdad, igual a la que tenemos al lado, al frente, en el otro cuarto. No es para abrazarla ni para emocionarnos, no nos mueve ninguna fibra diferente a la observación de un buen cuerpo. Es lo más impersonal que uno se puede imaginar.

    Casi todos los artistas plásticos, hasta llegar a Manet, tuvieron que conformarse con pintar o esculpir cuerpos míticos o fabulosos, odaliscas, vírgenes; pero me imagino, porque quizás yo hubiera actuado así, que en cada cuerpo falseado quedó una huella de otro real, que habría que conocer tan bien como el artista para poder identificarlo. La intimidad fue convenientemente impersonalizada.

  8. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    En la intimidad de nuestro propio ser existen muchos espejos querido Vancho, son aquellos que conocen mejor que nosotros mismos nuestra radiografía interna…y están allí, tal vez un día cuando ya no estemos sean descubiertos por algún ojo curioso y juzgador, o quizás por ojos que nos amaron mucho y tengan compasión y admiración de conocer tan oculta intimidad. Tengo muchas hojas escritas, en diferentes épocas y estados, pero los más son los tristes, es ahí cuando mi alma dolida se ha revelado al papel a modo de catarsis tal vez, lo que es muy natural, dicen los hombres que estudian el control de las emociones hasta el límite de cuanta lágrima debes derramar. Y sobre ese tema pienso que está bien, sobre todo cuando se trata de controlar pánico en una catástrofe, pero lo demás es ¡vida! Y como tal hay que vivirla, sin apretarse por controlar nada, si deseas gritar de felicidad, hazlo, si deseas escribir el desgarro de un dolor o una locura, hazlo, quien sabe si alguien algún día encuentra “esos” escritos y los publica…Mmm, puede convertirse en un gran escritor y quizás llegar a ser millonario…Mientras yo desde el más allá no me disgustaré, pues habré ayudado en algo, y quien no dice que seré famosa como tantos después de…
    En fin, estoy diciendo locuras, aunque en más de una ocasión, mis amigos, después de escuchar algún relato de mi vida, me preguntan: ¿Por qué no escribes un libro? Me causa mucha risa, y yo les digo: “¿con qué ropa?, es que mi vida está llena de anécdotas, la mayoría de ellas de una colosal ridiculez, otras tantas aventuras y penas de amor también.
    Si tuviera la pasta, la esencia de Mory o de alguno de ustedes, aunque es cierto que también me creo el cuento y sé que sé escribir MUY bien, lo que me pidan…por lo menos lo intento o no?
    En el árbol genealógico de mi familia directa, existe un Sr, Toribio Medina, Historiador, chileno. A él le debo esta venita aunque chiquita, pero algo me tocó, no les parece?
    Ciao hasta la próxima, los amo mucho, pero
    Más a Dios.

  9. Fabu 11 dice:

    Lo de impersonal, lo interpreto como ir caminando un día con el que hablamos constantemente (el otro yo por ej,) y nos va diciendo lo contrario a lo que dicta nuestro corazón para exagerar a veces, y distrae lo que haría en realidad nuestro yo. Lo podemos realizar y convencernos de que todo está bien y vivir en otra época momentánea, pero la natura dicta otra cosa, en el caso que nos importe. Todo está bien igual o nó, según para lo que nos sirva temporariamente ó hasta el final.
    Cuando hablamos de arte, nos insertamos puros y muy personales. Y cuando consebimos una obra ésa nos representa, por lo cual nunca sería impersonal lo que nos surje del alma artista, aunque sea pura técnica en una estátua clásica, aunque se trate de la reproducción pictórica de una pieza de Caravaggio, ídem, símil ó igual. No es menor, pero suena a éso. Despues de todo…está el sello personal.
    Lo atemporal va del brazo con lo impersonal, existen internamente, duermen juntos, se desnudan un día y salen a la playa juntos y por separado tambien, al exterior. Son abstracciones, y son interpretaciones.

  10. Joise Morillo dice:

    Mora, Dejadme impersonalizar ¿Cómo se osa decir, que una obra de arte es impersonal? Perdonad, pero ya lo descubre: S. Freud, “el genio, ve las cosas como los otros no la pueden ver”, en otras palabras, cada artista es sumamente personal aun cuando su obra sea una abstracción, es más, la abstracción misma, es la confusión propia de cada artista, quien define toda la mescolanza que le atañe, un caos, con una firme convicción de querer ordenarle, pero a su manera; que la tendencia se conciba o sea universal, es otra cosa. Con esto quiero aclarar, apoyando a Fabu, que: aun cuando el artista viva del público su arte no se limita a un compendio de patrones externos, al contrario, aun cuando su maestría provenga de una escuela definida, la inspiración es producto de cualidades sensitivas del autor de la obra, lo cual deriva; en la acepción del objeto con una particular concepción por el sujeto.

    He ahí que particularmente, descubra, el sujeto su autoría, algo como el espectro del objeto ajeno con características de su misma índole y, por ello, se identifique afín con el (efecto espejo). Entonces, criticar profundamente hasta encontrar la verdad humana, esa que nos revive y nos devora a la vez, que hace ser, empero a veces; sin saber verdaderamente lo que se es y, que en todo caso, lo terrible sería: no encontrarse con ese vetusto, o, novísimo diario, o tal vez terminándolo al final de los días, y mediante él, suya propia imagen, pero muy tarde.

    Os ama
    Joise

  11. Joise Morillo dice:

    Fides et Ratio, Concilio Vaticano II, conoceos a vosotros mismos.

    Conócete a tí mismo

    1. Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo largo de los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente con la verdad y a confrontarse con ella. Es un camino que se ha desarrollado —no podía ser de otro modo— dentro del horizonte de la autoconciencia personal: el hombre cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello en parte de nuestra vida. La exhortación Conócete a ti mismo estaba esculpida sobre el dintel del templo de Delfos, para testimoniar una verdad fundamental que debe ser asumida como la regla mínima por todo hombre deseoso de distinguirse, en medio de toda la creación, calificándose como “hombre” precisamente en cuanto “conocedor de sí mismo”.

    Seguid el link

    http://www.filosofia.org/mfa/far998a.htm

    Os ama

    Joise



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