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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Archivo de Marzo, 2010

Sin Título Número Uno

Las explicaciones psicoanalíticas no consiguen que la sorpresa sea menor por el inefable misterio de las cosas (Lo que la Filosofía debe al Psicoanálisis).

Por ejemplo, que un poco de sed se convierta en el desierto del Sahara (El Sahara).

O que una infancia -con o sin “problemas”- devenga en una enfermedad en la que aparecen ojos en todo el cuerpo, y hasta en la planta de los pies, de modo que se pueda verlo todo, hasta el suelo pisado (El todo y la nada).

I

A mis quince años, yo tenía dos novios: uno diurno y otro nocturno (Bioquímica y sociología del amor).

Con el diurno íbamos a la plaza, nos robábamos besos entre los árboles, mirábamos hechizados las olitas del lago del Parque del Sur, como si fueran las del mar, y el mundo empezaba todos los días con nuestro amor, y terminaba a las ocho de la noche en punto también con él, despidiéndonos en la puerta de mi casa (El arte de hacer el amor).

El novio nocturno era otra cosa: aparecía después de cerrar los ojos, pero, a pesar de esto, siempre cuando yo estaba leyendo en una silenciosa habitación de algún lugar desconocido (Monstruos y animales desconocidos. El universo onírico de la criptozoología).

Se sentaba a mi lado y continuábamos la lectura de unos versos redactados en claves casi musicales sobre algo así como papel de pentagrama -signos de un idioma tal vez extraterrestre (Memoria “Ovnis”).

Después que terminábamos el libro, mi novio me miraba a los ojos un momento, me besaba la mano con unción y remontaba vuelo; salía por una ventanita que aparecía siempre en el momento preciso.

Esto sucedió durante muchas noches, hasta que en una no vino él, sino el poeta Baudelaire (Entre palíndromos y retruécanos: cuando el aparato social se pone en marcha).

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Editorial

Fidelia

El Flaco Pagés no es un “ilustre desconocido” sino, de verdad, un gran cuentista (“Doce cuentos peregrinos” Gabriel García Márquez). Todo el que ha leído uno de sus libros -pocos y breves, como El hombre de los perros dálmatas- se ha asombrado, fascinado, enloquecido… (La locura de Don Quijote).

Pero lo busco en Google (Trabajo práctico de informática) y, aparte de aparecer en un listado de escritores santafesinos, figura sólo como periodista (Ulrico Schmidel, un periodista sin periódico).

Y encuentro su nombre en una nota de hace menos de un mes, en “Rescate de la memoria”, una sección del diario El Litoral de la ciudad de Santa Fe (Santa Fe: geografía económica e inundaciones).

El artículo se refiere a José Alberto Tur -para mí era sólo “Alberto Tur”-: “‘Un típico intelectual de los años sesenta’, así lo definió el periodista José Luis Pagés, que este jueves declaró en el juicio por su secuestro el 16 de mayo de 1978. Pagés rememoró cuál era el ámbito en que ambos se vincularon…”.

El Malena

(Pagés) contó que “el Malena -como llamaban al Movimiento de Liberación Nacional argentino- promovía acciones barriales de conjunto para cohesionar el campo popular y lograr en él la inserción de ‘partido’ que haría desaparecer las injusticias sociales. El arma más utilizada era el ‘firmóscopo’, una carpeta que recorría los barrios para que los vecinos reclamaran con su firma el entubamiento de un zanjón a cielo abierto…”.

El 24 de marzo se cumplen 34 años del golpe militar más feroz de la historia argentina. Desaparecieron demasiados, y el Malena también (Primavera roja), y muchos de mis amigos que a la par eran amigos del Flaco, José Luis Pagés, mi adorado camarada de armas -lapiceras, biromes y hasta lápices lo eran (Verdad, justicia y memoria a 30 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976).

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Editorial

Mudanza

Hay un espejo que refleja otros espejos (El miedo y el renacimiento de lo fantástico) y cada uno de ellos a su vez refleja una mudanza, las partículas de una mudanza, los átomos (El mundo a escala atómica).

De una bolsa de plástico negro que contiene frazadas, toallas y manteles, sobresale una servilleta de hilo blanquísimo, bordada, que estuvo en tantas alegres fiestas -y se manchó de vino en ocasiones (El vino como elixir sagrado y sacrificio expiatorio…)- que da pena de puro contraste, y ya parece su blanco más bien una señal de luto (Los relámpagos de la muerte). A su lado, en las cajas conseguidas en almacenes y supermercados, hay una fotografía de la primera comunión de una nena redondita y rubia y un muchachito alto, delgado, con anteojos. En otro lugar se posa el álbum de fotos de los ochenta años de una dama todavía parecida a Melina Mercouri -después de todo, esa actriz griega nació un año después que ella, aunque haya muerto hace mucho tiempo-, con un gran resplandor y una gran sonrisa. En una de las fotografías de ese álbum estoy yo con ocho años menos que ahora -que se notan- abrazando a esa dama octogenaria, abrazándola, abrazando a mi mamá (Mujeres contemporáneas).

Mudanzas

¡Cuántas mudanzas hubo en mi vida! Tantas que me siento sobre un bulto que ya no sé si es de trajes o de camisones y me escucho decir con Fabio Morábito:

A fuerza de mudarme

he aprendido a no pegar

los muebles a los muros,

a no clavar muy hondo,

a atornillar sólo lo justo.

He aprendido a respetar las huellas

de los viejos inquilinos:

un clavo, una moldura,

una pequeña ménsula

que dejo en su lugar

aunque me estorben.

Algunas manchas las heredo

sin limpiarlas,

entro en la nueva casa

tratando de entender,

es más,

viendo por dónde habré de irme (…)

Sí, las mudanzas de mi vida fueron muchas, metafóricas y reales. Ésta no ocurre en la casa donde habito, ni siquiera en la misma ciudad, pero se lleva todas las medallas de la nostalgia y algo que está entre el dolor y la dicha revivida.

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Editorial

Reencuentro con la vida

Leo en “La muerte en la historia” que la “existencia es la vida más la conciencia de la muerte”. Además encuentro al pie del mismo texto el comentario de una lectora, Ana María Martínez:

Un tema que siempre será un reencuentro con la vida. Paradoja podríamos pensar pero (…) su misterio y significado es el gran nudo al que todos los hombres a través de la historia quisieron darle sentido y razón. El gran misterio, el final de todo o el comienzo de algo, quizás…”.

Acaba de ocurrir la catástrofe de Chile que removió toda la Tierra y nuestro corazón. En parte porque para nosotros es más que un infortunio cósmico, es una tragedia personal (Los desastres naturales y sus consecuencias).

Y acabo de tener otra tragedia más personal aun, que sé es ínfima a escala cósmica por natural (Filósofos de la naturaleza) : murió mi madre y mi orfandad por momentos no tiene nombre, y por momentos se parece a una hermosa despedida con medida de tiempo.

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Editorial

Nuestro lugar común II

Cuando empezaron a surgir estos a menudo delirantes editoriales, nadie pudo prever lo que vendría (Notas sobre la prospectiva).

Monografías.com es un sitio que no excluye la solidaridad, pero cuya misión es el estudio (Técnicas de estudio). Y bien ambicioso, puesto que este estudio incluye las materias más diversas, los detalles más raros del conocimiento, hasta incluye bromas de científicos contra la ciencia y otros bocados imperdibles (Limitaciones de la ciencia).

El comienzo del Blog Editorial fue casi clásico: la historia, el canto, la literatura. Se decía, por ejemplo, que en las magníficas tierras de los hombres antiguos se reía con ferocidad, pero que el tiempo había ido refinando las costumbres (Historia, edades de la prehistoria).

En este “lugar común” los lectores fueron refinando, más que las costumbres, la sensibilidad (Es hora de leer).

De pronto nuestra escritura estéril se pobló de voces inesperadas (Cultura).

Los lectores que empezaron a concurrir organizaron fiestas en las que se escuchaba música y se leían poemas, cuentos y hasta novelas. (La novela latinoamericana) ¡Se escribía una novela, también, entre los buenos narradores del grupo! ¡Se escribía un cadáver exquisito con todos los miembros de la “secta”, o peña, o -como prefirió Judith Mora, timonel de otro blog en Monografías- de “nuestro lugar común”.

Somos frágiles

Y estamos todos juntos contándonos relatos fantásticos o caseros, y hasta con excelente pluma -como la de José que usa pluma de ave del paraíso, como la de Osvaldo que es de cristal, como la de Joise que es “demasiado humana, con cumbres y llanuras”, como la de Vancho que es sublime y no cabe otra palabra menos convencional, la de Judith (Libélula) que es adorable como ella, la de Blanquita que sólo dice verdades que siente, con Celeste y Fabu reapareciendo gloriosamente cuando algo sucede (Una mirada hacia los desastres mundiales).

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Editorial

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