Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La destrucción fue mi Beatriz

Leo con un escalofrío una cita de Mallarmé, poeta extrañísimo: “La destrucción fue mi Beatriz”, frase que me conduce del infierno hacia el cielo (La teoría de la seudocultura).

Mallarmé está hablando de la inspiración y de la muerte. Beatriz, inalcanzable, casi parece no haber existido de tan lejana. Ella, sin embargo, fue la brisa que empujó a Dante al paraíso (Época del Renacimiento).

Me refiero a Dante, a Beatriz, a Mallarmé (él decía que todo existe para llegar a un libro), porque mi lápiz se atasca, pierde fuerza, cuestión que no le achaco a los años -y ya diré por qué- sino a un entumecimiento temporario de las emociones. En cuanto me mude a un lugar verde, apacible, serrano, donde canten los pájaros, volverá a cantar mi pluma, no importa si muy bien o muy mal (A orillas del Aqueronte).

Pero, amigos, ¿qué es la inspiración, quién es Beatriz? (El artista habla del artista).

Nadie se atrevería a decir hoy que la inspiración no existe, después de toda una polémica que abarcó el siglo XX, aunque a la palabra algunas veces se la despoje de su miriñaque y se la nombre como energía, como ímpetu (Lo siniestro en las Leyendas de Bécquer…).

Ímpetu para llenar la página tan necesario como para subir una montaña (Deportes naturales).

Energía que duerme en nuestra oscuridad y despierta a la mano para que escriba, dibuje, esculpa o cubra de notas un pentagrama, de números una pizarra.

La Beatriz real fue una niña de nueve años de celestial belleza que Dante entrevió un día al pasar por la puerta de su casa. La Beatriz más real es la que “inspiró” la Divina Comedia, la que lo condujo hacia la puerta de su gloria, la que todos recordamos como guía de un cielo literario y eterno. Esa misma Beatriz se convirtió en Mallarmé en la muerte de su hijo pequeño, para quien en forma de poemas construyó una cuna y una tumba.

Envejecer no roba inspiración

Son otros los ladrones de los fuegos sagrados.

La vejez es un momento de alta sabiduría: o la calma de la tormenta, o -¿por qué no tener esperanzas?- la calma antes de la tormenta.

Tal vez no se apagaron los fulgores y nos esperan otros más benignos, pero lo cierto es que con gran delicadeza algo de nuestro Yo se apagó y empezó a crecer en nosotros una comunión deliciosa con lo que es más que él, quizá con lo que es Todo.

Ya no necesitamos imposturas, en estos días de vejez.

Ya no necesitamos seducir ni seducirnos a nosotros mismos.

Nos quedamos sin cáscara, pelados y desnudos de adornos, con todas las máscaras caídas; y ese Yo que empieza a ser Todo como un árbol gigante nos otorga riquezas variadísimas: el mundo es mi casa, todos los hombres y mujeres, todas las sombras que vagan por el mundo soy yo; hasta los fantasmas.

Editorial

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Comentarios

22 respuestas a “La destrucción fue mi Beatriz”
  1. Ruben May dice:

    En realidad la vejez no significa el fin, pienso que es el inicio de un ciclo donde las experencias ya vividas nos permiten tener un enfoque mas objetivo de lo que nos sucede en nuestro dia a dia. Ademas podemos continuar metas inconclusa por diferentes razones.

  2. Iván Salazar Urrutia dice:

    Es sabido, amiga, esto de 99% de sudor… pero siempre queda ese 1%, ese mínimo estruje del alma.
    Algunos tienen más del 1% y nos roban buena parte del promedio para aquellos que sudamos entre los dedos…
    Y ese tal Leonardo y su Gioconda; la portaba de ciudad en ciudad, de mes en mes, de años también: le faltaba algo. ¿Qué le faltaba? ¿Encontró Leonardo el toque final? Bueno, nosotros, acá, latinos con cuentas mensuales, con pago de arriendo, con el automóvil en el taller, miramos una reproducción de Gioconda y …nada; no le falta nada en su belleza y misterio; digo yo, mientras busco mi pañuelo enredado en las llaves del departamento.

    ¿Y Pablo Picasso? Guernica parece ser completamente… hasta que no tropiezas en la biblioteca o en una librería de grandes vidrios y como con perfume de palabras impresas en el aire, con un libro completo, entero, grueso, dedicado a los borradores de Guernica. A mi me parecen todos Guernica. Pero a Picasso no. Un detalle, un quiebre de la línea, una ondulación de la luz, un mínimo, un algo ¡Qué se yo! Y mi madre que gustaba guardar mis acuarelas y dibujos… qué bueno que no vió el grandote libro de los esbozos de Guernica

    Esta inspiración es el instante, ¡el Aleph! ¿Dónde está? Unicornio perdido…
    VANCHO

  3. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Beatriz; nombre de reina
    Dante; autor leído en la antigüedad de mis días
    Mallarmé; impresionista de la poesía
    Muerte; otra vida
    Poesía; encanto
    Vejez; dulzura
    La vejez, tal como lo expresas, es un momento de alta sabiduría. Hace un tiempo en oriente la vejez era valiosamente considerada y respetada, hoy no lo sé, pues casi todo ha cambiado. (Los valores y principios parecen estar al revés)
    No sé qué tormenta puede anteceder a la anhelada calma en la vejez. No hay razón para pensar que se nos viene el mundo encima, claro está que el planeta continúa su curso, cada vez más acelerado y ansioso por conseguir lo que el otro tiene, esto tal vez nos afecte tal como una tormenta ruidosa. Sin embargo el remedio para eso son los audífonos cargados con la mejor música de nuestro agrado, y ¡ya! la tormenta pasó, se fué y bien lejos.
    Lo mejor es rodearse de antiguas amistades, reunirse esporádicamente en algún lugar de ensueño,tranquilo, tomar el té o la cerveza, charlar y reír hasta quedar sin aire recordando lo que nos ha dejado la vida en anécdotas, carnavales de fiestas interminables, frustraciones en cientos de miles de dietas interminables y hazañas heroicas dignas de haber sido publicadas, en fin, todo un cuanto hay, o mejor dicho todo cuanto más se pueda recordar, porque habrán algunas repetidas ya escuchadas, y otras que vendrán a la memoria como una movie refrescante recién filmada. De las penas y dolores tratar de hablar poco, que de eso tendremos mucho en nuestra propia privacidad. La tormenta sería posible al imaginar quedar sola como un hueso en el desierto, o que me encuentre senil divagando en mundos extraños de neuronas enredadas, pero NO, para que imaginar algo tan nefasto? Se dice que una es lo que piensa y no quiero pensar eso, me niego e inmediatamente cambio de dirección el pensamiento. Allí la única esperanza que me quedará, es que me encuentre “Toribio”, el náufrago.je-je-je.

    Ojalá todos tengamos una hermosa vejez y continuemos compartiendo nuestros escritos junto a Mory, que para eso la tendremos para rato. Se me ocurre que tal vez podríamos fundar algo…¿y a ustedes no? Mmmmm, podría ser ah? Yo no se qué…¡Un lugar!
    LOS AMO, pero AÚN MÁS A DIOS.

  4. Joise Morillo dice:

    Los fulgores son Beatriz

    I

    Trascendéis cual florero
    Vos por vos, yo, por liz
    De las cosas más hermosas
    Los fulgores son Beatriz

    II

    Las gemelas, las Hetairas
    Avatares las distinguen
    Bellas, dignas, prodigiosas
    Sus virtudes no se extinguen

    III

    Hoy, no cuentéis malas prosas
    Hoy, no cuentéis con la historia
    Contad puras bellas cosas
    ¡Haced hoy un dia de gloria!

    IV

    ¿Panacea? ¡hacer reír!
    Las tristezas hoy se acaban
    Buenos tiempos es sentir
    ¡Que vuestros amigos si os aman!

    Os ama

    Joise

  5. yolanda moreno dice:

    La destrucción fue mi Beatiz: es hermoso, que lindo que se escriban estas cosas sobre la belleza humana en la vejez….muy lindo

  6. Xisco Bernal dice:

    La inspiración es lo que los creyentes llaman el alma. Yo prefiero llamarla “el ansia”. Simplemente.

  7. nelson cerpa dice:

    Me tomé tiempo leyendo bastante de esta NOTA, creo que es pretenciosa y llena de lugares comunes, pareciera que a alguien pretende impresionar. Lo siento.

  8. laura silvana trejo dice:

    Excelentes conclusiones Mora!! un placer, y esas causalidades cósmicas a los privilegiados de estar atentos (o no) a ellas, justo en mi desvelo releo Rayuela, de Julio Cortázar, claro, el capítulo 71 “Morelliana” donde nombra a Beatriz, y en mi edición de Andrés Amoros, con su introducción y notas al pie, pude conocer a Beatriz, e ir en su búsqueda, llegando a Dante, cosa que a lo mejor a la mayoria le lleva el camino al revés, pero así las cosas, te hago esta salvedad por la causalidad y porque quizás te interese
    Saludos desde Alta Gracia, Córdoba
    Laura Silvana Trejo

  9. laura silvana trejo dice:

    Excelentes conclusiones Mora!! un placer, y esas causalidades cósmicas a los privilegiados de estar atentos (o no) a ellas, justo en mi desvelo releo Rayuela, de Julio Cortázar, claro, el capítulo 71 “Morelliana” donde nombra a Beatriz, y en mi edición de Andrés Amorós, con su introducción y notas al pie, pude conocer a Beatriz, e ir en su búsqueda, llegando a Dante y a Mallarmé, cosa que a lo mejor a la mayoría le lleva el camino al revés, pero así las cosas, te hago esta salvedad por la causalidad y porque quizás te interese
    Saludos desde Alta Gracia, Córdoba
    Laura Silvana Trejo

  10. Marta Mabel Sánchez dice:

    Dante no escribió nunca jamás la “Divina Comedia”. Escribió solamente la “Comedia”. El “Divina” se lo agregaron.

  11. jorge chacon dice:

    Los ojos de mi amada hablan de amor,
    y ennoblecen a todo lo que miran;
    todo el que pasa vuelvese y la admira,
    ante ella huye en desden y huye la ira;
    ayudadme doncellas en su honor.

    he arriba, Dante, hablando de los ojos de su amada Beatriz.
    Es la inspiracion lo que nos mueve y encadena,
    es precisamente a eso: nos mueve a encadenarnos.
    ¿Porque hablar de Beatriz?
    es ella quien pone los motivos en accion.
    La belleza como la percibe cada quien.
    Yo tengo mi propia Beatriz
    que se llama Beatiz Perez
    Y podré escribir los versos mas tristes esta noche. (como Neruda)
    pero todos hablaran de ella.
    aunque no sean tristes y no sea esta noche,
    y estando nublado, no se vean los astros
    tiritando azules a lo lejos.
    Si es que he dicho que encadena
    no es la conclusion de una hipotesis
    es el efecto causado en mi
    de la nocion de su rara belleza,
    y es alli cuando…..
    …. el verso cae al alma como al pasto el rocio.

    Para la fecha que se aproxima. Escribiré poesía.

    besos y abrazos

  12. jorge chacon dice:

    Los libros, los caminos y los dias, dan sabiduria
    Proverbio Arabe que recibi en la frase de hoy.

  13. Jose Itriago dice:

    “La destrucción” fue mi Beatriz, o la “Nada”.
    ¡Qué inspiración tan dura y difícil de aceptar, aun proviniendo de un simbolista de tanta fama y de sus tristes circunstancias! Me parece más bien que uno puede tolerarla y sólo hasta cierto punto.

    Coincido que la inspiración subsiste y soporta la erosión del tiempo y más bien, con la edad, toma dimensiones que corren en ambas direcciones, hacia el pasado y el futuro. Creo que sobre esto hemos hablado y lo seguiremos haciendo. Todos tenemos esos fantasmas.

    Somos espectadores de un fragor que transcurre, de vida y muerte, como en una película pasada a alta velocidad, Apenas puedo percibir rumores de adioses de generaciones que no puedo precisar y no sé si son de Beatriz la niña, de su madre o de su abuela o de todas las generaciones que le precedieron de cuya existencia no tuvo ni la más remota idea o de todos los hijos de sus hijos, de su inmensa descendencia que no sabrá que tienen algún gen de aquélla que inspiró a Dante.

    Después de todo, esa Beatriz niña, pura y virginal que nos presenta Dante es igual a cualquiera Mimí nacida en cualquier burdel, aprestándose desde niña para iniciarse en las mejores artes de la prostitución. Tampoco esa Mimí conoce a sus quizás honorables antecesores. Su historia tendrá que inventarla como quien exclama palabras en idiomas inexistentes.

    Qué diría si supiera lo ilustre que pudieron ser sus bisabuelos paternos, esos que Mimí tachó de su existencia, como si no los tuviera en su sangre; y más cerca, sus abuelos y aun más, su padre. Nunca lo imaginará, pero yo puedo ver cómo el distinguido padre de Mimi y su madre que se unieron entre sudores y jadeos y resolvieron la vida de Mimí en pocos minutos, para después seguir cursos tan diferente, pasados los efímeros años que les ha tocó vivir, han vuelto a tener igual valor. No hay ceniza mejor que otra. En el tránsito hacia lo sideral la puta marcha al lado de la Duquesa, una a la par de la otra

    Lo único constante es el tiempo, al margen del significado que quieras otorgarle. Los poderosos hombres que tuvieron fugaces encuentros con las Mimí y con las Beatriz , gimieron como niños mamando con la misma fruición que lo hacían en los pechos de sus madres y la leche que imaginaron les llenó, por segundos tal vez, el alma vacía. Los sudores se hicieron uno, argamasa efímera de las voluntades humanas y quizás también, durante algún instante no se pudo diferenciar la colonia francesa del pachulí de mala muerte. La secuencia de esos instantes fue la vida para ambas. Y Mimí dirá que quizás mejor hubiera sido no nacer, no ser, no tener sueños, no vivir las ilusiones que mueren día a día frente a sus duras realidades, como si fuera víctima de la vida, víctima que se empeña en seguir siéndolo, en no dejar de vivir bajo ninguna adversidad. Pero en la vida-cárcel cada una añora su caparazón: Beatriz, quizás la historia que no fue pero que la sigue invistiendo por los siglos de los siglos y quizás también una casa con alguien que medio quiere y unas pasiones extinguidas a punta de oraciones y admoniciones; Mimí, el burdel, sus ruidos, su rutina, los encuentros y desencuentros y esperas, que el policía de turno la trate, durante diez minutos como una reina, sin más mérito que dejarlo hacer y repetirle las gastadas fórmulas amatorias, mísera herencia de vieja raigambre familiar. Ser la reina sobre todas las demás putas que la acompañan en la hora negra de su vida. Apenas son niñas, con encantos de juventud. Ser joven ya es ser bella y algunas saben hacer de la belleza un buen negocio.

    Cuando pasan las pasiones, sal y pimienta de la vida, aprendemos a comer distinto, a entender el rumor de las brisas pretéritas despeinando las flores de los ‘hoy’ nuestros de cada día y entendemos su música y, a veces, su mensaje.

    Es la verdadera inspiración, la que surge sin nada que describir o explicar a mano, sino sólo los rumores, los aromas, los ecos. Es muy fácil tener a Beatriz pura y virginal, verla, olerla, para describir un cielo y quizás a Mimí para describir el infierno. Es como retratar el paisaje.

    Con el tiempo el paisaje hay que pintarlo con los ojos cerrados. Los grande miniaturistas otomanos, cuando envejecían, se cegaban voluntariamente (se vaciaban los ojos) para tener que pintar de memoria y esa era la pintura que Dios quería de ellos.

  14. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Queridos amigos, aquí les dejo un poema de amor para que lo disfruten en este día y todos los días, porque el amor es así; nace nuevo todos los días para todo aquel que quiera tratar con él.

    Ánimo y mucha fuerza a todo el que lo necesite, mientras estemos aquí, por algunos momentos nada más, nos sentimos apretados, incómodos, a veces bajo mucha sombra y otras hasta casi sin oxígeno, pero paciencia que ya es por poco. Todos los días ruego para que su venida sea pronto, no quiero ir a dormir sin antes verlo; aunque sé me despertará.
    Todo lo bueno, todo lo puro, todo el amor que existe en mi corazón sea para y con ustedes hoy y siempre.

    AMOR DE TARDE

    Cuando miro el reloj y son las cuatro
    y acabo la planilla y pienso diez minutos
    y estiro las piernas como todas las tardes
    y hago así con los hombros para aflojar la espalda
    y me doblo los dedos y les saco mentiras.

    Es una lástima que no estés conmigo
    cuando miro el reloj y son las cinco
    y soy una manija que calcula intereses
    o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
    o un oído que escucha como ladra el teléfono
    o un tipo que hace números y les saca verdades.

    Es una lástima que no estés conmigo
    cuando miro el reloj y son las seis.
    Podrías acercarte de sorpresa
    y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
    yo con la mancha roja de tus labios
    tú con el tizne azul de mi carbónico.

    Autor: Mario Benedetti.

    “Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay”.

    Emily Dickinson

  15. Osvaldo Bonini dice:

    Arrastrando sobre sí una vida áspera que lo fue degradando y carcomiendo, Javier, casi sexagenario, había logrado hacerse de una estancia entre los arroyos Sopas y Arerunguá cerca del Cerro del Carumbé. Las cosas no estaban dadas para que pudiese ocuparse a pleno de ella por lo que acordó su manejo con uno de sus hijos, pero la visitaba con frecuencia y ayudaba en las tareas de campo. Así, de a poco, fue conociendo hasta el último rincón de la misma. El terreno resulta propicio para la cría de vacas y ovejas. Hacia el norte hay una extensa pradera que dividieron en varios potreros. Hacia el oeste despuntan cuatro extensos cerros, dos de ellos bastante elevados que forman entre sí una quebrada por el cual corre un arroyito de vertientes que jamás se seca.
    Consiguió en “La Invernada” un potro completamente negro-azulado como la noche, muy brioso y quisquilloso. Con orgullo lo llamó Moro; solo se dejaba agarrar, ensillar y montar por él. Simplemente sacudía el chambergo o lo golpeaba por sobre su cabeza para que el potro, estuviese donde estuviese, viniera en un galope alado a su lado; se detenía a pocos metros, casi se posaba, y con suavidad y orgullo se acercaba golpeando sus manos mostrando su ansiedad hocicándolo en la barriga pidiendo caricias. La comunicación entre ellos era sobrenatural. Javier pasaba las horas cepillando y hablando a Moro que siempre mantenía su estampa orgullosa y respetable. Con pocas ordenes sabía qué hacer, no necesitaba ser taloneado o tironeado de las cinchas. Sus movimientos poseían la gracia especial de un bailarín y precisión increíble. Todos en la estancia se admiraban de cómo Moro se afectaba con los estados de ánimo del patrón, de esa relación especial.
    En las recorridas al campo eran siempre acompañados por dos perros ovejeros que también mostraban aquella relación con Javier. Tatú, un barbilla mediano capaz de arriar la majada entera él solo; y Ragú, sumamente inteligente y fuerte hasta el punto de saber abrir tranqueras o embretar al novillo más arisco. Eran cuatro compañeros inseparables.
    Ya en el crespúsculo y de regreso al casco pasaron por el arroyo a refrescarse. A sus lados tiene pocos árboles; algunos sauces robustos, espinillos y talas esporádicos acompañando el cauce relativamente llano y angosto que, de tanto en tanto, susurra sobre las piedras. A Javier le llamó la atención ver, coronando el cerro del noreste que se vuelca casi en picada, dos talas que se abren a modo de brazos. Encontró la manera de llegar hasta ellos y descubrió que sus raíces nacen desde los lados de una pequeña gruta en una balconada que mira al suroeste, se extienden a nivel del suelo y sus ramas sobresalen finalmente hacia el vacío del acantilado.
    Sentado en el suelo y recostándose en uno de los troncos, Tatú y Ragú echados junto a él y Moro -que apareció como una sombra- eligiendo el sendero que bajaba a la gruta para pastar, comenzó a sentir el vaho que subía por la quebrada. Un aroma suave y encantador se fue apoderando de la atmósfera que lo predispuso para lo que vendría. La noche fue abriendo paso al espectáculo de las estrellas, se creyó una de ellas. El silencio apacible inundó el ambiente de paz; el sonido del arroyo, de las aves, de las hojas en la brisa formó parte de esa paz haciéndose silencio. Se descubrió sintiéndose inmensamente tranquilo, parte del escenario, sincronizado, armonizado con esa grandeza. Entresueño, abrió lentamente los ojos y descubrió que desde el arroyo se elevaba una materia de colores brillantes que danzaba y se entrelazaba suavemente tomando formas diversas al ritmo del correr del agua que poco a poco se enlentecía. Manos, cuerpos, rostros, lugares, situaciones se construían lentamente ante su asombro. Los colores se combinaban dando lugar a otros nunca vistos. Se abrían en racimo y se separaban multiplicando las figuras que imperceptiblemente se diluían a una cierta altura dando lugar a las que venían por detrás.
    El sitio le pareció mágico y decidió llamarlo “La Sara”. Se alejaron lentamente. Javier llevaba consigo la conciliación de su propio ser. Desde entonces siguió visitando el lugar religiosamente compartiéndolo con su gente querida. Con el tiempo comprendería que aquellas figuras que se formaban en derredor, eran sus propias vivencias representadas. Al pasar los años lograría interpretarlas para el futuro.
    Pero Javier enfermó gravemente de manera irreversible. Pasó largos meses sin visitar el lugar. Desde entonces, a Moro no se lo ve cerca del casco, Tatú y Ragú se echan largas horas en el camino de entrada con sus miradas perdidas en la distancia, venteando.
    Hoy Moro relinchó nervioso durante todo el día; apareció sin que nadie lo percibiera paseando de un lado a otro frente a la tranquera, se detiene un instante con sus orejas atentas mirando el camino, golpea las manos, resopla y sigue yendo y viniendo. De pronto, por la tarde, Tatú y Ragú comenzaron a lloriquear y aúllan en el mataburro de la entrada. Todos nos alteramos.
    Ayudamos a Don Javier a bajar del vehículo. Únicamente nos habla para decirnos que iba a “La Sara”, solo. Su voz apenas se escucha, se lo nota sumamente fatigado.
    Pero ellos sí lo escucharon. Tatú abrió al medio la majada del potrero y la mantuvo quietita a raya, Ragú abre y cierra las tranqueras al paso lento y dificultoso de Don Javier. Al otro lado, Moro que no aspira a caricias, está echado esperando que lo monte. Las manos ablandadas y débiles toman sus crines, con muchísima dificultad logra subirse recostando su cuerpo sobre la cruz y el cuello del potro. Nos mordemos por ayudarlo pero algo nos retiene. Así, se pierden los cuatro en el horizonte siguiendo al sol que ya se va.
    Logra finalmente sentarse en la gruta, acomodándose contra el tronco del tala, de frente al arroyo. Nunca vio un atardecer tan magnífico. Tatú se sentó a su izquierda y apoyó su barbilla en su pierna. Sobre la otra pierna tiene apoyada una mano con la palma abierta hacia arriba. Moro se acerca cauteloso y suavemente resopla y acaricia su abdomen con su hocico mientras Don Javier cree decirle -“gracias Morito”. Le lame la palma de la mano para luego retirarse retrocediendo unos metros. Ragú se acerca también y le lame una mejilla, pero dio un salto y comenzó a correr desaforadamente hacia el casco. De pronto se detiene a observar el meteoro luminoso que se eleva del arroyo y da una vuelta sobre sí, indeciso; pero resignado, sigue su marcha ya sin prisa. Moro se hace noche y se disuelve en ella, jamás lo volvimos a encontrar.
    Don Javier se adormece mientras los colores toman sus formas y el vaho húmedo de aroma a lavanda le produce un escalofrío placentero que sube por su espalda y le extrae una sonrisa. Las formas danzan y se combinan como nunca, lo atrapan acariciándolo y enredándolo desde sus pies. La paz es total mientras se va convirtiendo en colores. Javier se duerme en su Sara para siempre.

  16. Joise Morillo dice:

    Hola Mora, Dante. Aunque su obra mas importante, fue la DIVINA COMEDIA, mas que inspiracion podria llamarse la racion doctrinaria originaria de su tendência política y filosófica, de corriente boeciana pero no por sus planteamientos teológicos propiamente dichos, sino por lãs paradojas que se presentan al mártir cuando no cede a lãs pretenciones de los impios y em funcion de hacer valer sus acepciones, antes que la vanidad y la opulência. No es que emuló a Boeccio, mas bien, aunque no sufrió del encarcelamiento y decapitacion del Filósofo, si padecio el exílio.

    Luego senil concede paso a la pasión, sentimiento digno y noble de quien como decis vos, no requiere impostura por causa de los años, ahora, relajado y da caracter pasivo (moderado) se somete a la reflexion y la castidad em funcion de redir tributo a quien lo amo sin saberlo (Beatriz), reciprocamente, prefirio sentir ese amor, propiamente dicho y no la Idea del sentimiento reflejado em el deseo material.

    La vida Nueva, pura y fresca, aun los años, para el sábio y el poeta, importa poço el almanaque, aunque si, la pureza del alma, Alighieri, no profanaría la virtud de quien amo con mística platônica, sin antes encontrar uma obra que magnificara su amada sin exponerse a lãs censuras del mundo prosaico.

    Si convenis conmigo, teneis ante vosotros un Roman Polansky, hemos de censurar lo ventral?, o es que la obra: El ultimo tango em Paris no es um caso patético de la debilidad humana y la pasion sin desvelo, o es que sedebe ser asceta para congeniar com la virtud de la belleza y el amor por medio de la ascencion a la gloria terrenal em espiritu absoluto. Nooo. Eso no es tangible.

    La miséria humana tiene sus denunciantes em el arte, outro caso es Cien años de soledad G. G. Márquez, y su meretris de once años a la que su proxeneta obligaba a servir a decenas de hombres. Ya lo dijo VANCHO em su magnífica ponecia respecto a Picasso y el acto miserable de la guerra (causas y consecuencias)

    El senado romano no era senado por comida despues de la vespertina, era por sus miembros todos mayores o cerca de los sesenta años.

    Perdonad la ortografia, el teclado es portugueseiro, estoy actualmete em Brasil. (el procesador se auto-corrige)

    Os ama

    Joise

  17. Jose Itriago dice:

    Excelente, como siempre, Osvaldo con su fuente del alma, con su ‘Sara’. Tenía tiempo que no nos recreaba con sus magníficas imágenes, siempre con olor a selva, a yerbas; con rumores de aguas límpidas. Admiro y paseo ese paisaje que nos pinta porque entre las ramas y los horizontes velados que reflejan su soledad surge una intimidad que la justifica.

    Quisiera uno poder desaparecer como Javier, inmerso en las ilusiones que fueron y serán. Tan solo ese fin justificaría buena parte de la película que vivimos.

    Mientras tanto, Moro remontó las alturas y se hundió en las hondonadas y a veces, cuando la melancolía trata de vencer el espíritu, surge brioso a cantarnos victorias que no entendemos, pero que suponemos tan cercanas que casi son nuestras.

  18. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Osvaldo, coincido con José y sus comentarios.
    Recordé la película Avatar, excelente armonía de colores acompañada de la mística sagrada por la naturaleza.
    Creo que nadie quisiera cusar estragos ni desconcertar a nadie a tiempo de morir. Para todos deberían ser momentos de ternuras acompañadas en las últimas horas por nuestros seres más queridos, quienes nos ayuden a preparar nuestro cuerpo para los ritos íntimos de la muerte, tal como cuando nacemos todos nos esperan con el ajuar y algunos obsequios de bienvenida, lo mismo debería suceder en la partida. Yo me imagino sentada frente al mar en un atardecer, respirando la brisa marina en brazos de mi bien amado Albert.
    Sigue deleitándonos como escribes. Te felicito Osvaldo.

  19. Joise Morillo dice:

    Osvaldo, muy hermosa vuestra literatura cándida y bucólica, idônea y escatológica, harto estética por la magia de su ficción, me recordó al film, “cuando el destino nos alcance”. Esta ultima, aun cuando el argumento nos presenta uma triste solucion social, representa uma piadosa magnitud; ante la esperanza última. Blanca, pulcra y tierna, concibe tal bondad, por la brillantes espiritual de lo cual es virtuosa, os felicito a todos.

    Os ama

    Joise

  20. Osvaldo Bonini dice:

    A manera de agradecimiento –Blanquita, José- quiero recordarles que el motor de las inspiraciones tiene su razón en el incentivo de este grupo –o grupete, como lo llama Jud-. En especial la magia de Morita. Sé que a todos ustedes les debe suceder por similar.
    El relato posee un sabor a resumen, pero en aquel lugar y en los colores del arco iris densísimo se encuentra también representado -a su manera- su Beatriz.
    Quien lo contó dijo además que por las noches sin luna de verano, esas cuando el aire es tan espeso y pesado que no deja mover brisa alguna y la oscuridad es tal que aterra, se suele percibir un hálito brevísimo. Todos comprenden que ha pasado Moro junto a ellos que parece pretender provocar los mejores recuerdos, dejando a su paso razones místicas en sus almas y en sus vidas, y razones para mantener dibujado en cada rostro la réplica de una sonrisa inolvidable, saber reconocer a quien nos acompaña, a quien nos ayuda y en quien viviremos de alguna manera por siempre.
    Se puede homologar el relato al fenómeno reconocido que se produce en la Gruta del Padre Pío, aquí en Salto, sobre lo cual alguien escribió: “Acercarse al lugar con Fe y Amor es la base principal de toda sanación espiritual. Una oración dicha desde el corazón abre las puertas más difíciles de abrir, cuando esto sucede y la luz entra a través de ellas nuestra oscuridad se desvanece y comenzamos a ser seres de luz. Nos transformamos en lámparas humanas que hacen posible la iluminación de nuestro entorno y por supuesto de todo el planeta. El bullicio y los gritos ensordecen nuestros oídos y no nos permiten oír la voz de nuestra alma. Las luces fuertes enceguecen nuestros ojos y distorsionan nuestra visión. Sólo en la oscuridad podremos ver la luz y en el silencio sentir la voz del alma…”.
    Les dejo un link para que conozcan parte del lugar. Verán mucha gente porque es en un día especial, pero –a pesar que es un lugar abierto- se comportan como dentro de una gran catedral porque así lo impone el ambiente de manera natural:
    http://www.youtube.com/watch?v=p-pCiJi791c
    Los quiero mucho.

  21. ALEJANDRO ALMAZAN dice:

    De poetas y locos todos tenemos un poco, Beatriz para Dante fue un concepto; qué más da, si fue una comedia divina o no. La vejez es otro concepto, tan individual como las oportunidades y conocimientos que hacen al individuo y que no es condición indispensable para hacer al hombre sensato. Sobre todo hoy día en que rayuela o la región más transparente se rezagan en el mundo contemporáneo, más allá de que el factor humano es la materia prima de la historia. Demos el respeto que se merece al anciano desde feto y dejemos de sudar el 99%, razonemos al 100 sin dejar de lado el sentimentalismo que es privilegio ante la obligación que implica la razón.

  22. Iván Salazar Urrutia dice:

    Este Alejandro Almazan (¡hola, soy Vancho!) nos pone de rodillas cuando uno se creía pasar por inocente. Y no se crea que es por esto de la vejez -que podría ser-, ni por defender la divinidad de nada; es por esto de la Razón.
    ¿Es que no nos abandonará nunca? ¿La arrastraremos como sandalia rota por todos los caminos?
    Confieso que me tiene cansado. Que cuando me tiene cansado me cansa más.
    Que el método. Que mejor no, la semiótica. Que el creo, pero quizás. Que la intuición. La ciencia ¿o la fe? Que el pensamiento práctico buscando maridarse con el pensamiento universal. Que no deja; majadero. Si hasta cuando la confrontas se confronta.
    Ahora le ha dado por identificarse. YO.
    Claro, quén sabe que pasará con los otros YO, tan emocionalmente existiendo al ladito no más…
    O qué pasará cuando YO pierda su espejo o no más se le quede un día perdido en casa y no sepa ya nunca volver al camino.
    Pero, en fin -razón es Razón-, de lo que se trata es de la inspiración. No de la pluma, sino del aire entre ellas; no del vuelo, sino de la distancia. Se trata que hablemos del verde relato del verde Osvaldo. ¿Qué cuesta?
    Tal vez Razón se hace la dormida.
    “Palo encebado”
    Volantín cortado buscando un hilo de Luna.
    Tengo la idea de un tropiezo de la Razón.
    De hocico, se me cae un diente mientras titilan azules los astros a lo lejos…
    VANCHO (¡Chao, Alejandro, no te pierdas!



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