Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El Panteón de los Poetas

A veces, como el mar trae tesoros a la playa (Ciudades y tesoros perdidos), el azar, la coincidencia o alguna cosa diferente nos devuelve objetos hace tiempo perdidos. La alegría que sentimos en esos momentos es, tal vez, desproporcionada con la ofrenda, sobrepasa cualquier agradecimiento cotidiano.

Es que algo o alguien nos ha devuelto un fragmento de lo que fuimos en el pasado, hay una muerte menos en nuestro corazón (Cómo tener un buen corazón).

Y esto, precisamente esto, me ocurrió cuando una vieja amiga (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad) me devolvió un todavía más viejo cuaderno: allí estaba el poema de mis 18 años, que con soberbia y candidez escribí; el largo poema que enumera a “todos” los poetas (Adolescencia: ¿Quo vadis?).

Es muy útil, en realidad, como una especie de guía “telefónica”, como catálogo, como mapa… (Mapa conceptual y mental).

Y también porque el recuerdo de las noches que pasé en vela escribiéndolo no se borra (El mundo de las letras).

El Panteón de los Poetas

Desnos, no era necesario tu poema de amor

con el que yo quería llorar sin conseguirlo

ni el infierno bordado de Rimbaud

ni la gloria en carros de fuego que trajo a Baudelaire

con el olor de la carne y el aire. (Bien vale un verso)

Y el interior de la rosa de Rilke es pura vanidad

así como la juventud de Dylan Thomas

o el grito de acero de Allen Guinsberg

o la selva en flor y el perfume del grito de Whitman

o las oscuras calles de Poe. (El cuento de terror)

No era necesario pagar la vida de Villon

ni templar el infierno de Quevedo, ya que con él se sonreía,

o bajar a las graves y dulces campanas de John Donne a veces las terribles

llamas del otoño, ni sentarse sobriamente junto a Eliot

o resistir la noche con Novalis o aventurarla en el amor

como San Juan de la Cruz, inútil empresa

como quemarse en un fuego de doradas brasas pintadas por Fra Angélico.

Inútil el recuerdo para Artaud, que habló de la muerte

como de una cabeza que siempre se inclinaba sobre él

o el fervor para Borges que todavía

no ha probado su gloria en la ceniza.

Era fuego fatuo la pureza de Verlaine,

eran cifra estéril el secreto de Mallarmé y Valery

y la reclusión de Emily, vestida de blanco, con rosas rojas en el cuello,

o la sombría mano de Lautréamont en la aurora

o la exactitud de Auden bajo música de Brahms

o el vestido violado de Matisse para Breton

o Renoir pintando el rostro de las amigas de Apollinaire

o el homenaje a Reverdy en los cofres de plata

o los mares de Perse con máscaras caídas y la amapola

sembrada en el agua que recogieron los chinos, o el duro placer

de contemplar a la amada en la Amada de Aragón.

Y el entristecido país de la infancia de Milosz

o las todavía entreabiertas colinas de Juan

en nada disminuyen la región del misterio, ni la abarcan.

Eran fantasía el heredado mapa de las líneas de Holderlin y su tempestad

y la puerta por donde corría el brumoso vuelo de los pájaros de Ungaretti

y la placidez de lo tocado y escrito por Ronsard y su amada de pronto envejecida bajo una cofia de Vermeer.

Y viento petrificado fue la ciudad de monedas y hermanas de caridad de Lowell

o la multitud y la unidad en las palabras quebradas de Vallejo

o los viejos días que atormentaron a Daumal

y Pavese, que sorprendido por la quietud

con que los días se apagaban

consideró su propia sangre con una sed de alivio,

o la luz con que la gloria y la desdicha corroían

el rebasado cerebro de Ezra Pound y su forma, implacable de luz,

y la sombra que navegaba por los espacios de Dante,

o Manrique, que hermosamente

guardó memorias y prolongó

cuatro veces la eternidad de su padre, o la gracia

con que sabían del amor Cummings y Garcilaso y Hernández y Pessoa.

No había que empezar el camino de Keats cuyos oídos

se cruzaban con la música en la tarde

y hacían de la música la muerte o el amor

y las imágenes sostenidas por piedras preciosas y paseadas por el corazón de Góngora

con la fruición de un oleaje que se lega.

No era necesario crecer hasta llegar a la inocencia

ni oscuramente inclinarse sobre una tierra de pesadas palabras

ni hilar en una región de blancura la piedad

ni soldar los nombres fundamentales de la vida

ni que esos dos únicos nombres fueran la sola mención

o el único nombre del misterio.

Por eso nada les concede el olvido. Como ramos

de serpientes, el recuerdo todavía los muerde.

Envío

Léanlo poquito a poco, si en verdad tienen ganas. Al copiarlo descubro mis adolescentes intenciones, mi iconoclastia y a la vez mi amor por esta gente -los poetas. Claro que si me hubiera hecho caso a mí misma jamás hubiera vuelto a escribir después de este manifiesto.

Y no sé, sería triste para mí.

Editorial

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Comentarios

13 respuestas a “El Panteón de los Poetas”
  1. Celestino Gaitan dice:

    Mi muy Amada Mora…
    Alguien dijo “Que estamos hechos de la misma materia que los sueños…)
    Es tiempo de sembrar en Nuestros Niños y en nuestros Jovenes
    Sueños de Amor, de Equidad y de Justicia.
    Otros han dicho como lo dijo y lo argumento Dora Noemi Cerani
    en la Entrada Anterior, puedo no estar de acuerdo contigo,
    pero defendere’ tu Libertad para expresarlo y defender tu posicion.
    Todo es cuestion de prioridades…
    Es Tiempo de hacer conciencia,
    Conciencia de Humanidad, de Hermandad, de Solidaridad.
    Tuvo Dios que poner el dedo, cargado
    con mas caracter de lo habitual sobre Haiti…
    Para llamar la atencion de los que dan mas importancia
    a lo superfluo y a lo banal, para que los “Medios”
    que entretienen y enajenan a nuestros jovenes,
    con informacion pueril y mercantil.
    Se pusieran a trabajar en lo que deberia
    de ser su tarea de Siempre…”Hacer conciencia”
    y ayudar a los mas desfavorecidos.
    “Tienen conciencia los que vuelan Todos los dias
    por cuestiones de “Placer o de Negocios”
    o los que “queman gasolina” nadamas porque si,
    lo que estan aportando a empeorar la hambruna
    de las masas a nivel mundial? ”

    Haiti, tiene rato de ser el pais mas pobre
    de nuestro Continente y donde era parte
    de su dieta las galletas de lodo preparadas
    sobre el piso.

    Espero que este llamado de atencion nos lleve
    a madurar como seres Humanos Responsables,
    Directa e indirectamente de los que esta pasando
    en el Resto del Mundo…

    Reciban como siempre
    un Fraternal Abrazo para T@dos.

  2. Joise Morillo dice:

    Si Mora, aun cuando no he tenido el beneficio de haber leído a muchos de los autores que conforman los versos de vuestra obra, tengo noticias de ellos, y se que es un verdadero areópago de beldades. Quiero compartir la admiración que se siente ser la persona con privilegio de acceder a la relación estética de vuestra índole. No teniendo la suficiente autoridad para analizar tan sublime poesía, sin embargo, me atrevo a considerar de ella un verdadero nacimiento de la lumbrera que acontecería en vos, y una muestra de inspiración en base al conocimiento de tales genios de la literatura, es por esa misma dadiva divina que ostentáis, que os admiro, como igualmente respeto vuestra acepción en función de construir arte.

    Os ama
    Joise

  3. walter de la fuente dice:

    Realmente esto es una ofrenda,no sabe la felicidad que me embargo al terminar de leer y releer este envio. me hizo recordar mis preferencias literarias.(la edad de oro de la literatura Española),en fin hasta senti el olor de las goma co el cual corregia mis notas.
    “Como quemarse en un fuego de doradas brazas pintadas por Fra Angelico”

    La felicito de corazón.
    Walter.

  4. Jose Itriago dice:

    Nací en San Agustín, entre las esquinas del Muerto e Isleño, en la casa 73-2 que mi padre había heredado. Era una casa bella y grande. Al frente se presentaba con un buen portón y tres ventanas. El portón era de madera bastante gruesa y pesado, como para resistir todos los años con sus dos hojas. El zaguán era hermoso, con sus azulejos donde predominaba el azul que terminaban a media altura con una moldura que ahora llaman media caña. Los mosaicos del zaguán eran color crema con círculos. No los recuerdo bien.

    Los mosaicos fueron en los años ‘40 verdaderas obras de arte. En la casa de mi abuelo, aunque nunca los vi, los mosaicos del piso del jardín interior eran de mariposas azules. Nosotros siempre hemos sentido especial predilección por estas mariposas. Incluso en mi estudio tengo una muy bella. Mi hermano el pintor nos hizo a cada hermano un cuadro a su estilo con una mariposa azul en collage (incluso a Rafael que ya había muerto cuando él, Francisco, tomó esa decisión y por lo tanto tuvimos que mandarle el cuadro a su hija, por allá en Londres)

    La puerta principal era con vidrios de colores. En esa época eran muy populares las puertas con dibujos en madera y vidrios. Las ventanas y la puerta del comedor también tenían estos hermosos dibujos que le daban mucha calidez a todo el ambiente.

    Después uno entraba en una especie de corredor amplio que daba, por una parte, con el salón formal, donde los niños no podíamos entrar y donde mi padre tenía su despacho, en lo que sería el frente de la casa, con un escritorio enorme de madera y un tintero de cristal de roca bellísimo. Hacia adentro, el corredor daba a un jardín, que para mi era una plaza; al lado derecho la galería de cuartos. Al fondo, detrás de la plaza, se veían la puerta y las ventanas del comedor.

    Más atrás de todo, pasando dependencias que no me importaban gran cosa, llegábamos al gran patio. Enorme.

    Es obvio que todas las dimensiones tienen la distorsión de tamaños del niño que era. Esa casa la abandonamos cuando tenía 9 años. De allí nos fuimos a Ocumare de la Costa, después Maracay y otra vez Caracas, primero a El Paraíso y después a San Bernardino, hasta que me casé y me fui a El Placer.

    Lo que uno recuerda mejor de las casas no son las fachadas, puertas, azulejos o mosaicos. Hay algo más, un poco intangible, que son los olores, los ruidos, las historias. Cuando entraba a mi plaza me invadía el olor a jazmín mezclado con el de otras flores, incluyendo las del gran magnolio. Hoy, cuando siento aromas similares, vuelvo al pequeño jardín que fue tan mío y recuerdo nuestra vieja casona. Además, en cada casa donde tuvimos por algún período largo, mis padres volvieron a sembrar las mismas plantas, como para prolongar aquel primer encuentro nuestro con la naturaleza.

    El patio estaba lleno de otros maravillosos aromas: los naranjales en flor, la parcha granadina que hacía sombra en un pequeño tinglado apenas a la entrada y donde, generalmente, nos concentrábamos para cualquier cosa que fuéramos a hacer. Ése, el de parcha, con sus flores amarillas, es un aroma en do mayor. Al final, el gallinero.

    Cada mata y el gallinero iban marcando territorios, de modo que hasta con los ojos cerrados sabías por donde andabas.

    Cuando se es niño, nunca se oyen los ruidos diurnos, sólo los nocturnos. Antes la iluminación era baja y las casas del centro de la ciudad se daban sombra una con otra, por lo que ya a las seis estaba peligrosamente oscuro, pero como aun todos estábamos levantados, haciendo las tareas o jugando, la “cosa” no se manifestaba. Después de cena (se cenaba tempranísimo), de oír algo de música en la Victrola y quizás algún cuento, la “cosa” empezaba a manifestarse con gruñidos en las vigas o en las puertas. Añádase que se usaban plafones de lona o de yeso que creaban un espacio vacío donde reinaban las ratas, no muchas, pero siempre había alguna que se deslizaba, que roía. Y junto con los ruidos, unos apoyándose en los otros, estaban las historias que nos contaba Priscila, negra de gordura imponente sólo superada por el cariño que nos tenía. Esas historias, al menor ruido, cobraban vida.

    También en ese breve lapso entre la cena y el “acostarse que mañana hay colegio”, escuchábamos los versos de mi viejo y a veces de muchos otros grandes que él guardaba en su prodigiosa memoria. Oíamos a Rubén Darío y acompañábamos “El cortejo de los paladines” siguiendo con los pies su ritmo trocaico; alguna vez también la versión de El Cuervo de Pérez Bonalde que tiene la misma música de Poe. Con frecuencia nos recitaba en francés (el vivió en Lausane y en París) de Verlaine, Baudelaire, Lamartine, Victor Hugo y muchos más que no recuerdo. Jugaba con nosotros a que reconociéramos al poeta. En español era más o menos fácil. Tampoco era excesivo el repertorio, siempre más o menos en la misma secuencia. En francés teníamos que estar muy atentos a la música del verso, que naturalmente mi padre enfatizaba y mantenía a través del tiempo.

    En más de una ocasión debíamos leer algún poema en una sola vocal. O sea, todas las vocales las teníamos que pronunciar como la vocal seleccionada. Por ejemplo de Rubén Darío, el Caupolicán, en ‘a’ sería:

    As alga farmadabla ca via la vaaja raza
    Rabasta tranca da árbal al hambra da an campaán

    ( Es algo formidable que vio la vieja raza /robusto tronco de árbol al hombro de un campeón)

    Eso nos enseñaba a pronunciar las consonantes y a oír el ritmo o la música del poema.

    Con ‘i’ era terrible.

    He tratado de retornar a las casas que viví. Sobre eso alguna vez les hablé. Sólo en Ocumare de la Costa y en Maracay, bajo los grandes árboles, encontré parte de los olores que me acompañaron en mi niñez. De vez en cuando, algún olor de la cocina o de alguna flor brinca al escenario y me parece oír la voz de mi padre recitando un algo que fue tan sólido como mi misma vida, un algo que está allí, quizás inentendible, pero reconfortante.

    El índice de poetas de Mora, que seguramente resumía los que había leído a sus bellos 18 años y más, la coda romántica de su precoz poema, tiene el encanto de permitirnos verla a través de sus palabras en el comienzo de su juventud. Es como conocerla en ese entonces, haber tenido un encuentro con ella, llena de ilusiones e igualmente de desilusiones.

  5. Gonzalo Quico dice:

    valio la pena detenerme a leer un poco con la paciencia del caso
    SALUDOS .

  6. Luis Guzman dice:

    excelente vision poetica

  7. jorge chacon dice:

    No digais que agotado su tesoro,
    de asuntos falta, enmudeciio la lira:
    podrá no haber poetas; pero siempre
    habrá poesía.

    G.A. Becquer

    Podrá ser una extensa lista,
    según quien la ve,
    Puede ser un camino tan largo;
    para el que no quiere caminar,
    pero habrá en el mundo
    miríadas de personas
    tachando o tachados ya
    nombres de estos hombres, que han
    acompañando amenamente
    trazos cortos o largos de ese camino.
    yo, para poder escribir, necesito
    a usanza de los ciegos: un lazarillo
    y son los libros, que me tientan, incitan
    me seducen,
    y logran al fin, que yo pueda derramar
    sobre el papel,
    “mis harapientos
    engendros del pensamiento.”

    Gracias a los poetas.
    gracias a la poesía,
    cristal diáfano
    el mundo podrá ver su belleza
    en el pensamiento del hombre,
    expresado de muchas formas.
    como de colores el arco iris.

    Gracia por esta lista, habrá un par que no he osado leer.

  8. Santiago Mera dice:

    Vaya que sabes del tema, felicitaciones, aunque solo por preguntar es manifestacion de tu experiencia y vagaje literario, pero y tu impresion propia sin necesidad de referencias donde queda, tu vales tanto como ellos, bueno es solo un comentario, con el respeto que se merece, claro humildemente y a riesgo de equivocarme, es solo que a veces veo solo remembranzas del pasado y el orgullo de cuando en cuando no me causa envidia alguna de tan grandes personajes, asi sepa de corazón que son realmente grandes y dignos y que de hecho me pueden superar en varios aspectos, es solo una impresión de igualdad y del valor del pensamiento de cada uno de nosotros, independientemente de su preparación y academia.

  9. Júdith Mora V dice:

    Ufff… este tema es todo un reto… y pensar que lo escribiste de adolescente, más reto aún…

    Menos mal que no te hiciste caso, porque sería triste para todos…

    Un beso

  10. María del Socorro Nievas dice:

    Hola Mora y demás amigos:
    Tanto tiempo sin venir por estos pagos. Pero no sin leerlos.
    Me gustó El Panteón. Me recuerda una pequeña novela “La Loca de la Casa” que tiene la increible virtud de llamarte a leer a los nombrados porque es como una visita guiada en la que te entusiasma lo que alguien cuenta de otro .
    De los alojados en el Panteón he leído quizás, a conciencia, un 35%. Sin darme cuenta quizás otro 15%. Tengo mucho trabajo por delante.
    Otro tema es una jóven que le habla a la poesía sin intermediarios. Éso es lo mejor de la juventud.
    un gran abrazo!!!

  11. Iván Salazar Urrutia dice:

    ¡Ah los escarceos de la inteligencia! Más si son los primeros de los primeros.
    Imagino a Mora sufriendo la vida tan mundana ante el vuelo cósmico de esa bella mezcla de imaginación, belleza, bondad… ¿Cómo pudimos sobrevivir al aterrizaje forzozo?
    Y digo José Itriago y se me pega entre pecho y espalda mi propia infancia. Diferente y ¡tan poco diferente! Cuando niño lloré con los tangos y rancheras; más luego lloré con Bruch y Paganini ¡Esos violines eran lágrimas que rasgaban el tiempo! Y los libros viejos de la vieja biblioteca municipal…. y la primera (y última vez) que el diario del pueblo publicó mis versos de amor … Les cuento que fui “contratado” para un espacio radial -tenía yo 17 años- para leer un poema cada noche; el programa se llamaba “Un Minuto de Amor” y era precedido por una cortina musical ¡de Paganini! Llegaban cartas al programa solicitando repetir algún poema y pidiendo lectura de poemas famosos. ¡Fui un éxito! sólo yo y el director-controlador-locutor lo supimos.
    Enamoré a mi prima enviándole encendidas cartas ¡de resumenes de los libros que leía!
    Aún hoy tratando de aprehender el mundo. Aún hoy que la ciencia, que la intuición, que la emoción, que el creer, que la poesía, el arte… Aún hoy la mescolanza de todas ellas para entender… Pero, claro, Mora nos lo recuerda: es una tarea que se desgarra desde nuestra adolescencia… y que se prolonga hasta el hoy de nuestra adolescencia mayor en que todavía pretendemos hablar a la poesía sin intermediarios.
    VANCHO
    VANCHO

  12. Néstor Aníbal Torres Álvarez dice:

    PENSAMIENTOS.-
    LISONJA
    No es bueno lisonjar a los que gobiernan porque se empachan, pero si es correcto orar por ellos para que gobiernen sabiamente, pero si lo haces como un deber no resulta, solo funciona si lo haces de corazón, ya que Él que gobierna desde el cielo, ha puesto sus decretos, estatutos y leyes para actúes correctamente.
    NÉSTOR ANÍBAL TORRES ÁLVAREZ.

    EL PESIMISTA
    Nunca, bajo ninguna circunstancia permitas que el pesimista invada tus sentidos, ya que si tienes en mente aprovechar el tiempo de mejor manera este debilitará las bases de tu progreso, aléjate de esa mala influencia, sólo recíbelo cuando haya cambiado su actitud.
    NÉSTOR ANÍBAL TORRES ÁLVAREZ.
    LOS HIJOS.
    Lo que es bueno es aconsejar a los hijos, lo malo es cuando interfieres en su vida sentimental, ya que buscara pretextos para no asumir ninguna responsabilidad, y eso ocurre cuando los padres no han aprendido a destetar a sus hijos.

    LOS PADRES.
    Los únicos amigos que tienes en la vida son tus padres, ya que cuando estas en desgracia, enfermo, preso, sin un céntimo, el amor filial que tienen ellos es incomparable, ya harán lo imposible porque te recuperes, ya que aquel que no escucha consejos no llegará a viejo.
    NÉSTOR ABÍBAL TORRES ÁLVAREZ.

  13. Aide Nieto dice:

    Pero que idea mas bella, tan cruda y desenfadada, maravillosamente conmovedora esa soltura de su bolígrafo impulsado por alma magistral y talentosa, a cada nombre que respetuosamente reconozco vienen a mi noches de insomnio y lecturas que recuerdo soñadora y nostálgica.
    La inmortalidad, su recompensa.



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