Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Diciembre, 2009

Guerras religiosas

Una lectora de este espacio afirma terminantemente: “Jesús es el que dice la Biblia” (¿Qué hacemos con tantas versiones de la Biblia?).

Sin ninguna gana de polemizar, pero con la esperanza puesta en que algún día la intolerancia tenga fin, me permito afirmar por mi parte: Jesús es el que dice la Biblia para esa lectora y para millones de personas más; y Jesús NO es quien dice la Biblia para millones de otras personas, también.

La palabra tolerancia no es muy de mi agrado -tolerar algo no es del todo respetar-, pero en el contexto de gente absolutamente convencida de un credo, una doctrina o una ideología, es tal vez la que puede funcionar.

Está bien, yo -por ejemplo- creo en Buda (El destino del hombre), o en los Vedas (T.M.P. Mahadevan - Invitación a la filosofía de la India), o en Alá (¿Qué es el Islam?), o en Jesús (Cartas de jóvenes a Jesús), o en el judaísmo (¿Qué es ser judío hoy acá?), firmemente, y por lo tanto mi fe me dice que los que no creen en lo que yo creo están equivocados. Entonces, para ellos más aún que para los que estoy segura que están en el camino verdadero, debe surgir todo mi amor y mi comprensión de sus “errores”.

No conozco una sola religión que no tenga como ley el amor y el respeto (5 grandes religiones del mundo). Desde niña me preguntaba, durante las torturantes clases de historia siempre mal encaradas por lo demás (Historia y anti historia), qué era aquello de “guerras religiosas”.

Dándole muchas vueltas de noria a mi pobre entendimiento, tuve una “visión”: las guerras religiosas no existieron jamás, ellas constituyen otra de las cuestiones que recoge falsamente la historia.

¿Guerras religiosas?

La palabra religión -no voy a profundizar mucho en la etimología- significa re-ligar, reunir, unir otra vez -y esto, del modo más sagrado, el cuerpo con el alma y el alma con un infinito misterio que a veces lleva el nombre de Dios.

Para lograr esta unión, el individuo debe purificarse de ambiciones, de odios, de codicia.

Y las llamadas guerras religiosas son la antítesis de tal purificación: tienen que ver con el poder, con el sometimiento de un pueblo a las costumbres y modos de pensar y vivir de otro pueblo. Nunca un humilde creyente las alentó, sino reyes y primeros ministros, o bien pueblos enteros en desgracia que junto con el botín recaudado pretendían imponer creencias que de este modo se habían corrompido; nadie cree por la fuerza de una derrota, ni ningún vencedor cree realmente en algún dios o idea más que en su propia gloria.

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Monografias

La Nochebuena de mi nostalgia

¿Algunos de ustedes conocen historias sobre el árbol de Navidad? (Qué fue la Estrella de Navidad). Yo sí, pero las he repetido tanto que ya me han aburrido (Fatiga y aburrimiento), y he escuchado hablar de otras tan espléndidas… (La princesa que creía en los cuentos de hadas…).

Cómo me perturban la Navidad (La Navidad en Venezuela), la Nochebuena, cómo me espían por todos los rincones y los ojos de buey que dan hacia mi infancia.

En esos paisajes móviles de mi memoria siempre estamos mis hermanos y yo en un lugar sin tiempo y -aunque lugar- casi sin espacio, donde la luz es sagrada porque viene de nuestra propia e inocente luz de niños, también con una sensación de algo sagrado en el pecho (Recuerdos). ¡Qué enormes eran esas navidades, la Nochebuena y el Niñito!

En mi primera infancia, hasta los diez años míos (Fragmento del diccionario de la evolución), éramos tres hermanos, casi de la misma edad los tres, que vestidos iguales -recuerdo unas remeras a rayas y unos pantalones blancos para los muchachos y una falda blanca para mí- salíamos a saludar a los vecinos, a la maestra, al cura (Cultura Medieval: Los Campesinos y el Miedo).

Y aunque teníamos, como todos los hermanos, la costumbre de discutir y hacernos bromas y “cargarnos” hasta terminar bastante heridos a menudo, en ese día caminábamos muy serios y unidos por la calle, en silencio, con la idea de algo poderoso, inexpresable, que nos envolvía en su aura.

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Editorial

Puntadas y poesía

Coso (Reflexiones sobre la moda); corto vestidos y hago una pollera, saco una falda nueva de pantalones viejos y, al fin, quizá, algunas veces, termino una bizarra colcha con retazos y con los tonos del atardecer (Discurso por el día internacional de la mujer).

Es mi manera de jugar con los colores y las formas, ya que… soy una “plástica” fracasada (Las Bellas Artes).

Amo los materiales, sus colores (Teoría del color), sus olores, tocarlos, mezclarlos, pero coso (Materiales modernos).

Frente a mi mesa de costura hay una reproducción del cuadro La bordadora, de Vermeer (Estudio comparativo entre Vermeer y Courbet). Ella está inclinada sobre su tela, pero la miro y estoy segura de que en el momento en que bajo la cabeza para dar una puntada, levanta la suya … y también me mira.

Ayer, estaba cosiendo cuando mi hija Magdalena vino a visitarme, muy bella, con su bella, incipiente pancita de bebe o beba (Alimentación antes, durante y después del embarazo) -la bordadora de Vermeer suele desaparecer en estos momentos en que estoy acompañada; no sé cómo hace, debe de tener un nido dentro de la pared.

Magdalena -Mane para mí y para ustedes- venía con algo así como un libro diminuto en la mano. Se trataba de la Pequeña antología de textos escritos por estudiantes del bachillerato de educación popular Rodolfo Walsh, para la materia lengua, de la que Mane está a cargo (Operación masacre, de Rodolfo Walsh).

Creo que vale la pena todo el cuadernillo, con autores que, en general, no se dedican en absoluto a la literatura -hay enfermeras, artesanos, amas de casa, cadetes, etc.- pero que la expresan y en ciertos momentos la exhalan -esta gente exhala poesía, digo, que es literatura.

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Editorial

Buscando la palabra

Un soneto me manda hacer Violante

Escuchen, o más bien lean, digo, este verso de Lope de Vega (De la iglesia a las plazas… El Teatro Medieval):

“Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.”

¡Osvaldo, José, Vancho, Judith, Joise…!, por Dios, no encuentro la palabra… las palabras

Ante todo debo decir que el título y también la idea general de esta nota que intento empezar a escribir (Historia de la máquina de escribir) pertenecen a Iván Salazar Urrutia, Vancho para la gente de este sitio.

No vaya a ser…

Debo aclarar además que conocí el poema de Vancho que me inspiró el título y la idea -general de esta nota, como dije (Status jurídico del robo de ideas)- gracias a Osvaldo Bonini, nuestro Osvaldo a secas -él no necesitaría jamás agregados- de este lugar internáutico, dueño del blog “La gente y su sombra“.

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Editorial

Materia oscura

Hay otros mundos pero están en éste

La materia oscura es simplemente aquello que no brilla en el cielo, pero que está (Consideraciones sobre el origen y la composición de la gravedad y la materia oscura).

Los científicos no saben qué es, pero saben que está, que es extensa, que todavía no se puede tocar, pesar y ni siquiera entender qué es, excepto que une a las galaxias, a todos los cuerpos celestes (Por una nueva teoría sobre el universo).

En un plano un poco menos científico y tal vez filosófico -no me atrevo plenamente a usar ese gran adjetivo (Qué es la filosofía)-, la materia oscura, además, está en nosotros: algo invisible, que no puede tocarse, que está allí entre uno y otro de nosotros, nos une.

Sin siquiera ser conscientes de ello, el pensamiento de ”desconocidos” afecta nuestro pensamiento.

Nos desplazamos hacia la materia invisible que tenga mayor energía, y esa materia alguna vez tuvo un nombre en la tierra, un nombre como Shakespeare o Cervantes (Shakespeare y Cervantes: vida y obra y comparaciones) o Heráclito (Heráclito de Éfeso: ¿Melancolía o esquizofrenia?) o Platón (Platon).

Acaso nadie sepa que hay alguien que está solo con sus palabras de poeta, sus colores de pintor o sus escritos en el pentagrama, con las trampas de la oscuridad que abren el papel o el lienzo hacia abismos en el inicio de cada obra, y que cada obra es sólo uno de los gestos del alma.

¿Y qué es el alma, cómo puede comparársela con la física del universo, sino con la metáfora de la materia oscura y sus partículas inapresables? (Alma y Ciencia).

Fragmentos de materia oscura a investigar

La vida cotidiana de los egipcios -no la de sus reyes, de eso ya sabemos un poco.

La santidad (Los valores).

Los motivos de gente como Jack el Destripador (Asesinos en serie).

La aparición y desaparición de gente como Fulcanelli (Literatura y Alquimia).

El comienzo del lenguaje de los hombres.

El comienzo de la escritura, las matemáticas y la música.

Si alguno de ustedes puede responder algún punto de estos fragmentos de materia oscura, todos lo agradeceremos.

Ahora pasaré a hablar de otra cosa -relacionada, claro-, porque en la oscuridad yo no veo nada.

La intuición

Después de una clase de yoga, en el momento de la relajación, he tenido alguna vez una intuición (La intuición animal y sus aplicaciones en la adaptación humana), y en ninguna otra parte.

Sé por qué: el olvido de la pesada sustancia de mi cuerpo y de la mucho más pesada sustancia de mi ego hace que las luces se enciendan. Seguramente algo está escrito para el futuro en algún lado y los densos velos que nos cubren nos impiden leerlos.

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