Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Mujeres condenadas

Entre mis viejos escritos (Fighting for the Freedom) encontré una novela que no recordaba mucho (La novela).

Se llama “Mujeres condenadas” (Mujeres asesinas: ¿criminales o heroínas?), título que cambiaría por otro menos monumental, pero respecto a éste hay varias observaciones dentro del manuscrito: “Citar a Baudelaire”, por ejemplo (Bien vale un verso).

Otra reflexión que encuentro: “Es probable que el libro se llame Mujeres condenadas ¡en latín!. En cálculos, se supone que mi abuela nació en 1890 (Fotografía post mortem en el Perú siglo XIX); que la parió a mi madre en 1930 (Totalitarismo 1930 y totalitarismo siglo XXI), y que yo vine al mundo en 1970. Ahora tendría 25 años y estaría en la cárcel desde hace cinco por un crimen que cometí a los 20 (La asesina ilustrada; el libro de la muerte). Aunque todo esto es, quizá, demasiado redondo”.

Transcribiré algunos capítulos salteados y reducidos, porque me parece que a mis amigos y colaboradores puede llegar a interesarles (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad).

Capítulo I

Si maldita, que me maldigan las cosas más sólidas. Que me maldigan no los pequeños momentos en que al mirar la estrella (que yo llamo Clara) apresé el inmóvil perfil de la belleza muerta, sino las muchas horas en que se desprende de mí una esencia mortal. Que mis ojos sean capaces de cubrir la reliquia de un hombre que se pudre y de observar la fosa abierta de su corazón, y la aberración de ser todos los hombres sea yo misma, llamándome Hitler y Teresa y Calígula y Agustín y Francisco, y ésos que no fueron ni esto ni lo otro, apenas los peluqueros, los diáconos y los sirvientes de ellos; apenas los que viven a ciegas porque nacidos como ciertos roedores en un lugar estrecho y oscuro, no necesitan de la vista para encontrar alimentos y perdurar su tiempo de sepulcros.

Estoy presa, y me parece que he nombrado mi vida al hablar de esos ciertos roedores. La condena que me impusieron es semejante, mirada panoránicamente, a mis días anteriores a ella. Si no recuerdo mi nacimiento, sí en cambio mi infancia fue como ese tubo negro que se sospecha que observamos al nacer; el patio gris y las paredes leprosas que me albergaron eran el envejecido útero de mi madre; también el de mi abuela, que parió a mi madre a los cuarenta años inaugurando una tradición de progenitoras añosas en la familia, cuando a su vez sus antepasados ya habían legado a la ciudad varias generaciones de bellas prostitutas.

La más bella de todas fue mi abuela, Corina, y por eso fue menos prostituta que dama de compañía de varones de altísimo rango, que hembra amancebada de un político de renombre, que enjoyada muñeca de palcos de ópera alquilados. El dinero que su hermosura consiguió se lo comieron estos vicios inocentes que le dejaron los mismos que la sacaron del horror. Vestidos caros y perfumes, carruajes ricos, espectáculos y viajes por el mundo -después, cuando yo era adolescente y ella una anciana legendaria, como en un golpe de dados, el dinero volvió.  (…) Puedo decir que mi abuela me dio también un sentido de la vida; un modo sutil de mirarla como a un reloj de arena cuya arena se acaba en poco rato, que es delicioso ver caer con blandura, deformando el montón de horas que fueron.

Mi madre, Iris, fue entre mi abuela y yo un puente devastado por el que crucé para alcanzar a Corina.

La primera vez que descubrí a mi madre ella estaba sentada en un sillón, un poco a oscuras, tejiendo con la luz que entraba escasamente por ser casi de noche. La cara parecía roja, el pelo era gris, las manos, las de una viejecita de cuento; la ropa, igual, como la de una viejecita protagonista de un cuento de pobres; pero estaba calzada con un par de zapatos de salir, y daban una impresión grotesca esos tacos aguja, relustrados, en el conjunto de miseria. Yo sabía sin entender del todo que estas incongruencias correspondían a una eterna contienda con mi abuela, que Iris alternaba su resignado estar con fragmentos de lucha. Le pregunté por los zapatos y ella dejó la masa de tejido rosado y corrió al dormitorio; se encerró a llorar. La curiosidad por esta pequeña historia me persiguió durante largo tiempo. La actitud de mi madre me hizo pensar en algo más que en una simple competencia con Corina, y adjudiqué a ese par de charoles un valor de misterio que tal vez no tenía,  pero que curiosamente influyó mucho más tarde en los sucesos que me trajeron hasta aquí. Yo buscaba manchas de sangre en los zapatos; si no, el modo de que me revelara el amante escondido por detrás, o a la persona que refugiáramos en casa, de la que mi madre hubiera tomado el par. Si eran un robo, un asesinato, o memoria de alguien.

Salí a jugar al patio. Ya era de noche y yo suponía que una de esas estrellas del cielo me pertenecía; la tenía identificada y la llamaba Clara; Clara tenía una voz dentro de mí. Yo preguntaba y eran otras palabras, no las de una niña, las que respondían en mi interior cuando le preguntaba a Clara; el tono era insidioso, maligno. Me contestaba con ecos de la voz de una antigua amiga de mi abuela que yo no conocí pero cuya historia me contaron. Tan bien descripta por mi abuela Corina, yo identificaba la voz de Anabela, esa amiga suya, sin haberla escuchado jamás, y nacía en mí misma bajo el influjo de mi estrella.

Capítulo II

Anabela -y esto ocurría en los últimos años del siglo XIX- empezó correteando con Corina por las calles más negras de Buenos Aires. El barrio se llamaba Las Quintas, y había burdeles, claveles en un rectangulito de jardín, patios clandestinos donde comenzaba a insinuarse la locura del tango. La casa donde vivía Anabela era la misma que la de Corina, un prostíbulo en el cual ambas nacieron sencillamente porque tenían un serio destino de nacer, inclusive entre abortos de sietemesinos de las mujeres del lugar y muertes de las mismas provocadas por precariedad y mugre. Aunque Anabela y Corina no se llamaron así desde el principio, ya a los doce años les otorgaron esos nombres los primeros, generalmente decrépitos, amantes.

La madre de Anabela murió un día de la segunda infancia de ésta y de mi abuela, y la velaron en la sala de espera del burdel. A Corina le impresionó que, en el ataúd, la muerta pareciera más joven y desamparada que su propia hija; un pajarito congelado, una mujer con destino de pájaro debajo del sombrero de plumas rojas con que habían decidido completar la mortaja, roja también, de su vestido de fiesta.

Anabela lloraba desconsoladamente, más que por su madre, por su propia suerte futura. Corina trataba de calmarla con un código de abrazos secretos y de besos que habían inventado las dos, pero sin conseguirlo. Se acercó la Encargada, Madame Beatriz, y acarició  el enrulado pelo de Anabela penetrando con las manos en un territorio de sensualidad inexplorada. La revisó de arriba a abajo; pesó sus pechos incipientes, siguió con los dedos la curva del vientre demasiado joven, tanteó los muslos y finalmente dictaminó que podía ocupar el sitio de su madre en la casa; habría comida, alojamiento y algún dinero extra. Anabela no se horrorizó, siguió llorando, aunque decidió al mismo tiempo comenzar su trabajo lo antes posible. A Corina la conmovió la desgracia de su amiga y sintió que no debía dejarla sola; la única solidaridad posible consistía en compartir el oficio. Lo consultó con Madame Beatriz, quien inmediatamente asintió; a ella no necesitaba revisarla, su encanto era visible.

Esa misma noche, mientras el velorio seguía entre copitas de licor de naranja y de menta y tazas de café, Anabela y Corina, mi abuela, sufrieron la embestida del primer hombre gordo, viejo y voluptuoso que las tuvo a las dos, una detrás de otra, y las dejó abrazadas entre sí, temblorosas, diciéndose palabras de ternura después de la brutalidad del macho, reconociendo que el amor entre mujeres era tal vez lo único que podía componerles el alma.

Aún en sus doce años, la voz de Anabela era grave, madura -como la de Clara, mi estrella de los cielos-, con la suave ronquera de penumbra que las niñas quieren a menudo imitar de algunas mujeres mayores. Esa voz le proponía a Corina, entre las sábanas, delicias que las llevaban lejos de la sala de velatorio improvisada, de la muerte y la vida, de las gotas de sangre que certificaban sus recientes bautismos. Se acariciaron hasta que el dolor por la reciente penetración del viejo cliente dio paso al deseo más inesperado, hasta que finalmente encontraron la forma -la forma eterna- del sexo entre amigas.

Corina se asombró de “sentir”, pero Anabela sintió, más que nada, la emoción de tener a una mujer. Ya los papeles habían sido otorgados por el extraño dios a cuyo cargo están las extravagantes ramificaciones del placer. Mi abuela “sentía” todo lo relacionado con éste, en cualquier circunstancia, reservándose sólo una estimación estética del otro o de la otra, que tanto podía consistir en él mismo como en sus modales o en el clima que se creaba entre los dos; prefería, de todos modos, a los hombres, pero jamás le disgustó una bonita muchacha en la cama. Anabela había despertado al amor -a la pasión- en brazos de Corina, y la mujer fue su elección para toda la vida; lo demás sólo fueron cuestiones comerciales.

Capítulo III

A pesar de su profesión antigua, que le había servido para aprender las artes de la simulación, para encubrir y falsificar situaciones, Corina le dijo siempre la verdad a su nieta, es decir a mí, inclusive desde que yo era muy pequeña. Mi abuela era inteligente y por eso mismo me confería inteligencia, don que sólo pueden otorgar los que lo tienen en grande; los apenas lúcidos califican de estúpida e ignorante a media humanidad, los genios encuentran el reflejo de su propio genio inscripto hasta en su sombra, y son genios todos aquellos que, como mi abuela, han conseguido trascender su propia vida no con la fama o el recuerdo, sino con haber sido únicos en cada instante por delicadeza y originalidad. (…)

Capítulo VI

El grupo que se reunió en el pobre cementerio, casi un camposanto, era patético pero bizarro, original. Las compañeras de la madre de Anabela habían improvisado un coro de lloronas, pero tomaban cada treinta segundos un recreo que les permitía regocijarse de su propia suerte. La muerte de otro parece dar más chance a los que quedan; las chicas del prostíbulo, secretamente cada una, respiraban la dicha de no haber sido las elegidas para la ocasión, y de un modo oscuro se proponían algún pequeño cambio para mañana. La muerte les recordaba sus pecados, pero ellas tenían todo el futuro para reconstruirse. Los proyectos de Corina y Anabela eran exactamente opuestos; ese día habían entrado en dos planetas asimétricos, pero igualmente peligrosos; y la más eufórica de las dos jóvenes era la que se había quedado huérfana.

Anabela gritó junto con las demás cuando echaron la primera palada de tierra sobre el ataúd; Corina no, pero observó con deleite la dramatización de su amiga. En alguna revista de las que navegaban ajadas y sin tapas por la casa había leído que el terciopelo negro no era luto; menos aún, pensó, con lentejuelas cosidas en forma de dragones y serpientes. Pero Anabela estaba espléndida en su papel, y hasta parecía más una viuda muy joven que hubiera asesinado a su marido y actuara de sufriente y desesperada. Pocas veces, pensó Corina, tendría ella la oportunidad de ser tan importante y tan compadecida como Anabela esa mañana. Y desde esa mañana su admiración actuó como el amor, y se propuso enamorarse además, cambiando lo que hubiera que cambiar en Anabela para su propio goce.

Parada frente a la fosa abierta, Anabela era alta, magra, un poco impresionante; la cabeza pequeña equilibrada por una enorme masa de cabello enrulado; la cara diminuta, con rastros de vampiro, pero los ojos de seda o raso muy oscuros, grises y negros, extrañísimos. Sus rasgos angulosos no estaban de moda en esa época, aunque podían ser apreciados por alguien como mi abuela, que intuía más allá de patrones pasajeros otra estética de las cosas y de la gente. Si ese delgado cuerpo se encontrara cubierto con telas sencillas pero caras; si esos cabellos fueran domesticados en un peinado alto; si el rostro apenas maquillado; si los gestos estudiados sabiamente, Anabela sería digna de una o muchas pasiones. La de Corina, en primer lugar; la de los hombres también, para mejor florecimiento del negocio que recién, de modo clandestino hasta para la profesión elegida, habían iniciado las dos. (…)

Capítulo VII

Para el entierro de la madre de Anabela se tomó en préstamo, por orden de la Encargada, Madame Beatriz, casi todo el dinero de la casa; las mujeres fueron poniéndolo en un antiguo sombrero hongo que alguien había olvidado y que a veces servía de complemento de un disfraz. Beatriz era bastante vieja y todo lo elegante que puede ser un mujer en ese entorno y bajo la influencia de los gustos baratos de sus pupilas. Como ella era consciente de este influjo, trataba de ser sobria, y a veces su sobriedad era distinción, y otras falta de afeites y cuidados, al punto de que las empleadas comentaban su rareza atribuyéndole matices lésbicos. Los tenía, pero no estaban en relación con el atuendo. De joven, de alhajada, de preciosa, había elegido la profesión de prostituta porque, como los hombres le producían náuseas, no le comprometían el corazón. Con mentalidad masculina había logrado una pequeña fortuna; las mujeres, para ella, significaban lo que las hembras para el macho: había que sacarles el mejor partido posible, aun cuando esto significara cerrarse a sus amores.

La madre de Corina, Bibi -es decir mi bisabuela-, era entre todas las mujeres de la casa su única amiga personal. Le gustaba secretamente, y oficialmente la distinguía porque la consideraba más astuta y más ruin que las demás. La ponía de ejemplo entre las otras chicas; era la requerida por viejos y por jóvenes, trabajaba muy bien, con vocación, ofrecía a precio de oro exquisiteces amatorias  que sólo ella había inventado; cuidaba perfectamente su salud, se conservaba juvenil, apenas si después del parto de Corina había ganado dos kilos que le sentaban extraordinariamente. Beatriz le retenía a Bibi un porcentaje menor del que les retenía a las otras; entre las dos habían establecido una especie de sociedad aparte, y eran socias comerciales también en la distribución de morfina en pequeña escala, ya que Bibi era además la preferida de uno de los clientes de la casa, Belisario, un médico nada ortodoxo que en esos tiempos ya curaba con métodos orientales, psicología refinada y morfina todos los malestares de este mundo (…)

Capítulo IX

La voz de Clara dice que el aire es de presagios después de los entierros, se congela; a cada instante alguien va a decir una cosa y se calla por no decir algo que roce alguna herida; como si el muerto estuviera presente censurando, reclamando su lugar. En general, esto lo siente la gente demasiado sencilla, pero cuando todas llegaron del entierro, en compañía del único hombre que estuvo allí, el doctor Belisario, si bien las chicas participaron del aire congelado, se repartieron en secreto los chismes y las lágrimas; Madame Beatriz y Bibi, mi bisabuela, demostraron su independencia respecto a todo sentimiento y a toda tradición, aun la de la muerte.

Se sentaron ante la mesa de la sala recientemente enlutada. Parecía apagarse la decoración fin de siglo con las voces veladas, si bien ya la habían apagado previamente el deterioro de los objetos y la lobreguez del ambiente. Beatriz y el doctor Belisario ocupaban las cabeceras; Bibi estaba sentada al lado de Beatriz; la mano de Corina se enredaba en el pelo de Anabela; comían un banquete fúnebre que estaba delicioso.

El doctor Belisario comenzó a decir que dicen que la muerte pero Bibi parecía tener guardado en una caja fuerte un misterio importante y querer descubrirlo en ese momento preciso. Comenzó preguntando por la noche de ayer:

“Supe, Beatriz, que les indicaste el camino a Anabela y Corina”, dijo, y siguió: “No por nada las caras de estos angelitos se ven tan marchitas.”

Beatriz se acomodó en la silla, mientras ajustaba su chalina y se arreglaba con las manos el rodete buscando las palabras como si éstas estuvieran en algún lugar de su vestido.

“Creo que ya están suficientemente buenas y en edad; ya tienen 12 años y aun parecen mayores”, afirmó.

Bibi no tomó tiempo para pensar, pero su estrategia fue dirigirse al comensal más prestigioso:

“¿Cree, doctor Belisario, que a la edad de las chicas puede abrirse un negocio como éste? ¿No le parece que a Beatriz se le haya ido la mano, o al menos que tenía que consultármelo?”

Algunos planes de la novela (apuntes)

Escribo desde la cárcel. Cuento lo que ya conté rápidamente: mi madre como puente hacia mi abuela. La vida entera de mi abuela Corina. Detalle: después del entierro de la madre de Anabela, Bibi, madre de Corina, provoca un escándalo en el prostíbulo porque Beatriz, la Encargada, asintió en que Corina se prostituyera la noche del velatorio, junto con Anabela; en realidad es porque ella quiere explotar a Corina sin compartirla. En el escándalo interviene el médico que cura con morfina y técnicas espirituales. La violencia de la pelea entre Beatriz y Bibi termina con ellas dos también en la cama, ya no con la inocencia de Corina y Anabela pero en el mismo sentido, aunque de una manera inmensamente sórdida.

En otro momento futuro Corina conoce a alguien muy importante y de ahí en más se lanza al gran y fastuoso mundo. Después de mucho Corina pierde toda la pequeña fortuna que logró, envejece y se deprime por una tiempo, y a los 40 años se encierra a parir a Iris, la madre de la narradora. A Iris hay que elaborarla, pero evidentemente no debe ser tan bonita ni inteligente como su madre; hay que adjudicarle alguna seducción proveniente de sus rasgos tiernos o infantiles, tanto físicos como psicológicos, y menos inteligencia pero sí mayores estudios; ella sí completa el secundario y lee muchísimo, aunque sin ningún sentido crítico. Lega a su hija -digamos a mí, la narradora, la encarcelada- la pasión de la lectura, quien desde la niñez a la juventud primera lee como una rata y escribe, y además es refinada y educada en realidad por su viejísima abuela Corina,  a quien ella -yo- termina asesinando por piedad. Como por piedad quiere asesinarla pero es justamente la piedad la que se lo impide, cuando Corina se convierte en un vegetal de unos 100 años la protagonista se da ánimos haciendo una curiosa recapitulación de los motivos que la llevarían a matar a su abuela ya no por piedad sino por odio. Aquí aparece el episodio de los zapatos de Iris y del sufrimiento que supone que Corina causó a Iris. La mata entonces, y una vez en la cárcel observa la vida de roedores de las otras presas y su propia vida anterior de rata. Recuerda el lugar común “rata de biblioteca” y el nacimiento de ratas en un rincón del patio de la infancia, de noche, bajo la estrella Clara; el nacimiento de ratas a las cuales ella, la niña, al principio, identifica con hadas.

Envío

Si les gustó, aliéntenme a seguir, por favor, o denme comentarios sobre qué modificar en mis ideas. Si a pesar de que les gustó no tienen ganas de escribirme, no lo hagan; yo desde acá recibo efluvios buenos. Si no les gustó es importante que me escriban, pero sé que en este último caso, es cuando menos ganas dan de tomar un lápiz -bueno, ustedes saben, de empujar una tecla…

De cualquier modo, todo mi afecto, todos mis besos, y mil promesas de mejorar.

Editorial

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Comentarios

16 respuestas a “Mujeres condenadas”
  1. Eduardo Cerna Reyes dice:

    Estimada Nora

    Hace tiempo, que leo tus escritos. Me motivó, es especial, este, “de las mujeres condenadas” , a crear la cuenta para poder comentar. ¿Por qué? Al ir leyendo el escrito, fluye una energía de vida, esa vida instintiva, reproductiva, mezclada con el placer, esa que como humanos, nos tiene atrapados en los estadios inferiores del desarrollo, pues, todavía son pocos y pocas los(las) que han llegado a esa sublime capacidad de “hacer sexo sólo para reproducirse”.

    Qué paradoja, muchas especies de animales si los tienen, solamente se aparean para la reproducción y el resto de tiempo viven “felices”. Pero en los humanos es al contrario. Un varón, a lo mucho puede soportar, hasta que sus depósitos del semen estén completamente llenos. Luego de allí no hay fuerza que lo impida para expulsarlo de muchas formas. No lo mueve el instinto para reproducirse, sino el placer que siente al expulsar el semen.

    Las mujeres, yo no diría condenadas, sino salvadoras, las prostitutas, parece que han hecho una actividad lucrativa de ese anormal comportamiento del varón, que a lo largo de la historia, ha transformado su cerebro, también a ellas. Por eso, muchas o casi todas en alguna etapa de su vida, también, ostentan el comportamiento anormal de aparearse, y muchas ya no les importa con quién, macho o hembra, con tal de sentir el placer “de expulsar o recibir el semen”.

    Has descrito, esa anormalidad del varón y de la mujer. Aún, frente al más duro trance, como es la separación de la vida, la muerte, este anormal comportamiento, lo lleva a dar rienda suelta a su instinto de macho y a su instinto de hembra. Bella descripción de esta anormalidad. Los educadores, los psicólogos y los siquiatras, tienen una fuente de investigación, para algún día encontrar una cura “para este anormal comportamiento del varón y la mujer”.

    Allí tienes algunas ideas, que me atrevo a dar y pueden servir para enriquecer tus guiones. Siento que tu novela, alcanzará la cima de ser una de las más leídas.

    Muchos éxitos.

  2. anibal bc dice:

    Bueno, lei un poco tu obra…..se nota a kms que eres argentina…..”mi abuela era inteligente….don que solo pueden otorgar los que lo tienen en grande” Esta muy general….especifica.Hay manifestaciones de inteligencia,en lo individual no sirve….Unas tribus muy primitivas de Australia,han desarrollado una memoria que los estudiantes de ningun lugar podrian igualar.Eso no significa que son mas inteligentes….Durante miles de años sus ancestros recorrieron largos trayectos, por lo tanto,ante la necesidad memorizaron los recorridos…la actividad continuada o habito, se transmitio a sus descendientes-gran capacidad de memoria-escribiendose en sus genes….Memorizan cualquier cosa…Por otro lado,estudios antropologicos,han encontrado evidencia de inteligencia colectiva en los hebreos….Esa es la razon de su exito …se encontro que cuando emigran a otro lugar lo primero que hacen es buscar a otros hebreos,luego forman asociaciones,se visitan, se ayudan….Prosperan rapidamente ,y lo mas importante se adaptan al lugar….sin dejar de ser judios.Ningun colectivo humano se le parece…hacen lo contrario…Y en cuanto a eso de que.”los genios encuentran el reflejo de su propio genio”Esto es narcisismo….
    Trata de leer sobre teoria de inteligencias multiples….inteligencia emocional….en muchas mujeres se desarrolla mas que en los hombres.Investiga en los clasicos, a Hypatia,como un ejemplo de mujer o a Marie Curie,que trabajo con su esposo en ciencia, mas actual…..Si quieres conocer algo mas interesante,averigua sobre el estoicismo,y los hombres que lo practicaron….Y si te es posible,lee temas esotericos,lo poco que esta disponible….hermes trismegisto…….Habia alguien que pasaba largas oras sentado sobre una piedra….Transmutacion….”apenas lucidos califican de estupidos e ignorantes a media humanidad”De poetas,estupidos y locos,todos tenemos un poco…..
    -y POR FAVOR, TEN PRESENTE ESTO…DETRAS DE UN GRAN HOMBRE, HAY UNA EXCEPCIONAL MUJER-MADRE….AL LADO DE UN EXCEPCIONAL HOMBRE, HAY UNA SABIA MUJER.-ESPOSA…..

  3. Joise Morillo dice:

    Mi querida mora, me encanta vuestro relato, creo que lo más importante que traduce es la capacidad narrativa que os pertenece y, que forma parte de vuestro sesgo estético, por mi parte siempre he sido participe de reflejar y señalar en diferentes formas los acaeceros de la vida urbana, mas aun de ciertas acepciones que las mas de las gentes a lo mejor señalarían como tolerantes y, ese tema, me parece muy urbano antes que pintoresco y dramático.

    Respecto a lo del sexo y la reproducción sería ingenuo, pensar, en estos tiempos en dedicarse solo a este primero, solo con el fin reproducirse, tomando en consideración lo sublime del acto sexual, que incluso entre los dogmaticos, lo determinan como la trampa de Dios para mantener especie superior siempre en el dominio de la tierra, a mi me parece, el pragmatismo de la obra que estáis posteando, emblemática en el sentido de la miseria humana y que ha dado como producto la prostitución del ser humano, no creo que ningún ser sea más inteligente que otro solo por el hecho de sacarle provecho a una actividad. Y ahí es donde estoy de acuerdo con la opinión de aníbal pc, ya lo he participado en otras entregas y opiniones, la diferencia estriba en que unos tienen voluntad y destreza para hacer unas cosas y otros para otras, de esta característica del individuo humano es que estoy seguro el bloger antes nombrado os está invitando a leer esas literaturas de corte sico-filosofico, ejemplo: la teoría de las inteligencias múltiples.

    Lo cierto es que la obra refleja una característica de corte complejo donde la indolencia, la perversidad, se manifiesta en la poca cantidad de escrúpulos, no tanto por inmoral respecto al amor al prójimo, sino de carácter ético e insensato, basado en la ignorancia y la poca capacidad de fomentar el orden y la armonía en la sociedad, si bien es cierto, la prostitución se supone como el oficio más antiguo del mundo. No obstante, Jesús Cristo, lo absolvió, pero, no como un gesto de justicia, sino de moral, precisamente por conocedor de las precariedades volitivas de algunos individuos que creen más fácil putear que dedicarse a cualquier otra labor tanto física como intelectual, een otras palabras le dan sin saber apología a la ignorancia.

    Si querida Mora esta muy buena vuestra obra, continuadla.

    ¡Ah! Los demás, recordad, “la inteligencia”: es la capacidad peculiar que tiene la especie humana para transformar los estados naturales, síquicos y físicos, con la mente y la mano, en función de obtener beneficio (sobrevivir) principal y peculiarmente, luego, con el avance de sus interrelaciones y su propia evolución, colectivo.

    Las otras especies, son del orden de la especialización.

    os ama

    Joise

  4. vestalia mundarain dice:

    Que tal, encuentro muy atractiva la lectura de estos capitulos es refrescante y atrapa la atención del lector, aun asi creco que debes realimentar los capitulos con mas datos que permitan imaginar cada momento en la mente y vivir la experiencia de la lectura en nuestro vivencias diarias.

    El compromiso que tienes es doble con el lector ansioso y el lector critico.

    Suerte

  5. Néstor Aníbal Torres Álvarez dice:

    Guayaquil, 29 de octubre del 2009.-

    No hay en el mundo una mujer asesina, sino una que se revelo contra su torturador.

    En mundo antiguo y actual la mujer ha sido considerada como un objeto o mueble sin valorizarla como tal.

    Ellas teniendo el sartén por la manga algunas veces se dejan demasiado influenciar en los estereotipos del mundo moderno.

    ¿Que pasaría si ellas inculcarán durante los primeros cinco años a los niños varones el amor y respeto a las niñas?.

    Pero no es así, al niño desde pequeño le enseñan a ser machista y dicen en son de broma hay 7 niñas para cada niño.

    Se dejaron vender la idea, ya que la guerra que es un gran negocio para la industria de la guerra los que van a morir son varones y las atrocidades que se ven repercute en la familia que después se forma un hogar.

    Las mujeres tienen el control, pero lo dejan escapar ya que si ellas protestaran de tanta basura televisiva y ahora Internet, las mentes de los niños y niñas no se viciaría.

    Ratifico no hay mujer asesina, sino mujer atrapada por los sistemas implementados desde el inicio.

    El exceso de explotación han hecho que las mujeres adquieran una serie de enfermedades tanto del cuerpo como de la mente..

    Un ejemplo clarísimo es cuando se vende un vehículo y presentan a una dama en paños menores, venden el auto o a la mujer.

    Y eso ocurre en toda clase de publicidad, ya no queda para la imaginación ya que se han desatado a nivel mundial la prensa sexual.

    Por eso recomiendo a la mujer, que no deje asesinar sus ideas, tiene el poder par inculcar amor, no hay mujer asesina, sino mujer que se deja trastornar por este mundo convulsionado que ha perdido el rumbo.

    Mi reconocimiento a aquella mujer que lucha contra su asesino silencioso que es el cáncer de mama.

    También contra aquel que la asesina a diario el desplante e insulto y el maltrato que no se conduele de su dolor, si siquiera cuando esta en cama, sino que espera que se levante y lo atienda.

    Basta del egoísmo asesino, ya que no hay mujer asesina, ya que la mujer es el estereotipo del amor, ya que para que una mujer se convierta en asesina es aquella a la que le han arrebatado la última célula de misericordia y amor.

  6. Alejandra Gianello dice:

    Queridísima Mora: Qué gusto leerte por Dios!!!!! Mujeres Condenadas es fenomenal, quiero más y más….Mira el Capítulo I no tiene desperdicio, un tempo misterioso y narrado con garra, el que más me gustó. El Capitulo III sobre la inteligencia que es detectada y festejada sólo por el que la tiene es….perfecta así de simple, es verdadera. Sólo la ve el que la tiene. Gracias por tu escrito, el tratamiento de lo femenino con lo femenino, esos códigos creados, tan sensuales y eróticos, el clima, la prosa….bello bello todo…y quiero más…please please…desde Santa Fe, San josé del Rincón te saluda entre los aromitos y el Arroyo Ubajay. Alejandra

  7. miyerlady mosquera mosquera dice:

    muy importante este articulo espero que sigan publicando articulos asi como este

  8. Maribel Gallegos dice:

    Por favor tiene que continuar con este escrito, empece a leerlo y desde ahora me tiene atrapada, la descripcion del ambiente, las personas, las ropas es extraordinario, definitivamente no puedo esperar para continuar leyendo su obra… muchas gracias!

  9. Rebeca Gómez dice:

    Hola. Mensualmente (o eso creo) me llega un correo con una monografía escrita por ti. Y todas TODAS las he leído a pesar de no dejarte comentarios. Pero estoy intrigada. Me gustaría seguir leyendo la historia. Leerla completa.
    Creo que es Genial. .
    Saludos!

  10. Celestino Gaitan dice:

    Mora…mi siempre Amada Morita…
    Te encuentro Exquisitamente Sensacional!!!
    Tus Ultimas Editoriales, han sido Nectar,
    para tu Audiencia Adulta, Mente Abierta y
    sobre todo con un alto grado de Equilibrio
    entre Inteligencia, Humanidad, Moralidad , Libertad,
    Naturaleza y Naturalidad…
    Para algunos de nosotros,
    (sobre todo para aquellos que ya se encuentren,
    mas alla del Bien y del Mal…
    Y que tengan la Honestidad de aceptar lo que somos,
    y como somos…)
    Han resultado tus escritos Reveladores y esencialmente Humanos.
    Felicitaciones por el punto de madurez y Calidad de tus escritos.

    Reciban un Fuerte Abrazo Tod@s.

    Celestino.

    P.D.: Ojala que nuestos Comentarios y Felicitaciones,
    tan merecidas, y alguno que otro en contra que no debera faltar,
    no te distraigan del Proceso Creativo que en ti Evoluciona,
    Queremos mas…GRACIAS!!!

  11. ARTURO MERLO dice:

    Te felicito, estos capitulos, son buenos, espero leer, todo tu libro, completamente.
    Saludos.

  12. Osvaldo Bonini dice:

    Hay cosas que deben existir, que son necesarias. Me refiero a la crítica y especialmente a la constructiva.
    De todas maneras, discrepando con Joise en cierto aspecto, la opinión de Aníbal bc me resulta de catadura áspera, comenzando con el cejo de discriminación con que comienza y se predispone. Seguramente si se releyera a sí mismo podríamos coincidir que, por ejemplo, cada uno de nosotros posee su propia inteligencia y desde ella podemos ver a algunos con mayor y otros con menor grado, partiendo de una unidad de medida que puede no ser común o aplicable para situaciones generales. Quizás por eso solicita especificación, aunque para mí esa especificación se encuentra implícita en el desarrollo y en el contexto que se refleja. De todas formas el saber “trasmitir” me resulta uno de los mayores dones, más allá aún que la medida de la misma inteligencia. Y de eso Morita sabe mucho.
    Por otro lado, ¿narcisismo?… ¡hey! ¿acaso las antiguas tribus Australianas ricas en neuronas memoriosas no son su propio reflejo? Es un gran don poseer tal privilegio, pero quizás ¿el don se encuentra en su capacidad de memoria o en el saber utilizarla? Tu, yo, él, nosotros tenemos alguna medida de narcicismo y esa no es una mala palabra ni inadecuada, por el contrario es necesario en su justa medida.
    Una cosa que sí me fastidia es esa frase de otras épocas donde propone a la mujer a la sombra del hombre. ¿Por qué no decirlo al revés?: “La mujer hace a un buen hombre”, creo que no, sería una sintaxis poco machista y relegaría al hombre a un segundo plano. Inconcebible. Crecer con eso, en materia del conocimiento cognoscitivo, sería nefasto para el macho. Néstor lo explica muy bien. (Eso me conecta a un comentario anterior –creo que de José o Joise- donde nos explicaba cómo antiguamente las sociedades, por necesidades de supervivencia natural, seleccionaban sus integrantes por su fuerza e instinto y hoy, en el mundo que vivimos, se ha logrado evolucionar a que los más débiles posean los mismos derechos que los más fuerte, independientemente de su nivel de intelecto. Esta evolución es sabiduría y se extiende a todos los aspectos, incluyendo al de los roles; solo se podrá observar y hacerla aplicable cuando el impulso animal se debilite y dé paso a la aplicación de lo que aprendimos con nuestra inteligencia, cuando las trivialidades ya no nos sean útiles, cuando nuestros ideales sean los que posemos en las manos, cuando se vislumbre de quién es la razón, cuando amar no tenga sexo, cuando tener no tenga sentido, cuando ser esté en uno mismo.)
    Coincido plenamente con el comentario de Alejandra Gianello. Debe ser que también soy de Santa Fe, y que pasé buena parte de mi vida en Rincón, bañándome y pescando en el Ubajay. Mis saludos Alejandra.
    Morita, siento que he gastado todas las palabras alabándote, que te fallo al distanciarme. Pero las palabras te pertenecen y la distancia no hace más que provocarme a cerrar el círculo en ti. Admiro profundamente tu manera de relatar historias como la que nos regalas y hacer que tus lectores no solamente nos inmiscuyamos en ellas, también nos enseñas a comprender una plataforma social que –como dijo Joise- es absolutamente actual. El comentario más sagaz lo ha hecho Celestino, y sí: queremos más.
    Saludos a todos.
    Para ti Morita en especial.

  13. EVANGELINA LUNA REVOREDO LUNA REVOREDO dice:

    Estimada Morita despues de mi retorno de Buenos Aires y visitar la Editorial :De Los Cuatro Vientos que publicó mi novela “LA Casa de Huanta”:Narrativa Argentina,dejando material para mi proxima novela ,he tenido que entrar al pre-quirurgico en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins para una operacion de riñón (derecho),La cirujía es:Nefrectomía Laparoscópica,es necesaria esta intervención porque estando en Argentina sentía las molestias,esta dolencia la tengo hace ocho años y llegó el momento que me tendrán que quitar el riñón enfermo de HIDRONEFROSIS para seguir con mis publicaciones y escritos como es colaborar con Monogafias.com,Lo que me disgusta de este espacio es ,tener que suscribirse todo el tiempo ,como si nos nos conocieran y para remate sale el apellido dos veces en la web”,Luna revoredo ,Luna revoredo,” he tratado de corregir esto pero no puedo,decirle al Señor Besarón que arregle lo de mi apellido,además eso de inscribirse nuevamente cansa,sería bueno darle mas facilidad al colaborador.
    te estima y quiere
    Evangelina Luna Revoredo
    journalist International
    colagoradora especial con Argentina

  14. EVANGELINA LUNA REVOREDO LUNA REVOREDO dice:

    perdón por la falta de ortografía,donde dice :colagoradora
    debe decir :colaboradora

    cariños Morita,si me ausento un tiempo corto es por el motivo de la operación .
    Evangelina Luna Revoredo
    Escritora y periodista para la Republica Argentina
    Lima-Peru

  15. Andrea Silvana bustos dice:

    Hola Mora. Me suscribí a este sitio motivada por la lectura de tu “mujeres condenadas”. ¡Me encantó! Me llegó por correo de librosgratis y quise leer más, pensé que era un libro ya publicado y ya lo estaba buscando para comprarlo. Me genera impotencia comentarios como los de Aníbal bc, hasta me pareció irrespetuoso (decir ignorante -sí, ignorante- está de más) Bueno, pero los comentarios buenos son más, así que te felicito. Espero más material. Saludos desde San Nicolás.

  16. VANESA OLIVARES dice:

    Hola señora Mora, enfatizo señora porque es lo que me han inspirado sus líneas. Según mi modesta percepción encuentro su texto lleno de la experiencia que traen las amistades, la lectura, la vida en sí. Cierto es que el tema de las mujeres asesinas está de moda, creo yo que precisamente porque revela las múltiples e insospechadas razones que orillan a una mujer a privar de la vida a otro ser humano.

    Leer su ensayo me recordó alguna ocasión en que por actividades laborales ofrecíamos un comelitón. Yo estaba encargada de servir mixiotes que tomaba de una olla muy profunda, el asunto es que el dorso de mi brazo estaba embarrado de la salsa característica de este platillo y al darme cuenta de ello le comenté a una compañera con cierto dejo de sátira alzándo mi brazo en un ángulo de noventa grados: “mira, soy una mujer asesina”, ella sonrió y me preguntó si en verdad sería capaz de matar a alguien a lo que yo de la manera mas natural y resuelta le dije “sí”. Su expresión cambió un poco y no conforme con mi respuesta ínquirió ¿si vieras qué?. Si viera que alguien está dañando a lo que más amo que son mis hijos, si los están violando o asesinando sin dudarlo un instante mataría a quien lo está haciendo, respondí.
    Viene al caso este pasaje porque me hace reflexionar que todas las personas tenemos un límite para hacer las cosas, no quiero decir con ello ni acusar a nadie de asesino potencial, lo que quiero decir es que muchas de estas mujeres condenadas han llegado a ese límite o a esa sálida, ya no tuvieron opción, no porque no existiera sino porque ellas no la vieron.
    Saludos para usted señora Mora y felicidades por su novela que seguramente será además de ineresante, hermosa por esa complicada intromisión de los sentimientos en cada uno de sus personajes pero sobre todo por el gran talento de saber narrar.

    Un saludo desde Puebla, México.



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