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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Fotografías en blanco y negro

El siglo XIX me da melancolía y, a veces,  un poco de terror metafísico -léase, miedo a los fantasmas (El fantasma victoriano). El XX , vértigo (El siglo XX y la producción armamentista mundial); del XXI todavía no puedo hablar y no sé si podré comprender alguna vez lo que me pasa con él: mis pasos se traban transcurriéndolo, como si tuviera puestos los zapatos al revés -el pie izquierdo en el zapato para el derecho y viceversa; explico para que no vayan a creer que pienso en zapatos pervertidos, como los del Marqués de Sade, o en las botas de siete leguas, no. El siglo XXI se camina con zapatos modernos, o posmodernos, cuyo diseño aún no aprendí (La Escuela del siglo XXI).

Si pudiera mirar a la Historia desde arriba, como un gran panel de gente que viene y va, imagino que en el siglo veinte esa gente de caminar pausado de pronto empieza a correr (Historia y anti historia). Veo en este sitio -o siglo- caras de todo tipo, rodeadas de objetos y de símbolos: la de Einstein y una pizarra con signos (El acertijo de Einstein); la de Freud y una lámpara art deco junto a un diván (Freud: Un Hombre para todas las épocas) por supuesto; veo a Anais Nin bajando apresurada la escalera de una casa en París -la casa de Henry Miller, digamos- para correr hacia el Sena, donde vive en un bote estacionado… (Anais Nin).

En el siglo veinte, sobre todo para cuando me vuelvo una niña que sueña, están Charlot y su galera (El cine), y de su galera sale un aire triste y, sin embargo, con gusto a chocolate (“Chocolate”, una visión antropológica del film).

El XX tuvo su infamia, la de otros siglos mutiplicada muchas veces: dos guerras inexpresablemente crueles y otras que también se llevaron a tanta gente que es inútil contar a los que nos arrebataron antes de tiempo (Tenebrosa IIª Guerra Mundial).

Dicen que fue al terminar la primera Gran Guerra que nuestra mirada sobre la muerte cambió, se hizo menos simple y terminó la muerte siendo todo un problema mucho más grande que para los antiguos -la mirada humana sobre la muerte (La muerte en la historia).

El siglo veinte tuvo a gente como la que nombré anteriormente, y a Mahatma Gandhi y a otras figuras que desde su más profundo desamparo transformaron la vida para siempre.

Gracias les doy además a quienes hicieron el placer de esos días; para nombrar alguno: las películas mudas. Y a quienes las conservaron con su lujo de imágenes. ¿Por qué es tan atractiva la fotografía en blanco y negro, por qué estas postales tienen como un bruñido noble, en blanco, en gris, en zepia, que no se encuentra hoy, o acaso no se quiere encontrar?

Retratos escondidos

Es gracioso; todo lo anterior vino de que estuve repasando mi vida, y de paso repasé los siglos que la rodearon. Me senté en un sillón de hamaca con una caja de viejas fotografías, y fui extrayendo algunas de mis viejos amigos, vean:

María del Pilar (Pili) -y este retrato lo saqué yo misma en una quinta, en un lugar llamado Sauce Viejo-está con una gorra de marinero y tiene aquí menos de dos décadas. Ella apareció para mí en el segundo año de la escuela primaria, y tenía una voz tan dulce y un rostro tan armonioso que me dije que iba a ser mi amiga, y le escribí con letras aniñadas un verso: “Es su voz la más dulce, más tierna y más pura de cuantas oí…”. La maestra le daba la mano cuando salíamos en fila, porque al ser Pili la más pequeña, encabezaba la hilera de alumnos. Yo quería “ser ella” con toda mi alma; ahora sólo quiero que siga siendo mi-gran-amiga-que-viene- del-país-de-la-infancia, y que creció conmigo.

Laura: era un alma intrépida, y era ella quien me escribía poemas. La conocí al empezar la secundaria, y desapareció de mi vida y de la vida en general cuando era muy joven, a manos de una agrupación política tenebrosa llamada Triple A, que la asesinó sin mayor trámite, como a tantos.

Ahora de la caja de fotos surge Nydia, a quien conocí primero como “La mujer del escritor Hugo Mandón”. Veo el rostro de Nidieska de cuando tenía cuarenta años y me daba calor maternal -ahora tiene ochenta y no ha variado mucho- y me digo que pocas veces un espíritu tan delicado hizo de tal modo honor a una fragilidad física etérea de grado superior… Y a continuación la estampa de José Luis, El Flaco, que era mi amigo de los cuentos y con el tiempo se pareció cada vez más a sus personajes: en estos días tiene barba y pelo blanquísimos que destacan sus ojos pálidos sobre su cara de poeta; no sé si seguirá con sus humores metafísicos y sus bromas esbeltas.

Enrique… ¿Qué puedo decir de él que no haya ya escrito en todos los cuadernos? Y también en estas mismas entradas. Mi gran escritor… y mi amigo al que todavía tengo ganas de tomarle la mano y que juguemos. En esta foto aparece rodeado de gente, y le brillan los ojos detrás de sus cristales miopes, y sonríe con su sonrisa sin igual.

En el retrato Ernesto está tal como era y, en parte, sigue siendo. Supe estar enamorada de él, pero es verdad que era casi azul, de tan hermoso, era Omar Shariff con un libro de poemas bajo el brazo, leyéndolos con una voz de galán de culebrón, como ahora mismo. Pero ahora los escribe con pluma absolutamente fina.

Acá está Silvia, la niña loca, la madre seductora, a la que conocí como vecina y fue luego parte de mis entrañas. Y Elsa, una “alemana” de corazón y mente límpidos, vociferadora, peleadora, feliz, bebedora de grandes vasos de cerveza en las festividades, sibarita que elige con cuidado su comida para el festín, amante del teatro, la arquitectura y los versos de Orozco.

El sillón dejó de hamacarse, tapé la caja de fotografías, ¿para qué revolver más aún? Ando por estos días como si buscara un espejo que no refleje mi rostro sino mi recuerdo.

Ah, amigos, gracias por los saludos, por los versos, por la locura que me atrapó en mi cumpleaños… Gracias a los escritores de una gran novela infinita. Y todos mis besos, como siempre.

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Editorial

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Comentarios

8 respuestas a “Fotografías en blanco y negro”
  1. María Celeste Cécere dice:

    Hace dos días, mi niñita hurgaba en mi memoria con sus interrogantes: “Mamá, ¿cómo es esto que yo tengo sangre italiana, pero más que mis hermanos?”. Una vez explicado que tanto ella como sus hermanos (tienen diferentes padres) descienden de sendas familias de inmigrantes italianos por ambas ramas con la inclusión de algunos inmigrantes españoles aportados por mi, siguió: “¿Y quién era Juana, que no me acuerdo?”
    - La mamá de tu bisabuela Angela - le respondí - O sea, la mamá de la mamá de mi mamá (aclaré confundiéndola divertida).
    - Ahhhh - y tras un momento pensativa - ¿Esa es la que murió en el naufragio?
    - Si - respondí - Junto con el papá y la hermana menor de Angela.
    Como era más fácil salir de el callejón de las preguntas con otro recurso, me levanté y fui a buscar las fotografías familiares remotas: una bella selección de retratos de mis abuelos, bisabuelos, tíos abuelos, primos de mis abuelos, tíos y más tíos… amigos de mis abuelos y padres, y tíos… y hasta mascotas familiares que pasaron a mejor vida hace más de sesenta años.
    Imágenes congeladas en el tiempo. Sonrisas. Miradas lánguidas. Vestidos con corsé. Trajes de novias y novios. Bebés desnudos entre adornos angelicales.
    Sepia y gris, que no blanco. Sí mucho negro. Tanto como el luto peremne de las mujeres de antes.
    Y después, el narcótico del pasado me atrapó y seguí con mi infancia. Y con las personas que no tengo más a mi lado. Y los amores que no fueron. Y los que fueron…
    ¿Casualidad? A veces creo que nuestra sintonía es extraordinaria. Besos y abrazos apretaditos junto al corazón.

  2. Joise Morillo dice:

    Imaginadme todos, vosotros mis amigos, viéndome en el pasado mediante una fotografía, casualmente, color sepia, junto a mi difunta madre, de espaldas a la playa, propiedad de mi también difunta abuela, al fondo lanchas y botes pesqueros, mi imagen: un flaco esbelto de buenas proporciones, con la musculatura abdominal bien marcada (100% atlético) ¿se podría de decir la figura de un verdadero hombre? O ¿Cómo podríamos manejar la nostalgia? ¿Con resignación? O ¿con orgullo de ser lo que sois, y haber sido lo que fuisteis? Mi querida Mora, que feliz me hace poder expresar mis sentimientos y mi manera de pensar, ante vosotros, siempre he querido ser algo mejor de lo que siempre he sido, sin saber a ciencia cierta que soy para los demás, empero no dejar; que la angustia me descontrole hasta el punto de indagar una sensación de intriga. ¡Lo peor que puede ostentar un ser humano es la jactancia, y el colmo sin tener porque! Sin embargo, el orgullo se debe auto reconocer respecto a los logros, alcances y fines obtenidos en fomento bien común, y consolidar buenos propositos –empezando por concebirlo entre familia y amigos-

    Tantos genios que nombrasteis en vuestra entrega; me hace recordar a un gran filosofo mexicano, Leopoldo Sea, quien hace referencia –citando a otro también gran filosofo- J.P. Sartre, de una aseveración del personaje principal de una de las grandes obras de este ultimo (La Muerte del alma).

    Cita:

    “Eran los otros quienes tenían que explicar, porque culpa o mala suerte no eran completamente hombres … pero algo grave había sucedido, la guerra al machacar al hombre, de carne y hueso redujo las pretensiones del francés, el europeo y el occidental, hombres de carne y hueso con posibilidades impedimentos, ni más ni menos que los otros hombres, no franceses, no occidentales(…) ¿era esto un accidente del terreno? ¿Era esto un accidente de la historia? Ha habido un accidente para hacernos comprender que éramos occidentales. Se había nacido francés pero también pudo haberse nacido: chino o congolés (…) No era esto lo que lo que hacía del hombre un hombre, sino algo que la soledad, la muerte, la desesperación, hacia reconocer en otros semejantes”

    Es aquí donde el individuo humano debe admitir que somos una sola causa universal, y entender que es de una determinada nación por accidente, por ello, sus impresiones sublimes acerca de su nacionalidad no es más que un gesto de vanidad, este se sentía fascinado en determinado momento de ser francés – por ello sentirse un verdadero hombre- y luego, después de la segunda guerra mundial al ver su ciudad destruida afirmo lo antes citado.

    “El dolor y la necesidad, mas que la felicidad; transforman el espíritu del hombre, a veces para bien y otras para mal”

    Os ama

    Joise.

  3. EVANGELINA LUNA REVOREDO LUNA REVOREDO dice:

    MORITA RECIBE NIS SALUDOS CARIÑOSOS,VEO QUE SIGO APARECIENDO EN EL PANEL CON EL APELLIDO REPETIDO,LO HE TRATADO DE ARREGLAR HACIENDO ALGUNOS CAMBIOS Y MI FOTO,PERO NO ME RESPONDE :GUARDAR CAMBIOS.
    HABLAS DE LO LINDAS QUESON LAS FOTOS EN BLANCO Y NEGRO,SEPIA ,ERAN LOSCOLORES DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX Y TIENEN UN GRAN VALOR HISTORICO,LAS PELICULAS TAMBIEN ERAN EN BLANCO Y NEGRO Y SON OBRAS MAESTRAS DEL CINE CLASICO,INCLUSIVE DABAN MAS ENFASIS A LA ACTUACION DE LOS ARTISTAS.A MI ME ENCANTAN LAS FOTOS EN BLANCO Y NEGRO ,PERO TAMBIEN SOY FANÁTICA DE HABER HECHO MI VIDA EN FOTOS.DESDE QUE VIVÍA CON MIS PADRES Y LUEGO ME CASÉ,Y TODO LO VIVIDO ESTÁ EN FOTOS:”MI VIDA ES ASÍ ABIENDO ALBUMES PARA RECORDAR LOS TIEMPOS IDOS ,TAMBIEN PARA VIVIR LOS PRESENTE.
    LAS FOTOS DE LAS DOS GUERRAS MUNDIALES ERAN EN BLANCO Y NEGRO O SEPIA,LAS PELICULAS DECHAPLIN TAMBIEN EN ESOS TONOS Y GUSTABAN A TODO EL MUNDO,HOY ME HA DADO POR VER SÓLO PELICULAS EN BLANCO Y NEGRO ,SON PRECIOAS,SOBRE TODO LAS MEXICANAS Y LAS DE HOLLYWOOD NI SE DIGA;COMO “GILDA”, “EL PROCESO”,”QUE PASÓ CON BABY JEAN ?,”PSICOSIS”.
    SEGUÍ HABLANDO DE TODAS TUS EXPERIENCAS MIENTRAS MIRAS LAS FOTOS DE TU CAJA DE RECUERDO MORITA,A MI ME ENCANTA LEERTE Y ESCRIBIRTE Y NO SE DIGA QUE NO DEJÉ COMENTARIO,TE SALUDÉ POR TU CUMPLEAÑOS CON LAS “MAÑANITAS”.
    CON AFECTO
    EVANGELINA LUNA REVOREDO
    JOURNALIST
    LIMA-PERU
    CORRESPONSAL CON ARGENTINA,COLOMBIA Y U.S.A

  4. Daniel Marcos CHamorro Vergara dice:

    Mora:
    Gracias por tus reflexiones!
    Me enriquecen y me devuelven la identidad como SER PENSANTE!
    Soy de tu época donde se vivía ,al menos, tratábase de vivir, con algún sentido.
    Hoy: como han cambiado las cosas!
    Pero en fin; TODAVIA CREO EN EL HOMBRE Y EN NUESTROS JÓVENES!

  5. Jose Itriago dice:

    Muy bella tu nostálgica entrada, que acusa el rompimiento de los sesenta. Lo interesante es que a partir de ahora adquieres un derecho incontrovertible de decir la historia a tu manera, a como la entiendes. Claro que en tan breve espacio es apenas una píldora motivadora, pero el cierre con la búsqueda ya no de tu imagen, sino de tu recuerdo me lleva también a mi realidad.

    Siguiendo tu pauta, para mi el siglo XIX fue romántico (quizás porque no lo viví). El hombre descubrió la importancia de las cosas bellas: la música pasó a ser protagonista y no acompañante; los artistas plásticos dejaron de retratar los cuerpos helénicos y de pintar santos, para expresar sentimientos; la literatura ni se diga, se volcó al sumun del romanticismo y fue quizás el percutor de este sentir en todas las demás ramas del arte. Las guerras y los desastres, siempre presentes, carecían de extensión y deshumanización con la cual, posteriormente, los selló la tecnología, eran, fundamentalmente, guerra entre soldados, con consecuencias sobre el resto de la población, mas no destrucción masiva.

    El siglo XX fue la reacción: fue el siglo de la abstracción que permitió la evolución del intelecto, para el bien y para el mal. El sentimiento humano pasó a un segundo término. Lo importante era la supremacía de unos sobre otros y en consecuencia, se marcó la diferenciación, la hizo la tecnología que carece de alma, o si quieren, está deshumanizada. Las mentes compiten, paren engendros maravillosos y poderosísimo, que sirven igual para matar sólo gente, manteniendo los activos tangibles utilizables, que para tratar el cáncer. La luna dejó de ser virgen, la guerra dejó de ser entre soldados, las bombas eran dirigidas con precisión para matar a una persona seleccionada a grandes distancias y el publico aplaudía el éxito de disparo. Sentimos la enorme brecha que se abrió, que crece exponencialmente: el que tiene la base tecnológica tiene mucha mayor posibilidad de incorporar nuevas tecnologías, o si se quiere, no es que un país se puede meter en la carrera a partir de cierto punto, sino que tienen que empezar desde el principio, a pesar de que los otros están en la lejanía y sólo ven hacia atrás para pararte, si tratas de colearte. Por eso, también fue el siglo de la claudicación ante el poder de la muerte y la destrucción. ¡Adiós a la soberanía de los pequeño, los necios románticos que siguen discutiendo sobre los sistemas políticos, sobre la justicia social, sin soltar jamás el cordón umbilical que los une a los ideales utópicos!.

    La pintura se hizo cubista, hiperrealista, cinética, colorítmica, tridimensional, holográfica, cualquier cosa porque se acabaron los movimientos evolutivos como tales, todo existe, por ende todo vale y en eso ganamos. La música pasó de melódica, a dodecafónica y luego, nuevamente, a una especie de renacimiento, que sigue evolucionando en este XXI. La poesía, ustedes lo saben mejor que yo, abandonó las estrecheces de la métrica y la rima excluyentes, quizás para permitir cualquier idea en cualquier forma y mantenerse viva, afectada como estaba de una senilidad precoz.

    Aun no sé como calzaré los zapatos del XXI, es demasiado pronto para pronosticar tendencias. Las diferenciaciones siguen: Africa es un territorio de caza de oportunidades y los nativos siguen matándose entre ellos, animados convenientemente por importantes señorones de los más variados países, que les venden armas para que se sigan desangrando, mientras ellos, como vampiros modernos, siguen extrayendo cualquier cosa de valor en sus tierras, casi gratis. América Latina sigue caminando hacia atrás, cada vez más lejos, cada vez más vendida a sus pasiones, comprando armas para luchas inventadas o reales entre hermanos, haciéndose los africanos, mientras el imperio de los egos campea en el continente.

    La otra parte del tema que propone Mora, la melancólica, es muy extensa. Cuando murió mi madre y tuvimos que repartirnos los corotos de su casa, me quedé con todas las fotografías viejas. Allí estaban nuestros abuelos, nuestros padres jóvenes, quizás de novios, esa otra cara tan difícil de incorporar a la visión de nuestros ancestros; las fotos nuestras desde niños y me encuentro con un yo de dos años, con el pelo claro y bucles (no se cuando se me puso primero negro (hoy me parece una etapa fugaz) y después blanco y un remedo de oscuros indiferenciables) mirando con cara de bobo la cámara que seguramente tenía mi padre, mientras mi madre quizás me pedía que riera, y me voy encontrando cuando hice la Primera Comunión, cuando me gradué de bachiller, cuando me gradué de ingeniero, cuando me casé y así hasta llegar a las fotos de color que no son de este cuento.

    En mi estudio, en el rincón donde tengo la PC, a la izquierda está una foto de mi abuela paterna (murió de parto apenas a los 30 años, se había casado a los 16), que me mira desde el sepia ovalado casi desaparecido, donde se destaca más la firma del fotógrafo que sus ojos dulces. Era muy coqueta y alegre -eso me contaban mi padre y mis tíos. Un poco más arriba, ya después de ella, mi abuelo con sus seis hijos y una de sus hermanas y cierra esa columna un telegrama que le mandó mi padre a mi madre a raíz de la muerte de su hermano. Atrás, unas decenas de fotos y cuadros en la pared. Casi todas las fotos son personas muertas, pero están las de nosotros dos, la de los hijos y la de los hermanos que sobrevivimos. Un cuadro de mi hermano, el que es pintor de verdad, dos de mi padre y dos míos, y el resto de algunos pintores más o menos conocidos (uno de Jesús Soto que me regaló y dedicó él).

    Dentro de un mueble algo grande, donde guardo los CD, hay varias bolsas y cajas de fotos. Me provoca ceder a la tentación que arrastró a nuestra Mora a ver sus fotos viejas, so pena de tener algún ataque de tristeza, pero lo postergaré hasta mejor ocasión, cuando esté acompañado de alguien que sólo ejerza su curiosidad de detective de rostros y posturas frente a las fotos de mi pasado, obligándome a realizar una descripción histórica, lo cual, como bien sabemos, impide la temida visión de paraíso perdido.

  6. Iván Salazar Urrutia dice:

    En la pared de mi escritorio, aquella que da tras el computador, entre otras cosas hay dos fotografías: en una, dos novios o recién casados posando para la historia -al menos la historia de sus vidas-; en la otra, mis amigas del blogs, con Joise, posando trambién para la historia -al menos la historia de sus vidas-. Ningún personaje es por mí conocido; conocido como se ven en la fotografía ¡tan físicamentes!
    La pareja son mis padres; se casaron allá por el 1931; la otra es una fotografía del 2009 en algún lugar de Buenos Aires.
    Será. Imagino cómo fueron.
    Mi madre murió hace un año y medio -transitaba el año 101 cuando no la sorprendió la muerte-. Nada le ocurrió a la fotografía cuando murió; mucho me ocurrió a mí cuando volví a verla de novia, luego de sus funerales.
    ¿Cuánto más seguirá viviendo esta fotografía? Nosotros la hemos mostrado a todos los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos de la Tato (mi madre novia). Pero todos ellos no son sino unos cincuenta años del siglo XX y nueve del XXI. No más al cabo de cincuenta años más, esa novia será novia de quién? ¿Existirá una caja de zapatos que la contenga, un alfiler en la pared que la clave? Ya sin hijos, sin nietos ¿morirá la novia en un desván, en una bolsa de basura?
    Sólo aquellos desconocidos ojos que se emocionan viviendo en otros ojos, podrán hacerla vivir el amor de novios…

  7. Joise Morillo dice:

    Mi querido Vancho, que lindo se siente leer esas lineas donde habeis dicho algo sumamente espiritual e igualmente hace sentirse orondo, es verdad, lo que hace inmortal al hombre, es pasar a la historia mediante un recuerdo permanente, hay quienes tambien pasaron tristemente celebres, ej: Hitler, Neron otros virtuosos y celebres por el beneficio dispensado por sus obras: Jose de San Martin, Bolivar, Marti etc.

    Yo, no he pasado a la historia, pero me siento muy orgulloso que vos nos concedais un pequeño espacio en el areópago de tus seres queridos, no obstante no pierdo la esperanza de pasar a la historia, con alguna de mis obras en proyecto para daros mas satisfaccion, y demostraros mi gran aprecio hacia vos y a todos los blogers que compartimos el espacio de la ilustre Mora.

  8. patricia alejandra zalazar dice:

    Gracias por tu nostalgia hiciste que me remonte a los paseos que soliamos hacer en familla las fotos ya no existen , vaya saber cual fue el motivo siento oleres vijos, como la pintura que utilizaba papa para revelar las fotos tomadas en blanco y negro que tiene vida y color en mi mente …. a



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