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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Archivo de Julio, 2009

La tragedia de la página en blanco

Las imágenes pasaban ya presas por su alma; tenían esposas, grilletes, arrastraban cadenas y no podían salir de allí y atravesar la puerta de papel (Las imágenes de la Muerte).

“Piensa en cualquier historia, en algo mínimo, muy pequeño, que te haya ocurrido, ahora o hace cien años”, se decía a sí misma (Historias galantes).

Y lo pensaba y cien historias le volaban alrededor como si ella fuera el reflejo de una lámpara y las historias fueran mariposas nocturnas (Mariposas diurnas).

Pero eran mariposas que se habían desangrado; sin sangre, es decir sin tinta (Memoria de unos dedos oxidados).

Y ella, que había nacido ya escribiendo con tinta de sangre, o que tenía la sangre llena de tinta feliz y venenosa, era burlada por el monstruo, el monstruo blanco que se hacía más resbaloso, que se escabullía por el escritorio (La producción de textos escritos).

Pensó en detalles, tonterías como: ¿en dónde están los verdes paraísos, esos que se llaman Infancia? (De las abrumadoras calles de Baudelaire a los fantasmagóricos pasajes de Benjamin).

Es decir, en traducir los detalles menores de su infancia; por ejemplo el pasillo de su casa de niña, el patio, la escalera y el balcón de piedra (Lo verbal y lo visual).

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Editorial

El enigma de Yukio Mishima

No existen posibilidades de que me confunda en el recuerdo de dos viejas mañanas (Adolescencia: ¿Quo vadis?):

En la primera de ellas tengo 19 años y estoy tomando café en la cocina (Usos de la pulpa de café). Aparece mi padre y pone un diario con titulares enormes sobre la mesa, para que lo lea (¿Desafíos de los diarios para no morir?), y me dice:

-No quisiste ver por televisión la llegada a la Luna, pero, por favor, mira lo que hicieron estos hombres -y todo aquello del primer paso, y del paso gigante para la humanidad (Julio Verne - De la Tierra a la Luna).

Ayer precisamente se conmemoraron los cuarenta años de la llegada del hombre a la luna, y ya no es rebeldía adolescente, pero sería ocioso gastar un poco más de tinta en el tema, tanto se ha hablado -y hasta se ha dicho que no fue…

En la segunda mañana remota, un año después, 1970, mi padre me pregunta:

-¿Sabes quién es Mishima?

y yo contesto que sí, es un escritor japonés al que tengo en la mira para leer algún día, cuando lo encuentre traducido (Breve historia de Japón).

Mi padre me pasa otra vez un periódico, y allí tengo oportunidad de leer la noticia de impacto más bizarro del siglo XX (El siglo XX y la producción armamentista mundial), que se refiere a la muerte del escritor Yukio Mishima, de 45 años.

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Editorial

La naturaleza escondida

Cada uno de nosotros sabe que hubo un momento en nuestra vida en que empezamos a escapar…

Jugando a pisar sólo las baldosas blancas -o las negras- en mármol de ajedrez, o escribiendo en papel de pentagrama, o versos para la compañera más amada de la escuela primaria (Algunas reflexiones sobre los juegos tradicionales rurales).

El arte, la literatura y la filosofía (La crisis de la filosofía; análisis y discusión) son excelsas escapatorias pero también son buenos sustitutos el juego, la pasión y los negocios (Negocios ambientales: la cuarta ola).

Es más, si todo es evasión, no se comprende bien la diferencia de excelencia entre, pongamos, la virtud (Teoría de la virtud) y el mal (El Mal y las escuelas ocultistas).

Y es que no miramos (La atención en el estudio) -yo sé que no miro- sino con el instrumento que elegimos para mirar, que va del negro al rosa pero que tiene muchos más colores que un arco iris en un único cristal (El velero de cristal).

Y sabemos en el lugar más oculto de nosotros que inventamos un juego o un caleidoscopio, aunque esto no es mirar ni apreciar la vida a lo largo y a lo ancho, en todo su esplendor y su angustia.

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Editorial

Literatura y homosexualidad

Entre mis más felices recuerdos está el de verme abriendo un libro especial (Recuerdos).

Apenas aprendía a leer, y a lo mejor sólo podía entender remotamente que el texto hablaba de una princesa y un castillo (Lecturas para mejorar el proceso de la lectura).

Una princesa y un castillo son objetos difíciles de imaginar para una niña que vive en un departamento y, además, no es princesa (Imaginación que Resignifica - La Verticalidad de Roberto Juarroz).

Pero no importaba.

Daba vuelta las hojas y el castillo se erigía en coloreados cartones pegados a la página, con su princesa recostada dentro.

¡Sorpresa! ¡Asombro!

No diré que la lectura se hacía realidad, pero lo parecía.

Tal vez ese recuerdo maravillado intervino en mi deseo de escribir futuro (La palabra, el escritor y la poesía): debe haber un lugar para apretar, como un timbre, en el medio del papel, o en las esquinas, o hurgando con el lápiz hasta formar un agujero, que haga aparecer el dibujo de lo escrito, y yo ya no tenga que seguir estrujándome el alma ni el seso…

Pero no: el escritor construye con palabras, no hay otro modo.

Y, se diga lo que se diga -por ejemplo, que una imagen vale por mil palabras (La mujer como imagen publicitaria)-, el peso que tienen las palabras es más rotundo y a veces puede rebotar e ir a dar justo sobre quien las escribió, como balas, como piedras (Las piedras semipreciosas en el Perú).

Porque hay una confusión profunda entre compases (Método audiobec), imágenes y palabras. A las palabras se les atribuye mayor consistencia, especialmente en el terreno filosófico y moral (La Educación Moral).

Dejad que Dalí (Breve reseña sobre el onírico pintor surrealista) pinte masturbaciones y cuadros que pueden o no ser herejes, diabólicos o “inmorales”. Dalí, además de genio, es un pintor, y a nadie lo mata que sus relojes se derritan, ni el cristianismo se mortifica porque su Cristo no tenga rostro.

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Editorial

Música porque sí, música vana

Música porque sí, música vana
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

Conrado Nalé Roxlo

Me persigue la música (Música del siglo XX).

Quiero decir, los versos que recuerdo son los que tienen algo de ella; apenas inicio el gesto de recordar (Análisis psicológico de la película Memento) un poema ya está en mi boca “Sólo tenía una flauta de caña en las manos”, de Seferis, o “Y tú Colette y tú la hermosa Genoveva/ todas han pasado temblorosas y vanas/ y sus pasos ligeros seguían la cadencia/ de la música pastoral que guiaba sus ávidas orejas”, de El músico de Saint Merry, de Apollinaire, que tradujo Octavio Paz.

Aparte, el cuento preferido que viene de mi niñez es el que trata de los infantes robados por un flautista, en Hamelin, con el encantamiento de sus notas (La neurobiología de la psicoterapia: las neuronas y las sinapsis en acción).

A la vez, soy una extraña para la música, ella no me recibe.

No pude entonar nunca ni una canción de cuna (Palabras desde una ventana); mis niños se dormían para no oírme.

Novedades sobre una vieja flauta

Pero esa sangre antigua que circula por mí se niega a renunciar a la más sagrada de las artes (La sangre).

Y cada vez que encuentro noticias, audiciones o documentales que a música se refieren, mis sentidos se alertan (5 sentidos).

He aquí una noticia que me hizo volver casi al principio del mundo (El fin del mundo, ¿alegoría o profecía?). Volverme hacia él con melancólicas reflexiones:

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Editorial

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