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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Mayo, 2009

Nombres y circunstancias

Hoy, no por perezosa ni por canchera (Combatir la pereza de los hijos, tarea de los padres), sino porque lo que quiero transmitir así lo exige, mi entrada estará llena de fragmentos (Doce fragmentos), algunos deshilachados, casi como el cadáver exquisito que muchos de los lectores me piden escribir entre todos -pronto lo haremos, Celeste, Libelúla, y veremos qué sale de allí; seguro que nada malo…(La palabra, el escritor y la poesía).

En primer lugar, debo cumplir una misión, respecto a los implicados en el asesinato de Trotsky que mencioné en la nota pasada. Uno de ellos, Neruda (La poesía lírica) me ha mandado emisarios celestes –me pareció que tenían un aire musulmán los emisarios (La religión de Dios), y luego descubrí que a Pablo la religión que más le gustaba era la de Mahoma, al margen de cualquier cuestión política (¿Qué es la psicología política?).

Estos ángeles dejaron caer un libro (En el día del libro) abierto en la página 127 sobre mi escritorio. El mismo se llama Habla Neruda, memorias imposibles de corregir, su compilador es Roberto Silva Bijit, y se terminó de imprimir en el 2004 en “los Talleres de la Planta Impresora de la Empresa Periodística El Observador de la muy antigua y hermosa ciudad de San Martín de Quillota, enclavada en el corazón verde de la Quinta Región, República de Chile” (The clinic: la prensa satírica de Chile).

Asesinato de Trotsky

En Europa se ha tratado –por razones políticas y literarias- de asociarme a la muerte de Trotsky. Pues bien: nunca vi a ese hombre, ni de cerca ni de lejos, ni vivo ni muerto. Sin embargo, puedo contar un hecho que me parece pintoresco. Acababa de llegar a México para ocupar el cargo de Cónsul General, cuando recibí la visita del Embajador de México en Chile, señor Octavio Reyes Espínola. Creo que vive y todavía es un soñador. Me hizo saber que el general Manuel Avila Camacho, presidente de México, le había encargado una misión confidencial. En una palabra, me pidió –a título personal- que concediera en el plazo más breve posible, una visa al pintor David Alfaro Sequeiros, autorizándole a entrar a Chile. Debo confesar que tal petición me sorprendió, pues creía que Sequeiros se encontraba preso. En efecto, se le había acusado de haber acribillado de balas de metralleta la casa de León Trostky. Así pues, respondí al embajador Reyes Espínola: ¿Cómo quiere que le condceda una visa, si está preso? La respuesta del Embajador: “No se preocupe; lo pondremos en libertad”.
Propuse entonces ir a visitarlo, lo que hicimos al día siguiente. Puimos a la ocficna del capitán Pérez Rulfo, director de la prisión, quien nos recibió ocn mucha amabilidad, Hizo llamar a Sequeiros, a quien yo no había visto nunca antes, y los tres juntos nos servimos algunas copas en los cafés de la ciudad. Sin tener derecho a exigir nada –puesto que se trataba de una petición del presidente de México-, exigí, sin embargo, a Sequeiros que, para concederle la visa ofreciera una obra cualquiera a Chile, a expensas del gobierno mexicano, y fue así como Sequeiros –durante más de un año- pintó en Chile su fresco mural más grande en Chillán. He aquí la palabra final de esta historia, mal interpretada por la malevolencia, a la cual nunca había querido responder hasta ahora.
1971 – E.104

Otros ángeles fueron los que me condujeron a descubrir en Internet algo de la historia de Siqueiros y su mural (Educación artística), y de Natalio Botana, el misterioso magnate del periodismo de los años treinta, que lo refugió en su mansión y exigió como pago que pintara un mural en… ¡el sótano! (Historia de los medios en la Argentina).

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Monografias

Trotsky, un cadaver exquisito

Antes de comenzar seriamente la lectura, les recomiendo que en caso de apuro, ansiedad o aburrimiento salteen los párrafos que empiezan con un guión y cierran con un punto (Lecturas para mejorar el proceso de lectura). Ya los primeros tres pueden saltarse, aunque sería bueno ponerse en contacto con las monografías a las que nos conducen los links, como otro laberinto desordenado o caos surrealista. Otra recomendación sería que no leyeran esto ni siquiera como una remota toma de posición política de mi parte sino como un relato de la Historia, que tiene sus enigmas atrapantes (Principio de incertidumbre).

-Para quienes ignoran qué es un cadáver exquisito: es una construcción, un entretenimiento para poetas en el que cada uno de los participantes aporta un verso o una línea, y línea a línea de diferentes voces se construye un poema.

-Lo inventaron los surrealistas; se jugó mucho desde los años 30 a los 50, pero yo también lo jugué en los 80  (Surrealismo y anarquismo).

-Y nunca dejó de rondar por mi loca cabecita la idea de que el asesinato de León Trostky, el líder soviético antiestalinista, fue un cadáver exquisito jugado por toda una época de pintores, pensadores y literatos en la flor de su juventud, que aportó cada uno una rima, una palabra; pero, por Dios, ¡qué flores! (El surrealismo y el cine de Buñuel).

Diálogo de cenizas

En el cementerio de Donskoi, en Moscú, reposan los restos de Leonid Eititong, el organizador en México del asesinato de Trostky; a su lado yace el espía soviético de la segunda guerra, Iosef Grigulevich, que vivió durante muchos años en diversos países latinoamericanos, se especializó finalmente en nuestros temas políticos y terminó sus días como periodista en Moscú, en 1988 (Agentes secretos o agentes encubiertos).

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Editorial

Deliciosas criaturas perfumadas

Las personas que son atraídas por viejas películas de Hollywood (Historia del cine), por sus estrellas, por el radio o teleteatro y el folletín tienen un encanto especial, se siente correr pasión por sus miradas y sangre por sus venas (De la tira semanal a la diaria). En general no se trata de escritores ni pintores ni nada que tenga que ver con el arte o la “intelectualidad” (Los intelectuales. Entre el mito y el mercado); es sólo gente que tiene el misterio que a cada persona nos es dado, multiplicado por cierto fervor.

Es raro, pero también detrás de locos culebrones hay una mano de artista, una imaginación descomunal (La radio, un medio para la imaginación), aunque pocos son los buenos lectores o escritores que se hayan dado cuenta, más bien duermen la siesta en lugar de sentarse a mirar telenovelas o films del tipo. O escriben “documentados” ensayos o novelas “experimentales”. No digo que esté mal o que esté bien esta actitud, sólo me parece que se pierden un mundo infinito por algún prejuicio (Orígenes sociales y cognitivos del prejuicio).

Nada resulta más digno de leer –y además, más grato, con todos sus infiernos- que la literatura que utiliza los símbolos de la cultura popular y los hace obra (Humanismo y cultura).

Por eso hoy se me ocurre hablar de Manuel Puig, un argentino que fue olvidado durante años en su país, dado por “escritor menor”, crucificado por sus temas, ejecutado por sus denuncias sutiles contra las dictaduras, entre los derechistas; y ejecutado otra vez por una izquierda que lo consideraba frívolo y no le perdonaba sus devociones por las películas americanas. Un narrador que, además de darnos textos excelentes, puso lágrimas, sonrisas y ternura en nuestro corazón, y en el de las vecinas que barren la vereda continua… (Manuel Puig).

Nació en un pueblo de la provincia argentina de Buenos Aires, General Villegas, en 1932, y dice de sus primeros años y lugar: “Crecí en la pampa en un mal sueño o más bien un mal western”, aunque ya de muy joven empezó a recorrer el mundo en busca de eso que todos creemos perdido, y nuestro, y que está en algún lugar del universo (Filosofía: el hombre en busca de un sentido absoluto).

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Editorial

Soñe que la vida era bella

“Soñé cierto motivo durante varios años, acerca de que yo ‘descubría’ una parte de mi casa cuya existencia desconocía. Unas veces se trataba de las habitaciones donde vivieron mis padres, y donde mi padre, para sorpresa mía, tenía un laboratorio en el que estudiaba la anatomía comparada de los peces, y mi madre tenía un hotel para visitantes fantasmas”, escribe Carl Jung (Arquetipos).

Los sueños recurrentes son al menos curiosos. ¿Querrán decirnos algo? (Hacia la interpretación de los sueños).

Soñé a menudo uno que consistía en encontrar en un baúl una partitura de mi abuelo –mi abuelo era compositor en la “vida real” (Inmigración en la Argentina…: cantantes, músicos y bailarines)- junto a uno de mis cuadernos infantiles donde escribía versos alucinados, firmados con el seudónimo “Federica Azul” (Azul).

Hace unos días estuve en casa de mi madre revisando placares y hallé exactamente eso: la Rapsodia Argentina de mi abuelo –llamado Federico Spreáfico, por si lo buscaran en Internet- y mi primer libro de poemas (Bien Vale un Verso) –para que no lo busquen, ya que jamás van a encontrarlo, les anticipo el nombre: “Una flor entre las ruinas de Babel” (Software libre y la Toma de Babel).

Este descubrimiento me llevó a recordar otros sueños que se repitieron en mi almohada, y encontré que el más repetido de ellos podría ser narrado para ustedes como un cuento. El más repetido y también el más curioso; ahora se los escribo (“Cuentos que curan” Hacia una logoterapia narrativa psicoeducativa):

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Editorial, Monografias

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