La vida real

La mágica invención del adjetivo

Creo con Tolkien (Lo Mágico y lo Intrínseco en la ficción de Gaudí y Tolkien) -nada menos que el autor de la extensa y riquísima saga escrita de El señor de los anillos- que la invención del adjetivo fue poderosa, estimulante y sobre todo mágica (Manual de gramática española para la universalización), y ahora mismo busco en algún diccionario la definición de la palabra magia para que tengan claro lo que queremos decir -”queremos” nos une a Tolkien y y a mí, yo no me ando con chiquitas:

Primera acepción: Ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables mediante trucos. Segunda acepción: Antropol. Conjunto de ritos y creencias encaminados a obtener objetos o fenómenos extraordinarios mediante la manipulación de las fuerzas ocultas de la naturaleza.

Surge una clara interpretación: el adjetivo manipuló el lenguaje arcaico y transformó el mundo al ponerle sentidos, colores y sutilezas, además de diferencias (Sentido común). Pero, aparte, reflexiono ante las definiciones de magia: ¿no es exactamente esto lo que hace la ciencia? (La ciencia).

J. R. R. T. dice:

La mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz concibió la noción de magia que haría ligeras y aptas para el vuelo las cosas pesadas; que convertiría el plomo gris en oro amarillo, y la roca inmóvil en veloz arroyo. Si pudo hacer una cosa, también la otra; e hizo las dos, inevitablemente. Si de la hierba podemos abstraer lo verde, del cielo lo azul y de la sangre lo rojo, es que disponemos ya del poder encantador.

Pero, ¿por qué estoy citando a Tolkien, de qué hablo, a qué me quiero referir?

Raconto

Me levanté esta mañana -otoño resplandeciente- con la idea de que hablemos de los cuentos de hadas, de refrescar una antigua discusión sobre si los clásicos cuentos de hadas “hacen mal o bien” a los niños -la segunda teoría, la de que hacen bien, fue apasionadamente defendida por ciertos psicoanalistas a quienes tácitamente apoyé en su momento…  (Los orígenes de la transmisión en el psicoanálisis).

Y busqué el ensayo de Tolkien que se refiere al tema.

Pocas veces he leído algo más convincente que este libro que dice casi al comenzar: “Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que paraliza y un peligro siempre presente: la alegría lo mismo que la tristeza son afiladas como espadas” (El bosque, la imaginación y el miedo).

Al leer esto, justo en esta página, mi fantasía se aposentó, y dejé de leer y vino mi infancia (El carácter indispensable de la educación de la primera infancia) y todas las huellas de cenicientas, príncipes y hasta ogros y brujas me acunaron: fue un rapto.

Dudas existenciales

Desperté, para mi gusto demasiado pronto, del “rapto” (Sueños y muerte en análisis existencial).

Creo que fue un bocinazo cuyo ruido entró por el balcón que da a la calle, en casa, lo que me trajo de los cabellos a “la vida real” (Visión sistémica en el mundo real).

Dejo de escribir ahora mismo y escucho: no, no fue un bocinazo; imposible distinguirlo a uno de otros y del “infierno musical” (La poesía de Alejandra Pizarnik), del infierno musical de ambulancias, digo; de autos de policía, motos, rechifles, golpes de pala de trabajadores que arreglan de continuo la acera, la cal que se oye hervir casi; todo… menos voces humanas (Una ciudad imaginada).

Mi balcón, como dije muchas veces, y algunos de ustedes hasta vieron personalmente -Joise, Fabu, María Celeste, Socorro- tiene una vista no por barroca menos admirable y fantasiosa: un palacio que trajeron en barco, desarmado, hace bastante más de un siglo y -oh, casualidad- decidieron armarlo justito enfrente de donde vivo.

Bromas aparte (El chiste y su relación con el inconsciente), los ruidos tapan el palacio magnífico y lo borran (Contaminación sonora, un problema inherente a todos: su repercusión en el aparato auditivo).

Así que “volví” (La vuelta del átomo de carbono ¿primera vuelta o última?) y me pregunté si debía verdaderamente escribir, una vez más a lo mejor, sobre los cuentos de hadas.

¿Saben por qué la respuesta fue No?

La vida real

No porque la vida real fuera demasiado ruidosa no debía escribir sobre las hadas; no porque los bocinazos deprimieran mi ya exhausta imaginación no debía escribir sobre la magia.

Sencillamente, no debía escribir sobre ese tema porque los niños no leían cuentos de hadas.

Y más alarmantemente, porque los niños no leían cuentos de hadas, ni de ninguna otra especie, ni leían ciencia o biología o astronomía o tecnologías avanzadas… En realidad era inútil escribir sobre cualquier tema que se refiriera a la lectura de los niños, porque ésta no existía, en la mayoría de los casos, que son los que mayormente me ocupan (La adolescencia en la posmodernidad y su relación con la literatura).

No tengo respuestas para el problema; sus causas son demasiadas y enumerarlas llevaría un tiempo también inútil, porque ninguno de nosotros las ignora: falta de estímulos escolares y familiares; reino de la televisión y de otros medios audiovisuales, y millones de etcéteras.

Pero, ¡éramos tan felices con nuestras lecturas!

Sólo pensando en el placer: ¿no es una locura demasiado extrema habérselo robado a nuestros niños?

Envío

Para todos mis amigos, que siguen colaborando conmigo aunque yo no colabore con ellos -esto se va a aclarar muy pronto-: ¿qué nos ha estimulado a hacer desaparecer del mundo las alegrías más duraderas?

¡Qué no diera yo por volver a mi niñez en el momento justo en que tengo un libro de cuentos en la mano, doy vuelta sus páginas, veo sus dibujos, el olor del papel y la gloriosa trama de hechicería!

A veces pienso que me quiero ir a algún lugar en donde todavía exista algo de magia, no necesito demostraciones de autenticidad de la misma.

¿Y ustedes?

Sé que la ciudad virtual también es casi pura hechicería, que mis amigos de la pantalla son como mis hadas y mis duendes.

Pero añoro… (completen mi añorar).

Los quiero, los extraño, estoy a punto de invitarlos a una fiesta donde las servilletas van a ser virtuales, pero también Alicia estuvo en un país de las maravillas no del todo real…

Después de todo, el mundo fue hecho por nosotros. Como último envío, este pequeño poema de Mohammed Iqbal, un musulmán que nació en la India y vivió en el siglo pasado:

creaste la noche,

yo forjé la lámpara.

creaste el barro,

yo modelé la copa.

creaste el bosque, la montaña y el desierto,

yo labré la alameda, el jardín, el huerto.

Editorial

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Comentarios

19 respuestas a “La vida real”
  1. CECILIA ESQUER dice:

    Hola Sra.

    Que Gusto recibir una de sus leturas nuevamente, ya se le extrañaba, de verdad no se que clase de tinta, halla en su tintero, pero sus escritos, me parecen realmente interesantes, bueno,pues muchas gracias…
    No nos abandone, a todos nosotros sus seguidores..
    GRACIAS!…:-D

  2. Júdith Mora V dice:

    Morita
    Aprovecho que el insomnio se ha vuelto de nuevo parte de mi haber, para conversar contigo en esta silenciosa madrugada de calor.

    Te puedo decir, para tu posible beneplácito, que aún existen niños que leen cuentos de hadas y los disfrutan. Hasta hace poco trabajé con chiquitos, y nuestras horas preferidas eran aquellas en las que la hora de lectura implicaba un cuento, siendo los de Hans Christian Andersen de los que más usaba… les encantaba ser elegidos como los protagonistas del día, e interpretar a la princesa, al malvado, al hada o al hechicero, o al animal que tenía la propiedad de hablar, y sus voces modulaban al son del diálogo requerido, de forma hermosa, recompensante y hasta graciosa. Así mismo era requerido dentro del programa, las fábulas, muchas de las cuales incluían haditas y duendes fantásticos.

    Sin ir muy lejos, mis hijas y yo disfrutamos siendo niñas cada tanto, recreándonos en cuentos de fantasías que nos remontan a las noches cuando se quedaban dormiditas tras el murmullo de mi voz en el cuento escogido, esos con los que aprendieron a leer… o me hacen reír con inmensa ternura cuando repiten al dedillo diálogos de las historias de Disney, esas que reforzaron su lectura con los audi cuentos… o cantan canciones como la del dragón de dos cabezas –Si viviera sin ti- de la historia “La Espada Mágica”… y mira que tienen 18 y 24 años eh?… y sabes qué? ese es un lugar mágico al cual puedes ir cuando plazcas, sólo cerrando el pensamiento a todo lo demás y sumergiéndote por momentos… es una muy buena catarsis… escúchala:

    http://www.youtube.com/watch?v=8RaDo0akjVE

    Pero añoras… tus hadas y duendes tomando tu mano y un buen té… y entonces si tú pones las servilletas, yo pongo la música:

    http://www.youtube.com/watch?v=XVUt3GCn_PE

    Te quiero mucho Mori… estoy escribiendo con una enorme sonrisa y así creo que me voy a la cama… :)

    Que un beso toque tu puerta y en las alas de esta libélula, te llegue al corazón… hermosa semana.
    Jud.- ♥

  3. Jose Itriago dice:

    ¿qué nos ha estimulado a hacer desaparecer del mundo las alegrías más duraderas?

    Las nuevas alegrías igualmente duraderas y hermosas… a la manera de estos tiempos. Hoy, por ejemplo, es Harry Potter el que maneja la varita mágica y lucha contra los dragones, el que vence el mal y el héroe de miles de miles de niños que se estremecen con sólo recordar sus aventuras y que pasan noches en vela para comprar las nuevas entregas de esta Saga. Si analizas una sola de sus aventuras verás que hay dragones, torpes y buenos, que vuelan con sus llamaradas en la boca. No hay un hada, en el sentido pacífico que vivimos, aquéllas que aparecían justo cuando se las precisaba, hacían su magia reivindicadora y desaparecían para dejarle paso a unos románticos arrumacos principescos. Ahora el hada puede ser un viejo de larga barba, mantos a los Merlín, que igualmente aparece justo cuando el muchacho está a punto de ser dominado por el malísimo, el ogro de ahora, y con luces y fuegos extraordinarios, varita mágica contra varita mágica (las espadas están en franco desuso), para salvar nuevamente al indomable joven.

    Hay otra saga de vampiros infantiles románticos y heroicos, que empezó con Crepúsculo, seguido de Luna Nueva, Eclipse se publicó el 7 de agosto del 2007. La cuarta parte, Amanecer, fue publicada el 08 de octubre de 2008. Seguirá con Midnight Sun (Sol de Medianoche), que aún no tiene fecha de publicación. Los héroes son los “Cullen”, unos hermanos vampiros buenos con poderes sobrenaturales que se la pasan salvando a desvalidas y enamoradas niñas. Sus ventas están alcanzando las de Potter y ya hay una película de Crepúsculo.

    Así que el mundo infantil y juvenil está invadido de miles de héroes singulares, todos revestidos con los poderes necesarios para sobrepasar la realidad, para ponerle magia a cualquier momento. Las virtudes de las hadas fueron asumidas con añadiduras indescriptibles en nuestra época. O dicho de otra manera, las hadas tuvieron que actualizarse, porque la tecnología en manos de los niños lo exigió.

    Si algo podríamos criticar a la magia de ahora, es que los padres, narradores fundamentales de antes, fueron virtualmente desechados del proceso mágico. Fueron sustituidos o bien por la TV o directamente por los libros, unos libracos inmensos que antes ni soñábamos que leerían nuestros hijos y menos nosotros de niños.

    Pero los niños de hasta 9 años siguen leyendo cuentos infantiles, parecidos a los que leíamos antes, como se puede ver en la lista de Navarra, España, para 2008:

    Hasta 5 años:

    Ian Whybrow, Dani y los dinosaurios piden un deseo de Navidad
    Erthard Dieta, Los Olchis de Pestilandia
    Niké Daly, La pequeña caperucita africana
    Antonia Ródenas, Cartas a Ramón Pérez
    Alí Babá y los cuarenta ladrones
    10 historias de animales de la granja
    H.C. Andersen, La tetera
    Helen Cooper, ¡Deliciosa!
    Josefa Echarri, ¡Se me ha olvidado jugar!
    Justin Richardson, Tres con Tango

    De 6 a 9 años:

    Gerónimo Stilton, En el reino de la fantasía
    Francisco Ibáñez, Mortadelo y Filemón
    A. Gómez Yebra, Blanca por dentro
    Gerónimo Stilton, Halloween: ¡qué miedo!
    Gerónimo Stilton, ¡Qué vacaciones tan superratónicas!
    Francisco Ibáñez, Mundial 2006
    Riki Blanco, Cuentos pulga
    Chris Mould, Noche de fantasmas
    Christine Nöstlinger, Mini entra en acción
    Knister, Kika superbruja y el hechizo de navidad

    Me sumo a los deseos de Jud: “Que un beso toque tu puerta”

  4. Iván Salazar Urrutia dice:

    Cuento

    HISTORIA DE LA CASA QUE FUE.
    A mi nieta María del Mar.

    Érase una vez una linda casa. Fue construida por un granjero enamorado. Comprometido con la bella del lugar, pensó construir una hermosa casa para felicidad de su novia, y para mostrar ante todo el pueblo que era un hombre poderoso.

    Parte de esta historia apareció en los periódicos. Bueno, es posible que Ud. no la haya leído; apareció en una página interior, de las últimas.

    Doce meses duró la construcción; fue terminada justo ante de la medianoche. Los padres de la novia, los vecinos, la novia misma, las amigas de la novia, todos estaban orgullosos, felices, emocionados, contentos… y todos admiraban al novio capaz de construir algo tan hermoso.

    A los siete días siguientes se casaron. Entre las paredes luminosas de la casa nueva se desarrollaba la felicidad del hogar. Los hijos correteaban su infancia hasta que otras casas llegaron y formaron un barrio envidiado por los hombres y mujeres del lugar. Luego pavimentaron, luego se instalaron negocios, y luego luces que alumbraban toda la noche en las calles…

    Un día, de un misterioso mal murió el jefe de hogar: eran ya las nueve de la noche. Por primera vez la casa sufrió. En medio de su pesar, como pudo se acicaló para despedir al amo. Se desprendió del polvo, enderezó una viga del portalón, y afirmó las maderas de todas las ventanas.

    Con los años, la viuda se casó con otro próspero granjero al que convenció de construir una nueva casa, varios kilómetros más adentro, a los pies de la cordillera, donde una amiga tenía un hermoso chalet (que así le llamaban ahora a las casas nuevas). Nunca perdonó este abandono. Lentamente languideció, soltó sus maderos prietos, acumuló polvo en los rincones y grasas en las tuberías, del techo se desprendieron tejas color naranja madura… y las que quedaron se fueron cubriendo de musgo, de óxido y de piedras que los niños tiraban a los gatos y palomas. Por las quebraduras entró el agua invernal, y el viento comenzó a colarse en las ventanas rotas y bajo las puertas. En lo más recóndito, oculto entre rincones arquitectónicos, la casa guardó el anillo de diamantes que perdió la viuda el día que decidió volver a casarse y vender la casa.

    Quizás este aspecto no se reflejó en la crónica de los periódicos; usted sabe que a los periodistas no les parece interesante estos asuntos. No es que no lo sepan; es que no es noticia.

    Muchas veces cambió de dueño. Las últimas, a precios tan bajos que era preferible no poner atención a los términos de cada transacción.

    Finalmente quedó habitada por un matrimonio de viejitos cuidadores a los cuales el último dueño hace tiempo había olvidado pagar las mensualidades prometidas.

    -Que se conformen con tener un lugar para vivir… o para morir- había dicho.

    Cuando ya crujía por todos lados: el piso, las puertas, las tejas con el viento, o no más con el tiempo, las ventanas, las tablas del cielo, en fin todo… escuchó por primera vez a los viejitos. Estos se lamentaban de no tener dinero para ayudar a la casa a soportar la vejez. Incluso el aceite de comer último se había consumido en los goznes sin que por ello las puertas y ventanas dejaran de lamentarse.

    -No puede ser-, pensó la casa; de modo que dejó los lamentos y se dedicó a cuidar a sus habitantes ancianos. Ellos siempre encontraron un madero seco a mano para hacer fuego y calentar el agua o entibiar la pieza en los duros inviernos. Precisamente en uno de esos días de escarcha, los viejitos invitaron a un niño pordiosero que casi moría en la calle, más que del hambre que tenía, del frío morado en las manos y pies, y rodillas desnudas y sucias, y pecho infantil descubierto…

    Nunca más se fue. No se sabe si porque los ancianitos no querían que se fuera, o porque el niño no deseaba perder el hogar que el destino le regaló en ese invierno. Tan bueno fue el niño que incluso la casa lo amó. Le brindó los rincones más ocultos para jugar y el techo mejor para dormir, sin las goteras que ya no podía evitar y que en cada lluvia eran más.

    Un día de estos, o una noche de esas, el viejito, junto a la viejita y al niño, murió. La casa se estremeció de dolor. No pudo todo su sacrificio evitar lo inevitable. Todas sus vigas, casi todo el techo, y las tablas del piso que no pisaban los viejitos, en fin, todo, todo lo posible de ser usado por los ancianos para su vivir, lo había dado la casa. Cada día le costaba más mantenerse en pie y esa noche de velorio no podía llorar para no debilitar su frágil estructura. Más aún cuando en sus brazos… es decir en sus paredes, en el rincón preferido, la viejita cerró los ojos y de la mano de su viejito se fue donde la muerte lleva a los ancianitos que se aman.

    El niño lloró toda la noche para que alguien en alguna parte supiera que los viejitos no murieron abandonados. Así se durmió, junto a sus seres queridos.
    Entonces la casa juntó sus tres últimas vigas, las puso sobre el niño y los dos abuelitos muertos, luego agregó las nueve tablas y las dos puertas, hasta hacer una especie de cueva protegida, se inclinó sobre ellos como para besarlos… y se derrumbó.

    Usted seguramente sabe el resto de la historia; apareció en la prensa del domingo ¿recuerda? (Pág. 21). Un transeúnte cuenta que lo vio todo. Que sin que hubiera viento ni lluvia, ni siquiera un pequeño temblor, la casa se desplomó; pero como suavemente, sin estrépito. Fue algo muy raro, dijo. Los bomberos del pueblo encontraron entre los escombros a dos viejitos muertos; seguramente aplastados por la casa, según anotaron los policías en su informe. También encontraron un niño, milagrosamente sin un rasguño; el cura habló de ello en la misa del domingo y el periódico lo publicó en su primera página con letras rojas.

    El niño no lo supo porque no sabía leer y porque estuvo todos esos días jugando con un anillo que encontró en sus manos cuando salió entre escombros de lo que fue su casa de infancia…

  5. Júdith Mora V dice:

    Morita Morita, TIENES que ver Crepúsculo… serás jovencita de nuevo jajaja, la vi con mi hija la de 18, quien está perdidamente enamorada de Eduard Cullen, y ya se leyó los cuatro librotes jeje… y es que el niño se las trae, pero me lo tienen hasta de protector de pantalla, nok… la historia es sencilla, pero bien llevada, nada como Harry Potter, eso si, el nivel de destalles -y todos importantes- de Harry Potter es excepcional… mi Andrea, antes era con Harry, ahora con Eduard jajaja… siempre llevará la fantasía en su cabeza, aun cuando camina con pies de plomo… vela Mori vela, te va gustar…

    Más besitos… con el nok nok de Jose ;)

  6. Júdith Mora V dice:

    Vancho que lbello el cuento, me dió pesar pero me encantó el mensaje… qué bello

    Besos muchos muchos ♥

  7. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Querida Mory:

    Hay tantas cosas que añoramos…como un beso bien dado, como la tersura de los pétalos de la flor marchita, añoranzas de un tiempo sereno, sin el espiral de este mundo agitado, añoranzas de la juventud y su belleza, aquella que engalana el alma y los ojos de frescura, añoranzas de los juegos infantiles invadiendo las plazas, añoranzas que estan en el recuerdo y que siguen perfumando y embelleciendo nuestra existencia.

    Busqué este poema especialmente para tí:
    Ana Inés Bonnin, de padre español y madre puertorriqueña de ascendencia escocesa.

    NO ME DEJES, AMOR, EN LA AÑORANZA

    No me dejes, amor, en la añoranza.
    Dame, por fin, seguro y alto vuelo.
    Desarráigame, fíjame. Recelo
    que aquí no lograré paz ni bonanza.

    Mi sed inextinguible se abalanza
    y busca un ancho río, paralelo
    de un mísero y exhausto riachuelo.
    ¡Amor! Sacia mi sed; dame pujanza

    para volcarte en molde sin orillas.
    ¿Por qué, por qué te ciñes y encastillas
    cuando posees fuerza de coloso?

    Quisiera derramar esta ternura,
    que rebasa mi pecho, en la mesura
    de un pecho inmensamente generoso.

    Disfrutaste del palacio que te hice llegar con balcón iluminado y guardias perfumados? te gustó?, espero que sí.

    Un Abrazo, un beso

  8. Joise Morillo dice:

    Morita, hola, vuestro adjetivo, sublime y explendida, no solamente el adjetivo modifica al sutantivo, su espiritu detracta o eleva la caracteristica del individuo, llevandolo a la gloria o sumirlo en miseria, no obstante dependemos del, para extender nuestras mas siceras manifestaciones del sentimiento sea para bien o mal.

    Yo fui, no sé qué decir, si afortunado o no, nunca leí libros de cuentos de hadas, vi los cuentos por televisión, en Blanco y negro, para mí, ejemplo: era espectacular cuando todos los sábados si mal no recuerdo o, algún otro día, vi, la Cenicienta, Rapúcenle y sus trenzas de oro, Alicia en el país de las maravillas, Blanca Nieve y los siete enanitos y parad de contar, de los cuentos mas interesantes que pude disfrutar estaban las fantasías de Walt Disney, quien con sus dibujos animados nos ilustraban de música clásica, y de las enseñanzas éticas y morales mediante el pato Donald y sus Sobrinos, pero algo que si no podemos dejar pasar son las historietas ejemplo, los héroes caw boys, Chanoc, memin pinguin, las aventuras patorucito, mafalda, Condorito, todo es parte de la fabula literaria contemporánea.
    Si yo sé, no se pueden comparar con la de los autores de cuentos de hadas, ni de la creadora de Harry Potter o el Rip van winkle de Washington, los arribas descritos son de otros géneros, empero aun así son creaciones literarias, populares, que nos enseñan también a disfrutar del genio creador, del talento de otros que han creído también fructífero escribir comics o cuentos de aventuras en cuadernillos.
    Toda esa fabula literaria habría podido ser una guía importante para la educación de los niños de esas épocas tan emblemáticas –nuestra época- que nos toco vivir como niños y adolecentes pero a veces la falta de momentos libres no deja a los padres disfrutar de una buena literatura de esa índole, por ello invito a vosotros padres y abuelos a dedicarse un rato a leer en algún momento o invitar a leer a vuestros hijos cuentos a vuestros nietos.

  9. Joise Morillo dice:

    Mora, Gracias por esos tres libros que desprendida y segura de su buen futuro uso, me obsequiasteis, El jorobadito de Roberto Artl, Diario de la Hepatitis de Cesar Aria, y el Vuestro; Jugar en noche oscura.

    Tomando en consideración vuestra significante acepción del adjetivo hice un análisis de los tres mas significantes aforos del jorobadito, y de hecho, ya el adjetivo jorobado trae algo implícito, la malformación del individuo, sin embargo al aplicarle un disminutivo al adjetivo se convierte en algo despectivo y discriminante, de hecho, el interlocutor, el narrador , de las cualidades del jorobado, le odia. Ester Primavera, como fresca y pura, el adjetivo, su apellido la califica antes que peyorarla, el autor la describe y le remuerde la conciencia por el mal trato que ledio en su relación, y la culpa de haber sido tan sutil y dócil, y no frenar su conducta perversa contra ella, finalmente el Escritor fracasado, el autor lo descalifica a tal punto que le asigna el nombre de fulano, que muy bien pudo haber sido: el fulano escritor, aun cuando su última reflexión seria, era bueno nadie le da merito.

    Por ejemplo me impresiona grandemente como designáis vuestras noches de fiestas navideñas con “cielos borrachos” que posiblemente os inspiran al amanecer con la ya descrita obra de San Juan, y vuestra sumergida “caligrafía Submarina” sublime y abstracta obra que sin más me gusta y leo periódicamente (Mora Torres “ Jugar en noche oscura”, párrafo X, Pag. 39) . He ahí un buen uso del adjetivo ¿no creeis?.

  10. Osvaldo Bonini dice:

    Morita amiga, por experiencia y por lo que veo que está sucediendo, como lo confirma Jud, los niños también tienen sus incentivos a sus sueños, actualmente, basados en tal o cual cuento de hadas o casi cuento de hadas. Alfonsina, cuando pasa alguna noche en casa, no se duerme nunca sin antes haberme pedido que le lea decenas de ellos. Claro, se los leo, y de tal manera que nunca son iguales una ves de la otra. Me gusta adaptarlo al momento. A veces intento que ella sea quien los lea, pero es muy chica y la lectura le dificulta la comprensión y el disfrutarlo. No la exijo, es la quinta personita con quien hago esto y por intuición busco el equilibrio. Pero que desea soñar, no hay dudas, aunque no en la misma manera que lo hacíamos nosotros ya que su mundo es diferente.
    José dice ‘no hay un hada’ y me parece adecuado, el hada mujer parece haber cambiado a otra imágenes. Es que ceo que esa imagen se esta adaptando, miren sino a “Barbie y la magia de Pegaso”. La mujer tiene otra participación en los sueños y fantasías.
    De lo que no estoy de acuerdo con él es cuando dice que alguien ‘despoja a los padres del proceso mágico…’, no, creo que los padres tenemos mucho que ver en eso.
    Y Vancho, que hermoso hermano, como que el amor…, no sé, todavía esta en mi piel y aún no llegó a la cabeza.
    Pero mi amiga, ¿puedo proponerte que dejes a Alicia y su país y tomes al El Principito?
    …sí que andamos por ahí, en alguna estrella que es nuestra, sabemos que sí…
    Un beso grandísimo y una campana de cristal y un biombo para ti.

  11. Osvaldo Bonini dice:

    Hablando de sueños y ya que Blanquita copia un hermosos versos, les paso un canción de Antonio Tarragó Ros que le llama “María va”

    Mirar rasgado, patitas chuecas, María va,
    pisando penas, la arena ardiente, María va,
    calcina el monte un sol de fuego, María va,
    temor pombero, palmar estero, María va.

    Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad,
    de trigo y luna y de su mano María va,
    por el tabacal, tu paso, María va,
    y se bebe el sol que huele a duende, María va.

    HABLADO:
    Andando el verano de sol y chicharra,
    a flores del monte, María, olía tu pueblo
    un tren perezoso, resuello y resuello
    a calle regada, María, olía tu pueblo
    a pura inocencia de niño pueblero,
    a calle regada, a flores del monte, María, olía tu pueblo.

    Mirar rasgado, patitas chuecas, María va,
    pisando penas, la arena ardiente, María va,
    calcina el monte un sol de fuego, María va,
    temor pombero, palmar estero, María va.

    Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad,
    de trigo y luna y de su mano María va,
    por el tabacal, tu paso, María va,
    y se bebe el sol que huele a duende, María va.

    María va, María va,
    María va, María va.

  12. Osvaldo Bonini dice:

    Esa última entrada te la dedico, Morita.

  13. María Celeste Cécere dice:

    Hola a todos… Mori, amorosa, hay en la literatura actual tanto que les excita la imaginación a los chicos, que es maravilloso. Pero coincido con Osvaldo que los papás somos responsables de que los chicos lean o que no lo hagan. Si los adultos de la familia son lectores asiduos… pues los chicos leerán, sin lugar a dudas. Pasa más bien por un defecto del mundo adulto, eso de subestimar los intereses de los chicos, pensando siempre que no pueden estar atentos a nada por más de diez minutos.
    Todo lo que les demos tiene que enfocarse en desarrollar la posibilidad de creer en cosas que no son tangibles, pues en caso contrario estaremos criando escépticos incrédulos. Que para Tomases ya está lleno el mundo.
    Entonces, el mundo debe tener la posibilidad de ocultar algo y ese algo debe poder ser cualquier cosa, absolutamente cualquiera que se les ocurra.
    Particularmente, amo la literatura fantástica. Siempre adoré leer leyendas antiguas plagadas de seres nacidos de los sueños. La literatura celta y escandinava llamó poderosamente mi atención cuando contaba poco más de once años, así que pensé: “cuando tenga niños, voy a tratar de que conozcan todo esto”.
    Bueno, pasaron los años y tengo tres personitas (como dice Osvaldo) a las cuales tengo que guiar en el campo de “conocer”. Y ese campo incluye lectura, mucha lectura para poder “abrir la cabeza” como decimos los argentinos, lo cual podría traducirse como “ser permeable, abierto a la comprensión de diferentes culturas y formas de pensar”.
    Además de la maravillosa saga escrita por Jane Rowling, me refiero a Harry Potter, y a nuestro amado y super conocido Tolkien, la literatura anglosajona legó a Ursula Le Guin, con sus historias de Terramar, y a C.S. Lewis con sus Crónicas de Narnia.
    El laureado y discutido Salman Rushdie escribió “Harun y el Mar de las Historias”.
    En la literatura de habla hispana, los maravillosos autores del realismo mágico son perfectamente “leibles” por los niños a partir de los doce años.
    Y me estoy dejando para lo último algo que para nosotros, los adultos, es poco más que japonés básico: el manga y el animé. Y es japonés, realmente. El manga, correspondería a las antiguas historietas que solíamos devorar cuando niños, y el animé, a su parte visual, es decir la animación de TV.
    Ambos se encuentran llenos de situaciones, personajes y mundos absolutamente fantásticos, con todos los condimentos de luchas, amor, bien y mal, protectores, detractores, dudas, coincidencias y diferencias, etc. etc.
    ¿A alguien le queda duda de que la fantasía aún existe? A mi no y la disfruto… junto con mis hijos. ¡Besos!

  14. Júdith Mora V dice:

    Pienso, que la iniciación a la lectura es algo fundamental, pero que muchas veces los padres, aun siendo lectores asiduos, a veces no sabemos cómo transmitir a los hijos, pues entran en función de nuevo los famosos establecimientos de juicios (o pre juicios). Recuerdo mucho como mi hija mayor se sentaba los domingos con nosotros a leer el periódico, mientras nosotros leíamos las noticias, ella leía el suplemento infantil… así, entre otras lecturas, se acostumbró a ésta. Pero llegó una época en la que dejó de hacerlo, y cuando nos preguntaba algo, se lo explicábamos por encima y le ofrecíamos la fuente bibliográfica donde podía desarrollarlo… lo hizo por un tiempo y luego se conformó con lo dicho por nosotros jeje, entonces ahora cuando venía con una pregunta, de una la mandaba al libro jajajá… pero no lograba que le gustara tomar un libro que no fuera de texto escolar, lo cual me preocupaba. Un día fuimos a una librería y le dije: Orne, escoge cualquier libro que te guste que yo te lo regalo, mi sorpresa jaja escogió 3, TODOS de Stepehen King, plop, casi me da algo… me le quedé mirando fijamente con cara de ¿m? y ella me dijo: escojo algo que me guste a mi o algo que te guste a ti? (tenía 11 años) me reí nerviosa y se los compré, sólo le pedí que recordara que eso era fantasía medio macabra creada por él, y me respondió: si mami, yo ya me leí su biografía jaja jum… y bueno, casi soy crucificada por su padre y los míos, pero algo dentro me dijo que si quería que fuera agarrando el gusto de leer, tendría que comenzar por permitirle desarrollar su albedrío. Actualmente mi Orne tiene 24 años, y por sus manos han pasado un MONTÓN de autores, comprendidos por Stephen King, Cortázar, Nietzsche, Platón, Kipling, Jung, García Marques, Werther, Wilde, Neruda… y pare de contar. Esto me llevó a hacer lo mismo con mi Andre, que empezó con Harry Potter y va ya metiendo naricita en otros, aunque no es tan profunda como la otra jajajá… creo que la técnica no me falló jeje…. Y honestamente, creo que hallamos magia en cada uno que leemos… y bueno, aún seguimos viendo películas de reinos con hadas, príncipes y sobre todo, princesas amadas jajajá.
    Besosss ♥

  15. Iván Salazar Urrutia dice:

    Mora, querida amiga: me disculpo; este cuento es largo, al menos para los anteriores. Sin embargo, tu sitio es donde lo puedo mostrar. No quiero decir con esto que sea “fantasía”; más bien lo subo para… para tí y ustedes:

    EL VIAJERO

    Cristian Saavedra era un hombre acostumbrado a la soledad. No es que las personas le fueran molestas, se trataba más bien de un reconocimiento que estando él sin la compañía de personas se sentía mejor. Por ejemplo, aquel día que comenzó toda esta historia, Cristian caminaba hacia su casa con el afán de estudiar las cartas del Tarot; le intrigaba las miradas de algunos personajes; estaba casi seguro que con la mirada los Arcanos Mayores comunicaban mensajes, u orientaban mensajes. La Fuerza y La Templanza tenían un algo en común, tenía la impresión que sus miradas se encuentran en un punto y hacen algo así como una “V”, según él recordaba…

    El celular sonó con un punteo de guitarra; era Rachel:

    -Aló ¿Rachel?
    -No, soy Paulina. Cristian ¡tienes que venir! Rachel está como desmayada… pálida, apenas respira. Por favor, ¡ven ya!

    Rachel era entonces amiga, quizás la mejor amiga de Cristian. Se conocieron estudiando temas esotéricos, relajación, concentración mental, desdoblamiento y viajes astrales, imposición de manos y muchos otros temas. Rachel era psiquiatra, su profesión era como un seguro de seriedad y seguridad en las aventuras mentales que juntos emprendían.

    Mientras Cristian era más dedicado a la relajación y control mental, Rachel experimentaba con viajes astrales y desdoblamiento, incluyendo en ello la autohipnosis.

    Largos días pasaron en que Cristian inducía relajación a Rachel y luego procedía a la hipnosis. Aún cuando Rachel ponía toda su voluntad en el proceso, a Cristian le era difícil pasar de la relajación a la hipnosis; existía en lo profundo de la mente de Raquel un rechazo que con paciencia Cristian fue venciendo poco a poco. Las sesiones fueron cada vez más a menudo; hasta que llegó el momento en que no bastaba una al día. Cristian inducía relajación con procedimientos casi sintéticos y luego la hipnosis se lograba sin mayores trabas o resistencias de Rachel. Finalmente Cristian hipnotizaba a Rachel con un leve gesto de su mano; incluso sólo con un gesto imperioso del rostro. En este punto no podía dejar sola a Rachel ni un solo instante: hasta el tictac del reloj podía hacerla entrar en trance hipnótico. El próximo fin de semana se fueron a un hotel cordillerano y pudieron practicar todo el día. Luego ocurrió lo sorprendente: Rachel sentada frente a un espejo, pálida, casi trémula, se relaja cerrando los ojos y luego con un suave gesto de sus dedos cae en trance hipnótico, inclina su cabeza sobre la mesa y permanece un tiempo que Cristian no puede medir. Cuando alza la cabeza, mirando a Cristian dibuja una sonrisa de profunda alegría. Ya, dijo; y en ello se entendió que había terminado el proceso. Nadie nunca podría hipnotizarla, se había dado la orden pos-hipnótica –la primera- en ese sentido; la segunda, que cuando ella lo deseara ingresaría la estado hipnótico.

    A partir de entonces, Cristian se dedica con disciplina a lo suyo. El acompañamiento a Rachel había servido para acelerar su acondicionamiento físico y mental, base sobre lo cual trabajaba sus ejercicios. Aprovechó el tiempo para hacer algunos cursos más especializados –relajación muscular y ejercicios físicos (la escuela germana), anatomía, elongación y aprestamiento físico; Reiki, y en lo propiamente mental, imposición de manos, y ejercicios yogas como tránsito de lo físico a lo mental-. Un viaje a la India –programado con mucho tiempo y esfuerzo, con un maestro Kama Sutra; otro a México, le hicieron alejarse físicamente de Rachel.

    Llegó de México impactado con los encuentros que tuvo, especialmente con la preocupación social que no había visto ni en Chile, ni en India. Además de lo avanzado que estaba en cuestiones metodológicas –aunque recibieron de buen grado las experiencias de él con Rachel, pese a que algunas de ellas las conocían; cosa que lo dejó en ascuas-. Su encuentro con Rachel no fue satisfactorio; menos luego de su estadía en México: Rachel se había introducido en el uso de los sicotrópicos para facilitar, según ella, los procesos astrales que eran su objetivo final. Había viajado a Guatemala donde se contactó con personas –casi todas indígenas- que trabajaban con infusiones, aromas –no de Bach, por supuesto-, esencias y pastas, todas ellas muy fuertes.

    Rachel practicaba autohipnosis sobre una gran variedad de temas o aspectos de la vida. Un día le dijo a Cristian que escribía una especie de Diario de Vida donde relataba los aspectos más importantes de sus experiencias.

    Cuando llegó al departamento, Paulina le abrió la puerta y lo condujo directo al dormitorio; en la cama, con la tez extremadamente blanca, los ojos cerrados y una gran placidez en el rostro, Rachel yacía como un cadáver.

    -¿Cuánto tiempo lleva así?- preguntó.
    - No sé. Cuando llegué a su departamento, serían como las nueve de la mañana, ella ya estaba así. Yo pude entrar porque tengo llaves, tú sabes, para cuidar el departamento cuando ella sale, para ayudarle en el aseo, o con las comidas… pobrecita, casi no comía.
    -¿Sabes que hizo anoche?
    -No. A pesar que estuvimos juntas; ella no quiso comer, apenas un té sin azúcar. Dijo que tenía que salir, que no sabía si volvería. Yo no quise quedarme a dormir, tú sabes, no me gusta quedarme sola; menos si no sabía si ella llegaría o no. Quizás debí quedarme…
    - No, Paulina, no te preocupes. Hiciste bien en llamarme.

    Cristian tomó el celular y llamó a la Clínica; pidió una ambulancia y describió la situación como una intoxicación seguramente con estupefacientes.

    Luego se sentó al lado de la cama y con una de sus manos sobre las manos de Rachel, se concentró y revisó el estado físico, especialmente el sistema circulatorio y respiratorio. Hizo imposición de manos y trató de limpiar la energía del cuerpo.

    Cuando llegó la ambulancia, los paramédicos le inyectaron suero, constataron un pulso extraordinariamente débil, y unas pupilas que casi no respondían a la luz. Determinaron su inmediato traslado e internación.

    Toda esa noche Cristian trabajó la salud de Rachel; supo que existía un bloqueo mental difícil de superar; toda la noche fue un acercarse y alejarse de esas ondas cerebrales que se erigían como contrafuertes: por instantes lograba armonizarlas con sus propias ondas, mas luego algo ocurría y el rechazo lo sentía Cristian como una suerte de arritmia que lo sacaba de su nivel, debiendo reponerse y calmarse con ayuda de todos aquellos que en años le habían acompañado en su formación. En otras ocasiones el cuerpo de Rachel se estremecía ante la intromisión de Cristian y no valía luz ni música que lograra calmarla. Entonces Cristian cambiaba sus manos por su mirada e introducía la imagen a su propia mente y se relajaba en la relajación para mecer de amor esa imagen tan querida. Así Rachel lograba apaciguarse (Cristian pensaba que sonreía, mínimamente, pero sonreía) y su corazón recuperaba algo su ritmo y fuerza, shushutma ronroneaba Cristian despejando con ternura las mil hebras luminosas que parecían cabellera de cristal entre las vértebras (siempre en estas situaciones Cristian recordaba con cariño a su maestro campesino –para él, su imagen correspondía más a un campesino que a un yoga, aunque nunca le dijo que fuera Yogi-; fue él quien le sugirió en uno de sus ejercicios mentales que susurrara la palabra, si eso le facilitaba el proceso-).

    Fue una larga noche, velada por Paulina.

    Al cabo de tres días, el diagnóstico era lapidario: no existía un mínimo de mejoría; si bien se encontró en la sangre restos de sicotrópicos, cuando recién fue internada, ya no quedaba vestigio de ello. Las ondas cerebrales eran pareja, a nivel de ondas gama. No se tenía explicación alguna sobre el estado de inconciencia; por ende, tampoco de cómo y cuándo saldría de ella.

    Durante esos tres días Cristian trabajó en su Taller. Primero lo primero, se dijo, y desarrolló un intensivo programa de regularización de la respiración, flujo sanguíneo, flujo linfático. Luego se concentraba en escuchar aquella melodía que le era tan querida y que ahora no era sino murmullo melódico; sólo en ocasiones lograba sentir la música de Rachel casi deslizándose, tal vez pidiendo ser escuchada, y él le respondía que sí, que la escuchaba, pero luego la réplica no era sino como el viento entre las ramas lloronas de un sauce…

    ¿Cuándo se enamoró Cristian de Rachel? Quizás ni Cristian lo sepa; seguramente fue un proceso que pudo perfectamente haberse iniciado el día que se conocieron. El curso de Operación Mental requería de mantas o sacos de dormir para que los practicantes pudieran tenderse y, en ocasiones pudieran arroparse de la baja temperatura provocada por los cambios biológicos de un cuerpo poco acostumbrado a ese tipo de menesteres.
    Cristián llevaba abrigo y una manta de lana de alpaca. Rachel, ni abrigo, ni nada como colchoneta o saco de dormir. Gentil, Cristian le prestó su manta. En lo futuro, Rachel trajo un saco de dormir recién comprado, de plumas de ganso; -Si no te molesta, usa tú el saco y préstame tu manta ¡Es tan rica!- Fue un buen motivo para buscarse mutuamente a tomar agua o té en los momentos de recreo, para irse juntos en el auto de Rachel, para pasar a tomar un café… Rachel era poeta; había publicado dos o tres libros con poemas que ella llamaba esotéricos. -¿Por qué ese nombre? ¿Acaso no es esotérico cualquier buen poema? Me gustas cuando callas, porque estás como ausente no se trata que en la ausencia no la ame, ¡la ama más! Porque no está completamente ausente ¡está más presente que nunca! Ese silencio es la espesura del sentimiento, la sustancia de su espíritu presente para el ser amado. Y es que Cristian no escribía pero era un buen lector: -Ustedes cocinan, yo como.- decía sonriendo.

    La poesía fue trascendente en la relación de ambos. Ella insistiendo en su carácter esotérico, más por la temática que por la relación de palabras; él, insistiendo que una de las razones de su pasión por leer poesía era el profundo carácter esotérico que encontraba en ella; su favorita o una de sus favoritas era Lo Fatal de Rubén Darío: Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, / y el temor de haber sido y un futuro terror… -Esos puntos suspensivos, Rachel, son tal vez los más llenos de misterio.- Y Rachel asentía y prometía que un día podría explicar lo de los puntos suspensivos, porque bien tu sabes que no vemos más allá de lo que podemos ver, según nuestra capacidad; pero esa capacidad se puede desarrollar… Es decir, la realidad se puede desarrollar.

    De modo que el amor no llegó de sopetón, pero sí sorprendió a Cristian. Este tuvo uno que otro amorío en la Universidad, donde estudió español, profesor de español; él gustaba de decir que era divulgador de literatura. Esos amoríos no fueron todo lo serio o profundo como para darle más continuidad, o decidir la pérdida de libertad que según Cristian era necesariamente el matrimonio. En los últimos ocho años de profesor sus relaciones amorosas fueron esporádicas; primero porque se dedicó con cuerpo y alma a sus alumnos, luego a estudios de un Diplomado en Literatura Hispanoamericana, más tarde a los estudios de un Magíster en Literatura con una especialidad en algo que nunca supo pues se dedicó ya con exclusividad al estudio de la mente humana.

    La muerte de su padre trajo inesperados acontecimientos, todos ellos fundados en la herencia: nunca tuvo otros hijos, nunca se casó en segundas nupcias, fue extraordinariamente buen comerciante. Resultado: una abultada cuenta en el Banco y unas tierras en el sur, con una casa estilo campesino, que Cristian se había prometido algún día habitar.

    Cristian sólo pensaba en Rachel; seguro imaginaba que un instante de distracción de su parte podría ser fatal para ella.

    Recibe como un santo sacramento
    El perfume y la luz que te da el viento…
    ¡Quién sabe si su amor en él te envía

    Aquella que la vida ha transformado!…

    Otra vez los puntos suspensivos; pero claro, esta vez están después de un signo exclamativo, lo que significa que la idea se cierra en el exclamativo; luego los suspensivos se refieren a la exclamación misma: …la vida ha transformado! La vida, no la muerte. La vida ha provocado esta transformación; es la vida misma transformándose. Cristian decidió meterse directamente en la vida de Rachel.

    A nadie extrañó que llegara a la Clínica a una hora desacostumbrada; saludó a todas las personas con las cuales se topó en los pasillos, tratando de semejar una persona normal. En el ascensor inició su proceso de relajación física y mental. Ya en el cuarto, arregló la ropa de cama de Rachel y le dijo a la enfermera que le dejara un momento a solas a lo que accedió con un gesto de simpatía que suele despertar el amor.

    Ya a solas, bajó a Rachel y la hizo caminar por el cuarto: no le extrañó que lo hiciera y casi sin dificultad; este resultado le confirmó sus sospechas; la recostó nuevamente, le dejó las palmas de las manos mirando hacia arriba, sacó la almohada detrás de la cabeza, le desabrochó la blusa y le cubrió la planta de los pies. A continuación recorrió con sus manos todo el cuerpo a una altura de quince o veinte centímetros, sobre el pecho giró sus manos como e redondo, lo mismo hizo en el obligo y la pelvis, desde atrás de la cabeza hizo como que la tomara con sus manos, pero sin llegar a tocarla, luego acercó su propia cabeza y sopló violentamente sobre la boca y la nariz de Rachel; esto lo repitió tres veces. Acabado esta especie de ceremonia, se irguió y con fuerza se abofeteó la cara con la mano izquierda. A continuación se sacó la ropa y ya desnudo se acostó en el suelo, al lado de la cama.

    Cristian pensó que no debía tener dudas y se preguntó si pensar siquiera en no tener dudas no sería ya una duda.

    …Y avancé en mi sueño
    Por una larga, escueta galería,
    Sintiendo el roce de la veste pura
    Y el palpar suave de la mano amiga.

    Sin duda los versos vendrían y le acompañarían; sería un largo viaje.

    Ubicó a Rachel de pie, frente a él, su desnudez parecía un dibujo y hubo de mirarla un largo rato hasta poder sentir que el dibujo era el límite de la figura del cuerpo. Ahí, abandono de toda pasión, abandono de respiración cuya tibieza le parecía la tibieza de Rachel, abandono del antes, del después. La fuerza de Rachel se entremezcla con otras fuerzas, la fuerza de su propio cuerpo fluía en un desorden poco apropiado; detuvo su avance y suspendió su propio yo en el laboratorio construido para alojar a los ayudantes; solícitos y silenciosos le limpiaron y cargaron, le desearon suerte y lo retornaron. Ahora se acercó más confiado, ambas fuerzas se desarrollaron sin rozarse, sin confrontarse, como la fusión de la luz y la oscuridad en una franja del atardecer. Cristián la buscó con un suave pensamiento: Rachel. Eran casi tentáculos de brisa resbalando en procura de tocar…

    -¡Don Cristian! ¡Por Dios! Don Cristian ¿qué hace usted?- la enfermera le cubría el cuerpo con una toalla del baño, mientras repetía el nombre de Cristian y trataba de reanimarlo: -¿Qué le ocurrió? Desnudo, en el suelo, ¡Por Dios!

    Fue como si todo su cuerpo fuera una gran llaga y la enfermera le retirara sin miramiento los vendajes pegados en carne viva. Estuvo a punto de perder el conocimiento; efectivamente se le alteraron sus signos vitales y el corazón sufrió una violenta taquicardia. En medio de carreras y urgencias, entre médicos y enfermeras inyectándolo, nadie más se preguntó porqué estaba desnudo; todo fue un desmayo, una tensión que el cuerpo de Cristian no pudo soportar…

    Recuperado ya del todo, rumbo a casa, Paulina le entregó un sobre.

    -Cristian, hace ya meses Rachel me pasó este sobre dirigido a ti. Me encargó que te lo entregara si algo le ocurriera a ella; yo pensé que era si se moría; pero ahora creo que debo pasártelo, porque, en verdad, no sé, no sabemos qué pasa con ella.

    Tomó presuroso el sobre y la abrió casi rajándolo. Cuando vio que eran varias hojas escritas a mano y constató el interés de Paulina. –Ya llegamos le dijo, te acompaño. No, no, que no, no te preocupes, leeré esto. Gracias.

    -Cuéntame qué dice.- escuchó decir mientras se alejaba.

    Yo pienso que fue luego de leer lo de Rachel que me llamó. Cuando llegó a mi oficina lo vi tranquilo; traía en sus manos un pequeño paquete amarrado, como esas encomiendas enviadas por tren o avión.

    Nos sentamos en los mullidos sillones de mi consulta; no me aceptó un whisky, ni un vaso de agua.

    -Necesito informarte de algo y solicitarte luego algunos favores.
    -¡Por favor! no dudes en decirme lo que estimes conveniente y ya veremos de qué forma te puedo ayudar.
    -Se trata de Rachel; bueno de Rachel y de mí. Tú sabes en la situación que se encuentra en la Clínica…
    -Espero no se haya agravado…
    -No. No se trata de eso. Es que ella y yo hemos estado trabajando en algunas cuestiones… esotéricas; o más bien misteriosas…

    Y me contó aquello que ustedes ya saben. Reconozco que bebí más de un whisky durante su relato y que varias partes del razonamiento puedo no haberlo transcrito fielmente; yo no soy hombre de especulaciones. Creo en la ciencia; pero a Rachel y Cristian los conozco mucho y no dudo de lo que Cristian me cuenta; ni de lo que escribe Rachel. Además no soy bueno en esto de escribir; tal vez no soy suficientemente preciso…

    Esa noche Cristian me leyó partes de la carta de Rachel. Me es difícil tener una opinión fundada sobre aquello; nunca antes había oído algo parecido y confieso que aún estoy asustado; tal vez no sea esa la palabra precisa, pero no encuentro otra que dé cuenta del estado de mi espíritu.

    Transcribo para ustedes parte de esa misiva, pues ella me fue entregada en custodia y que la usara según mi criterio y según las circunstancias:

    “Amado Cristian: sé cuánto me amas y quiero que sepas que eres igualmente correspondido, y que el amor que siento por ti es la fuerza que me impulsa” (a continuación vienen unos párrafos referidos a la intimidad amorosa, que omito).
    …”En mi viaje a Guatemala probé (omito el nombre del brebaje y de las plantas); en esto fui orientado por (omito), quien es una suerte de chamán –aunque ellos no le llaman así-. Al cabo de algunos minutos, vino (…) y tomándome de un brazo me levantó como para decirme algo confidencial. Sentí en él no una fuerza, sino un refugio o un remanso o una paz idílica. Me abrazó con esa ternura y seguridad que trato de describirte y me giró hacia donde yo estuve sentada; casi me desmayo, cuando me vi en el mismo lugar, sentada, afirmada contra la pared de barro. Te juro que si no caí o me desmayé fue porque (…) me tenía absolutamente contenida. Cuando lo miré supe que mi mirada transmitía el más profundo amor y reconocimiento que yo pudiera expresarle a alguien.”

    (…)

    “Te gustará saber que me susurró permanentemente en el oído versos que no comprendía en su contenido o en su letra –que me era desconocida-; pero que yo sabía estaba relacionado con no sólo la experiencia que tenía, sino también en su mantenimiento.”

    (Después reseña lo que ocurrió a su retorno. Destaco sólo algunos párrafos)

    …”Nunca mi amor fue más grande, incondicional y… bello. Sólo perturbado por no poder contarte que yo ya no era la misma, sino una mujer mucho más…( ) … mi pasión te habrá parecido casi enfermiza; pero comprenderás que era mi alimento,”…

    (…)

    “Te vi tan entusiasmado con tu viaje a México, que no tuve el valor de pedirte que no fueras.” (…) “Llegó de Guatemala el día después de tu salida a México (eso fue bueno, pues pude dedicarme por entero a trabajar con él).” (aquí aparece un nombre distinto que aquel al que calificaba de Chamán).

    (…)

    “Caminamos uno detrás del otro; yo tratando de seguirlo y él aumentando la velocidad. En un momento pensé que quería que yo me perdiera, pues esa especie de latigazos de oscuridad que me azotaban no permitían que yo lo viera bien;” (…) “Llegué exhausta, pero (…) estaba radiante, más joven, con unas largas pestañas que yo antes no le había visto. -¿Y ahora, para dónde?- le pregunté, y me respondió que yo sabía. Miré hacia todos lados y no vi nada que me indujera a pensar por dónde debía ir. -Si no quieres ir o estás muy cansada, puedes quedarte conmigo- e hizo algo así como un gesto para otra cosa ¡te prometo! ¡Me estaba invitando a tener sexo!”

    (…)

    “Quizás el apresuramiento hizo que no eligiera el mejor camino, o dirección, porque camino no había; ya casi no había latigazos de oscuridad, pero a cada paso daba la sensación que el cielo se acercaba o se alejaba, indistintamente. Al mirarlo con atención vi que no había estrellas, ni luna, sólo lugares más claros o más oscuros, y en el horizonte una especie de incendio, pero que no era incendio porque las llamas no se movían.”

    (..)

    “Mal momento para sentir esas necesidades biológicas; pero si no lo hacía ¡te prometo! me iba a hacer en los calzones; así es que me decidí, me bajé los calzones, me arrodillé y justo cuando debía ocurrir “aquello”, me cogieron desde no sé bien dónde, me alzaron con violencia hacia el cielo, me arrojaron contra el horizonte y antes de llegar a ese fuego que parece que no era fuego, me detuvieron y me lanzaron al otro extremo. Ocurrió lo mismo, y cuando me lanzaron de nuevo supe que yo podía controlar lo que ocurría y me deslicé a gran velocidad por los bordes de la bóveda celeste que resultó no ser tal; más bien parecían paredes de roca. Comencé a volar lentamente y pude ver con nitidez que estaba efectivamente dentro de una gran cueva.”

    (..)

    “Llegué caminando donde (…) y le dije que nos fuéramos.”

    Luego describe varios viajes más, los últimos ella sola pues (…) había regresado a Guatemala. Son escritos bastante incoherentes, como los que he expuesto ante ustedes. No creo sean de algún provecho.

    Ya en las últimas páginas escribe algo que quizás nos dé algunas pistas:

    “Dos caminos, cualquiera es correcto o los dos son correctos: uno, que ya he recorrido en parte, es de cosas, de materialidades –si se puede describir así-, en él todo tu cuerpo se siente como si sólo tuviéramos tacto: recordé tus recitado de Dante Alighieri. Claro que una cosa es escuchar de gritos, de lamentos… y otra muy, pero muy diferente es verlo y oírlo, y sobre todo ¡olerlo! Esto debemos conversarlo porque creo me afectó la libido: de una creciente excitación y hasta orgasmos involuntarios, hasta el rechazo más profundo cuando el sexo aparecía combinado con espasmos de dolor, con la expresión más cruel de las penas del alma. ¿Ves? No puedo explicarlo bien; pero necesito hacerlo, por mí y también por ti, aunque tú no lo sepas.”

    (…)
    “El otro camino es más sutil; es como nadar en un profundo mar y las aguas son el paisaje: no las rocas, ni los peces, ni las algas, el agua misma cambiando de color, de temperatura y de…sentimientos. Sí. Imagínate un agua o una brisa de sentimientos; de sentimientos muy profundos y desnudos, sin tapujos: algunos sumamente agradables y otros tan angustiantes que te dejan sin respiración y crees morir sin saber qué hacer para enfrentarlos. Tal vez si fuera pintora podría explicártelo en un cuadro… sin formas pero con muchas tonalidades, todas ellas con una definida intencionalidad. Ya hablaremos de ello.”

    Luego aparecen varias páginas escritas con letra muy menuda y casi ilegible, donde Rachel escribe nombres extraños y cuyo contenido parece oculto adrede; seguramente quería que fuera comprensible sólo para Cristian.

    …“iré al encuentro; tengo la impresión que todo lo hecho hasta ahora era sólo una suerte de entrenamiento para… (ilegible). Mirando para atrás te puedo decir que tenías razón; yo diría que en todo. Tú me comprendes. Mi amor por ti es absoluto; luego de tantos poemas… (varias palabras ilegibles) …he escrito, no tengo palabras para describir este sentimiento que se integró a mi vida, a mi existencia. (dos o tres frases ilegibles) … me voy sin despedirme, ni contarte; sé que querrías ir conmigo… no puedes, te morirías o te trastornarías (o transformarías). Si no vuelvo de inmediato, no te preocupes; cuida que mi cuerpo no sufra con la inyección de (…), podría traerme serios problemas para el retorno. Volveré; sin embargo, si algo sucede –no sé qué- no me busques. Finalmente confieso que debí hacerte caso; mi ansiedad e impaciencia cuando… (dos o tres palabras ilegibles) me hicieron cometer errores y más de una imprudencia; me costó, pero lo superé. Sigue tú en tu camino, en México o Costa Rica podrás conversar con (…) y te ayudarán. Te amo.”

    Eso es todo. En mi escritorio tengo la extensa carta de Rachel y el Diario de Vida que escribió. También tengo una nota de Cristian, mi hermano, que desde hace ya dos días duerme en mi departamento, sin despertar.

  16. Paula - Tischler dice:

    El mundo està rodeado de pensamientos desiguales. Algunos se identifican con otros, y eso hace una cultura.
    Identificarse con una saga, no es màs que intentar salir del mundo que nos rodea. Muchas cosas afectan nuestra vida. Las sagas, en algunos casos nos hacen escapar por dos horas, o por el màs minimo tiempo que sea. Pero lo logran ^^.

  17. alejandra guzman dice:

    pues hay se va

  18. alejandra guzman dice:

    g7xoi7zpwregmny gvjk8906ujh7vujbho


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