Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Abril, 2009

Meditaciones frente a un cuadro de Vermeer

Dudé mucho antes de transcribir lo que tenía pensado para esta ocasión (Las dudas), ya que a todos nos compete lo referente a la salud (Psicología de la salud): “expertos en Salud corren para frenar la gripe porcina”, leo apenas me conecto a Internet, un título entre miles.

Es que hablar de la eternidad (La eternidad o el cambio) -en la medida en que mi pluma puede hacerlo, precariamente-, del infinito o incluso de pintura o de un pintor como Vermeer de Delft, parece hasta agresivo en estos momentos. Sin embargo, siento que el hombre es más eterno e infinito que cualquier evento, que la gripe o que la corrupción de los gobiernos (La peor pandemia de la historia de la humanidad: la gripe española). Nada de fin de la historia, sino que nos quedamos para siempre acá mismo, iguales pero tal vez mejores, ¿por qué no? (El fin: ¿de la historia, la historicidad o el historicismo?).

En homenaje a mis dudas, cedo las primeras palabras a uno de los “comentaristas” de la entrada del miércoles pasado, cuando me referí a una epidemia de dengue que asola la Argentina. Este autor, Osvaldo Bonini, quien además desde su blog llamado “La gente y su sombra” nos sorprende y nos hace reflexionar cada semana, apunta:

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Editorial

El mapa de los cuerpos

Leo mi cuerpo como si fuera una traducción literal de las horribles condiciones de vida actuales (El cuerpo, el mundo y la historia): fui al Norte de la Argentina y no me pesqué dengue (El Dengue), pero aviesos insectos caminaron por mí y dibujaron senderos de tortura: un mapa donde el lago mayor está situado en mi espalda sufriente y llagada.

Aunque si leo el cuerpo de los que, menos favorecidos, me rodean, encuentro que alguien se ha puesto a traducir el infierno medieval en pleno siglo XXI (El lado oscuro del Cristianismo).

La pobreza y la desinformación (La pobreza y extrema pobreza) -en la “era de la información”- hacen estragos -y no es una idea demasiado original la que expreso (La armonía y desarmonía de los péndulos vitales).

En Argentina, en Paraguay, Brasil, hay en estos momentos una epidemia de Dengue -lo inicio con mayúsculas para que nadie se distraiga de la palabra-, y una se entera por casualidad que en uno y otro hospital de, por ejemplo, Buenos Aires, ha muerto gente contagiada (Dengue).

Pero también ve por televisión que “todo está controlado”, o acaso, como ingenua explicación, que los químicos con que se fumigó en prevención antes de que empezara el verano “estaban vencidos” (Agricultura y/o medio ambiente).

La historia es cruel y se repite y los males del mundo se repiten con ella. ¿Acaso no fueron las guerras y hambrunas las que se tradujeron en epidemias que diezmaron la población de las ciudades de la Edad Media? ¿Y cuántos pasos dimos -especialmente en salud- para alejarnos de la Edad Media?

Que las enfermedades y los síntomas hayan cambiado de nombre no los hace más ligeros (Visión actual de las enfermedades producto del desarrollo de las nuevas tecnologías); que la gente de clase media muera en su cama cercana a los cien años no nos distancia de los 25 años promedio de vida medieval, ya que hay demasiados chicos que terminan su vida diariamente por hambre, o infecciones provocadas por comida proveniente directamente de los tachos de la basura.

Yo, antes, escribía cosas más lindas

Sí, es solo que a medida que envejezco, veo, y tomo conciencia, quizá toda la que nunca tomé.

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Editorial

Pintores de la perspectiva

Uccello, Santa Teresa, el Che: Pintores de la perspectiva

Los cuadros muy antiguos nos presentan imágenes planas. Con toda seguridad el ojo humano ya estaba preparado en ese entonces al menos para tres dimensiones, pero no sabía soñarlas ni pintarlas (Época antigua).

De cualquier forma, veía, pero no sabía que veía de otro modo (Visión compartida: el secreto del progreso).

Se necesitaron visionarios (Organizaciones innovadoras) para inaugurar la perspectiva en las obras de arte y la palabra perspectiva en los conceptos y hasta en el diccionario (Educación, evolución e inteligencia: perspectiva cibernética).

En la Italia del Renacimiento, quien trabajó más a fondo con estos conceptos de geometría y espacio fue Uccello (Historia de la Pintura) . Pintó así una famosa batalla, la de San Egidio,  y dicen que la noche que la terminó le susurró al oído a su mujer: “Soy un hombre feliz”.

No sé si Uccello fue verdaderamente el primero que utilizó la perspectiva en pintura, pero sé, o intuyo, que el brillo de su felicidad trascendía ampliamente sus aportes en arte: creo que era tan dichoso porque consideraba sus trabajos como metáforas de la realidad que se acercaba a descifrar.

Uccello descubrió la perspectiva psicológica, esas honduras de la percepción que se nos brindan según las circunstancias, el lugar donde estamos parados, capacidades anteriormente adquiridas y la apertura de los ojos -quiero decir, el alerta de todos los sentidos (5 Sentidos).

El lugar donde estamos parados

Tal vez una persona está situada en el mismo lugar que dejó otra hace dos siglos, y mira desde allí. También puede suceder que se sitúe en el sitio donde sus experiencias personales, muy íntimas, lo llevaron,  y ese lugar coincida con el de una persona que vivió hace mil años.

Me fascina la perspectiva, y estos  apuntes tratan de ser una respuesta a los comentarios que recibí en la entrada anterior,  cuyo tema era que los niños -y los jóvenes-  ya casi no leen.

Pero es cierto, yo estoy parada en un lugar diferente del de algunos de ustedes…

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Editorial

La vida real

La mágica invención del adjetivo

Creo con Tolkien (Lo Mágico y lo Intrínseco en la ficción de Gaudí y Tolkien) -nada menos que el autor de la extensa y riquísima saga escrita de El señor de los anillos- que la invención del adjetivo fue poderosa, estimulante y sobre todo mágica (Manual de gramática española para la universalización), y ahora mismo busco en algún diccionario la definición de la palabra magia para que tengan claro lo que queremos decir -”queremos” nos une a Tolkien y y a mí, yo no me ando con chiquitas:

Primera acepción: Ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables mediante trucos. Segunda acepción: Antropol. Conjunto de ritos y creencias encaminados a obtener objetos o fenómenos extraordinarios mediante la manipulación de las fuerzas ocultas de la naturaleza.

Surge una clara interpretación: el adjetivo manipuló el lenguaje arcaico y transformó el mundo al ponerle sentidos, colores y sutilezas, además de diferencias (Sentido común). Pero, aparte, reflexiono ante las definiciones de magia: ¿no es exactamente esto lo que hace la ciencia? (La ciencia).

J. R. R. T. dice:

La mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz concibió la noción de magia que haría ligeras y aptas para el vuelo las cosas pesadas; que convertiría el plomo gris en oro amarillo, y la roca inmóvil en veloz arroyo. Si pudo hacer una cosa, también la otra; e hizo las dos, inevitablemente. Si de la hierba podemos abstraer lo verde, del cielo lo azul y de la sangre lo rojo, es que disponemos ya del poder encantador.

Pero, ¿por qué estoy citando a Tolkien, de qué hablo, a qué me quiero referir?

Raconto

Me levanté esta mañana -otoño resplandeciente- con la idea de que hablemos de los cuentos de hadas, de refrescar una antigua discusión sobre si los clásicos cuentos de hadas “hacen mal o bien” a los niños -la segunda teoría, la de que hacen bien, fue apasionadamente defendida por ciertos psicoanalistas a quienes tácitamente apoyé en su momento…  (Los orígenes de la transmisión en el psicoanálisis).

Y busqué el ensayo de Tolkien que se refiere al tema.

Pocas veces he leído algo más convincente que este libro que dice casi al comenzar: “Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que paraliza y un peligro siempre presente: la alegría lo mismo que la tristeza son afiladas como espadas” (El bosque, la imaginación y el miedo).

Al leer esto, justo en esta página, mi fantasía se aposentó, y dejé de leer y vino mi infancia (El carácter indispensable de la educación de la primera infancia) y todas las huellas de cenicientas, príncipes y hasta ogros y brujas me acunaron: fue un rapto.

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Editorial

Vengo a despedir a mi segundo padre

En la Argentina, en la primavera del ‘83, el dolor se tocaba, era casi sólido (Los idus de marzo: el consenso civil al advenimiento de la dictadura militar argentina). Todos teníamos algún familiar, amigo o acaso sólo conocido al que le habían arrancado toda esperanza (De cómo se construye la esperanza).

Pero, paradójicamente, también la esperanza se tocaba (Finalidad y paradojas del comunismo platónico).

Una mañana de esa primavera –no sé si el recuerdo pinta colores y pone aromas frescos exquisitos, pero era la más espléndida que rememoro en muchos años- los argentinos fuimos a votar (El voto electrónico: el caso vasco).

Al entrar a una escuelita de barrio para depositar mi voto, una señora que tenía muchos años estaba discutiendo con los guardias: “¡No encuentro el cuarto donde se vota a Alfonsín!”, vociferaba (Calidad de vida en la tercera edad e hipoacusia).

Los policías trataban de explicarle que el voto no debía ser “cantado”, porque sería invalidado , y la señora persistía indignada en sus demandas: “¿No debería haber un cartel indicativo que dijera “Alfonsín”?”.

Entré y vote y nunca supe lo que ocurrió con la indignada dama, quedó como una anécdota pintoresca, pero todavía puedo revivir el especial latido que había en mi corazón esa mañana y, podría asegurarlo, en el corazón de casi todos (La felicidad, esa constante búsqueda).

Por la tarde fueron llegando los primeros cómputos, y los siguientes, y los definitivos al llegar la noche, y aunque allí lo que se esperaba no era específicamente el triunfo de una persona en particular, sino (¡oh, palabra!) el de la democracia, me alegró enormemente que Raúl Ricardo Alfonsín fuera elegido presidente (Golpes militares y salidas democráticas).

Yo vivía todavía en Santa Fe, así que no tuve oportunidad de concurrir a la archihistórica Plaza de Mayo (Historia de San Telmo -Buenos Aires, Argentina).

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Editorial

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