Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Enero, 2009

La muerte del literato

Sigo encontrando papeles antiguamente escritos (Fernando Pessoa, corazón de nadie. A su propio encuentro), y en un acto de singular arrojo compartiré algunos…

Esto, aparte de permitirme descansar (Afecciones del estrés en la productividad), en el sentido de que no tengo más que pedirles a mis dedos que inicien una ágil danza sobre el teclado copiando hojas amarillas -es cierto, a veces estos dedos parecen bailarines (El cuerpo, el mundo y la historia)-, permitirá que también ustedes se sientan inspirados para ofrecernos “curiosidades”: muchos deben guardar estas reliquias, estas especies extinguidas, estos dinosaurios del espíritu que son los manuscritos.

Estuve clasificándolos por rubro, por ejemplo “Listados”, “instrucciones para parecerme un poco más a mis ideales”, “Cartas que nunca envié”, “Números telefónicos sin referencias”, “Relatos”, “Poemas de los cuales no sé cuál era la idea para armar”, “Recetas con flores que algún día pondré en práctica”, hasta “Guiones de radio” había (Historia de la radio en la Argentina).

Era el mar si las hojas fueran olas, era el infinito, seguro todas las palabras están allí, en esos armarios donde guardo estos “tesoros” -Me detengo y pienso: da para escribir algo sobre el tiempo, pero también me detiene la sensatez: “¡si ya los hartaste del tiempo y sus cambios y sus máscaras y sus…!!!” (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo).

También había papeles que otros escribieron para mí: cartas de mis hijos, por ejemplo.

Elegí algunas cosas mías, por supuesto, ya que no puedo transcribir cartas no publicadas de otros, porque les pertenecen a ellos -cometí un “delito” hace un tiempo, con una carta de Olga Orozco que transcribí aquí-, no podría asegurar que las más pintorescas, pero sí lo hice con esa intención: alegrarlos o distraerlos (Tibidabo).

Transcripciones

Ahora copio esas pequeñas “perlas” opacas (Amado Nervo) que hallé en mi rastreo.

Organizar mi escritura:

Objetivos:

Conocerme (¡fácil!)

Hacer alguna cosa con lo ya escrito.

Continuar escribiendo y revisando lo antiguo.

Estudiar Borges desde un punto de vista casi filosófico.

Entender realmente lo que es o significa la posmodernidad -no quiere decir en absoluto adherir (La historia frente a la globalización y la posmodernidad).

Poseer íntegro un cuento de Borges: “La busca de Averroes”. Lo que quiere decir entenderlo hasta en sus detalles más secretos además de saberlo de memoria sólo de tanto leerlo, no intencional; ser Averroes, lo que es -en este cuento especialmente- ser Borges -ser B. en el transcurso del cuento, de su meditación.

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Editorial

El vino añejo y el excelente whisky

Guarden el vino añejo y el excelente whisky para el juez rubio que fuma, encontré copiado con mi letra de hace algunos años en un papel volatinero (Historia de los payasos).

Papel volatinero llamo yo a uno de ésos que hallo al pasar en mi casa, llena de inspiración, generalmente por las noches; los escribo porque no quiero olvidar algo que leí o que pensé (Los dioses del cotidiano).

Pero en general los pierdo, o vuelven a mí como los objetos que entrega el mar, intermitentemente (El agua). Un día se aparece un recibo de impuestos en cuya parte en blanco copié por ejemplo: “No tengo lo que quería, es verdad, pero quiero lo que tengo”, y sí recuerdo de dónde lo saqué -lo dice un personaje de Tom Stoppard en La invención del amor, obra dramática que recomiendo lean (El teatro del absurdo, de vanguardia, y la vida y obra de Lope de Vega y de William Shakespeare).

Mas la frase que transcribí al comienzo me llevó muchos días, aplicada a la investigación de sus orígenes (Mito, mitología poética y razón especulativa en los orígenes de la filosofía).

Anduve por mis libros más queridos, acudí a “todo Borges”, por supuesto, por si él la hubiera analizado. “Brillantemente” -obviamente- busqué la Antología Surrealista (Surrealismo y Anarquismo).

Pasaron por mis manos los más viejos tesoros que acumulé en la biblioteca, ya que estaba escrita en un papel que ya llegaba al amarillo -¡ah, mis flores amarillas! (La educación de la China).

El misterio mayor no consistía en qué fragmentos de mi memoria se habían perdido irremediablemente, me habían abandonado y yo ya no era yo en alguna parte -eso sucede todo el tiempo

El misterio era la frase en sí, ¿qué significado objetivo tenía?

¿Y qué significado podía tener para mí especialmente? ¿Habría estado jugando juegos de palabras con amantes o amigos lejanos?

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Editorial

Firmar el mundo

La gente lamenta no poder participar de cuestiones relacionadas con “la poesía” -no estoy hablando de los versos sino también de la poesía que no está escrita, como “perder” horas mirando los paisajes y las arquitecturas (La arquitectura con otras disciplinas), los amaneceres y los atardeceres.

La gente suele dejar de lado la poesía mencionada para ocuparse de lo que verdaderamente importa.

No estoy diciendo todo esto con el propósito de confrontar ninguna actitud opuesta a la mía, y mucho menos refrescar el dogma de vivir la poesía (La palabra, el escritor y la poesía).

Estoy más que nada hablando conmigo misma -mi único interlocutor constante, el conejillo de indias que siempre me acompaña- para tratar de contestarme qué hice en mi vida que no tuviera que ver con la poesía y que tuviera, a la vez, ese sentido que las personas le dan a lo que verdaderamente importa.

Tres cosas esenciales

Las tres cosas esenciales que, según es clásico, hay que hacer en la vida, consisten en escribir un libro (Veinte reglas para escribir una historia de detectives), plantar un árbol (Proyecto arborización), tener un hijo (Pautas de crianza)…

Supongo que este credo que resume de modo magistral las limitaciones del género humano debe de incluir metáforas: que uno puede no escribir un libro sino pintar un cuadro -la cuestión es dejar la firma puesta-; no plantar un árbol sino regar una azalea; no tener un hijo sino cuidar cariñosamente alguna noche a algunos hijos de los otros…

Pero, aun metaforizada, esta premisa que suele estar congénitamente en el corazón de cada uno tiene poco espacio y aire, es estrechísima: como dije, la cuestión sólo estriba en poner la firma de uno a la “creación” (De la creación a la psicología)… y mi firma… ¿a quién le importa y a quién debe importarle?

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Editorial

Materia nocturna olvidada en la luz

Es hora de soñar (La estrella resplandeciente. Fábula siglo XXI). Sí, sé que decirlo es como hacer una revolución: alzar provocadoras armas tenues (La revolución de los sabios…)

Estamos en el año 2009 y no resulta muy exagerado afirmar que el mundo se desangra; esto tiene que ver, por supuesto, con la guerra (El conflicto árabe israelí); por supuesto, con el planeta que parece agonizar entre el cambio climático (Cambio Climático), falta de agua (La problemática global del agua), extinciones de especies (Especies en extinción y especies en peligro) y contaminaciones.

Pero, además, está el alma del hombre -como género; no me pidan que escriba: “…del hombre y la mujer” (Alma y cuerpo. La conversión psicosomática).

El alma también está en guerra, tiene un clima algo inhóspito y parece contaminada por demasiados venenos, no sólo los tóxicos de siempre (Adicciones no convencionales).

Está, el alma, intoxicada de materialismo, de pesimismo y de banalidad.

Por eso es hora de soñar los mejores sueños: ellos limpian.

Aparte, son etéreos, no pesan nada, alegran el camino, levantan -contra la banalidad- barricadas de filosofía -de la profunda filosofía que no precisa de academias (Artesanos vs. Academias).

Soñar sin ponernos límites respecto de lo práctico o lo conveniente es hacernos poetas.

Copio, sobre el sueño que nunca estudian los psicólogos, es decir sobre la ensoñación, unos párrafos de Gastón Bachelard -a quien ya les he presentado alguna vez-, que era un lírico grandioso y científico de varias ramas, una de ellas la psicología:

Los psicólogos estudian el sueño, el sorprendente sueño nocturno, prestando poca atención a las ensoñaciones. La ensoñación se transforma entonces en un poco de materia nocturna olvidada en la luz del día. Si la materia onírica se condensa lo bastante en el alma del soñador, la ensoñación cae en el sueño; los “accesos de ensoñación” que los psiquiatras observan asfixian el psiquismo, la ensoñación se vuelve somnolencia, el soñador se duerme. Una especie de destino de caída marca así la continuidad de la ensoñación en el sueño. Pobre ensoñación la que invita a la siesta.

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Editorial

Palabras que no existen

Noticias de un nacimiento

Ayer José Itriago me regaló una noticia: había muerto Inge Christensen, danesa, “la poetisa de las matemáticas” (La belleza como guía para la ciencia).

No sé por qué me entristeció al principio esa información, después comprendí que en realidad Inge no había muerto: si antes ni la había escuchado nombrar, ¿no era bueno saber de ella por una anécdota como es la muerte de un extraño? ¿No era bueno que ella “naciera” de ese modo en mí? (La muerte en la historia).

José habla de su obra El valle de las mariposas, poemas en los que “desarrolla una simetría del dolor a partir de la observación de diversas formas de mariposas” (Las mariposas). Además transcribe uno de sus poemas, y traduce también una expresión de la poetisa: “Trato de hablar acerca de palabras que no existen con el fin de hacerlas existir” (¿Por qué a las palabras se las lleva el viento?).

Ante el impacto de este pensamiento, comprendí que no otra cosa hago yo, que no otra cosa hacemos todos, y que no de otra manera se creó el mundo que tratando de hacer existir lo que no existe o está oculto (Lo siniestro en las Leyendas de Bécquer: La ajorca de oro).

Luego de leer lo que me contó José y un poema por él traducido del inglés, creo, volé en busca de otros detalles sobre Inge, como una poseída (Réplica de Simón Royo a “Filosofía para una nieta”…).

En ninguna biblioteca de carne y hueso la encontré, pero estaba presente, claro, aunque no demasiado explícita tampoco, en Internet (Automatización de Bibliotecas).

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