Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Diciembre, 2008

Secreto revelado en Nochebuena

Con 42 grados centígrados (¿Cambio de clima o calentamiento global?)  , no hay otro modo de caminar en la casa que no sea descalza, pero mi pie no toca frescas baldosas sino cálida madera (Cuidar los bosques naturales fabricando tableros derivados de la madera) .

En ese mismo instante de pisar, me cierra el círculo de algo que ya empecé a comprender ayer en la reunión de Nochebuena (Festividad navideña) . Anoche fue 24 de diciembre y vinieron todos los infantes de la familia a esperar la navidad en casa de mi madre, en Santa Fe, Argentina.

Los niños eran muchos ojos y cuerpos frágiles corriendo por la casa, atravesando el árbolito.

Esos ojos brillaban por la espera de los regalos, seamos sinceros, no por el Nacimiento; había miradas azules, negras, color miel.

Los mayores esperábamos también, entre otras cosas la alegría de esos chicos. Además, la cena de ricos platos tradicionales y tradicionalmente nutritivos de navidad -cremas, jamones, pavos y cerdos glaceados, y el entretenimiento del final que consiste bajo cualquier clima en almendras, chocolates, turrones llenos de nueces y peligrosos para dentaduras algo ancianas, mazapán, el pan dulce… (Historia de la gastronomía).

De pronto, en el momento justo en que una de las numerosas gotas de sudor de mi cara se mezcló en mis labios con el sabor de una garrapiñada, algo empezó a molestarme, esas cosas que se abren paso en la oscuridad de los fantasmas hacia la conciencia al contemplar algo que no parece ser la realidad.

Miré a mis hermanos, a sus parejas, a mi madre,  a los niños que jugaban.

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Editorial

Duelo y humor

Fiesta interrupta (la del idioma)

Tal vez no corresponda lo de interrupta -debería ser: interrumpida-, pero qué importa.
Fui durante muchos años censora de la lengua -censuré o encomendé encomillados, bastardillas, neologismos y paleogismos, erratas y erratones- y un día tiré lejos tanto abecedario, por eso voy a contarles una historia de corrido, sin fijarme en excesos de gerundios ni en repeticiones (Normas del Español).

Creo que ya conté esta parte: el martes 14 de octubre fue un día raro -ya pasaron dos meses, ya llegaron las “fiestas”. Mane, mi hija, aquel martes, no concurrió al trabajo porque se quedó cuidando a Octavia, su gata, que se moría de viejita (El adulto mayor y los animales).

Creo que conté además que Octavia no era sólo hija de Mane, sino mía también, cuando vivíamos juntas hace quince años, pero que nos mudamos a casas diferentes, y sólo hubo un modo de decidir quién se quedaría con ella: la jugamos a las cartas, y yo perdí… (El póquer).


Conté y lo repito, para quien no lo haya leído y porque esto es muy importante, que la gatita era boxeadora, cantante, bailarina, cura o monja sanadora, negra de ojos amarillos. Solíamos ponerle los sobrenombres más desopilantes. Un día que leíamos una reflexión sobre “el hecho estético”, se nos ocurrió denominarla “Helecho estético”, y hasta ahora, de vez en cuando, le decíamos así (Fundamentos filosóficos de la estética).

…quedé en que Mane estaba en su casa cuidándola a Octavia que se moría, y agrego que yo salí de la mía y al llegar a la oficina recibí su llamada telefónica porque en efecto se había muerto. Después vi pasar el tiempo con tristeza, y pasaba cargado de lluvia (Las Nubes).

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Editorial

Carta de una mujer, y otra de un amante temible

Aunque el concepto es algo antiguo, todavía resuena en forma de mensaje simbólico: detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer (La mujer).

Es decir, una sombra (Visibilidad - Tecnologías de la visión - Cultura visual).

La sombra de una mano, preferentemente (¡Pecadora! La difamación histórica de la mujer para limitarla políticamente).

La mano que acaricia (Caricias del Alma - Arte Corporal).

La mano que da un toque de “gracia”, nunca un golpe de gracia (Libros para superarnos).

La mano -esto es especial- que mece la cuna -que es la mano que gobierna al mundo, pero también en la sombra (Citas y frases por personajes conocidos de la historia).

Pero esa mano ha hablado.

Más precisamente, esa mano ha escrito.

Mejor que casi todos los grandes hombres, a veces también antes que ellos.

La literatura japonesa, para hablar de un solo caso emblemático, tiene femeninas primeras novelistas (Lenguaje Poético).

Japón, una tierra en donde la mujer nacía con destino de muñeca y destinada a jugar con muñecas gran parte de su vida, no cuenta en sus inicios más que con escritoras de narrativa… ¡mujeres!

¿Será que escribir es como jugar, y que lo serio, lo verdaderamente serio, es gobernar, organizar y conquistar países, hacer la guerra o ganar dinero? (Chicos, no hagan esto en sus casas).

Antiguamente parece que sí, pero estamos hablando de lo antiguo y, además, todavía subsisten códigos que pretenden hacer invisible -¿de tan etérea?- a la mujer (Ciberfeminismo, Mujer y TICs: La acción Feminista en el siglo XXI).

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Editorial

¿Qué es erotismo, qué pornografía?

El sexo y el espanto

No debería ser así –aunque, ¿quién determina lo que “debería” o no ser? (De Sade a Freud: el mal como un deber kantiano)-, pero el sexo es una de las cuestiones que más problemas trae y más “espanto” causa (Informe sobre sexualidad, sensualidad y sexo).

Es agradable y nutritivo –nutritivo del alma (La historia de tu vida).

Nos obliga a ser dulces, cariñosos, y hasta a embellecernos un poquito (Memoria: peluquería).

A ser sinceros, porque a la oscuridad casi siempre, en cuestiones de sexo, digo, suele vencerla la luz (La luz para los artistas, los museólogos y los arquitectos).

Digo suele, tan sólo suele, porque hay vampiros ávidos y vampiros temerosos también de su apariencia (Vampiros: los Moradores de las Tinieblas).
Con el pretexto del erotismo y la perversión (¿Qué son las parafilias?), tengo una amiga que jamás se desnudó frente a nadie ni dejó ver más que una pequeñísima parte de su anatomía (Tania Bruguera o el performance como medio de reflexión).

Ahora dice que es porque está un poco vieja; antes, acusaba a la voluptuosidad de su cuerpo.

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Editorial

Retratos íntimos

El arte de la amistad

JLB –que es Borges, ya no sé si recuerdan mis pequeños códigos: no nombrarlo porque lo menciono en exceso- tiene algunos escritos sobre la amistad (Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad)
Por supuesto que no voy a poner adjetivos a su prosa (Borges: ¿Qué habré de temer?), pero quiero decir que, más allá de toda literatura, cuando tocó ese tema fue más que él mismo, que es mucho decir (Aprender a pensar la vida como la empresa más valiosa del universo).

Una prueba: Abramowicz

Abramowicz fue compañero de Borges en Ginebra, en el bachillerato, se hizo su amigo en la adolescencia y:  ”Descubrimos las cosas que descubren todos los jóvenes: el ignorante amor, la ironía, el anhelo de ser Raskolnikov o el príncipe Hamlet, las palabras y los ponientes”. Muchos años después, Borges escribió en una de sus visitas ginebrinas, en un poema en prosa llamado precisamente “Abramowicz”, sobre una flamante fe que le sobrevino -esta es mi opinión solamente- para de algún modo recuperar a su amigo Maurice:

Esta noche, no lejos de la cumbre de la colina de Saint Pierre, una valerosa y venturosa música griega nos acaba de revelar que la muerte es más inverosímil que la vida y que, por consiguiente, el alma perdura cuando su cuerpo es caos. Esto quiero decir que María Kodama, Isabelle Monet y yo no somos tres, como ilusoriamente creíamos. Somos cuatro, ya que tú también estás con nosotros, Maurice. Con vino rojo hemos brindado a tu salud. No hacía falta tu voz, no hacía falta el roce de tu mano ni tu memoria. Estabas ahí, silencioso y sin duda sonriente, al percibir que nos asombraba y maravillaba ese hecho tan notorio de que nadie puede morir. Estabas ahí, a nuestro lado, y contigo las muchedumbres de quienes duermen con sus padres, según se lee en las páginas de tu Biblia. Contigo estaban las muchedumbres de las sombras que bebieron en la fosa ante Ulises y también Ulises y también todos los que fueron o imaginaron los que fueron. Todos estaban ahí, y también mis padres y también Heráclito y Yorick. Cómo puede morir una mujer o un hombre o un niño, que han sido tantas primaveras y tantas hojas, tantos libros y tantos pájaros y tantas mañanas y noches.

Esta noche puedo llorar como un hombre, puedo sentir que por mis mejillas las lágrimas resbalan, porque sé que en la tierra no hay una sola cosa que sea mortal y que no proyecte su sombra. Esta noche me has dicho sin palabras, Abramowicz, que debemos entrar en la muerte como quien entra en una fiesta.

Los amigos míos, no los de Borges

En los últimos días estuve algo melancólica (La serenata es nota efímera en nuestra hora hechizada) y me acordé de mis amigos; de aquellos que no veo ya y de los que están a mi lado. Pretendo hacer un pequeño cuaderno de retratos (Sujetos), al modo de quien pinta en lienzos –como pinta, por ejemplo, nuestra colaboradora Fabu del blog (Arte cubano del siglo XX)… que es Fabulosa pero no es cubana…

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