Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Memorias del subsuelo

Una historia poética y siniestra

I
Me gustaría empezar como empezaban las historias que leía cuando era chica (Recuerdos tristes de un niño de la guerra). Después de todo, ante la página desnuda -digamos “la página”, aunque se trate de la pantalla de la computadora- una se vuelve más pequeña. Para esa pequeña, cualquier sustancia podría surgir del interior del papel; el mundo entero (Un mundo sin fronteras) hasta con el mar, puesto que ya el papel blanco me está llevando hacia él, y ya la niña se ve ir caminando en uno de sus paseos nocturnos, de vacaciones, por la playa. Va siguiendo la luna, va siguiendo las sombras de las cosas sin ser siquiera el pobrecito Hansel, o la valiente Gretel (La Ópera); vuelve a la casa que alquilaron por unos días sus padres a la orilla del mar (El Mar).

Los dueños nos la habían alquilado amueblada, y entre otros objetos atrayentes que allí quedaron, algunos de los cuales descubrí a último momento, cuando ya nos volvíamos, había una biblioteca. Esa noche yo había caído en entrañable devoción por la luna, por su definición en el cielo, como una luna de dibujo animado (Efectos de los Dibujos Animados en los niños); a la vez, me había invadido una paz incomparable. Busqué entre los libros y encontré uno cuyo título, quién sabe por qué, me prometió continuar con el encantamiento del paseo, “El gato negro”. No sé si entendí la historia, no sé si en ese entonces, digo, la entendí, pero después seguí leyéndola, año tras año la tuve entre mis lecturas preferidas, a veces un año sí y un año no, hasta ahora, que tengo el libro acá, a mi lado, entre los papeles que imprimo, leo, corrijo y después borro en la computadora comunitaria del hospital. Y me parece como si el papel me estuviera diciendo cosas más allá de sí mismo, de mí misma, sobre el hecho de que mi primer intento de empezar esta historia como un cuento de hadas haya ido a dar en este relato. Como si también me dijera, el papel: “En otra cosa no podría ir a dar”. Y es claro, lo que tengo que contar no tiene prados ni pájaros adivinos, y tampoco lo siniestro de la historia se alivia con una casa de tejas y paredes de chocolate y jardín confitado; más bien se parece, pero sacándole lo sobrenatural, al cuento que mencioné. Y hasta, pensándolo bien, su comienzo es el más adecuado para mi historia:

No espero ni pido que nadie crea el extravagante pero sencillo relato que me dispongo a escribir. Loco estaría, de veras, si lo esperase, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Sin embargo, no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana moriré, y hoy quiero aliviar mi alma. Mi propósito inmediato es presentar al mundo, clara, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de estos episodios me han aterrorizado, me han torturado, me han destruido. Sin embargo, no trataré de interpretarlos. Para mí han significado poco; salvo el horror, a muchos les parecerán más barrocos que terribles. En el futuro, tal vez aparezca alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes, una inteligencia más tranquila, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias, que detallo con temor, sólo una sucesión ordinaria de causas y efectos muy naturales, dice Poe al comienzo de “El gato negro” (Aspectos importantes del análisis comparativo entre Edgar Allan Poe y “Gato Negro”)

II
Hasta hace muy poco tiempo, apenas unos días, yo vivía enfrente del edificio de Obras Sanitarias, del famoso Palacio de las Aguas Corrientes. Habitaba un tercer piso, por la calle Riobamba, y sólo separado por el balcón y unos cuantos metros cúbicos de aire libre tenía todo un panorama, como una pintura, como un friso, donde estaban inscriptos dos palos borrachos -que después, en los días de marzo, se llenaban de flores- y una palmera erecta, alta y centenaria. A veces, con las tormentas, la palmera se movía peligrosamente, y, a fines de la primavera del año 2001 -justo cuando hacía tan poco, el 11 de septiembre, habían desaparecido con tanto estrépito las torres gemelas en Nueva York-, yo sospechaba que en algún momento podría caer rectamente justo contra mi propia casa, pero eran sólo momentos, sólo ráfagas de pensamientos autodestructivos, porque a todo eso creía estar venciendo la depresión que me había sobrevenido algunos meses atrás, cuando cerró la editorial adonde trabajaba, y allí supe que no tendría más de qué ocuparme.

Para hacer buen uso de la indemnización me inventé una cura en la que entremezclaba budismo zen y alimentación vegetariana, meditación, yoga y caminatas aeróbicas, pero cuyo principal componente consistía en un cómodo sillón dispuesto en el living y mirando hacia el palo borracho, la palmera y el césped. En realidad me entusiasmé tanto con esta última parte del tratamiento que, habiéndome sentado apenas me levantaba, casi al amanecer, en ese sitio, oscurecía, y me sentía hechizada por la luna y la brillante estrella situada justo arriba de ella, y me quedaba algunas horas más. O corría mi asiento hacia el balcón y allí permanecía más próxima aún al cielo y al palacio.

Una noche, más o menos cuando comenzaba el verano y ya me encontraba yo muy cerca de una crisis, que tomaría seguramente alguna forma cataléptica, me despertaron sonidos que venían de lejos, como de murga, muy a lo lejos, porque la cuadra donde yo vivía estaba desierta, y cuando comprendí que se trataba de una batahola de ollas golpeadas con violencia me sumé a lo que no sabía si eran festejos propiciados por el triunfo de un equipo de fútbol o una protesta callejera. Lo primero que encontré en el armario fue un gran colador de fideos y, para hacerlo sonar, una cuchara de madera. Empecé a golpear en el balcón, y de pronto se iluminó el palacio de enfrente y de allí salió un murmullo de golpes de puño sobre muebles de madera y de cucharas azotadas sobre objetos de metal. Me pareció ver sombras que mi imaginación, seguramente, vistió con trajes antiguos y armaduras, pero el éxito de lo que creí era mi convocatoria de fantasmas me entusiasmó de tal manera que me olvidé de develar ese misterio y continué por horas sobando el andrajo de aluminio en que se había convertido el colador, y empezaron a sumarse, en la vereda que correspondía a mi casa, cientos de habitantes de los otros edificios, con verdadero acero inoxidable y verdaderos ruidos estruendosos.

En esas horas, puedo decir, estuve acompañada, y quizá empezó allí a acentuarse uno de los síntomas de mi enfermedad, el que me conducía a un estado casi hipnótico; de pronto la noche se llenó de sirenas de ambulancia, bomberos y móviles policiales, y yo estuve curada por unas cuantas horas. (Jamás imaginé que se tratara, como leí en los diarios que fue, de la caída del gobierno del presidente De la Rúa, derrocado, como dicen, por el pueblo que hacía sonar sus cacerolas.)

III
El Edificio -yo lo llamaba de ese modo y ahora que releo esto se me ocurre que la denominación ya fue usada en referencia a una arquitectura de igual contenido delirante- a menudo me parecía algo así como el adecuado para los cuentos de hadas de cuando había sido niña, ésos que mencioné al principio, pero en contadas aunque pesadillescas ocasiones me inundaban sensaciones muy desagradables al observarlo -náuseas, y un difuso terror-, como si fuera ocasionalmente el hábitat de personajes más siniestros que las hadas. Esos personajes, lo descarto, no eran los empleados nocturnos de la casa que habían batido el parche aquella noche, acompañándome. Con sensatez, con algo de objetividad, calculo ahora que en la edificación de Obras Sanitarias, o, como ahora se llama, “Aguas Argentinas”, existe cierto recargamiento arquitectónico, el propio de un palacio maligno.

De todos modos, hubo una época, ésa que relaté, en la que estuve embelesada por el palacio. Pero duró unos pocos meses tal fascinación, o bien se transformó en un completo hechizo.

Una tarde de fin de semana salí de mi refugio para comprar el diario y examinar los clasificados en busca de algún trabajo acorde con mis capacidades de escritora algo fantasiosa, o, mejor dicho, de aspirante algo fantasiosa a escritora.
Empecé leyendo el suplemento literario, no los avisos. Lo primero que me llamó la atención fue una fotografía: un detalle del Edificio, con ático, algún escudo y mosaicos naranja; alguna paloma también, de las que yo veía andar por los aleros. Después estaba la nota.

A partir de su lectura terminaron para mí las jornadas de sol, tormentas o luna compartidas con las ahora temibles flores por brotar de los palos borrachos y con la palmera. Ahora vivía entre mi dormitorio y la cocina, pero como mi dormitorio también tenía una ventana que daba al palacio, aun estando ésta cerrada, más bien me interné en la cocina; cuando debía pasar por el living para ir al baño, mis ojos daban, en una recta oblicua, con el Edificio, por lo que decidí cerrarlos, y hacía a ciegas el camino de la cocina al baño.

¿Qué fue lo que me estremeció tan violentamente, qué parte de mí, que tenía que ver con algo imposible de nombrar por lo impreciso, muy oscuro y hondo, fue tocada por lo que el diario narraba con bastante frivolidad? No puedo saberlo, no voy a saberlo nunca claramente. Yo -cuando me atrevía a mirar hacia allí- me decía a mí misma que sentía la añoranza de algo terrible, y ésa era toda la explicación que podía darme.

La nota reseñaba una obra cuyo título traspapelé en mi memoria: era de Tomás Eloy Martínez, un recuento, o relevamiento, de crímenes de la antigua Buenos Aires. En lo referente al palacio, decía que a principios del siglo XX una niña, Felicitas Alcántara, la más hermosa de cuantas habían nacido en Buenos Aires, fue encontrada muerta, asesinada -y nunca se había encontrado al asesino, existiendo sospechas de que se tratara de un alto funcionario policial de la época- en la parte sudeste de Obras Sanitarias. Desde luego, eso era lo que yo tenía como friso. La niña -es de suponer que conjeturaba yo, aunque no lo recuerdo con absoluta precisión- habría mirado el palo borracho y la palmera mientras moría y algunas cosas más que permanecían intactas desde entonces.

Pasaron no meses sino años de reclusión -por mí pasaron-, y casi una década después de la lectura de la nota que provocó mis estremecimientos, un día de frío, encendí las hornallas de la cocina para darme calor -porque no me atrevía a ir al living para prender la estufa- y, en el momento en que con un soplido apagué el fósforo, se me ocurrió que, inexorablemente, me había vuelto loca. Miré la cocina, los platos amontonados y sucios, el recipiente de la basura rebosando, y hasta me atreví a caminar hasta el balcón: el Edificio continuaba erigiéndose con su palmera y con sus palos borrachos, que en marzo se habrían llenado de flores, ya sin flores ni hojas.

Entonces fue cuando llamé a una amiga, y ella me trajo acá, donde absolutamente todos creen lo que digo, doctores y pacientes.

Recuerdo que de joven quería ser Blanche Dubois, la protagonista de Un tranvía llamado deseo, y veo que al final lo fui, lo soy. Blanche Dubois, además, al final de la película, le dice a su psiquiatra, con agradecimiento y con conmovedora entrega: “Siempre confié en la benevolencia de los extraños”.

A propósito de benevolencia

Fui durante muchos años censora de la lengua -censuré o encomendé encomillados, bastardillas, neologismos y paleogismos, erratas y erratones- y un día tiré lejos tanto abecedario. Por favor, no vuelvan a interrumpir mi festín del lenguaje –yo ando por él en libertad, descalza- con cuestiones del tipo de que no me comprenden lo que escribo porque redacto mal. Después de todo –y por supuesto, salvando las distancias- las última palabras de James Joyce -¿te acuerdas, Joise?- fueron : “¿Es verdad que no la entendieron?” (se refería a su novela más compleja, que no es el Ulises, lo estoy leyendo en una contrapa).

A propósito de contratapas

Soy gran lectora de contratapas; las busco después de leer el texto, como plato especial; o antes, en un intento de intuir el contenido del libro paquete-sorpresa y ver qué hago: si me pongo a escribir yo -”para contribuir a la confusión general”- o dejo que hable ese autor que me llegó azarosamente (Dios y el azar).

Hoy estuve mirando-observando la contratapa de El navío Nigh, el texto de Marguerite Duras para su film realizado en 1978 (Sobre Marguerite Duras); el libro-objeto está en español en El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2007.
Me pareció que los editores citaban un párrafo que yo -de haber podido, de haber tenido tinta suficiente en las neuronas- hubiera escrito para ustedes:
“La persona que se descubre en el abismo no se vale de identidad alguna. No se vale sino de eso, de ser semejante. Semejante a aquel que le responderá… Es una limpieza fabulosa que se opera desde que nos atrevemos a hablar… Porque desde que llamamos nos volvemos, somos ya semejantes… Y convirtiéndonos en persona semejante abandonamos el desierto… Cuando escribimos, cuando llamamos, ya somos semejantes. Inténtenlo. Intenten cuando están solos en su habitación, libres, sin ningún control del exterior, llamar o responder por encima del abismo…”.

A propósito de llamar por encima del abismo…

…el martes 14 de octubre fue un día raro. Mane, mi hija, llamó para decirme que no iría al trabajo porque estaba cuidando a Octavia, su gata, que se moría de viejita, y que finalmente murió.
Pero esa viejita no era sólo familiar próximo de Mane: cuando vivíamos juntas madre e hija, ella llegó, la Negra, hace más de quince años.
Cuando nos fuimos a vivir en casas diferentes, hubo que decidir quién se llevaba a Octavia, y ¡la jugamos a las cartas!, ya que ambas la amábamos “desesperadamente”. Era boxeadora, cantante, bailarina, cura o monja sanadora, la negrura con luces amarillas. Solíamos ponerle los sobrenombres más desopilantes. Un día que leíamos una reflexión sobre “el hecho estético”, se nos ocurrió denominarla “Helecho estético”, y hasta ahora, de vez en cuando, le decíamos así.
Era descendiente de la célebre gata Berenice, de Olga Orozco, para quien, en felino homenaje, existe todo un señor libro en el que Olga le canta y hasta la arrulla en su morir.

Mis amigos del blog

Dedico esta entrada a Vancho y a Celeste, dos “grandes”, sin que haya pequeños por acá.

Aparte, deseo expresar mi deuda con todos los que completaron con total desinterés el cuento de la entrada pasada. A los que lo recrearon y crearon, a los que lo criticaron con habilidosa lengua, a los que me están enseñando a escribir; a Mas, que “cruzó nombres” y debió soportarme una noche de desvelo desde el otro lado de la computadora, con toda mi angustia.

Mi intimidad con los amigos del blog es del tipo de tener los ojos cerrados y preguntar sólo ¿cómo eres? ¿Tienes cabellos oscuros, ojos brillantes?
Pero nunca: ¿quién eres?
¿Qué buscas?, les preguntaría, pero sé la respuesta.

Hoy no transcribo un cuento: envío dolor y amor para que los conjuguen.

Cada palabra que ustedes escriben en este espacio tiene singular valor, es parte de la “novela de costumbres latinoamericanas” (Repensando “El reino de este mundo” a la luz de la nueva novela latinoamericana) -y también españolas- que estamos conformando.

Unas voces vienen graves y hondas, otras agudas y ligeras; cada autor-actor recita su papel: el que se autoadjudica uno pequeño, o fugaz, sabe que es por su propia, y valiosa, elección.

Ah, Blanca Estela: tus relatos viven, tienen carne y sangre; se nota muy bien que pagaste el precio de sacarte la máscara.

Besos, y, en enero, ¡vamos todos al Mar de Celeste!

PD: Memorias del subsuelo es el título de una novela de Dostoievsky que recomiendo leer, o repasar.

Mora Torres

Editorial

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Comentarios

139 respuestas a “Memorias del subsuelo”
  1. Blanca Estela dice:

    Querida Mora:

    Sí Mora, he pagado el precio por develar una de las tantas vivencias que tengo en mi vida, como para escribir un libro regordete, experiencias como las que todo el mundo pudo haber vivido, sólo que al contarlas le puse el condimento necesario para nutrirlo y convertirlo generosamente en lo que es un tentempié sabroso, tal como tú lo proponías. Creo que pequé de ingenua con estas confidencias tan íntimas guardadas como tesoros en el alma, y que expuse sin cuidado ante cientos de ojos que a menudo no entienden el idioma maravilloso con el que nos comunicamos en éste blog . Es cierto que estoy endiosada y nunca quisiera dejar de estarlo, pero esto, de ninguna manera significa que tengo derecho a emitir juicio moral en contra de nadie, no obstante pido perdón a los que ofendí con el susodicho comentario.

    Un beso

  2. José Itriago dice:

    Qerida Blanca Estela:
    No perdiste nada cuando nos confiaste algunas de tus intimidades. Antes al contrario, ante mis ojos te hiciste más bella, más humana. Y ojalá te sientas diosa todos los días de tu vida y seguro que, además, lo eres para muchos de nosotros. Te mando un beso cibernético y te aseguro que no tienes que pedir excusas a nadie. De nuestras contradicciones y confrontaciones saldrá algo bueno.

  3. Osvaldo dice:

    Querida Blanca Estela, te pido que no te avergüences. Tú, yo, todos, somos ante esos cientos de ojos solo un nombre y las historias que contamos, que de una u otra forma nos desnudan, mañana serán olvidadas por ellos, te lo aseguro. Sí perdurarán ante este grupo que integramos, al cual confiamos hasta el punto de participarlo en nuestras intimidades.
    Podríamos llamarlo terapia también, parte de “Carta-Cuento”, parte la novela que cita Morita. Que esto no te inhiba.
    ¿Sabes? Cuando propusiste lo de las máscaras venecianas casi comento que no las necesito ya que la que tengo puesta me sirve para toda ocasión y pensé en proponer disfrazarnos, pero tampoco me podría ocultar ya que con el disfraz de Adam con el que circulo por aquí se me descubriría inmediatamente, aunque me disfrazase de satélite.

    José, noble José…me adhiero a tus palabras.

    Ahora, como otro caramelo, Morita nos regala su entrega “…con amor y dolor…”, comparte parte de su historia y su dolor por Octavia, descendiente de Berenice, ambas espacialísimas gatas. Me conjugo en tu pena y te comprendo.
    Ya he transcrito algún Canto a Berenice de Olga, y hasta fue confundida por Jorgev, y ahora otro pedacito:
    …”Así pudiste un día replegar el espacio
    y descubrir en el fondo de mi corazón alguna sombra intrusa entre las sombras,
    o adivinar qué oculta telaraña tejían, destejiendo, mis tejidos,
    o qué vetas aciagas fraguaban bajo mi piel un mármol implacable
    y escarbaste, escarbaste con felpas y pezuñas hasta arrancar el mal
    como una perla negra que se disuelve en polvo,
    en nada…”

    Saludos a todos.
    A ti Morita…con pasitos de algodón.

  4. jorgerv dice:

    Blanca Estela, Blanquita: como se te ocurre pensar que pecaste de ingenua o pagaste un precio por retrotraer con tan límpida intensidad experiencias de la niñez que con certeza que han sido experimentadas por todos, somos sexo encarnado, quizá los resabios de una educación puritana y mojigata les impida a unos cuantos aceptar esto último, menos aceptarlo como algo hermoso y noble. No te preocupes, la aceptación o el rechazo humano a tan dulces tentempiés son abyectas desviaciones que no merecen un enojo, mucho menos una alteración. Lo hiciste muy bien, muchos quisiéramos el poder para trasmitir al lector toda la emoción de esa vivencia que nos narraste. Animo todo esta bien, polemizar y provocar es parte del asunto.
    Carpe diem
    Jorge

  5. jorgerv dice:

    Fe de erratas léase desden donde dice aceptación

  6. José Itriago dice:

    Sobre su mente se incrustaban las notas de una sonata dejando surcos como de lágrimas erosionando la tierra. Era la vida que se iba o peor, toda la vida que ya no viviría, por fin entendida con claridad meridiana. Se llega, pensó, llegué. Creía que era libre como el aire y ahora se siente preso de sus temores, angustias y sobre todo, de esta inmensa tristeza en la que se transformó su poca historia. Aquella pared, hermosa pared hecha por artesanos curtidos, contradicción de manos encallecidas y arcos perfectos, donde proyectaba sus ilusiones en cinemascope y que sintió por años como un símbolo de complementariedad, ahora no es más que puro límite, un límite que no podía ver (o no quería sentir, más bien), asfixiante, ominoso, que estaba frente a él pidiéndole que entendiera entendiéndose a si mismo en esta encrucijada

    Al fondo, en algún lado, quizás muy dentro de su mente, el piano marcaba la pauta: cada nota un pulso, un paso hacia una nada que no podía evitar, un paso hacia adelante con una pared enfrente. Un choque inevitable que quería evitar mientras seguía marchando, paso a paso, siguiendo las notas de la sonata que en vano trataba de identificar, aun cuando la conocía perfectamente: la estaba oyendo desde su niñez. Pero se negaba a identificarla, a identificar todo, a conocer los significados: identificar era etiquetar y sabía a ciencia cierta que este era el principio del error: que a una jarra le pusieran la etiqueta de jarra era quitarle su verdadera expresión, era convertirla en un artefacto de quincallería, era ignorar sus luces, sus brillos, sus colores. ¡Ah si! De eso sabía él que en cada mano tuvo una etiqueta (se vio las manos manchadas, ajadas, manos de viejo, que acariciaron luces con la ilusión de lograr una flor única -qué cruel es la naturaleza- pensó). De eso sabía él, que desde que nació tuvo etiquetas ajenas, que los demás le pensaron, le impusieron y hasta le pidieron cuenta por sus desempeños.

    Así encerrándose cada vez más para evitar cualquier visual de la pared, del edificio que es una contradicción de manos encallecidas y arcos perfectos, donde proyectaba sus ilusiones en cinemascope y que sintió por años como un símbolo de complementariedad, descubre como el silencio se desliza sobre cada instante de él y va haciendo como ondas… las palabras que no conocía de pronto se le acercan, como para que las haga suyas, a pesar de que son lejanas como un fragmento de ese vaso marcado con huellas y hoy vacío. De pronto se siente que estamos vagando en la lejanía, arrastrándonos en silencio sobre la grama debajo de la gran palmera, a veces amenazante, a veces amiga, para-rayos celestial, arrastrando briznas de grama podada e intrigados por nuestra propia escena, buscamos una puerta que lleve a otro lado, bailoteando empujados por las ondas del silencio. Él se mueve sobre la niebla o quizás flota, hasta tropezar con una impúdica foto de almas desnudas, sonrientes exhibiendo por fin sus carnes demasiado blancas sin marcas, sin manos, ni siquiera manchas, piel ausente de pasiones, todas contenidas muy dentro.

    Muevo la boca cuidando no decir nada, para no involucrarme ni verme obligado a explicar mi propio sentido, mi propia piel y suelto discursos indiferentes que no hay que oír. Después me duermo con un sueño real, molesto porque el silencio se llena de ruidos obscenos, hasta que impulsado por una secreta onda, como de algodón, me despierto aterrado y con fuerza nos aferramos a la esmeralda que marca el centro del paisaje, montada en una tela de araña del más puro oro a la espera de insectos siderales en la cúspide de la palmera amiga y redentora.

    Retorna sudoroso a su centro conocido, sus cuatro paredes y camina eludiendo las visuales del edificio hecho por artesanos curtidos, contradicción de manos encallecidas y arcos perfectos, donde proyectaba sus ilusiones en cinemascope, y ya el silencio no se mueve, está estático, en tregua para que retome el aliento que requiere para la ardua decisión que debe tomar.

    Y piensa, mi vida está envuelta en un paño permeable que cada día filtra y pierdo un algo importante. No recuerdo cuánto tuve y no me atrevo a medir cuanto tengo, pero temo que de pronto se abra una fisura y pierda el resto, de repente. Por eso, al paso de los años, en lugar de aligerarse en proporción a la mengua de mis fuerzas, se hace más pesada por el esfuerzo que debo hacer para evitar que sus frágiles paredes se rompan y ahora me agota más que cuando estaba llena. Es hora de dejarla.

    Esa parte de la sonata, en especial, lo perturba, lo confronta con sus tristezas, son como un llamado que ya no puede atender, aunque lo quisiera: es una ventana de cordura -estoy escribiendo un cuento- piensa y sigue pensando que quizás la pesadilla es parte de ese cuento y que sólo falta encontrarle un final feliz, mezclar las alegrías que fueron con la buena dosis que por fin tengo del Welbutrin nuestro de cada día, que quizás siempre he tenido y lo que me ha faltado es otra cosa, no lo sé, son meses o años, sabrá Dios cuánto llevaré aquí, meses o años ya da lo mismo. Una buena dosis para un final feliz. Mi vida proyectada en cinemascope con la sonata treinta y dos de Bethoven como música de fondo. Es un final feliz.

  7. Juan D. dice:

    Muchas gracias, Mora, por traernos a la luz estos temas, que por lo menos en mi caso, a veces permanecen en ese subsuelo interior que creo todos tenemos. He leído la obra de Dostoyevsky, pero no puedo dejar de mencioarte, porque tiene la misma “onda”, “La caída”, de Albert Camus; allí se describe el subsuelo de la moral de un hombre, pero desde que va entrando en ella.

  8. Armando Nadales dice:

    muy bueno se nota que se puede transmitir con sentimiento de imagen lo subreal

  9. Elias Puente dice:

    Buen día, soy alguien a quien no le ineresaba mucho la lectura, poesía y todo lo referido a ello, sin embargo de un tiempo aqui he descubierto poco a poco que a mi vida le hacía mucha falta todo esto es por ello que ando buscando que leer sea a través de una computadora o de un papel el asunto es que buscaba algo interesante para leer ya hora me doy cuenta que lo interesante es leer y me ayuda mucho. Muchas gracias por publicar temas como “Memorias del Subsuelo” pues abren mi mente mucho mas a mi entorno.

    PDTA. Recomiendo leer la Biblia y si ya la leyeron leerla nuevamente pues es algo extraordinadio de verdad todo el contenido, creo yo que no hubo ni habrá algo similar, sin agraviar. Gracias!!!

  10. Celestino dice:

    Muy Bien Mora Torres…
    Sigues haciendo tu Tarea,
    Todos somos TODO, y Todos somos NADA,
    Semejante contigo en el Abismo,
    o como vacilantes ciegos al borde del precipicio,
    mas semejantes cuanto mas convergentes en la Muerte,
    Son nuestras banderas,Locura, Honestidad y Valentia.

    Las experiencias, las confidencias y los Libros Guardados,
    no sieven para nada, es Tiempo de ser y compartir querida Blanca.

    Morita,RIP por Octavia, Recibe Imagen mental de Le Chat Noir.

  11. beatriz valero dice:

    Mis mas calurosas felicitaciones por esa forma, de escribir que nos llega, a lo más profundo de nosotros, y nos hace sentir parte del escrito, nos involucra, nos llena y además es como nuestras propias vivencias de cada día, y si pienso que la lectura, es un alimento para, el alma nuestra.Un saludo a la escritora de parte de una que apenas está comenzando, pero que no importa el tiempo sino la dedicación y el amor que se le ponga a lo que se escribe.

  12. socorro dice:

    Hola Mora, hola amigos todos:
    Me estoy riendo sola, sobre el teclado y pensando:
    “Ahora que leo a Morita transitando, ella, por oscuros pazsadizos, ahora a mi me salen las ganas de hierba mojada de la mañana, primaveras y etc.etc..” Solo me surgen contenidos livianos. Me río recordando mi tonta demanda de una Mora más oscura.
    Blanca:No se como decir ésto pero si que es difícil sentirse expuesta. Aunque los planetas seguirán girando en sus órbitas uno sabe que es duro.
    Te mando un abrazo de otra “expuesta”.
    Celestino: Sos primo de Vancho?
    Atte

  13. María Celeste dice:

    ¡Hola a todos! Antes que nada, Mora, una reverencia ante vos de agradecimiento. Una reverencia a la francesa… pero no la de la dama, que es una pequeña y graciosa genuflexión resortando sobre las rodillas a medida que se inclina la cabeza, sino la del caballero, que me parece más acorde a un agradecimiento inmenso por todo lo que nos das, y particularmente por esta dedicatoria: un ampuloso gesto con el soberbio sombrero de grandes plumas en la mano, mientras se dobla totalmente el cuerpo hacia delante. Así me siento… agitando sombreros de plumas ante tu generosidad.
    Voy a comenzar por tu cierre, diciéndoles a los amigos del blog que, quien desee integrar la partida del encuentro de enero y necesite información, puede escribirme a mi mail celeste_nhu@yahoo.com.ar y gustosamente le orientaré en lo que necesite. Aún falta fijar la fecha definitiva y otros detalles que irán puliéndose en el transcurso de las próximas semanas, pero debo recordarles que enero es temporada alta para el turismo y deberán hacer las previsiones de alojamiento y demás con tiempo.
    Habiendo dado por terminado lo prosaico, pero no menos alentador y emocionante, me dispongo a contactar por encima del abismo, en cuyo escandaloso filo me balanceo con obstinación. Ya que mencionas a Marguerite Durás, la parafraseo para decir “Yo soy una escritora, no vale la pena decir nada más”… y creo que así nos comprenderemos todos.
    Octavia pertenece a la casta de los felinos merecedores de un libro, una película o una obra de teatro. Son merecedores de una obra de arte por su maravillosa versatilidad, pintada con irisados colores, genio y figura. Ha de estar cosquilleándole con los bigotes a algún querubín, de eso no me caben dudas. Y en el reencuentro con Berenice, su linajudo ancestro, habrán sonado canturreos de noche de luna llena en un antiguo patio embaldosado, con fragancia a jazmines estivales.
    Y… como todos tenemos memorias del subsuelo para traer a la terraza, en la próxima entrada prometo una de las mías. Allí quedará absolutamente comprobado aquello de que los que nos deleitamos en el juego de la palabra somos, indudablemente, semejantes.
    ¡Abrazos!

  14. Osvaldo dice:

    Socorro, a mi me parece escuchar a alguien que está gritando, y muy fuerte…
    “…soñaba despierto, mientras ellos poseían ya el sentido de la realidad…”

  15. socorro dice:

    Morita querida, amigos:
    Me mata esta canción de Serrat. Me gusta porque no desdeña lo que necesita , esté donde esté. (subsuelo, altillo, terraza..)

    De cuando estuve loco aún conservo
    el carné de majara en la cartera,
    un plano detallado del infierno,
    un cielo con pirañas y goteras,
    un prontuario en la comisaría,
    un frasco con pastillas de colores,
    la carta con la que te despedías,
    remedios varios contra el mal de amores.

    Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
    desdeñando otros puntos cardinales
    y el sol encarcelado en la terraza.
    Voy rumbo al sur buscando
    tus besos espirales.

    Atrás dejo kilómetros de afueras,
    aire por respirar, luces en rojo.
    Hacia donde señalan tus pezones
    voy a toda pastilla
    dando gas a la moto.

    De cuando estuve loco aún conservo
    un par de gramos de delirio en rama,
    por si atacan con su razón los cuerdos
    y un viento fuerza seis de tramontana;
    el vicio de escribir por las paredes
    pareados de amor, y la manía
    de buscarte entre todas las mujeres
    que en horas bajas me hacen compañía.

    Cuando rozo tus pétalos, nenúfar
    que sobrevive en aguas estancadas
    saltan chispas, los cables se me cruzan,
    se me sube el mercurio
    y me salta la alarma.

    Mono de ti que me obliga a llevarte
    en sobres rojos, liofilizada,
    para tomarte cuando me apeteces
    a sorbos cortos
    donde duele la madrugada.

    Te escribo desde un área de servicio
    donde sólo me ofrecen gasolina.
    Puedes llamarme a cobro revertido
    desde la caracola de la esquina.

  16. Celestino dice:

    …Era un extra~o grupo de Personas,que habian acu~ado un lenguaje especial, algunas veces no era necesario hablar, y para ellos que escuchaban con la mirada, un gesto o gui~o podia significar una docena de palabras, y en humor eran refinados, creo que hasta los chistes los contaban numerados…y yo soñaba despierto, mientras ellos poseían ya el sentido de la realidad…”

    Socorro, soy Celestino, Padre de Celeste (pero no de Mari’a) y de Carlos y Miguel, no soy primo de Vancho pero soy Hermano de todos y tuyo tambien.
    Reciban todos un fuerte abrazo, desde muy al Norte.

  17. Gloria dice:

    Mora querida:no sé porqué vengo a caer la semana siguiente que tu has propuesto un tema,anoche releí el sexo de los ángeles y recordé viejas historias que algún día comentaré…ahora,luego de leer lo del gato negro de Poe me coloco en la posición de hablar de ese adelantado,maestro de maestros,quien influyó en la literatura mundial posterior a su época. Recuerdo que su primer amor fué la madre de un compañero de colegio.El tenía catorce años e iba por las noches a sentarse al lado de su tumba esperando varla resucitar.Es increíble como unas pocas líneas pueden hacer recordar afectos y odios.El poema Anabell Lee es un compendio para escribir poesía y fue uno de los grandes logros poéticos de Edgar Allan Poe,quien es junto a Nicanor Parra y a Osvaldo Ulloa un camino a seguir el misterioso tema de la poesía A propósito te mando uno de mis poemas inéditos sobre el tema:

    para escribirte poesía tuve
    que vencer mil veces a la muerte
    no aquella que calladamente
    nos hiere de una vez y para siempre
    sino a la muerte de mis sueños………………
    (Si alguien se interesa se las envío completa ), ciao

  18. María Celeste dice:

    Celestino… un placer saber que tu hija es mi tocaya (como decimos los argentinos).
    ¿Cuán al Norte estás?

  19. socorro dice:

    Gloria:
    Por la muestra de ganas de conocer todo el poema.

    Celestino:
    Buen humor para las respuestas. Gracias. Me urge aclarar que había un destello como cuando leo los textos de Vancho. (Y eso es un halago) Pero alguien puede ilustrarme con ese texto que inicia Osvaldo y seguís vos? Lamento mi ignorancia pero es excelente y lo desconozco.

    José:
    Imágenes de un “Ir y Venir” increibles.

    Hasta Pronto

  20. Alibe dice:

    Mora: Es de una delicadeza brillante como relatás. Sos la primera a quien respondo. Y será porque vislumbro que tenés una dolencia que llevar a cuestas parecida a la mía.
    No se escribir tan bien como vos o (nosé). Mi pesadilla empezó de muy niña. Pero solo se detectó hace 8 años, que fueron el infierno.
    Tengo una única hija de 10 años. Perfectamente normal y muy inteligente. Y sufro, además de todo lo que sufro, por la pérdida que se viene. Mejor dicho, por el nido vacío que me espera.
    Soy sola. Dos gatas y una perra( lazarilla incondicional mía) de 16 años. Y otros dos gatos machos más jóvenes y menos caseros.
    Soy maestra, y me faltan dos materias para Contadora Pública, pero no logro la meta porque la dolencia me desgana hasta agotarme. Así que quizá yo te de más lástima que vos a vos misma.
    Me despido. Un cordial y respetuoso saludo.
    Alicia.

  21. Osvaldo dice:

    Parece ser que Celestino completó la frase con una idéa propia que no tiene nada que ver con “Memorias del subsuelo”, pero que quedó muy bello.

  22. Osvaldo dice:

    Sara de Ibáñez
    Atalaya

    Sobre este muro frío me han dejado
    Con la sombra ceñida a la garganta
    Donde oprime sus brotes de tormenta
    Un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.
    Yo aquí mientras el sueño los despoja
    Y en sueños comen su mentida baya
    Para erguirse en las venas de la aurora
    Pábulo gris de su sonrisa vana;
    Yo aquí mientras los sabios inocentes
    Y los tranquilos de crujiente casa
    Durmiendo abajo, y aprendiendo el frío
    De sus angostos mármoles descansan;
    Yo aquí volteado por el viento negro
    Que el olor de la noche desampara,
    Los cabellos fundidos en raíces
    Que van abriendo turbulentas lamas;
    Yo solo entre planetas condenados
    Que en busca de sus huesos se desmandan
    —la edad del mundo en esta pobre sangre
    que entre las quiebras de su historia clama—
    yo aquí turbado por la paz bravía
    que con sagaces témpanos me aplaca,
    sintiendo entre las médulas ausentes
    el duro frenesí de las espadas;
    yo aquí velando, los desiertos ojos
    quemado por el soplo de la nada,
    las negras naves y los negros campos
    vacíos de sus oros y sus lacras.
    Yo aquí temblando en la vigilia ciega
    Rodeado por un sueño de cien alas,
    Vestido por mi llanto me arrodillo
    Mientras vuela mi sangre en nieve airada.

    Sobre este muro frío me recobran.
    Oigo el rumor de los medidos pasos.
    Canta la noche en fuga por mi muerte,
    Y el alba sale de mi rostro blanco.

  23. José Itriago dice:

    De Luisana Itriago

    leí varias veces
    mi poema de ayer
    la carta de los abogados
    los borradores de futuras clases
    las correcciones al margen
    de trabajos de mis alumnos
    la lista del supermercado
    volví a ver las fotos
    al lado del escritorio
    todavía recuerdo los sueños de esta semana
    -vértigo de alturas mucha vegetación
    y montañas nevadas-
    pero sólo me reconocí
    en estas dos lágrimas

  24. Osvaldo dice:

    Genial José!!
    Luisana es pariente??

  25. socorro dice:

    José!
    Es tu hija?
    Ahora entiendo! Es una enfermedad familiar!
    Muy bonito!

    Osvaldo:
    Increible Atalaya

  26. José Itriago dice:

    Luisana es una prima, a quien siempre he querido desde hace muchos decenios y ése lo saqué de un libro que publicó hace poco bajo el nombre “El resplandor del instante”.

  27. Julieta dice:

    Gloria:
    me pareció interesante el inicio de tu poema, asi que me gustaría ver más. Por favor publicalo todo!

    Besos!

  28. Irene dice:

    Mora: no sé porqué , pero tu escrito me trajo a mi memoria la voz de Amelita Baltar, interpretando a Piazzolla:
    ” ….Cuando anochezca en tu porteña soledad,
    por la ribera de tu sábana vendré
    con un poema y un trombón
    a desvelarte el corazón…” Cariños.

  29. Fabu dice:

    Cara Mora!
    Compagni dell blog!
    Escuchen, la verdad es que anduve pintando angeles sin sexo expuesto y leyendo cartas cuentos increíbles, todo ésto en dos semanas. Pero me pasaron muchas cosas más… Y en el abismo no existe la comunicación terrena.
    En cuanto a lo netamente carnívoro como lo es el “Asado Argentino”, me animo a agazajarlos a todos los que participen del encuentro en” Mardel”
    haciendo el asado YO, siempre y cuando Estela consigas parrilla y asador.
    Amigos hay un grupete que sois increíble.
    Mora que te puedo decir…vayamos al Mar

  30. GALA dice:

    Querida Mora!, me encanta leer este tipo de textos, en esta ocacion senti viajar a tu mundo, imaginando cada palabra que decias, como lo decias. No te imaginas las ganas que tengo de escribir con tanta naturalidad sin pensar que mas voy a decir… pero bueno tu texto me hace creer que quiza algun dia relatare parte de mi vida… o no se!, de igual forma, cuidate mucho y espero leer mas de ti… chao!

  31. Fabu dice:

    Perdon Estela (coterranea?), quise decir Celeste! Celeste Celeste!

  32. jose angel dice:

    bueno mora esta bien el tema de hoy aun q tu piences q muchos critiican algunos lo hacen como una critica constructiva, pero solo los buenos lectores saben meterce en la novela y pasar a ser parte de esta, vivirlo en un mundo factacioso yo me asombro porq me meto en ella y presencio todo lo q ocurre…..

    cuidecen chicos dios los vendiga para q podamos seguir leyendo las historisas de mora

  33. Gusmar dice:

    Me atrapaste desde el momento en que dijiste:”Para esa pequeña, cualquier sustancia podría surgir del interior del papel; el mundo entero (Un mundo sin fronteras) hasta con el mar, puesto que ya el papel blanco me está llevando hacia él, y ya la niña se ve ir caminando en uno de sus paseos nocturnos, de vacaciones, por la playa”.
    El mar a inpirado muchos de mis cuentos… Y me hace recordar que solo soy un niño…Saludos.

  34. María Celeste dice:

    Fabu: si, somos coterráneas… ya hablaremos largo en enero. Cuando los otros amigos del grupete terminen de definir qué quieren, si playa, bohemio y alocado, o formalito en un café… veremos si tengo que conseguirte parrilla, jajaja. Un gran beso.

  35. rafa dice:

    Gracias Socorro.
    Hace tiempo que no lo sigo a Serrat, y esta poesía es hermosa.

  36. Pako dice:

    fue bastante bueno lo q leí sin limitaciones a saber y pensar lo que cada uno cree de ver la vida con una mejor vision de poder pensar libremente.

  37. Yanina dice:

    Mora, que puedo decir, sos mi ídola! Bendigo el día en que mi profe me mostró el blog. A mí también me gusta escribir pero recién empiezo. Algún día te voy a mandar alguno de mis cuentos para que opines (sin miedo). Tu opinión va a ser la única válida, ya sea buena o mala.
    Seguí así: con cariño, una amiga de Uruguay.

  38. vancho1 dice:

    Mora, gracias por tu generosidad; no sé qué ni cómo.
    Otra cosa, mariposa: ¿Se imaginan las mercancías cuento, mercancías poemas, novelas, con un CD explicativo del autor?
    ¿Se imaginan a nuestra Mora explicando, y a nuestros Hermanos explicándonos?
    Pido ayuda a Socorro, Joise, Celeste, Jorgevr, José I., Osvaldo, y los no nombrados, pero intencionados; ayuda para titular este escrito:
    ____________
    Liviano de equipaje Logró subir a lo más alto y mirar.

    De regreso buscó en todos los lugares, recorrió todos los caminos y senderos; se internó en pasajes inhóspitos y selvas desconocidas: nada.

    Un día a orillas del mar vio saltar un pez, caer sobre las rocas con sus ojos abiertos, contra el sol estremecerse.

    reinició el recorrido de caminos y senderos, paisajes inhóspitos y selvas desconocidas…

    Ya casi no quedaba tiempo.

    -Lo importante fue lo que vio desde lo más alto- sentenció el anciano.

    -Lo importante fue haber subido a lo más alto- dijo el niño.

    El reloj dio las doce campanadas de la medianoche.

    En las rocas de la playa, un pez había muerto.

  39. María Celeste dice:

    Vancho: ¿es absolutamente necesario que lleve un título?

  40. Clodia Pulcher dice:

    Hay seres que son como los gatos, caminan como si la tierra fuera de algodón y como si la noche refulgiera siempre, clara, bajo una luna inmensa.
    Y los hay que se adivinan cuando cantan, y cuando cantan es cuando pronuncian las palabras, como en el tiempo en que canto y palabra era una misma cosa. Dicen, entonces, un puro engaste de sonidos como piedras y flores y pedacitos de madera y de sal y de coral y de barro, de gato y pájaro, de tela y metal…
    Te veo, Mora, gato en los sueños, y cantadora del gato, con la guitarra al hombro, de día en un jardín bajo la parra.
    Saludos gatos, desde la tierra blanda de su panza, en el fondo de oro de su ojo.

  41. Osvaldo dice:

    Vancho:
    Todos buscan. Logran y aún así prosiguen por otra. Varían las razones y la forma de verla según son. Un día llega a su fin. Y el mundo sigue rodando. Y se prosigue tras otra búsqueda en: “otro día”.

  42. claudina dice:

    Es mi primera lectura en tu blog, me transmitiste muchas verdades a traves de tu historia, que sin querer nos vamos olvidando, pero siempre se esta a punto de recordar lo que quedo y las marcas te lo hacen vivir. Estoy interesada en este fantastico mundo de la literatura, no se si podre llegar a escribir algo pero siempre hay que intentar lo que a uno le guste.
    Te saludo…claudina

  43. socorro dice:

    Vancho:Se me ocurre: LA CHANCE . ( La del hombre y la del pez). O también EL PLAZO.(una obviedad).
    No suenan en armonía con el espíritu del cuento, no?

    Osvaldo: más optimista que yo.

    Rafa:Cuánto mejor suena una canción con música!!Ja, Ja

    Un abrazo!

  44. Sashi dice:

    Hola Mora, espero estes bien…

    Nuevamente me dejaste fasinada con tu texto la verdad es que me encanta tu facilidad de transmitir tus sentimientos atravez de tus relatos, es algo asi como si nos invitaras a soñar despiertos!

    Te mando saludos y un fuerte abrazo…

  45. ernestino dice:

    quiero felicitarlos por este articulo tan prodigioso y por el esfuerzo que han hecho de enviarlo gracias

  46. Osvaldo dice:

    Han desaparecido.

    En un estado retrógrado y primitivo, el abominable ser acosándolo, clava sus uñas en la tierra y escarba frenéticamente.
    Su delirio sembrado de temores.
    Su instinto lo lleva a escarbar para protegerse. Más, más. No ve otra salida, meterse bajo la superficie y no ser visto. Desaparecer.
    Viene del bosque donde estuvo al acecho de alguna presa. Donde su escondite era el follaje y el viento su amigo.

    No sabe hablar, desaprendió hablar. Solo expele gruñidos o gemidos con los que se expresa. Expresa su sentir. Miedo, pavor, instinto, ahora. Una palabra, una letra mediría su inteligencia más allá de lo conveniente. Se expondría.

    Solo escarba con el apremio del tiempo que se acaba. Sus hijos y mujeres lo ayudan contagiándose todos en pánico.
    Necesitan despojarse de la bestia. Solo desean vivir.

    Se asoma la manada y en un mísero e infinitesimal instante la tierra tiembla y los chillidos aturden.
    Los masacran sangrientamente.

  47. José Itriago dice:

    Vancho
    Ese eres tú, buscando dentro de tí.
    Así que quizás podría llamarse “Estoy solo dentro de mí” o más impersonalizado: “Sólo yo me encontraré”
    O algo parecido.
    Muy bueno-

  48. lucia dice:

    yo creo que aveces es verdad de los fantasmaspero otro no cree hasta que le sucede la verdad

  49. lucia dice:

    estaria muy bueno comentario

  50. José Itriago dice:

    Así, de sangre y dolor la tierra fertilizada dará nuevos y mejores frutos, aun a sabiendas de que más tarde, siguiendo el círculo predestinado de la autodestrucción, entre las más bellas flores y los más dulces frutos, surgirá nuevamente la deseada bestia.
    Desde lo más alto otea el alma cada rastro, cada olor, cada vibración entre el denso follaje de la vida. Hay un plazo para renacer que cada día se vence.

  51. Osvaldo dice:

    José:
    “Si nos diesen un poco de libertad, si desatasen nuestras manos, si ensanchasen nuestro círculo de acción, si nos quitasen las riendas, inmediatamente -estoy seguro- solicitaríamos que nos volvieran a poner bajo tutela”

  52. Osvaldo dice:

    Para las magníficas y sublimes mujeres del blog:
    Entre aquí y la luna

    Lejana, solitaria
    cubre con plata luminosa
    y coquetea cálida.
    Mar de tormentas
    que copiamos
    y bajo su magia desistimos.
    Mar de tormentas
    que copiamos
    y desistimos las magias.
    Mar de lluvias
    que cae sobre tus mejillas
    y ablanda durezas.
    Mar de lluvias
    que cae sobre tus mejillas
    y endurece blanduras.
    Y entre tú y yo
    esa distancia que acaricia
    y azota.

  53. Fabu dice:

    Vancho:
    “No hay manera de esconderse”

  54. Blanca Estela dice:

    Hola a todos:

    Gracias¡: José, Osvaldo, Joise, Socorro, Mora, Jogev.

    Se ha caído un pañuelo al piso , blanco puro , más blanco que la nieve. Pero cuando me acerco ,es una flor que ha perdido su color o es un ala que parece rota . No sé en verdad , ¿qué es ?. Aunque no lo comprendo , parece infeliz , parece llorar y parece mirar con angustia. Pero no tiene ojos, pero no tiene boca.

    Cuando me acerco más , veo que es un corazón que late como agitado y le pregunto :

    - ¿Qué haces alli ?

    Y sin palabras contesta y sin mirar se expresa :

    - De donde yo pertenezco , de donde yo viví me han botado, me han negado , se desprendieron de mi y al piso me tiraron.

    Pero :

    - ¿ Quién ha sido ? , ¿Quién puede ser ?,¿ Quién actuaría así ?. Nadie debería hacer un acto tan cruel .

    El Corazón :

    - Yo recuerdo que había una guerra entre la mente y este pobre corazón que su único delito fue querer de verdad. Y cuando yo quería decir algo ,la mente me gritaba, la mente me humillaba y me reprendía y me torturaba ,decía : ” Tú no sirves, tú no vales nada, eres duro como la madera , tú ni siquieras existes , tú partiste al pasado ,eres un espejo roto , no vales nada” . Más yo no sentía así y reclamaba , más mi delito fue llorar. Por que de verdad quería amar , pero ahora todo el mundo me confunde. Ahora no tengo dónde vivir , ahora no sé si debo amar.

    Entonces , yo recogi este corazón y cuando lo recogi supe que su nombre era Felicidad, y juré nunca más dejarlo ni abandonarlo . Y supe tambien , que de todas las verdades que hay en este mundo , esta es la más fundamental.

  55. Blanca Estela dice:

    Ella se acercó a él y le dijo :

    - Yo he venido para quedarme ,para hacerte compañía. Juntos no necesitamos a nadie más. Ven y descansa, despreocúpate ya todo va a pasar.

    Y él le creyó, le creyó tanto que le entregó su corazón , y al poco tiempo le entregó su vida.

    Y así pasó el tiempo . Y un día , unos amigos vinieron a visitarlo , más él no abrió la puerta . Preocupados por él, abrieron una ventana y lo que se encontraron fue algo que solo puede llamarse horror, aquel lugar esta totalmente desnaturalizado : desorden, suciedad , un caos total. Pero lo más terrible, aquella persona había fallecido y al parecer ya hace unos días. Y a su lado , encontraron una carta que decía: ” Ella si me comprende, ella si me entiende. Ella no me pide nada. Ella me dice que lo olvide todo, que me quede tranquilo , y así entonces lo haré “.

    Cuando se acercó unos de sus amigos que más le conocía y leyó aquella carta , entonces supo lo que sucedió. El estaba deprimido cuando la depresión llegó a su vida , el simplemente se abandonó, ya no luchó , ya no se esforzó . Así , cayó en la trampa de la aparente dulce depresión.

    Todo estaba sucio,desordenado. EL había muerto aún antes de morir, se abandonó, se perdió en la noche oscura del alma , dolor donde muy pocos tienen el valor de salir de aquel asesino silente. LA DEPRESION .

    Ciao

  56. Blanca Estela dice:

    Soledad, soledad, soledad:

    Porqué cuando te hablo no me respondes ?
    ¿ Porqué cuando me acerco a ti no dices ni haces nada ?
    ¡ Pareces tan indiferente !
    ¿ Porque eres tan fría cuando te doy tanta dedicación ?
    Y sin embargo estás allí y yo frente a tí .
    Y en el tiempo que te conozco nunca me dejaste tocarte y nunca pude mirarte a los ojos ni tan siquiera escuché tu respiración .
    Y sin embargo si he sentido el latido de tu corazón, eso si lo he sentido y por esto que es tan fuerte casi pierdo la razón .

    Y cuando camino , tú a mi lado caminas y cuando sueño , tu sueñas en mis sueños, o quizás mi sueño eres tú .

    ¿ Díme entonces porque yo te siento y no te siento y sé que estás junto a mi ?

    Pero ella jamás respondió y ella por buscarla jamás pudo hallarla solo la escuchó en su corazón como la más vieja canción : Soledad, Soledad , Soledad.

  57. Blanca Estela dice:

    Había una vez:
    un personaje;

    - Yo le puedo regalar una montaña de oro a quien se atreviese a vivir conmigo un día - dijo el personaje.

    Y cuando dijo esto, aquel país tuvo cien veces más habitantes porque con esa oferta vinieron de todas las partes del mundo . Casí se podía decir, que el mundo se inclinó por la cantidad de personas que vinieron. Pero al día siguiente que llegaron, el mundo se volvió a inclinar para el otro lado , pues no se quedó nadie.

    - ¿ Cómo es posible que alguien desprecie una montaña de oro ? -dijo aquel personaje.

    Entonces duplicó dos montañas de oro. Pero en esta ocasión nadie respondió .

    Entonces, dijo :

    - Bueno, daré dos montañas de oro , un palacio, un lago , y a mi hija menor que es bellísima .

    Bien, se presentarón cien hombres fuertes y aguerridos, parecía un día de competencia, debate y lucha . Pero no había aún pasado el día y los cien no conocieron a la hija ,ni al castillo ni al lago y tampoco las montañas, pues no duró nadie.

    - Aqui no hay osados , vamos a ver si no les interesa mi nueva oferta . Voy a compartir mi reino y todo lo que yo tengo , voy a dar la mitad.

    Se aparecieron veinte , unos en caballos, otros en elefantes ,unos trajeron al perro, amuletos, dos brujos.

    Bueno que más puedo decir ya parece repetición , ninguno de los veinte se quedó .

    Entonces , este personaje dijo:

    - Me he encaprichado , ahora daré todo mi reino y no daré solo a mi preciosa hija sino a toda mi familia , a aquel que se pueda quedar solo un día conmigo,le daré todo lo que tengo.

    Esta noticia corrió por todo el mundo ,pero ya había mucha experiencia en esta ciencia y fue muy difícil convencer. Y llegaron solo tres: un científico, un artista y un poeta, todos eran muy capacitados.

    ¿Pero qué fue lo que pasò ?

    Nadie se quedó , pero él lo había dado todo, pero a pesar de esto nadie quiso quedarse , mejor dicho nadie pudo quedarse.

    Entonces, se acercó la hija menor y le dijo :

    - Papá , yo sé todo lo que has ofrecido y sé también tu deseo de que alguien te acompañe aunque sea por un día , pero yo te lo he dicho siempre , nadie contigo jamás se va a quedar , ni siquiera por un instante.
    Y éste le dijo a su hija :
    - ¿ Pero qué pasa , acaso yo soy la muerte ?

    Y ella contestó :
    - Eres peor .

    El dijo :
    - ¿ Acaso soy la enfermedad?

    Respondió ella:
    - Eres peor .

    Y él dijo :
    - ¿ Acaso soy la locura ?

    Ella aseveró :
    - Eres peor .

    Y finalmente , él dijo:
    - ¿ Acaso soy el odio ?

    Y ella volvió a decir:
    - Eres peor.

    Y así hicieron una inmensa lista . Y la hija dijo:
    - Papá, papá , yo soy tu hija más pequeña y sí mi primer nombre es Horror, ¿ cómo alquien va a querer pasar un día conmigo ?. Nadie lo podrá soportar . A ver , papá repite tu nombre.

    Y él con un poco de vanidad , le dijo :
    - Si, hija tienes razón .

    Y repitió su nombre : Miedo.

    La soleda, la depresión, y el miedo: ingredientes que contiene: Memorias del subsuelo, relatado por Mora, y que además son enfermedades del espíritu,y que también alguna vez todos pudimos haber experimentado, sin embargo lo mejor es el final, verla convertida en Blanche Dubois feliz y radiante como es ella, tal como nos debemos empeñar en llegar a ser todos.

    Un abrazo, un beso, con mucho amor para no quedarnos atrapados en recuerdos tristes.

  58. Osvaldo dice:

    Blanquita:

    Saliste de allí, sentí tu abrazo.
    Sentí tu amor, sentí tu pasión.
    En el haz te vi. Y bailé contigo.
    Tomado de tu mano.
    Y te quedaste
    junto a mis notas.

    Gracias es poco. Mucho.

  59. Osvaldo dice:

    De Alfonsina Storni: “Alma desnuda”

    Soy un alma desnuda en estos versos,
    Alma desnuda que angustiada y sola
    Va dejando sus pétalos dispersos.

    Alma que puede ser una amapola,
    Que puede ser un lirio, una violeta,
    Un peñasco, una selva y una ola.

    Alma que como el viento vaga inquieta
    Y ruge cuando está sobre los mares,
    Y duerme dulcemente en una grieta.

    Alma que adora sobre sus altares,
    Dioses que no se bajan a cegarla;
    Alma que no conoce valladares.

    Alma que fuera fácil dominarla
    Con sólo un corazón que se partiera
    Para en su sangre cálida regarla.

    Alma que cuando está en la primavera
    Dice al invierno que demora: vuelve,
    Caiga tu nieve sobre la pradera.

    Alma que cuando nieva se disuelve
    En tristezas, clamando por las rosas
    con que la primavera nos envuelve.

    Alma que a ratos suelta mariposas
    A campo abierto, sin fijar distancia,
    Y les dice: libad sobre las cosas.

    Alma que ha de morir de una fragancia
    De un suspiro, de un verso en que se ruega,
    Sin perder, a poderlo, su elegancia.

    Alma que nada sabe y todo niega
    Y negando lo bueno el bien propicia
    Porque es negando como más se entrega.

    Alma que suele haber como delicia
    Palpar las almas, despreciar la huella,
    Y sentir en la mano una caricia.

    Alma que siempre disconforme de ella,
    Como los vientos vaga, corre y gira;
    Alma que sangra y sin cesar delira
    Por ser el buque en marcha de la estrella.

  60. jorgerv dice:

    Hola tod@s (como que es mas de acorde con nuestros tiempos)

    Vancho:

    Pueden ser muchas cosas las que livianas de equipaje suban y miren a lo más alto. Propóngote La Existencia. Es la que puede regresar y recorrer el mundo y no encontrar nada (Eclesiastés 1:9-11) y asombrarse de ver saltar un pez del mar. Es la que puede reiniciar recorridos. Es la que puede concluir evaluado que lo importante fue lo que vio desde lo más alto. O evaluar comenzando que lo importante es el recorrido a lo más alto. También es la que termina a los doce de la medianoche de su día, su trocito de eternidad.
    Carpe diem
    Jorge

  61. socorro dice:

    Alma
    El alma mide, estadísticamente, 10 cm de largo por 8 de ancho, +-2.
    Se han registrado algunos casos de hipertrofias severas en las que su longitud excedió los 25 cm.
    Es de un color marfil, con reflejos tornasolados y no blanca como se creía hasta el siglo XVIII.
    Es leve.
    Un alma estándar puede pesar 23 grs.
    Un alma estándar cotiza muy alto, hoy, en el mercado internacional.
    Al ser considerada un objeto raro, se recomienda tener presente, al emprender su búsqueda, que se aloja en el centro del pecho en la mayoría de las personas adultas, que son portadoras del gen M7ww.

    De María Grever

    Si yo encontrara un alma
    como la mía
    Cuántas cosas secretas
    le contaría…

    Abrazo a todos!!
    Socorro

  62. joise dice:

    Hola Mora y todos, Eran las nueve am, en Recoleta, acariciando la inmortalidad y encriptados sus despojos se muestra ante mis ojos Evita, ella aun no en el subsuelo pero difunta, me otorga grata sensacion y en
    los labios de Olga, se posan, para ella elogios, no vi a San Martin, pero si senti su espiritu y el recordatorio de sus ilustres progenitores.

    Sacaba de la cosas imagenes, cuando de algún Gato, amarillo y negro, he decidido obtener su impresión, una anciana dama, de ojos profundos y vetustos, con precaria erección, transeunte posterior al gato, interviene en la escena, mi asombro se advierte, no habiendo tomado la imágen de tal dama, no obstante haber sido simultánea al intento de la toma del gato, hubiera sido una toma maravillosa, el gato sobre un banco en el cementerio, la dama transeunte, y, las tumbas, todos juntos en pacifica armonía.

    He conocido la actitud del subsuelo y lo conosco, trabajo con el, sin embargo la inmensa bondad del se torna importante al momento de la inhumacion de las mercedes difuntas, ese jugo putrefacto de los inertes cuerpos emanados, son la sustancia material que cada uno de nosotros deberia entregar al subsuelo y con ello “post mortem” por lo menos, nuestro aporte material.

    No os habeis encontrado con vosotros mismos!, pero tarde o tempranop os encontrareis con la tierra, el eter, donde combinareis vuestro aroma putrefacto, del cual no sentireis verguenza, sin embargo quien os ama sanará su dolor no solo cuando te haya olvidado, sino cuando os ofrende con vuesas rosas y recuerde que: sufrio miedo y dolor, compartió penas y alegrias con vos, porqe te amó.

    Ese mismo sentimiento se apodera y nutre al amado, por cuanto la cara del temor, se lo imagina, debil e indefenso pero no sabiendo el alcance de vuesa fortaleza, sucumbe, y se muestra dócil ante vuesa humildad, modestia y tenacidad ante el hecho perverso.

    Triunfó el amor, sucumbió el temor

  63. gama dice:

    Bueno,
    blanca, realmente el transcurso de la vida, es un cuento, una novela y quien la escribe manifiesta sus momentos de alegeria, sus debenires, es extasis de creación al relatar momentos de su vida, porque ha de avergonzarse quien ha vivido y habre el libro de su vida para que otros conozcan su historia, si es valiente quien asume y acepta sus sentinientos, emociones y sensaciones para entender cual es realmente su sentido de la vida, y si ha de servir para tomar otros rumbos o ver la vida con otros ojos, otros, sonidos, otras sensaciones, es descubrir, lo vacia o lo enaltacida que es este momentos de vida terrenal, aprovechar las cuialidades de poder manifestar a traves del escrito su interiorizadcón y verdaderamente saber quien eres, pues adelante. es un parte escencial de ser o no ser, como expresa shespier.

  64. gama dice:

    ¿que cosa hace la humanidad?, es posible que lo que cre corecto sea incorrecto?. este plano dual, nos mantiene en el circulo vicioso de feecback, preguntas y respuesta, de lo blanco y lo negero, y todo termina o se sierra cuando llega el moemento de desencarnarm, pero lo verdaderamente valioso, esta en como vivi, como comprendi, que aprendi, como senti, como construi…mi paso por este camino de l a vida terrenal, realmente hice mis verdaderas realizaciones y transendi, o me engañe, obnuvilando el verdadero sentir de la vida.

  65. Osvaldo dice:

    Una cancioncita de Ana Belén

    Un hombre al piano

    Esta es la historia de un sábado
    de no importa que mes,
    y de un hombre sentado al piano
    de no importa que viejo café.

    Toma el vaso y le tiemblan las manos,
    apestando entre humo y sudor,
    y se agarra a su tabla de naufrago
    volviendo a su eterna canción.

    Toca otra vez, viejo perdedor,
    haces que me sienta bien,
    es tan triste la noche que tu canción
    sabe a derrota y a miel.

    Cada vez que el espejo en la pared
    le devuelve más joven la piel,
    se le encienden los ojos y su niñez
    viene a tocar junto a él.

    Pero siempre hay borrachos con babas,
    que le recuerdan quien fue,
    el más joven maestro al piano
    vencido por una mujer.

    Ella siempre temió echar raíces,
    que pudieran sus alas cortar
    y en la jaula metida, la vida se le iba
    y quiso sus fuerzas probar.

    No lamenta que dé malos pasos,
    aunque nunca desea su mal,
    pero a ratos, con furia, golpea el piano
    y hay algunos que le han visto llorar.

    El micrófono huele a cerveza
    y el calor se podría cortar,
    solitarios oscuros, buscando pareja
    apurándose un sábado más.

    Hay un hombre aferrado a un piano
    la emoción empapada en alcohol,
    y una voz que le dice:
    “pareces cansado, y aun, no salido ni el sol”.

  66. Ylba Maria dice:

    Hoy Mora nos comparte su historia y su dolor por Octavia, mientras ella estará al lado de Berenice contemplando la luna, toda pérdida es triste, pero no nos dejemos atrapar por tanta tristeza.
    Blanca Estela, me gustaría tener facilidad para escribir mis vivencias con ese condimento que le pusiste a tu tentempie y que resultó tan sabroso. gracias por compartirnos tus intimidades, tus recuerdos, está semana cambiaste por muerte, soledad, te digo como a Mora, no te dejes atrapar por la tristeza.

  67. Blanca Estela dice:

    Ylba María, ¡Qué dulce eres!, te mando un beso.

    De ninguna manera hay que dejarse atrapar, la tristeza, el miedo, la soledad, hay que espantarlas, son como virus que rondan, si te quedas contemplándolas se alojan en tí como una enfermedad, hay que estar alerta y no dejarse contagiar, ya sabes que las personas con tristeza bajan sus defensas y enferman, así es que ¡Arriba el ánimo! y a ¡combatir! recuerda el dicho popular: “al mal tiempo: buena cara”. creo que tú has vivido la vida con mucho optimismo, con mucha paz en la tormenta. Dios nos ha hecho una promesa, que hay que reclamar; (volver a clamar)Proverbios: 3:2
    Si deseas escribir a mi correo, con gusto te responderé: blanca@inforgest.cl

    NO SIEMPRE LO QUE PARECES VER ES

    En una noche de sobresaltos al despertar…
    Cuando levantas la cabeza de la almohada y descubres las figuras fantasmagóricas que se crean en la oscuridad. Tienes un instante de pavor, que da paso a la interrogación que se crea en tu cerebro. ¿Que es?, ¿quien es?, ¿por qué?…

    Al segundo siguiente descubres la verdad de la horripilante visión.

    ¡Es solo un cojín! ¡Es una arruga en la sabana! ¡Es la ropa que juega a formar imágenes inquietantes!

    Pero a pesar de ir filtrando estas preguntas, ir filtrando las respuestas. Y no puedes entender que es lo que queda. Entonces en ese mismo intervalo de tiempo. Descubres la realidad “relativa realidad que dibuja tu cerebro para ti”

    Ves con estupor una figura sentada, que te mira y te observa y además está tomando notas de todo lo que acontece de tu persona.

    -quien eres- te atreves a preguntar. Pero no obtienes respuesta alguna. Entonces decides acercarte más y tocarla. El problema es que cuanto más te acercas, más te vas introduciendo en una especie de arenas movedizas. Sabes que al final está la salida, donde está la figura, pero no la alcanzas, te vas hundiendo más y más, hasta que al final retrocedes y dejas pasar la oportunidad de descubrir el qué, como y por qué, de las cosas…

    La imaginación a veces nos juega una mala pasada. lo mejor es orar y volver a dormir.

    Venid y disfrutemos juntos Mar del Plata

  68. Fabu dice:

    Socorro querida Grande!!
    No pidas mas..!

  69. Fabu dice:

    Joise estoy de acuerdo contigo, TRIUNFO EL AMOR

  70. Blanca Estela dice:

    Fabu siempre triunfará el amor

  71. Osvaldo dice:

    Octubre.

    Extraído de “Aniversario” de J. A. Buesa:
    “…Y es una lluvia lenta, tan lenta que hace daño,
    porque casi no llueve ni deja de llover…”

    Sentados a la mesa de un café cualquiera en cualquier sitio, estamos Carlos, Lucía y yo conversando. No parecen darse cuenta en que fecha estamos.
    Ellos conversan. Hace rato ya que discuten sobre algo.
    Deleito sorbo a sorbo el café observando por el ventanal la lluvia mansa. La aptitud de la gente que pasa, sus ropas, sus miradas.
    De tanto en tanto dirijo una mirada a mis amigos para hacerles notar que los escucho. Aunque es cierto, no estoy concentrado en la charla. Es que ya no es una charla. Están tratando, cada uno, de tener razón, y esto va a empeorar. Hablan de los hijos. De las escuelas públicas, de las privadas y sobre que es lo mejor. Podría intervenir comentando los resultados que han obtenido los míos, ya que ellos pasaron por ambas situaciones. Y a los de Roberto. Y a los de Cristina. Pero si lo hago estaría inclinando la opinión hacia uno y hacia el otro, y no sé si no es peor. Además daría lugar a que el tema se derive hacia mis hijos, y no tengo ganas de discutir de ese tema. Quizás se ofendan y me digan: “¡siempre con la razón!”, o: “¡no a todos nos pasa lo mismo!”. ¿Cómo hacerles entender que la cosa no pasa por ahí? ¿Cómo hacerles entender que está en sus manos y en como sus hijos asimilen? Y en el medio en que se mueven que no porque pague es mejor o peor porque no paga, o al revés. Que no se puede estructurar. Carlos es ateo y envía a sus hijos a Salesianos. Lucia es católica y los envía a la pública. ¿Qué discuten entonces? ¿Los sistemas? ¿El status? La religión no la han nombrado. ¿Para que discuten?
    Somos tres, uno a cada lado de mí, no hay otra forma de sentarse. Estoy incómodo por estar en el medio. Parezco el juez y me quiero ir. Pero como no encuentro buen pretexto, y ¿dónde iría?, sigo disfrutando otro café y su vaho. Y la lluvia. Y los saltitos de la gente ante los charcos. Y los paraguas con los que parecen están protegidos por sugestión. Y ya comienza a flotar el irracional calor de la discusión. Los tonos se suben.
    Lucia, en una chispa de entendimiento, parece intentar descomprimir la situación y pregunta:
    -Flaco ¿Qué opinión tienes sobre esto?
    Lo irremediable llegó. Me hubiera ido. No quiero entrar en la discusión, no hay una razón que me conforme para formar parte de ella.
    -Miren chicos, ustedes están acentuando diferencias de las que evidentemente no se van a poner de acuerdo, y parecen estar buscando discutir. ¿Que les parece si en vez de seguir en esa, intentan ver cuales son los puntos con los que se pueden poner de acuerdo?
    Una salida –pienso para mí- se diría elástica. No opino así no me entrevero en ese lodo, les advierto del tono del que se están aplicando y puede que comiencen otro tema más amable. Podría proponerles qué, pero no se me ocurre.
    El silencio fue prolongado. Carlos jugaba con su taza vacía. Lucia dio varias miradas hacia fuera. Y el silencio siguió. Puede que estén esperando que continúe, pero el tema en esos términos no me interesa y sigo pensando poéticamente en la lluvia que me atrae en una humedad pegajosa de recuerdos.
    Finalmente Carlos irrumpe el ensueño.
    -No se te puede preguntar nada. ¡Salís con otra cosa!

  72. Blanca Estela dice:

    SIESTA
    Risas en la boca y en el alma
    Esperando el familiar sonido
    Que transmite el aire en calma
    Avisando que el ito está dormido.

    Allí palpita el corazón culpable
    Porque el delito será cometido,
    De este pecado jamás se hable
    Que el rito fue para ser transgredido.
    Se inicia ya el primer movimiento,
    Lentos, sin ruido, gatos mudos,
    De la habitación de a una va saliendo
    Húmedas las manos, los pies desnudos.
    Cruzar la sala, paso dos,
    Por el sendero conocido
    Uno tras otro, sin error,
    Hacia el tesoro perseguido.
    El paso tres es más osado
    Trasponer la puerta del final,
    Nadie negará que se ha cortado
    La fina hebra entre bien y mal.
    La luz llena el cuerpo por los ojos
    Y el calor lo inunda por la boca,
    Se hincha el alma, se pone al rojo
    De libertad y de ansias locas.
    Ya calzar los pies con prisa.
    Ya correr y trepar a las higueras.
    Ya sin freno romper las risas
    Que se vuelan con notas mensajeras,
    Y no hay temor, no hay duendes
    Y no hay pánico en la siesta;
    Hay cantos, juegos y puentes
    Y niños disfrutando la fiesta.

  73. Osvaldo dice:

    Blanquita, sos divina.
    “Y húmeda saliva como la de los sueños…De los sueños que sueñan sin nombre entre las cosas…”

  74. joise dice:

    De acuerdo Fabu, y Socorro. Osvaldo la vuestra, es una observación muy ilustrativa del malestar del despecho y la soledad, con vuestra canción, se le irríta y a la vez se le consterna el espíritu de quien observa tal éscena y quiere ayudar, y ¡seguro! Define que el alcohol y el despecho son malos compañeros, lo triste de verdad es ¿que puede hacer un buen amigo para ayudar a resolver tal situacion? Es duro, muy duro.

    Blanca Estela es verdad, me ha sucedido que óbservo a grosso modo, en medio de la penumbra, y transfiguro las sombras en imagenes espectrales, ese caso me ha pasado, pestañeo, me relajo y óbservo de nuevo captando la verdad de la éscena. Si, pero mucha de las veces -como lo habeis dado a entender- la sensibilidad de algunos individuos, crean fabulas de espectros de índole antes mencionada, dando lugar a una falsa verdad -aunque parezca ambiguo- por ende se difunde el miedo a fantasmas y aparecidos que no existen ni han existidoo. Eso podría ser juego de la mente, lo cierto es que la “fe” ayuda mucho, y ante el temor, es verdad, si teneis fe, aunque no sea religioso, entiendo, la oración os dá o reafirma confianza, todo depende en la confianza que tengais en vos mismo y el método para salvar falsas percepciones concedidas por la sensación. Eso es parte de la sicologia del individuo.

  75. joise dice:

    Debo aclarar, que: aunque no le quito mérito a la magnanimidad de las religiones y su poder de acción, no necesito ninguna de ellas para creer en Dios.

  76. José Itriago dice:

    Desde que Socorro presentó las precisas especificaciones del alma, el alma mía no ha dejado de incordiarme. Hoy me ha dicho como diez veces que cree que ella está muy gorda, que seguro pesa como 30 gr. Y que me dedique a buscar una dieta que la ponga en posición de alternar con otras almas, sin tenerse que fajar, lo cual le parece (y yo lo comparto) muy suítico (un chilenismo absurdo por anticuado, que demuestra su grado de perturbación). Ni hablar de los tamaños, encogida como se encuentra por la edad, le parece que Socorro debió permitir una tolerancia de + - 10, aplicando mejores criterios, como con el antígeno prostático, cuyos límites, con la edad, son más permisivos (claro, es que mi alma es masculina y se aferra a esas nerviosas y periódicas mediciones). Y el gen ese M7ww NO está en toda la cadena del ADN y ahora tenemos (porque yo también) una sensación de que estamos coleados, que no fuimos invitados a algo. Así que en nombre de ella, debo decir que ignoró el porqué de las calurosas felicitaciones a Socorro, cuando en lugar de socorrer(nos), creó semejante zozobra.

  77. Gloria dice:

    me encantó el poema de Blanca Estela.Quisiera escribirles a todos,pero hoy hay elecciones en este pequeño país con vista al mar,y como dijo Neruda”Ganaremos nosotros,los más sencillos,aunque tú no lo creas,ganaremos”Puede que en votos no triunfemos,porque acá el dinero corre a raudales,pero si ganamos una conciencia:hemos triunfado.Con los muchos que cayeron para no levantarse sin verdad ni justiciadigo:En su memoria”mil veces venceremos”.

  78. Alla dice:

    Mora: te felicito por el cuento, y por lo que mueves día a día…

    A tus orillas,
    llego como barco,…
    desnudo de velas, y tripulantes.

    Fantasmas suben y bajan,
    encuentran vacío
    y se desnudan,
    tanto, que desaparecen.

    Bajo tu manto silencian el aire.

    “Alma

    De María Grever

    Si yo encontrara un alma
    como la mía
    Cuántas cosas secretas
    le contaría…

    Abrazo a todos!!”
    Socorro: ¡Si yo encontrara un alma, cuántas cosas compartiría!

    la ra la la… Un abrazo a todos!!!

  79. Osvaldo dice:

    “Dolor” de Alfonsina Storni.

    Quisiera esta tarde divina de octubre
    pasear por la orilla lejana del mar.

    Que la arena de oro, y las aguas verde,
    y los cielos puros me vieran pasar.

    Ser alta, soberbia, perfecta quisiera,
    como una romana para concordar

    con las grandes olas, y las rocas muertas
    y las anchas playas que ciñen el mar.

    Con el paso lento, y los ojos fríos
    y la boca muda, dejarme llevar;

    ver como se rompen las olas azules
    contra los granitos y no parpadear;

    pensar que pudieran las frágiles barcas
    hundirse en las aguas y no suspirar;

    Ver que se adelanta, la garganta al aire,
    el hombre más bello; no desear amar…

    Perder la mirada, distraídamente,
    perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;

    y, figura erguida, entre cielo y playa,
    sentirme el olvido perenne del mar.

  80. socorro dice:

    Amigos, Mora:

    Osvaldo: Que atracción la de Alfonsina por el mar, y más que eso, por lo profundo del mar!
    A veces me imagino a mi misma volando y cayendo en picada en el centro del azul.

    Joise: Como estás? Un saludo a Olga.

    Blanquita: Lindo!!

    Gloria: Suerte!! Cada vez me digo que no va a venir por allí el cambio tan esperado y sin embargo, siempre estoy atenta a los resultados. Otra vez ¡Suerte!

    José: Muero de la risa!! Podemos inventar tantas cosas, podemos inventar un gen. A ver como le cae a la regordeta de 30 grs ésta canción de de Caetano Veloso que tiene una de las letras más bellas que hay. (Luz de sol que la hoja traga y traduce…wow! Implica al lenguaje!!!)

    Luz do sol

    Luz do sol
    Que a folha traga e traduz
    Em verde de novo
    Em folha, em graça , em vida em força, em luz
    Céu azul que venha até onde os pés
    Tocam na terra e a terra inspira e exala seus azuis
    Reza, reza o rio ,
    Córrego pro rio, rio pro mar
    Reza correnteza , roça a beira a doura areia
    Marcha um homem sobre o chão
    Leva no coração uma ferida acesa
    Dono do sim e do não
    Diante da visão da infinita beleza
    Finda por ferir com a mão essa delicadeza coisa mais querida-
    A glória da vida

    Aquí va el link que además sirve porque traduce con las imágenes la canción.

    http://www.youtube.com/watch?v=XdYwR6HwZIY

  81. Osvaldo dice:

    Aritmética simple.

    Ayer, contaba yo las aristas de las paredes del living, teniendo en cuenta las de las aberturas y no a los zócalos y el machihembre. La del sur tiene 10. La del norte tiene solo cuatro ya que no posee nada. La del este tiene 10 también, y la del oeste tiene 16 si considero la cortina de enrollar. 4 son las del techo.
    En total 40, ah si cuento además las del piso son…14, o sea 54.
    Desde mi silla plegable de director, de aluminio y lona, se puede ver parte del cuarto que dibuja también aristas. 5 en el techo (según lo que puedo ver), 4 en la pared del este y 4 para la del sur,…son 13 + 54 ¡67! y 7 + 6 son 13, y 1 + 3 son 4.
    He resumido las aristas que he elegido ver a una sola cifra.
    Hoy hice lo mismo, solo que agregué los machihembres que en la pared del sur, a la derecha de una puerta son 12, y a su izquierda son 16. Eso hace 28 aristas más. O sea 82 aristas! 8 +2 son 10, 1 + 0 es 1. Hoy he reducido a 1 las aristas que elegí. Ah, me olvido los de pared oeste que son 8, o sea 82 + 8 = 90, 9 + 0 es 9.
    Mañana sumo los zócalos,… uf ya se me hizo tarde.

  82. Osvaldo dice:

    Diálogo con la computadora.

    Luego de esperarla durante todo el día. (como todos los días)
    -¡Sos una carreta!!! (push to off). ¡Chau!

  83. Blanca Estela dice:

    Gloria, coterránea; amigos todos:
    HOY
    Fuimos todos juntos a votar,(por alcaldes y concejales) respetando ciertos límites y reglas establecidas en el proceso cívico, las mujeres separadas de los hombres, el hormigueo de gente entrando por un lugar, y otro poco saliendo por otro, todo desarrollándose en completa armonía y paz, como es costumbre en las sociedades civilizadas

    Mientras hacía la fila esperando mi turno, y de algún modo para que fuera mas aliviado el tedioso momento, me dispuse a disfrutar y observar el desfile de mujeres que como en una pasarela, lucían diferentes atuendos, algunos llamativos y vistosos, otros como para impresionar por la apariencia, o “súper producida”, como para luces de TV, también estaban las damas de toque elegante y las como recién salidas de la playa, con hojotas y todo. Mientras la mente divagaba comencé a seleccionar a las “candidatas” no se a qué, y con ojo crítico, ésta tiene ojos de mala, ésta es evangélica, esta se maquilla como una ramera…y en un momento de tal distracción me di cuenta que alguien me hablaba…era Fabu, con su pelo corto, quería saber dónde estaba su mesa, luego vi pasar a Mora con un traje de safari color caquis, y además también estaba Celeste, sólo que su dragón había mutado en mariposa…Hoy fue un día especial, distinto a todos, mañana comienza la rutina, si ocurre algún acontecimiento importante, les cuento…ta-ta

  84. caridad espinoza dice:

    me fascina este tipo de cuentos, son muy pocos los que comparten sus sentimientos y lo escriben, de verdad te felicito, continua con esa corriente, felicidades.

    caridad espinoza

  85. Fabu dice:

    CANCION DE LA VIDA PROFUNDA Porfidio Barba Jacob
    (Colombiano)
    Hay días que somos tan móviles, tan móviles,
    como las leves briznas al viento y al azar.
    Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
    La vida es clara,undívaga y abierta como el mar.
    Y hay días en que somos tan fértiles,tan fértiles,
    como en abril el campo,que tiembla de pasión;
    bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
    el alma está brotando florestas de ilusión.
    Y hay días en que somos tan plácidos,tan plácidos…
    -¡niños en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!-
    que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
    y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
    Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos
    como la entraña oscura de oscuro pedernal:
    la noche nos sorprende con sus profundas lámparas.
    en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.
    y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
    que nos depara en vano su carne la mujer:
    tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
    la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
    Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
    como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
    El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
    y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
    Mas hay también, un día…, un día…, un día…,
    en que levemos anclas para jamás volver…
    Un día en que ya nadie nos pueda retener!

  86. Fabu dice:

    Disculpen, el Autor de: CANCION DE LA VIDA PROFUNDA es Porfirio y no Porfidio como lo acabo de escribir anteriormente.

  87. José Itriago dice:

    Este cuento de Mora tiene como tres vertientes extraordinarias: la primera, la agonía paranoica, que quise interpretar fundiéndola con el consecuente depresivo que ejerce su libertad de separarse voluntariamente de la vida (que seguramente sería el camino final de la protagonista de Mora). Ya he vivido varios de estos casos y hoy respeto mucho a los que toman tales decisiones que, evidentemente, no se pueden resumir en la estereotipada carta. Incluso, hay una maravilloso libro de Onhar Pamuck, “Nieve”, donde argumenta la cadena de suicidios que se dieron (y siguen dándose en Turquía) a raíz de las normas laicas que prohibieron cubrir la cabeza a las niñas universitarias, en contra de la Aleya 31 de la Azora de la Luz, suicidios que trata de entender un medio occidentalizado poeta Ka, oriundo de ese pueblo (que en la novela se llama Kars) que se debate entre tradiciones, religiones y política. Son razones bellas, sagradas, aun cuando para uno el significado sea más simbólico que sentido. Hay muchos otros ejemplos de desprendimientos cuasi heroicos, contrastando con el más común cansancio decepcionado. La amada Blanca Estela presentaba la soledad, la depresión y el miedo, sólo que ella las resolvía con la Fe en su Dios, nuestro Dios, con quien ella pareciera casi dialogar. Seguramente nos dirá que sepamos ser flor, que no nos pide que perfumemos, sino que no seamos espina. Para muchos de nosotros la diferencia radica en que no creemos tanto en los intermediarios.

    La segunda parte es la muerte de la gata de su hija, que las acompañó por muchos años, otro tipo de desprendimiento más concreto, más repentino. La paranoia es progresiva, la muerte es abrupta, entre cero menos y cero más, como decimos los ingenieros. En un infinitésimo. Pero es un dolor acumulativo que en Mora, quizás aun más que en su hija, la acerca más a los niveles de lo soportable (o al menos, para mi lo sería, es una pérdida más y ya no sabemos cuánto nos queda, hasta donde podemos perder afectos, sin que nos rompamos por dentro. Menos ahora, porque estamos llegando. Hay días en que casi divisamos la otra orilla).

    La tercera tiene una sorprendente y hermosa confesión más de esperanza que de fe, que se mezcla con una contratapa que nos seleccionó: “la persona que se descubre en el abismo no se vale de identidad alguna. No se vale sino de eso, de ser semejante. Semejante a aquel que le responderá…” (A veces creo que no tendré verdadera fe, hasta que no acumule suficiente esperanza, la esperanza la veo como una esmeralda verde, por aquello que somos de acero y esmeralda, de fuerza e ilusión, pero también el acero corta)

    Así que para conjugar nuestro dolor y amor, el tuyo Mora y el de todos nosotros, que si estamos aquí, por algo será, primero debemos descubrirnos en el abismo y nos estamos, o se están, o me estoy descubriendo, aunque el único abismo seamos, sea, nosotros, yo, mismo. Reorientar el amor es más fácil: todos dan, debemos aprender a recibir, estamos aprendiendo a recibir, que es lo más difícil. Dar es fácil, casi siempre es esmeralda. Recibir es difícil a veces se pone imposible, hay que sacar a relucir el acero.
    Mi padre, que era poeta (también filósofo y otras cosas) publicó entre muchos un breve soneto, que les transcribo. Ayer se cumplieron 32 años de su muerte y aun cuando no es un hito convencional, sentimos más tristeza que nunca, porque teníamos todos esos años barnizando su ausencia (hoy son muchas las ausencias) con sus anécdotas, pero ayer fue uno de esos días que uno avizora mejor la otra orilla y los barnices se craquean.

    Ya cruzan los veleros desiguales,
    trémulos entre ilímites cristales
    y en tanto rugen entre los peñascales
    las bravas ondas del profundo mar.

    Tengo sed de remotos manantiales
    e infinitas frescuras matinales;
    tengo sed de aguas ideales
    con que sacia su sed el hondo mar.

    Y en la mansión de mi locura siento
    ala y ala batir ligero el viento
    ola y ola rodar: el pensamiento,

    la tristeza del mar y su belleza,
    la belleza del mar y su grandeza,
    la grandeza del mar y su tristeza…

  88. Luis Jose Vallenilla dice:

    Realmente es un delirio las letras tan sublime y la evocación perfecta que a muchos nos pasa con el trascurrir del tiempo y gracias a Dios o afortunadamente existen personas en el mundo con la delicada forma de hacer vivir y resucitar tan grande momentos, es con esto Mora Torres que tus momentos se transforman en momentos de todos y tu suave voz llega a los oídos sin decir palabra alguna, el tiempo pasa y nos damos cuenta que sigue pasando con un vivir común lleno de belleza a el mundo que creamos, para luego caer en una reflexión muy sutil de nuestra cotidianidad urbana.

  89. socorro dice:

    Mora y todos:
    El soneto describe y cierra un círculo. Interesante ejercicio, me recuerda a las relacines matemáticas:
    …………
    la tristeza del mar y su belleza,
    la belleza del mar y su grandeza,
    la grandeza del mar y su tristeza…

    Gracias José.

    Fabu: Tiene música esa maravilla?

    Abrazo

  90. vancho1 dice:

    comentario
    SONETO DE PADRE DE JOSE ITRIAGO.

    1. Ya cruzan los veleros desiguales,
    trémulos entre ilímites cristales
    y en tanto rugen entre los peñascales
    las bravas ondas del profundo mar.
    Tengo sed de remotos manantiales
    e infinitas frescuras matinales;
    tengo sed de aguas ideales
    con que sacia su sed el hondo mar.
    Y en la mansión de mi locura siento
    ala y ala batir ligero el viento
    ola y ola rodar: el pensamiento,
    la tristeza del mar y su belleza,
    la belleza del mar y su grandeza,
    la grandeza del mar y su tristeza
    Si alguien lo distingue, qué bueno; pero esto no es una crítica literaria. Esto es un comentario:
    Los contrarios se desarrollan desde el primer verso
    cruzan los veleros desiguales,
    Iniciado el verso con el “Ya” le otorga un apresuramiento, una urgencia; una velocidad reforzada por “cruzan” , y también por la palabra “velero”, cuya sola pronunciación se hace deslizante –sobre todo si se lee con “v” y con “b”, tan común en nuestra América.
    El segundo verso se inicia con el movimiento contenido de “trémulo”, es decir un movimiento contenido, que no avanza dentro de ser siempre movimiento. Al ser movimiento contenido, como hacia adentro, podría conducirnos a un poema hermético, introspectivo; pero no, porque ese tremolar se da en la transparencia de cristales. Fuera está la fuerza desatada de los elemntos que acompaña como coro de fondo:
    “rugen entre peñascales”
    Violento, duro, agreste, de sonidos gruesos como trombón y percusión unidos, para reiniciar el movimiento inicial del primer verso
    “las bravas ondas del mar profundo”
    Al “ya” inicial de apresuramiento, le añade no el superficial deslizamiento de las olas, sino aquel que nace de los abismos, de los interiores, de los “profundo”, y no son olas que rizan la superficie, sino aquellas que provocan la adrenalina, que invitan a la acción defensiva: “las bravas ondas”. Genera así otra contradicción que procura originar nueva acción. “bravas” podría ir acompañada de olas, de gigantescas olas, enormes olas; así podría reforzarse el carácter de “brava”; pero nuestro poeta –José ¿cómo se llamaba tu padre?- prefiere la contención dinámica. Tiene poder para dar cien, pero su acción contenida en una cifra menor, le otorga al verso una gran potencia.
    En el primer verso de la segunda estrofa, aparece el Yo poético, “Tengo sed”. En este espacio de movimientos agresivos, de amenazantes ruidos, de aguas profundas, etc., nuestro poeta tiene “sed de remotos manantiales” “e infinitas frescuras matinales”. Se observa los ecos dialogantes de manantiales-matinales, remotos-infinitas, sed-frescura. No insisto sobre esto más, sólo que el Yo poético se nos presenta en contradicción ¡también! con el mar embravecido y contradictor.
    Su sed es de aguas diferentes “aguas ideales”, que no siendo las aguas del mar de la primera estrofa, son sin embargo las aguas de que se alimenta el mar. “sacia su sed el hondo mar” (remembranza “del profundo mar” del último verso de la primera estrofa)
    La tercera estrofa es también del Yo poético. “mi locura”, “siento”, “pensamiento” (claro, pensamiento del Yo poético). El Yo es una “mansión”, construcción del Yo, que se califica de locura acompañando la locura de las aguas profundas. Una suerte de identificación de la unidad de los contrarios, con un verso soberbio:
    Ala y ala batir ligero el viento
    Leer esto diez veces, hasta sentir cómo nos deslizamos levitando. La actual de moda levedad; que nos aparece aquí con sonidos perfectos. Se refuerza la idea en el tercer verso, un poco menos leve por el concepto “rodar” que no lleva a un cierto aterrizaje, porque no revela su secreto: la conciencia en su debatir, sintetizada en el eje del Yo, “el pensamiento”
    La última estrofa nos lleva a la entrega total; a compartir conciencia y naturaleza, viento, olas, rocas, rugidos, locura y pensamiento; poeta y mundo. La música una vez más se apodera del soneto y nos lleva en silbantes murmullos a envolver todos los versos anteriores. Aquí aparece el sonido clave que se reitera con mayor o menor fuerza en un ritmo que nos sustrae: “eza” de tristeza, belleza, grandeza, en una reiteración brillante que culmina en una suerte de ola que se pierde en las arenas de la playa del Yo. Escuchémoslo otra vez:
    “la grandeza del mar y su tristeza”
    Grandeza inicial no só como concepto, también como sonido. Es Wagner con toda su instrumentación; luego baja levemente para decir “del mar”, vuelve a bajar con “y su”, para morir finalmente junto al soneto mismo con el concepto y sonido “tristeza”, que seguramente al lector le costara pronunciar hasta la última sílaba.
    Un poema extraordinario. Gracias José.

  91. joise dice:

    Quiero con mucho gusto, enviar este mensaje a esos hombres y mujeres al piano, para consolar su espíritu y recordar que nunca nadie está completamente solo y desamparado en el mundo.

    Está vuetro hermano y amigo

    Cuál cardos vuestros sentimientos
    Pasen ante tu alma
    No hay dicha, no hay calma
    Solo dolor y tormento

    Habrá llegado vuestra hora?
    Pues, no la veo!
    Consternado y sobrecogido creo
    Al querer, tu situacion mejora

    No busqueis la soga, ni el disparo
    Buscad vuestra importacia
    Teniendo mejor instancia
    Obtendreis mejor reparo

    Recordad sin más os pido
    Cordura y más sociego
    Díficil se os torna, empero
    Pensad, está vuestro hermano y amigo

    Que no haría yo por vos
    Si vivir por vos quisieras
    Olvidad esas quimeras
    Y brindemos, por la vida los dos

    Joise

    Ciao!

  92. Néstor Aníbal Torres Alvarez dice:

    Guayaquil, 27 de Octubre del 2008

    La fantasía de la playa de un niño, que recree en su ente que con solo mirar la arena y tocarla lo transporta a ese mundo piratezco que brinda la televisión, y el contacto con el agua salada y la brisa le sirve como remedio al estrés cotidiano que tiene el niño que es el reflejo del adulto, crea ese mundo de fantasía y hace dibujos con la basura que encuentra en la orilla.
    Los palitos le sirven de espoleta para crear castillos y barcos para el agua, el niño sacra relucir su alegría que es contagiante y un remedio para el adulto.
    Al llegar la noche se vislumbra un cielo estrellado donde la mente vivida de la criatura le recrea la mente del adulto, que pide que le cuenten historias ya que la brisa saludable del mar le sirve para acurrucarle
    Y la criatura inocente crea un lazo de amor y comprensión.

    Lo importante de su escrito es que a todos los se han dado cuenta es que despiertan a ese niño que se perdió al crecer, y se olvidó de la prosa hermosa que lo acompañaba y que era el centro de atención de la familia, ya que cuando se es niño es el centro de inspiración de la familia y que el mismo logra en si recuperar ese tiempo perdido en el tiempo de la inocencia y que le es grato recordarla como si fuera un chip perdido en el engranaje del cerebro y repasar las como una película del tiempo ya vivido.

  93. José Itriago dice:

    Mil gracias Vancho:
    Mi viejo hubiera estado feliz de leer tus comentarios. Ni remotamente yo hubiera podido visualizar (por consistencia contigo, me niego a utilizar la palabra “analizar”) ese viejo y querido soneto con la profundidad que lo has hecho. Se llamaba Pedro Leonidas.

  94. joise dice:

    errata vuestro por vuetro, sosiego por sociego

  95. Mas dice:

    Allá, del otro lado, desde la otra orilla, miro con ojos alucinados, tal ciego, mira las líneas de la mano.
    Encontrar lo que tengo de más.
    Buscar los restos que son más que el resto.

    Mirar siempre más,
    Reír siempre más,
    Acariciar siempre más,
    Tentar siempre más,
    Besar siempre más,
    Hablar siempre más,
    Traer siempre más,
    Jugar siempre más,
    Abrazar siempre más,
    Dar siempre más,
    Andar siempre más,
    Amigo siempre más,
    Cantar siempre más,
    Sacar siempre más,
    Abrigar siempre más,
    Beber siempre más,
    Querer siempre más,
    Pensar siempre más,
    Acabar siempre más,
    Comprender
    Alegrar siempre más,
    Conquistar siempre más,
    Brillar siempre más,
    Enloquecer
    Sentir siempre más,
    Poder siempre más,
    Cargar siempre más,
    Sol siempre más,
    Saltar siempre más,
    Colorear siempre más,
    Soñar siempre más,
    Reproducir siempre más,
    Buscar siempre más,
    Amar siempre más,
    Triunfar siempre más,
    Mendigar siempre más,
    Volar siempre más,
    Caos siempre más,
    Ojos siempre más,
    Empezar siempre más,
    Extrañar siempre más,
    Llorar siempre más,
    Gozar siempre más,
    Nadar siempre más,
    Marear siempre más,
    Transpirar siempre más,
    Tragar siempre más,
    Regalar siempre más,
    Enamorar siempre más,
    Tiempo siempre más,
    Estar siempre más,
    Acunar siempre más,
    Llevar siempre más,
    Mostrar siempre más,
    Juntar siempre más,
    Luna siempre más,
    Volver siempre más,
    Creer siempre más,
    Instituir siempre más,
    Llegar siempre más,
    Acercar siempre más,
    Preguntar siempre más,
    Colaborar siempre más,
    Crear siempre más,
    Arrastrar siempre más,
    Actuar siempre más,
    Razonar siempre más,
    Confiar siempre más,
    Fracasar siempre más,
    Remontar siempre más,
    Aprender siempre más,
    Pasar siempre más,
    Saciar siempre más,
    Gota siempre más,
    Ser siempre más,
    Amanecer siempre más,
    Respirar siempre más,
    Pensar siempre más,
    Ir siempre más,
    Cambiar siempre más,
    Despegar siempre más,
    Dibujar siempre más,
    Gustar siempre más,
    Liberar siempre más,
    Enseñar siempre más,
    Corazón siempre más,
    Sufrir siempre más,
    Ayudar siempre más,
    Degustar siempre más,
    Declarar siempre más,
    Poner siempre más,
    Hacer siempre más,
    Mar siempre más,
    Crisis siempre más,
    Festejar siempre más,

    Vivir siempre más,…

    “Yo busco a mi Eva,
    su vestido es el paraíso.
    ¿Alguien la vio pasar?”

    Gracias siempre Más.

  96. Mas dice:

    Mora: esto fue escrito a pocas horas de aquella noche.
    Hoy, recién hoy, puedo depositarlo en el espacio.
    Así que feliz por lo logrado, y Mas…

    Saludos Cordiales a todos. Y Mas… despedidas y reencuentros…

  97. Mas dice:

    Siempre iguales pero distintos…

  98. Osvaldo dice:

    Socorro:
    “…Divina calma del mar
    donde la luna dilata
    largo reguero de plata
    que induce a peregrinar…)
    (de Leopoldo Lugones)

  99. María Celeste dice:

    Bueno… prometí algo de mi propio subsuelo para mi próxima entrada, así que voy a arruinar este momento de dulzura poética. Sabrán perdonarme.

    FELICITAS

    Miró de costado la figura que yacía sobre el piso. Ahí donde estaba, sólo la luz de la luna creciente que entraba por la claraboya iluminaba sus formas tenues. Más bien se intuían las formas del cuerpo: yacía medio de costado, sobre el lado derecho, la pierna extendida, luego la izquierda sobre ésta, ligeramente encogida, de manera tal que la rodilla apoyaba en el piso; los pequeños pies descalzos de una blancura nacarada eran lo que se notaba con mejor claridad, con sus delicados dedos manchados por rastros de arena fina del río. El brazo izquierdo había caído hacia atrás, de manera que el torso se veía de frente y podía vislumbrar los senos redondos de pezones arrebolados que se transparentaban por la tela leve; la longitud del cuello, sólo rota por una fina línea amoratada, culminaba en un rostro que no distinguía, perdido en la oscuridad y rodeado por un halo de largo cabello desmayado. Sabía, porque no los veía, que en algún punto de ese rostro brillaban abiertos desmesuradamente unos ojos azules muy bellos.
    Escupió a un lado, mientras sacaba del bolsillo del pantalón raído y sucio un pañuelo de lino fino. Lo observó con detenimiento, cada uno de sus detalles: la bastilla delicada, las iniciales bordadas en seda. Aún así, era una prenda que denotaba bastante uso. Aquí y allá pequeñas marcas de desgaste en la tela evidenciaban que había sido lavado innumerables veces. Rió sordamente mientras recordaba el momento en que lo había robado.
    - A ver… traémelo acá a ese sinvergüenza… el gringo – la voz del comisario retumbaba aún en sus oídos, dándole órdenes al cabo que, concienzudamente, lo golpeaba en la celda.
    - ¡Ahí se lo llevo, señor! – gritó el cabo, limpiándose los nudillos cubiertos de sangre en un trapo. Su sangre, no la de él, claro. Había tomado el recaudo de envolverse las manos en un tiento de cuero para causar más daño y no partirse la piel.
    Lo había tomado del cabello, en un intento de arrastrarlo por el piso de la celda para llevarlo hacia el pasillo, pero con un movimiento rápido de la cabeza lo evitó. Nadie arrastraría a Marek Krzysztof como a un perro. Tambaleante, se incorporó del suelo de manera pausada, apoyándose en las rodillas y luego, primero sobre un pie, después el otro, irguiéndose en toda su estatura.
    El cabo lo miró con duda, tal vez preguntándose si no debería pedir ayuda a otro milico para acompañarlo a ver al comisario, pero después decidió que no.
    - Caminá – le dijo – Ya sabés por dónde es… como que te estás acostumbrando a visitarnos – rió el cabo burlón, mostrándole unos dientes desparejos y amarillos.
    No contestó. Sabía que era inútil con un subalterno. Guardaba su energía y sus respuestas para el comisario. Ese bastardo… escupió nuevamente su repudio ante la evocación.
    Cuando se irguió ante él, el comisario lo miró de arriba abajo: apenas si podía abrir el ojo derecho por el pómulo hinchado, le goteaba un poco de sangre todavía por la nariz y el culatazo del momento de la detención le pulsaba en el cuero cabelludo húmedo de coágulos.
    - ¿Y… tenés algo para decirme? – le preguntó sin intención ninguna de respuesta - ¿Aprendiste algo esta vez o todavía vas a seguir mintiéndome que no fuiste vos el ladrón del almacén?
    Guardó silencio, mirándolo con su ojo sano mientras inclinaba la cabeza hacia la derecha, para poder enfocarlo.
    - ¿No pensás decirme nada? – insistió el comisario.
    - Usted no quiere oír lo que yo tengo para decirle – respondió con voz enronquecida después de horas de silencio.
    - ¿Qué querés decir? – se encabronó.
    - Lo que escuchó – respondió cansinamente – Usted quiere que yo le haga el favor de hacerme cargo del robo… y sacarse el problema de encima.
    La bofetada le dio vuelta la cara violentamente.
    - ¡La reputa que te parió, gringo de mierda! – lo insultó el comisario – Sos una rata… estás podrido por dentro y por fuera…
    No le dio tiempo a decir más y se le acercó de una zancada, poniéndole la cara a unos centímetros de la suya. El cabo saltó asustado desde el vano de la puerta donde se había apoyado para disfrutar de una mejor vista de la escena.
    - ¡Quedate quieto vos ahí! – le advirtió. Y a la sudorosa cara del comisario le espetó entre dientes: - Yo estaré podrido… pero no voy a cargar con sus… pecados – comenzó a alejar el rostro lentamente y, arrepintiéndose, lo volvió a acercar – No me provoque, comisario… puede arrepentirse. – agregó.
    - ¿Me estás amenazando? – susurró el rostro empapado del comisario.
    Los ojos se midieron en sus intenciones y alcances… y fue entonces cuando lo supo. Supo en el miedo profundo que vio, que lo tenía en sus manos.
    - Comisario – interrumpió un milico – El señor Alcántara quiere hablar con usted.
    - ¿Está acá? – preguntó con un hilo de voz, con la mirada hipnotizada por los ojos de Marek.
    - Si, señor – respondió incómodo el milico, ante la escena congelada que veía.
    - Decile que ahí voy a atenderlo – dijo el comisario logrando retirar la vista. Molesto, se miró la palma de la mano, donde un resto de sangre, sudor y secreciones recuerdo de la bofetada parecía haberse acomodado. Sacó un pañuelo del bolsillo y se restregó con asco, dejándolo caer luego sobre el escritorio – Llevá a éste a la celda. – agregó para el cabo – Cuando Alcántara se haya ido, lo dejás libre.
    Se retiró hacia el pasillo de la oficina donde un hombre elegante lo esperaba. Marek alcanzó a verlo por la puerta entreabierta. Escuchó las voces darse los saludos de rigor.
    - Comisario – dijo Alcántara – Recordará usted a mi hija mayor, la conoció en el baile del mes pasado… Felicitas, acércate hija, saluda al comisario.
    - Un placer volver a verlo, monsieur – y fueron trinos de pájaros, brisa sobre los árboles y el río susurrante en un solo sonido. Eso era la voz de Felicitas.
    - Quedate quieto acá – le dijo en voz baja el cabo – Cuando el comisario los lleve para adelante nos vamos a la celda.
    No asintió ni negó. Sólo inclinó la cabeza para poder ver mejor por la exigua abertura. Y lo que vio era acorde a lo que había oído. Una figura esbelta de diosa griega, un rostro inigualable de profundísimos ojos azules.
    Sonrió con su rostro hinchado por los golpes. Ya sabía lo que tenía que hacer. Y sin que el cabo pudiera percibirlo, robó el pañuelo del comisario y lo puso en el bolsillo del pantalón.
    Respiró profundo y sacó la mente de sus remembranzas. Acuclillado en un rincón del palacio de aguas, sólo esperaba la hora propicia para irse. Como había esperado la hora propicia para robarla, después de acecharla por días. No le había resultado difícil conseguirla… era una niña curiosa. Había bastado mostrarse nadando cerca de ella, entre los juncos, donde no lo veían las institutrices, y sonreírle. Después de todo, ya se le habían curado las heridas y solían decir que era bien parecido… y la niña no era tan inocente, era curiosa.
    Se incorporó y se acercó al cuerpo inerte. Recorrió con la mirada la figura sensual en su abandono. Observó los ojos abiertos en un gesto de sorpresa.
    - Una lástima – murmuró sacudiendo la cabeza.- Habría podido enseñarte unas cuantas cosas… pero negocios son negocios. Y mi negocio me lo está jodiendo el comisario. – volvió a sacudir la cabeza – ¡żegnaj, bonita! – se despidió mientras dejaba caer el pañuelo sobre el cuerpo, dio la vuelta y saltando sigiloso como un gato, desapareció.

  100. Osvaldo dice:

    Celeste: ¡¡Hermoso!!
    Te cópio de Borges:
    “…Cuando los jugadores se hayan ido,
    cuando el tiempo los haya consumido,
    ciertamente no habrá cesado el rito…”

    Ahora falta las poesías de Gloria…

    Besos mil.

  101. carmen de escobar dice:

    que hermosa la literatura que nos lleva a escribir vivencias que son tan impresionantes.
    ojala pudiera escribir un dia asì
    no he podido ni terminar mi tesis de grado a nivel licenciatura por no poder transmitir mis pensamientos que ondean en mi mente.
    gracias por ayudarme a tener la esperanza que si puedo.

  102. María Celeste dice:

    Osvaldo: gracias, me ruborizo. Aún no me acostumbro a mostrar mis partes sórdidas y recibir halagos por ellas.
    ¡Abrazos!

  103. Osvaldo dice:

    Es que no sé…me encantó…si algún día pudiera contarte…

    Algo voló y…

    Te copio de Sor Juana Inés de la Cruz

    “…Toda en el mal el alma divertida,
    pena por pena su dolor sumaba,
    y en cada circunstancia ponderaba
    que sobraban mil muertes a una vida…”

    Te quiero.

  104. socorro dice:

    Celeste:
    Muy bueno!! me sorprendió mucho al final porque ya había hecho alianza con el gringo. De verdad muy bueno!

    Osvaldo: Gracias, pregunta a todos ¿son alejandrinos esos versos de Lugones?.

  105. Osvaldo dice:

    El día de hoy, antitética el de ayer… no he contado aristas.
    Gracias.

  106. María Celeste dice:

    Socorro: muchas gracias por tu comentario. Te diré que el verso de Lugones es una redondilla, es decir, una estrofa de cuatro versos con rima consonante del primero con el cuarto y del segundo con el tercero, con métrica en octosílabos. Era muy común en la versificación de Antonio Machado y otros poetas españoles de la época. Un beso grandote.

  107. Osvaldo dice:

    Socorro:
    Se llama “A ti, única” y es un “Quinteto de la luna y del mar”

  108. Fabu dice:

    HOY ME LEVANTO Y DIGO
    Heli Colombani ( Venezuela)

    Y ahora que recobro el aliento,
    cuando vuelven a mí
    nostalgias de futuros luminosos,
    cuando he bebido
    la angustia que transpiran los caminos,
    cuando he sabido desbordar
    la sangre
    y estoy ansioso de volver al huerto.

    Cuando la humana escala se ha teñido
    con la duda, el amor,
    o la agonía,
    ahora,
    ya alcanzado el reposo momentáneo,
    ya disponible
    para volver, si es preciso, a otro comienzo,
    aquí dejo mi voz,
    aquí las páginas entrego,
    y salgo en busca
    de más amor, de más angustia
    o más humanidad.

    Hoy me levanto y digo
    -termino por decirlo-,
    al inicio de otra nueva jornada,
    que cuando ya la vida se me escape
    ha de ser el momento
    en que comience a hablar
    lo que hoy al levantarme
    voy diciendo.

  109. Fabu dice:

    José Itriago:
    Prefiero las almas flacas, que son más flexibles,-¡ no vaya a ser que me desequilibre por su peso! Y no estoy discriminando a las almas gorditas.
    -¿Habra algun día un Banco de Almas, en donde se las pueda transplantar para no morir de tristeza por ejemplo? Tengo entendido que el Alma siente y se convierte en algo muy importante adentro nuestro, cuando estamos felices, ella está liviana y no nos pesa, entonces vive más tiempo con nosotros y no necesitamos alejarnos, convivimos a gusto.
    Quizas un Alma gordita tenga más capacidad de albergar emociones, no sé.

    En la mansion de mi locura…
    que imagen surrealista y maravillosa.

  110. Fabu dice:

    Socorro Queridaaa!
    A CANCION DE LA VIDA PROFUNDA, la ambientaría con Beatles, B.B.King, Kítaro y Prokofiev…elije tú los temas, ja-ja!!!

  111. José Itriago dice:

    Fabu: sería magnífico hacerse transfusiones de almas. Amaneces así, medio atravesada, como cansada de todo, como el gringo de María Celeste y ¡zas! te trasfundes (¿se dirá así?) unos cuantos c.c. de alma de cantante de ópera y sales de lo más feliz con la Traviata a millón (tampoco es para que te impliques con la Tetralogía de Wagner).

    María Celeste: tu cuento es fabuloso, tiene suspenso y un desenlace que uno no llega a calibrar del todo. (La hija del Sr. Alcántara podía haber sido una mujer repugnante, pretenciosa, repelente y fea, de modo que no nos doliera tanto su triste papel de instrumento de venganza). Te felicito. De verdad me gustó mucho.

  112. José Itriago dice:

    MAS: La Eva que buscas se fue a USA hace siglos con la serpiente y ha hecho un negocio fabuloso vendiendo manzanas a los gringos (la famosa EVA’s Apple Corporattion, que es la empresa matriz de todas las demás Apple’s Co.) . El traje de Paraíso se lo tuvo que quitar porque unos Mormones la apedrearon. Lo último que se supo fue que la CIA mató a la serpiente, supuestamente porque se había puesto una burka que le había mandado un tal Osama y ahora Eva vive en la Casa Blanca.

  113. María Celeste dice:

    Querido José: la verdad, no puedo alterar la realidad de lo que era. Felicitas existió de verdad y era tan bella que cortaba el aliento, según dicen. También es cierto que la asesinaron… y nunca se descubrió al autor del crimen. Sólo jugué un poco con los hechos reales… Gracias por tu elogio.
    Y me encantó tu interpretación de la historia de Eva… me hizo reír mucho. Debe de ser cierta, sino no me explico por qué estamos históricamente en estos aprietos que nunca terminan.
    ¡Abrazos!

  114. María Celeste dice:

    Osvaldo: ¿cómo que los versos de Lugones son un quinteto? ¡Si la estrofa que posteaste tiene cuatro versos! No entiendo.
    Y me olvidé de comentar que me parece fabulosa la sugerencia de Fabu. Yo elijo a B.B.King… pero lo que pasa es que amo el blues.
    Y mi alma debe de pesar 18 grs. porque me parece que son proporcionales al cuerpo que te toca ocupar… en ese caso, son levisimas, casi insustanciales en personas pequeñitas como yo.
    Un beso…

  115. José Itriago dice:

    Cualquier esfuerzo de esoarcimiento intelectual termina con noticias como las que les resumo, que realmente pertenece al subsuelo humano, a un algo encallecido, indesprendible en el alma humana:

    “Una somalí juzgada culpable de adulterio por un tribunal islámico fue enterrada viva hasta el cuello y luego lapidada a muerte por 50 hombres el lunes en la ciudad portuaria de Kismayo (sur) controlada por insurgentes islamistas desde el 22 de agosto, se supo de fuente oficial.

    Miles de curiosos se reunieron en una de las principales plazas de la ciudad para asistir a la ejecución de Aisha Ibrahim Dhuhulow. ”

    y termina diciendo que Aisha, así se llamaba la infeliz, pidió insistentemente su condena.

  116. vancho1 dice:

    María Celeste: Disculpa la demora, pero el tiempo… en fin, corre para todos; pero en ocasiones a mí se me hace como un lodazal y cuando creo aprender a caminarlo con el sefuerzo de cada pierna sincronizada, ¡zaz! o ¡cataplún! y el tiempo se desliza entre bellos de mariposa y yo -torpe- con mis botas de barro tratando de deslizarme, no sé… son cosas del tiempo que se burla.
    ¡Hermoso cuento! Me gusta ese final como escupitajo… (fea palabra: perdón) como última puntada de la costura que obliga a mirar todo desde el inicio. Bien. Me gusta. Un abrazo.
    A propósoto de escribir, alguna vez me topé con un buen consejo, que lo repito. No es a propósito de tu cuento M. celeste, sino en general para aquellos que preguntan sobre el tema: Subraye todos los adjetivos,sáquelos. Lea de nuevo y reintegre aquellos adjetivos que son estrictamente necesarios. Estrictamente, subrayado.
    Saludos a todos; especialmente a nuestro luz de faro: Mora.

  117. José Itriago dice:

    Por cierto, el “Quinteto de la luna y el mar” de Lugones, no es un quinteto en el sentido métrico, sino que es una composición donde hay cinco estrofas, cada una ligada a uno de los instrumentos clásicos de los quintetos musicales, con la diferencia de que en lugar de viola, introdujo el contrabajo. La parte que copia Osvaldo está contenida en la primera estrofa del viloncello. Les copio el quinteto completo:

    Piano

    Un poco de cielo y un poco de lago
    donde pesca estrellas el grácil bambú
    y al fondo del parque, como íntimo halago,
    la noche que mira como miras tú.
    Florece en los lirios de tu poesía
    la cándida luna que sale del mar,
    y el flébil delirio de azul melodía,
    te infunde una vaga congoja de amar.
    Los dulces suspiros que tu alma perfuman
    te dan, como a ella, celeste ascensión.
    La noche…, tus ojos…, un poco de Schumann…
    y mis manos llenas de tu corazón.

    Primer Violin

    Largamente, hasta tu pie
    se azula el mar ya desierto,
    y la luna es de oro muerto
    en la tarde rosa té.
    Al soslayo de la duna
    recio el gigante trabaja,
    susurrándote en voz baja
    los ensueños de la luna.
    Y en lenta palpitación,
    más grave ya con la sombra,
    viene a tenderte de alfombra
    su melena de león.

    Segundo Violin

    La luna te desampara
    y hunde en el confín remoto
    su punto de huevo roto
    que vierte en el mar su clara.
    Medianoche van a dar,
    y al gemido de la ola,
    te angustias, trémula y sola,
    entre mi alma y el mar.

    Contrabajo

    Dulce luna del mar que alargas la hora
    de los sueños de amor; plácida perla
    que el corazón en lágrima atesora
    y no quiere llorar por no perderla.
    Así el fiel corazón se queda grave,
    y por eso el amor, áspero o blando,
    trae un deseo de llorar, tan suave,
    que sólo amarás bien si amas llorando.

    Violoncello

    Divina calma del mar
    donde la luna dilata
    largo reguero de plata
    que induce a peregrinar,
    en la pureza infinita
    en que se ha abismado el cielo,
    un ilusorio pañuelo
    tus adioses solicita.
    Y ante la excelsa quietud,
    cuando en mis brazos te estrecho
    es tu alma, sobre mi pecho,
    melancólico laúd.

  118. joise dice:

    Si socorro, el alma es el cerebro, la diferencia estriba, en los sentimientos nobles y perversos de cada quien y la creencia de que unos son mas inteligentes que otros. No, mis queridos bloguers, insisto, lo que existe es diferencia de indoles, y eso lo fomenta el ambito donde os desenvolvais, familiar y social, politico, gremial etc, todo depende del interes que le pongais a vuestro desenvolvimiento cotidiano, y las preferencias de accion (gustos) y adicciones. por ende, si es verdad, Socorro como siquiatra, define el cerebro como alma, es su indole -es cientifico- de otro modo se tomaria en cuenta ciertos factores como la historia de los pueblos, las sociedades y sus trascendencia para definir el espiritu colectivo de quienes vivieron tales epocas.

    Si Jose, vos acabais de dar un ejemplo de lo que ahora afirmo.

    Ciao!

  119. XIMENA dice:

    MI QUERIDA MORITA ,ESTOY EN EL QUINTO PISO,DESDE AHÍ LEO TUS CÁLIDOS RELATOS,TENGO UN VENTANAL MUY AMPLIO ,DONDE VEO PARTE DE LA CIUDAD Y PARTE DE DE HERMOSAS MONTAÑAS,ESTA MAÑANA ,……….HOY ESTOY FELIZ ,TU DULZURA LLEGA A MI,FELICITACIONES AFECTUOSAMENTE XIM
    pd. por favor no tomen en cuenta redacción ,ortografìa etc,que importancia puede tener eso ante una luz de sentimientos.

  120. vancho1 dice:

    Hmmm. Qué desatre: vellos por bellos, entre las erratas de mi nota.

  121. vancho1 dice:

    desastre por desatre. No es mi día. Estoy cansado. disculpen. Chao.

  122. socorro dice:

    Morita, en tanto causante de ésto, y todos sus secuaces: (en el sentido jurídico):
    Lugones es la refinación de la generación que miraba a Europa como eje, no?. Sin disquisiciones ideológicas ¡Que bonito el Quinteto!.
    Gracias al trabajo en equipo que aportan todos!
    Vieron cuando, en un matrimonio, uno inicia una frase y el cónyuge la termina?
    Abrazos

  123. María Celeste dice:

    Vancho: tu comentario es TODO un halago viniendo de ti… el máximo contador de cuentos.
    José… gracias también, pero por aclararme lo del quinteto.

  124. Edil Caballero Carrasco dice:

    Estimados señores mios.

    Les agradesco por escribir los versos y cuenrtos que me lleva a recordar gran parte de mi infancia.

    Por ello sólo les digo que me encuentro en las palmas de sus delicadas manos que apuntan a tan solo al bolígrafo y el papel.

    Bueno Chau Que Dios los Bendiga

    Edil C. C.

  125. Fernando López González dice:

    Me parecio muy interesante tu lectura. Me entretení un buen rato leyendola, yo se que a veces la existencia se vuelve dura, pero siempre habrá una excusa para sentirse bien.

  126. Osvaldo dice:

    Joise, creo que el alma es la alianza entre el corazón y la mente. Cuando están acordes, vibran en armonía. Cuando no, todo es confuso.

    José, gracias por aclararle a Celeste por mí.

    Celeste: creo que todos deberían leer la inexplicable muerte de Felicitas Alcántara de Eloy Martínez, así se comprendería mejor “tu propio subsuelo” con la que te identificas y complementas el post de Mora (el que me gustaría repasen todos). Espero no te enojes que copie el link.
    http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2002/03/09/u-00211.htm

    Socorro: Milagros…

  127. Fabu dice:

    Maria Celeste:
    Muy bueno tu cuento,y que desenlace!
    Me alegro que te guste el Blues,-¡¡ Viva el Blues!!!
    Besos

  128. Fabu dice:

    Mora Querida:¿ Haz visto lo que te queremos y necesitamos?
    Esto es grandioso!!!

    Lo que haz escrito en esta entrega me ha llegado muy profundamente.
    Tambien me confunde un poco, y como llueve a cántaros, mi limpiaparabrizas no da a vasto, necesito ver más claro el camino, pero tampoco me puedo detener…; me arriesgo y sigo la línea amarilla dibujada bordeando la ruta ondulante. Ya no me confundo, y te encuentro en el camino.
    Un Abrazo

  129. socorro dice:

    Gracias Osvaldo, es una vuelta de tuerca más que complementa.

  130. María Celeste dice:

    Osvaldo: jamás podría molestarme que publicaras el link. Si alguien lee la historia de Felicitas en el relato de Tomás Eloy Martínez, comprende por qué yo jugué con los hechos de esa manera. Pero aún sin leerla (porque creo que, por ej. Vancho no lo hizo, ya que no es de nuestro país) el cuento tiene que tener sentido. Era mi intención que lo tuviera, que en la lectura del cuento solamente, el lector pudiera entrever o suponer ciertas cuestiones que caracterizaron al crimen… ¿se entiende a qué me refiero?
    Fabu… ¿qué opinás de Stevie Ray Vaughan?… te cuento que al amigo Osvaldo también le gusta el blues… aunque él no dijo nada… jajaja.

  131. joise dice:

    Osvaldo, el corazon es automatico, la mente y el cerebro accionan de tal forma que ni siquiera el mismo corazon puede controlarse, menos de ponerse de acuerdo, lo que domina es esa masita de 35 grs que dice socorro, en combinacion con las neuronas y nervios los que hacen accionar los organos, por lo tanto la mente (el alma) que se ubica en ese pedacito de elemento o bulbo es lo que define el sentimiento humano.

    por eso los infartos producidos por grandes emociones, incluso los derrames cerebrales, por desperfectos en los fluidos, el cerebro manda y el cuerpo obedece, si el cuerpo no esta en condiciones de seguir operando el cerebro le comanda (swtch off) (capu se fini).

    ciao!

  132. manuel dice:

    me parecen muy acertadas las monografias tan variadas que mandan a usuarios ya que contienen diferentes temas

  133. Claudia dice:

    Que fabulosas lecturas, es muy reconfortante al final del día sentarte frente a tu computadora y disfrutar tales letras. Felicidades!!!

  134. Patricia dice:

    Hola Mora

    No soy escritora, pero me gusta leer, y me encanta lo que escribes. Tenemos tambien una gata ahora tiene 16 años, ya casi cumple 17, y es parte de la familia, ella maulla y nosotros inventamos lo que habla. Y una negra, es de mi hijo, ella es cantante, y sumamente cariñosa.
    Sigue escribiendo, para seguir leyendo, aunque sea a destiempo.

    Gracias

  135. Mas dice:

    José Itriago: estaba seguro que habia una “…casita blanca, donde vivia uno, que creo, era el Marquez, el Marquez era malo, le pego con un palo a… no el Marque no fue, me equivoque, no importa sigo” Maria Elena Walsh.

    gracias por el aporte,…por suerte un dato pude sacar, en esta primer aventurada consulta popular…

    Saludos Cordiales

  136. vancho1 dice:

    Queridas(os) Hermanas(os), Mora:

    CEREMONIAS OCULTAS

    El sol venía prendido del rostro de Isabel cuando la vio por primera vez.

    Ella murió en Septiembre de mil novecientos setenta y tres. No supo de su muerte hasta mucho después, de modo que no tuvo memoria de velorio, ni funeral, ni llanto colectivo.

    -Te presento a una amiga.

    -Mucho gusto.

    -¿Cómo te llamas?

    -Rigo.

    Así fue; nada de otro mundo.

    En el mercado compraron uvas y panes; sobre el césped del Parque platicaron de cosas mientras mezclaban la sabrosura del pan y los jugos de la uva. No era de Santiago, vivía con unas amigas, le gustaba hacer artesanía, pero más le gustaba viajar; venía llegando del lago Titicaca. -Cuando uno hablaba ella miraba fijamente y en forma alternada a los ojos y a la boca. Pelo negro, largo. De vez en cuando un cigarro, no muchos; menos que nosotros. Luego nos vimos en El Hoyo: no le gustaba mucho el baile, aunque lo hacía bien. Recuerdo que me llamó la atención el movimiento de sus caderas: era ondulante y continuo, es decir que no paraba un movimiento para iniciar otro, sino que siempre parecía que estaba iniciando el movimiento, o tal vez que siempre estaba en pleno movimiento. No sé; era bonito. Nuestros temas políticos no le molestaban, pero intervenía poco; se desplegaba con entusiasmo cuando hablábamos de arte, poesía o de nuestras experiencias de niño. Extraño, pero ese fue un tema constante entre nosotros luego que la conocimos-. Era de un pueblito chico y rural; o parecía rural porque ella vivió entre el campo y el límite urbano del pueblo. Tercera de entre cinco hermanos, su padre trabajaba arreglando maquinarias y aperos de los campesinos; éstos le pagaban con huevos, gallinas, cabras, quesos, granos, en fin, lo que tuvieran en ese momento. Nunca le faltó comida ni ropa. No vino a estudiar a la capital, sino al puerto de Valparaíso, donde un hermano de su padre: el Tío. Así lo llamaba; simplemente Tío. El hombre más admirado. El incondicional respaldo para emprender aventuras de libertad. Tal vez él lo aprendió del mar; fue marino, y entre las olas infinitas seguro que el hombre puede adivinar cientos de puertos y por lo tanto miles de destinos… o de caminos.

    Llovía en el Parque y Rigoberto quiso sentarse y ver llover; sentir la lluvia en su rostro. Triste y relajadamente lloró mirando los hermosos verdes tras la cortina de fina llovizna y ese ventanal de penas. Sus penas eran penas de amor; constantes, persistentes, sin un momento especial en el día, pero con fuertes altibajos durante las noches. Isabel apareció lentamente tras un pequeño paraguas. Le miró sonriendo y con un gesto indicó el deseo de sentarse; luego le tomó del brazo y compartió la protección del paraguas. Quedaron así, juntos en la complicidad de la lluvia que les hacía ver como una pareja de enamorados en el paisaje gris. Esa sola imagen hizo sonreír a Rigoberto: una pintura de amor con el más triste de los hombres.

    Ella no preguntó nada; él no dijo nada: era acariciador estar juntos y sentirla apegada a su cuerpo y a sus penas.

    Su desaparición fue repentina; nada hacía suponer ese desenlace.

    Una noche sintió suaves golpes en la puerta del taller –Bulín le decían, imitando a los argentinos-; era Isabel, toda mojada; sonrió a sus ojos adormilados. Calentó un poco de vino con naranja que había sobrado de la charla nocturna. Ante que Rigoberto reaccionara, ella se desnudó y se puso un chaleco de lana que más o menos la tapaba; sonrió de verla tan bella y graciosa: -Toma mi pantalón y sácate esos calzones mojados- le dijo. Aprovechó la ocasión para ir al baño, al fondo del pasillo. Cuando volvió se había acostado en la única cama; aún con el rostro tiritando de frío y medio oculta tras las frazadas le invitó a su lado. Pensó que era demasiado, que debía dormir en el suelo; pero no había más ropa de cama; de modo que se acostó a los pies, es decir con la cabeza para los pies como cuando niño con sus hermanos.

    Fue agradable despertar acompañado. –Sólo te pido una cosa: por favor no arregles mis papeles, ni ordenes la pieza-. No lo hizo. Pero ayudó a lavar las tazas y platos en el baño.

    Medio arrastrándose, Rigoberto dirigió los pasos a la universidad. Por la tarde pasó al local del Partido y temprano aún fue al habitual recorrido por el Parque. Esta vez la pena no lo dejó sentir apetito y aún cuando tenía dinero no compró pan, ni nada. Sólo fumar era suficiente compañía. Al llegar al Bulín lo encontró con sus amigos que discutían en la acera sobre el carácter simbólico de las pinturas medioevales. Alejandro venía llegando de una beca en Paris y sostenía que ese simbolismo no tenía la fuerza de las pinturas y dibujos de las catacumbas de los cristianos perseguidos y que él vio en Francia; tal vez el tránsito de la rebeldía y persecución a la institucionalización del poder cristiano medieval los había hecho perder fuerza. Terminaron conversando sobre lo narrativo en la pintura y la revolución del impresionismo; todo lo cual en el Bulín de Alejandro, en el primer piso. En el de Rigoberto estaba Isabel trabajando collares en alambre de cobre.

    -Parecen de inspiración mapuche…

    -Talvez; Pero no es mi intención. ¿Cómo se explica que los mapuches tuvieran tan alta percepción estética en sus collares y adornos, sin un desarrollo similar en otros aspectos?

    -¿Y los toros de Altamira o Lasqueaux?- replicó Rigoberto a la defensiva. –Además no sé si esos objetos son ya producto de la influencia española… recuerda que algunos se hacen con monedas…

    -¡Hummm…! Puede ser…

    -Sin embargo los tuyos son… no sé; algo así como… ¡Mágicos! Eso es: son mágicos. No me extrañaría que se utilizaran en ceremonias ocultas.

    -¿Tú participas en ceremonias ocultas?

    -No. Nunca he participado… bueno, sí, algunas veces con un vaso y el abecedario…

    -Guija. Así se llama. Pero no es cierto: todos participamos en ceremonias ocultas.

    -¿Todos?

    -Todos.

    -Pues no; yo no participo, ni creo en ellas. Salvo esa vez, que más bien fue una entretención, un juego…

    -Entiendo, y no me refiero a eso. Yo digo que todos, quien más quien menos, participamos en ceremonias ocultas. Pero mejor no hablemos de eso. ¿Te gustan?

    -¿Que cosa?

    -Las cosas que hago…

    -Sí. ¡Claro que me gustan!… y mucho.

    -Te voy a hacer uno; especial para ti.

    Las cosas siguieron ocurriendo. Las penas no dejaban descansar a Rigoberto, los amigos seguían llamándolo Rigo, Isabel aparecía y desaparecía del Taller; la cuestión política se ponía cada vez más candente: o las fuerzas populares eran capaces de tomarse el poder o la derecha daría un golpe de estado. Ese razonamiento presidía todas las reuniones. Algunos amigos se dedicaban a pintar más que nunca, otros hacían diseños de carteles y afiches. En los Talleres la vida se hizo más intensa y no se distinguía el día de la noche.

    Rigoberto se sumergió en el hacer político; casi no asistía a las clases en la universidad.

    Entraba el invierno y el pan con uva en el Parque se cambió por una leche con plátano y un hot dog, no todos los días por supuesto; los higos secos con harina tostada o las nueces, almendras, piñones y las siempre exquisitas castañas adornaban el medio día de los escaños del Parque y las conversaciones cada vez más nerviosas y tensas sobre política nacional. En las noches, el bar Los Buenos Muchachos, el Negro Bueno, el Rey de las Papas Fritas y El Hércules. En días especiales, El Hoyo, la Piojera. Pero los acontecimientos gastronómicos más importantes eran las inauguraciones de exposiciones; buena conversa, mejor vino y bocaditos.

    -Rigo, mira, te hice al fin tu regalo.

    -¿Qué regalo?

    -El que te estaba haciendo… ¿te olvidaste?

    -No, por supuesto que no. Es que me sorprendiste con…

    -No importa-. Le tomó la mano y lo condujo a una silla; ella se sentó en el suelo frente a él.

    -¿Me puedes dedicar esta tarde o mejor dicho este atardecer?- Isabel mostraba en su mirada todos los arreboles que el invierno negaba entre la noche y los nubarrones. Rigoberto, cansado y triste, aceptó en silencio. -¿Estás cansado? Sí, estás cansado-, se respondió.-Voy a hacerte un masaje.

    El tono de voz, suave, pero seguro; tal vez la acción decidida, aunque sin apuro; en fin, algo o todo hizo que Rigoberto se dejara guiar y hacer.

    -¿Dónde aprendiste a dar masajes?- La pregunta no sólo era tonta; el propio Rigo la reconoció así, aún antes de terminar de hacerla. –No me contestes, discúlpame; qué bien se siente-. Primero ambas sienes, luego el cuero cabelludo, el cuello, atrás justo en aquellos lugares que con el movimiento circular crujía como cuero reseco. Todo transcurría como entre brumas: ahora tiéndete en la cama, te sacaré los zapatos, ayúdame con la camisa, date vuelta, y los dedos ágiles entre los huesos, entre los músculos, casi dentro de las articulaciones, y como una mariposa aleteando sobre la piel. Rigoberto despertó muy temprano; parecía que salía de un estado casi de inconciencia. A su lado, Isabel dormía con la cabeza medio sumergida bajo la almohada.

    Se levantó silenciosamente y salió en puntillas. A esa hora no tenía nada que hacer. Recordó las clases de dibujo que se impartían desde temprano. Llegó al Casino Universitario cuando recién lo estaban abriendo; tomó desayuno, salió luego a comprar papel, tinta y lapicero: no se atrevió a regresar al Bulín. Mientras realizaba uno y otro croquis, cada vez a mayor velocidad, repasaba los acontecimientos de la noche anterior. No recordaba haber bebido, llegó sólo cansado, ¿en qué momento se durmió? ¿Hicieron el amor? No, no lo hicimos; es absurdo, lo sabría. Pero, ¿por qué estaba durmiendo a su lado y no en el saco de dormir? Porque estaba desnuda, ¿o no? –Vamos, ahora croquis sin mirar casi el papel, deje correr la pluma; no pierda la mirada en el modelo-. ¿Le daría algo para dormir? No, no. Lo que sucede es que estaba muy cansado.

    Esa noche no fue al Bulín. Luego del Partido, se quedó a dormir con el cuidador; no era primera vez. Ni siquiera le preguntaron por qué.

    ¿Quién no ha tenido alguna vez un momento en la vida en que no sabe cómo fue? Que estuvo presente, pero no sabe cómo actuó; aunque haya tenido una figuración importante. Rigoberto no salía de su asombro; y ni siquiera sabía que era asombro. Menos la razón de esa sensación perturbadora. Ese día, la pena aflojó sus grilletes y Rigoberto imperceptiblemente no pensó en ella, no la vio en las mujeres que doblan una esquina, o que suben presurosas en un taxi. Ese día sus oídos no escucharon por primera vez en meses el sabroso reír de la ausente.

    La muerte fue una noticia cruel en un momento cruel: luego del Golpe de Estado, en una conversación apresurada. No hubo más explicaciones; tampoco los tiempos estaban para eso. El padre preso en el Estadio Nacional, un profesor asesinado en el jardín de su casa, todo el grupo de artistas, o casi todos, presos en alguna parte. Y no se te ocurra ir a casa de fulanito: está súper vigilada. Tampoco saludes a nadie en la calle: son presos que sacan para ver quien se les acerca… Y la Isabel muerta.

    El recuerdo de esa noche de masajes siempre fue recurrente. Cuando a los tres días regresó al Bulín, no estaba Isabel. Eso lo tranquilizó. Pero cuando ya estaba acostado y conciliando el sueño, la sintió llegar; se hizo el dormido, ella trató de no hacer ruido. En la mañana, despertó con un café que le ofreció Isabel.

    -Buenos días.

    -Hola, buenos días. Gracias.

    -Cuando llegué no te hablé porque te hiciste el dormido. Pero te quería regalar lo prometido. Mira.

    Era una figura casi plana, seguramente de plata, con unas pequeñas piedras engastadas formando algo así como una guirnalda; al centro, una especie de pequeño plinto que coronaba otra piedra, quizás un cristal en forma de pirámide o triángulo. Todo lo cual se mostraba sobre una base metálica con una forma comba y rara; es decir, tenía una forma rara, aunque bella –pensó Rigoberto.

    -Es para ti. La hice en el taller de un amigo que tiene fragua. Esas piedras las tenía guardadas, para alguien. Para ti. Eres un buen hombre. Te quiero mucho.- Dicho lo cual se paró y dijo: ¿quieres tostadas?

    Rigoberto no sabía qué hacer con el objeto: muy grande para usarlo como pendiente, tal vez coserlo en solapa o en el chaleco. Un tiempo lo llevó en el bolsillo y jugó con los dedos recorriendo sus contornos mientras los demás ignoraban ese pequeño placer.

    Un día ocurrió lo inevitable.

    -¿Quién es ella?

    -¿Cuál ella?

    -La que amas, la que te tiene triste.

    -Ah, ya…

    -Tienes que decírmelo. No por curiosear, sino porque me preocupas.

    -En verdad no me gusta hablar de ello.

    -Yo sé que tú no crees en esoterismos; pero fui donde una… amiga y me dijo que debías cuidarte; que no usaras calcetines rojos, que debías asumir tus sentimientos, que debías soltar algo tus tensiones…

    -¿Y tú realmente crees en eso?

    -Sí, yo creo. Como tú no crees; te lo pido por mí. No te hará daño. Sabes que yo no iré por ahí contando lo que me digas. Deja que te cuide… aunque sea un poquito.

    Y Rigoberto fue de poco en poco contando sus cuitas. Isabel le atendía: un poco de agua, un pañuelo simulado para las lágrimas, un masaje en las manos, una mano en el hombro.

    Cuando terminó, se desplegó un gran silencio, suave como un aletear. Isabel lo condujo de la mano a la cama y ambos se acostaron sin sacarse las ropas. Se abrazaron, se besaron, y se durmieron.

    Esa mañana fue Rigoberto el que ofreció café. Ambos sonrieron.

    -Isabel, nunca he usado calcetines rojos… y nunca los usaré. ¿Contenta?

    -Sí, gracias; no lo olvides, es una promesa.

    -Es una promesa.

    La tristeza es como un perro perdido: si encuentra un ambiente adecuado, digamos amable, se queda. Rigoberto fue un excelente anfitrión para ella; a pesar de lo tensa de la situación política, de la intensa vida cultural, de las actividades universitarias.

    -Murió mi tío.

    -¿Cómo? Tu tío… ¿Cuándo?

    -Lo enterramos ayer. En Valparaíso. Vengo llegando. Fue un ataque-. Isabel respondía como sonámbula; sin entonación. Había ido a visitar a su familia; el propio Rigo –como Isabel gustaba de llamarlo- la había ido a dejar al terminal de buses. Su rostro estaba radiante: más de un año que no veía a su tío. Si no vuelvo es que me reenamoré del Puerto, le dijo como despedida.

    -Lo siento, Isabel-. Rigoberto la abrazó tiernamente. –Ven, vamos a sentarnos…

    -No. Acostémonos mejor.

    Tendidos y abrazados, Isabel lloró por largas horas. Le contó desde el momento en que se encontró con su tío, el té con galletas en la Fuente de Soda, la caminata hasta la casa; todo había transcurrido muy familiar y amorosamente. Al día siguiente fue a una reunión de camaradería con otros ex-oficiales jubilados como él. Isabel lo esperó leyendo. El viejo –quizás ni siquiera era viejo- llegó con un algo de olor a alcohol, pero no borracho. Te lo juro, Rigo, no estaba borracho. Sí, claro, te creo. Pero es que no estaba borracho; sólo olía un poco. Sólo un poco. Y me dijo que mejor me hubiera quedado en Bolivia, que todos eran unos carajos –carajo era la palabrota que usaba para todo lo malo-, que van a dejar la grande; que parece que todos los dirigentes… incluso los universitarios… como tú. No sé, en fin que todos van a pagar caro. Yo creo que ahí fue todo; nunca se repuso. No estaba ebrio, sólo un poco mareado. Pero estaba muy triste; no sé; tal vez enojado o excesivamente preocupado… Yo no supe nada; hasta que en la mañana, lo fui a ver… estaba muerto en su cama. Un derrame cerebral. Se murió. Yo fui a la Escuela, fui y quise hablar con el tío… otro tío, amigo de la casa, creo que es el subdirector o algo así. No me dejaron verlo. Les grité que lo habían matado, que querían matar más gente, que yo sabía, que no me iba a quedar callada…

    La oscuridad fue lentamente enseñoreándose del Bulín; lentamente Isabel fue dejando de llorar; lentamente Rigoberto fue queriendo a esa mujer destrozada.

    -Debo volver al puerto… No, no me enamoré; pero debo terminar de hacer algunos trámites en el cementerio, en la Armada, por esto de la pensión… no acepté la guardia de honor que me ofrecieron. Debo irme.

    -Si quieres te acompaño. A pesar que no puedo. No, no puedo. Pero llámame a la escuela para ir a buscarte. O mejor no: dime cuándo y a qué hora te vienes.

    -No, Rigo. No te preocupes; voy y vuelvo. Un hombre triste no debe estar solo mucho tiempo.

    -No lo digas por mí.

    -Sí lo digo por ti; y con cariño. Mírame.

    -No te veo; está muy oscuro. Voy a prender la luz.

    -No. No la prendas. Tócame.

    Rigoberto tocó.

    El pecho desnudo de Isabel se estremeció tanto como la mano de Rigoberto.

    -Isabel, ¿por qué haces esto?-

    Ella, con su mano impidió que Rigoberto retirara la suya.

    -Porque soy mujer. No te enojes; déjame sentirte… no sólo como amigo, también como hombre. Acaríciame… así…

    Esa noche Isabel restañó viejas heridas en el alma de Rigoberto y rompió la dura costra del dolor provocado por la muerte de su tío y por la prepotencia de los marinos. Susurraron palabras, conocieron cada músculo, cada hueso, cada rincón del puerto de sus cuerpos; lamieron el dibujo de su piel. Rigoberto supo que estaba en un límite; que traspasaba ese límite, que mañana sería realmente otro día. En cada instante experimentaba cómo se separaban y juntaban las letras de su nombre. Isabel sentía que todo lo aprendía; sólo una experiencia sexual y casi por compromiso. A ratos le parecía que lo sabía todo, que todo transcurría como debía ser.

    Isabel no se fue hasta la tarde del día siguiente. Rigoberto no la acompañó hasta los buses; prefirió quedarse en el Bulín.

    Cuando el Golpe de Estado, recibió un llamado telefónico en la universidad:

    -Rigo… cuídate, era cierto.

    -Sí. Vente ya, no te quedes en el puerto…

    -Tienes que irte de la universidad. No vayas más al taller. Cuídate…

    Poco más, no se escuchaba bien, todo el mundo hacía ruido, sacaban cosas: retratos del Che, fotos de la toma de la escuela, afiches, revistas, los archivos de cartas, en fin: hasta los papeleros.

    Rigoberto no volvió a pisar la escuela, ni el Bulín. Tal vez eso fue un error: ahí se mató Isabel. La encontraron muerta cuando el allanamiento. La policía dejó la puerta abierta, y con la corriente de aire el cuerpo giraba y se mecía suavemente al extremo de una cuerda. Alejandro la vio cuando lo tomaron preso, lo bajaron del vehículo militar y a culatazos lo hicieron subir hasta el Bulín para que la reconociera.

    -Ya no importaba, compadre: estaba muerta.

    -Seguro…

    Los guardias se instalaron al lado. Alejandro ofreció su brazo para que Rigo pudiera caminar entre los escaños del Estadio Nacional.

  137. lizbeth dice:

    esta obra esta buenasa y quiera seguir leyendo mas obras interesantes

  138. ciro alberto dice:

    Que puedo agregar o decir ante tanta letra calidosa y pronunciada? me siento sin poder para hacerlo, hay tanta calidad como tambien lo que no tiene sentido o referencia hacia el tema del submundo , de lo subterrenal, del subsuelo, del sub yo.
    Recuerdo y haciendo referencia por empezar por algo, los gatos fueron muy frecuentes en casa, pero no por que los compraramos, ellos llegaban como tambien se iban sin un miauuu en el adios, en silencio, como suelen ser ellos, sigilosos y silenciosos, no recuerdo el numero pero fueron muchos que estubieron y muchos los que se fueron y murieron, pocos los que partieron sin decir su ultimo miauuuu, aunque algunos dijeron muchos antes de morir a causa de venenos de viejitas o vecinos que sufrian adevercion hacia los gatos y estos llegaban envenados a su buen morir donde les habiamos dado cariño y alimento, despues de todo los animales son mas agradecidos que los humanos en muchos casos, de mi parte no es que haya tenido afinidad con dichos animales, siempre me parecieron de cuidado, me producian cierto temor de contagio con no se que cosas que mi inconsiente percivia en ellos, mortales enfermedades que suspuestamente aparecerian despues de intimidar con ellos, siempre los tuve a raya, la que era cercana a ellos era mi madre que desde que aparecian les ofrecia aliemento, de tal forma que ellos se amañaban y se olvidaban de algo a lo que ellos deberian de hacer, cazar, se volvian olgazanes y los veia que las ratas pasaban tranquilas por sus vigotes sin ellos chistar u miauuuuuu. Me identifico con el cuento en mencion de Edgar, ya habia sido recreado por mi amigo del alma, en su forma de sintesis que el tiene para contar lo que lee, por tal motivo me habia conformado con su relato y jamas me tente por leer el original, ahora veo y noto por sus apartes que Edgar en su problema de identidad y personalidad , hace un retrato de el en sus cuentos, de su maraña por entender que la vida es asi y que cada uno es el arquitecto de su propio destino, pero por esta debilidad asumida sin quererla por Edgar, se nos da el resultado de lo que nos dejo como legado sobre lo misterioso de lo complejo del hombre en si. alli me identifico, por que recordando los momentos vividos con los gatos regalados por el destino y albergados por mi madre, en algun momento pense en despellajarlos, ahorcarlos, torturarlos, de alguna forma me robaban parte de la atencion que como hijo, me merecia.
    no leo todos los que aportan, respècto a los comentarios, solo apartes, para no caer en el plagio, pero tambien por que mi tiempo es corto, no solo para leer todo si no por que avido de econtrar lo que que busco y rescatar el tiempo perdido, trato de vivir y aportar mi apreciacion de lo que raudamente leo, no menosprecio lo aportado por los buenos escritores que aportan su parecer al respecto, no , solo pido disculpas por tratar de tambien sumar algo asi no les acaricie sus letras tan bien consebidas.
    Tampoco pretendo que me lean todos, solo consigno por si soy merecedor de algun curioso en la busqueda parecida a la mia, que se identifique con mi parecer y se deleite un poco con mi submundo y la forma tan escueta de ver y sentir la vida que es corta y hay que vivirla intensamente.
    un beso y un abraso de oso de ciro alberto.

  139. MAYRA dice:

    HOLA
    LES FELICITO POR SUS BUENAS INTERPRETACIONES LA VERDAD QUE AYUDAN MUCHO A OLVIDARSE UN POCO DE LA VIDA COTIDIANA ESPERO QUE SIGAN ADELANTE Y UNA VEZ MAS LES DOY MIS MAS GRATAS FELICITACIONES



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