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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Sesenta recuerdos

Los años sesenta del siglo XX sorprendieron con aire fresco a Latinoamérica (”Latinoamérica y el mundo en la década de los 60′“).

De Francia llegó una primavera construida por jóvenes, la de mayo del 68 (”Mayo 2003 en Francia: ¿qué decir hoy de un movimiento social multiforme?“).

La pintura, la arquitectura (”La Arquitectura del Silencio“), cavaron pozos hacia atrás, adonde no se podía volver: era el abismo de lo retrógrado. Al frente estaban el arte y su futuro (”Kandinsky, creador del arte abstracto“).

El rock se convirtió en “música clásica” (”Psicoanálisis de The Wall por Pink Floyd“); la filosofía (la existencialista en especial, “La Revolución y el Existencialismo“) en lectura de todos los que tenían veinte años; la libertad en una palabra por la cual luchar en todo sentido, y con todos los sentidos.

Y en medio de esto la literatura latinoamericana, de pronto, intentó dar un paso para hacerse ver.

Y dio más de veinte pasos con ese solo envión (”Principales exponentes de la literatura del siglo XX“).

Lo llamaron “el boom” (”Libro: El túnel de Ernesto Sabato - El boom latinoamericano“), pero los escritores sabían que no había sido una explosión (hasta sin saber inglés uno puede escuchar ese sonido de estallido en el vocablo “boom”).

La literatura de nuestros pueblos había sido “sabrosa”, colorida y a la vez profunda desde siempre, Popol Vuh incluido (”Simbología religiosa y Popol Vuh“), y todos los poemas y narraciones que se rescataron de los mayas y aztecas, y los que luego aparecieron en el español de los conquistadores para cantar el ser libres de España, precisamente.

El boom sólo significó que Europa (”Geografía de Europa“) y Norteamérica miraran hacia aquí, de pronto, y que los narradores afilaran tal vez un poco más sus lápices.

Por eso resulta difícil examinar quiénes de esos narradores son pre-boom, boom o post-boom. Sólo puede situárselos, casi siempre, por la generación a la que pertenecen.

Los que tuvieron menos bombo, o menos boom

No caben dudas del valor de algunos nombres que todos conocemos, y hasta nos faltan palabras para explicar por qué nos maravillan de tal modo (y no iba a mentarlos… pero el ángel de García Márquez, el brillo de Vargas Llosa, la mirada distinta de Cortázar, la inteligencia de Carpentier y las pasiones de Carlos Fuentes o Miguel Angel Asturias se interponen de modo que me olvide de otros…).

También el uruguayo Juan Carlos Onetti tuvo el reconocimiento merecido, y su obra es palabra mayor.

Pero hay brasileños, peruanos, argentinos no demasiado conocidos -algunos sí lo son en su propio país- y que merecerían una mayor trascendencia.

No nos vamos a rasgar las vestiduras porque los nombres de Felisberto Hernández, José María Arguedas, Antonio Di Benedetto, Clarice Lispector o Juan Filloy no signifiquen nada para muchos, porque sabemos que los olvidos son como la mentira: tienen patas cortas.

Y que nadie es culpable de ignorarlos, más que el sistema y algún otro detalle de egoísmo editorial.

Felisberto Hernández

Nació en Montevideo en 1902 y fue allí donde murió en 1964.

Se ganaba la vida tocando el piano en los cines donde había intervalos, en la época de las películas mudas.

Sus libros tienen ese ritmo y el de los sueños.

Felisberto parece narrar sus sueños cuando escribe, pero ¡quién pudiera soñar de ese modo y transcribir en el mejor estilo!

No fue por todos ignorado, ya que Ítalo Calvino y Juan José Saer le han escrito introducciones a sus obras.

Lo extraño es que Hernández no es sólo un escritor para escritores (ya que sí es leído todavía por ellos en alguna medida), sino alguien cuyos libros podrían ser “de cabecera” para el que con toda sencillez y sin alardes busca una bella historia para encantar sus días -o sus noches.

En mi mesa de noche siempre está Nadie encendía las lámparas, título que suena… como un vals brillante de Chopin (¡y pensar que F. H. fue casi un mendigo!).

Arguedas

José María Arguedas, el peruano (1911-1969), es un poco más leído mundialmente que Felisberto, pero aun así no estoy conforme: debería serlo mucho más.

¿Llegará a serlo mucho más?

¿Quién de ustedes me promete leer Los ríos profundos, un solitario canto a los antiguos ríos de la sangre?

Arguedas -además de darnos su talento- puso en vigencia la veta indigenista en la literatura.

Una dama

Hay una noble señora que he leído en traducciones -ya que era brasileña y escribía en portugués.

Su nombre suena más bien a tierras cercanas con el Conde Drácula, ya que sus padres procedían de Ucrania: Clarice Lispector.

Y nada digo.

Acá me callo.

Sólo el silencio puede ser más sutil que Clarice.

Ella nació en 1920 y murió en 1977 en Brasil.

Sus libros merecen ser abiertos lentamente, degustados sin prisa.

Envío

En el mismo silencio conque abrazo sin predicados a la brasileña, dejo dos nombres de autores argentinos: Juan Filloy (1894-2000), de Córdoba, muerto a los 106 años -hombre que estuvo presente en tres siglos-, y Antonio Di Benedetto (1922-1986), el mendocino que debió exiliarse por motivos políticos a fines de 1970, cuando eran los años de la dictadura militar en su país.

Ustedes dirán.

Y, tal vez, dirán de otros olvidados.

Mora Torres

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Editorial

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Comentarios

15 respuestas a “Sesenta recuerdos”
  1. george serracino dice:

    Hay que mencionar por lo menos a los chilenos, entre los cuales estan: Jose Donoso y Isabel Allende.

  2. Cristhian Errecarte dice:

    Buen dia, me agrado mucho el artículo, y me apuro en señalar que no soy un entendido en este tema, ni en ningún otro en realidad, pero considero que vale la pena incluir en la lista de los mencionados, al escritor paraguayo (recientemente fallecido) Augusto Roa Bastos, cuya fama trascendio las fronteras de nuestro humilde pais, al hacerce merecedor del Premio Cervantes (creo que en el año 1.989).
    Sigo con intereses todas sus publicaciones
    Adios

  3. Luz de Diez dice:

    ¡Son hermosos tus comentarios, GRACIAS, Mora Torres!

  4. Marco Donoso dice:

    Buenos días. Como siempre el material presentado hace reflexionar, en este caso para apreciar nuestra literatura. Se completaría si se refiriera también a la poesía.

  5. Hugo Daniel dice:

    Estimada Mora Torres: Como otras personas, leo sus escritos y me parecen facinantes.
    Muchas gracias

  6. WALTER WEINSINGER dice:

    Estimada Mora Torres, considero que no debe obviarse que el boom fue una explosión editorial, un mercado que crea una necesidad para luego introducir su mercancia. Por supuesto que esto no resta merito a los autores, simplemente nos inhibe de pensar en un hecho a puro talento y despojado de intereses extra-literarios.

  7. oscar Vargaas dice:

    Señorita Mora Torres.-
    Enunció a muchos escritores latinoamericanos magníficos todos ellos, pero se olvidó del premio Nobel el mexicano Octavio Paz, pequeño detalle.

  8. Víctor José dice:

    ¡Sí, está muy bien! Aunque no tanto. Y ¿por qué no tanto? Pues porque los españoles sabemos muy poco de nosotros mismos, o más bien, nada. ¿Y por qué digo esto? Pues porque para ser reconocido en el presente, hay que ser faccista para destacar en grupo, y caminar en danza.

    ¿Saben que Gabriel Garcia Márquez se inspiro en la maravillosa novela histórica de nuestro universal don Benito Pérez Gáldos?. A que no lo sabían. Y pensar que don Benito se quedó sin el nobel por las distintas facciones que engendraron la Guerra Civil española. Y que aún hoy, siguen detestándose y guiándonos al amor del poderoso don dinero, como por ahí se escucha.

    Decir esto, es realizar una introspectiva sobre el carácter autoritario de ambas facciones, porque, éstas, miran para los extranjeros que se mueren de hambre, y que vienen a España a que les den de comer empresarios sin formación académica, que en algunos casos, ni la enseñanza general básica poseen.

    ¡Ya, ya sé! Que de la experiencia también se aprende, y también, se aprende a ser rutinario. Porque uno dónde más aprende y crece y se desarrolla, es de la experiencia de los ausentes, el que adquirimos en escuelas, institutos y universidades. El que aprendió de los ausentes, y se aplica con todas sus fuerzas acompañada de su propio ingenio, innova, además de comprender lo que debieron sentir los ausentes durante sus prácticas.

    Eso es todo, para ser breve.

  9. Lenin Javier Alastre Yory dice:

    Saludos, he leido en varias oportunidades tus articulos, y hoy senti la necesidad de escribirte, pues aunque para la mayoria de tus lectores llena sus espectativas, a mi no del todo me complace. No te dire que no me gustan, pues por algo los leo, pero siento que les falta algo de profundidad y contextualidad en tiempo y espacio. Espero sea esta un critica constructiva. Desde Caracas Venezuela..

  10. Ángel dice:

    Mora:
    El número de escritores semi-ignorados o ignorados, sin contar los simplemente olvidados que han habido en las letras españolas, podría llenar un mamotreto de 500 páginas. Mis primeras lecturas las satisfice con un escritor argentino llamado Hugo Wast ¿Te suena? No se si fue reconocido o denostado por sus contemporáneos, pero para mi, fue simplemente lo que había en la modesta biblioteca de una asociación católica donde yo merodeaba en mis muchos ratos desocupados y mi interés primordial era leer sin las limitaciones que me imponían en las bibliotecas públicas. Quiero decir que podía disponer de todo lo que había y esto se limitaba a varios libros del filósofo español Jaime Balmes, que recuerdo haber leído, sin grabarme nada ¿Tal vez no lo entendí? Pues la “Historia de la filosofía” “Filosofía fundamental” y “Metafísica” requerían de una infraestructura sólida para gustarlos y yo tenía 10 años. Sin embargo, si recuerdo algo más que los títulos de algunas obras de Wast: “El Camino de las Llamas” “Flor de durazno” y sobre todo un libro llamado “Oro” que versaba sobre Judíos buenos y malos y la confrontación religiosa de algunos ante la claridad de la revelación cristiana. La intensa descripción de un evento, me conmovió, pero entonces igual que ahora, no pude tragar el mensaje que finalmente me pareció débil y poco creíble, pues siendo católico por inducción familiar, mis bases eran impuestas y nunca había sido enfrentado a una fe distinta. No quiero llenar mis letras de lágrimas por los cientos de escritores mexicanos desconocidos hasta en nuestro país y sus similares de los países hispanoamericanos, pues sabemos que la vida del libro, está en sus últimos estertores y nos tocará olvidarlo ante un sistema de obras hechas por un programa de cómputo y sin más intervención humana, que indicar al programa varios personajes y darles una definición de sus características físicas y emocionales al sistema y este se encarga de asumir las situaciones posibles y darles una historia sin genialidades que podrían molestar a los editores. Además tendremos una tableta en la que al conjuro de un enter, aparecerá una obra completa y paginada que casi con un soplo cambiará de línea en cuanto nuestros ojos ávidos la recorran.
    No habrá prohibición alguna por aquellos que se aferren a lo que conocieron y disfrutaron, pero la sociedad entera los tendrá como retrógrados afectados por un snobismo que pretende elevarse sobre sus congéneres más prácticos, adecuados e inteligentes.
    Saludos cordiales, Ángel

  11. OLGA FRANCO dice:

    Sesenta Recuerdos: La poesía de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en sus canciones.

  12. Yoselyn dice:

    Hola, esta bien su articulo pero que paso con Pablo Cohelo, Charles Dickens, Shekespeare.

  13. JOSE ALVAREZ dice:

    Me parece bien, interesante el tema.

  14. JOSE ALVAREZ dice:

    Lo importante de mostrar lo que se es, lo natural.

  15. fabio meriño dice:

    Me parecen interesantes y abarcadores tus temas, no te desanimes muchas personas los apreciamos.



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