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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Archivo de Enero, 2008

De una a otra jaula

Es cierto que las mujeres (”Mujeres, globalización y reciprocidad“) nos hemos liberado de variados tabúes e inhibiciones (”¿Tapas Triple XXX?“).

Empezamos sacándonos el corset a principios del siglo XX; estudiamos; fuimos profesionales; nos despojamos hasta del corpiño en los sesenta (”La utopía ética: universidad y sociedad“), justo cuando, junto a los hombres, propiciamos la revolución sexual.

Ya no nos seducía ser la Virgen ni el Ángel (”El errante Ángelus Novus“) del Hogar, tiramos la virginidad (”La virginidad: reconstrucción o deconstrucción“) -lo que es bueno- por la borda, junto con algunos otros detalles -a estos detalles habría que revisarlos.

Una de las cuestiones con las que más orgullosas estamos es la moda (”Moda femenina y sexualidad: un enfoque psicosexual“): ya no nos interesa vestirnos y peinarnos igual o usar los mismos zapatos de las actrices y modelos (”Lolita“).

Nos rapamos o nos dejamos el pelo larguísimo; usamos faldas o pantalones, y ya no parecemos uniformadas.

Algunas de nosotras se pintan y otras no, y hemos logrado que nadie se escandalice por el exceso o por la falta.

Pero la jaula permanece allí

Sin embargo, no nos hemos librado de las rejas.

Hemos pasado de una a otra prisión (”Criminología de la mujer costarricense“), y la nueva es tal vez más insoportable.

No importa cubierta de qué telas (”Hilados“), u ornada de cabellos rubios o negros, cortos o largos, nuestra triste celda es una idea, una tendencia, una exigencia mucho mayor que taparse los tobillos.

Estamos presas de la necesidad, de la urgencia (a nuestro parecer) de un cuerpo perfecto, según la perfección de nuestro tiempo.

La “perfección” de nuestro tiempo es extrema delgadez, sin olvidar unir a ella un busto amplio y una cola notable.

Casi, un imposible. ¿No es injusto?

Sueños, y sólo sueños, de libertad

Estamos expuestas a presiones tan fuertes en materia estética (”Estética“) que pocas son las que pueden ser tan libres (”La libertad“) como todas nos proclamamos.

Levantarse, ducharse, ponerse un vestidito y salir a la calle sin mirarse al espejo es un sueño de muchas pero una realidad de muy pocas.

En general, es la realidad de las que nacieron bellas y delgadas según el modelo estándar.

En poquísimos casos, de aquellas a quienes no les importa entrar en el estándar de bellas y delgadas.

La belleza es relax

¡Y son tan lindas las mujeres despreocupadas, relajadas!

¿Algo mejor que una auténtica sonrisa, sin cirugías (”Los mutantes de la cirugía estética. El credo de las apariencias“) que “tiren” y roben expresión?

¿Algo más fresco que la risa de las mujeres que no tienen la angustia de contar calorías, y que se muestran como son, con el aliento suave de las que, además, no usan edulcorantes que dejan la boca con un gusto amargo y resentido?

Tal vez esté exagerando; a veces es necesario tomar edulcorante (”Diabetes“) y contar calorías, por salud… Pero sólo por eso es encomiable.

Propongo una revolución

A las naturalmente delgadas, gorditas, flacas, obesas, narigonas, ñatas, bizcas, ojiazules, de ojos grandes o chicos, negras, rubias, les hago un llamado a la sensatez y a la alegría.

Que cada una encuentre su propia estética y sea linda a su modo.

La belleza no es más que un patrón, un molde, tan convencional como la virginidad o la costumbre antigua de endomingarse.

Sin embargo, claro que existe, y especialmente en las mujeres, la belleza.

Es como un aura, una luz que llevamos o no, según sepamos encenderla.

Más comunmente está presente en las que son “felices” o están enamoradas; pero suele aparecer de pronto en la alegría, como un relámpago, y aun quedarse cuando al fin estamos conformes con nosotras mismas.

Extrañamente, la belleza a veces llega en la vejez, cuando hemos depuesto las armas y nos abandonan el estrés y el sufrimiento de no ser “perfectas”.

¡Todas seríamos tan hermosas si no tuviéramos que pensar en la belleza!

Nos alumbraría la aurora de los libros que leeríamos en el tiempo en que nos “producimos”; la benevolencia de la gente a la que amaríamos sin reservas, sin tener antes presente -y ante todo- nuestro reflejo.

Ésta es la revolución: brillar, más allá de toda mancha (llámesele a esta mancha obesidad, flaccidez, vejez, cansancio, asimetría).

Alumbrar el camino.

Sentir ternura de verdad.

Y, por supuesto, seguir luchando por el lugar en el mundo que debemos ocupar las mujeres.

Todo esto es bello, como la claridad y la inteligencia.

Mora Torres

Editorial

Indiana Jones, adorable ladron

Los niños estudiosos suelen preguntarse por qué Tutankamón reposa en el Louvre.

Se preguntan además por qué se pueden contemplar cientos de frisos, como los que sobreviven del Partenón (”Los griegos y los romanos“), en museos ingleses.

Y tal vez no saben que hay otros “griales” (”Literatura y Alquimia“) a los que ni siquiera peregrinando por el mundo es posible acceder.

Los coleccionistas privados que juntan huellas precolombinas o egipcias o griegas o árabes (”Las siete maravillas del mundo“), y aun “souvenirs” prehistóricos (”Historia, edades de la prehistoria“), se cuentan por miles.

Mil no es un número demasiado alto considerando la cantidad de habitantes del planeta.

Pero lo cierto es que, en este tema, el porcentaje debería acercarse a cero.

¿Quién cuida nuestra herencia, quién manda que la cuiden y la alejen de nuestros ojos y de los sitios donde fue hallada?

El pasado y el arte nos pertenecen, y de ellos deberíamos aprender (”Historia, espejo del pasado y brújula del futuro“).

¿Pero cómo aprender (”Sistema cruzado: una buena opción para enseñar a aprender“) de lo invisible (”Lo esencial es invisible a los ojos“), de lo desconocido, o lo robado?

Huaqueros

En “Indiana Jones y la aventura” su autor, el escritor y profesor Fernando Jorge Soto Roland, explica muchas de estas cuestiones.

Por él sabemos que la de “huaquero” (”Vasijas y ladrones“) -es decir, saqueador de tumbas- comparte con la prostitución el puesto de profesión más antigua de la historia (”Prostitución“).

Aprendemos en ese ensayo que comparte otras cosas el saqueador de tumbas con la prostituta; la transgresión a las leyes y a la moral y los peligros físicos:

“Tanto en una como en otra, los castigos judiciales, la culpa y los riesgos de salir herido físicamente son un hecho. Aun así, los ladrones de tumbas y las prostitutas han conseguido vencer las trabas temporales, adaptándose a cada época y autojustificándose con argumentos que, ciertas veces, pueden sonar lógicos”, afirma el profesor Soto Roland.

Guiños

Los saqueadores de tumbas, los saqueadores del pasado, alimentan entonces a los museos (”Museología y museo“) y a las colecciones privadas.

Hay un “guiño” entre huaqueros, intermediarios y millonarios o países del primer mundo ávidos.

En general se pertenece al sitio en donde se trabaja: los huaqueros no son la excepción, conocen palmo a palmo su terreno, la ubicación de los tesoros, la fuente que nutre a esta singular industria.

Se ocupan casi todos de las labores de campo y hacienda, y los hallazgos los venden al precio de un recuerdo de viaje.

Casi la mayoría ignora o hace como que ignora el valor de su mercancía, lo que le permite seguir trabajando durante toda la vida -y tener entradas durante toda la vida- con los intermediarios.

Los huaqueros encuantran a veces fragmentos invaluables de ciudades extinguidas hace mucho, y los reservan para mejores transacciones, o para asegurar el futuro de sus hijos.

No son ellos precisamente los que “pecan” imperdonablemente.

Indiana Jones y otros “intermediarios”

Según nuestro autor, respecto de Indiana Jones:

“Si nos atenemos a las películas y a la literatura de aventura que lo tienen de protagonista, lo cierto es que nos llevaríamos una idea muy equivocada de lo que es la arqueología como disciplina científica, puesto que Indy más parece un saqueador o ladrón de tumbas y sitios arqueológicos que un profesional de la ciencia a la que dice pertenecer”.

En realidad, “Indy” es una cruza de huaquero, explorador y arquélogo, pero ésa es la fantasía que nos hace atractiva la película.

Lo que existe es una cadena de intereses que relaciona a museos y coleccionistas privados (nada privados de dinero) y otros “conocedores” y huaqueros.

Los intermediarios serían, en buen romance, los verdaderos “traficantes”.

Trafican utensilios, momias, alfarería, y han aprendido su oficio como nadie.

Los huaqueros están sujetos a sus engañosas ofertas; los coleccionistas, a sus exorbitantes precios (precios de lo que no lo tiene).

Pero existen, es claro, gracias a los coleccionistas, particulares o estatales.

Los principios del siglo XX estuvieron ornados de leyendas y anécdotas reales de entuertos y venganzas entre descubridores y descubiertos: Egipto es sólo un ejemplo sobresaliente.

Sobresalientes fueron, además, las fábulas que se crearon al respecto.

Pero, ¿a quién le pertenece el pasado?

Otra cita del trabajo de Soto Roland:

“¿A quién le pertenece el pasado?
“Según Indiana Jones, a los museos.
“Pero, ¿a qué museos?
“Aquí la controversia abarca tres opiniones bien diferentes (…):
“Primero está el punto de vista del coleccionista, que se ve a sí mismo como un salvador de antigüedades (…)
“Después está la opinión de los curadores de los grandes museos, que llegan a justificar cualquier medio dudoso de adquisición con tal de enriquecer ‘la sensibilidad de su pueblo’ (…)
“Finalmente está la actitud de aquellos que consideran que los monumentos antiguos (y los tiestos de alguna manera lo son) constituyen parte indisoluble del patrimonio macional de donde se encuentran.”

Si sumamos a estas opiniones una nota al pie de página de las mismas que reza: “Una regla de oro de la arqueología dice que ‘lo importante no es el objeto, sino el contexto’”, tal vez podemos considerar que el propio autor nos ofrece con este agregado una respuesta.

El tesoro nuestro de cada día

En otro lugar de su trabajo Soto Roland afirma que la rutina y el miedo son los enemigos de todo espíritu de exploración. Que debemos comprender que “el peligro a perderlo todo” nos acompaña constantemente en nuestra vida, no sólo en las grandes aventuras sino en lo cotidiano.

Estoy de acuerdo con esto (en realidad, estoy de acuerdo con toda la monografia).

Sin necesidad de robar tumbas o de internarnos en exóticas selvas, buscar el grial nuestro de cada día, diferente para cada uno de nosotros, también implica dejar atrás el miedo y la rutina. O las mismas molestias, que suelen tener diversos otros nombres.

Mora Torres

Editorial

El siglo XX y Simone de Beauvoir

En la historia -si la historia sigue (”¿El Fin de la Historia? Un mercado de trabajo brutal“)- el siglo pasado, el veinte, va a quedar como uno de los más agitados y, a la vez, como el que mayor cantidad de puertas abrió.

Abrió la puerta a las reflexiones sobre cualquier tipo de discriminación (”¿Quién tiene la culpa de la violencia y la discriminación?“).

Abrió la puerta a descubrimientos científicos en todos los órdenes (”El desarrollo del electromagnetismo y su repercusión social“), desde la paleontología (”Paleontología aplicada“), la física (”La física en 2005 y el aprendizaje significativo“) y la medicina (”Historia de la medicina…“) hasta la ahora inmprescindible ciencia de la informática (”La Informática“).

Las escritoras y escritores del veinte (”Principales exponentes de la literatura del siglo XX“), así como los artistas (”Arte abstracto del siglo XX“) -músicos (”Música dodecafónica y serialismo en América Latina“), pintores, escultores- dieron a luz un movimiento que trascendió sin duda el “ismo” en que casi todos quedaron englobados -”modernismo” (”Modernismo y posmodernismo“)-, movimiento que pudo muy bien haberse llamado Renacimiento (”Las revoluciones y el Renacimiento“), al menos Renacimiento II.

No sé muy bien qué se trae el veintiuno (”La formación laboral del siglo XXI“), pero empecemos por recordar a algunos de esos “constructores” del veinte (hubo también bastantes “destructores”).

Quien siento que hoy me abre la puerta es Simone de Beuvoir (”Simone de Beauvoir“), tal vez porque en este mes de enero esa francesa nacida en París hubiera cumplido cien años.

Hipnotizante narradora… (”La hipnohistoria” capítulos 5 y 6).

Desde su primera novela, “La invitada”, pasando por sus “Memorias de una joven formal”, una especie de autobiografía escrita apenas salida de la juventud -donde describe sus primeros encuentros con Sartre-, es tan recordada por su literatura que tal vez sea preferible destacar otro aspecto de su personalidad: el compromiso.

Allí donde existía un debate de ideas o una verdadera batalla intelectual (que las hubo durante su época sobre todos los temas), estaba ella, con su deseo de liberación y sus convicciones a defender a capa y espada, con su anhelo de expulsar del corazón y la mente del ser humano a la mediocridad,

Aparte, su relación con el pensador más célebre de su tiempo, Jean-Paul Sartre (”Jean Paul Sartre en su libro ‘El ser y la nada‘”), fue todo un símbolo de libertad (”La libertad“).

Tanto él como ella tuvieron otros “amores”, lo que no influyó en el afecto de “El Castor” y Sartre (era él quien la llamaba en la intimidad con ese apodo).

Juntos crearon una obra única: el entretejido de sus vidas.

Ese entretejido es, en esencia, la historia del siglo XX, con sus vínculos.

Los vínculos de Sartre y Simone de Beauvoir se extendían para abarcar todos los lugares donde hubiera algún pensador o artista solidario, radiante de humanidad.

Cuando Beauvoir publicó a mediados de siglo su memorable “El segundo sexo”, generó una violenta discusión en el ámbito mundial.

Las ideas sobre la sexualidad de la mujer aún provocan escándalo (”Anorgasmia:desde el punto de vista darvinista, la mujer siempre gana“).

Sin embargo, y sin quererlo, y con un libro de excelencia en estilo y profundidad, se convirtió en best seller.

De allí en más Simone se dedicó a los tres amores para los que había nacido: la escritura (”Metodología de la lecto-escritura“), el feminismo y Sartre.

Mora Torres

Editorial

Nuestro septimo sentido: el humor

Si digo que a la vida no hay que tomarla muy en serio, seguramente se alzarán muchas voces contra mí.

Sin embargo, ésta es la actitud que han adoptado algunos gigantes de la literatura, de la ciencia (”¿Qué es la ciencia?“), de la filosofía (”Historia de la Filosofía“): el humor (”Sentido del humor“) contra viento y marea.

De ese modo la existencia pierde lastre.

Se hace liviana para caminar, impulsa a volar en pos de Dios (”Siete mil millones de personas y un solo Dios…“) o a cumplir reglas éticas (”La relación Dios-ética“) sin que resulte demasiado estresante hacerlo.

Es cuando la emoción (”La Emoción“) está allí en forma de sonrisa o de risa.

Es cuando actuamos sin solemnidad, no copiando patrones aprendidos sino mostrando nuestra individualidad imperfecta y la imperfección del mundo con la benevolencia del humor-amor.

Los instrumentos del humor

Usamos diferentes anteojos -o microscopios (”El microscopio“) o telescopios (”Instrumentos utilizados en la física“)- para mirar los problemas.

Hay problemas que sí merecen una mirada trágica (”La Tragedia Griega“), y que tienen que ver con nuestra inestable condición de seres humanos atravesados por la vida y la muerte.

Pero esa misma condición de fragilidad podría hacernos sonreír al contemplar el esfuerzo del hombre y de la mujer por perpetuar lo efímero.

Podría darnos la fuerza para entender que lo único seguro y verdadero es el instante presente, y que lo que hacemos con ese instante presente puede tornarlo eternidad, o vacío (uso vacío como palabra que significa más bien anonadamiento y no el profundo y anhelado vacío de los místicos, que es vacío de sensaciones solamente).

Quiénes vieron al mundo con humor

Hay una larga lista de gente que en medio de crudas verdades nos donó el placer de su humor especial.

En literatura ni siquiera debemos remotarnos a tiempos del Quijote (”Senderos del amor en el Quijote de 1615“).

Aquí nomás, a la vuelta de la esquina del tiempo, tenemos un vecino que ha contado espantosas tragedias y levantado y fundado pueblos sin perder el humor: Gabriel García Márquez.

¿Quién no sonrió al leer Cien años…?

Ante la descripción del descubrimiento del primer José Arcadio, cuando un día luminoso anunció a su familia que había descubierto que el mundo era redondo como una naranja hemos reído.

Y más aún cuando llegaban las noticias de otros pueblos donde el mundo ya era redondo hacía casi 500 años, elogiando el empeño de aquel hombre que por su solo esfuerzo había develado un secreto ya muy develado, pero no por eso menos importante.

Y en cualquier lugar de la obra de Gabo hay lugar para una sonrisa, ya que narrando tragedias no se toma sin embargo muy en serio que la tragedia sea absoluta.

Estar vivo y respirar, o estar frente a una hoja de papel en ese instante, saldan cualquier deuda que los males de la Creación puedan tener con él.

Y luego Borges, Cortázar que nos dio instrucciones para subir una escalera junto con otras prodigiosas sutilezas; las humoradas de los músicos, las fiestas de humor de los científicos.

El humor en la ciencia

Es en la ciencia donde más se usa reírse de sí mismo y, a la vez, donde más llama la atención que se use el humor.

Será que los científicos tienen larga experiencia con las verdades rigurosas: saben que no existen, que una actitud de inflexibilidad poco puede llevar a descubrir algo nuevo o a señalar alguna ley errada.

Y el humor es mirar el mundo sin rigor, sin gravedad.

Hace mucho, creo que en los inicios de este blog, les hablé de “El fraude y el humor en la ciencia” un inteligente trabajo que posee nuestro sitio.

Quien lo escribe es sin duda alguien que tiene mucho que ver con la ciencia, y que, además, se divierte a su costa.

Envío

Gracias, Ángel, por otro de tus sabios aportes. Aunque no coincidamos del todo, la parte en la que coincidimos está llena de luz…

Mora Torres

Editorial

La imaginacion al poder

El estrés es nuestra cuota de sufrimiento cotidiano (”La experiencia y el sufrimiento“; “El Amor“; “El sufrimiento“).

Pero también está la rutina, como refresco.

El círculo -cuando no hay imaginación- se cierra entre esos dos sufrires: huyendo de uno caemos en la otra, y para escapar de la rutina nos estresamos.

Pensándolo bien, la espantosa cotidianidad no existiría si nuestros ojos se abrieran completamente cada día. Sobre la vida cotidiana existe un trabajo en este sitio llamado “La vida cotidiana desde la perspectiva de la psicología“, cuyo primer punto abre con la oportuna cita siguiente:

“Las callejuelas de la vida cotidiana son frecuentemente callejones sin salida, pero a veces permiten vislumbrar la cara oculta de las grandes avenidas”.

Abrir los ojos

Cada mañana tiene una nueva señal, una luz diferente (”Isabel Guerra, la pintora de la luz“), que no ven nuestros entrecerrados y adormecidos ojos (”A través de los ojos de los niños“).

En el budismo zen (”Budismo. Un estilo de vida“) se considera el “despertar”, la “iluminación”.

La gente cree que el despertar o iluminación de los budistas refiere a una especie de milagro (”Milagro en el bosque“) durante el cual el mundo se transforma, los astros hacen una revolución en el cielo y Buda extiende su mano hacia el iluminado.

Pero la iluminación, al menos en el camino zen, es un estado mucho más sencillo.

Significa sólo “ver las cosas tales como son”.

Lo cual, para el habitante de la ciudad (”Ecología de la ciudad“), en esta época, es, sino un milagro, un fruto pocas veces probado.

Correr el velo

Parecería tan simple ver que las cosas son lo que son.

Pero primero tenemos que ver el velo que cubre nuestros ojos.

Fue tejiéndose desde que nacimos con lo que recibimos como “conocimiento” (”Relaciones pedagógicas: el lugar del conocimiento…“).

Tiene hebras de codicia, de resentimiento y de egoísmo.

También, de deseos tan absurdos que no podremos alcanzar jamás la paz y la felicidad cuando ellos se cumplan.

Ningún nuevo automóvil (”Historia del automóvil“) nos hará más felices; sólo nos dará el empuje necesario para aburrirnos de él y mirarlo como otro objeto rutinario de nuestra colección.

Y de allí, el empuje para intentar salir de la rutina: el estrés que nos producirá trabajar y ahorrar el doble (”El ahorro“), o efectuar complicadas operaciones dinerarias, para obtener otro objeto que calme por unos días nuestra ansiedad (”Trastornos de la ansiedad“).

Una vez visto el velo, ¿cómo extraerlo?

El ejercicio es arduo; nada más difícil que cambiar nuestra mirada.

Pueden ayudarnos ciertos ejercicios de yoga (”Yogaterapia“) y de meditación (”Aprender a vivir. Cuatro actitudes y un camino” capítulo 6, “El camino de la meditación”), que ponen las cosas en su justo punto.

Pero es sabido que precisamente la incapacidad del hombre actual es sentarse, quedarse quieto, relajarse.

Quienes ya practican métodos de relajación o de control mental no necesitan estos apurados consejos, y quienes, en el infierno de todos los sentidos en que se ha convertido el vivir, están al borde de estallar, son incapaces de seguirlos.

Sólo el razonamiento puede inducir al humano actual a hacer un cambio. Y, aunque con alguna dificultad, la contemplación de su futuro (”¿Qué mundo se está construyendo a futuro?“).

Sin querer en absoluto, atemorizarlos, hay algo seguro para el futuro en lo cual se puede pensar: la muerte (”La muerte en la historia“).

Es con el pensamiento de la muerte como se inician todos los grandes cambios en la vida, y cada cosa adquiere su preciso valor.

La máquina de hacer pájaros

Poner a funcionar el etéreo engranaje de la creatividad, es curar nuestros días y pintar todos los cielos de azul. La “loca de la casa”, como ya expliqué que llamaba Santa Teresa a la imaginación, es la que nos ayudará a hacerlo.

No sólo se crean cuadros (”Historia de la pintura“), sinfonías (”Historia de la música“), libros (”Viaje hacia los libros“).

También se crea educando, construyendo un jardín, cocinando y jugando con los niños.

Todo lo útil es creación.

Tan útil como la belleza de una escultura es un castillo de arena levantado en la playa para nuestros hijos.

El cuento que les contamos, la lectura en voz alta para recrear a un anciano, resolver un problema de albañilería doméstica, pintar el ático, encuadernar libros.

En “La intuínica” puede leerse que:

“Los pensadores de más corta edad son el modelo a seguir. Mientras para los adultos un lápiz es algo con lo que se escribe, para ellos puede ser un cohete, un arma arrojadiza, un barco que flota”:

También se lee allí un pensamiento de Mark Twain:

“El hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa”.

Para que la alegría nos inunde sólo basta dejar de lado nuestros prejuicios y que nuestras ideas nazcan sin límites, como es el universo.

Envío

Para Marcelo Hernández Montaner: ¿cómo voy a olvidarme de tu bello Chile de poetas? Es pequeño sólo de tamaño… Mi idea era no nombrar precisamente a aquellos países de los que deseaba que me contaran algo más, porque algunos de ellos no participan mucho en nuestro sitio.

Para todos: la idea continúa.

Un abrazo muy cálido.

Mora Torres

Editorial

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