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Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 
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Archivo de Diciembre, 2007

Ciencia futurista

La gente ya aprendió que el futuro es más enigmático que cualquier tiempo pasado.

Quizá faltaba saber entre otras cosas cómo era exactamente un dinosaurio (“Características físicas de los dinosaurios”), pero se acaba de descubrir en Dakota, Estados Unidos, una momia de ese animal prehistórico (“Historia, edades de la prehistoria).

Los científicos han construido un enorme aparato del tipo de los utilizados para tomografías donde esas toneladas de piedra que cubren al monstruo son bombardeadas con rayos equis para extraer hasta el último secreto de tan antigua vida.

Pronto se sabrá, entonces, hasta el ADN (“De cómo la regla del ADN gobierna un mundo de incertidumbres ciertas”) de un dinosaurio.

De allí –y esto es pura imaginación, pero, ¿quién sabe?- tal vez se pase a la clonación (“¿Qué es la clonación?”) del magnífico ejemplar antediluviano (no los remitiré esta vez a ninguna monografía referente a antes o después del diluvio).

La gente ya aprendió, además, que frases como que “todo lo que podría inventarse ya se ha inventado”, pronunciada se supone que por primera vez a fines del siglo diecinueve (“La edad de oro de la burguesía”) por un tal Charles Duell (de la Oficina de Patentes norteamericana) tienen su propia enciclopedia: la de los pronósticos errados formulados por “especialistas” en temas de la ciencia o de la tecnología.

En la mencionada enciclopedia –que está por escribirse, claro- figuran, más cercanas en el tiempo, y para dar un ejemplo, predicciones de Bill Gates (“En el principio… fue una línea de comandos”) respecto del progreso y de la necesidad de las computadoras: es mi deber informar que se quedó muy corto en sus visiones…

Tanto como Ken Olson cuando aseguró que no existían motivos atendibles para afirmar que alguien, en cualquier futuro, deseara tener una computadora en su casa (basta buscar en Google a Ken Olson para saber quién es, por si alguno lo ignora).

La gente ya aprendió, entonces, que el futuro es imprevisible y que lo único que puede afirmarse sobre él con seguridad es que va a sorprendernos.

Ante esto, abrimos mucho los ojos y forzamos nuestra vista y nuestra intuición para ver más allá e ir más y más lejos.

Tienda de maravillas

Bajo el influjo de la ciencia se prevén, entre otras magias (“El pensamiento salvaje de la antropología”): trasplantes de tejidos que crearán o repararán el órgano dañado; cambios de genes malos por buenos; implantes de chips en el cerebro (para darnos memoria e inteligencia suplementaria).

Dicen también que se prepara la que llaman “Segunda Revolución Industrial” (ver, por ahora, un trabajo que trata de la primera: “Revolución Industrial”).

Lo pequeño es inmenso - La nanotecnología

Es en “el reino de lo infinitamente pequeño”, donde se predice la revolución que modificará –tal como lo hizo la Revolución industrial I- el modo de trabajar y la jornada laboral.

Lo novedoso –y terriblemente penoso (“Historia del desempleo y sus consecuencias”)- es que tal movimiento puede dejar sin ocupación a millones de personas, aunque, en verdad, para la primera se preveían consecuencias parecidas: todas no se cumplieron, sólo algunas para las cuales todavía no hemos encontrado solución, y por lo tanto seguimos arrastrando por la historia el gran dolor de la miseria.

Gracias a la nanotecnología (“Nanociencias y nanotecnología”) habrá, con un mínimo de mano de obra: telas para todos los gustos, de mil maneras estampadas o lisas, que nunca requerirán lavado (sencillamente expulsarán de sí todo polvo o suciedad); modos precisos como las matemáticas de diagnosticar enfermedades y de dosificar medicamentos; para envidia de émulos de Leonardo da Vinci, o, más humildemente, de pintores de paredes y de albañilería en general (“Pinturas a base de compuestos orgánicos”), la eternidad se posará en todos los preparados de pintura: resistirán para siempre tiempo y corrosión; las bellas y los bellos –y aun más las/los que aspiran a serlo- se verán beneficiados con cosméticos de alta efectividad, según necesidad y edad de los usuarios.

Y todo lo anterior preparado por manos invisibles ocultas en maquinaria microscópica.

Maquinaria que, por el momento dirigida por humano, está organizando milagrosas curaciones basadas en nanopartículas: los tumores se verán atacados por estas nanopartículas que destruirán la malignidad de las células, no las células.

En la misma tienda de maravillas adonde estamos parados en este instante se oye proclamar que dentro de un tiempo nos llevarán de una parte a otra por todo el universo, transportados como objetos que alguien moviera con la mano y cambiara de lugar sobre una mesa, tan fácilmente como se enciende una lamparilla de Edison (“La electricidad”).

Así será, pero, ¿habrá tiempo para ese Tiempo?

Mientras lo haya, cualquier cosa que se le ocurra a “la loca de la casa”, como llamaba Santa Teresa (“Poesía de Santa Teresa…”) a la imaginación, puede llegar a existir.

Volver al pasado

Tanto futuro saturó mi fantasía.

De golpe sentí un fuerte deseo de anclar en el presente, segura y confortable.

Una vez aquí, otra vez la imaginación jugó su juego.

Miré hacia atrás.

No vi estatuas de sal; florecían otras maravillas.

Pasado atesorado

En el pórtico de un museo de una de nuestras ciudades latinoamericanas está tallada en letras de oro la siguiente inscripción:
“El arte es la eternidad de los pueblos”.

Y como esa ciudad es mi lugar de nacimiento, recuerdo que me preguntaba de niñita por el significado de la frase dorada.

Los años me la revelaron.

Ustedes, lectores, no necesitan con toda seguridad mi explicación.

Ahora, si un pueblo perdura por el arte guardado en sus museos, acordarán conmigo en que lo que contiene la casa que perteneció al artista mismo evoca con mayor emoción –es decir, intensidad- ese pasado.

Por eso, les prometo hablar en un próximo post de “las moradas de la inspiración”, casas de músicos, escultores, poetas, que están abiertas al público en todo el mundo –y, para nosotros, especialmente en América- mostrando sus misterios.

Utopías

Veo al fin que mi deseo inconsciente fue juntar esta pequeña nota de “ciencia futurista” con una próxima de arte.

Tal suceso no significa que ciencia y arte estén unidos por algún órgano o razón.

Pero una de las utopías más entrañables es que así sea.

El arte es una religión.

La unión de religión y ciencia es una aspiración antigua.

Envío

Durante estas fiestas de finales de año algunos cambian de aires y otros de destino.

Saludos y augurios de renovación para el 2008, a los que se quedan y a los que viajan.

Dijo Kavafis, el poeta, que dondequiera que fuera llevaba de viaje a su Grecia.

Ustedes lleven su Colombia, su México, su Perú, su Argentina.

Y a los que habitan lugares que no nombré, les ruego envíen dos o tres (o mil) párrafos sobre sus países y las costumbres de sus gentes, para aprender a no olvidarlos.

(¡Aunque el olvido, por supuesto, fue adrede!)

Mora Torres

Editorial

La noche bella y la buena voluntad

Leo en una antigua traducción del Evangelio de San Lucas que, cuando nació Jesús, en el cielo los ángeles cantaban de este modo:

“Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad, para con los hombres”.

“…Paz, buena voluntad, para con (todos) los hombres”.

Asombra cómo se puede alterar el sentido de la frase que tengo en la memoria, recogida de niña, y que era así:

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

En este caso no a todos los hombres sino sólo a los que tuvieran “buena voluntad”.

Por solidaridad, porque además mi corazón y mi amor así lo indican, elijo la segunda versión.

De cada obra literaria y frase -de Dios o de los hombres- hay varias versiones finalmente (”¿Qué hacemos con tantas versiones de la Biblia?“).

Los villancicos

Un trabajo que guarda nuestro sitio, “Los Villancicos“, enviado desde Panamá por Lizette Luzcando, recoge esas preciosas canciones navideñas.

Sus nombres ya tienen perfume a Nochebuena: “Los peces en el río”, “Noche de Paz”, “Blanca Navidad”, “Pastores venid”, “El tamborilero”, “Campana sobre campana”. La última que transcribe, “La Marimorena”, comienza así:

“Ande, ande, ande la Marimorena.
Ande, ande, ande que es Nochebuena (”Festividad navideña“).

En el portal de Belén hay estrellas (”¿Qué fue la Estrella de Navidad“), sol y luna,
la Virgen y San José y el Niño que está en la cuna.

Y si quieres comprar pan más blanco que la azucena,
en el portal de Belén la Virgen es panadera.

Un pastor comiendo sopas en el aire divisó
un ángel que le decía ha nacido el Redentor.

De Oriente salen Tres Reyes para adorar al Dios Niño,
una estrella les guiaba para seguir el camino”.

(Es indudable que, como dice Jorge Seferis:
“Yo murmuraba:
la memoria, donde se la toque, duele”.)

Y Seferis, el poeta griego que celebraba los viajes de Ulises y a la vez el amor a Jesús, dice también:

“…y nuevamente murmuré: un día, al alba, la resurrección vendrá;
el rocío de esa mañana
centelleará como centellean los árboles en la primavera.
Y otra vez será el mar… Y todavía Afrodita surgirá de las olas…”
(¡Qué admirable sincretismo -”Hagiografía-iconografía e iconología de San Antonio” - está en manos de este poeta!)

Ruiseñor, ruiseñor, ruiseñor

Si se me permite una cita más del poeta Seferis -y de paso les cuento que era griego, católico ortodoxo y que recibió el Premio Nobel en 1963- copiaré, apenas… (está casi dicho en un murmullo):

“Ruiseñor, ruiseñor, ruiseñor,
¿qué cosa es Dios? Y Dios, ¿qué cosa no es?
Y en medio de ambas cosas, ¿qué puede ser?”.

Cuando Dios es un Niño

Para los cristianos Dios es a veces un niño que acaba de nacer, por eso la Navidad es una celebración que todo el mundo comparte.

No importa la religión que se tenga -y hay muchas, pero todas son en esencia la misma, cada una es una traducción a una diferente cultura de “el camino” (”Filosofía y el porqué de la religión“)-, pocos son los que no festejan que un Niño haya nacido (”¿En qué consiste esa gracia, piedad o sabiduría de la infancia?“).

Los cristianos tienen una especie de “ventaja” especial: Dios es en esta estampa un infante, María una muchacha de pueblo fresca y suave, José un carpintero cuyo linaje, por añadidura, proviene de David, del rey David. (Aunque el oficio de carpintería es tan bello que ningún linaje de reyes parecería más noble que el de trabajar la noble madera.)

Meditaciones para Navidad

He tomado versos de dos de los llamados poetas metafísicos -uno inglés, otro español-, para base de meditaciones navideñas.

Por muy antiguos que parezcan, nadie habló como ellos del alma (”El Alma: hacia una aproximación metafísica del ser“).

En “EL éxtasis”, de John Donne (1572-1631) podemos apreciar el proceso del amor humano cuando se va haciendo divino; es la conversación de un hombre y una mujer:

“…Así como en ejércitos iguales el destino aplaza la incierta victoria,
nuestras almas (que han salido para mejorar
su condición) se cierran entre ella y yo.

Si alguien -de tal modo refinado por el amor-
comprendiera el lenguaje del alma
y por el buen amor se tornara todo mente
y a distancia conveniente se encontrara,

él (aunque no supiera qué alma hablaba
pues ambas decían lo mismo)
puede de allí una nueva pureza tomar
y partir más puro que cuando viniera.

Este éxtasis nos quita la perplejidad
(dijimos) y nos dice lo que amamos;
por él vemos que no era el sexo,
vemos que no observamos lo que en verdad nos movía:

pero como todas las almas contienen
una combinación de elementos que ellas mismas desconocen,
el amor une otra vez esas almas antes mezcladas
y hace de ellas una sola, y cada una es esto y lo otro.

(…)

La influencia del cielo no actúa sobre el hombre
sin antes dejar su marca en el aire,
así también las almas fluyen hacia las almas
aunque antes se detienen en el cuerpo”
(Traducción de E. Caracciolo-Trejo.)

Y en San Juan de la Cruz encontramos al Alma (”la amada”) persiguiendo a su “Amado” (Jesús). Y el Alma sale de su casa en la oscuridad, “disfrazada”:

“¡Oh noche que guiaste,
oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!”

Deseos de Navidad

Les deseo a mis lectores y me deseo a mí misma que cada velo caiga de nuestros ojos.

Que podamos mirar el sol, la luna, la noche, el día, de frente, con los ojos abiertos a lo que tales cosas son.

Que las veamos tal como son, sin falsos vestidos.

Todo, todo es magnífico aun cuando pueda haber -y hay- tristezas.

Y a las tristezas nuestras y a las de nuestro prójimo, acunémoslas, tratemos de que se duerman pronto.

Envío

Repito el principio de esta nota, para todos los comentaristas de mi post anterior:

“Gloria a Dios en las alturas
y paz y buena voluntad para con los hombres”.

Me encantaría que algún lector me devuelva una historia ilustrativa. El origen del árbol de Navidad, por darles un ejemplo.

Un abrazo y toda la felicidad posible.

Mora Torres

Editorial

El Arca de Noe

Recordemos la historia bíblica:

La historia de Noé
(Sintetizada estilo culebrón)

El mundo está contaminado de corrupción y estupidez.

Dios, arrepentido de su propia obra, el Hombre, decide hacerlo desaparecer con una inundación portentosa.

Reconociendo en Noé al único habitante probo de la Tierra, resuelve que es a él a quien salvará para que mantenga en circulación la especie humana. Le ordena construir un arca y alojar en ella a su mujer, a sus hijos y a las mujeres de sus hijos.

Él dispone además la conservación genérica de todos los animales, por lo que ordena a Noé recoger en su arca a una pareja de cada especie.

Luego, hace un gesto divino con la mano y provoca el diluvio y perece toda vida, (excepto, claro, la de los que se encuentran en el arca).

El arca aparece mágicamente sobre el monte Ararat, donde todavía hay arqueólogos que pretenden haberla encontrado o están buscándola (”Métodos para medir el Tiempo“).

El diluvio disminuye hasta que nacen en bloque las montañas mayores.

Noé, para comprobar si siguen altas las aguas, envía una paloma (”Los animales en la prevención de los desastres“).

Ella vuelve con una ramita de olivo en el pico, lo que metaforiza (”Metáfora y metonimia presentes en una clase concreta“) la buena noticia de la que antes hablé.

El mundo (”De la visión sistémica del mundo real“) está listo, y florece, para poder ser de nuevo habitado.

El inconsciente colectivo

El arca de Noé, con su celeste historia, parece habitar desde hace miles de años en nuestro inconsciente (ver “Tres libros como símbolos: ‘El hombre y sus símbolos’, ‘Tao Te King’ y ‘Job’“).

De modo que -por suerte- siempre creemos que va a llegar una paloma con la buena noticia.

Siguiendo el hilo de la nota anterior en nuestro blog, para sobrevivir al estrés es importante que así sea.

Muero de sed cerca de la fuente

El subtítulo es un verso de François Villon, un poeta francés del medioevo (de quien apenas he encontrado una breve referencia: “Géneros literarios“) que fue también famoso como ladrón y condenado a muerte , aunque la sentencia no se cumplió, pero la desagradable espera le permitió escribir su obra más perfecta, llamada “La canción del ahorcado“.

Como subtítulo hubiéramos podido elegir también alguna frase del “Poema de los Dones“, de Borges, ya que desarrolla una idea parecida:

“De hambre y de sed, narra una historia griega
Muere un rey entre fuentes y jardines…”

Claro que Borges (”Algunos Borges de Jorge Luis Borges“) se refiere a que la ceguera le impide leer el enorme volumen de libros que tiene la Biblioteca (ver “El sentido de Babel“).

Apocalipsis para todos los gustos
(y sucederá en la única especie que tiene conocimiento del Tiempo)

Así como la idea de que uno puede morirse de inanición rodeado de todo tipo de alimentos se encuentra en muchos escritos literarios de todas las épocas, la historia de las aguas que cubren el mundo y ahogan a los humanos está en casi todas las grandes religiones y también en los mitos más antiguos (”El conocimiento a través de la ascesis poética” -leer con mucho detenimiento la cita inicial de Miroslav Holub).

Desde los pueblos autóctonos de América a los de Asia, África y Europa, la misma historia o leyenda se repite, por lo que es casi seguro que alguna vez hemos afrontado una gran inundación.

Algo de esas catástrofes puede sin duda repetirse, ya que los ciclos geológicos se cumplen más puntualmente que los históricos.

Sin embargo, tal vez el mundo no perezca por agua sino por sed.

Hay al respecto predicciones científicas y profecías religiosas para pronto.

Pero no creemos que sean irremisibles (ver “La Razón y el Conocimiento Silencioso“).

He aquí una monografía cuyo sentido es intentar rescatarnos: “El cambio climático: ¿principio y fin del hombre”.

De todos modos, ante la pregunta “¿El cambio climático es el fin de la especie homo sapiens?”, puede leerse en el trabajo recomendado esta gravísima advertencia como respuesta:

“Si el Hombre no cambia culturalmente debemos considerar que es muy probable; y con ello desaparecería la única especie de la Tierra que tiene conocimiento del Tiempo. La evolución seguirá y nuevas especies surgirán y los ecosistemas se adaptarán a condiciones de cambios de temperatura y humedad que antes también sucedieron. Por supuesto que hay remedios para evitar el mal”.

En el mundo animal - La terapia de Mimos

Las terapias actuales (las que me atrevería a afirmar que dan los mejores resultados, porque se ocupan además del alma, o como quiera llamársele a lo que trasciende nuestro cuerpo y emociones), es decir, las terapias llamadas “alternativas”, incluyen el trato, el cuidado y la protección impartida al paciente por algunas de las especies que anduvieron navegando hace tantos años por el mundo, en el arca.

En especial el perro y el gato, y en especial para adultos mayores, niños y gente con problemas cognitivos o de movilidad.

Es conveniente leer para el caso “Terapia ocupacional asistida por mascotas para la población de ancianos” y “Perros para Epilepsia“. Aunque con sólo escribir “mascotas” en el buscador de Monografías, tenemos a nuestro alcance todo un mundo animal tierno y beneficioso.

Envío:

Susana, no olvido tu pedido… Mientras yo viajo por internet buscándote respuestas, sigue sonriendo o empieza a hacerlo. Te anticipo que hay muchos tratamientos para la agorafobia. No sé si entra en tus posibilidades, pero, además de una terapia específica, la “zooterapia” que menciono en el último punto de la nota es ideal para tu mal.

Mora Torres

Editorial

El estres y la virtud

Una de naufragios

Es metafórico el subtítulo, no se trata de los naufragios en el mar…

Aunque para los que se apasionan por el tema hay un trabajo llamado “Álvar Núñez Cabeza de Vaca: una mirada de sobrevivientes“.

Entre otras cosas se refiere al naufragio que sufrió nuestro “héroe”, pero abarca diversos momentos de la vida de Cabeza de Vaca, cuyo nombre mezclamos con recuerdos escolares -y con recuerdos de risitas tontas, debido al apellido- desconociendo su impresionante biografía y sus agudas observaciones de cronista, aún siendo -lamentablemente- uno de los “conquistadores” de nuestra América.

El subtítulo se refiere en realidad a “naufragar” y convertirnos en náufragos en Internet, lo que nos sucede a tantos adultos (leer para reflexionar sobre el tema un trabajo más bien dirigido a empresarios y gente de negocios, pero que vale para todos los que tenemos “dificultades tecnológicas”: “Preciosamente dirigiendo un mundo que no existe“.

“Naufragando” entonces por Internet me topé con un análisis del estrés relativo a un tema puntual y poco puntualizado: el estrés en los anestesistas, proveniente de un estudio médico venezolano de un anestesiólogo del Hospital Vargas de Caracas (”Estres en anestesiología“).

Frente a la mesa de operaciones y en el cuerpo de quienes tienen en sus manos vidas humanas, el estrés presenta una gravedad singular.

Nos horrorizamos y nuestras defensas bajan (”Emociones y salud“), y colapsamos por la incertidumbre de lo que nos puede tocar algún día a nosotros o a nuestros contemporáneos tan proclives a sufrir operaciones quirúrgicas.

Pero atención: soy demasiado impresionable y aprensiva y cuento en mi haber con diversas fobias (”Trastornos de ansiedad fóbica en sus diferentes formas de manifestación“). Quizá me convendría comenzar algunos tratamientos de relajación (”Curso de relajamiento consciente“) y terapias afines antes de comunicar mis impresiones personales y alarmar a lectores desprevenidos.

Aunque… el estrés… para los que no somos anestesistas, ni cirujanos, ni pilotos de avión, también existe.

Y se lleva de a poco nuestras vidas, es un estado que concierne a todos los habitantes de la ciudad, de una ciudad (”Las ciudades a través del tiempo“, y “Ciudades en uso y desuso“) como la que describió Octavio Paz:

“Hablo de la ciudad

novedad de hoy y ruina de pasado mañana, enterrada y resucitada cada día,

convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas,

la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tres metros cuadrados inacabable como una galaxia,

la ciudad que nos sueña a todos y que todos hacemos y deshacemos y rehacemos mientras soñamos,

la ciudad que todos soñamos y que cambia sin cesar mientras la soñamos…

… con sus monumentos y sus estatuas (”Turismo en Roma“), sus historias y sus leyendas…

… antes de las escuelas y las prisiones (”La moralidad del poder de castigar -Sobre Vigilar y castigar- de Michel Foucault“), los alfabetos y los números, el altar y la ley…”

El estrés también afecta a los que vistos desde la ciudad llevan una lírica vida llena de amaneceres y puestas de sol y verdes distancias, la gente de campo (”Algo acerca de los campesinos” y “Envejecimiento en comunidades campesinas: proyecto envejecer en el campo“). Las lluvias, las sequías, nieves y soles borrascosos complican las relaciones del campesino con su tierra.

Una virtud contra el estrés, pero no para todo uso

Una virtud recomendable para casos de estrés es la paciencia.

El ser paciente -cualidad innata o adquirida por prácticas como la reflexión y la meditación- ayuda a luchar contra el estrés.

Ayuda además a lo mismo, alejarnos un poco de nuestro ávido ego y ocuparnos de cuestiones mayores y más trascendentales.

Cuestiones mayores y más trascendentales

No es necesario explicar nada sobre la pésima salud del planeta y los malos augurios respecto a su futuro.

Todo el mundo lo sabe, sería reiterar lo que se dice desde hace años por los medios.

Conviene, más bien, examinar a fondo el tema con la ayuda de quienes se han ocupado profundamente de él y saben algo más que nosotros, especialmente para tratar de solucionarlos.

Aunque algunos digan que todas la prevenciones de los ecologistas son intentos sin esperanza, nosotros tenemos alguna, y para el caso podríamos leer:

Ecología y educación ambiental: ‘Desastres naturales’“, entre la vasta bibliografía con la que podemos toparnos.

Cuándo no ser “paciente”

Cuando, como en el caso que menciono en el apartado anterior, los efectos tocan a toda la humanidad y su planeta. Los casos de faltas graves contra el ser humano, como el terrorismo de Estado, el terrorismo a secas y la falta de solidaridad planetaria y con el futuro.

Y, ya regresando a nuestro inevitable individualismo, se es “paciente” en la acepción del diccionario que corresponde a “enfermo” y “persona que padece la acción del agente”.

Pero de este tema hablaremos en la próxima entrega.

Envío

Esta vez, mencionar a uno o dos lectores en agradecimiento por su participación en el post anterior sería ingrato. Todos escribieron cosas notables: algunos brindando puntos de vista nuevos, nuevos modos de mirar, y luminosas observaciones, y otros dándome mucha fuerza por el modo como son recibidos estos pequeños artículos. Los admiro por el deseo de saber, de indagar y de participar en el conocimiento colectivo.

Mora Torres

Editorial

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